William O. Jenkins

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William O. Jenkins
Información personal
Nombre de nacimiento William Oscar Jenkins Biddle
Otros nombres Guillermo Jenkins, Pops[1]
Nacimiento 18 de mayo de 1878
Shelbyville (Tennessee), Bandera de Estados Unidos Estados Unidos
Fallecimiento 4 de junio de 1963 (85 años)
Ciudad de Puebla,
Bandera de México México
Causa de muerte paro cardiaco
Familia
Padres John Jenkins y Elizabeth Biddle
Cónyuge Mary Street
Información profesional
Ocupación Empresario, Cónsul de los Estados Unidos en México
Patrimonio Ingenios azucareros, cines y Fundación Mary Street Jenkins, Crecimiento para obras benéficas.
Obras notables Fundación Mary Street Jenkins
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William Oscar Jenkins Biddle (Shelbyville, Tennessee, Estados Unidos. 18 de mayo de 1878 - Puebla de Zaragoza, México. 4 de junio de 1963) fue un empresario multimillonario de origen estadounidense que amasó una de las más grandes fortunas de México. Su ámbito empresarial abarcó las ramas textil, azucarera, alcohol, la industria del cine, entre muchas otras. A través de su legado, la Fundación Mary Street Jenkins, se han creado infinidad de obras benéficas, de orden moral, cívico y material, algunas de ellas de gran envergadura, principalmente en el estado mexicano de Puebla.[2] [3] Un supuesto autoplagio cuyo rescate se solicitó siendo agente consular del gobierno de los Estados Unidos creó un conflicto directo entre este país y México. Su actuación como empresario en el aspecto moral es altamente controvertida y motivo de debate hoy en día.[4] [5]

Inicios en México[editar]

William O. Jenkins creció en el medio rural de los Estados Unidos bajo la fuerte influencia del calvinismo protestante que exaltaba, entre otros, los principios de laboriosidad y del ahorro para alcanzar las riquezas, el éxito y el honor, principios que fueron la columna vertebral de su actuación empresarial.[4] No se saben los datos sobre sus primeros años, solo que llega a Aguascalientes en 1901 acompañado de su esposa Mary Street, sin un centavo en la bolsa tomando un empleo de mecánico en los ferrocarriles por 50 centavos al día. En 1906 obtiene un pequeño capital para dedicarse al comercio de camisería rodante.[5] Como él mismo lo afirma en una carta, llegó a Puebla en 1905 con un capital de 13 mil pesos, que representaban sus ahorros durante esos 4 años de trabajo.[3] Enrique Cordero y Torres dice de él que se le veía fabricando medias y calcetines en un taller casero junto con su esposa y una hermana de ésta, ya empujando un carrito de dos ruedas con mercancías, ya trabajando al servicio del Sr. León Rasste, productor de medias y calcetines, vestido de sucio overoll y sombrero gastado.[6] Más tarde pasó a ser empleado y luego socio de don Guillermo H. Ardacker en su fábrica de medias La Corona, ubicada en la 5 sur 1903. Se cuenta como anécdota, que su esposa le llevaba el portaviandas de comida usando el tranvía de mulitas, transporte público empleado antes de la llegada de los automotores a Puebla. La señora Street de Jenkins acudía también a su encuentro para regresar juntos de la fábrica, pero él no subía al tranvía sino que venía corriendo tras de éste "para hacer ejercicio" como decía él mismo, para ahorrarse los cinco centavos del pasaje. En la mencionada carta, Jenkins afirma que para el año de 1910 prácticamente controlaba el mercado de calcetería económica en todo el país.[3]

Secuestro o autoplagio[editar]

Siendo ya un importante empresario de la industria textil, se convierte para 1917 en agente consular de los Estados Unidos en Puebla, en medio de los caóticos días de la Revolución Mexicana. Pero un acontecimiento envuelto en las sospechas de la intriga, habría de cambiar su suerte para el resto de su vida. En 1920 saliendo de La Corona Jenkins fue secuestrado a instancias del general Manuel Peláez.[cita requerida]} El general era acérrimo enemigo del presidente Venustiano Carranza y pedía por Jenkins un rescate en oro de 300 mil pesos. En su calidad de cónsul estadounidense, la noticia causó revuelo y preocupación en los medios nacionales. El móvil era causar un conflicto con los Estados Unidos que buscaban cualquier pretexto para invadir a México.[cita requerida] Un periodista, Miguel Gil, logró localizar al oculto Jenkins y después de entrevistarlo, publicó en su diario que había sido autosecuestrado para poner al gobierno de Carranza en conflicto con los Estados Unidos. Los detractores de Gil alegaron que Jenkins le negó dinero al periodista quien en respuesta publicó la versión del autoplagio.[cita requerida] Jenkins repudió desde entonces a cualquier periodista que se le acercara. El gobierno de Carranza pagó el rescate a través de la Compañía de Luz y se dice que en un gesto de generosidad, Jenkins recibió del general Peláez la mitad del dinero. Años después Jenkins, en un intento para limpiar su imagen, llevó a sus captores, los cabecillas zapatistas Federico Córdova y Tomás Ubera, para que informaran de viva voz que el zapatismo había consumado el plagio por una necesidad apremiante de dinero, al mismo tiempo que renunciaba a su calidad de cónsul.[cita requerida]

Algunos biógrafos afirman que Jenkins obtuvo de su supuesto autoplagio el dinero que le serviría para comenzar su enorme fortuna, pero se afirma también que ya era el empresario más importante en el ramo textil de la calcetería en México y que solo le sirvió para acceder al poder político.[4]

Ascenso empresarial[editar]

Al inicio de la Ley seca en los Estados Unidos, Jenkins asume el negocio azucarero y del alcohol. Para 1938 ya era dueño del Sistema Azucarero de Atencingo, habiendo adquirido todas las haciendas dedicadas a este ramo: Tepeojuma, San Nicolás de Tolentino, Matlala, San Juan Raboso, la Galarza, San Félix Rijo y otras más que sumaban once, obteniendo un completo dominio económico y político de la zona. Cosechaba más de cuatrocientas toneladas anuales de caña y su producción de alcohol era considerada fantástica y fuera del control de impuestos, al grado de ser detenido en una ocasión en la cárcel municipal, junto con quien más tarde sería patrono y su apoderado Manuel Cabañas Pavia en septiembre de 1934, siendo después absueltos y haciendo desaparecer todo registro de su detención. Un tal Gabriel Alarcón Chargoy, comerciante abarrotero de la calle 3 Norte y 8 Poniente, había declarado que los camiones cargados de alcohol era suyos y no de Jenkins además de comprobar el pago de impuestos.[cita requerida]

Jenkins compraba a veces a título personal y otras junto con personas como Maximino Ávila Camacho, el hermano del que fuera presidente de México Manuel Ávila Camacho (1940-46). Cuando llegó la época del presidente expropiador Lázaro Cárdenas, las tierras azucareras de Jenkins estaban en su lista, pero él astutamente las cedió al gobierno. Jenkins lloró y hasta pensó abandonar el país cuando firmó las actas de entrega, como lo manifiesta Luis Castro como testigo presencial y reproducido por el escritor poblano Enrique Cordero y Torres. Pero más tarde confesaría a un amigo, "Salí bien librado, pues aún obtengo mi azúcar dado que yo financio las cosechas de los campesinos".[5] Efectivamente la expropiación del ingenio fue mejor para Jenkins pues seguía siendo dueño absoluto de la molienda.[7]

Para mediados de la década de 1940, Jenkins compró del gobierno 5 millones en bonos a través de Nacional Financiera. Prestó 25.6 millones de dólares a los contratistas que construían la carretera México-Querétaro de cuatro vías al agotarse los fondos. Al mismo tiempo, ofreció al gobierno 80 millones de dólares para financiar el proyecto de la carretera México-Puebla.

Monopolio del Cine Mexicano[editar]

Cines Coliseo y Variedades, formaron parte de la gran cadena de cines a nivel nacional que conformaron la "Compañía Operadora de Teatros, S.A." propiedad de William O. Jenkins.

Ningún otro negocio le trajo más notoriedad a Jenkins que la cadena de cines. Comenzó con la adquisición de una sala de exhibición en la ciudad de Puebla en 1939, en la época en la que el cine era la principal diversión. Al poco tiempo Jenkins y su socio Gabriel Alarcón forman la "Cadena de Oro" compuesta por los cines Reforma, Guerrero y Colonial, en tanto que el Coliseo, el Variedades y el Constantino eran administrados por los hermanos Espinosa Yglesias. Los dos grupos se fusionaron constituyendo la "Compañía Operadora de Teatros, S.A." con Jenkins a la cabeza. El grupo continuó construyendo y adquiriendo salas de cine por toda la República hasta controlar el 80% de los cines del país, así como la misma producción cinematográfica nacional a la que financiaba casi en su totalidad.[8]

En la obra "El Libro Negro del Cine Mexicano" (1960) Miguel Contreras Torres, productor cinematográfico, relata que el presidente Abelardo L. Rodríguez expulsó a Jenkins como extranjero pernicioso, aplicándole el artículo 33 por fraudes cometidos al fisco y que sancionó severamente, como apareció en la nota de prensa el 14 de febrero de 1953. Posteriormente al adquirir más poder, Jenkins se vengó del ex-presidente Rodríguez haciéndolo vender a precio irrisorio todos sus cines en la República que estaban constituidos bajo la empresa "Impulsora de Cines Independientes", misma que había construido las salas de cine México y Puebla en la ciudad de Puebla.[9] El monopolio de Jenkins pasó a ser propiedad del Estado durante el sexenio del presidente López Mateos, quien dispuso la compra de la Operadora de Teatros y de los Estudios Churubusco.[8]

Jenkins, la persona[editar]

Jenkins fue un hombre trabajador, metódico y austero. En el vestir buscaba resistencia, duración y comodidad. Invariablemente usaba camisa de manga corta, sin sombrero; solía usar sobre aquélla una chamarra ligera y, cuando iba a jugar, usaba gorra típica del deportista. Solo se le veía de saco y corbata en los muy contados actos sociales a los que acudió, pues siempre trató de evitarlos. Sus compañeros de juego referían que mandaba a vulcanizar la suela de sus zapatos tenis, pues los nuevos le molestaban. Era un asiduo jugador de tenis en los clubs Alpha, que eran de su propiedad, y donde fue campeón por muchos años. Solía jugar ajedrez en la Sociedad Mutualista de Dependientes.[cita requerida]

Fue su domicilio por muchos años los altos de su propiedad de la 2 Oriente 201; en la planta baja poseía el famoso almacén de ropa y telas Las Fábricas de Francia y antes Los Almacenes de la Ciudad de México;[10] en el siglo XXI, este edificio alberga un restaurante Vips, las antiguas oficinas de la fundación que dejó el empresario, y el espacio cultural de la UDLAP denominado Capilla del Arte. Frente a este edificio se hallaba el Hotel París, también de su propiedad pero puesto a nombre de su socio Manuel Cabañas Pavia. Poseyó una mansión en Acapulco, sobre un acantilado y vista al mar, construida a petición de sus hijas, pero domicilio de tiempo completo fue su modesta casa de Puebla. En su oficina de Puebla escribía su propias cartas en una vieja máquina de escribir.[cita requerida]

A menudo rehusaba a presentarse a las inauguraciones de sus obras filantrópicas, enviando a su representante.[11]

Poco antes de su fallecimiento, el Papa Pio XII le envió una medalla de oro y un pergamino en agradecimiento por su donación perpetua en dinero para el sostenimiento de una misión católica en la India.[12]

Fundación Mary Street Jenkins[editar]

Centro de Convenciones Puebla William O. Jenkins, en la ciudad de Puebla.

La propia fundación afirma que el legado de William O. Jenkins es un caso excepcional, porque siendo norteamericano con cinco hijos y esposa legó el total de su fortuna para obras de beneficencia en México, desheredando a sus descendientes en favor de un país que no era el suyo. Según la fundación, Jenkins legó un monto íntegro de 60 millones de dólares encomendados al Patronato que él mismo instituyó para cumplir sus deseos póstumos. La fundación a través del patronato que fue presidido por don Manuel Espinosa Yglesias hasta su muerte en el año 2000, realizó algunas importantes obras como la fundación del Colegio Americano de Puebla, el haber introducido agua potable a 36 poblaciones, la construcción en su mayor parte del Instituto Nacional de Cardiología, la infraestructura que constituye la Universidad de las Américas de Puebla. Las donaciones de la fundación ascendían hasta 1989 a la suma de 380 mil millones de pesos. En ese año Espinosa Yglesias anunció la restrición en los gastos de la fundación debido a una descapitalización gradual que se había venido dando por el alto porcentaje de donaciones comparándolo con otras fundaciones y anunciando que continuaría colaborando con las obras que realizara el Gobierno del Estado de Puebla como la construcción de mercados para retirar a los vendedores ambulantes del centro y continuar el desarrollo de la Universidad de las Américas Puebla.[2]

Críticas[editar]

Los críticos de Jenkins afirman que para obtener exención de impuestos de los millones de ganancias anuales de los numeroasa empresas, se creó la sociedad financiera Inversiones de Puebla, que fue la base para establecer la Fundación Jenkins, que por diez años aprovechó para no pagar impuestos y solo donar el 10 % de sus fabulosas ganancias. Jenkins dejó constituido el Patronato indicando como debía comportarse y como se debía administrar la inmensa fortuna de millones de dólares.[13]

Fallecimiento[editar]

William Oscar Jenkins murió el 4 de junio de 1963 a las 15.30 h. víctima de un paro cardiáco en la ciudad de Puebla.


Desfalco y denuncia interpuesta por Guillermo Jenkins de Landa a los familiares y externos que participaron en el delito



'La Fundación Mary Street Jenkins / “la mayor defraudación filantrópica en la historia”


Revista Proceso # 2059, 16 de abril de 2016..

Denuncian “la mayor defraudación filantrópica en la historia”/

ÁLVARO DELGADO



Una serie de artimañas legales desfondaron a una de las mayores organizaciones benéficas de Puebla y del país. Integrantes de la Fundación Mary Street Jenkins echaron a quien la presidía, crearon una nueva firma en Barbados y le transfirieron los 720 millones de dólares que administraba la agrupación en México. La influencia del gobernador Rafael Moreno Valle planea sobre todo el caso, igual que el fantasma de la defraudación fiscal…

La Fundación Mary Street Jenkins, la institución de beneficencia que durante décadas fue la más rica de México, ha sido saqueada: su patrimonio de casi 13 mil millones de pesos, equivalente al presupuesto de Colima para este año, quedó en manos de un grupo de abogados que se llevaron todo ese dinero al país caribeño de Barbados.

La consumación de este “auténtico saqueo” de la organización, que financia a la Universidad de las Américas de Puebla y a otros proyectos de asistencia social, se produjo con la presunta complicidad del gobernador poblano, Rafael Moreno Valle (PAN), y los beneficiarios verdaderos son algunos de los miembros de la familia Jenkins, quienes, usando a los abogados como prestanombres, supuestamente se quedaron con toda la fortuna.

Esta “clara confabulación” entre los Jenkins, Moreno Valle, funcionarios, notarios y abogados está descrita a detalle en la denuncia que el 16 de marzo presentó Guillermo Jenkins de Landa, el primogénito de la familia supuestamente beneficiaria, que pide investigar “la más grande defraudación cometida en perjuicio de la beneficencia privada en la historia de este país”.



En la denuncia presentada ante la Junta para el Cuidado de las Instituciones de Asistencia Privada del Estado de Puebla se documenta que la Fundación Jenkins donó hace dos años, el 30 de abril de 2014, todo su patrimonio –valuado en 720 millones de dólares– a la Fundación Bienestar de la Filantropía, que de inmediato se llevó el dinero a Barbados.



“Si la cantidad donada no fuera exorbitante en sí misma, es interesante hacer hincapié en que este saqueo se llevó a un extremo tal que, como consecuencia de esta donación, la Fundación Mary Street Jenkins literalmente se quedó en la calle, al no conservar siquiera un inmueble donde poder establecer su domicilio y su oficina.”



Y así, afirma el denunciante, “en realidad se materializa una liquidación de facto de la Fundación Mary Street Jenkins, consumándose con ella la más grande defraudación cometida en perjuicio de la beneficencia privada en la historia de este país, la cual, en caso de que esta Junta decida nuevamente no actuar, se habrá materializado a ciencia y paciencia de la entidad pública que siempre ha estado encargado de su cuidado”.



Y es que el denunciante infructuosamente ha recurrido en varias ocasiones a la Junta, un organismo desconcentrado del gobierno de Moreno Valle, para que sancione las acciones “ilegales” de su propia familia, cometidas tras su expulsión como patrono de la Fundación Jenkins, en junio de 2013, justo cuando comenzó la “cadena de ocultamientos y de engaños” con el “único objeto de desviar y de expatriar ilegalmente del país dicho patrimonio”.



Con base en abundante documentación, que anexa a su denuncia, Jenkins de Landa exige a la Junta declarar la ilegalidad del “contrato marco de donación condicional”, mediante el cual la Fundación Jenkins donó a la Fundación Bienestar para la Filantropía los 720 millones de dólares, porque se trata de dos fundaciones controladas por la familia Jenkins.



“La supuesta donación que en este caso se denuncia no es más que una operación simulada en la que, detrás del velo de la personalidad moral creado por la Fundación Bienestar para la Filantropía, en realidad se oculta que dicha fundación es controlada por las mismas personas físicas que controlan la fundación Mary Street Jenkins.”



Se refiere a Elodia Sofía de Landa Irízar y Guillermo Jenkins Anstead, sus padres, quienes –asegura– “siempre han buscado burlar la voluntad testamentaria” de William Jenkins, el creador de la fundación, para quedarse con su fortuna, una visión que “ha sido alimentada por la ambición desmedida” de su hermano Roberto.



Roberto Jenkins de Landa es allegado a Moreno Valle y asiste a los principales actos del gobernador, como la inauguración del Museo Barroco o el Quinto Informe de Gobierno, en enero, cuando negó toda irregularidad en el manejo de la Fundación: “Aquí estamos, nada cambia, y aquí vamos a seguir felices de la vida”.



En la denuncia, Jenkins de Landa exige a la Junta investigar “el saqueo” y solicita que, si los responsables se niegan a restituir de forma voluntaria los recursos indebidamente desviados, se ejerzan acciones civiles y penales contra ellos.



Herencia a fuerza

La denuncia es el capítulo más reciente en una trama de corrupción, tráfico de influencias, compra de justicia y otras ilegalidades que ha sacudido a la Fundación Mary Street Jenkins en los últimos tres años (Proceso 1695 y 2001).



“Éste ya no es sólo un asunto familiar, es un tema público”, advirtió Jenkins de Landa, en entrevista con este reportero, en junio de 2014, cuando detalló que el origen del conflicto fue su “ilegal” remoción como patrono propietario y secretario de la fundación, por oponerse a reformar los estatutos para que sus hermanos fueran incluidos como “herencia” en el patronato.



Actualmente la fundación la preside Guillermo Jenkins Anstead y la vicepresidenta es su esposa, Elodia Sofía de Landa de Jenkins, mientras que los miembros de su patronato son Manuel Mestre Martínez, Juan Guillermo Eustace Jenkins, Roberto Jenkins de Landa, María Elodia Jenkins de Landa, Margarita Jenkins de Landa y Juan Carlos Jenkins de Landa.



Guillermo Jenkins de Landa, el primogénito, fue parte del equipo que, en 2000, venció en tribunales al exbanquero poblano Manuel Espinosa Yglesias, quien pretendía dejar a sus hijas en el patronato de la fundación que creó su amigo. “Con mi padre resultó peor”, afirmó.



Jenkins de Landa fue destituido como patrono gracias a las maniobras de los abogados Virgilio Rincón Salas y Carlos Román Hernández, contratados a razón de 2 millones de dólares por el representante jurídico de la Fundación, Alejandro González Muñoz.



Jenkins de Landa denunció desde 2003, también ante la Junta, esta remoción de su cargo, pero ni los anteriores ni los actuales miembros del patronato de esta instancia, todos subordinados de Moreno Valle, actuaron para hacer justicia, como lo reitera en la actual demanda:



“Esta ilegal remoción del suscrito Guillermo Jenkins de Landa como patrono propietario de la Fundación Mary Street Jenkins debe ser considerada como la primera pieza del engranaje de maquinaciones para que se pusiera en marcha el saqueo que en este acto se denuncia, tal como se lo he manifestado a esta Junta en todas las denuncias que, simple y sencillamente, hasta la fecha ha decidido ignorar.”



La denuncia de Jenkins de Landa alude a la ley, los estatutos y el testamente de su abuelo, William o Guillermo Jenkins, quien en 1954 creó la fundación, para afirmar que el donativo del patrimonio de ésta a Bienestar para la Filantropía debe ser sancionada.



En los Estatutos queda claro que el patrimonio de la Fundación Jenkins es intocable e irrevocable, y que se deben utilizar en el cumplimiento de su objeto social sólo los productos del capital, como también lo ordena la Ley de Instituciones de Beneficencia Privada para el Estado de Puebla.



Pero, además, William Jenkins prohibió expresamente que el patrimonio de la fundación que él creó en 1954 y que encabezó hasta su muerte, en 1963, fuera considerado una herencia para sus descendientes, como lo dictó en su testamento:



“Siempre ha tenido la firme convicción que, en bien de sus hijos, los padres no deben dejarles grandes fortunas como herencia, sino más bien enseñarlos y ayudarlos a trabajar para que ellos mismos ganen lo que necesitan, teniendo la creencia el propio señor testador que nadie, con capacidad para trabajar, debe gastar dinero que no haya ganado por su propio esfuerzo.”



Y añadió que, “siguiendo este principio, manifiesta que no es su voluntad dejar a sus hijos riqueza ni fortunas, sino más bien ayudarlos a trabajar para que puedan hacer su porvenir con su propio esfuerzo, y declara que es su expresa voluntad no dejar a sus hijos herencia alguna, sino sólo proporcionarles la ayuda en la forma en que ha mencionado y espera, Dios mediante, poder hacer esto durante su vida”.



Por eso, describe la denuncia, el patrimonio de la Fundación Jenkins no podía haberse donado a Bienestar para la Filantropía, porque además ésta es también controlada por los miembros del patronato de la primera.



Abogados de paja



En efecto, la Fundación Bienestar para la Filantropía fue creada en Aguascalientes, en septiembre de 2009, a solicitud de Antonio Obregón Barrera y Juan Manuel Martínez del Campo Herrera, ambos allegados a Jenkins Anstead, según la propia denuncia.



Y en la operación para transferir los 720 millones de dólares de la Jenkins a la Bienestar para la Filantropía –que equivalen a 12 mil 696 millones de pesos, al tipo de cambio de 18 pesos por dólar–, intervinieron otras tres personas allegadas a los Jenkins: Los abogados Virgilio Rincón Salas y Carlos Román Hernández, a quienes Alejandro González Muñoz, jurídico de la Fundación Jenkins, contrató para remover como patrono propietario al primogénito de la familia.



Y fueron justamente González Muñoz y Rincón Salas quienes firmaron como apoderados de la Fundación Jenkins, el 30 de abril de 2014, el contrato mediante el cual ésta donó los 720 millones de dólares a Bienestar para la Filantropía, representada por Román Hernández.



Más aún: siete meses después de efectuada esta operación, el 12 de noviembre de 2014, se formalizaron los nombramientos de González Muñoz como presidente del patronato de la Fundación Bienestar para la Filantropía, Rincón Salas como vicepresidente y Román Hernández como vocal.



Y, según la denuncia de Jenkins de Landa, un mes después se produjo otra decisión: El 16 de diciembre de 2014, Bienestar para le Filantropía cambió su domicilio de Aguascalientes a la ciudad de Bridgetown, Barbados.



Consta también en la denuncia de Jenkins de Landa que además se sumaron al patronato cuatro personas: Dustin David Philla Delany, Yoshodra Rampersaud, Erica Rechelle Marshall-Forde y Michelle Shaiba Davidson.



La incorporación de estas cuatro personas, que en realidad son miembros de un despacho, fue para poder domiciliar la fundación en Barbados, pero lo que es verdaderamente grave es que ni siquiera se informó la verdad al Sistema de Administración Tributaria (SAT).



“Si toda esta lista de ocultamiento y de engaños no fuera suficiente, llama la atención el hecho de que la Fundación Bienestar para la Filantropía, en la declaración rendida ante el SAT como ‘donataria autorizada’ por el ejercicio de 2014 haya declarado que recibió donativos por la ridícula cantidad de 1 millón 800 mil pesos, cuando existen pruebas de que, en realidad, recibió bienes valuados en 720 millones de dólares.”



Una irregularidad más, según la denuncia de Jenkins de Landa, es que tampoco existe constancia de que los involucrados en todas las operaciones descritas hayan dado el aviso a la autoridad, como lo ordena la Ley para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita.



Jenkins de Landa concluye:

“A través de toda la sucesión de actos ilegales, simulados y dolosos, realizados por todos los patronos de la Fundación Mary Street Jenkins y de los patronos de la Fundación Bienestar para la Filantropía y de sus asesores (abogados internos o externos, notarios, asesores, fiscales, asesores financieros y posiblemente de integrantes pasados o presentes de esta Junta) se ha conseguido violar por completo la voluntad del fundador de la Fundación Mary Street Jenkins y cometer un fraude en contra de los ciudadanos del estado de Puebla, principalmente, y de todo el país, además de burlarse por completo de las leyes y las autoridades mexicanas, empezando por esa junta que sería la principal responsable de permitir la materialización de este desfalco…”


Publicado por Fred Alvarez     en 4/17/2016 
  1. Mary Reeves. «Fascinating legacy: Ferrell studies remarkable ex-pat». Consultado el 7 de marzo de 2011. 
  2. a b Manuel Espinosa Yglesias. «Palabras para la presentación del libro sobre la Fundación Mary Street Jenkins». Consultado el 22 de febrero de 2011. 
  3. a b c Centro de Estudios Espinosa Yglesias. «Fundación Mary Street Jenkins». Consultado el 22 de febrero de 2011. 
  4. a b c Teresa Bonilla Fernández. «Las bases históricas para una biografía de William Oscar Jenkins». Consultado el 22 de febrero de 2011. 
  5. a b c Time Magazine. «Meet Mr. Jenkins» (en inglés). Consultado el 22 de febrero de 2011. 
  6. Cordero, Diccionario p. 345
  7. Cordero, Diccionario. p.346
  8. a b «Dos cines en la vida de Puebla en el siglo XX». Consultado el 25 de febrero de 2011. 
  9. Cordero, Diccionario, p. 351.
  10. Carrizosa, Paula (7 de noviembre de 2013). «Leticia Gamboa ahondó en la historia del antiguo edificio de Fábricas de Francia». La Jornada de Oriente. Consultado el 2 de julio de 2015. 
  11. Cordero, Diccionario p. 347
  12. Cordero, Diccionario p. 347
  13. Cordero, Diccionario p. 352

Bibliografía[editar]