Desinflación

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La desinflación es una etapa económica en que el crecimiento de los precios (inflación) se reduce pero no llega a ser cero o negativo (deflación). Se aplica también a una política pública que busque exactamente este efecto en la economía, ya sea por medio de medidas de política fiscal (aumento de impuestos o recaudación pública de otro tipo, disminución de gasto público) o de medidas de política monetaria (restricciones en la oferta monetaria, aumentos en el tipo de interés) que en todo caso serán moderadas, para no distorsionar los precios u obligarlos a descender. Es un objetivo muy común de política económica, por ejemplo en España durante las décadas de los 80 y 90 o la mayoría de los países del Este de Europa desde la caída del Muro de Berlín.

Efectos, ventajas e inconvenientes[editar]

Es en la mayoría de los casos coincidente con una marcha próspera de la economía, ya que la subida moderada de precios permite los ajustes de precios relativos entre bienes y servicios necesaria para reflejar sus costos relativos diferentes según los cambios tecnológicos, abundancia y otros. Además, carece de los efectos negativos de la inflación como el desempleo, la depresión en la demanda, la incertidumbre de precios o tipos de cambio, y no provoca los efectos negativos de la deflación (caída de la demanda, desempleo, despidos masivos, depresión).

Véase también[editar]

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