Hipólito Yrigoyen

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Hipólito Yrigoyen
HIPOLITO.jpg
Retrato de Yrigoyen por Alfredo Dalerole

Coat of arms of Argentina.svg
Presidente de la Nación Argentina
12 de octubre de 1928-6 de septiembre de 1930
Vicepresidente Enrique Martínez
Predecesor Marcelo T. de Alvear
Sucesor José Félix Uriburu (de facto)

12 de octubre de 1916-12 de octubre de 1922
Vicepresidente Pelagio Luna (1916-1919)
Ninguno (1919-1922)
Predecesor Victorino de la Plaza
Sucesor Marcelo T. de Alvear

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Diputado de la Nación Argentina
1880-1882
Presidente Julio Argentino Roca (1880-1886)
Vicepresidente Francisco Bernabé Madero (1880-1886)

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Diputado de la Nación Argentina
por Buenos Aires
1878-1880
Presidente Nicolás Avellaneda (1874-1880)
Vicepresidente Mariano Acosta (1874-1880)

Información personal
Nacimiento 12 de julio de 1852
Buenos Aires, Bandera de Argentina Argentina
Fallecimiento 3 de julio de 1933 (80 años)
Buenos Aires, Bandera de Argentina Argentina
Lugar de sepultura Cementerio de la Recoleta Ver y modificar los datos en Wikidata
Residencia Brasil 1039, Buenos Aires
Nacionalidad Argentina Ver y modificar los datos en Wikidata
Partido político Partido Autonomista
Partido Republicano
Unión Cívica
Unión Cívica Radical
Educación
Alma máter Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Abogado, comisario, estanciero y profesor
Firma Hipólito Yrigoyen - Firma.svg
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Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen (Buenos Aires, 12 de julio de 1852ibídem, 3 de julio de 1933) fue un político argentino, y figura relevante de la Unión Cívica Radical. Fue el primer ciudadano en ser elegido por medio del sufragio universal masculino y secreto, y fue asimismo el primer mandatario reelecto por medio de dicha reglamentación electoral en 1928. A su vez, fue también el primer presidente constitucional derrocado por un golpe de Estado. Su primer mandato marcó la apertura del período histórico conocido como primeras presidencias radicales.

Nació y se crió en el seno de una familia de clase media baja, por lo que tuvo que buscar empleo para solventarse y, en algunas ocasiones, lo hizo abandonar sus estudios. Era sobrino de Leandro Nicéforo Alem, hermano menor de su madre Marcelina Alén. Se recibió de abogado pero nunca ejerció tal profesión. Fue comisario de Balvanera y participó en la revolución de 1874 encabezada por Bartolomé Mitre. Ejerció como docente y Domingo Sarmiento lo nombró presidente del Consejo Escolar de Balvanera. Ocupó la diputación en dos ocasiones, de 1878 a 1880 y para el periodo de 1880 a 1882, esta última interrumpida por la Federalización de Buenos Aires.

Participó en las revoluciones radicales de 1890 y 1893, en las que centenares de civiles y militares rebeldes se levantaron en armas contra el régimen conservador. Así, Yrigoyen condujo y financió un ejército radical de 8000 hombres. Si bien ambas revoluciones fracasaron, la primera de ellas provocó la renuncia de Miguel Juárez Celman y puso en jaque al régimen, exponiendo la necesidad de una reforma electoral y social. Yrigoyen fue apresado a horas de la madrugada y deportado a Montevideo, la única tierra extranjera que conoció en su vida. Tras el suicidio de su tío Alem en 1896, Yrigoyen comenzó a adoptar su característica personalidad reservada. De los tiempos de la lucha armada conoció a Marcelo T. de Alvear, por quien siempre tendría un especial afecto. Fundó junto con su tío y Aristóbulo del Valle la Unión Cívica. Cuando se produjo una división en el partido por un acuerdo con el mitrismo, ese sector fundó la Unión Cívica Nacional, mientras que los cívicos adeptos a Alem fundaron la Unión Cívica Radical. Encabezó la revolución de 1905 que aceleró la sanción de la Ley Sáenz Peña de voto secreto que lo llevó a la presidencia en 1916.

El primer gobierno de Yrigoyen fue innovador en varios aspectos para la historia argentina. Además de haber sido elegido mediante la reforma electoral por la cual luchó por varios años, fue el primer presidente surgido de las clases populares, lo cual puso fin a la hegemonía conservadora y marcó el ingreso de la clase media en la política del país. Asimismo, fue el primero en adoptar una línea nacionalista y en plantear una reforma social. Asumió la presidencia en el marco de una crisis provocada por la Primera Guerra Mundial en Europa, lo que provocó el cierre de los mercados argentinos y frenó gran parte de la actividad económica. Esto repercutió en grandes manifestaciones obreras y se reflejó en el crecimiento exponencial que experimentaron los gremios durante el período. Se sancionaron reglamentaciones para proteger a los campesinos y se crearon cajas jubilatorias para empleados públicos y estatales. Yrigoyen dictó medidas para que la Argentina controlara sus transportes, yacimientos energéticos y su propia moneda. Se regularon las tarifas de los ferrocarriles operados por capitales británicos, a la vez que se creaban líneas férreas estatales. En 1922 fundó Yacimientos Petrolíferos Fiscales, una empresa estatal destinada a explotar las riquezas energéticas del país. El estallido de la reforma universitaria fue bien visto por su gobierno, e Yrigoyen impulsó una serie de normas a favor de los reformistas. Pese a las iniciativas que favorecieron a sectores obreros y medios, su mandato se vio manchado por las mayores masacres en la historia argentina: la semana trágica, la masacre de la Forestal y la Patagonia rebelde, con centenares de obreros fusilados por parte de las fuerzas policiales y grupos de extrema derecha como la Liga Patriótica, ya que el gobierno no pudo controlar ni satisfacer los pedidos de los manifestantes. No existe unanimidad entre los historiadores para determinar el grado de responsabilidad del mismo Yrigoyen en las masacres; no obstante, es un hecho que el presidente nunca mandó investigar los sucesos trágicos ni los condenó públicamente. En materia de política internacional, Yrigoyen mantuvo una posición neutral ante la Primera Guerra Mundial y, finalizada ésta, abogó por la igualdad entre naciones vencedoras y vencidas, a la vez que defendía el principio de no intervención. La expansión económica que experimentó la Argentina durante el periodo conocido como república radical sigue siendo hasta hoy en día el ciclo de mayor crecimiento económico en la historia argentina, ciclo sólo superado por la gestión del presidente Arturo Illia.

Yrigoyen brindó su apoyo para sucederlo en la presidencia a su amigo Alvear, quien ganó las elecciones para presidente de la Nación en 1922. Pero durante la nueva presidencia radical de Alvear se produjo el quiebre de la UCR entre los antipersonalistas e yrigoyenistas. Para las elecciones de 1928 la UCR se presentó en dos partidos: por un lado la Unión Cívica Radical con Yrigoyen a la cabeza y por el otro la Unión Cívica Radical Antipersonalista con Leopoldo Melo. Yrigoyen ganó por segunda vez con amplia mayoría en unas elecciones que fueron conocidas como «el plebiscito». Durante su segundo mandado ocurrió el crac del 29, la mayor crisis financiera mundial hasta ese momento. El gobierno no pudo reaccionar ante la crisis y fue perdiendo apoyo. El 6 de septiembre de 1930 fue derrocado por el primer golpe de Estado en la etapa constitucional de la Argentina, comandado por José Félix Uriburu. Poco antes de su destitución, su gobierno estuvo cerca de lograr la nacionalización del petróleo, un hecho que se considera una de las causas del golpe de Estado. Tras su derrocamiento, fue confinado a la isla Martín García, en donde compartió presidio con varios presos políticos. Falleció el 3 de julio de 1933 y fue acompañado a su última morada por una de las manifestaciones espontáneas más masivas y sorpresivas de la historia argentina, pues una multitud trasladó a pulso su féretro hasta el Cementerio de la Recoleta.

Biografía[editar]

Infancia y juventud[editar]

La estación Plaza Constitución en 1920. En la avenida Brasil, muy cerca de la estación, vivió Yrigoyen hasta su muerte en 1933. Años después su casa fue demolida para construir una autopista allí.

Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen nació, según su fe de bautismo, el 12 de julio de 1852,[1] [2] pocos meses después de la Batalla de Caseros, aunque Félix Luna sostiene que esta fecha puede ser errónea y el día del nacimiento sería el 13 de julio.[nota 1] Fue bautizado cuatro años después, el 19 de octubre de 1856 en la iglesia de Nuestra Señora de la Piedad. Su padre, Martín Yrigoyen Dodagaray, era un inmigrante vascofrancés que se casó en 1847 con Marcelina Alén Ponce, la hija de su patrón Leandro Antonio Alén (padre también de Leandro N. Alem), un mazorquero rosista que sería fusilado y colgado en la Plaza de Mayo.[2] [3] Durante su infancia Yrigoyen vivió en una casa del barrio de Balvanera y tuvo cuatro hermanos: Roque, Martín, Amalia y Marcelina. En 1861, a los nueve años, ingresó en el Colegio San José de Buenos Aires manejado por los padres bayoneses, pero siguió sus estudios en el Colegio de la América del Sud, donde su tío Leandro N. Alem era profesor de filosofía. En un principio tuvo una inclinación por los estudios sacerdotales, pero los dejó al poco tiempo para dedicarse al estudio de la abogacía.[4] A los quince años sus estudios se vieron interrumpidos para ayudar a su padre, quien había adquirido una flota de carros para trabajar en el puerto. Trabajó por un corto tiempo en una tienda y también tuvo un empleo en el tranvía. En 1867 comenzó a trabajar en el estudio jurídico que compartían Leandro Alem y Aristóbulo del Valle.[3]

Según las investigaciones de Roberto Etchepareborda, su apellido original —a diferencia del de Bernardo de Irigoyen— era Hirigoyen, que significa «ciudad de lo alto». En el país vasco-francés la «h» se aspira como en inglés, mientras que en el país vasco-español no se pronuncia, por lo tanto el apellido Hirigoyen probablemente tiene su origen en Francia, mientras que sus variantes Yrigoyen e Irigoyen lo tienen en España.[5] En 1965, tras la investigación de Etchepareborda, la Academia Nacional de la Historia, se pronunció por nombrar a Yrigoyen, con la «y» inicial.

El dirigente radical utilizaba «Yrigoyen» e «Irigoyen» indistintamente. El uso de «Yrigoyen» fue una utilización política de la cuarta década del siglo XX: Gabriel del Mazo, dirigente de FORJA, recomendaba usar el «Yrigoyen» en contraposición del «Irigoyen» que utilizaban los sectores que respondían a Marcelo T. de Alvear.

Carrera política[editar]

Hipólito Yrigoyen en 1893, uno de los pocos retratos que existen de su juventud.

Cuando terminó el bachillerato en 1869, junto a su tío, Leandro N. Alem comenzaron su vida política como miembros del Partido Autonomista, conducido por Adolfo Alsina, un partido de base popular enfrentado al Partido Nacional de Bartolomé Mitre.[1] En su participación en el Club Electoral reclamó un sufragio libre, división de la propiedad rural y reforma del poder judicial, entre otras medidas.[3]

Para 1870 ingresó en la administración pública como escribiente de la Contaduría General en la Oficina de Balances e Información, pero no permaneció por mucho tiempo en esa labor. Dos años después, cuando Alem fue elegido diputado provincial, Yrigoyen, con veinte años, fue nombrado comisario de Balvanera,[4] y se hizo cargo de la seccional 14. Paralelamente siguió con sus estudios de abogacía y en marzo de 1874 terminó el cuarto año,[6] y ese mismo año participó en la revolución encabezada por Bartolomé Mitre. En 1877 Alem, Aristóbulo del Valle e Yrigoyen, en disidencia con el acercamiento de Adolfo Alsina al mitrismo, formaron el Partido Republicano, que propuso como candidato al propio Aristóbulo del Valle y sostuvo una actitud de intransigente oposición a los acuerdos entre dirigentes alsinistas y mitristas. El enfrentamiento interno terminó con la expulsión de Yrigoyen de sus funciones policiales en 1877.[4] [2] En 1878, a los 25 años, fue electo diputado provincial por el Partido Republicano e integró la Comisión de Presupuesto,[4] pero su mandato terminó en 1880 como resultado de la federalización de Buenos Aires.[7] En ese año fue nombrado administrador general de Sellos y Patentes, pero tampoco permaneció mucho tiempo en este empleo. Al federalizarse Buenos Aires y frente a la llegada de Julio A. Roca a la presidencia, Alem renunció a su banca de diputado en protesta por la federalización y abandonó la política, en tanto que Yrigoyen, quien no se opuso a la nueva ley, resultó elegido diputado nacional. Era la primera discrepancia que surgía entre ambos.[4] [8] En 1878 terminó de rendir las materias,[4] pero nunca hizo la tesis. Tres años después se sancionó una ley que permitía obtener el título de abogado sin realizar la tesis, de modo que Yrigoyen tramitó y obtuvo su graduación.[3]

Escrituras del campo Los Médanos perteneciente a Hipólito Yrigoyen.

Comenzó a trabajar como profesor de historia argentina, instrucción cívica y filosofía en 1880, en la Escuela Normal de Maestros, no si antes haber sido designado presidente del Consejo Escolar de Balvanera por Domingo Faustino Sarmiento, entonces presidente del Consejo Nacional de Educación. Dictó esas materias durante cerca de veinticuatro años, hasta que fue expulsado por orden del presidente Manuel Quintana, producto de la revolución de 1905, dirigida por Yrigoyen. Donó su sueldo de 150 pesos para el Hospital de Niños y el Asilo de Niños Desvalidos, pese a que su situación económica no era favorable.[4] [3] Para 1882 Yrigoyen había finalizado las materias teóricas de la carrera de Abogacía en la Universidad de Buenos Aires restándole sólo rendir los prácticos.[2] En esa época, y a través de los krausistas españoles Julián Sanz del Río y Francisco Giner de los Ríos, descubrió el pensamiento filosófico de Karl Krause, que influyó considerablemente en su pensamiento.[9]

Placa en un solar en el barrio de Constitución, donde estuvo la casa de Yrigoyen.

En esa década de 1880 Yrigoyen habría de enriquecerse dedicándose a la invernada, es decir, a la compra de vacunos ya criados, para su engorde y venta al frigorífico. Para ello rentó una estancia y compró tres más, con lo que reunió casi 25 leguas de tierra.[3] Entre otros campos, fue propietario de la estancia El Trigo, cerca de Las Flores, Provincia de Buenos Aires, una de las mejores zonas de pastoreo del país; la Seña en Anchorena, provincia de San Luis y El Quemado cerca de General Alvear, Provincia de Buenos Aires, además de arrendar los campos de Santa María y Santa Isabel en el partido de 9 de Julio, en Buenos Aires. Gracias a esta experiencia empresarial Yrigoyen tuvo contacto directo con gente de campo, criollos o gringos, y conoció sus problemáticas y sensibilidad.[4] Nunca recibió a personas ni amigos en sus estancias. Pasaba el tiempo trabajando en el campo junto a sus peones, y en horas libres solía caminar o leer. Cuando fue una personalidad política más popular, solía recluirse en alguna de sus estancias como forma de descanso. Aconsejó a sus peones que comprasen pequeñas propiedades para solventarse en su vejez. Los trabajadores de las estancias de Yrigoyen recibían sueldos más abultados que los habituales de esa época, y recibían además una participación en las ganancias obtenidas, en función del trabajo y responsabilidad de cada empleado. Era habitual que les regalara prendas y ropa a sus peones y, al ir a la ciudad, volvía cargado con los encargos de sus empleados. Yrigoyen juntó una fortuna de varios millones de pesos, que utilizó casi completamente en la actividad política, a tal punto que, al momento de morir, su sucesión dejó un déficit.[8]

En 1889, Yrigoyen se mudó a su propia casa, frente a lo que hoy es la Plaza Congreso en la Ciudad de Buenos Aires, en la calle que lleva su nombre, a la altura del 1600. Por esa época entabló una profunda amistad con dos amigos de su hermano trágicamente fallecido, y que tendrían mucho que ver con los cambios institucionales que llevarán a Hipólito Yrigoyen a la presidencia de la Nación: Carlos Pellegrini y Roque Sáenz Peña.

La lucha armada[editar]

Hipólito Yrigoyen, jefe revolucionario en 1893. Dibujo de Demócrito de Eduardo Sojo, publicado en la revista Don Quijote.

El 10 de abril de 1892 hubo elecciones presidenciales, las cuales llevaron a Luis Sáenz Peña a la presidencia. Una semana antes el presidente Carlos Pellegrini había decretado el estado de sitio y, con la excusa de una conspiración radical, mandó encarcelar a Leandro Alem y prácticamente todos los dirigentes radicales fueron apresados por dos meses, a excepción de Yrigoyen. En noviembre de ese año se congregó la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical, en la que Alem leyó un informe e Yrigoyen emitió una declaración que llamaba a levantarse en armas contra el régimen. Así la Convención aprobó un manifiesto que calificaba al gobierno como «surgido del fraude y la violencia». Acto seguido, el 17 de noviembre, se sancionó la carta orgánica, primer documento de este tipo en la historia del partido. En este año comenzaron los sucesivos acontecimientos que derivaron en una nueva revolución radical. El 29 de julio de 1893 el gobierno de San Luis fue depuesto por Juan Sáa, y el 31 sucedería lo mismo en Rosario. Mientras tanto, en Buenos Aires, Yrigoyen decidió poner en práctica su plan. Varios dirigentes abandonaron la ciudad para dirigirse al interior de la provincia, cada uno de los cuales tenía asignada una precisa tarea para llevar a cabo la nueva rebelión. Yrigoyen reunió en su estancia «El Trigo» a sus amigos y algunos de sus peones, unas sesenta personas en total, y se dirigieron a la comisaría de Las Flores, que tomaron sin resistencia. Llegó a Temperley el 3 de agosto a horas de la mañana con 1200 hombres y allí instaló el cuartel general de la revolución, dirigido y organizado por Marcelo T. de Alvear. El campamento llegó a albergar 2800 ciudadanos armados, quienes llegaban en columnas que venían de tomar localidades linderas. El 4 de agosto el jefe de la rebelión creó varios batallones para defender su asentamiento en Temperley, cuyas fuerzas ascendían a 4500 hombres subdivididos en dieciocho batallones. Ante esta situación, el gobernador renunció ese mismo día. Dos días después se formó el Comité de la Provincia presidido por Yrigoyen, que se reunió en Lomas de Zamora con la presencia de unos sesenta miembros. Domingo Demaría pidió que Yrigoyen fuera el gobernador provisional de la provincia, pero éste se negó rotundamente, considerando que él había participado en la revolución para terminar con un gobierno ilegal, no para instaurar otro. Ante la insistencia de sus correligionarios Yrigoyen dijo: «Ni a la provisoria, ni a la definitiva».[8]

Miembros de la Revolución del Parque (izquierda a derecha): Marcelo T. de Alvear, José Crotto, Enrique Pérez, Luis Basaíl, Tomás Valleé y Mariano de la Riestra. Las revoluciones radicales produjeron profundos cambios políticos para finales de siglo.

Aristóbulo del Valle fue designado ministro de Guerra por Luis Sáenz Peña. En ese contexto del Valle organizó la revolución con Yrigoyen. Pero el plan de del Valle era intentar instaurar elecciones libres y limpias, lo que fue rechazado por el Congreso. Dada su posición cercana al gobierno, del Valle podría haber dado un golpe de Estado contra el gobierno como Alem le pidió, pero sus convicciones legales le impidieron emprender dicha acción aun cuando ello significara el fracaso de la revolución.[8]

El 8 de agosto una formación ferroviaria partió de Temperley para tomar La Plata. El coronel Martín Yrigoyen (hermano de Hipólito) dirigía a tres mil quinientos civiles que, tras algunas acciones bélicas, desalojaron al gobernador Carlos Costa y tomaron la ciudad de La Plata. A los hombres del coronel Yrigoyen se sumaron los refuerzos comandados por su hermano, y alrededor de 4500 personas desfilaron por las calles de 13 y 44. Martín y Hipólito iban al frente de la tropa revolucionaria, que fue ovacionada por los platenses. Decidieron usar el hipódromo cercano a la estación de tren como campamento. Así terminó la toma de La Plata, que se produjo de forma pacífica. Ese mismo día se reunió en Lomas de Zamora el Comité de la Provincia para elegir al gobernador provisional, y resultó designado Juan Carlos Belgrano, quien eligió a Marcelo T. de Alvear para ocupar el Ministerio de Obras Públicas. El gobierno provisional duraría sólo nueve días. Cuando el gobierno nacional mandó tropas para intervenir, Belgrano no opuso resistencia y entregó el poder al interventor Eduardo Olivera.[10] [11] El gobierno nacional designó a Manuel Quintana ministro del Interior, y éste mandó un poderoso cuerpo bélico con el fin de desbaratar la revolución. El 25 de agosto el Comité de la provincia emitió un manifiesto en el que deponía las armas. Alem insistió en ordenar un nuevo levantamiento en todo el país, pero Yrigoyen se negó ya que pensaba que Quintana usaría cualquier medio para ahogar la revolución. Para octubre la revolución había sido totalmente anulada. Un emisario le avisó a Yrigoyen que lo iban apresar y, cuando abandonaba su casa a horas de la madrugada, lo detuvo una comisión policial. Yrigoyen es apresado por primera vez en su vida. Lo trasladaron a un antiguo buque de guerra y después a un pontón algo inundado donde había varios radicales presos. Al poco tiempo deportaron a los presos a Montevideo, ciudad donde permaneció hasta diciembre y que sería la única tierra extranjera que Yrigoyen conoció en toda su vida.[8]

Leandro N. Alem era el tío de Yrigoyen, y fue el modelo que siguió. En 1896, tras el suicidio de su tío, comenzaría a adoptar su característica personalidad reservada.

Fue en vísperas de esta revolución cuando Yrigoyen conoció a Alvear, más precisamente cuando se estaba buscando un jefe de policía para la ciudad de Buenos Aires. Aristóbulo del Valle propuso a un pariente de Alem, que había sido comisario. Yrigoyen entró en contacto con Alvear y otras personalidades del civismo como Le Breton, Apellániz y Senillosa. Alvear e Yrigoyen se siguieron viendo en el Café de París y en reuniones de comités. Yrigoyen siempre conservaría un especial aprecio por Alvear, inclusive en los últimos años de vida del caudillo, cuando años atrás ambos dirigentes radicales estaban enfrentados.[12] [13] Como hecho anecdótico entre ambos dirigentes, se puede mencionar que en 1897 Lisandro de la Torre retó a un duelo de esgrima a Yrigoyen. Alvear tuvo unos pocos días para enseñarle algunos aspectos básicos de esgrima a Yrigoyen, puesto que éste desconocía esa disciplina mientras que de la Torre era un experto. El duelo se produjo el día 6 de septiembre e Yrigoyen le produjo varios cortes en la cara a de la Torre y salió victorioso.[14]

El 1 de julio de 1896 Leandro Alem se suicidó en plena calle. Aristóbulo del Valle había fallecido prematuramente en enero del citado año, por lo que la jefatura del partido recayó aún más en Yrigoyen. Pero, durante la noche del velatorio de Alem, anunció que la pérdida era demasiado grave para poder pensar en nuevos proyectos, y pidió a los presentes volver a sus provincias de origen hasta nuevo aviso. Aquí es donde Yrigoyen adoptó su costumbre de dejarse ver lo menos posible.[8] Se manifestó en profundo desacuerdo con el acuerdo con el mitrismo que imponía el presidente del Comité Nacional, Bernardo de Irigoyen, como táctica para enfrentar a Julio Argentino Roca, cuando éste se encaminaba a su segunda presidencia en 1898.[15] Cuando la Convención Nacional de la UCR sancionó el 6 de septiembre de 1897 la llamada política de las paralelas para concurrir a elecciones junto con los mitristas, tras una reunión del comité provincial de la UCR el 29 de septiembre de 1897 en casa de Alvear se votó por la disolución de dicho organismo para así desbaratar la estrategia de los bernardistas. Desde entonces, el radicalismo entraría en un estado de desorganización hasta la reorganización partidaria de 1904. Los pactos con los conservadores llevarían al quiebre de la Unión Cívica en la Unión Cívica Nacional fundada por Bartolomé Mitre y por el otro lado la Unión Cívica Radical fundada por Yrigoyen y Alem.[8]

Se habían señalado los primeros días de febrero de 1905 para el comienzo de la nueva revolución radical, y a finales de enero los delegados partieron a sus destinos para comenzar la revuelta. Pero la policía sospechaba que existían planes conspirativos, por lo que allanaron varios edificios y, cuando los civiles acudieron a buscar armas, acabaron detenidos por la policía. Muchos radicales tuvieron que exiliarse al extranjero, mientras que otros fueron apresados cuando intentaban salir del país y se les aplicaron penas de hasta ocho años de cárcel por orden del presidente Quintana. Pocos años después el presidente murió y fue sucedido en el cargo por José Figueroa Alcorta, quien sancionó una ley de amnistía para liberar a los presos radicales como también para que los exiliados pudiesen retornar a su hogar. Yrigoyen auxilió económicamente a los exiliados gracias al loteo y venta de sus estancias.[8]

Camino a la reforma electoral[editar]

El inicio del cambio político largamente postergado se produjo con la llegada a la presidencia de Roque Sáenz Peña, un opositor interno del Partido Autonomista Nacional. Éste centró toda su gestión gubernamental en sancionar una ley para garantizar elecciones secretas, universales y obligatorias para todos los ciudadanos.[16] Tras superar la resistencia de los conservadores más contrarios al ejercicio de la democracia plena, su proyecto se convirtió en la llamada Ley Sáenz Peña.[17] El problema del sufragio se atendió con tres leyes, la n.° 4161 del 29 de diciembre de 1902, que posibilitó al Partido Socialista su primera representación; la n.° 4578 del 24 de julio de 1905, destinada a calmar la revolución de ese año, y la famosa Ley Sáenz Peña (n.° 8871), promulgada el 10 de febrero de 1912. Si bien esto era predecible, es destacable la actitud del presidente Roque Sáenz Peña, que atendió las demandas populares aun sabiendo que ello afectaba gravemente a la hegemonía conservadora.[18] Sin embargo, cabe destacar que la nueva ley sólo alcanzaba a las elecciones para cargos nacionales, es decir, para presidente y vicepresidente, diputados nacionales y senadores nacionales por la Capital Federal. Las demás elecciones seguían celebrándose según las leyes provinciales. No obstante, en 1912 se produjo la intervención federal a la Provincia de Santa Fe, y el interventor organizó las elecciones para gobernador y legisladores de acuerdo con la nueva reforma electoral. La UCR decidió participar y logró la victoria. Llevó así a la gobernación a Manuel Menchaca, primer gobernador elegido por la ley de elecciones secretas.[19]

Una de las primeras fotografías tomadas a Yrigoyen en público. Saliendo de una Convención de la UCR en el Salón Príncipe Jorge de la ciudad de Buenos Aires, en 1909.

A comienzos de marzo de 1916 se reunió el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical a fin de convocar una Convención, que tuvo lugar el 20 de marzo en la Casa Suiza con una asistencia de 138 delegados. Terminó la sesión con la designación de una comisión integrada por los delegados Vicente Gallo, José Camilo Crotto, Pelagio Luna, José Saravia e Isaías Amado. Paralelamente se nombró otra comisión, integrada por Eudoro Vargas Gómez, Crotto, Luna y Marcelo T. de Alvear, para que entrevistaran al presidente Victorino de La Plaza con el objetivo de exigirle un acto electoral limpio y libre. Al día siguiente, mientras la primera comisión estaba debatiendo sobre poner en vigencia la Constitución tras años de desquicio institucional, la comisión que fue a entrevistar a De la Plaza no volvió con noticias alentadoras. Este hecho terminó dividiendo las opiniones dentro del cuerpo de delegados, por lo que se levantó la sesión para continuarla el 22 de marzo en el Teatro Onrubia, donde además debían elegirse los candidatos a presidente y vicepresidente. Desde las ocho de la mañana el teatro estaba colmado de gente y reinaba el nerviosismo porque, pese a que se sabía que Yrigoyen ganaría por apoyo unánime, los delegados sabían que éste renunciaría a la candidatura. Al respecto de la vicepresidencia, hubo exigencias por parte del grupo «azul» para integrar parte del binomio, y finalmente se designó al riojano Pelagio Luna candidato a la vicepresidencia. A las 10.30 de la mañana comenzó la votación; Yrigoyen obtuvo ciento cincuenta votos, dos Leopoldo Melo, y Alvear, Crotto y Gallo uno cada uno. Crotto rechazó el voto que le habían dado, ratificando que sólo Yrigoyen podía ser el candidato indicado. Luego se procedió a la elección del candidato a la vicepresidencia, y fue elegido Luna con 81 votos contra 59 de Gallo, mientras que Joaquín Castellanos y Melo obtuvieron uno cada uno. Se pasó a un cuarto intermedio para esperar la aceptación de las candidaturas y, entre tanto, una manifestación se congregó en la casa de Yrigoyen, pero no había signos de que hubiera nadie dentro. Yrigoyen había ido a recibir a la Mesa Directiva de la Convención en el estudio jurídico del doctor Crotto en Avenida de Mayo, y allí manifestó su propósito de renunciar a su candidatura. Crotto propuso entonces formar una comisión que entrevistara a Yrigoyen a fin de convencerlo para que aceptara la candidatura. Los delegados designados Guido y Oyhanarte se dirigieron, pues, a la residencia de Brasil 1039 y le comunicaron a Yrigoyen que, de renunciar a tal candidatura, se daría por terminada la lucha. A las siete y media de la tarde el caudillo aceptó. La noticia hizo congregar una multitud frente a la casa de Brasil 1039.[8]

Elecciones presidenciales de 1916[editar]

El presidente, en coche presidencial, recorre la Avenida de Mayo durante su asunción.
Primera urna electoral empleada en las elecciones de 1916, expuesta en el Museo del Bicentenario.

Las elecciones presidenciales del 2 de abril de 1916 fueron las primeras en la historia argentina en adoptar la Ley Sáenz Peña, que garantizaba el voto secreto y obligatorio. La fórmula Hipólito Yrigoyen-Pelagio Luna se impuso cómodamente superando a la fórmula del Partido Conservador (Ángel Rojas-Juan Eugenio Serú) con 339 332 votos contra 153 406 del Partido Conservador.[20] Además ganó en el colegio electoral con 152 votos. Después de prestar juramento ante la Asamblea Legislativa, el nuevo presidente fue, literalmente, llevado por un alud de personas hasta la Casa Rosada, sin ningún tipo de custodia personal.[2] Cuando faltaban trece electores para homologar el triunfo del radicalismo, los conservadores fueron a Santa Fe para intentar persuadir a los votantes que estaban enemistados con la autoridad partidaria. Al ser consultado por este hecho Yrigoyen dijo la famosa frase: «Que se pierdan mil gobiernos antes que vulnerar nuestros principios».[21]

El embajador de España en la Argentina asistió en representación de su país y escribió para el diario La Época las siguientes líneas:

En mi carrera diplomática he asistido a celebraciones famosas en diferentes cortes europeas; he presenciado la ascensión de un presidente en Francia y de un rey de Inglaterra; he visto muchos espectáculos populares extraordinarios por su número y su entusiasmo. Pero no recuerdo nada comparable a esa escena magistral de un mandatario que se entrega en brazos de su pueblo, conducido entre los vaivenes de la muchedumbre electrizada, al alto sitial de la primera magistratura de su patria (...). Pero todo ello había de ser pálido ante la realidad de la plaza inmensa, del océano humano enloquecido de alegría; del hombre presidente entregado en cuerpo y alma a las expresiones de su pueblo, sin guardias, sin ejército, sin polizontes.[22]

Yrigoyen había sugerido en su momento al presidente Figueroa Alcorta la intervención de catorce estados federales donde aún radicaba el fraude, práctica aún vigente tras la creación de la Liga de Gobernadores, de la que fueron sus principales mentores Miguel Ángel Juárez Celman y Julio Argentino Roca. Las intervenciones federales, llamadas de «higiene cívica», se llevaron a cabo despaciosamente por decretos del poder ejecutivo en épocas de receso legislativo. A excepción de las provincias gobernadas por radicales, que habían obtenido el poder por vía legítima, las demás fueron intervenidas. La intervención tenía por objetivo llamar a elecciones legales y fuera cual fuese el resultado el triunfador obtendría la gobernación. En muchos distritos el radicalismo triunfó; no obstante, en provincias como Corrientes y San Luis los conservadores se impusieron, y en esos casos se respetó la decisión popular. Tampoco se habían intervenido las provincias de Santa Fe, Buenos Aires y Jujuy.[23]

El triunfo electoral significó que, por primera vez, un amplio sector social excluido hasta entonces de los puestos públicos de dirección llegaba a la conducción de diferentes ámbitos estatales. Se trataba de sectores medios, sin grandes recursos económicos, ni conexiones con las clases altas.[24] La presencia de funcionarios «sin apellido» fue uno de los temas preferidos para bromas por parte de la prensa conservadora. Durante los primeros años de su gobierno, Yrigoyen se manejó por medio de decretos, puesto que muchas de las iniciativas que enviaba al Congreso no prosperaban por la mayoría conservadora aún imperante.[25] Sólo tras las elecciones legislativas de 1918 el radicalismo obtuvo la mayoría en la cámara baja.[26]

Durante el primer gobierno de Yrigoyen, el radicalismo estuvo en minoría en el Congreso: en la Cámara de Diputados 101 miembros eran radicales y 129 opositores, mientras que en el Senado de 58 miembros sólo 2 eran radicales.[27] Aún en minoría, Yrigoyen mantuvo una actitud poco proclive al diálogo y la negociación, no sólo con los partidos tradicionales conservadores que controlaban el Senado, sino también con los nuevos partidos populares que adquirieron protagonismo a partir del voto secreto: el Partido Socialista y del Partido Demócrata Progresista.

Primera presidencia (1916-1922)[editar]

Yrigoyen en la ventanilla del ferrocarril (viaje a Santa Fe durante la campaña electoral de 1926).

Fue el primer presidente en mantener una línea nacionalista, convencido de que el país tenía que manejar su propia moneda y su crédito, y, sobre todo, debía tener el control de sus transportes y de sus redes de energía y explotación petrolera. Para ello proyectó un Banco Central estatal, para así nacionalizar el comercio exterior, manejado por las exportadoras de cereales, fundó YPF y dictó controles a las concesiones de empresas extranjeras que manejaban los ferrocarriles.[25] El historiador del radicalismo Gabriel del Mazo dice que el gobierno de Yrigoyen se caracterizó por su «Plan de Tierra y Petróleo».[28] Además de la defensa del patrimonio nacional, Yrigoyen procuró contener el expansionismo de los grandes grupos económicos extranjeros que actuaban en el país. Frente a la agresiva política intervencionista de Estados Unidos en América Latina, defendió el principio de la no intervención, llegando a ordenar en un caso que los barcos de guerra argentinos saludaran al pabellón de la República Dominicana y no al de Estados Unidos, que habían izado el suyo en la isla en el marco de la invasión de 1916.[29]

En materia ferroviaria se dictaron rigurosos controles a los ferrocarriles en manos de los británicos, sobre todo en lo que respectaba a tarifas y fijación de cuentas capitales. Se dio impulso además a la obra de Ferrocarriles del Estado, buscando la salida al Pacífico para facilitar el transporte de las producciones del noroeste y suroeste -centro- del país para llegar a Perú, Chile y Bolivia.[25]

El impulso inicial de la conquista de los derechos democráticos se vio frenado, ya que la UCR no controlaba el Senado ni la gobernación de muchas de las provincias. Yrigoyen recurrió en varios casos a la intervención federal, lo cual ahondó el enfrentamiento con los sectores conservadores. Durante su primera presidencia se produjeron veinte intervenciones a provincias; sólo cinco lo fueron por ley, y diez intervenciones fueron a provincias gobernadas por radicales.[2] El gobierno argumentaba que aquellas provincias cuyo gobierno había sido elegido por medio de elecciones anteriores a la reforma electoral tenían una gobernación ilegítima.[30]

Política económica[editar]

La expansión económica que experimentó la Argentina durante el periodo conocido como república radical (1916-1930),[nota 2] con una expansión promedio anual del 8,1 %, sigue siendo hasta hoy en día el ciclo de mayor crecimiento económico en la historia argentina, sólo superado por la gestión del radical Arturo Illia.[31] Sin embargo, Yrigoyen debió enfrentar en la Argentina los problemas derivados de la Primera Guerra Mundial. Su política fue mantener la neutralidad, que implicaba en términos económicos continuar con el abastecimiento de los aliados, clientes tradicionales.[32] Las naciones en guerra demandaban alimentos baratos, como algunos artículos industriales tales como frazadas y carne enlatada, cuyas exportaciones se triplicaron durante el periodo 1914 a 1920. Se estancaron, en cambio las exportaciones de maíz y carne refrigerada (de mejor calidad que la enlatada). A su vez se frenaron las importaciones de manufacturas industriales que antes se producían en Europa, ya que los países participantes de la contienda centraron sus recursos en la industria bélica. Este hecho hizo que empezaran a surgir industrias para producir aquellos productos que antes se importaban. Entre 1914 y 1921 creció el comercio con Estados Unidos, ya que Inglaterra y los demás países europeos no tenían nada que ofrecer a la Argentina.[25]

Cuando comenzó la gran guerra, el presidente Victorino de la Plaza ordenó la suspensión de entrega de oro a cambio de billetes que realizaba la Caja de Conversión, como paliativo del "pánico bancario" y para evitar una fuga de capitales. Esto permitió que la moneda argentina mantuviera un respaldo fijo con respecto del oro. Se repatriaron catorce millones de pesos en oro que provenían de legaciones en París y Londres, donde había quedado depositado como pago que los comerciantes europeos entregaban a nombre de los exportadores argentinos. Gracias a ello el peso argentino llegó a tener un 80 % de respaldo de oro para fines del primer gobierno de Yrigoyen. El gobierno intentó sin éxito crear el Banco de la República en 1917, una entidad financiera cuyo objetivo sería regular la economía y las finanzas nacionales. Durante el lustro no se emitieron títulos de deuda, y la deuda externa se redujo a 225 000 000 de pesos, para lo cual se dejaron vacantes varios empleos públicos a fin de reducir el gasto público. El Congreso no llegó a sancionar el impuesto a los réditos, cuya sanción pidió el gobierno en 1919. En el citado año se remitió al Congreso una reglamentación sobre conciliación y arbitraje de los conflictos obreros, el cual establecía una junta presidida por el titular del Departamento Nacional del Trabajo, e integrada también por un representante de cada parte en conflicto, para hacer llegar a un entendimiento viable a trabajadores y patrones. También en 1919 se llevó al Congreso una ley que reglamentaba el trabajo en obrajes y yerbatales, ya que las condiciones de los obreros eran inhumanas. Se aprobó así la ley n.° 11.728 durante la siguiente administración radical en 1925, pero acabaría vetada por Marcelo T. de Alvear por insistencia del Congreso.[8]

Los precios del mercado internacional comenzaron a descender muy lentamente a partir de 1914, mientras que los productos manufacturados que Argentina importaba empezaron a costar más caros en relación con el precio de los cereales. Así se fue creando una situación cada vez más difícil que condujo a una crisis general de la economía, cuyo mayor exponente fue el año 1929, al compás de la crisis internacional. Una industria con poco desarrollo, creada durante la Primera Guerra Mundial pero comprimida después, una organización fiscal que obtenía casi todos sus recursos a través de derechos aduaneros, y un presupuesto casi normalmente deficitario caracterizaron junto a otros aspectos la economía argentina durante el periodo radical de 1916 a 1930.[29]

Ferrocarriles[editar]

Durante el periodo de la hegemonía conservadora las concesiones a los ferrocarriles británicos fueron en muchos casos abusivas, ya que muchos directivos de estas empresas eran importantes políticos y legisladores. Se llegó a pactar secretamente concesiones en Londres por 40 años.[33]

En materia ferroviaria se dictaron rigurosos controles a los ferrocarriles en manos de los británicos, sobre todo en lo que respectaba a tarifas y fijación de cuentas capitales, ya que estas empresas mantenían una falsa contabilidad que les permitía declarar bajas ganancias y altos costos. Además se dio impulso a la obra de Ferrocarriles del Estado, buscando la salida al Pacífico para facilitar el transporte de las producciones del noroeste y suroeste -centro- del país para llegar a Perú, Chile y Bolivia. La concesión fue anulada en 10 000 km de vías en construcción.[33] A raíz de la huelga de ferroviarios de 1917, las patronales le aconsejaron a Yrigoyen reemplazar a obreros por maquinistas de la marina, pero el presidente se negó.[25]

Los empresarios ferroviarios decidieron llevar a cabo una maniobra parlamentaria para no perder parte de sus intereses, y dicha iniciativa fue la creación de una empresa de ferrocarriles mixta.[33]

Educación[editar]

Estudiantes universitarios trasladados por la policía, Córdoba, 1918.

El 23 de junio de 1918 en la Universidad de Córdoba, el legislador Alfredo Palacios encabezó una movilización de diez mil estudiantes convocados por la Federación Universitaria de Córdoba, la cual reclamó cambios en los programas de estudio, renuncia de docentes, modernización del sistema universitario y un gobierno tripartito compuesto por profesores, estudiantes y egresados, un movimiento conocido como reforma universitaria, al cual se adhirió al poco tiempo la Universidad de La Plata. Yrigoyen veía con simpatía este movimiento, por lo cual creó nuevas casas de estudio para que las clases medias tuvieran mayor acceso a la universidad. La reforma implementó un cogobierno estudiantil para evitar abusos por parte de las autoridades. El 11 de abril de 1918 fue creada la Federación Universitaria Argentina (FUA), integrada por estudiantes de ciudades como Tucumán, Santa Fe, Córdoba, La Plata y Buenos Aires, y ese mismo día Yrigoyen recibió a la delegación de representantes elegidos por los estudiantes. Según explica Gabriel del Mazo:[34]

«Su gobierno pertenecía al espíritu nuevo, que se identificaba con las justas aspiraciones de los estudiantes y que la Universidad debía nivelarse con el estado de conciencia alcanzado por la República»

Gabriel del Mazo.

El presidente nombró interventor a José Nicolás Matienzo, quien se encargó de transformar los estatutos de la Universidad de Córdoba y estableció la elección de nuevas autoridades. Sin embargo, ganó el doctor Nores, contrarío a la reforma, lo que provocó la oposición de los estudiantes y, ante el fracaso de la intervención de Matienzo, los estudiantes resolvieron que la huelga sería por tiempo indeterminado. El 21 de junio de 1918 se difundió un manifiesto titulado La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América. En julio de 1918 el gobierno radical mandó al Congreso de la Nación una ley que establecía los tres niveles de instrucción. Se creó la Universidad del Litoral, a petición del Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios, y fue nacionalizada la de Tucumán.[34]

La reforma universitaria fue proyectada en otros países de América Latina. Precisamente a mediados de 1920, Gabriel del Mazo, que presidía la FUA, firmó un convenio con su par de la Federación de Estudiantes de Perú en el que se comprometían a luchar por el sostenimiento de las universidades populares, y lo mismo ocurrió en México y Chile.[34]

En la ciudad de Buenos Aires se fundaron treinta y siete escuelas secundarias, y doce institutos de artes y oficios. Además se construyeron 3126 escuelas primarias a lo largo de todo el territorio argentino. Durante los seis años de gobierno el alumnado escolar aumentó en más de cuatrocientos mil niños Se redujo el analfabetismo del 20 % al 4 %. Fue introducido el bachillerato nocturno, de gran concurrencia para la clase obrera. En este periodo se implementó el guardapolvo blanco, para igualar socialmente al alumnado.[2]

Política petrolera[editar]

Cuando en 1918 terminó la Primera Guerra Mundial, se inició un período expansivo para la naciente industria petrolera argentina. La paz permitió normalizar las relaciones comerciales y financieras internacionales; así se pudo lograr mayor disponibilidad de materiales, equipos, fletes y capitales. En esa época apareció el motor de combustión interna, que ocasionó una segunda revolución industrial y aumentó la demanda de combustibles. La expansión de los automóviles como medio de transporte auguraba una demanda sostenida de productos derivados del petróleo, principalmente combustibles, aceites y grasas. En el periodo citado las empresas estadounidenses y europeas también empezaron a expandirse en busca de reservas; estas acciones estaban avaladas por el gobierno, preocupado por contar con el tan requerido mineral estratégico.[35]

El general Enrique Mosconi fue nombrado por el siguiente gobierno radical, Marcelo T. de Alvear.

El gobierno de Hipólito Yrigoyen anunció el Plan de Tierra y Petróleo, por el cual se trató que el Estado se reservara un papel de intervención decisivo. Durante su gobierno se creó en 1922 la empresa más grande destinada a explotar y comercializar el petróleo: YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), y el recién electo presidente Marcelo T. de Alvear le ofreció la conducción de esta nueva empresa al general e ingeniero Enrique Mosconi, quien ocupó la dirección de YPF entre 1922 y 1930 e impulsó la idea de: «La propiedad del subsuelo es un derecho inalienable del país».[36] Mosconi se propuso romper con los trust cuando, ejerciendo la Dirección del Servicio de Aeronáutica del Ejército en 1922, la West India Oil (subempresa de la Standard Oil de Nueva Jersey) le pidió pagar por adelantado la nafta para aviones.[37] Algunas ciudades como Comodoro Rivadavia, en Chubut, Plaza Huincul, en Neuquén, Las Heras, Cañadón Seco y Caleta Olivia, en Santa Cruz se asentaron debido a la proximidad de los yacimientos.[38]

Dos meses después de asumir la presidencia el gobierno pidió autorización al Congreso para realizar un empréstito de cien mil millones de pesos destinado a varias medidas, entre ellas, fomentar la explotación de YPF. En 1919 el presidente mandó al Congreso un proyecto de trece capítulos donde detallaba el régimen legal, técnico, económico y financiero del petróleo. El proyecto tenía como finalidad el principio del dominio estatal de los yacimientos. Días más tarde se añadió a este proyecto uno más que declaraba de utilidad pública todos los elementos necesarios para la explotación del petróleo. Pero estas iniciativas quedarían trabadas por un tiempo en el Congreso. En 1921 el Poder Ejecutivo mandó un mensaje al Congreso insistiendo que se sancionaran los proyectos mencionados anteriormente, pero el mensaje no dio resultado. Ante esto, Yrigoyen dictó un decreto por el que creaba la Dirección General de YPF como dependencia del Ministerio de Agricultura.[8] Pese a su destacable obra petrolera, Yrigoyen no logró nacionalizar los hidrocarburos, pero sentó las bases para evitar convenios que afectaran negativamente la independencia económica local.[33]

En 1919 se leyó en el Congreso el siguiente discurso del presidente:

«Se reserva, pues, para el estado, en razón de la incorporación de estas minas de petróleo a su dominio privado, el derecho de vigilar toda explotación de esta fuente de riqueza pública, a fin de evitar que el interés particular no la malgaste, que la ignorancia o precipitación la perjudique, o la negligencia o la incapacidad económica la deje improductiva, para lo cual se adoptan en el proyecto disposiciones que fijan y garantizan un mínimo de trabajo y las formas convenientes de realizarlo. Con el mismo concepto se ponen trabas a la posible acción perturbadora de los grandes monopolios».

Hipólito Yrigoyen, al Congreso de la Nación, 1919.[39]

Para 1914, las estaciones surtidoras de combustibles se repartían mayoritariamente entre las compañías Energina y Wico, inglesa y estadounidense respectivamente, y en ese mismo año se instaló el primer surtidor en plaza Lorea. La instalación de estas empresas extranjeras fue habilitada mediante una ordenanza de diciembre de 1915, la cual prohibía que dos surtidores se colocaran a menos de cuatrocientos metros.[36] Sin embargo, hacia 1917 existía un monopolio de la empresa estadounidense West India Oil Company (WICO), la cuel vendía el 95 % del querosén y el 80 % de la nafta , además de tener el monopolio del abastecimiento de los surtidores en la ciudad de Buenos Aires.[40]

Política social[editar]

Las organizaciones sindicales, perseguidas durante el régimen anterior, ahora fueron jerarquizadas y colaboraron con las autoridades para solucionar reclamos obreros. Yrigoyen no admitía el concepto marxista de lucha de clases, sino que pensaba que éstas podían trabajar juntas por el bien de la Nación. En la mayoría de los casos se respetaron las huelgas, no se reprimieron, y en muchos casos se satisficieron los pedidos de los manifestantes. Cuando ocurrió la huelga de ferroviarios de 1917, las patronales le aconsejaron al presidente reemplazar a los obreros por maquinistas de la marina, pero el presidente se negó y aceptó el derecho a huelga.[25] Impulsó la sanción de leyes laborales y mandó al Congreso en 1921 un proyecto de Código del Trabajo, en un sentido coincidente con los reclamos que los socialistas y el movimiento obrero venían realizando desde décadas atrás. Actuó además como mediador en numerosos conflictos laborales, promoviendo la negociación de acuerdos basados en la justicia social. Pero, por otro lado, mantuvo relaciones muy conflictivas con el Partido Socialista, que tenía una importante representación parlamentaria, y con el sector mayoritario del movimiento obrero, al que negó su derecho a representar a los trabajadores argentinos en el acto de constitución de la OIT en 1919, por lo que el gobierno argentino fue seriamente reprendido por el organismo internacional.[41]

En 1920 las centrales obreras, en especial la Federación Obrera Regional Argentina del IX, enviaban delegados a comisiones de conciliación y ayudaban a disipar la tensión en ciertas huelgas gracias al pedido de las autoridades. Esta modalidad de la FORA le brindó un apoyo de la clase obrera, que en 1915 contaba con 51 sindicatos y 20 000 pesos de aportes anuales, una cifra que en 1920 había subido a 734 sindicatos con aportes de 700 000 pesos. Los obreros agrícolas fueron organizados por la FORA, que en 1920 celebró un acto en solidaridad con la Federación Agraria Argentina. Los obreros de yerbatales que eran víctimas de la explotación realizaron sus primeras huelgas entre 1918 y 1919, y lograron obtener mejoras laborales tales como jornada de 8 horas y descanso dominical. Las reformas laborales del primer gobierno radical produjeron una mejora del salario medio, que en 1916 era de 3,60 pesos y 1921 había aumentado a 6,75. La jornada laboral, que en 1916 era de casi 9 horas, se redujo en 1921 a ocho horas. La suma de las pagas por indemnizaciones por accidentes de trabajo fue de 282 000 000 en 1916, y de 1 328 000 000 en 1921. Asimismo, mientras que los obreros asegurados en 1916 eran 200 000, esta cifra llegó a 465 000 en 1921.[8]

Durante la primera gestión radical los afiliados a gremios aumentaron de forma exponencial. Mientras que en 1916 sólo había 70 gremios, cuatro años después el número había subido a 750; en cuanto a los afiliados, de 40 000 que había al comienzo del gobierno de Yrigoyen se pasó a 700 000 en 1920. Desde 1915 la FORA del Noveno Congreso y la FORA del Quinto Congreso dominaban las organizaciones obreras.[25] Entre 1914 y 1918 fue mayor el número de emigrantes que el de inmigrantes, pues muchos retornaron a sus tierras de origen para combatir en la Primera Guerra Mundial. Para 1919 muchas de esas personas que se habían ido a Europa retornaron al país. La enorme afluencia de colonias agrícolas, la proliferación de las granjas, la intensificación de los cultivos por el sistema de medieros, la localización urbana del comercio y las industrias incipientes obligaron a atender diversos problemas rurales y urbanos intervinculados: reforma agraria y asuntos laborales.[18]

El Ministerio de Agricultura reorganizó la administración de la tierra pública, y se iniciaron varios estudios de las concesiones de grandes áreas de tierras por parte de los gobiernos anteriores. Se contrataron técnicos agrónomos que recorrieron y examinaron el territorio nacional chequeando los títulos de propiedad, y catalogando las posibilidades de explotación de cada lote. Como resultado de este estudio, para 1921 se habían revocado concesiones en una extensión de casi ocho millones de hectáreas. Por medio de un decreto se exigió a quienes habían obtenido tierras ilegalmente a desocuparlas en un plazo improrrogable de dos años, además de tener que abonar un canon por el lapso durante el cual habían usufructuado las tierras ilegalmente.[8]

En ciertos sectores se produjo desabastecimiento como consecuencia de la especulación comercial. Por ello el gobierno mandó al Congreso una reglamentación para expropiar 200 000 toneladas de azúcar a los acaparadores, con el objetivo de distribuirla a la población a precios normales. La ley fue aprobada en el senado tras arduos debates.[42]

Se crearon las cajas de jubilación para obreros y empleados de servicios públicos como gas, energía eléctrica, telégrafo y teléfono como también para ferroviarios, y por medio de la ley n.° 11.110 se reglamentó el régimen jubilatorio para empleados y obreros de empresas privadas de servicios públicos. En 1921, gracias a la ley n.° 11.156, se modificó el Código Civil respecto al arrendamiento de la propiedad, mejor conocida como «Ley de Alquileres», lo que significó que por primera vez se atendía a la función social de la propiedad privada en general.[18] [2] [26] Con la ley 10.505 sancionada en 1918 se reglamentó el trabajo a domicilio, mientras que con la ley n.° 10.903 se creó el Patronato de Menores y el régimen de protección al menor. En 1917 se sancionó la ley n.° 10.284 de régimen de amparo a la familia, más conocida como homestead, la cual establece la inembargabilidad de los bienes y herramientas de trabajo indispensables para asegurar la subsistencia de la familia.[18]

Si bien intentó sin éxito impulsar una serie de reformas agrarias -como fue el caso del Banco Agrícola- sí se llegaron a concretar algunas políticas destacables. Las tierras públicas habían sido el mayor deseo de la clase oligárquica argentina. Los dueños de ferrocarriles se habían beneficiado con la adquisición de tierras alrededor de sus vías férreas gracias a una ley de 1862, y luego las habían revendido a mayores precios a compañías de tierras que no eran más que empresas paralelas. Yrigoyen se oponía a que se siguieran vendiendo tierras fiscales, pues quería resguardar esta fuente de riqueza para el Estado. Así pues, el gobierno obligó a los dueños que habían ocupado ilegalmente las tierras que las devolvieran, además de pagar un canon por el tiempo en que las habían usufructuado. El Banco Agrícola se creó para salvaguardar los intereses de los agricultores, pero la iniciativa no prosperó; en cambio, los intereses de los agricultores quedaron a cargo del Banco Hipotecario Nacional, que logró un inusitado desarrollo. Las sucursales del Banco Hipotecario Nacional crecieron de veintidós sucursales y cuatro agencias al comienzo del gobierno a cuarenta sucursales y cuarenta y una sucursales para finales del gobierno de Yrigoyen.[8] Los diputados Francisco Beiró y Carlos J. Rodríguez presentaron un proyecto conocido como Ley de Tierras Ociosas, que hacía perder el derecho sobre aquellas tierras que no se habían usado en quince años, para evitar así que las clases altas tuvieran en su poder grandes campos por muchos tiempo. Pero la reglamentación tampoco prosperó.[33] También fue sancionada en 1921 la ley n.° 11.170 de régimen de arrendamientos rurales, a base de las modificaciones introducidas en el Código Civil por la ley n.° 11.156. Este régimen sería modificado en 1933 para asegurar la protección del arrendatario.[18]

A poco de comenzado el primer gobierno de Yrigoyen estalló la revolución socialista en Rusia, y este hecho histórico tuvo gran efecto en los sectores obreros, que vieron la perspectiva de una transformación mundial de las relaciones entre el capital y el trabajo. Las huelgas comenzaron a producirse con mayor frecuencia, debido a los despidos que se produjeron en sectores industriales por la compresión de las industrias emergentes durante la Primera Guerra Mundial. La huelga de los trabajadores de la Patagonia, duramente reprimida por Héctor Varela, causó impresión en las clases obreras, pese a las pobres noticias que llegaban por los diarios. Otra huelga general que estalló en Buenos Aires en 1919 conmovió al país por la inusitada gravedad de los hechos. La huelga, realizada por obreros metalúrgicos, fue sofocada duramente por fuerzas policiales y grupos de extrema derecha como la Liga Patriótica Argentina y la Asociación del Trabajo, unos hechos que se conocen como la semana trágica.[29] El salario real bajó hasta el año 1918, lo que hizo que aumentara el número de huelgas, que pasó de 80 en 1916 a 367 el año siguiente, para descender a 206 en1920. El número de huelguistas fue de 24 000 en 1916, mientras que en 1919 llegó a 308 000 y descendió a 134 000 en 1920.[25]

Durante el lustro de Yrigoyen las libertades públicas como también la libertad de la opinión pública como expresión de la ciudadanía nunca fueron agraviadas. Fue así como los diarios, pese a que en su mayoría eran opositores (y críticos al presidente) nunca sufrieron actos de censura ni de difamación. Ricardo Balbín diría de ello: «A veces los releo y me estremezco al pensar que un ciudadano podía decir bajo su firma, en los periódicos de la República, cosas contra el presidente, sin ser perseguido ni acusado».[8]

Masacres obreras[editar]

Semana trágica[editar]

Cañones en la esquina del Congreso, durante la semana trágica, 1919.

Las consecuencias económicas producto de la Primera Guerra Mundial produjeron centenares de huelgas y enfrentamientos violentos durante el gobierno de Yrigoyen. Una serie de largos paros afectaron a la economía nacional, sobre todo en áreas ferroviarias, portuarias y metalúrgicas. En 1919, en los talleres metalúrgicos Vasena, se produjo uno de los enfrentamientos más sangrientos de la historia, la conocida semana trágica, cuando en diciembre comenzó una huelga por reclamos salariales y horarios de trabajo.[2]

Escena de la semana trágica.

El 9 de enero de 1919 comenzaron una serie de paros sin procedentes en el área metalúrgica. Muchos de sus adherentes eran inmigrantes que volvían de Europa tras la Primera Guerra Mundial. Tras el incendió del coche del jefe de policía Elpidio González, la huelga se volvió general y desembocó en sangrientos choques entre obreros y policías con cuatro obreros muertos y alrededor de treinta heridos. Para empeorar la situación, el entierro de cadáveres de ambos bandos volvió más tensa la situación y se produjeron luchas más sangrientas.[8] La policía pidió ayuda al gobierno de Yrigoyen para controlar la situación, y el presidente designó al general Luis Dellepiane (gobernador militar de la ciudad de Buenos Aires). Según los sumarios instruidos, se descubrió una conjuración dirigida íntegramente por extranjeros calificados de «extremistas», que pretendían apoderarse del gobierno.[30] La Ley de Residencia fue aplicada en nombre de la «defensa social».[18] A fin de atenuar la huelga, muchos empresarios contrataron a gente de la Liga Patriótica que, junto con las fuerzas policiales, persiguieron a obreros y ocasionaron en muchos casos la muerte de trabajadores. Se produjeron saqueos a armerías, destrozos de iglesias y toma de talleres. El general Dellepiane comandó a las tropas para repeler la rebelión, que duró una semana.[30] Hubo alrededor de 65 muertos civiles y 4 de las fuerzas armadas. Todo terminó cuando el 11 de enero la FORA decidió levantar la huelga, tras la decisión del gobierno de liberar a los prisioneros y reabrir los locales gremiales.[8]

Patagonia rebelde[editar]

Obreros en huelga durante la Patagonia rebelde.

Otro hecho de violencia extrema es conocido como la Patagonia rebelde, cuando, en una rebelión en la provincia de Santa Cruz, Patagonia argentina, entre 1920 y 1921, se organizó una huelga contra la explotación de los obreros por parte de sus patrones, para exigir mejoras laborales. En noviembre de 1920, la Sociedad Obrera de Río Gallegos, bajo el liderazgo del anarquista Antonio Soto (con influencias de la revolución rusa de 1917), declaró una huelga por mejoras en salarios y viviendas para los peones rurales. Al poco tiempo, la huelga se propagó a toda la provincia de Santa Cruz. Los terrenos fueron ocupados por activistas, quienes tomaron como rehenes a sus patrones, sin uso de la violencia, si bien se llegaron a librar batallas campales con la policía. En este marco, el gobierno mandó al frente del regimiento al coronel Héctor Varela para intentar atenuar el conflicto. El teniente Héctor Benigno Varela habló con los obreros para llegar a un acuerdo, lo que normalizó la situación. Sin embargo a fines de 1921 se produjo un descenso brusco del precio de la lana, lo que causó una importante cantidad de stock acumulado y provocó una disminución importante del precio del producto. El mayor problema era que los obreros tenían una próxima esquila, lo que empeoraba la situación. Para evitarlo los obreros tomaron nuevamente las estancias, otra vez cautelosamente sin violencia, e incluso algunos propietarios se adhirieron al reclamo por considerarlo justo. Pero la huelga terminó siendo reprimida por el ejército al mando del teniente Héctor Benigno Varela junto a dos regimientos de caballería.

Varela llegó a capturar a diez carabineros chilenos que estaban luchando junto a los huelguistas y disparaban contra los soldados argentinos; cabe destacar que la Patagonia estaba ocupada en gran parte por ciudadanos chilenos. Varela exigió a los huelguistas que volvieran a sus actividades, prometiendo mejoras para ellos y sus familias; de no hacerlo en el plazo de un día, Varela dijo que se los forzaría y que fusilaría a quien disparara a su tropa, y dictó una resolución en donde decía que cualquier obrero armado sería fusilado sin más tratamiento. Tras la negativa respuesta de los trabajadores, centenares de obreros fueron fusilados, en parte porque Varela no había recibido instrucciones precisas por parte del gobierno.[25] Otros cientos de obreros fueron capturados y recluidos.[8] [30]

Política internacional[editar]

Yrigoyen frente a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires recibe el homenaje de un representante del Reino de Italia, 1920.

La política internacional de Yrigoyen fue motivo de fuertes discusiones, incluso en el seno del radicalismo. Su política básicamente defendió la autodeterminación e igualdad de las naciones frente a las grandes potencias.[13] Siguió la línea de Victorino de la Plaza manteniendo la neutralidad en la Primera Guerra Mundial, pero con reclamos a los países beligerantes de ambos bandos. Al producirse la captura del vapor Curamalan en Cardiff emprendió un reclamo ante las autoridades francesas, y lo mismo ocurrió cuando buques y submarinos alemanes dañaron o incluso hundieron buques argentinos. Yrigoyen intentó convencer a otros países de Latinoamérica de no romper relaciones con otras naciones sin un motivo importante. Por ello convocó una conferencia de naciones que se realizó en 1917 para que se pronunciaran por la neutralidad. Pero la oposición estadounidense, sumada al hecho que Brasil ya había roto relaciones con Berlín, hizo fracasar el intento. Sólo México y Colombia aceptaron el llamado del gobierno argentino.[25]

Yrigoyen mandó un proyecto de ley para condonar la deuda que traía el Paraguay desde la guerra de la Triple Alianza, pero éste no prosperó. El siguiente gobierno radical volvería a tratar el tema.[25]

En 1917, un grupo de manifestantes asaltaron y destrozaron el Club Alemán, la Delegación Alemana y la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad. Estos hechos, sumados a la noticia de que el ministro alemán en Buenos Aires, Karl von Luxburg, había mandado telegramas secretos en que recomendaba hundir barcos argentinos «sin dejar rastros», y en los cuales incluía frases insultantes contra el canciller Honorio Pueyrredón, hicieron que la opinión pública, al igual que muchos dirigentes radicales, presionaran a Yrigoyen para romper relaciones diplomáticas con Alemania, pero el presidente sostuvo la neutralidad. Cuando submarinos alemanes hundieron el carguero Toro, cerca de Gibraltar, y el mercante Monte Protegido, los diputados socialistas votaron en el Congreso para que la Argentina entrase en guerra, pero Yrigoyen se mantuvo inflexible.[43] [44]

Frente al Tratado de Versalles y la creación de la Sociedad de Naciones, la posición argentina fue sostener la separación entre ambos actos: el Tratado era una cuestión que debía limitarse a los países que habían luchado, mientras que la Liga de las Naciones, por el contrario, debía ser una asociación igualitaria y voluntaria de todas las naciones del mundo.[13] Además, Yrigoyen comisionó a los representantes argentinos ante la Sociedad de las Naciones para que solicitaran que tanto naciones vencedoras como «vencidas» fueran tratadas por igual, a pesar de la oposición de algunos miembros de la liga, como Marcelo T. de Alvear y Fernando Pérez. El rechazo de la posición argentina, fundamentalmente impulsado por las naciones imperiales europeas, en una época en que los pueblos de África y Asia aún continuaban sujetos al colonialismo europeo, llevó al retiro de la delegación argentina de la Sociedad.[25]

Yrigoyen procuró contener el expansionismo de los grandes grupos económicos extranjeros que actuaban en el país. Frente a la agresiva política intervencionista de Estados Unidos en América Latina, defendió el principio de la no intervención, e incluso llegó a ordenar que los barcos de guerra argentinos saludaran al pabellón de la República Dominicana y no al de Estados Unidos, que habían izado el suyo en la isla en el marco de la invasión de 1916.[29]

Gabinete[editar]

 Estandarte presidencial
Ministerios del Gobierno de
Hipólito Yrigoyen
Cartera Titular Período
Ministerio del Interior Ramón Gómez
Francisco Beiró
12 de octubre de 191610 de abril de 1922
11 de abril de 1922 - 12 de octubre de 1922
Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto Carlos A. Becú
Honorio Pueyrredón
12 de octubre de 191630 de enero de 1917
30 de enero de 191712 de octubre de 1922
Ministerio de Hacienda Domingo Salaberry 12 de octubre de 191612 de octubre de 1922
Ministerio de Justicia e Instrucción Pública José Santos Salinas 12 de octubre de 191612 de octubre de 1922
Ministerio de Agricultura Honorio Pueyrredón
Alfredo Demarchi
Eudoro Vargas Gómez
Carlos J. Rodríguez
12 de octubre de 191613 de septiembre de 1917
13 de septiembre de 19176 de marzo de 1922
11 de abril de 19229 de agosto de 1922
9 de agosto de 192212 de octubre de 1922
Ministerio de Obras Públicas Pablo Torello 12 de octubre de 191612 de octubre de 1922
Ministerio de Guerra Elpidio González
Julio Moreno
12 de octubre de 191614 de septiembre de 1918
14 de septiembre de 191812 de octubre de 1922
Ministerio de Marina Federico Álvarez de Toledo
Tomás Zurueta
12 de octubre de 1916 – febrero de 1921
febrero de 192112 de octubre de 1922

Segunda presidencia (1928-1930)[editar]

Yrigoyen al asumir en 1928.

Yrigoyen fue electo presidente nuevamente en 1928, para un período que debió ser 1928-1934, tras derrotar a una coalición de conservadores y radicales antipersonalistas.

Yrigoyen tenía varios planes para su segunda presidencia que no fueron tratados en el senado por la férrea oposición de conservadores y radicales antipersonalistas. Entre ellos estaban, entre otros, el proyecto de nacionalizar el petróleo, el desarrollo vial, la Marina Mercante, la creación del Banco de la República y las leyes laborales.[45]

Política económica[editar]

En 1929 se produjo la Gran Depresión, que afectó drásticamente al mundo entero. El radicalismo comandado por Hipólito Yrigoyen no supo responder a los efectos de la crisis.[46] En plena crisis económica y política, y cuando aún faltaban cuatro años para las elecciones presidenciales, la debilidad del gobierno de Yrigoyen se hizo crítica. El radicalismo estaba completamente dividido y el gobierno no tenía diálogo con la oposición.

Intervenciones[editar]

Yrigoyen intervino las provincias de Mendoza y San Juan, gobernadas por opositores: el lencinismo en la primera, y el bloquismo de los Cantoni en la segunda. El 10 de noviembre de 1929 fue asesinado el senador opositor mendocino Carlos Washington Lencinas por un grupo yrigoyenista. El crimen causó estupor en el país y, lógicamente, Yrigoyen fue acusado de haberlo ordenado, aunque es poco probable que ello haya ocurrido. Carlos Lencinas estaba frontalmente enfrentado con Yrigoyen, quien había intervenido Mendoza, y acababa de ser excluido del Senado por la mayoría yrigoyenista.[47] Un mes después, el 24 de diciembre, ocurrió un atentado anarquista contra Yrigoyen al salir de su residencia para dirigirse a la Casa Rosada. El autor del ataque fue un anarquista italiano llamado Gualterio Marinelli, que realizó tres disparos contra el automóvil en el que viajaba el presidente sin dar en el blanco, y acabó abatido por la custodia presidencial. La opinión pública comenzó a ver negativamente la nueva gestión de Yrigoyen, quien tiempo atrás transitaba por las calles sin custodia, mientras que ahora sus guardias habían matado a una persona.[24]

El año 1930 comenzó con el asesinato de un opositor en una provincia intervenida por el gobierno, el abogado bloquista Manuel Ignacio Castellano. El 2 de marzo se llevaron a cabo las elecciones parlamentarias, en las que la Unión Cívica Radical perdió estrepitosamente en la Ciudad de Buenos Aires: frente a los 100 000 votos obtenidos por el Partido Socialista Independiente, seguidos del Partido Socialista original, con 84 000, los radicales obtuvieron sólo 83 000 votos. En todo el país, la UCR retrocedió en su caudal electoral y obtuvo sólo 655 000 votos, mientras que la oposición alcanzó 695 000.[8] En el citado año Yrigoyen firmó el indulto al anarquista Simón Radowitzky, hecho que había prometido en su primera presidencia. Sin embargo, el gobierno lo deportó al Uruguay.[48]

Política petrolera[editar]

Yrigoyen intentó implementar una política que asegurara al Estado la gestión petrolera, pero esto fue mal visto por las oligarquías feudales que aún gobernaban algunas provincias. A ello se sumaron los intereses extranjeros, que inclusive llegaban al Senado y que impidieron que se sancionase la ley de nacionalización del petróleo. El 1 de agosto de 1930 la empresa petrolera estatal YPF decidió intervenir en el mercado petrolero para fijar el precio y romper los trust, pero el golpe de Estado de 1930 terminó truncando toda posibilidad de nacionalizar el recurso. Uno de los motivos de aquella conspiración fue la decisión por parte del gobierno radical de nacionalizar los hidrocarburos. Yrigoyen expresó en su mensaje al Congreso:

«Las leyes mineras nacionales, coincidentes con principios de derecho civil adoptados por nuestro código, fueron dictadas en una época en que no podía sospecharse el valor económico y la importancia social que adquirirían en el futuro los aceites minerales o hidrocarburos industrializados y puestos en el comercio. De ahí que no introdujera una excepción dentro del régimen legal adoptado a las substancias naturales existentes en el subsuelo, distribuyendo su dominio entre la Nación y las provincias en concordancia con su soberanía política, lo que significa entregar la dirección de los enormes intereses de todo orden relacionados con el petróleo, a criterio administrativo múltiple, cambiante y frecuentemente contradictorio de catorce jurisdicciones, además de la jurisdicción federal (...) Es suficiente enunciar ese estado de cosas para comprobar sus graves inconvenientes y hasta sus peligros evidenciados ya en la alineación precipitada de concesiones por algunos gobiernos provinciales, cuyas inconsultas medidas suscitaron tan justificadas inquietudes y que, revocadas más tarde por el cambio de pensamiento emergente de la renovación de los poderes locales, han dejado tras de sí secuela de conflictos, sometidos actualmente a la competencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación».

Mensaje de Yrigoyen al Congreso, 1929.[49]

Durante el corto tiempo de la segunda presidencia de Yrigoyen se llegó a reglamentar la jornada laboral de ocho horas gracias a las leyes n.° 11544, y n.° 11570 de normas para la aplicación de la legislación laboral.[18]

Derrocamiento[editar]

La Policía custodia la puerta de la casa de Yrigoyen, en la calle Brasil 1039, luego de haber sido saqueada.

Treinta y siete días después, el 6 de septiembre de 1930, fue depuesto por el primer golpe de Estado de la época constitucional, apoyado por la gran prensa de las familias oligárquicas, el ejército y la oposición de la élites conservadoras. La clase media, clave para su llegada al poder, había dejado de respaldarlo tras la catástrofe económica.[50] Varios historiadores han vinculado, al menos parcialmente, el golpe militar con la decisión de YPF de intervenir en el mercado petrolero. En el curso del golpe de Estado, turbas de manifestantes ingresaron en la casa de Yrigoyen para saquearla. El general José Félix Uriburu dejó el poder dos años más tarde para permitir la llegada de un nuevo gobierno por parte del general Agustín Pedro Justo como presidente y Julio Argentino Pascual Roca como vicepresidente. La fórmula resultó electa en medio de comicios viciados por la virtual proscripción del radicalismo, y con ello dio comienzo la denominada «década infame», caracterizada por un desenfadado fraude electoral.

El historiador José Luis Romero sintetiza el derrocamiento de Yrigoyen -y por consiguiente el fin de la República radical- así:[29]

«El triunfo de la revolución cerró el período de la república radical, sin que Yrigoyen pudiera comprender las causas de la versatilidad de su pueblo, que no mucho antes lo había aclamado hasta la histeria y lo abandonaba ahora en manos de sus enemigos de la oligarquía. Su vieja casa de la calle Brasil -que los opositores llamaban 'la cueva del peludo'- fue saqueada, con olvido de la indiscutible dignidad personal de un hombre cuya única culpa había sido llegar al poder cuando el país era ya incomprensible para él.»

Gabinete[editar]

 Estandarte presidencial
Ministerios del Gobierno de
Hipólito Yrigoyen
Cartera Titular Período
Ministerio del Interior Elpidio González 12 de octubre de 19286 de septiembre de 1930
Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto Horacio Oyhanarte 12 de octubre de 19286 de septiembre de 1930
Ministerio de Hacienda Enrique Pérez Colman 12 de octubre de 19286 de septiembre de 1930
Ministerio de Justicia e Instrucción Pública Juan de la Campa 12 de octubre de 19286 de septiembre de 1930
Ministerio de Agricultura Juan B. Fleitas 12 de octubre de 19286 de septiembre de 1930
Ministerio de Obras Públicas José Benjamín Ábalos 12 de octubre de 19286 de septiembre de 1930
Ministerio de Guerra Luis Dellepiane 12 de octubre de 19283 de septiembre de 1930
Ministerio de Marina Tomás Zurueta 12 de octubre de 19286 de septiembre de 1930

Después de la presidencia[editar]

Yrigoyen volviendo al país tras el presidio en la isla Martín García.

El golpe militar de 1930 que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen determinó que la Unión Cívica Radical volviese al estado conspirativo que había mantenido desde sus orígenes hasta la ley Sáenz Peña de 1912. Tanto en Buenos Aires como en las provincias -todas intervenidas-, el Ejército y la Policía mantenían atenta vigilancia sobre los dirigentes de aquel partido.

Una multitud de personas llevaron el féretro hasta el cementerio.

El 27 de agosto de 1931 se descubrió una conspiración radical en Tucumán. Según el Ministerio del Interior, sus cabecillas habían tratado de complicar a «algunos elementos militares», quienes los denunciaron. El jefe del movimiento era el ex senador nacional, doctor Alberto Aybar Augier, quien fue detenido. Hubo un nuevo intento el 31 de agosto, cuando otro dirigente radical, el doctor José Lozano Muñoz, trató sin éxito de sublevar la Policía y el Cuerpo de Bomberos, y terminó arrestado junto a otros implicados. Tanto Aybar Augier como Lozano Muñoz fueron puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, y enviados a Buenos Aires. Dos años más tarde, en enero de 1933, el Gobierno Nacional (ya a cargo del general Agustín Pedro Justo, tras las elecciones que la UCR execró por fraudulentas) hizo otra redada de supuestos conspiradores radicales. Detuvo a los ex presidentes Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear y los envió a la isla Martín García. También arrestaron a Honorio Pueyrredón, José P. Tamborini, Carlos Noel, Manuel Ruiz Moreno, Miguel Tanco y Alberto Aybar Augier, y dispuso confinarlos en la remota localidad de San Julián, en Santa Cruz. Se los trasladó en barco, y permanecieron allí desde el 26 de enero hasta el 4 de mayo de 1933.[13] En los últimos años Yrigoyen y Alvear habían recompuesto su relación y se veían con más frecuencia. Durante la presidencia de Alvear sólo se llegaron a cruzar con motivo de la inauguración en 1925 de la bajada de Maipú y el Paseo de Julio.[51]

En febrero de 1932, Yrigoyen regresaba de su encarcelamiento en la Isla Martín García.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la calle Sarmiento 948, adosada a una de las columnas de granito que sostiene el actual edificio de catorce pisos, se encuentra una placa de bronce que reza: «En este sitio el 3 de julio de 1933 murió Don Hipólito Yrigoyen...», declarado Solar Histórico por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Una placa similar se encuentra en el cruce de las calles Brasil y Bernardo de Yrigoyen, en donde estuvo hasta mediados de la década de 1970 el edificio donde Yrigoyen vivió durante su presidencia (Brasil 1039). Con la construcción de la Autopista 9 de Julio Sur, toda la manzana fue demolida y hoy en día una plaza pública ocupa el lugar de la antigua casa del presidente.

Personalidad[editar]

Yrigoyen haciendo su característico saludo a la gente.

La personalidad de Hipólito Yrigoyen es uno de sus rasgos más distintivos y recordados. Siempre fue una persona discreta y reservada. Prácticamente no hay registro de que haya dado discursos ni le agradaba mostrarse en público, y las pocas veces que iba a actos se retiraba rápidamente. No le agradaba sacarse fotografías (existen unos pocos retratos fotográficos de su juventud), y en ninguna se lo puede ver sonriente. Pese a lo mencionado, Yrigoyen fue una de las primeras personalidades políticas con gran transcendencia entre las masas.[52] A lo largo de su vida emprendió numerosas acciones solidarias aun cuando su situación económica no era la más solvente, ya sea donando sus sueldos al Hospital de Niños o regalando sus trajes hechos por sastres a las personas más necesitadas. Su austeridad lo llevó a vivir en barrios humildes, como dice David Rock:[4]

Este hábito y el apartamiento en el que vivía le valieron el apodo de El Peludo.

Ese apodo surgió también de su costumbre de emprender largas caminatas por la ciudad, generalmente de noche y en muchas ocasiones en compañía de algún correligionario como Marcelo T. Alvear, Delfor del Valle o José Camilo Crotto, con quienes solía hablar de política. No bebía ni fumaba, a excepción de media botella de champán que tomaba ya que el dióxido de carbono mejoraba su digestión.[8] Aun cuando era un exitoso estanciero, siguió viviendo en su misma casa de la calle Brasil con su hija Elena y su secretaria. Su hogar no contaba con calefacción ni muebles lujosos, y rechazó cualquier casa que le ofrecieron cuando asumió su primer puesto de legislador.[4] Siempre era llamado por su apellido y pocos amigos muy íntimos se dirigían a él por su nombre de pila, como Marcelo T. de Alvear y Fernando Saguier, pero no lo tuteaban. No hablaba mal de otras personas (ni políticamente hablando), y cuando alguien lo hacía, él no intervenía en la conversación. Si alguien por algún motivo no le caía bien, no lo despachaba públicamente con malos comentarios: sencillamente dejaba de recibirlo, o pronunciaba mal su apellido en público.[8]

Cuando era profesor solía comprar los libros que los alumnos no podían adquirir. Así mismo, en una ocasión una profesora tuvo que faltar varios meses por enfermedad, e Yrigoyen le pagó los sueldos por los correspondientes meses. Este tipo de acciones siempre las emprendió anónimamente, en este caso prestando fondos al ente escolar para que este le pagara los salarios a la profesora. Durante sus presidencias los gastos de representación de la residencia no superaron los mil pesos diarios, y sólo usó dos coches viejos ya existentes en la casa de gobierno para desplazarse. Además siguió viviendo en su casa de la avenida Brasil y rechazó morada alguna ofrecida por su título de presidente. Al asumir el gobierno ordenó que se retiraran los retratos con su efigie que decoraban algunas oficinas públicas.[8]

Yrigoyen mantuvo una intensa vida afectiva, pero siempre marcada por la reserva que lo caracterizó. En una de esas relaciones informales, Yrigoyen tuvo una hija que lo acompañaría toda la vida, Elena. Nunca admitió tener otros hijos, aunque se sabe que tuvo muchos más, al menos seis, aunque, según las investigaciones planteadas en Los amores de Yrigoyen de Araceli Bellota, habría tenido cinco hijos. La de mayor edad era Elena, que era hija de Antonia Pavón (la criada de su tía Tomasa Alem, la cual vivió un período en la casa familiar). Los tres siguientes, Sara Dominga, un hijo que falleció luego de nacer y Eduardo Abel con Dominga Campos, hija del comandante Pedro Campos (acompañó a Roca en la Conquista del Desierto), que estaba en desacuerdo con que su hija fuera pareja del caudillo. Su último hijo fue Luis Hernán, nacido el 7 de marzo de 1897, fruto de su relación con Luisa Bacichi. Si bien Yrigoyen nunca se casó y ni siquiera convivió con Antonia y Dominga, estaba en contra de la ley de divorcio, ya que sostenía que la familia era la base que sostenía al país.[53]

El diario de Yrigoyen[editar]

Existe una leyenda que ha sido desmentida por algunos sectores del radicalismo, según la cual, durante la segunda presidencia, una persona se encargaba de leer el diario para el presidente, pero pasaba por alto las críticas que se hacían a su gestión de gobierno y a la crítica situación que atravesaba el país por la crisis del 29. Otras versiones afirman que el entorno del presidente mandaba imprimir periódicos ficticios para que el presidente leyera sólo "buenas noticias".[54]

Se ha sugerido que el rumor pudo haber sido inventado por Natalio Botana, fundador del diario Crítica, quien era acérrimo detractor del gobierno de Yrigoyen. En una charla durante la apertura de la cátedra libre Hipólito Yrigoyen en la Universidad Nacional de La Plata, Hipólito Solari Yrigoyen desmintió la leyenda con dos argumentos: en primer término se decía que el presidente leía (o le leían) una versión "revisada" de La Prensa, cuando él leía La Nación; en segundo término, en esa época los diarios se imprimían con tipografía y era imposible que dos diarios tuvieran la misma.[55]

Desde otra óptica, Teresa Sandoz sugiere que para algunos periodistas citar el diario de Yrigoyen es a veces apelar a una figura metafórica, refiriéndose a cuando el entorno de un dirigente lo mantiene aislado de las noticias que pueden molestarlo.[56]

En 2013 se estrenó El Diario del Peludo, una obra de teatro interpretada por Fito Yanelli y Victorio D' Alessandro bajo la dirección de Gonzalo Demaría.[57]

El yrigoyenismo y la educación[editar]

Poncho, bastón y bombín de Yrigoyen en el Museo del Bicentenario.
Carruaje faetón de Yrigoyen en el Museo del Bicentenario.

La política educativa desarrollada durante las presidencias de Hipólito Yrigoyen devolvió la mirada democrática sobre la escuela, transformó los vínculos pedagógicos y revió el concepto de niñez.

Durante esos períodos tuvieron lugar grandes cambios: se crearon más de 50 colegios, entre ellos nacionales, industriales, comerciales, y de artes y oficios; el nivel de analfabetismo se redujo considerablemente; comenzó a darse importancia a escuelas técnicas, de oficios y de adultos, con el ideal de lograr una educación para el trabajo; se impregnó la educación de la nueva corriente conocida como Escuela Nueva, intentando modificar los rituales y métodos de enseñanza tradicionales usados hasta la fecha.

En este último sentido, hubo una gran reforma en las escuelas primarias conocida como Reforma Rezzano, la cual, respetando la ley n.° 1420 de Educación Común y siguiendo algunas líneas ideológicas de la Escuela Nueva, colocó en el centro del proceso educativo al niño y sus intereses, e instauró la enseñanza a través de la vivencia y la experimentación; basándose en los conceptos pestalozzianos, se organizaron los contenidos según su naturalidad y se colocó el juego y lo lúdico en un lugar de privilegio en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

En la enseñanza superior se produjeron grandes cambios con la denominada Reforma Universitaria, que comenzó en Córdoba en 1918 (hogar de la universidad más tradicional y antigua) y dejó sentados cambios trascendentales que se explican a continuación muy sencillamente:

Autonomía universitaria: de allí en adelante las políticas internas de la Universidad serían completamente autónomas de los gobiernos de turno, y la Universidad se regiría por sí misma.

Libertad de cátedra: se respetarían los contenidos y el currículo de cada materia o área, pero cada profesor podría elegir el modo de abordar la temática y los autores que se consultarían.

Cogobierno: la toma de decisiones ya no sería exclusiva de las autoridades, sino que intervendrían en ella los alumnos, docentes y personal no docente. Esta forma de actuar fue creada e implementada aquí en Argentina, y luego sería copiada por varios países de Latinoamérica.

Sin embargo, Yrigoyen no logró consolidar su propuesta pedagógica. Esto se debió en gran medida a que carecía del apoyo de gran cantidad de docentes (quienes, a pesar de los avances de este gobierno, se encontraban con varias demandas insatisfechas), y a que no pudo luchar contra la clase oligarca (dueña de los campos), la cual, arraigada al modelo económico agroexportador del momento, no estaba dispuesta a perder poder ni riquezas apoyando la educación de sus trabajadores.

De este modo, la educación en este período se enfrentó al positivismo y tradicionalismo, pero no perdió sus bases, e intentó un cambio en la relación educación-trabajo, pero ambos se mantuvieron finalmente por caminos separados.

La herencia política de Yrigoyen[editar]

Fue el primer presidente en ser electo por voluntad popular, pues cerca de 370.000 hombres le dieron su voto en los primeros comicios democráticos de 1916, pero no fue hasta 1951 cuando las mujeres pudieron votar. Su perfil laborista y sus políticas respecto a los derechos del trabajador marcaron un rumbo en la economía nacional; por otro lado, su resistencia a la intervención de las grandes potencias en la austera economía argentina y la neutralidad de su gobierno durante la Primera Guerra Mundial, heredada de Victorino de la Plaza, fueron sumamente importantes para el posterior desarrollo diplomático de la República. Varios grupos y movimientos de la mayor parte de los partidos políticos argentinos han reivindicado la herencia política de Hipólito Yrigoyen, en un espectro conocido como yrigoyenismo.

Entre estos grupos puede mencionarse a FORJA, creada en 1935; el Movimiento Intransigente y Renovador de la UCR, creado en 1945; el propio Juan Domingo Perón, que en más de una oportunidad reclamó una línea popular Rosas-Yrigoyen-Perón.[58] También la reivindicaron algunos socialistas, como Guillermo Estévez Boero o Hermes Binner, o comunistas como Rodolfo Puiggrós, entre otros.

En 2005, a través de la ley n.° 26.040, el Gobierno argentino creó el Instituto Nacional Yrigoyeneano, figura jurídica con la que continuaría una institución creada en 1948, cuyo presidente es el ex vicepresidente argentino Víctor Martínez.[59]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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  4. a b c d e f g h i j Herrera de Noble, Ernestina (2010). Grandes biografías de los 200 años (Hipólito Yrigoyen edición). Editorial Sol 90. ISBN 978-987-07-0844-5.
  5. Etchepareborda, Roberto (1983). Yrigoyen. Centro Editor de América Latina. ISBN 950-25-0019-9. 
  6. Comisario y abogado Clarín.
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  15. Rosa, José María (1951). «Don Bernardo de Irigoyen». Pensamiento Nacional. Archivado desde el original el 30 de noviembre de 2015. 
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  17. Mayón, Carlos Alberto. «La Ley Sáenz Peña en el contexto mundial de los siglos XVIII, XIX y XX». Instituto de Derecho Constitucional y Político, Universidad Nacional de La Plata. 
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  50. David Rock (1988). Argentina, 1516-1987. Desde la colonización española hasta Alfonsín. Buenos Aires: Alianza. p. 129. 
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  53. Bellota, Araceli (2010). Los amores de Yrigoyen. Editorial Ediciones B. ISBN 978-987-627-330-5.
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  57. Susana Freire (13 de agosto de 2013). «El diario del peludo» Diario La Nación. Consultado el 5 de mayo de 2015.
  58. Sebreli, Juan Josén (2011). Críticas de las ideas políticas argentinas. Editorial Sudamericana. Enlace a Google Books ISBN 978-950-07-3426-4.
  59. «Instituto Nacional Yrigoyeneano». Archivado desde el original el 30 de noviembre de 2015. 

Notas[editar]

  1. “(H)ay indicios que autorizan a presumir que éste ocurrió el 13 de julio. En efecto, en el empadronamiento de 1927, Yrigoyen manifestó haber nacido el 13 de julio (aunque rebajándose en cinco años su verdadera edad) y en esa fecha recibía habitualmente el saludo de parientes y amigos. Además, él mismo manifestó varias veces que había nacido el día de San Anacleto —que es precisamente el 13 de julio— y la tradición familiar es terminante en lo que respecta a esta fecha. El error en la partida de bautismo, pues, debe de ser atribuible a lo distante entre el nacimiento y el bautismo del prócer (más de cuatro años), que pudo hacer factible el lapsus.” Félix Luna, Yrigoyen (1964).
  2. Algunos historiadores denominan al periodo como Primeras presidencias radicales, Primeros gobiernos radicales o república radical, al periodo que comprende las presidencias de Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear (1916-1930).

Bibliografía[editar]

  • LUNA, Félix (1964). Yrigoyen. Buenos Aires: Desarrollo. 
  • Titto, Ricardo de (director y compilador); López, Germán (prólogo) (2010). El pensamiento del radicalismo. Claves del Bicentenario. Buenos Aires: Editorial El Ateneo. ISBN 978-950-02-0491-0. 
  • Gallo, Claudio Rodolfo (2014). Claroscuros de la Historia Argentina. Editorial Dunken. ISBN 978-987-02-7621-0. 
  • GáLVEZ, Manuel (1939). Vida de Hipólito Yrigoyen. Buenos Aires: El elefante blanco. 
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  • ZANINI, Eduardo (2003). Hipólito Yrigoyen, a 150 de su nacimiento (biografía). Quintana Ediciones. 
  • ROCK, David (1988). Argentina, 1516-1987. Desde la colonización española hasta Alfonsín. Buenos Aires: Alianza. 

Enlaces externos[editar]