Piedras deslizantes de Racetrack Playa

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"Piedra viajera" en Racetrack Playa.

Las piedras navegantes, también conocidas como piedras deslizantes y piedras móviles (en inglés: sailing stones, sliding stones o moving rocks), son un fenómeno geológico por el cual las rocas se mueven, sin intervención humana o animal, y dejan largas trazas, a modo de surco, en una superficie llana. Se han observado y estudiado este tipo de huellas en varios sitios, desde el suroeste norteamericano, donde son más numerosas, hasta el Sáhara tunecino.[1] [2] Las trazas que más se han estudiado, debido a su elevado número y longitud, son las de Racetrack Playa, en el Valle de la Muerte de California, Estados Unidos. La causa que produce el movimiento de las rocas todavía no está clara y sigue siendo objeto de investigación.

Las piedras se mueven solo cada dos o tres años y la mayoría de sus huellas se conservan durante tres o cuatro años. Las piedras con base angulosa dejan trazas estriadas y rectas, mientras las que tienen base lisa dejan marcas divagantes. A veces, las piedras se vuelcan, y ponen en el suelo otra de sus caras que deja un rastro diferente.

Las trazas comúnmente tienen orientaciones y longitudes que difieren de unas a otras. Las piedras que empiezan su trayecto junto a otras, pueden viajar en paralelo hasta que algunas de ellas se desvía según cualquier dirección o, incluso, retrocediendo. Piedras del mismo tamaño pueden dejar trazas de distinta longitud.

Descripción[editar]

Algunas sendas de las piedras no son lineales.

Muchas de las llamadas piedras deslizantes provienen de un promontorio de 260 metros de altura, situado en el extremo sur de la Playa que está formado por dolomías negras. Otras son rocas ígneas intrusivas que derivan de relieves próximos (constituidos fundamentalmente por sienitas ricas en feldespato). Las trazas miden de 3 a 30 metros de longitud y de 8 a 30 centímetros de anchura. Su profundidad media es 2,5 centímetros. El tamaño medio de las rocas oscila entre 15 y 45 cm y se desplazan 5 centímetros al año.

Se cree que las condiciones necesarias para que las rocas se muevan son:

  • Una superficie saturada en agua.
  • Una delgada capa de arcilla.
  • Fuertes ráfagas de viento como fuerza inicial.
  • Vientos fuertes sostenidos para mantener a las piedras en movimiento.

Y en algunas hipótesis

  • Placas de hielo.
  • Tapices microbianos

Investigaciones previas[editar]

Dos piedras en Racetrack Playa.

Los geólogos Jim McAllister y Allen Agnew cartografiaron el área en 1948 y publicaron el primer artículo sobre las rocas deslizantes. Más tarde, los naturalistas del National Park Service escribieron más descripciones y detalles y la revista Life incluyó una galería de fotos de Racetrack. En ese momento comenzaron las especulaciones sobre los procesos que movían las piedras. Se propusieron diversas posibles explicaciones que variaban entre las que invocaban lo sobrenatural y las muy complejas. Muchas hipótesis postuladas por geólogos sugerían que fuertes vientos actuando sobre el barro húmedo podrían ser, al menos en parte, responsables del fenómeno. Algunas piedras pesaban igual que un humano; investigaciones, como la del geólogo George M. Stanley, publicada en 1955, sostenían que tales rocas eran muy pesadas para que fuesen movidas por el viento. Apoyaba la idea de que una capa de hielo alrededor de las piedras ayudaba a aumentar la superficie expuesta al viento o favorecía el comienzo del movimiento.

Robert P. Sharp y Dwight L. Carey iniciaron su trabajo de campo con las piedras de Racetrack en mayo de 1968 y lo terminaron en mayo de 1975. Visitaron el lugar en dieciséis ocasiones durante esos siete años y monitorizaron treinta piedras etiquetadas determinando su posición mediante estacas de acero clavadas en la superficie arcillosa. Sus cambios de posición fueron anotados durante un período de 7 años. Si las rocas se movían, se clavaban nuevas estacas a su lado.[3]

Sharp y Carey también sometieron a prueba la hipótesis de la capa de hielo, acorralando un grupo seleccionado de piedras. Se construyó un corral de 1,7 metros de diámetro, con barras separadas entre sí de 64 a 76 cm, alrededor de una piedra de 0.5 kg que dejaba trazas de 7.5 cm de ancho. De modo que, si un capa de hielo se hubiera formado alrededor de las piedras para favorecer su movimiento, las barras habrían frenado o desviado el movimiento. Nada de eso ocurrió. En el siguiente invierno la piedra se salió fuera del corral y recorrió 8 metros hacia el noroeste, a la vez que dos piedras más pesadas entraron en el corral. Una de ellas se movió 5 años más tarde en la misma dirección que la primera, pero su compañera no se movió durante el período de estudio. Esto indica que si el hielo jugó un papel en el movimiento de las piedras, entonces el collar de hielo que las envolvía debía de ser pequeño.

Un panorama de la Vía Láctea con las sendas de las piedras deslizantes abajo. Puede observarse una piedra en la derecha de la imagen.

De las 25 piedras iniciales, 10 se movieron en el primer invierno; Mary Ann (piedra A) cubrió la distancia más larga: 64,5 m. En dos de los siguientes seis inviernos monitorizados, también se detectaron múltiples movimientos de piedras. No se confirmó que ninguna piedra se hubiese movido durante el verano. Durante algunos inviernos se movieron pocas o ninguna piedra. Finalmente, todas excepto dos de las 30 piedras monitorizadas se movieron durante los 7 años estudiados. Con 6.5 centímetros de diámetro, Nancy (piedra H) fue la piedra más pequeña monitorizada. También se movió y dejó la traza acumulada más larga, 262 metros, y realizó en un único movimiento el trayecto más grande, 201 metros. La piedra más grande que se movió pesaba 36 kg.

Karen (piedra J) es un bloque de dolomita de 74 × 48 × 51 cm y tiene un peso estimado de 320 kg. y no se movió durante el periodo de estudio. La piedra pudo haber creado su antigua y recta senda de 170 m por el impulso que produjo su caída sobre la playa húmeda. Sin embargo, Karen desapareció antes de mayo de 1994, posiblemente durante el inusual húmedo invierno de 1992 a 1993. La eliminación por motivos artificiales se consideró improbable debido a que no se apreció el tipo de daño que un camión y un cabestrante podrían haber causado en la playa. Finalmente, Karen fue redescubierta por la geóloga Paula Messina en 1996, mucho más al norte de donde Sharp la había visto por última vez[4]

El profesor John Reid dirigió la investigación de seis estudiantes del Hampshire College y de la Universidad de Massachusetts en un estudio continuado en 1995. Encontraron trazas bastante congruentes dejadas por piedras que se movieron a finales de la década de 1980 y durante el invierno de 1992-1993. Se demostró más allá de una duda razonable, que, al menos, algunas piedras se movieron en témpanos de hielo que podrían haber llegado a medir 800 metros de ancho. Las evidencias físicas incluían la presencia de hileras de piedras que solo podían haber sido creadas al moverse en finas capas de hielo. Así que se cree que el viento, por sí solo, y el viento junto con témpanos de hielo son las fuerzas motrices.

Los físicos Bacon et al., estudiaron el fenómeno en 1996 en el lago-playa Owens Dry y encontraron que las ráfagas de viento pueden comprimirse e intensificarse por ser la superficie de la playa tan lisa y llana. También encontraron que las capas límites (la región justo por encima del suelo donde los vientos son más lentos debido a la fricción) en ese tipo de superficies pueden rebajarse unos 5 cm. Esto significa que las piedras de unos cuantos centímetros de alto pueden sentir toda la fuerza del viento sostenido y de las ráfagas de viento, que puede alcanzar 145 km/h durante las tormentas invernales. Se piensa que estas ráfagas aportan la fuerza inicial, mientras que los vientos sostenidos mantienen el movimiento de las piedras, posiblemente a una velocidad moderada (para mantener el movimiento se necesita sólo la mitad de la fuerza necesaria para iniciar el viaje de la piedra).

El viento y el hielo son la hipótesis preferidas para estas misteriosas piedras deslizantes. En una nota publicada en «Surface Processes and Landforms», Don J. Easterbrook menciona que la ausencia de trazas paralelas entre algunas piedras, podía ser debida a la rotura de una placa hielo, lo que produce rutas alternativas. Aunque, el hielo se rompa en bloques más pequeños, sigue siendo necesario para que las rocas se deslicen.

Avances recientes[editar]

El fenómeno de las rocas que se mueven, aparentemente solas, parecía producirse únicamente en un entorno geográfico muy localizado (suroeste de Estados Unidos). Hasta que en 2013, se describen numerosas trazas similares a las de Racetrack en una laguna efímera denominada Altillo Chica en La Mancha (Lillo, España).[5]

Trazas dejadas por rocas y sedimentos en la laguna de Altillo Chica, Lillo (Toledo, España)

Las trazas, que pueden superar los 100 metros de longitud, presentan estrías longitudinales, describen una trayectoria serpenteante desde el interior de la laguna hacia la orilla y finalizan en rocas de hasta 3 kilogramos de peso. Junto a los rastros de las rocas, se observan otros que terminan en montones de fango y pueden incluir ramas de arbustos y/o rocas en su seno. Incluso, algunas de estas rocas errantes descansan sobre estos montículos. La buena conservación de las trazas y de las estructuras sedimentarias asociadas (ripples y fragmentos de tapices microbianos arrugados) en la laguna de Altillo Chica, ha permitido a Sanz-Montero y Rodríguez-Aranda (2013)[5] desarrollar un modelo alternativo. Proponen que el movimiento de las rocas se produce durante episodios tormentosos, cuando el viento origina corrientes de agua que rompen y arrastran trozos de los tapices microbianos (microbial mats) desarrollados sobre el sedimento de la laguna. La rotura del tapiz causa la exposición súbita del sedimento. Éste es muy poco denso y contiene abundantes burbujas de gas, lo que le dota de una gran flotabilidad que favorece que, propulsado por la corriente, se deslice por la superficie. Las masas de sedimento deslizadas arrastran consigo las piedras y otros objetos tales como ramas y herbáceas que arraigaban en el sedimento.

Citas[editar]

  • Messina, P., Stoffer, P., and Clarke, K. C. Mapping Death Valley's Wandering Rocks. GPS World April, 1997: p. 34-44
  • Sharp, R.P., and A.F. Glazier, 1997, Geology Underfoot in Death Valley and Owens Valley. Mountain Press Publishing Company, Missoula. ISBN 0-87842-362-1
  • Stanley, G. M., 1955, Origin of playa stone tracks, Racetrack Playa, Inyo County, California. Geological Society of America Bulletin, v. 66, p. 1329-1350.
  • Reid, J.B., Jr., Bucklin, E.P., Copenagle, L., Kidder, J., Pack, S. M., Polissar, P.J., and Williams, M. L., 1995, Sliding rocks at the Racetrack, Death Valley: What makes them move?. Geology v. 23, p. 819-822
  • Sharp, R.P., Carey, D. L., Reid, J.B., Jr., Polissar, P.J., and Williams, M.L., 1996, Sliding rocks at the Racetrack, Death Valley: What makes them move?; Discussion and Reply. Geology, v. 25, p. 766-767

Referencias[editar]

  1. Clements, Thomas D. (1 de septiembre de 1952). «Wind-blown rocks and trails on Little Bonnie Claire Playa, Nye County, Nevada». Journal of Sedimentary Research (SEPM Society for Sedimentary Geology) 22 (3):  pp. 182–186. doi:10.1306/D42694F4-2B26-11D7-8648000102C1865D. ISSN 1527-1404. http://jsedres.geoscienceworld.org/content/28/3/333.abstract. Consultado el 18 de mayo de 2013. 
  2. Sanz Montero, María Esther; Rodríguez Aranda, Juan Pablo (2013) (PDF). The role of microbial mats in the movement of stones on playa lake surfaces. 298.  pp. 53-64. doi:10.1016/j.sedgeo.2013.10.006. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0037073813001930. 
  3. Messina, Paula (1998). «The Sliding Rocks of Racetrack Playa, Death Valley National Park, California: Physical and Spatial Influences on Surface Processes» (PDF) pág. 42.
  4. Cahill, Tim (noviembre de 2007). «Raising heaven: where rocks go wandering». National Geographic Magazine. http://ngm.nationalgeographic.com/2007/11/death-valley/cahill-text/3. Consultado el 2 de febrero de 2011. 
  5. a b Sanz-Montero, M.E. and Rodríguez-Aranda, J.P., 2013. The role of microbial mats in the movement of stones on playa lake surfaces. Sedimentary Geology, v. 298, 53-64, http://dx.doi.org/10.1016/j.sedgeo.2013

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