Richard Trevithick
Richard Trevithick (Illogan, 13 de abril de 1771 - Dartford, 22 de abril de 1833) fue un inventor, ingeniero y constructor de máquinas inglesas. Desarrolló la primera locomotora de vapor capaz de funcionar.
Su padre era ingeniero y trabajaba en la mina de Dolcoath. Asistió a la escuela en Camborne. A los 19 años trabajó en la mina East Stray Park, donde construyó y modificó máquinas de vapor.
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Máquinas de alta presión [editar]
A medida que adquiría experiencia, se iba ocupando de mejorar la máquina de vapor, especialmente el reducirla de tamaño y construir calderas potentes capaces de producir mayor presión y, por tanto, aumentar el rendimiento. En 1797 construyó Trevithick su primer modelo de vehículo a vapor. La caldera se calentaba mediante una barra de hierro al rojo vivo que se introducía en el tubo de calefacción en lugar del hogar. En 1801 la colocó en Camborne sobre ruedas y recibió el nombre de "Puffing Devil". Junto con el vehículo ideado por Nicolas-Joseph Cugnot en 1769, fue uno de los primeros vehículos en moverse por sí solo y era capaz de transportar pasajeros a la velocidad de 8 km/h, incluso por subidas. Dado que perdía pronto presión, tenía poco valor práctico, pero contaba con un invento importante para el desarrollo de la locomotora. Si bien en la patente se preveía el uso de un fuelle para atizar el fuego, Trevithick hizo escapar por la chimenea el vapor que salía de los cilindros. Con el tiro forzado que producía este escape, el fuego se avivaba más. Pero este invento cayó pronto en el olvido, hasta que George Stephenson lo volvió a emplear en 1816 en sus locomotoras.
En 1803 Trevithick construyó otro vehículo automóvil, el "London Steam Carriage", que en principio era una diligencia de correos provista de una máquina de vapor, que llamó la atención del público y la prensa, pero que en la práctica era más caro de mantener que un carro de caballos, por lo que no logró imponerse.
La primera locomotora del mundo [editar]
Trevithick construyó en 1802 una máquina de alta presión para una planta siderúrgica en Merthyr Tydfil, Gales. La sujetó a un bastidor e hizo de ella una locomotora. La patente la vendió en 1803 a Samuel Homfray, el propietario de la ferrería, quien estaba tan impresionado que hizo una apuesta con otro industrial de que la locomotora podía arrastrar diez toneladas de hierro por unas vías hasta Abercynon, a una distancia de 15,7 km.
La apuesta se llevó a cabo el 21 de febrero de 1804. La locomotora de Trevithick remolcó cinco vagones con las diez toneladas y 70 hombres, y necesitó cuatro horas y cinco para cubrir toda la distancia, lo cual equivale a una velocidad de 14,5 km/h. Parece que la máquina sola alcanzaba los 25 km/h. Lo más llamativo de ella era el gran volante que se había adoptado de las máquinas estacionarias, así como la probada tobera. Aunque funcionaba, esta locomotora no tuvo éxito porque era demasiado pesada para los raíles de hierro fundido, ideados para carromatos tirados por caballos. A los cinco meses dejó de funcionar y se volvió a utilizarla como máquina estacionaria.
Por Sudamérica [editar]
En 1816 se fue al Perú, donde construyó bombas ligeras a vapor para el drenaje de las minas de plata a gran altura, las cuales se transportaban por piezas a lomo de mulas por senderos empinados. Adquirió derechos de prospección que prometían finalmente buenas ganancias, pero tuvo que renunciar a un cargamento de mineral por valor de 5000 libras esterlinas por los disturbios causados por la guerra civil, y en 1826 decidió salir de Sudamérica. En el puerto de Cartagena en Colombia se encontró con Robert Stephenson, quien le dio 50 libras para el pasaje. En 1827 regresó a Inglaterra totalmente falto de recursos.
Volvió a trabajar en algunos proyectos pero enfermó de pulmonía y murió una semana después, el 22 de abril de 1833, en plena miseria y soledad. Los restos de Richard Trevithick descansan en Dartford, Kent.
Como muchos grandes hombres y mujeres, Trevithick no consiguió el reconocimiento que merecía durante el curso de su vida. De hecho, su nombre ha sido reconocido recientemente por muchos libros de historia. No adquirió riquezas ni abundancias. En el momento de su deceso, estaba desarrollando una idea, la construcción de un monumento a la “La Reforma”. Una columna alta de hierro fundido, de mil pies con una elevación o plataforma funcionando a aire para transportar pasajeros en su interior.
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