Virginidad

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Vestales de la ciudad de Roma, mujeres que no habían tenido contacto sexual, este concepto de virginidad es el más usado en la actualidad.

La virginidad, en su significación más amplia, es el estado en el que una cosa o proceso se mantiene sin alteraciones desde su origen, y desde las religiones hace referencia a quienes no han mantenido relaciones sexuales.

La virginidad como constructo social[editar]

La virginidad no es un concepto médico, científico, ni demostrable,[1]​ sino una construcción social de control sexual de las niñas y mujeres.[2]​ La Organización Mundial de la Salud califica la virginidad como una forma dañina de discriminación de género,[3]​ y Naciones Unidas considera que las pruebas de virginidad son una violación de los derechos humanos de las niñas y mujeres, sin base científica, que conllevan graves consecuencias físicas y mentales a aquellas que los padecen.[4]

La virginidad en las religiones[editar]

Para el Diccionario de la lengua española los vírgenes, en su primer significado, son aquellas personas que no han tenido nunca una relación sexual. Un significado más acotado del Diccionario es reservado para las personas que han conservado su castidad y la han "guardado" para una divinidad, como es el caso de la virgen María.[5]​ Tanto el DLE como el uso habitual del término, suele relacionar virginidad con castidad, término este último que en realidad está más orientado a describir un aspecto subjetivo, como es la ausencia de sensualidad o goce sexual.

En las antiguas Grecia y Roma[editar]

La virginidad a menudo era considerada una virtud que denotaba pureza y autocontrol físico y era una característica importante en la mitología griega. En la literatura griega antigua, como en los Himnos homéricos, hay referencias a las diosas del Partenón, Artemisa, Atenea y Hestia que proclamaban promesas de eterna virginidad (en griego: παρθενία, parthenía, "partenía").[6]​ Sin embargo, se ha argumentado que el estado de partenía de una doncella (en griego: παρθένος, parthénos, "partenos"), como la invocada por estas deidades, tiene un significado ligeramente diferente del que normalmente se entiende como virginidad en las religiones occidentales modernas. Más bien, la partenía se centró más en la capacidad de matrimonio y conceptos abstractos sin requisitos físicos estrictos que se verían afectados negativamente, pero no completamente abandonados, por las relaciones sexuales prematrimoniales. Por esto, otras diosas que no están eternamente comprometidas con la partenía, dentro de los Himnos homéricos pueden renovarla mediante rituales, como en el caso de Hera o elegir una apariencia que implique la posesión de ella (como Afrodita).[6]

En la antigua religión romana, el símbolo de pureza y consagración a la ciudad romana estaba puesto en las vírgenes vestales, sacerdotisas muy respetadas, estrictamente célibes, consagradas a la diosa del hogar Vesta, y guardianas de mantener el fuego sagrado. Las vestales estaban comprometidas con el sacerdocio antes de la pubertad (cuando tenían entre 6 y 10 años) y juraban el celibato por un período de 30 años.[7]

Se consideraba que la castidad de las vestales tenía una relación directa y fundamental para la continuidad y seguridad del estado romano. Permitir que el fuego sagrado de Vesta se extinguiera, sugeriría que la diosa habría retirado la protección de la ciudad, por lo que se consideraba un delito grave y se castigaba con la flagelación.[8]​ Como se pensaba que la castidad de una Vestal estaba directamente relacionada con el fuego sagrado, si se extinguiese, se podría suponer que una Vestal habría perdido su castidad. La pena para una virgen Vestal que hubiera tenido relaciones sexuales mientras estaba en el cargo era la de ser enterrada viva.[7]

Las Vestales eran una excepción en el mundo sacerdotal romano, que estaba casi por entero compuesto de hombres. Era el único cuerpo femenino de la religión romana, pues todos los demás sacerdotes eran hombres. La exigencia de la virginidad en las vestales, proviene de los tiempos de los antiguos pobladores, cuando a las muchachas jóvenes y solteras se les encargaba la tarea de vigilar el fuego sagrado, ya que no tenían familia ni tareas hogareñas que atender.

La importancia de las Vestales era enorme, su importancia y bienestar eran considerados fundamentales, por ello se les creó una Casa de las Vestales en el foro, para que pudiesen disfrutar de todas las comodidades. Inicialmente, pudieron ser dos, después en tiempos de Plutarco sabemos que eran cuatro y posteriormente al ofrecer su participación en la vida pública su número ascendió a seis.

En el catolicismo[editar]

Desde el principio de la Iglesia católica ha habido mujeres y hombres que han renunciado al gran bien del matrimonio por seguir de una forma total, con todo el corazón —indiviso cordae—, a Jesucristo. La unión con Él se considera que ocupa el primer lugar frente a los demás posibles vínculos humanos, familiares o sociales. Para los católicos, la virginidad por el Reino de los Cielos es un fuerte signo de la preferencia del vínculo con Cristo, es el desarrollo de las gracias recibidas en el bautismo, de la espera deseada de su segunda y definitiva venida y recuerda que, en este mundo, el matrimonio tiene carácter pasajero.[9]

Indica la doctrina católica que, tanto el sacramento del matrimonio como la virginidad por el Reino de Dios vienen del mismo Jesucristo que es el que les da sentido a ambos así como las gracias para vivirlos de acuerdo con su doctrina. Ambos, la virginidad y el matrimonio, se consideran inseparables y se apoyan mutuamente.[10]

Denigrar el matrimonio es reducir a la vez la gloria de la virginidad; elogiarlo es realzar a la vez la admiración que corresponde a la virginidad... (San Juan Crisóstomo)[11]

Sin embargo la Iglesia católica aclara que «la virginidad es un consejo evangélico, no un precepto obligatorio» y que el matrimonio es un bien aunque la virginidad sea un bien mayor. La virginidad debe ser siempre fruto de una total y libre elección, no es para la mayoría sino que tiene un carácter excepcional.[12]​ También indica que «la virginidad no es el único camino de salvación; también lo es el matrimonio». En la Iglesia hay diferentes miembros y grados de virtud, pero todos en conjunto, casados, viudos y vírgenes constituyen la belleza del cuerpo entero de la Iglesia que es Jesucristo.[13]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «El mito de la virginidad». 29 de agosto de 2018. Consultado el 17 de noviembre de 2018. 
  2. «La virginidad y el control social de la sexualidad femenina». 7dias.com.do. Archivado desde el original el 17 de noviembre de 2018. Consultado el 17 de noviembre de 2018. 
  3. «United Nations agencies call for ban on virginity testing». World Health Organization (en inglés estadounidense). Consultado el 17 de noviembre de 2018. 
  4. «‘Virginity testing’: a human rights violation, with no scientific basis - UN». UN News (en inglés). 17 de octubre de 2018. Consultado el 17 de noviembre de 2018. 
  5. Real Acamia Española (2014). Diccionario de la lengua española (23 edición). Asociación de Academias de la Lengua Española. ISBN 9788467041897. Consultado el 17 de abril de 2016. 
  6. a b Ciocani, Vichi Eugenia (2013). Virginity and representation in the Greek novel and early Greek poetry. ProQuest Dissertations Publishing. Consultado el 22 de noviembre de 2019. 
  7. a b Lutwyche, Jayne (7 de septiembre de 2012). «Ancient Rome's maidens – who were the Vestal Virgins?». BBC. Consultado el 22 de noviembre de 2019. 
  8. Wikisource-logo.svg Varios autores (1910-1911). «Vesta». Chisholm, Hugh, ed. Encyclopædia Britannica. A Dictionary of Arts, Sciences, Literature, and General information (en inglés) (11.ª edición). Encyclopædia Britannica, Inc.; actualmente en dominio público. 
  9. Varios autores (1992). Catecismo de la Iglesia Católica. Madrid: Asociación de Editores del Catecismo. p. 371. ISBN 84-288-1100-8. Consultado el 17 de abril de 2016. 
  10. Varios autores (1992). Catecismo de la Iglesia Católica. Madrid: Asociación de Editores del Catecismo. p. 372. ISBN 84-288-1100-8. Consultado el 17 de abril de 2016. 
  11. Crisóstomo, Juan (1012). El matrimonio según san Juan Crisóstomo. p. Homilia De Virginitatae. 10, 1. Archivado desde el original el 17 de marzo de 2016. Consultado el 17 de abril de 2016. 
  12. Crisóstomo, Juan (1012). El matrimonio según san Juan Crisóstomo. p. Homilia in Mateo 78,1. Archivado desde el original el 17 de marzo de 2016. Consultado el 17 de abril de 2016. 
  13. El mensaje social de los Padres de la Iglesia (2012). «La Dignidad del Matrimonio». El Matrimonio según san Juan Crisóstomo. Parroquia Inmaculada Concepción;Monte Grande. Archivado desde el original el 17 de marzo de 2016. Consultado el 17 de abril de 2016. 

Enlaces externos[editar]