Virginidad

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La virginidad, en términos generales, es el estado en el que un proceso u objeto cualquiera se mantiene sin haber sufrido ninguna alteración desde su origen.

En el ámbito de lo sexual, es el término coloquial que se aplica a la persona que no ha tenido experiencias sexuales [cita requerida]. Sin embargo, el Diccionario de la lengua española la define como «cualidad de la persona que no ha tenido relaciones sexuales, también como persona que, conservando su castidad, la ha consagrado a una divinidad»; por antonomasia, María Santísima, madre de Dios.[1]​ La percepción del significado y la aplicación de la palabra varía, en función de la cultura, la religión o el sistema de creencias. De forma errónea se usa como sinónimo del término castidad, que en realidad posee un significado distinto ya que una persona casada puede vivir su matrimonio de forma casta pero no ser virgen si el matrimonio se ha consumado.

La virginidad en las religiones[editar]

En antigua religión de Roma, el símbolo de pureza y consagración a la ciudad romana estaba puesto en cabeza de las vírgenes vestales. Una Vestal era una sacerdotisa que estaba consagrada a la diosa del hogar Vesta y su misión fundamental era mantener el fuego sagrado.

Las Vestales eran una excepción en el mundo sacerdotal romano, que estaba casi por entero compuesto de hombres. Se seleccionaban siendo niñas y debían permanecer vírgenes durante los 30 años obligatorios de permanencia al servicio de Vesta. El de las Vestales era el único cuerpo femenino de la religión romana, pues todos los demás sacerdotes eran hombres. La exigencia de la virginidad en las vestales, proviene de los tiempos de los antiguos pobladores, cuando a las muchachas jóvenes y solteras se les encargaba la tarea de vigilar el fuego sagrado, ya que no tenían familia ni tareas hogareñas que atender.

La importancia de las Vestales era enorme, su importancia y bienestar eran considerados fundamentales para la continuidad y seguridad de Roma, por ello se les creo una Casa de las Vestales en el foro, para que pudiesen disfrutar de todas las comodidades. Inicialmente, pudieron ser dos, después en tiempos de Plutarco sabemos que eran cuatro y posteriormente al ofrecer su participación en la vida pública su numero ascendió a seis.

En el catolicismo[editar]

Desde el principio de la Iglesia católica ha habido mujeres y hombres que han renunciado al gran bien del matrimonio por seguir de una forma total, con todo el corazón — indiviso cordae—, a Jesucristo. La unión con Él se considera que ocupa el primer lugar frente a los demás posibles vínculos humanos, familiares o sociales. Para los católicos, la virginidad por el Reino de los Cielos es un fuerte signo de la preferencia del vínculo con Cristo, es el desarrollo de las gracias recibidas en el bautismo, de la espera deseada de su segunda y definitiva venida y recuerda que, en este mundo, el matrimonio tiene carácter pasajero.[2]

Indica la doctrina católica que, tanto el sacramento del matrimonio como la virginidad por el Reino de Dios vienen del mismo Jesucristo que es el que les da sentido a ambos así como las gracias para vivirlos de acuerdo con su doctrina. Ambos, la virginidad y el matrimonio, se consideran inseparables y se apoyan mutuamente.[3]

Denigrar el matrimonio es reducir a la vez la gloria de la virginidad; elogiarlo es realzar a la vez la admiración que corresponde a la virginidad... (San Juan Crisóstomo)[4]

Sin embargo la Iglesia católica aclara que «la virginidad es un consejo evangélico, no un precepto obligatorio» y que el matrimonio es un bien aunque la virginidad sea un bien mayor. La virginidad debe ser siempre fruto de una total y libre elección, no es para la mayoría sino que tiene un carácter excepcional.[5]​ También indica que «la virginidad no es el único camino de salvación; también lo es el matrimonio. En la Iglesia hay diferentes miembros y grados de virtud, pero todos en conjunto, casados, viudos y vírgenes constituyen la belleza del cuerpo entero de la Iglesia que es Jesucristo.[6]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Real Acamia Española (2014). Diccionario de la lengua española (23 edición). Asociación de Academias de la Lengua Española. ISBN 9788467041897. Consultado el 17 de abril de 2016. 
  2. Varios autores (1992). Catecismo de la Iglesia Católica. Madrid: Asociación de Editores del Catecismo. p. 371. ISBN 84-288-1100-8. Consultado el 17 de abril de 2016. 
  3. Varios autores (1992). Catecismo de la Iglesia Católica. Madrid: Asociación de Editores del Catecismo. p. 372. ISBN 84-288-1100-8. Consultado el 17 de abril de 2016. 
  4. Crisóstomo, Juan (1012). El matrimonio según san Juan Crisóstomo. p. Homilia De Virginitatae. 10, 1. Consultado el 17 de abril de 2016. 
  5. Crisóstomo, Juan (1012). El matrimonio según san Juan Crisóstomo. p. Homilia in Mateo 78,1. Consultado el 17 de abril de 2016. 
  6. El mensaje social de los Padres de la Iglesia (2012). «La Dignidad del Matrimonio». El Matrimonio según san Juan Crisóstomo. Parroquia Inmaculada Concepción;Monte Grande. Consultado el 17 de abril de 2016. 

Enlaces externos[editar]