Volcán Cuexcomate

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Volcán Cuexcomate
Cuexcomate Completo.jpg
El Cuexcomate visto desde la plaza a sus pies.
Volcán Cuexcomate ubicada en México
Volcán Cuexcomate
Volcán Cuexcomate
Ubicación Puebla, México
 • Coordenadas 19°04′14″N 98°14′07″O / 19.0706, -98.2353Coordenadas: 19°04′14″N 98°14′07″O / 19.0706, -98.2353
Altitud 13 m
Superficie 8
Cordillera Eje Neovolcánico
Última erupción 1662
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El Volcán Cuexcomate es en realidad un géiser inactivo[1] que se encuentra ubicado en Puebla, México. Se le conoce como "el volcán más pequeño del mundo", aunque en realidad es el géiser más grande del mundo y el término "Cuexcomate" proviene del término náhuatl cuexcómatl y significa 'olla de barro' o 'lugar para guardar', denominación aún vigente de los silos tradicionales para guardar el grano al abrigo de las lluvias, de los insectos y de los roedores.

Descripción

El nombre "Cuexcomate" proviene del término náhuatl "cuexcomatl" y significa "olla de barro" o "lugar para guardar". Características: Elevación: 13 metros. Diámetro al nivel del suelo: 8 metros. Diámetro exterior base: 23 metros. Peso: aprox. 200 toneladas. Metros sobre el nivel del mar: 2,150. Primera efusión de agua caliente: año 1064. Última efusión conocida: año 1662(1). Se localiza entre la 2 Poniente y 3 Norte de la Colonia La Libertad, en Puebla. Hay unas escaleras metálicas en espiral con las que se puede descender al interior del cono. Costo: 10 pesos (Donativo)(1). Dentro del cual, se encuentra agua cristalina que proviene del municipio de Chignahuapan y el deshielo de la Malinche, además que cuenta con cavernas no exploradas; cuenta la leyenda que llegan a lugares como la pirámide de Cholula y las grutas de Atlixco en la ciudad de Puebla.

Una descripción del Cuexcomate del año 1585 dice: "A una legua de esta ciudad, junto al puente que llaman de Cholula, está en un prado un peñasco muy grande, exento y patente, en forma circular, al modo de una roca, de 6 o 7 estados de alto el Cuexcomate se formó por brote de agua sulfhídrica (adj. Quím. Aplícase a un ácido, compuesto de azufre e hidrógeno, incoloro, de olor a huevos podridos y soluble en el agua (2)). Como consecuencia de la erupción del volcán Popocatepetl en el año 1064; en cuya cumbre hay una gran boca como si se hiciera para poner y asentar en ella una noria. La cual va muy honda, y en lo bajo hay de aquella agua de mal olor (2), cosa cierta muy de notar: allí dicen que echaban en su gentilidad a los indios que sacrificaban a los ídolos".[cita requerida]

Historia[editar]

Escaleras para descender al interior del Cuexcomate.

El Cuexcomate se formó por brote de agua sulfhídrica a través de la salida de agua, consecuencia de la erupción del Popocatépetl en el año de 1064. Es por esa razón que no es un volcán como tal.

Se dice que antiguamente los cadáveres de los suicidas en Puebla eran arrojados en el cráter, porque no merecían ser velados ni sepultados. Por esa misma época los habitantes circunvecinos eran llamados hijos del ombligo del Diablo.

Se cree, de acuerdo a una leyenda, que de los túneles que atraviesan la ciudad, uno de ellos cruza desde el Cerro de Loreto al Cerro de San Juan (Colonia La Paz) y de ahí baja hasta el Cuexcomate, cruzando después por debajo del río Atoyac para finalizar en las pirámides de Cholula.

El 11 de marzo de 1943 el pueblo de La Libertad, donde se ubica el Cuexcomate, fue incorporado al municipio de Puebla. Dentro de la cronología de hechos históricos, el 27 de Noviembre de 1970 se colocó la placa conmemorativa de la fundación del pueblo en una de las paredes del Cuexcomate.

Leyenda[editar]

Leyenda del Volcán del Cuexcomate, una historia de entrega, amor y sacrificio

Hace algunos siglos, y como lo hacían todas las noches, los sacerdotes de los grandes templos se encontraban observando el cielo y pudieron apreciar que el volcán Popocatépetl despertaba después de 100 años de sueño.

En ése momento, el coloso empezó a arrojar fuego y cenizas acompañado de aterrorizantes tronidos que hicieron que el pueblo se llenara de miedo.

En aquellos tiempos los humanos eran sacrificados para mantener la armonía entre los dioses y el pueblo.

Cuando los sacerdotes vieron como la ciudad se cubría de cenizas, concluyeron que la gran madre tierra estaba enojada con ellos y que los estaba castigando arrojando fuego.

Nadie sabía qué hacer, solamente podían fijar su mirada en el más viejo y sabio de todos los sacerdotes, pero para sorpresa de todos, él permanecía callado, con los ojos cerrados y en trance, como esperando una clase de revelación divina que trajera paz a la atormentada ciudad. Todos quedaron en silencio esperando su respuesta, sufrieron de minutos interminables hasta que el anciano por fin abrió sus ojos y entonces todos le escucharon decir una sola palabra: Neuti.

Esto significaba que todos debían mantenerse unidos y en calma para poder pensar en la forma en la que podían tranquilizar a la montaña, Neuti también indicaba otra cosa, que el problema no era de una sola persona sino de toda la comunidad.

Los sacerdotes decidieron realizar sacrificios humanos para tratar de calmar la ira del volcán, escogieron un gran número de jóvenes para ser arrojados dentro de la gran montaña con fuego, pero estos sacrificios no funcionaron, el fuego y las cenizas continuaban devorando las cosechas y las casas a su paso, debido a esto, los sacerdotes sabían que a pesar de todos sus esfuerzos la madre tierra seguía enojada.

Debido a la actividad del Popocatépetl, la situación de la población era muy grave, y debido a la destrucción y a la falta de alimento los habitantes comenzaron a enviarles a los sacerdotes mensajes de protesta y de rebelión, y los guardias del palacio eran incapaces de mantener la cordura en las personas. En ese momento se escuchó un fuerte tronido en el cielo y una columna de agua hirviendo se elevó a corta distancia de una de las pirámides de la ciudad, esto congeló los ánimos de las personas y un misterio más se añadió a los sacerdotes y a los habitantes, los cuales se pusieron a clamar a sus dioses con más intensidad.

Poco después de este suceso pronto llegaron los mensajes con la noticia del nacimiento de una “montaña” que estaba lanzando agua hirviendo con olor a muerte (azufre).

Todo el pueblo y los sacerdotes, corrieron a ver el nuevo prodigio ya que pensaban que esto era el tan esperado mensaje de la madre tierra, pero al ver por todo el camino las casas destruidas, se dieron cuenta de que la gente de las cercanías había huido por el miedo, esto les hizo pensar que las malas noticias iban a continuar. Cuando por fin llegaron, vieron que un pequeño volcán había nacido y los sacerdotes pensaron que esto era obra de los dioses, que seguían molestos y que para calmarlos era necesario el sacrificio de una persona de la dinastía real.

Todos llegaron a la conclusión de que el sacrifico que exigían los dioses era el de la hija del sumo sacerdote, éste hombre, con dolor de su corazón, le informó al pueblo que para calmar la ira de la madre tierra y para no perder más vidas, su hermosa hija, Ameyaltzin, (que significa pequeño manantial) sería sacrificada y lanzada al nuevo volcán.

Así que la joven doncella, fue ataviada con un hermoso peinado y maquillada con colores vivos, vestiduras floreadas, ricos aromas, joyas de oro, plata y jade, una vez arreglada le dieron a beber un licor que aturdió sus sentidos y fue transportada por cuatro esclavos rumbo al lugar del sacrificio.

El camino era muy difícil, ya que dicho volcán arrojaba grandes cantidades de barro y agua hirviendo, dicen que estos chorros alcanzaban los 5 metros de altura y las grandes cantidades de barro en el suelo les impedían acercarse. Debido a esto le llamaron al volcán “Cuexcomate” del náhuatl “Cuexcómatl”, que significa “Olla de Barro”.

Ameyaltzin no podía mantenerse en pie y mucho menos cambiar su destino, así que cuando llegaron, un sacerdote extrajo una daga ceremonial y de un solo tajo cortó el cuello de Ameyaltzin, la cual murió rápidamente, los esclavos la cargaron para subirla y entregarla al inframundo, aprovechando que el chorro de agua había disminuido.

A lo lejos, el gran sacerdote, con sus ojos llenos de lágrimas, vio el final de su adorada hija, de su pequeño manantial del cual bebía alegría y paz cada mañana, en ese momento el agua del volcán dejo de salir, pero las lágrimas del gobernante no se detuvieron, dicen que lloro sin parar hasta que llegó a la ciudad, donde murió en la entrada de su casa, para encontrarse de nueva cuenta con su pequeño manantial.

Los habitantes vieron con alegría que el sacrificio real había funcionado al ver que el fuego del Popocatépetl se calmó, pero no vieron el dolor de las familias que perdieron a sus hijos dentro del volcán, ni el dolor de un hombre, que por sus hermanos, entregó lo que más amaba, aun sabiendo que eso a él, también le costaría la vida. Cuando escuché esta historia entendí que yo no era muy diferente, a veces solo pienso en mí y en las cosas que necesito, sin valorar el sacrificio que hacen otras personas, ahora cada vez que puedo, hago una pausa en mi rutina diaria y visito el interior del volcán, disfruto su hermoso nacimiento de agua que forma una cascada y que aumenta o disminuye dependiendo del estado del volcán Popocatépetl, y sobre todo agradezco que las autoridades de mi ciudad nos permitan hacer algo que pocos en el mundo pueden, conocer el interior de un volcán.

Algunas veces recuerdo a Ameyaltzin, a su papá y a quienes murieron en su interior por el bien de los demás.

Recuerdo que no debo ser egoísta y que debo seguir su ejemplo de entrega y de amor por el prójimo y tengo que valorar vivir cerca del volcán más pequeño del mundo… en la hermosa ciudad de Puebla, México.

Detalle de la cima del volcán.

El más viejo de los sacerdotes, no decía nada, tan solo guardaba silencio, parecía que estaba en trance, hasta que todos quedaron en silencio y el anciano abrió muy grande sus ojos y tan solo dijo una palabra. Neuti. Para los sacerdotes, quería decir que tenían que reunirse para pensar en cómo calmar la ira de la gran montaña. Al salir de su meditación, decidieron hacer sacrificios humanos, y escogieron a un gran número de mancebos, para ser arrojados hacía donde se encontraba la gran montaña con fuego, no sin antes darles pulque suficiente para que fueran al sacrificio sin decir nada.

Pero la gran montaña no sabía de sacrificios y seguía devorando cosechas y casas en su paso. Los sacerdotes sabían que la madre tierra seguía enojada y pensaron en salir de ahí. Ya que la grave situación con la población era grave, ya que mandaban mensajes de protesta y rebelión y los guardias eran incapaces de mantener la cordura, pero en eso, se escuchó un fuerte tronido en el cielo y una columna de agua hirviendo que se elevo a corta distancia de una pirámide y eso contuvo los ánimos y fue otro misterio paro los sacerdotes y los habitantes y se pusieron a orar. Esto hizo que se mandaran mensajes con la noticia del nacimiento de una montaña que lanzaba agua hirviendo con olor a muerte (azufre).

La gente como los sacerdotes, fueron a ver el nuevo prodigio, sabían que era un mensaje de la madre tierra, en su paso vieron chozas destruidas y vieron que la gente que vivía ahí, habían huido por el miedo. Cuando llegaron, vieron que un pequeño volcán había nacido y que era obra de los dioses y que ellos exigían ahora el sacrificio de sangre real.

No tardaron en pensar que el sacrifico seria de la primogénita del sumo sacerdote, y el con dolor en su corazón le informo al pueblo, que para calmar la ira de la madre tierra, seria sacrificada su hija, Ameyaltzin, (pequeño manantial). Así que la pequeña doncella, fue ataviada con un hermoso peinado y maquillada con colores vivos, vestiduras floreadas y ricos aromas, joyas de oro, plata y jade, ya arreglada, le dieron a beber un licor que aturdió sus sentidos y fue llevada por cuatro grandes y musculosos esclavos al volcán.

Pero para llegar a él, fue muy difícil, ya que esta arrojaba grandes cantidades de barro y agua, y esos chorros de agua alcanzaban 5’ metros de altura, el barro impedía moverse pero aún así, fue llevada, la dama en cuestión no podía ponerse de pie y menos caminar a su destino, una vez ahí un sacerdote extrajo una daga ceremonial y de un solo tajo corto el cuello de Ameyaltzin, la cual murió rápidamente. Los esclavos la cargaron para subirla y entregarla al inframundo, aprovechando que el chorro de agua había disminuido.

A lo lejos el gran sacerdote con sus ojos llenos de lágrimas, vio el final de su adorada hija, en ese momento el agua del volcán dejo de salir, pero no así las lágrimas del gobernante, ya que lloro y lloró hasta llegar a la ciudad donde murió al pie de su casa. Así los habitantes vieron que el sacrificio real había funcionado, ya que vieron que la gran montaña también se había calmado y vieron nacer el volcán más pequeño del mundo, el que hasta la actualidad es visitado en la colonia Libertad, en la ciudad de Puebla.[2]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]