Acento prosódico

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El acento prosódico o acento de intensidad es una característica suprasegmental por el cual se produce un realce fonético de una sílaba (en secuencias muy largas puede darse en más de una sílaba) de palabra. Este realce no varía de lengua a lengua, pero suele incluir variación en el tono y duración de la sílaba.

En español, el acento prosódico se indica mediante la ausencia o presencia de un signo llamado tilde o acento ortográfico de acuerdo a sus reglas de acentuación. La sílaba sobre la que recae el acento prosódico se denomina sílaba tónica o acentuada, y a la que carece de él, átona o inacentuada. Aunque en castellano el acento prosódico y el acento tonal coinciden, no son exactamente el mismo concepto.

En muchas lenguas el acento recae en un una sílaba fija (como el francés o el turco), por lo que no es distintivo aunque sea fonéticamente audible. También se ha señalado que algunas lenguas, por ejemplo en algunas variantes de japonés (Kagoshima, Miyakonojo, Sendai) todas las palabras carecen de acento. Tampoco parece existir acento en ciertas lenguas tonales como el chino o el mende.[1]

Tipos de acento prosódico[editar]

Hay lenguas, como el inglés, el alemán, español, el francés o el italiano en las que el relieve en la voz consiste en una mayor intensidad, es decir, un mayor esfuerzo al expirar el aire. Este acento recibe el nombre de acento de intensidad, dinámico, espiratorio, articulatorio o de sonoridad. La naturaleza fonética de dicho acento varía de lengua a lengua e incluye varios mecanismos como el tono, la intensidad y a veces la calidad y cantidad de la vocal o segmento que recibe el acento.

Tradicionalmente se consideraba que el carácter principal del acento prosódico en español era la intensidad, sin embargo las últimas investigaciones que se han hecho han demostrado que el factor determinante es la elevación del tono, acompañada normalmente de una mayor duración o intensidad de la pronunciación de la sílaba tónica.[2]

En otras lenguas, como el griego antiguo, el acento consiste en la elevación del tono de la voz, en una mayor tensión de las cuerdas vocales al emitir la sílaba acentuada. En este caso el acento recibe los nombres de acento tónico, musical, de altura, tonal, cromático o melódico.

En español, sin embargo, también se da el nombre de acento tónico al acento de intensidad o considerado acento irregular que varía de acuerdo al sitio de trabajo.

Hay lenguas de acento fijo, en las que el acento recae sobre una sílaba determinada, según la estructura de la lengua, como en el esperanto, o en el latín, donde el acento siempre recae en la penúltima o en la antepenúltima sílaba; y otras que poseen un acento condicionado o libre, cuyo lugar está determinado por circunstancias fonéticas, morfológicas o sintácticas, como en el francés.

El acento prosódico en diversas lenguas[editar]

En latín[editar]

En latín el acento prosódico era predecible y recaía en la penúltima sílaba, pero solamente si ésta era larga (obviamente las palabras monosílabas lo llevaban en esta única sílaba que tenían, mientras que las bisílabas, en la primera); en caso contrario recaía en la antepenúltima. En latín, una sílaba podía ser larga por dos razones: era larga por naturaleza, si llevaba una vocal larga; y también era larga si llevaba una vocal breve, pero le seguían dos consonantes.[3] Este tipo de acento podía interpretarse en temas de moras, siendo que las sílabas largas tenían dos moras y las otras una mora, así el acento recaía en la penúltima mora antes de la última vocal. Debido a esta predictibilidad del acento latino este no tenía valor fonológico distintivo.

En español[editar]

El acento del español, aunque heredado del latín, presenta variación libre, es decir, cae en una de las cinco últimas sílabas de una palabra (normalmente en alguna de las tres últimas). La evolución entre el latín y el español se debe a una serie de cambios fonéticos como las elisiones; por lo tanto, en español, no resulta predecible y tiene un valor fonológico importante, particularmente en los verbos, donde la posición del acento permite distinguir animo (1ª presente) de animó (3ª pasado) de un sustantivo como ánimo.

Aunque en castellano desapareció la cantidad vocálica (o silábica) en la pronunciación, el acento precisamente indica las huellas de esta. Un buen ejemplo son las palabras cóncavo y convexo. La lógica nos diría que son dos palabras gemelas; entonces ¿por qué la primera es esdrújula y la segunda llana? En la palabra CÓNCAVO, la penúltima sílaba en latín era breve, porque lleva una consonante y una vocal (-CA-), pero en la segunda era larga, porque lleva dos consonantes en la pronunciación (la X) /kon-BEK-so/ (aunque la X es una letra, fonológicamente representa dos fonemas distintos seguidos, que en la pronunciación pertenecen a dos sílabas diferentes); de manera que para los latinos habría sido imposible pronunciar esta palabra como esdrújula, pues la X "atrae" el acento.

En español también existen palabras agudas; o sea, las que llevan el acento prosódico en la última sílaba. Este rasgo también ha sido heredado del latín: las palabras españolas agudas, originalmente fueron llanas (o graves) en latín y en castellano medieval, pero luego perdieron la última sílaba, convirtiéndose en agudas. Por ejemplo, la palabra castellana amor no viene del nominativo latino AMOR (que en latín se pronunciaba llana: /ámor/), sino del acusativo AMORE(M) /amóre/ (en latín vulgar no se pronunciaba la M final) que, al perder la E final, se convirtió en amor /amór/.

Para marcar gráficamente el acento prosódico, se utiliza la tilde (á, é, í, ó, ú) (pequeña virgulilla sobre la vocal tónica; también llamada acento, aunque se prefiere la denominación tilde para no confundir el acento gráfico con el prosódico) cuando le corresponda, de acuerdo con unas normas establecidas (estas están diseñadas para utilizar la tilde en el menor número de ocasiones). Antes de conocerlas, es necesario separar las sílabas de la palabra en cuestión y señalar cuál es la sílaba tónica (aquella que tiene el acento prosódico). Aquellas palabras con el acento en la última sílaba son agudas, las que lo tienen en la penúltima son llanas, las que lo tienen en la antepenúltima son esdrújulas, y las que lo tienen en la anterior a la antepenúltima son sobresdrújulas. Las normas son las siguientes:

  • Las palabras sobresdrújulas se acentúan siempre. Hay que señalar que solo son sobresdrújulas aquellas formas verbales (habitualmente del modo imperativo) con pronombres enclíticos. Ejemplos: cuéntamelo, cómpraselos...
  • Las palabras esdrújulas (proparoxítonas) se acentúan siempre. Ejemplos: término, público, política...
  • Las palabras llanas (paroxítonas) no se acentúan cuando acaban en vocal, o en vocal seguida de -n o -s. Por ejemplo: débil, nenúfar, árbol, Sáenz, bíceps...
  • Las palabras agudas (oxítonas) se tildan cuando acaban en vocal, o en vocal seguida de -n o -s. Se exceptúan las palabras monosílabas, que solo se acentúan en determinadas ocasiones (ver el tercer inciso de los casos particulares, más abajo). Por ejemplo: camión, comió, venís, Orleans, vendrán, dieciséis, teméis, Bernabéu...

Casos particulares:

  • Los adverbios acabados en -mente tienen doble acentuación, es decir, la parte de la palabra anterior a ese sufijo tiene una sílaba tónica y deberá acentuarse como si la palabra acabase antes del sufijo; el sufijo -mente, por su parte, también tiene su propia acentuación: es llana y como acaba en vocal, nunca se acentúa. Ejemplos: cortésmente (si cortés tiene tilde, también cuando se le añade el sufijo), políticamente, finalmente (si final no tiene tilde, tampoco cuando se le añada el sufijo)...
  • Para marcar los hiatos (y romper el diptongo), se debe tildar la vocal cerrada (u, i), aunque no siga las cuatro normas anteriormente expuestas. Ejemplos: mayoría (es una palabra llana y, al acabar en vocal, no debería llevar tilde, sin embargo, como ia es un diptongo, debe tildarse para que el acento prosódico caiga en la sílaba ri; si no la tildásemos, la sílaba tónica sería -yo-).
  • Algunas palabras monosílabas suenan igual y, para no confundirlas al leerlas, se ha acordado tildar siempre una de las dos. Esta tilde se llama diacrítica. Por ejemplo: sí (adverbio para asentir; pronombre) - si (para iniciar las condicionales; nota musical), mí (pronombre) - mi (posesivo; nota musical), té (infusión) - te (pronombre), tú (pronombre personal) - tu (posesivo)...
  • Las palabras que, quien, cuando, cuanto, donde, adonde, como, cual y cuan (y en castellano antiguo también cuyo) se acentúan en la vocal tónica cuando actúan como adverbio interrogativo o exclamativo (en oraciones exclamativas, interrogativas o en proposiciones subordinadas sustantivas de interrogativa indirecta). Ejemplos: ¿Cuándo vendrás? Vendré cuando yo quiera. ¿Qué es esto? Yo creo que es un balón. ¿Quién ha venido? No sé quién haya venido, pero quien haya venido puede irse ya. ¿Cuánto quieres? Quiero cuanto sea necesario. ¿Cuál es esa canción? ¿Adónde vas? Voy adonde nadie me vea. No sé adónde va él...

En inglés[editar]

En inglés el acento prosódico tiene valor fonológico. Eso significa que la posición del acento tiene un valor distintivo y permite diferenciar unas palabras de otras, en particular existen muchas parejas de verbo y substantivo que se diferencia por la posición del acento: áccess 'acceso' / accéss 'acceder', ímport 'bien importado' / impórt 'importar', etc;.

En francés[editar]

En francés el acento no tiene valor fonológico distintivo y es fijo en la última sílaba de la palabra.

Referencias[editar]

  1. Van den Hurlst, p. 85.
  2. RAE (2010), Ortografía de la lengua española, Barcelona: Bosch, p. 192 
  3. Iniciación a la métrica latina, Barcelona: Bosch, 1987 

Bibliografía[editar]