Sitio de Montsegur

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El sitio de Montsegur se refiere al asedio de nueve meses del castillo cátaro de Montsegur, por parte de por las fuerzas realistas francesas, a partir de mayo 1243. Después de que el castillo se rindió, unos doscientos diez credentes e impenitentes fueron quemados en una hoguera el 16 de marzo de 1244[1]

Interior del Castillo de Montségur.

Antecedentes[editar]

Estela situada en el Camp dels cremats en memoria de la quema de 200 cátaros defensores del castillo.

La montaña del Pog probablemente estuvo habitada desde mucho antes de la llegada de los cátaros, ya que está horadada de grutas y sepulturas que lo testimonian. La construcción del castillo se inició en el 1204 por Ramón de Pérella, señor del lugar.

Tras la derrota de Muret en 1213, el obispo cátaro de Toulouse, Guilhabert de Castres, se refugió en el castillo, que se convirtió en lugar de refugio de las «buenas personas». El 1241, a petición del rey de Francia, Luis IX, el conde Raimundo VII de Tolosa emprende el asedio del castillo que, probablemente sin combate, finaliza en fracaso.

Siendo propiedad de la hermana del conde de Foix Raimundo Roger I, Esclaramunda, se refugiaron algunos cátaros que participaron en el año 1242 en la matanza de los inquisidores de Avignonet, encabezados por Pierre Roger de Mirepoix.

El sitio[editar]

En mayo de 1243, el senescal de Carcasona, Hugues des Arcis, emprendió el definitivo asedio del castillo. Tras diez meses, y como consecuencia de la traición de montañeses de la región, Ramón de Péreille y Pierre Roger de Mirepoix empezaron la negociación que llevaría a la rendición del lugar. Los vencedores dieron quince días de plazo a los vencidos para abandonar el castillo, pudiendo optar entre la abjuración de su fe y la hoguera.

Finalmente, una pira gigantesca consumiría los cuerpos de doscientos diez mártires. Hoy el lugar es recordado con una simple lápida donde se invita al viajero a detenerse ante el Camps des cremats ('Campo de los quemados') que recuerda a los inmolados y a leer con respetuoso silencio el epitafio: «A los cátaros, a los mártires del puro amor cristiano...», sacrificio actualmente conmemorado por un monumento a los pies de la montaña.

La leyenda asegura que los quince días de tregua permitieron poner a buen recaudo el famoso tesoro de los cátaros, así como finalizar la formación espiritual de las personas reunidas dentro de las paredes del castillo. Las personas nobles, los soldados y los mercenarios de la guarnición fueron liberados y requeridos por la Inquisición, conforme a los acuerdos hechos en el momento de la capitulación.

Referencias[editar]

  1. Claude Lebédel. Understanding the tragedy of the Cathars. Editions Ouest-France, 2011. p. 109f. ISBN 978-2-7373-5267-6. 

Enlaces externos[editar]