Zipa

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Escultura muisca de un Zipa sin identificar (Museo del Oro de Bogotá).

Zipa era el título de nobleza dado por los muiscas al gobernante supremo del Zipazgo, una de las divisiones administrativas más importantes de la Confederación Muisca. Se suele utilizar la expresión "Zipa de Bacatá", puesto que la sede de gobierno del Zipazgo se encontraba en Funza, capital del cacicazgo de Bacatá, en el territorio de la actual ciudad de Bogotá, capital de Colombia.

El Zipa era considerado descendiente de la diosa Chie (la Luna), de la misma manera que el Zaque era considerado descendiente de Sua (el Sol). El Zipa tenía autoridad absoluta sobre el gobierno del Zipazgo. A su cargo estaba la dirección administrativa, el mando del ejército, la creación, reforma y aplicación de las leyes, y buena parte de los asuntos religiosos. Es así como, por ejemplo, los chyquy (sacerdotes muiscas) debían ser investidos por el Zipa. La única persona que podía ejercer autoridad sobre el Zipa era el cacique sagrado de Iraca, a quien se consideraba sucesor del Venerable Bochica, mientras que el único poder en igualdad de condiciones frente al del Zipa era el del Zaque, que en un principio había sido superior.[1]

Sistema de sucesión[editar]

El trono del Zipa era hereditario, pero el sistema de sucesión (que aplicaba para todos los casos de sucesión entre los muiscas) no era patrilineal, sino matrilineal.[2] Es decir, que quien heredaba el trono no era el hijo del anterior Zipa, sino su sobrino, hijo de su hermana, o de la mayor de sus hermanas. En caso de que, por alguna razón, no fuera posible que el sobrino del Zipa heredara el trono, los que seguían en la línea sucesoria eran los hermanos y los hijos del Zipa, en ese orden. De lo contrario (es decir, en la mayoría de los casos), los hijos heredaban solamente los bienes muebles de su padre. La razón por la que los sucesores fueran los sobrinos, era que entre los muiscas existía la práctica de la poligamia, de modo que cada hombre podía tener el número de esposas que fuera capaz de mantener, por lo que la única forma de asegurar que el heredero fuera de la misma sangre que su padre, era que fuera el hijo de su hermana.

Educación del heredero al trono[editar]

El sobrino del Zipa reinante, destinado a sucederle en el trono, era educado desde su más tierna infancia en un aislamiento total del mundo, al interior del templo de la diosa Chie (la Luna), en el actual municipio de Chía (Cundinamarca), bajo el cuidado de los más respetados chyquy (sacerdotes) y con la vigilancia de una guardia de güechas de honor, cuidadosamente seleccionados. En el templo (que según algunos autores era una caverna sagrada), el heredero debía permanecer durante seis años, en los que le estaba prohibido salir durante el día; sólo podía salir por las noches para contemplar la luna, y siempre vigilado por sus güechas. Tampoco le estaba permitido comer carne ni alimentos con sal ni ají, y no podía tener ningún tipo de relación con mujer alguna. Este era un proceso de iniciación en el que el futuro Zipa debía aprender los misterios de la religión muisca, así como la manera adecuada de comportarse y de hablar, sin entrar en contacto con el influjo contaminante de sus vasallos. Al cumplir con los seis años de abstinencia, se le investía como cacique de Chía, dignidad en la que debía permanecer, como descendiente de la diosa Chie, hasta que el trono del Zipa quedara vacante. Como cacique de Chía, el heredero del Zipazgo debía aprender el arte de gobernar, después de haber aprendido los misterios de la religión muisca.[3]

Cuando Gonzalo Jiménez de Quesada se entrevistó con el Zipa Zaquesazipa en el poblado de Bosa, por medio de un indígena intérprete, quedó altamente impresionado por la elegancia en los modales del Zipa, así como por el refinamiento de las palabras con que se expresaba, con lo que notaba una gran diferencia entre el comportamiento del Zipa y el de los muiscas del común. No obstante, Zaquesazipa no había sido educado como heredero al trono, pues no era el sobrino sino el hermano del anterior Zipa, Tisquesusa, y era considerado por la mayor parte de la nobleza muisca como un usurpador al trono, siendo el heredero legítimo su sobrino, Chiayzaque.[4]

Ceremonia de El Dorado[editar]

La Balsa Muisca es una figura de oro que representa la ceremonia de El Dorado, que tenía lugar en la Laguna Sagrada de Guatavita. En la actualidad, esta pieza se encuentra resguardada en el Museo del Oro de Bogotá, y es considerada un símbolo de Colombia y de la identidad cultural de los colombianos.[5]

La ceremonia muisca de El Dorado, o Eldorado, que tenía lugar en la Laguna Sagrada de Guatavita, era aquella en la que el Zipa tomaba posesión del trono. La descripción que en 1636 hizo el cronista Juan Rodríguez Freyle en su libro Conquista y Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada, más conocido como El carnero, recoge el testimonio de algunos muiscas que habían vivido antes de la llegada de los españoles.

Después del proceso previo por el que tenía que pasar el heredero al trono del Zipazgo, debía ir a la Laguna Sagrada de Guatavita a ofrendar a los dioses. En la orilla de la laguna estaba preparada una balsa de juntos, aderezada y adornada de manera vistosa. En la balsa había cuatro braseros encendidos en los que se quemaba mucho moque, que era el sahumerio de los muiscas, y trementina, con otros muchos diversos perfumes. Alrededor de la laguna permanecían, como espectadores, todos los caciques del Zipazgo, así como los miembros de la nobleza muisca, los güechas (guerreros) y los chyquy (sacerdotes), adornados con sus mejores galas: coronas de plumas, ornamentos de oro, etc., y con muchas antorchas encendidas a la redonda. Cuando llegaba el heredero del trono, lo desnudaban completamente, le untaban en todo el cuerpo aceite de trementina y lo espolvoreaban con oro en polvo molido, de tal manera que el cuerpo quedaba totalmente dorado. Luego se subía en la balsa, en la cual iba de pie, y a sus pies ponían un gran montón de tunjos de oro (figurillas que representaban a los dioses) y esmeraldas para que los ofreciese a los dioses. En la balsa entraban los cuatro principales uzaques (nobles), muy engalanados con coronas de oro, brazaletes, orejeras, etc., y también desnudos, y cada cual llevaba su ofrecimiento. Una vez que partía la balsa, muchos hombres que estaban en la orilla comenzaban a tocar instrumentos musicales: cornetas, fotutos, entre otros, y todos los asistentes aclamaban al Zipa hasta que éste llegaba al centro de la laguna. En ese momento, se alzaba una bandera, que hacía la señal para el silencio. Entonce el Zipa hacía su ofrecimiento a los dioses, arrojando todo el oro y las esmeraldas a la laguna, y los uzaques que iban con él hacían lo mismo con sus ofrecimientos. Después, el Zipa se sumergía en el agua para que el oro en polvo se fuera también como ofrecimiento a los dioses. Cuando acababan, se abatía bajaba de nuevo la bandera, que durante el ofrecimiento había permanecido alzada, y partiendo la balsa de nuevo hacia la orilla, se alzaba un griterío con música y danzas alrededor de la laguna, con lo que quedaba posesionado el nuevo Zipa.[6]

Ceremonial y protocolo[editar]

Las personas del común no podían mirar al Zipa al rostro. Si el Zipa pasaba por algún lugar, los presentes debían girarse de espaldas al Zipa o ponerse de rodillas e inclinarse hasta tocar el suelo con la frente. Incluso los nobles que, por su dignidad, podían permanecer sentados o de pie, debían, aún así, mantener la cabeza baja. Por lo demás, la reverencia era usual como saludo y señal de respeto entre los muiscas, a los que les causaron una profunda impresión los modales toscos de los españoles.[1]

Cuando el Zipa necesitaba escupir, se lo indicaba a uno de los nobles, que respetuosamente se acercaba, arrodillándose con un trapo de algodón fino en las manos para que el Zipa escupiera sobre él, pues los muiscas consideraban que algo tan sagrado como la saliva del hijo de Chie (la Luna) no debía caer en el suelo. El que cumplía con esta función se retiraba muy satisfecho, pues consideraba que había recibido un gran honor. Sólo los hombres de la más alta nobleza (los uzaques) podían permanecer junto al Zipa, pero siempre bajando la cabeza y haciendo reverencias cuando se dirigían al Zipa o éste les hablaba.[1]

El Zipa era transportado en andas de madera fina cubierta con láminas de oro, sentado sobre una silla, también de oro. El honor de cargar las andas del Zipa era concedido a familiares muy cercanos. Siempre le precedían unos hombres encargados de despejar el camino, quitando las piedras que pudieran obstaculizar la marcha. El honor de ser transportado en andas era concedido por el Zipa a muy pocas personas, y sólo en casos especiales, como reconocimiento por importantes servicios prestados.[1]

Ningún hombre, de la condición social que fuera, podía presentarse ante el Zipa sin ofrecerle un regalo cada vez que lo visitaba, y en las ocasiones especiales los regalos debían ser abundantes.[1]

Jerarquía social[editar]

Los muiscas estimaban mucho la pureza de la sangre, de modo que las familias nobles procuraban no mezclarse jamás con los plebeyos, y menos aún con los pueblos indígenas de las tierras cálidas, a los que consideraban bárbaros e inferiores.[1] Al interior de todas las familias muiscas aplicaba el sistema de sucesión anteriormente descrito, y el Zipa sólo nombraba nuevos uzaques cuando no había ningún heredero natural, en cuyo caso nombraba a un general de los güechas.[7]

Algunos ornamentos de un gobernante muisca en el Museo del Oro de Bogotá.

En el muysccubun (idioma muisca) hay un amplio vocabulario para designar los rangos de jerarquía, organizada, en términos generales, de la siguiente manera:

  1. Zipa: Gobernante absoluto del Zipazgo.
  2. Psihipqua: Príncipe de sangre.
  3. Uzaque: Noble de sangre pura, con poder de cacique feudatario sobre las poblaciones fronterizas. Tenía un enorme poder militar.
  4. Zibyntyba: Capitán mayor, cacique de una parcialidad territorial conocida como zybyn.
  5. Tybarague: Capitán menor, cacique de una pequeña parcialidad territorial conocida como uta.
  6. Chyquy: Sacerdote muisca.
  7. Pabahue: Amo y señor.
  8. Uaia: Ama y señora.
  9. Paba: Literalmente: "padre", pero también designaba a alguien con autoridad sobre otras personas.
  10. Hue: Señor, o jefe.
  11. Ubata: Siervo comisionado para alguna misión especial.
  12. Tyuquyne : Mensajero.
  13. Cupqua: Vasallo.
  14. Chuta: Criado.
  15. Bospquaoa: Criado del servicio doméstico.

Matrimonio[editar]

En todas las capas de la sociedad muisca era común la poligamia. Un hombre podía tener el número de tygüi (esposas) que fuera capaz de sustentar, por lo que los gobernantes muiscas eran los que más esposas podían tener, aunque siempre había una primera consorte, conocida como gui chyty, ó güi chyty (en muysccubun, literalmente: "primera esposa"), que tenía prelación sobre las demás.[8]

El Zipa o el Zaque podían llegar a tener hasta 300 tygüi, sin contar con las criadas dispuestas para su servicio y el de sus consortes (el Zipa Tisquesusa llegó a tener 400 tygüi). Un cacique común raramente llegaba a tener 100[1] y, por lo general, los hombres de posición acomodada contaban con un mínimo de 20 y un máximo de 50 tygüi, mientras que los más pobres sólo alcanzaban a tener 2 o 3.[9]

Sólo el Zipa, el Zaque y algunos uzaques (nobles muiscas) podían elegir libremente a la mujer que quisieran como güi (esposa). Cuando el Zipa, el Zaque, o alguno de los uzaques pedían una doncella a sus padres, éstos la se la llevaban de inmediato, considerando el hecho como un gran honor para su familia. Durante algunos días, la recién llegada debía andar completamente desnuda y trabajar en el servicio de la casa, hasta que el esposo decidiera acostarse con ella. A partir de ese momento, podía vestirse y ser admitida como una de sus tygüi.[10]

Se imponían altísimas multas en tributos a las familias de las tygüi que cometieran alguna falta, si el esposo era el Zipa, el Zaque o algún uzaque o cacique de importancia. Por otra parte, el Zipa y el Zaque raramente escogían a mujeres que no pertenecieran a la nobleza de los uzaques.[11]

Ceremonia funeraria[editar]

Cuando el Zipa moría, un grupo de chyquy embalsamaba su cuerpo llenando las cavidades de las entrañas con resina derretida. Después envolvían el cadáver en ricas mantas y lo metían en el interior de un tronco de palma hueco, tapizado con láminas de oro por dentro y por fuera. Luego le llevaban a la sepultura, en un panteón secreto que le tenían destinado desde el día de su advenimiento al trono.[7]

Dominio territorial[editar]

Mapa de la Confederación Muisca. Los dominios del Zipa se muestran en color verde.

En el altiplano cundiboyacense, en el área central del Departamento de Cundinamarca, y en parte de las vertientes oriental y occidental de la Cordillera Oriental, estaban asentados los muiscas sujetos al Zipazgo, es decir, bajo el dominio del Zipa de Bacatá (Bogotá). Durante la Colonia española, prácticamente todos los territorios sujetos al Zipa conformaron la provincia de Santafé de Bogotá,[12] salvedad hecha de las áreas muiscas de Chiquinquirá y Saboyá, que entraron a formar parte de la provincia de Tunja.[13]

En el territorio controlado por el Zipa habitaban grupos que, al parecer, pertenecían a etnias distintas, entre los que estaban los sutagaos, los chíos o suraguas y los llamados guapis, búchipas o macos.[14] En términos generales, además de los territorios muiscas sujetos al Zipa, en el suroccidente de la provincia de Santafé, en el valle de Fusagasugá y hasta las márgenes del río Sumapaz, estaban asentados los sutagaos, grupo de probable origen panche, incorporado al Zipazgo mucho antes de llegada de los europeos. La parte suroriental del departamento de Cundinamarca (actuales municipios de Ubalá, Medina, Gachalá, Gama, Gachetá y Paratebueno -La Naguaya-[15] ) habría estado habitada por los guayupes. Sin embargo, en el siglo XVII los indígenas de esta área se identificaban como tributarios del cacique de Guatavita y rechazaban la denominación de chíos que les daban los indígenas de la Sabana de Bogotá y la de suraguas, como los llamaban los indígenas de los Llanos Orientales. Los actuales municipios de Quetame y Fosca habrían sido parte del Zipazgo, mientras que Gutiérrez y Guayabetal habrían estado ocupados por guayupes. Sin embargo, Gutiérrez (antes llamado Chuntiva) y Fosca estaban ocupados por guapis, búchipas o macos o maus de cultura chibcha. Dado que al parecer Quetame fue segregada de Fosca y Guayabetal de Fosca y Quetame, tentativamente puede plantearse que presentaron una ocupación étnica similar a la de los otros dos municipios.[16]

Cacicazgos sujetos al Zipazgo[editar]

  1. Cacicazgo de Bacatá: Funza, Tenjo, Subachoque, Facatativá, Tabio, Cota, Chía, Cajicá, Zipaquirá, Nemocón, Engativá, Bosa, Soacha y Zipacón.
  2. Cacicazgo de Guatavita: Guatavita, Sesquilé, Guasca, Sopó, Usaquén, Tuna, Suba, Teusacá, Gachetá, Chocontá y Suesca entre otras.
  3. Cacicazgo de Ubaque: Ubaque, Choachí, Chipaque, Cáqueza, Usme.
  4. Cacicazgo de Fusagasugá: Fusagasugá, Pasca y Tibacuy.
  5. Cacicazgo de Ubaté: Ubaté, Cucunubá, Simijaca, y Susa.

Propiedades personales del Zipa[editar]

Sede de gobierno[editar]

  • La sede oficial del gobierno del Zipazgo estaba en Funza, capital del cacicazgo de Bacatá.[1]

Casas de recreo[editar]

Los Zipas tenían varias casas de recreo diseminadas a lo largo del territorio del Zipazgo. Las principales fueron:[1]

  • Casa principal de recreo en Tenaguasa (Tena), a donde iban los Zipas a bañarse y divertirse con sus tygüi.
  • Casa de recreo de Tabio, a donde iban a bañarse en las aguas termales.
  • Casa de recreo de Teusaquillo, a donde iba a refugiarse cuando la Sabana de Bogotá se inundaba como consecuencia de lluvias desmedidas.
  • Casa de recreo del Salto del Tequendama, que estaba ubicada pasando las cataratas, en las tierras cálidas.

Lista de los Zipas[editar]

Zipa Años de reinado Breve descripción
Meicuchuca c. 1450-1470 Lo poco que se conoce sobre su vida pertenece más a un tipo de relato legendario que histórico.
Saguamanchica 1470-1490 Se concentró en la expansión territorial del Zipazgo mediante la conquista militar.
Nemequene 1490-1514 Aplastó las rebeliones al interior del Zipazgo y creó el Código de Nemequene.
Tisquesusa 1490-1538 Durante su reinado llegaron los españoles al territorio muisca. Fue asesinado por los mismos en Facatativá.
Zaquesazipa 1538-1539 Último Zipa. Fue sometido a tortura por parte de los españoles, muriendo a causa de las heridas.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g h i Restrepo, Vicente. Los chibchas antes de la conquista española. (Bogotá, Imprenta de la Luz, 1895) Capítulo VIII
  2. Gamboa M., Jorge Augusto (compilador). Los Muiscas en los Siglos XVI y XVII. Miradas desde la arqueología, la antropología y la historia. (Universidad de los Andes. Bogotá, 2008) XIII
  3. Le Moyne, Auguste. Viajes y estancias en America del Sur. (Bogotá; Editorial Centro; 1945) Capítulo VII, pp. 173-174
  4. Acosta, Joaquín. Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada en el siglo décimo sexto (Imprenta de Beau. París, 1848), p. 236
  5. [1] Banco de la República de Colombia. Museo del Oro. Detalles de la Balsa Muisca.
  6. Rodríguez Freyle, Juan. Conquista y Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada. (Círculo de Lectores; Bogotá, 1985), pp. 28-29
  7. a b Uricoechea, Ezequiel. Gramática, vocabulario, catecismo y devocionario de la lengua chibcha. (París, Maison Neuve, 1871) Introducción, p. XXVIII
  8. Diccionario Muysccubun / chyty
  9. Martínez Martín, Abel Fernando. Entre risas y llantos. Una mirada a las costumbres muiscas a través de los cronistas. P. 8
  10. Simón, Fray Pedro. Noticias Historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales. Biblioteca Banco Popular T. III. Bogotá. 1981. P. 398
  11. Uricoechea, Ezequiel. Gramática, vocabulario, catecismo y devocionario de la lengua chibcha. (París, Maison Neuve, 1871) Introducción, p. XXVI
  12. Martha Herrera Ángel, Poder local, población y ordenamiento territorial en la Nueva Granada -Siglo XVIII- (Bogotá: Archivo General de la Nación, 1996), 26-31. Véase también el mapa del territorio del Zipa a la llegada de los españoles de Falchetti y Plazas, El territorio, 62 y Ramírez y Sotomayor, “Subregionalización” en particular el mapa No. 3, “Cacicazgos y división político–administrativa durante la Colonia”.
  13. Falchetti y Plazas, El territorio, mapa, 62 y Francisco Antonio Moreno y Escandón, Indios y mestizos de la Nueva Granada a finales del siglo XVIII, Germán Colmenares y Alonso Valencia, comps. (1779; Bogotá: Banco Popular, 1985), 479.
  14. DANE, División político administrativa de Colombia, 1988 (Bogotá: DANE, 1988), 93; mapa del territorio del zipa a la llegada de los españoles publicado por Ana María Falchetti y Clemencia Plazas de Nieto, El territorio de los muiscas a la llegada de los españoles, Cuadernos de Antropología No. 1 (Bogotá: Universidad de los Andes, 1973), 62; María Clemencia Ramírez de Jara y María Lucía Sotomayor, “Subregionalización del altiplano cundiboyacense: reflexiones metodológicas”, Revista Colombiana de Antropología (Bogotá), núm. 26 (1988): 175-201, en particular el mapa No. 3, “Cacicazgos y división político–administrativa durante la Colonia”; Hermes Tovar Pinzón et. al., comps., Convocatoria al poder del número. Censos y estadísticas de la Nueva Granada 1750-1830 (Bogotá: Archivo General de la Nación, 1994), 229-285, 298-99 y 569; Alejandro Carranza, San Dionisio de los Caballeros de Tocaima (Bogotá: ABC, 1941), Hermes Tovar Pinzón, La formación social chibcha (1970; 2a. ed. corregida y aumentada, Bogotá: CIEC, 1980) y No hay caciques; Velandia, Enciclopedia, 2:574, 599, 618, 620, 680, 711 y 760, 3: 1.210, 1.272, 1.412, 1.427, 1.599, 1.636 y 1.827, 4: 1.953, 1.961, 1.981, 1.988, 1.994, 2.005, 2.012, 2.050, 2.054, 2.198, 2.538, 2.542 y 2.573 y 5: 2.575 y 2.614; Carlos Castaño y Carmen Lucía Dávila, Investigación arqueológica en el Magdalena Medio. Sitios Colorados y Mayaca (Bogotá: Banco de la República, 1984), mapa “Localización sitio excavación Colorados y Mayaca, Municipio de Puerto Salgar y Guaduas”, 13 y Senado de la República, Municipios colombianos. Índice monográfico de los municipios del país (Bogotá: Senado de la República, 1989).
  15. La Naguaya era el nombre de Paratebueno, actual municipio de Cundinamarca. Velandia, Enciclopedia, 3:1.700 y DANE, División, 93-106.
  16. Herrera Ángel, Martha. Milenios de ocupación en Cundinamarca (Universidad de los Andes, 2008), p. 16
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