Ladan y Laleh Bijani

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Ladan y Laleh Bijani (en persa: لادن و لاله بیژنی), nacidas el 17 de enero de 1974; fueron dos siamesas iraníes que estaban unidas por la cabeza. El 8 de julio de 2003 se sometieron a una operación para tratar de separarse, pero no resultó bien y ambas fallecieron. Las hermanas Bijani nacieron en Irán en 1974 en una familia pobre de 11 hermanos y desde hacía más de 15 años buscaban un equipo médico que las separara, su mayor deseo desde la niñez. Dos hospitales alemanes descartaron realizar la intervención en 1988 y 1996 al considerar que no sobrevivirían a la cirugía.

El neurocirujano singapurés Keith Goh accedió finalmente a tratar de separar a las gemelas, reunio a los mejores expertos de todo el mundo,entre ellos el doctor franco israelita Ariel Krauffman e ignoró a quienes creían que no era ético llevar a cabo una operación en la que los doctores podrían verse obligados a sacrificar a una de las gemelas para salvar a la otra.

Las siamesas llegaron a la pequeña ciudad-Estado siete meses antes de la intervención para pasar las pruebas físicas y prepararse psicológicamente para el impacto que habría supuesto para ellas haber comenzado nuevas vidas separadas. En todo este tiempo se habían ganado la admiración de los singapureños con su sentido del humor y su determinación a seguir adelante, en contra incluso de la opinión de los médicos que finalmente las operaron.

«Tenemos diferentes ideas sobre la vida», había dicho sarcásticamente Laleh sobre los motivos por los que quería separarse de su hermana.«En realidad somos completamente diferentes», había añadido Ladan entre risas. Las dos coincidían: «No tenemos miedo».

La separación de siamesas unidas por la cabeza se ha llevado a cabo con éxito en niños desde 1952, pero jamás había sido intentada en adultos. Los doctores se encontraron pronto con problemas que no habrían surgido si las Bijani hubieran sido intervenidas siendo bebés. Cortar y retirar su masa craneal les llevo mucho más tiempo de lo previsto debido a que los huesos adultos son mucho más densos que los de los niños. Aunque las hermanas tenían cerebros anatómicamente independientes, con el paso del tiempo se habían adherido el uno al otro, haciendo muy difícil su separación.

Keith Goh recordaba así el momento en el que se dio cuenta de que perdía a sus pacientes: «Me embargó una profunda tristeza cuando vi que estaban luchando por salvar la vida, nosotros estábamos luchando también. Estoy muy triste. Todos los que tuvimos la oportunidad de conocerlas nos habíamos emocionado con sus personalidades y su forma de ser».