Trabajo decente

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El trabajo decente es un concepto propuesto por la Organización Internacional del Trabajo que establece las condiciones que debe reunir una relación laboral para cumplir los estándares laborales internacionales, de manera que el trabajo se realice en forma libre, igualitaria, segura y humanamente digna.[1] Por debajo de tales estándares, deben considerarse violados los derechos humanos del trabajador afectado y que no existe trabajo libre, propiamente dicho.


Para conseguir este trabajo decente, uno de los instrumentos que los Servicios Públicos de Empleo deben mantener, desarrollar y profundizar son los "Itinerarios Personalizados de Inserción" [1], como forma de atención personalizada que gestione las políticas activas de empleo de forma mas efectiva y afectiva.


Durante la década de los noventa (Siglo XX) y la primera del siglo XXI, buena parte de las economías europeas, empujadas por el cambio tecnológico, experimentaron una profunda reestructuración. La globalización, la irrupción de la sociedad de la información, de las nuevas tecnologías de la comunicación y la aparición de una nueva relación capital/trabajo, aceleraron la terciarización de la economía y definitivamente hicieron desaparecer la industria pesada y gran parte de la manufacturera. Ello desencadenó una dramática reasignación de recursos productivos de un sector a otro (incluyendo recursos humanos y laborales). Millones de trabajadores engrosaron las filas del desempleo.


Estamos ante una nueva modernidad (Beck, 2006). Una sociedad construida en torno a un orden post-tradicional, en donde el individuo se ve sometido a la influencia de un entorno cada vez más amplio, global, sujeto a las consecuencias de eventos e influencias remotas, que le afectan como si fueran muy próximas. El trabajador se torna móvil, se desvincula de los horizontes más cercanos (aunque aún mantenga vínculos poderosos con instancias, locales, familiares o comunales), se desconecta de una geografía conocida y de la experiencia de generaciones anteriores. La sociedad -y desde luego el mercado de trabajo- se individualiza.


Los trabajadores tienen que aceptar la movilidad geográfica y funcional como nunca antes lo hicieron. La organización flexible de la producción les fuerza a un cambio continuo y a la necesidad de asumir riesgos. Pasamos de la sociedad del trabajo a la sociedad del riesgo, donde se afianza lo precario, lo individual e impreciso. La diferencia entre sociedad industrial y del riesgo radica en que hemos cambiado la lógica de producción y distribución de riqueza, por la lógica de producción y distribución de riesgo, considerado este último como el conjunto amenazas futuras que depende de las decisiones tomadas a cada momento presente. Decisiones que son cada vez son más difíciles, más complejas y requieren más reflexión, información especializada y a menudo apoyo profesional.(Beck, 2007)


La individualización y flexibilidad del mercado de trabajo se extienden fruto del fin de la sociedad industrial que conocimos después de la Segunda Guerra Mundial. El individuo que antes se estructuraba socialmente por su profesión, clase y capacidad de consumo, se ve ahora liberado, pero a la vez obligado a elegir todo, a construir su propia biografía en una especie de bricolage que ensambla identidad, carrera profesional y carácter.


El trabajador, apoyado sólo en su cualificación, ha de tomar decisiones que le permitan adaptarse a un futuro incierto. Lo tendrá que hacer de forma responsable y autónoma, pero necesitará orientación, información y ayuda experta. Es éste uno de los síntomas más claros de una sociedad incierta, flexible e individualizada. A este respecto, una propuesta novedosa es la conocida como mercados de trabajo transicionales: un nuevo enfoque que ofrece herramientas para la gestión del riesgo a lo largo de la vida del trabajador. Podemos definir los mercados de trabajo transicionales como aquellos que permiten y promueven la movilidad del trabajador a lo largo de diferentes situaciones laborales, entre las que figuran transiciones entre empleo y desempleo, diferentes empresas, ocupaciones, tipos de contrato, trabajo remunerado o voluntario. Se trata de una visión del mercado en términos de flujos y no de stocks, que cambia radicalmente la concepción de las políticas del estado de bienestar y por supuesto las políticas de empleo, que ya no podrán concebirse como programas sino como acompañamientos. (Mercader, 2009)


Origen[editar]

El concepto de «trabajo decente» fue acuñado por Juan Somavía, en su primer informe como Director General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 1999.

El término fue introducido como respuesta al deterioro de los derechos de los trabajadores que se registró mundialmente durante la década del 90, como consecuencia del proceso de globalización y la necesidad de atender la dimensión social de la globalización.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Beck U.(2006). "La Sociedad del Riesgo", Ed. Paidós, Barcelona, ISBN: 84-493-1892-0
  • Beck U. (2007). "Un Nuevo Mundo Feliz,la Precariedad del Mercado de Trabajo en la Era de la Globalización". Ed. Paidós, Barcelona, ISBN: 978-84-493-0968-7
  • Mercader Ugina J.R.(2009): "Trabajadores Maduros,un Análisis Multidisciplinar de la Edad en el Ámbito Laboral". Ed. Lex Nova Valladolid,ISBN: 978-84-9898-108-7

Enlaces externos[editar]

Díptico explicativo con imágenes. Unión Sindical Obrera: [2]