Las vírgenes negras son efigies de la Virgen María y del Niño Jesús que los representan como de piel oscura, o incluso completamente negra.[1] Representaciones modernas en las que a la Virgen se la ha dotado premeditadamente de un aspecto étnico negro no entran dentro de esta categoría.
Las pinturas suelen ser iconos, de origen o estilo bizantino, algunos de los cuales se produjeron en la Italia de los siglos XIII o XIV. Otros ejemplos procedentes de Oriente Medio, Cáucaso o África, principalmente Egipto y Etiopía, son aún más antiguos. Las estatuas suelen estar hechas de madera, pero en ocasiones son de piedra, pintadas y de hasta 75 cm (30 plg) de altura. Se dividen en dos grupos principales: figuras independientes de pie o figuras sentadas en un trono. Se han registrado entre 400 y 500 Vírgenes Negras en Europa, y el número depende de cómo se clasifiquen. Solo en el sur de Francia hay al menos 180 Vierges Noires. Desde la Edad Media se han realizado cientos de copias. Algunas se exhiben en museos, pero la mayoría se encuentran en iglesias o santuarios y son veneradas por los creyentes. Algunas están asociadas a milagros y atraen a un número considerable de peregrinos.
Las Madonnas negras se presentan en diferentes formas. Las especulaciones sobre el origen del tono oscuro de cada icono o estatua varían enormemente y algunas han sido controvertidas. Las explicaciones van desde que las vírgenes están hechas de madera oscura, que se han oscurecido con el tiempo debido a factores como el envejecimiento o el humo de las velas, hasta un estudio del erudito junguiano Ean Begg sobre los posibles orígenes paganos del culto a la Virgen Negra y el Niño, o la intención de reflejar las poblaciones de piel más oscura autóctonas de ciertas partes del mundo.[3]
Otra sugerencia es que las representaciones de piel oscura de las deidades precristianas se reinterpretaron como la Virgen María y el Niño Jesús.[4]
Las investigaciones sobre el fenómeno de la Virgen Negra son limitadas. Begg relaciona un estribillo del Cantar de Salomón con la Reina de Saba.[3] Este pasaje se ha traducido de diversas maneras, como «Soy negra, pero hermosa» (Biblia del Rey Jacobo) o «Soy morena, pero encantadora» (Nueva Versión Internacional), entre otras traducciones.[5] Sin embargo, recientemente ha cobrado impulso el interés por este tema.
Los primeros estudios importantes sobre las imágenes sagradas de piel oscura en Francia fueron realizados por Camille Flammarion (1888),[6] Marie Durand-Lefebvre (1937), Emile Saillens (1945) y Jacques Huynen (1972).
El primer estudio notable en inglés sobre el origen y el significado de las Vírgenes Negras parece haber sido presentado por Leonard Moss en una reunión de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia el 28 de diciembre de 1952. Moss dividió las imágenes en tres categorías: (1) Vírgenes de color marrón oscuro o negro con fisonomía y pigmentación de la piel similares a las de la población indígena; (2) diversas formas artísticas que se han vuelto negras como resultado de ciertos factores físicos, como el deterioro de los pigmentos a base de plomo, el humo acumulado por el uso de velas votivas y la acumulación de suciedad a lo largo de los siglos, y (3) Madonnas milagrosas, el foco del estudio, Madonnas Negras encontradas en zonas de una legión romana y, por lo tanto, que no reflejan el color de piel de la población actual.[4]
En la catedral de Chartres había dos Vírgenes Negras: Notre Dame de Pilar, una copia de nogal oscuro de 1508 de una Virgen de plata del siglo XIII, situada en lo alto de un pilar elevado y rodeada de velas; y Notre Dame de Sous-Terre, una réplica de una original destruida durante la Revolución Francesa. Las obras de restauración de la catedral dieron como resultado la pintura en 2014 de Notre Dame de Pilar, para reflejar un estilo pictórico anterior del siglo XIX. La estatua ya no es una «Virgen Negra» y la restauración fue muy criticada por borrar el pasado.[7][8]
Quizás el origen de estas imágenes se explica como la adopción, por parte del culto popular cristiano en sus primeros siglos, de elementos iconográficos y atributos de antiguas deidades femeninas de la fertilidad, cuyos rostros se realizaban en marfil y cuyo culto estaba extendido por todo el Imperio romano tardío, tales como Isis, Cibeles y Artemisa. Debido a ello pueden encontrarse ejemplos de estas vírgenes por toda Europa.
Otra teoría apuntan que el negro es el color de la tierra que al ser la fuente de toda vida sería equiparable a la maternidad de la virgen María. También existe la teoría que afirma que el negro era el color de las piedras y monolitos, siendo estos reemplazados por el icono de la imagen mariana.[9]
Philippe Walter, de la Universidad de Grenoble III, se inclina por un origen celta —hadas y la mujer salvaje conocida como «la Sarracena»— algunas de cuyas características habrían sido retenidas en la figura y ritos que rodean a las vírgenes negras, luego de la evangelización de Europa.
La razón de esa tonalidad oscura se ha querido explicar aduciendo que en el mundo medieval la mayoría de las imágenes de culto se hacían de madera, material higroscópico que sufría importantes variaciones con la humedad y que además era fácil presa de hongos y xilófagos (carcoma, termitas...), por eso los escultores buscaban la forma de hacer las imágenes sacras lo más resistentes e inalterables posible. También se ha dicho que en algunos casos excepcionales tenemos imágenes de Cristos o de Vírgenes talladas en marfil o ébano - materiales prácticamente inalterables y muy difíciles de conseguir por su origen asiático o africano-, pero en la mayoría de las ocasiones lo que se hacía era proteger las efigies lígneas revistiéndolas de una capa de betún para hacerlas más resistentes frente a la humedad y al ataque de los insectos. De ahí que una vez elaborada la talla de la Virgen en maderas corrientes: nogal, álamo, ciprés... se recubriera de betún u otras sustancias protectoras de color oscuro para hacerla lo más impermeable e inatacable posible, y luego se policromara dándole el colorido oportuno a la piel y a los ropajes. Después, con el paso de los siglos, esa policromía fue desapareciendo y quedando a la vista el barniz oscuro, por eso cuando recientemente se han hecho estudios o al restaurar y limpiar algunas de las llamadas “vírgenes negras” se ha descubierto que la Virgen en realidad era blanca, y que su color no se debía por tanto a la pátina que cogían con los años por exposiciones ambientales en las iglesias.
Pero lo cierto es que los anteriores argumentos aun siendo ciertos en algún caso no pueden explicar por qué hay vírgenes negras en toda Europa y por qué otras figuras de santos y en general otras figuras góticas no son negras. En la obra literaria Alonso, mozo de muchos amos (Madrid, 1624) o "El donado hablador" de Jerónimo de Alcalá Yáñez y Ribera se nos dice que la creencia mayoritaria en España antes del siglo XVI es que la virgen es una mujer negra y ya desde entonces empiezan las argumentación para explicar supuestamente porqué no lo es.
Algunos estudiosos han optado por explorar el significado de la tez oscura para los peregrinos y fieles, en lugar de centrarse en si esta representación fue intencionada. En virtud de su presencia inusual, las Vírgenes Negras han contribuido en ocasiones a que sus santuarios se conviertan en lugares de peregrinación venerados. Monique Scheer atribuye la importancia de la representación de piel oscura a su conexión con la autenticidad. La razón de esta conexión es la edad percibida de las figuras.[10]
Los primeros símbolos de adoración de la Virgen son del siglo II en la mayoría de ellos solo se indica la importancia de María como madre de Jesús en exclusiva y los Evangelios no indican que su la virgen deba ser adorada. En el siglo III, el teólogo Orígenes comenzó a utilizar el título de Madre de Dios y fue tras el Concilio de Éfeso cuando la figura de la Virgen por medio de las prerrogativas marianas le otorgaron una posición superior al del resto de los santos. Sin embargo, es a partir del siglo VI cuando la adoración a la Virgen se trata de un culto de hiperdulía y el del resto del santoral de dulía.[11]
nigra sum sed formonsa filiae Hierusalem sicut tabernacula Cedar sicut pelles Salomonis (Morena soy yo, pero hermosa, oh hijas de Jerusalén, como las tiendas de cedro, como las pieles de Salomón)
Cantar de los Cantares (1:5)
La veneración a las vírgenes negras tiene también numerosos ejemplos en América, impulsada por la conquista española. Allí las vírgenes negras del Viejo Mundo surgidas del sincretismo religioso cristiano-pagano atravesarían en algunos casos una identificación con deidades femeninas amerindias o africanas como Pachamama o Yemayá.
Le Puy-en-Velay: En 1254, al pasar por allí en su regreso de Tierra Santa, San Luis IX de Francia regaló a la catedral una imagen de ébano de la Santísima Virgen vestida con brocado dorado (Notre-Dame du Puy). Fue destruida durante la Revolución, pero sustituida en la Restauración por una copia que sigue siendo venerada.[28]
Limeuil (Dordoña): Sainte Catherine d'Alexandrie á Limeuil. Esta estatua del siglo XVII fue destrozada y arrojada al río Dordoña durante las guerras de religión francesas (1562-1598), pero fue recuperada y devuelta a la iglesia.
Virgen Negra de ToulouseToulouse: La basílica Notre-Dame de la Daurade en Toulouse, Francia, albergaba el santuario de una Virgen Negra. El icono original fue robado en el siglo XV, y su primer sustituto fue quemado por los revolucionarios en 1799 en la Place du Capitole. El icono que se presenta hoy en día es una copia de 1807 de la Virgen del siglo XV. Ennegrecida por las velas, la segunda Virgen fue conocida desde el siglo XVI como Nuestra Señora La Noire[39]
Tindari Madonna Bruna: durante las obras de restauración realizadas en la década de 1990 se encontró una estatua medieval con añadidos posteriores. «Nigra sum sed formosa», que significa «Soy negra, pero hermosa» (del Cantar de los Cantares, 1:5), está inscrito alrededor de una base más reciente.Artista callejero con traje de Virgen Negra en Venecia
Casale Monferrato (Piamonte): Nuestra Señora de Crea. En el santuario de Crea (Santuario di Crea), situado en la ladera de una colina, se encuentra una figura de madera de cedro, que se dice que es una de las tres Vírgenes Negras traídas a Italia desde Tierra Santa alrededor del año 345 por San Eusebio.
Positano (Campania): Ubicada en la iglesia de Santa Maria Assunta, la historia de cómo llegó allí —los marineros gritaban «¡Posa, posa!» («¡Ponlo, ponlo!»)— le dio su nombre a la ciudad.
↑Scheer, Monique (2002). «De la majestad al misterio: el cambio en el significado de las Madonnas negras entre los siglos XVI y XIX». The American Historical Review(en inglés)107 (5): 1412-1440. JSTOR10.1086/532852. doi:10.1086/532852.