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‘FRANCISCO EL HOMBRE’,  UN HÉROE CULTURAL

[1] Las memorias primarias sobre un acordeonero que la historia ha conocido como ‘Francisco El Hombre’, se encuentran en la tradición oral y en el anecdotario de los pueblos ubicados en la zona rural del sur de la ciudad de Riohacha, Departamento de La Guajira. Todavía entrado el siglo veintiuno, a los abuelos de la región les alcanzaba su magia para cautivar a los niños con largos y entretenidos relatos sobres sus “épicas” andanzas y pilatunas de juventud, de la mano con las gestas musicales de un tal ‘Francisco El Hombre’, de quien nadie mencionaba nunca su apellido Moscote. Con el paso del tiempo, las nuevas generaciones fueron encontrando que la importancia de aquel personaje no se circunscribía a la órbita de sus mayores y relacionados, sino que también desde la sonoridad  de la música llevada a la grabación, desde la penetrante acción de los medios de comunicación, y desde el mismo mundo de la cultura popular en general, se proyectaba a una audiencia cada vez más grande, la figura y la fama de aquel típico cantor, en una especie de reconocimiento colectivo a sus excepcionales virtudes en el oficio musical. 

Con el paso  inexorable del tiempo y con la apertura de su comarca al mundo, todos  fueron  comprendiendo el fenómeno que se da en personajes que, como ‘Francisco El Hombre’, han tenido una vida como la de cualquier individuo de carne y hueso, pero que sus obras y su parábola vital le abren unos espacios donde pueden convertirse primero en personajes famosos o sujetos históricos, y luego, en objetos de mitos y leyendas, categorías éstas últimas donde ya dejan de pertenecerse a sí mismos y a su entorno primigenio, para entrar a formar parte de la memoria colectiva y del patrimonio cultural de los pueblos. Llegado a este punto, vale precisar que las leyendas nacen siempre de hechos y personajes reales e históricos, los cuales, por cualquier circunstancia, entran en una dinámica de mutaciones y enriquecimientos descriptivos, deformaciones y magnificaciones, ejercicios mentales éstos propios de la tradición popular y de la oralidad, siempre propensas a divinizar a sus ídolos.

En el caso de ‘Francisco El Hombre’, es posible que su nombre y su fama hayan comenzado a traspasar los linderos que separan la historia de la leyenda, en el momento que se difundió el episodio de su encuentro con ese personaje fantasmal  que lo desafió a tocar en la oscuridad de un camino, el cual, para la gente de su época y para la historia, quedó identificado como El Diablo, la encarnación del mal que tienta a los hombres desde sus penumbras. El duelo musical tuvo lugar cuando ‘Francisco El Hombre’ viajaba en  burro de Riohacha hacia uno de los pueblos de su zona sur, llamado  Machobayo,  y  ya entrada  la noche  fue desafiado por unas notas de acordeón que él no había escuchado antes, cosa que le resultó extraña porque todos los acordeoneros de su época se reconocían entre sí. Después de un contrapunteo de melodías, Francisco entendió que estaba enfrentando al mismísimo Demonio, y  fue cuando recurrió a los secretos que había aprendido de su padre, cantando y tocando El Credo, en combinación con  ‘La Magnífica’, que es una oración muy poderosa y especial para ahuyentar malos espíritus. Esa embestida de notas y cantos arrinconó  al Diablo,  quien se alejó precipitadamente hasta perderse entre el monte.

Fue aquel episodio luciferino el que propició definitivamente las  condiciones para que la fama de ‘Francisco El Hombre’ traspasara los linderos que separan la historia  de la leyenda, hasta afirmarse como ícono de la cultura popular de la región, y afianzar el propio nombre del personaje como un valor fundamental de su patrimonio cultural.  Así  entró en escena,  entonces, el fenómeno en dimensión de leyenda.

Habiendo entendido ya el “realismo  mágico” del tema ‘Francisco El Hombre’, podemos hablar con propiedad de la existencia de las dos dimensiones del fenómeno: Existe entonces,  un ‘Francisco El Hombre’ histórico y un ‘Francisco El Hombre’ de leyenda, siendo este último alimentado básicamente por el primero. En este caso, el histórico corresponde al ser humano nacido en el poblado Galán (sur de Riohacha), bautizado como Francisco Moscote y apodado “El Hombre” desde su niñez. Ese Francisco histórico, el de carne y hueso,  convivió como hijo y como padre de familia, como miembro de una comunidad campesina y de una cofradía parrandera que llegó a tener al acordeón como un amuleto de vida. Ese fue el mismo Francisco que compartió andanzas y vivencias con aquellos abuelos que lo rememoran.

La celebridad  de ‘Francisco El Hombre’ y su leyenda, es recogida por el Premio Nobel  Gabriel García Márquez[2] en su obra cumbre ‘Cien Años de Soledad’. Como quiera que la temática se ha prestado  reiteradamente para confusiones de tiempo y valoración, debe hacerse siempre la aclaración en el sentido que no fue García Márquez quien  le dio la fama al personaje, y mucho menos dio origen a la leyenda. El escritor lo que hizo fue recoger en su novela el suceso histórico y la creación popular, que ya eran parte del ideario colectivo desde muchas décadas antes de que él publicara su magna obra en 1967. Lo que el escritor plasmó fueron los relatos de la tradición que llegaron hasta él en su niñez por boca de sus abuelos maternos. Si algo hay que atribuirle al Nobel es haber encumbrado y universalizado el fenómeno  ‘Francisco El Hombre’, al recrear su mítica figura como personaje en la trama de ese fantástico mundo de Macondo.

Francisco Moscote, ‘El Hombre’ que conocieron los  abuelos, no alcanzó los 200 años  que dice la novela, pero ciertamente murió  cuando ya había traspasado el siglo de vida. Como también es cierto que ‘Francisco El Hombre’, el de la leyenda, está destinado a vivir en la memoria cultural de los pueblos hasta el fin de los tiempos.

                                   

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Historia[editar]

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‘FRANCISCO EL HOMBRE’  EN PERFIL BIOGRÁFICO

POR: ÁNGEL ACOSTA MEDINA

La existencia de ‘Francisco El Hombre’ no se puede entender como un hecho aislado. Su vida y la de su familia  se confunden con la saga de toda una comunidad rural que se asentó y organizó en varios pueblos al sur del Municipio de Riohacha (Machobayo, Monguí, Cotoprix, Galán) después de salir huyendo de ‘Ciudad Moreno’, que era un pueblo ubicado en la zona comprendida entre Machobayo y Calabacito (hoy Albania). Esta importantísima población fue destruida en 1850 como consecuencia de un ataque de grupos indígenas, al final de un largo conflicto de espacios y territorios. Allí en la “ciudad”  madre, vivían los padres de ‘Francisco El Hombre’: José del Carmen Moscote y Ana Juliana Guerra. José del Carmen era músico, y cuando todavía vivía en ‘Ciudad Moreno’, conoció y aprendió a ejecutar  flautas y armónicas europeas que ingresaban a territorio guajiro por las rutas marítimas del contrabando, al igual que otros hombres de su generación, lo que les facilitó aprender a tocar el acordeón. 

FRANCISCO ANTONIO MOSCOTE GUERRA era el nombre de pila del personaje histórico  referenciado. Sus padres se establecieron en la región de Galán cuando salieron de Moreno y fue así como él nació en el entorno de este pueblo  en el mismo año 1.850. Se cree que su madre salió de Moreno en estado de gravidez. En la región comprendida entre las poblaciones de Tomarrazón, Machobayo y demás pueblos relacionados, creció y aprendió a tocar el acordeón, mediante las enseñanzas de su padre. (Estos pueblos pertenecían a lo que se llamó ‘La Provincia de Padilla’).

Fue en razón del virtuosismo, la precocidad y la capacidad demostrada en el manejo del acordeón desde niño, que Francisco recibió el apodo de ‘El Hombre’, con el cual fue cada vez ganando más fama y popularidad. Es el apodo que lo identificó como persona natural y lo sigue identificando para la historia.

Por las condiciones de vida de la época, y por su extracción campesina, ‘Francisco El Hombre’ fue un hombre totalmente iletrado, tal como sucedía con el común de la gente de la región, pero, como siempre sucede con los hombres llamados a dejar su huella en la historia, sobresalió siempre entre sus coterráneos y colegas del oficio musical y de parrandas.

FAMA Y  LEYENDA

‘Francisco El Hombre’ se ganó una bien justificada fama de trotamundos y mujeriego. A lomo de burro recorrió gran parte de lo que hoy son territorios de La Guajira, el Cesar y Magdalena, cantando y verseando en los pueblos, acontecimientos que vivía o escuchaba en sus interminables itinerarios. En sus recorridos hacía despliegue de sus habilidades con el acordeón, de su genialidad poética, de su versatilidad y universalidad, aún dentro de las limitaciones del entorno regional. A todo ello le agregaba una personalidad arrolladora y tremebunda, con la cual se abría espacios  en todos los ámbitos, constituyéndose desde entonces hasta hoy en el más emblemático referente de su comarca.   

Los cantos que divulgaba ‘Francisco El Hombre’ eran y siguen siendo un reporte de los sucesos de su tempo. Por eso, en el texto de presentación del libro: ‘Pueblo Historial – 200 Años de Soledad’, se puede leer lo siguiente: “... los cantos y versos de los juglares se muestran como las más fidedignas fuentes testimoniales que nos informan respecto de unas épocas, de unos espacios y de una gente, que no conocieron otra manera de registrar la historia”. Sí, los cantos de su tiempo son como libros o periódicos que podemos consultar para conocer de aquél fabuloso pasado regional.

 Es de todos estos episodios de donde extrae García Márquez su versión simbólica o alegórica (en la novela ‘Cien Años de Soledad’), al decir que Francisco llevaba mensajes cantados a cambio de pagos. Las memorias cuentan que  a los acordeoneros acostumbraban pagarles con obsequios que le hacían en dinero o especie los dueños de las fiestas o las personas importantes de los pueblos. Lo que el escritor hace entonces, es llevar a la literatura los hechos históricos que se desarrollaron en la comarca provinciana, y con su inmortal obra potencializa la leyenda de ‘Francisco El Hombre’ que ya formaba parte de la cultura regional. 

LA FAMILIA. LA MUERTE.

A pesar de haber tenido durante su vida muchos amoríos y muchas mujeres, más bien ocasionales, ‘Francisco El Hombre’ no fue profuso engendrando hijos. Con la señora Teresa Levette, de Tomarrazón, tuvo dos hijos de nombres, José del Carmen e Isabel, quienes vivieron y  murieron en Machobayo en las décadas de los años setenta y ochenta del siglo pasado.  Y con Rosita Cuadrado, de Galán, tuvo a Lorenza (‘Lencha’) Moscote, quien apenas murió en el año 1999, en la antesala del siglo veintiuno. De aquellos hijos hay una numerosa descendencia que confirma la real existencia de un personaje que, por haber alcanzado los estratos de los héroes mitológicos, ha visto puesta en duda su obra y su vida como persona humana y común que fue.

‘Francisco El Hombre’ vivió sus últimos años en la población de Machobayo donde alcanzó a ser conocido ya anciano y desvalido por personajes como Rafael Escalona, quien muchas veces dio testimonio de ello, pues viajó a ese pueblo expresamente a conocerlo en uno de los primeros carros que transitaron por la región en la década de los años cuarenta. En la misma época y en el mismo sitio, también lo visitó el prestigioso acordeonero Luis Enrique Martínez, al igual que otros importantes músicos de aquella época de correrías parranderas, como el caso del famosísimo Francisco Bolaños,‘Bolañito’, el acordeonero más reconocido de la generación que siguió a la de ‘Francisco El Hombre’.

Allí en Machobayo murió y fue sepultado  ‘Francisco El Hombre’, a la edad de ciento tres (103) años, el día 19 de noviembre de 1953.

  1. ACOSTA MEDINA. [ANGELCALIXTO ‘FRANCISCO EL HOMBRE’, UN HÉROE CULTURAL] |url= incorrecta (ayuda). 
  2. GARCÍA MARQUEZ. [ANGELCALIXTO «CIEN AÑOS DE SOLEDAD»] |url= incorrecta (ayuda). 

Enlaces externos[editar]