Vigilante de seguridad

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Un vigilante de seguridad prestando servicio en un edificio en construcción.
Un vigilante de seguridad armado prestando servicio en una joyería en Guatemala.

Un vigilante de seguridad, dentro del ámbito de la seguridad privada, es un profesional de carácter privado que vela por la seguridad, primordialmente en relación a las personas, edificios y bienes materiales de cuya protección, vigilancia y custodia estuviera principalmente encargado por la empresa u organismo contratante como complemento y contribución a la seguridad pública proporcionada por las fuerzas de seguridad del estado.[1]

Los vigilantes de seguridad llevan a cabo sus funciones ejerciendo la vigilancia y protección de bienes, establecimientos, lugares y eventos, tanto privados como públicos y la protección de las personas que puedan encontrarse en los mismos, llevando a cabo las comprobaciones, registros y prevenciones necesarias para el cumplimiento de su misión, así como evitar la comisión de actos delictivos o infracciones administrativas en relación con su ámbito de protección. En relación con dicho ámbito, deben detener y poner a disposición policial a los delincuentes y sus instrumentos, así como denunciar a quienes cometan infracciones administrativas.

Historia[editar]

La palabra "vigilante" proviene de los primeros centinelas establecidos en la Antigua Roma bajo el nombre de «Vigiles» durante el gobierno del emperador César Augusto y quienes con el tiempo se convirtieron en la Guardia Pretoriana. Sus funciones eran la de servir como un cuerpo élite para la seguridad del César, una especie de fuerza policial que mantenía el orden público en la ciudad, y también actuar como bomberos en caso de incendio.

Ya en la Edad Media, también se conoce que en algunas de las ciudades había personas armadas que recorrían las calles, en especial durante las noches, para así brindar seguridad a los habitantes.

España[editar]

En España existían dos figuras reconocidas que desempeñaban funciones de protección y vigilancia: los Vigilantes Jurados, los vigilantes jurados de industria y comercio y los Guardas de Seguridad. Pero la aparición de la Ley 23 en 1992 y el desarrollo del Reglamento de Seguridad Privada publicado en el BOE de 10 de enero de 1995, acabó con estas denominaciones implantando finalmente la que actualmente se halla en vigor: vigilante de seguridad.

En España, sólo pueden ser contratados a través de una empresa de seguridad. Además, actualmente, dichas empresas pueden ser contratadas por la administración pública para que sus vigilantes actúen en coordinación, y siguiendo órdenes e instrucciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en distintas tareas, como la vigilancia del perímetro exterior de las cárceles, o servicios de seguridad en vía pública.

Equipamiento[editar]

Pueden tener a su disposición gran variedad de recursos, incluyendo recursos técnicos y tecnológicos, como cámaras de video, radios de comunicación, chalecos antibalas o anti puñaladas, detectores de metales o dispositivos electrónicos biométricos de control de acceso como detectores de (huella digital e iris del ojo, entre otros. También pueden utilizar perros adiestrados para la detección de diversos tipos de objetos.

Los servicios de vigilancia pueden ser muy diversos, generalmente serán prestados sin armas, salvo cuando el riesgo para la vida de los vigilantes requiera esta dotación, en todo caso la utilización del arma requerirá la autorización de la delegación del gobierno que corresponda, así como de las armas que sean pertinentes. Hay servicios que serán siempre realizados con armas, tales como el transporte de fondos, explosivos, etc. Normalmente el arma reglamentaria será el revólver calibre 38-4" y la escopeta del 12/70, siendo la única dotación permitida y obligatoria la defensa de goma, forrada de cuero, de 50 cm y podrán utilizar grilletes cuando el jefe de seguridad de la empresa a la que pertenezcan lo disponga. A todos los efectos, tienen prohibido la utilización de elementos que pudieran resultar nocivos, tales como gases o equipos de electrochoque.

Desmotivaciones[editar]

El personal de seguridad a menudo está expuestos a traumas físicos y psicológicos que pueden tener efectos duraderos. Los vigilantes de seguridad no están adecuadamente entrenados en defensa personal y, como resultado, tienen más posibilidades de ser heridos en alguna intervención, posiblemente por algún tipo de arma. Otros factores que contribuyen a la desmotivación de los vigilantes son una alta carga de trabajo, largas jornadas, horarios rotativos y poco adecuados para conciliar con la vida familiar. Con respecto a sus servicios están expuestos a las inclemencias meteorológicas y al trato con personas difíciles, además de ser presa del aburrimiento y el bajo salario. Por otro lado existe una gran indiferencia de las empresas y los clientes por alcanzar unos estándares de calidad en el sector: por ejemplo, uniforme, equipamiento, autoridad, tiempos de descanso, el acceso a los baños y la instalación de vestuarios adecuados, etc.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]