Espanto

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Según la tradición popular mexicana, el espanto ―también conocido como ngitsé, susto y xiwel― es una enfermedad que padecen animales y humanos (especialmente los niños), que consiste en la pérdida del alma causada por una gran impresión o por un miedo profundo.

Síntomas[editar]

El espanto se caracteriza por los siguientes síntomas, los cuales no necesariamente se presentan todos juntos:

  • diarrea
  • vómito
  • falta de ganas
  • escalofríos
  • fiebre
  • inapetencia
  • dolor de cabeza
  • insomnio
  • pesadillas
  • depresión
  • preferencia por los lugares oscuros o con muy poca luz
  • adelgazamiento de la sangre.

Tipos[editar]

Existen diferentes tipos de espanto, y la clasificación obedece a la causa que lo origina.

Espanto de Chaneque: Aparece después de que la persona se ha topado con algún chaneque. Esta denominación es un tanto genérica, porque también se aplica a los encuentros con Dueños (espíritus protectores de animales o plantas), Espíritus del agua, Espíritus de los bosques, Gente (criaturas sobrenaturales de la Chinantla, Oaxaca), etc.

Espanto causado por agua: Se da posteriormente a que alguien ha estado a punto de caer al agua o ahogarse.

Espanto de víbora: Se presenta cuando una serpiente se atraviesa de improviso en el camino de alguna persona; no es necesario que el animal le muerda.

Espanto de muerto: Es aquel resultado de haberse topado con el espíritu de alguien que haya fallecido.

Otras causas: Aquí se incluyen todos aquellos que se derivan de cualquier situación que haya causado miedo al individuo, por ejemplo, encontrarse con algún animal salvaje, que algún rayo caiga cerca, toparse con algún hechicero, presenciar actos que incluyan una alta carga de agresión o violencia, que la Tierra se enoje con alguien por los pecados cometidos, etc.

Tratamiento[editar]

La sabiduría popular asevera que de no ser curado a tiempo, el espanto puede ocasionar la muerte. Para curar este padecimiento existen múltiples métodos a lo largo y ancho de México. A continuación se mencionan algunos.

El remedio más común es hacer una «limpia» a la persona afectada con huevo, cal, monedas de plata o hierbas. Se lleva a cabo un «barrido» (pasar a lo largo de la persona un ramo) de albahaca, pirú, ciruelillo, huele de noche, mirlo, epazote, malora, ruda o alguna otra planta que el curandero elija. Hay quien prefiere añadir infusiones de estas yerbas para potenciar su efecto. En algunos lugares se opta sahumar a la persona con copal, incienso o alguna otra planta. Todos los procedimientos anteriores irán acompañados de oraciones.

Una variación de la «limpia» se hace con piedra alumbre, la cual tras haber sido frotada en el cuerpo del afectado mientras se reza, se echa al fuego y, según las consejas, en las llamas se podrá ver quién o qué ocasionó el espanto.

También se cura el espanto rociando a la persona con una mezcla confeccionada con mescal (bebida embriagante) y hierba mechuda. Para mejores resultados, esta mezcla debe también ingerirse.

Si el espanto es el resultado de que la Tierra se haya enojado con alguien debido a sus pecados, es menester que el afectado la bese, como muestra de que se le respeta y como solicitud de perdón.

En casos de espanto de muerto, el curandero suele acudir a la tumba de quien causó el mal y pedirle ―de la manera más atenta― que deje en paz al «espantado». Cuando las solicitudes amables no dan resultado, el curandero regresa al lugar y, en esta ocasión, con groserías exige al fallecido que deje de molestar al enfermo. Normalmente, con esta segunda exigencia es suficiente.

Otro camino suele ser acudir a un chupador (especialista en chupar), quien llevará al enfermo al sitio donde se produjo el susto. Ahí, el chupador succionará ―con un carrizo o directamente con la boca― las sienes, las muñecas, los codos, las rodillas y los tobillos del enfermo.

El «levantamiento de la sombra» es una ceremonia que consiste en ir al sitio en que el afectado «perdió el alma», capturarla e introducirla en un pollito, el cual será llevado inmediatamente con el enfermo. Una vez ahí, se extrae el alma del ave y se pasa a la persona.

Bibliografía[editar]

  • Bartolomé, Miguel; y Barabas, Alicia (1996). Tierra de la palabra: historia y etnografía de los chatinos de Oaxaca. México: Instituto Oaxaqueño de las culturas, INAH y Fondo Estatal para la Cultura y las Artes. Serie Dishá. Colección Etnografía.
  • Chemin Bäsler, Heidi (1984). Los pames septentrionales de San Luis Potosí. México: INI. Serie de Investigaciones Sociales. Col. INI número 13.
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  • Ichon, Alain (1990). La religión de los totonacas de la sierra. México: INI/CNCA. Col. Presencias número 24.
  • Olavarrieta, Marcela (1990). Magia en los tuxtlas, Veracruz. México: INI/CNCA. Col. Presencias.
  • Trejo Silva, Marcia (2009). Fantasmario mexicano. México: Trillas. ISBN 978-607-0069-8
  • Varios autores (1999). Palabras de nuestro corazón. Mitos, fábulas y cuentos maravillosos de la narrativa tojolabal. México: UNAM y Universidad Autónoma de Chiapas. Col. Literatura Indígena Bilingüe (número 3).