Usuario:Feliciano Mejia Hidalgo/Taller

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FELICIANO MEJÍA HIDALGO
UN POETA CONTEMPORÁNEO
Abancay-Perú, 1948
Escritor
C. Feliciano
NACIONALIDAD PERUANO-FRANCESA


FOTO: Rodolfo Moreno


BIOBIBLIOGRAFÍA

Nombre: Feliciano Mejía Hidalgo.

Lugar de nacimiento: Abancay, Apurímac, Perú.

Fecha de nacimiento: 9 de febrero de 1948.

Estudios en Perú y Francia.

Obras publicadas
  • Poemas Racionales, premiada en los Juegos Florales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1971.
  • Tiro de Gracia, 8 ediciones entre 1979 y 2012, una de ellas en holandés.
  • Círculo de Fuego, dos ediciones en 1981.
  • Kantuta Negra, primer volumen de la trilogía Las caras de la Serpiente Negra.
  • El País de los Sueños (cuentos para niños) dos ediciones en la editorial colombiana NORMA y tres ediciones en la editorial peruana San Marcos.
  • Kantuta Roja, 2006, segundo volumen de Las Caras de la Serpiente Negra.
  • Yanaqa, Cuentos de mi Comunidad, 2008, diez fascículos de narrativa breve para adolescentes, en una tirada de 32 mil ejemplares, Ed. San Marcos.
  • Le Cercle de Feu, traducción al francés de Círculo de Fuego por el poeta Athanse Vanchev de Thracy, París, setiembre de 2010.
  • Rendición de Cuentas (toda la poesía de Feliciano publicada hasta 2010, Círculo de Fuego, Le Cercle de Feu y Verbena de la Orgía (Laboratorio) –cuentos para adultos-, setiembre de 2011, editorial portuguesa EMOOBY, en formato ebook, para las tiendas virtuales Amazon, Appel y otros.
  • Tinkuy, junio de 2012.
  • Marirís, julio de 2012.
  • Le Pays de Rêves, traducción al francés de El País de los sueños, por el poeta Athanace Vantchev de Thracy, Editions Institud Culturel de Solenzara, París, julio de 2012.
  • Los Mares de Barro, Ed. San Marcos, setiembre de 2012. Cuentos para adultos.
  • Verbena de la Orgía – (Laboratorio), Ed. San Marcos, noviembre de 2012. Cuentos para adultos.
  • Tiro de Gracia, 9na. edición virtual, diciembre 2012.
  • El Grito de Terride, Trilogía de los libros Cabalgata, Montaña Negra y los Tangos de Bayard, Ed. Hipocampo, enero de 2018.
  • Gilmarí, Ed. Amaro Ediciones.


DOS POETAS FRANCESES HABLAN DE LA POESÍA DE FELICIANO
(La traducción en mía. F.M.H.)
ATHANASE VANTCHEV DE THRACY
Paris, julio- agosto del 2010
Fragmentos del prólogo de CÍRCULO DE FUEGO en su edición francesa.


“(…) El destino de su país no le cortado la vuelta a las raíces de su pueblo. El amor ilimitado que él tiene a las gentes simples confrontadas a las vicisitudes de la historia y a las injusticias sociales de todo género introducen rabia en su corazón ulcerado. Su Musa no se encandila con los manantiales límpidos, no teje flores amigas del sol. Ella toma los rasgos de la diosa guerrera Atenea y denuncia, con extremo furor, y en términos violentos tan propios a su genio, a los responsables obtusos, crueles y egoístas de la miseria donde son sumidas las poblaciones andinas. Él canta con fervor a la solidaridad con los campesinos que luchan con coraje y abnegación contra aquellos que se apropiaron de sus tierras, aquellos que provocaron el éxodo, hacia las siniestras barriadas de las grandes ciudades, de millones de hombres y mujeres privados de los recursos y de toda esperanza. Es la cólera hirsuta, la roja cólera que reina en este libro de potente revuelta (…)

Mejía escruta los repliegues de la historia, fustiga con vehemencia a los conquistadores de todos los orígenes: Españoles, Ingleses, Norteamericanos. ¿Qué vinieron a buscas en su país? ¿La amistad de los habitantes? ¿La voluntad de una cohabitación apacible y aprovechable para todos? ¡Nones! Codiciosos, ávidos de las ganancias, rapaces y avaros, vinieron a despojar el Imperio de los Incas de sus riquezas, exterminando poblaciones enteras, imponiendo por la fuerza más brutal sus leyes, sus costumbres, sus tradiciones, su religión, su cultura, pillando con una avidez insaciable los tesoros del país (…)

El poeta no puede ignorar que cada palabra está cargada de siglos de existencia, que las palabras vehiculan aún la sangre de aquellos que nos han precedido en el tiempo, que guardan el perfume del amor y las cicatrices de la crueldad humana.

Como Feliciano, yo amo estas palabras de Gandhi: “Ahí donde no hay, sino que escoger entre la cobardía y la violencia, yo aconsejaré la violencia”. Y como él, yo justifico la violencia, aún la extrema, contra aquellos que, durante siglos, han explotado a muerte a los pueblos, a aquellos que creen que todo les está permitido y que, en su ceguera, en su execrable egoísmo continúan pensando que este estado de cosas debe perpetuarse para siempre. Pero los tiempos han cambiado. Lo ojos de los pueblos se entreabren y se abren cada vez más. Sus entendimientos más aguzados aprehenden más claramente la absurdidad de los regímenes plutocráticos disfrazados de democracia. (…)”


De: LE CERCLE DE FEU

(CÍRCULO DE FUEGO)

Edition Institut Culturel de Solenzara.

Edición: H.C. París, 2010


Prefacio: DE LA DIGNITE DE L’HOMME

(DE LA DIGNIDAD DEL HOMBRE),

PP 7-23.


SERGE PEY
5 de febrero de 1996.
Fragmentos de la presentación al francés del poema JOOORRR.

“De Feliciano Mejía se escucha siempre un grito. Pues la lengua con la que escribe está cortada. El poeta extirpa la lengua de su boca y así escribe una página de carne. Lentamente, con el estilete de su pueblo, sobre los árboles o sobre las arenas, pariendo a sus mares. Pero cuando él escribe, su boca está vacía de su lengua, su boca está sola, su boca es un hueco. Y es ahí, en esa su boca sin lengua que el poeta va a buscar su grito.

Al fondo de ese pozo, él lanza su cadena y hace subir el balde lleno e invisible donde sabe leer sus frases. Con su garganta y con sus dientes.

El poema de Feliciano Mejía resuena en sus cimas. Espejo exacto de los precipicios de montañas sobre el camino del Inca de la poesía moderna.

(…)

Para decir su poema Feliciano Mejía construye primero un fuego y dispone delante sus ofrendas por su pueblo y los dioses sin dios de la poesía. Aquí el fuego, aquí las plumas, aquí la agüita, aquí la copa de aguardiente y la rosa.

Un libro de Feliciano Mejía es también un poncho que oculta el corazón y las armas, las cartas y las fotos, la biblioteca de la montaña y del torrente. Un libro que oculta el águila de su corazón.

Para leer a F.M. se debe primero meter la cabeza en el hueco de esa cubertura, sacar las manos por los bordes y comenzar a hacer el poema. Se debe luego doblar el poncho y lavarse las manos.

Cuando hace frío el poema de F.M. recubre el cuerpo del que duerme.

Cuando se trata de hacer el fuego, él oculta las brasas a los ojos del enemigo y luego las aviva para aquellos que desde lejos descifran los signos. Estrellas de fuego de la Cruz o de la Osa Mayor que dan vueltas en el sostén del cielo.

Estrella de gran alimento para el vagabundo celeste.

Cuando se trata de caminar, el poema es una bandera y la vieja frazada flota adelante escoltada por sus cóndores. Yo no le he conocido otra bandera de Feliciano Mejía que una frazada vieja destazada por los cuervos. (…)

La poesía de Feliciano Mejía pertenece a esa que habitualmente se llama poesía comprometida. Pero si compromiso hay, ella queda comprometida junto a la montaña y a la piedra, al precipicio absoluto, al camión loco lleno de mineros, a los pollitos vivos tirados dentro las redes, a las alturas de Machu Piqchu, a los observatorios milenarios de estrellas cuyos rayos nos atraviesan el cerebro en forma de acupuntura de luz.

Se puede escribir sesgando la belleza de las flores y sobre la belleza de las flores. Se puede escribir también sobre el hombre. El honor de los poetas consiste en no olvidar el hombre en el poema, como ese niño que escupía su sangre en un vaso de plástico vacío de yugurt sobre la acera de Lima. Feliz de escupir su sangre pues así él podía esperar más caridad solidaria que su hermano que no escupía.

F.M. es de este honor y este compromiso. De esta poesía de liberación.

(…)

Feliciano Mejía es la revancha de los Kipukamayoq asesinados del Perú por el ocupante imperialista español o inglés o norteamericano. Frente a los ojos quemados de sus hermanos, frente a los dedos cortados, él no olvida. El predica el futuro de los hombres y de lo poemas al mismo tiempo y calla ese porvenir con piedras de esperanza. Ya no escribe él sino sus dedos y sus ojos que él aprieta junto con su frazada-poncho de fuego.

Feliciano Mejía era ese niño perdido entre el gentío frente a la catedral de Lima, cuando el Concejo Provincial decreta en 1535 la destrucción sistemática de las escrituras de nudos y la exterminación de los maestros de lectura.

Hace quinientos años, Feliciano Mejía miraba ya ese horror.

(…)

Feliciano Mejía es el "Maestro de lectura" resucitado, leyendo en las cuerdecillas los nudos espaciados, desgranando esos nudos como un rosario, reencontrando la palabra y la salmodia.

La técnica de los Kipus ha sido perdida. Pero el poeta Feliciano Mejía reencuentra en su oralidad el Kipu de sus ancestros. Su cuerpo, cubierto de cuerdas y nudos, es una página de escritura, su cuerpo mismo dice, pues está ceñido por la escritura de nudos. Feliciano Mejía es al mismo tiempo el poeta más anciano y el más joven del Perú.

(…)

Caminar con este poeta es cambiar los zapatos de la poesía.

Es escuchar con los pies en las orejas.

Es comer la nube que lucha contra el cielo.

Es izar la cuerda que ve el porvenir del poema.”



FELICIANO MEJIA HIDALGO (Le poète des khipus presse - Par Serge Pey)
par Caseiro (2006/05/31 - De la Internet)


SOBRE SUS PRIMEROS POEMAS QUEMADOS, EL MONAGUILLO DE CURAS, SU PRIMER POEMARIO Y SUS PRIMEROS PASOS DE ATEO

Su primer poema lo escribió a los 14 años de edad, tras una discusión muy desagradable con el sacerdote católico norteamericano James Maden, de la congregación norteamericana Mariknoll, en cuya iglesia, “Niño Jesús” de Ciudad de Dios, del hoy Distrito de San Juan de Miraflores de Lima – Perú, trabajaba de monaguillo, cuando niño. Eso venía desde la época de las viviendas de esteras.

Fue un deslumbramiento y una catarsis. Escribió mucho y con desesperación. Luego, madurando a los 17 años de edad, viendo que eran poemas de factura y tono defectuosos, los quemó todos, a la luz del sol de las 11 am. Solo se salvó un poema que se publicó en 1966 en la revista bilingüe castellano-inglés “Áravec” por gestiones del sacerdote William MacKarthy, también Mariknoll, que mucho tiempo después, supo era un anciano sacerdote expulsado de Viet Nam, cuando el triunfo de los vietnamitas. En consecuencia, hoy, marzo de 2017, son 50 años de su tarea de escritor profesional.

Simultáneamente a esa discusión con James Maden, un amigo le prestó un libro lujoso, de pastas gruesas y muy colorido, de HISTORIA DE LAS RELIGIONES; y se dio cuenta que había en el mundo muchas religiones y todas decían ser la única verdad, su verdad, excluyendo a todas las demás. Ello le hizo entrar en una crisis de angustia terrible. A ello se debe agregar que, en sus 15 años, se arrodilló en el confesionario y un sacerdote, cuyo nombre no recuerda, se pone a interrogarle con morbosidad sobre una sexualidad que nunca había practicado. Más insidiosas eran sus preguntas, más mentía y mentía. Pues nunca había tenido, ni de cerca, ni aún superficiales, relaciones con mujer, hombre o animal alguno. Salió del confesionario con una fabulosa historia de lubricidad que había inventado respondiendo a la inquisición burda de ese sacerdote. Quedó perplejo. Y no pudo comulgar. Recibir la hostia vestido de monaguillo, con tamaño montón de mentiras, se dijo, le llevaría al infierno. En esa época ya pensaba en Cielo, Purgatorio e Infierno. Un Mariknoll peruano, René (olvidó su apellido), una vez viendo su angustia le calmó mucho diciéndome: “No. El infierno no existe. El hombre sufre mucho en la tierra para que haya infierno”, y ello fue un lenitivo para su dilacerado espíritu. Hace un año, el papado romano, indicó a todos sus fieles que el Purgatorio se borrara de los catecismos. Lo borraron para siempre, con su decisión humana e interesada. Ahora, para nuestro autor, desde el punto de vista de la iglesia de Roma, queda puro Cielo.

En todo ese entrecruzamiento de angustias, de pronto halló la serenidad total. Siguió escribiendo. Como un deslumbramiento, se dio cuenta que nunca había creído en el cristianismo ni en religión alguna. Ayudaba a misa por la miseria de algún dinero que de vez en cuando los sacerdotes le daban para llevar a casa. Y por ese placer raro de ayunar de 6 am hasta a veces las 12 del día ayudando misa tras misa, cuando faltaban monaguillos. Y también por el gusto de beber a escondidas a pico de botella el exquisito vino de misa que los sacerdotes se tomaban en ayunas.

Se alejó de todo ello, sin rencor. Y sin saberlo racionalmente, ya era ateo. Como lo es ahora, por convicción, luego de 20 libros publicados y muchos otros inéditos guardados en Lima y en Toulouse, y ya a los 69 años de edad.


SU PRIMER LIBRO

A los 18 años escribió su primer libro orgánico: EL ESTERTOR DE LA RATA. Lo llevó donde el editor Juan Mejía Baca. Justo habiendo terminado la secundaria e ingresado a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lo presentó a uno de sus profesores de literatura, poeta conocido (porque él siguió estudios de Letras regularmente, durante 5 años, sin inscribirme como alumno, en paralelo a Educación: Lengua y Literatura, facultad a la que había ingresado) y luego de haberlo leído, dicho profesor empezó a llenarlo de elogios. Él solo atinó a decirle que, si eso era así, que le ayudara a publicarlo. Su respuesta fue: “tooooodos estamos en los miiiismo”. Luego lo presentó a su profesor y poeta Washinton Delgado, quien, después de un tiempo, también lo aceptó como bueno; y empezó a ver influencias de Kafka al que él no conocía de nada. Por lo bajo anotó en la tapa de un libro el nombrecito ése. Luego vio influencias de Lautréamont, y en su vida había oído ese nombre de Isidore Lucien Ducasse, Conde de Lautréamont, ese genial uruguayo-francés, pero mal que bien anotó ese nombre. Y después los leyó primero en castellano y después en francés, lengua en la que fue escrito originalmente sus Cantos de Maldoror. El poemario EL ESTEROR… había sido escrito, luego de la quema de los dichosos primeros poemas, cuando terminaba secundaria.


SU MENTOR DURAND

La revista Áravec había sido diseñada por una gran artista, Jesús Ruiz Durand, que era su profesor de ¡Física! en secundaria, quien le avisó de la publicación de ese primer poema con su nombre de entonces: Ciro Mejía. Durand jugó un papel muy importante en su formación literaria, sin él saberlo nunca. Terminada secundaria fueron amigos. De tiempo en tiempo le visitaba en su taller, en el centro de Lima. Tenía una biblioteca excelente, cosa que nuestro autor nunca tuvo (ni excelente ni nada en casa). Ruiz Durand le iba prestando libros y él leyéndolos con voracidad y devolviéndolos religiosamente. Apenas terminó la primera parte del poemario EL ESTERTOR DE LA RATA, se lo dio a conocer. Y él fue su primer crítico, en torno a un café negro ya sea en El Versalles o en el café-bar Zela de la Plaza San Martín de Lima. Él pagaba los cafés tintos que nunca había tomado así y que le dejaban temblando como a un azogado. Ruiz, anotaba signos en los poemas diciendo: Cojonudo. Signo. Falta trabajar. Signo. Esto es mierda. Signo. Pero un 90% para él fue cojonudo. Un mañana, en su oscurecido taller, le puso un afiche de un Che que había terminado, a la luz normal plagado de rayas, cualquier cosa, pero iluminándolo con una lámpara giratoria de luz negra, ese Che Guevara vibraba como cuando tomas LSD y los colores vibran. Ese Che vibraba como una centella de mil colores. Feliciano pensó: cojonudo. Pero no le dijo nada. Pasados algunos años, escribió un libro que tituló América (el autor confiesa: “yo siempre he sido pésimo para elegir los títulos de mis libros”) y le pidió a Ruiz Durand –Rudo le decía- que le hiciera la carátula. Él vio que el título era malazo. Le pidió que lo cambiara y él lo bautizó TIRO DE GRACIA y le hizo una carátula hermosa y terrible, y lo firmó con seudónimo, porque en ese tiempo las papas quemaban demasiado (la dictadura de Velasco y toda esa vaina), y lo firmó como “Teófilo Breña”. Recién en la octava edición en papel y la novena en Ibuk, puso a Ruíz Durand como autor, sin pedirle permiso.


DON JUAN MEJÍA BACA, LA TIMIDEZ, LAS REINAS DE BELLEZA PUJANDO EN EL BAÑO Y EL ENCUENTRO CON HORA ZERO

Feliciano fue donde don Juan Mejía Baca con su primer poemario terminado. En esa época era tímido a rabiar, de tal manera que en sus seis o siete años de San Marcos no tuve amigo alguno por propia decisión. Don Juan Mejía Baca lo acogió con dulzura y respeto. Nuestro autor había ido a él al leer en el periódico que había devuelto la condecoración La Orden de Sol del Perú al Presidente Belaunde porque su ministro, Javier Alva Orlandini, “El Lechuzón”, había quemado libros. Se dijo: Este hombre vale. Y era verdad. Lo primero que le dijo fue: “Tocayo, no sea tan tímido. Usted no es más grande ni más pequeño que nadie en el mundo. Si se siente menos frente al Papa, a la Miss Universo o frente al Presidente de Estados Unidos, imagíneselos pujando en el baño”. Fue un consejo que lleva toda su vida. Y que a veces da a los poetas nuevos, tímidos y de calidad que encuentra. Luego, don Juan, para distraerle, le mostró manuscritos de Martín Adán, sacaba arte escultórico Chavín, como un hombrecito atosigado por una carga pesada, le echaba agua y al balancearlo, el objeto lanzaba un ayy, ayy espeluznante. También le mostró cornetas de barro cocido y las tocó para él. Y le llevó al café de la esquina a donde llevaba a todos los poetas y escritores que le visitaban y ahí le contó historias privadas de Pablo Neruda. Y le dijo, al despedirse: “Véngase dentro de 15 días, leeré su obra y hablamos”. Esos quince días fueron para él de sufrimiento, pasados los cuales se presentó, bien peinado. Don Juan empezó a elogiarle, y, callado Feliciano hizo un gesto desagradable. Y don Juan le dijo: “No, no, tocayo. Si sus poemas fueran malos, yo se lo digo”. Entonces, con la valentía ciega del tímido, él le dijo: “Entonces, publíquelos”. Don Juan pensó un segundo y le respondió: “Bueno. Pero, a usted no lo conoce nadie. Primero vamos a hacerlo conocer”. Y habló con José Miguel Oviedo que manejaba la sección cultural del Dominical de El Comercio (con el tiempo supo que a Oviedo no le importaba conocer o no a los autores, solo que tuvieran calidad, para publicarles. Ya en Hora Zero, ante la acusación de que El Comercio solo publicaba -o sea Oviedo- a las argollas, Feliciano dijo que no. Y envió unos poemas amorosos, con un nombre inventado de un profesor de Yantaló, un perdido poblado de la selva; a la semana aparecieron a toda página en el suplemento; lo que le demostró al colega de Hora Zero que no se trataba de argolla. Oviedo, evidentemente, nunca se enteró de la jugada). A la semana aparecieron tres o cuatro poemas en prosa de la sección Las Nanas de Marco Polo de EL ESTETOR DE LA RATA, en una página entera del periódico ya con su nombre de Feliciano Mejía. Eso le dio una mezcla de escalofrío de alegría y terror. Alegría por ver su nombre en grande y terror al ver que en la Barriada o Pueblo Joven de rústicos ladrillos y esteras, sus amigos y familiares, sintiéndose orgullosos y alegres, no entendían nada. Don Juan le envió a La Prensa y tuvo su primera entrevista periodística que le la hizo el joven de entonces Luis Enrique Tord. Nota que sacó con el nombre de, lo recuerda Feliciano: “Un rebelde Raro”. Fue a quejarse donde don Juan, a decirle que le habían hecho decir cosas que no dijo, tergiversadas. Don Juan le calmó diciéndole que así era la cosa y que debía empezar a acostumbrarse. Y agregó: “Hay una revista donde nunca reciben colaboraciones; las piden. Veremos, tocayo”. A los días, le dijo: “Tocayo, pidieron sus poemas. Saldrá en el número 13 de Amaru. Lo edita la UNI –Universidad Nacional de Ingeniería- dirigida por un poeta. Ya puede ir a cobrar su cheque”. Y ese número salió. Y en casa y amistades nadie los comprendió. Quedó anonadado. Pero luego vio en la vitrina de don Juan Mejía un avisito modesto, de recitales de poesía, en la Biblioteca Nacional, cerca de su librería. Y fue. Eran recitales de Hora Zero. En la entrada del auditorio había jóvenes. Preguntó si la entrada era pagada. Le dijeron: “no”. Pregunto por los organizadores, le dijeron: “nosotros”. Eran Juan Ramírez Ruiz y dos poetas más de ese Movimiento. Y ellos retrucaron: “¿Y tú quién eres?”. Les dijo: “Feliciano Mejía”. Le miraron con alegría. Ya sabían de él por los periódicos y la revista Amaru. No sabían de dónde salía. Y Feliciano no conocía a ningún poeta del Perú, salvo los mentados profesores, que no podía decir que “conociera”. Le abrazaron. Le dijeron si había traído poemas. Sí, les dijo y les mostró otro libro que estaba escribiendo. Lo vieron. Le dijeron: “lee ahora” y le lanzaron a escena sin saber leer en público. Le cooptaron de inmediato y él no lo sabía. A la semana siguiente, al volver, vio folletos de poesía mimeografiada que habían sacado y ahí aparecían dos poemas suyos, que le habían “robado” la semana anterior. Se rio y alegró. Ahí le hacían integrante de Hora Zero, sin consultarle, cosa que tomó con naturalidad. Posteriormente leyó su manifiesto antisistema y le gustó. Por ello nunca fue a cobrar el cheque de Amaru 13 de la UNI y le dijo a don Juan: “Por favor, ya no publique mi poemario”. Don Juan respetó su pedido sin preguntarle la razón. Antes de darle su decisión a don Juan Mejía, se lo contó a Juan Ramírez Ruíz. Riendo socarronamente le dijo: “No seas cojudo, Feliciano. Eso es por todo lo alto”. Podría haber sido, pero no le hizo caso. Dentro de él supo que ese libro era no comunicante para su gente, no valía la pena darse a luz, aún si dentro de un tiempo le valieran, por los poemas publicados, las primeras traducciones al francés por el poeta belga Marcel Hennart, a quien no conocía de nada, pero que conoció en Bruselas una veintena de años después. Ojo, ese libro tiene el prólogo de Antonio Cornejo Polar, su profesor de literatura, alguien que Feliciano respetaba y respeta mucho. Hace tiempo que falleció. El libro está aún inédito. Y para evitar tentaciones de darlo a luz, se encuentra resguardado en Francia. Ojalá no se pierda. Y si eso ocurriera, parecería darle la razón a algunos poetas amigos que bromean sobre Feliciano diciendo que ese libro no existe. Esa vaina se la refriega constantemente el poeta Juan Carlos Lázaro. Y Feliciano ríe. Otro poeta y ensayista, le dijo: Eso de decir que guardas el libro en Francia para evitar tentaciones de publicarlo, es cursi. Y puede tener razón. Pero es verdad.


HORA ZERO Y YUYCACHKANI

Las consecuencias de su paso por Hora Zero fueron ricas en aprendizaje bibliográfico y en las llamadas “orgías de trabajo” donde nadie bebía alcohol. Todo era a punta de tés o tizanas. Luego aprenderían a hacerle honor al HIERRO CURALICIO de César Vallejo.

Pero tuvo otra importancia. Ya en la universidad y siendo enamorado, circunstancial, por poco tiempo y casto, de la única hermana de Pimentel, se largó a viajar por la selva. Pimentel le decía que se presente a los Juegos Florales de San Marcos de 1970. Y Feliciano, nones. Pimentel: “Cholo, tú te lo ganas”. Y Feliciano: “Somos antisistema. No”. Y se fue de viaje. Pero Pimentel se coludió con Herman, el mayor de los hermanos de Feliciano, y lo presentaron sin su permiso. Y ganó un premio, el único en su vida, pues nunca se presenta a concursos.

En febrero de 2014, en Zamora-Chinchipe del Ecuador, en la Casa de Cultura, al entrevistarle para su revista y su videoteca, le preguntaron por premios y él les contó la anécdota e insistieron en preguntarle de por qué no presentarse a concursos. Y Feliciano les respondió: “A nadie le doy autoridad de juzgar mi obra: Salvo yo mismo y mi pueblo”. Suena altanero y eso de mi pueblo algo vago. Pero es muy claro para él. Y es fiel a esa decisión.

Los libros que ha publicado son solo los que consideró necesarios para servir a su pueblo. Los otros, de muy variado registro, quedarán inéditos para siempre, creo, o, mejor dicho, no los publicará mientras esté con vida.

Ellos le han dado un aura de poeta de poemas políticos. Aunque Feliciano afirma que no existió en el mundo ningún poema que no sea político y que ningún poeta, cual sea su tema, jamás deja de optar políticamente, sea cual fuera las palabras que use en sus poemas: Todo uso de palabras en la poemática es opción ideológica, es decir, posición de clase, acción política, sostiene.

Todos los libros que ha publicado por el enfoque de su poética, le ha condensado, gratuitamente, gigantes odios mortíferos de gente que él no conoce (le llegan sus ecos, felizmente de una ínfima minoría) y grandes amores portentosos (de una inmensa mayoría) que le han dulcificado la vida y le han permitido recorrer su país y el mundo. Nunca tuve dinero para viajar tanto. Y si hubiera tenido un poco, o ahorrado, nunca hubiera sido tan sonso, dice, para ir a trabajar gratuitamente a otros lares y encima pagándome los pasajes. Por ello, si hice giras por el mundo, sostiene, siempre fue invitado y con gastos pagados. Si no hubiera sido así, mejor hubiera sido y es quedarse en casa, en mi sierra, en mi Comunidad andina, al calor y abrigo de los míos, finaliza.

Su paso por el Movimiento Hora Zero, siendo enriquecedor a nivel de bibliografía literaria, no le sirvió para nada en su comprensión marxista, es decir, principalmente maoísta. El sentimiento anarquista pequeño burgués plagado de egolatría, y tardíamente, un troskismo de un entreguismo cínico, llevó al Movimiento a desaparecer, allá por 1972.

Un integrante, casi al finalizar Hora Zero, alcohólico, plagado de odio, serrano del centro del Perú que choleaba con brutalidad a todos, filo troskista confundido, precipitó el desbande. Su oportunismo fue y es galopante. Una vez, estando bebiendo algunas cervezas en el Queirolo de Lima, coincidieron los Hora Zero con el abogado, escritor y luchador social troskista, respetable, Genaro Ledesma Izquieta, quien, en los vapores y euforia del lúpulo, los invita a hacer un recital en su estudio y local del FOCEP, del centro de Lima. Aceptaron. Llegó el día. Pero antes del recital, en la programación, Feliciano se entera con indignación que, luego del discurso de Ledesma se firmaría un documento de antemano preparado a mansalva, donde Hora Zero desde ese momento se llamaría Hora Zero FOCEP. Era el tardío horazeriano que hacía su estupidez. En plena ceremonia Feliciano dijo que firmarían ese documento todos los de Hora Zero y no sólo el horazeriano filo trsokista y Ledesma, sino que todos lo harían, y así se hizo, para constancia que Hora Zero no se inscribía a mansalva, para nada, en el FOCEP. E hicieron el recital. Ese mismo tardío horazeriano, dado el golpe de Velasco Alvarado, sin sangre en la cara se pondría a trabajar para SINAMOS, órgano de política populista y de organización popular manipuladora de la dictadura. Estaba en su derecho oportunista. Hora Zero ya no existía. Pero años después, ese mismo tardío horazeriano, proveniente de un grupo llamado Estación Reunida, golpearía brutalmente a Juan Ramírez Ruiz, fundador de Hora Zero, y a patadas en el suelo, por éste haberle increpado en un evento en el bar culturoso Yacana del centro de Lima, que él no tenía derecho a hablar a nombre de Hora Zero, que Hora Zero había muerto el 72. Y ese mismo horazeriano oportunista, trabajaría moviéndole los dineros de imagen cultural a un congresista de derecha, luego haría una expo-foto permanente de Hora Zero en la cantina-bar del Queirolo, y proseguiría sus andadas entregando franquicias de Hora Zero a jóvenes poetas que apreciaban las obras de horazerianos y eran burlados nombrándolos Hora Zero 80, Hora Zero 90 y etc. Feliciano estuvo presente en un recital de poesía de un joven valor de poesía en los sótanos del bar Zela. Fue saludado por el organizador, “en tanto Hora Zero original, por estar presente en su recital, pues ellos, Hora Zero 1995…” y etc. Feliciano no dijo nada, pero supo de dónde procedía la manipulación.

Lástima para tan buenos poetas, tres o cuatro del círculo original, de entregarse como rameras, por un puesto, a los diferentes gobernantes. Sobre todo, en servicio de Alberto Fujimori Fujimori, hoy en prisión.


LA HERMOSA MAESTRA MARXISTA

Pero los primeros 30 años de su vida, Feliciano nunca pude leer, porque no entendía, ni podía asimilar ni menos practicar el marxismo. Fue solo cuando, a raíz de irse a trabajar a Ayacucho (el famoso SAO: Servicio Ayacuchano Obligatorio) en el Instituto Nacional de Cultura, allá por 1974, a instancias del pintor y humorista Juan Acevedo Fernández de Paredes, cuando pudo balbucear sus primeras lecturas marxistas, gracias a la paciencia y tesón de una hermosa Mujer, Meli. Ya después en Lima, hacia 1978, con sus cursos unipersonales fue que aprendió a comprender un poco y a leer textos marxistas. Antes no. Ni a José Carlos Mariátegui se podía asomar en ese entonces. Gracias a esa mujer nueva, su cerebro como que se resquebrajó para bien y le permitió asimilar en algo las lecturas marxistas, que, como lo testimonió su paisano José María Arguedas, también en Feliciano nunca mataron, al contrario, proyectaron dentro de sí lo nacional y mítico de los Andes que le vieron nacer.


OTRA COSA FUE YUYACHKANI

Trabajar con el Grupo Cultural Yuyachkani, básicamente teatristas o teatreros como les gustaba llamarse, fue muy diferente y enriquecedor. La ligazón con ese grupo lo debe agradecer al poeta mágico de entonces Omar Aramayo Cordero. Traía un nuevo libro de Ayacucho. Años antes, antes de irse a trabajar a Huamanga, el Omar, en una tertulia de manzanilla, le decía: “Cholo, ahora que te vas para Ayacucho, hay que sembrar paz; porque cuando esos cholos bajen con sus motonetas de los Andes, van a dejar todo plano.” Feliciano, entre carcajadas le retrucaba: “No, pe, cholo, mejor me voy a poner una fábrica de llantas de motos, ¿no?” Omar estaba haciendo música, también. Junto con César Toro Moltalvo eran los poetas mágicos del Perú. Feliciano le dijo, en una noche de pisco y marihuana: “Omarcha, mira estos poemas. Si te gustan mételes música”. Días después, Omar Aramayo le dice: “Nooo, Chooolo. Esta no es mi oooonda. Pero te presentaré unos patas bacanes”. Y eran los Yuyachs. Yuyachkani estaba integrado por cuadros culturales rigurosos y apasionados. Muy ligados a las luchas populares del campo y la ciudad, moldeando su trabajo para el servicio de nuestro pueblo y la revolución. Claro que, cuando la revolución empezó en 1980, quitaron cuerpo y se alinearon con la tesis peregrina ONGista de “el pueblo entre dos fuegos”. Su contacto y asimilación le ayudó a aprender a dar poemas en huelgas obreras y campesinas, en acciones al calor de las luchas de su pueblo. Fueron cinco años fructíferos para Feliciano, a nivel de realización artística en su poemática, aun negándose a “ser integrante del grupo” por no aceptar, en ese entonces, el “realismo socialista” que ellos propugnaban como una de sus bases y líneas de acción. Feliciano recalca que antes de conocerles, estaba a punto de dejar de escribir poemas, precisamente por la frustración de no poder llegar a la gente llana, con organicidad. Encontrarse con ellos cambió esa frustración en acción constante.


LAS MUCHAS Y MENTIROSAS MILITANCIAS

En el seno de Yuyachkani había algún integrante del Partido Vanguardia Revolucionaria Político Militar, pero Feliciano no sabía que ese partido se estaba dividiendo y desmoronando. Para Feliciano ello fue importante, pues le propusieron militar y aceptó, formando una célula que se llamó “Rosa Alarco Larrabure”. Fue una militancia real. La importancia de esa militancia no fue grande en tiempo, pero fue determinante: Le afirmó en el aprendizaje del maoísmo, que comprendió, algunos años después, era la tercera etapa del desarrollo del marxismo. Primero el marxismo de Carlos Marx y el camarada Engels. Segunda, la de leninismo de Vladimir Illich Ulianov, el Camarada Lenin. Y la tercera, con los cinco tomos de las obras del Presidente Mao Tse Tung. Aprendió entonces que la teoría sin práctica no sirve de nada. Que el criterio de verdad es la práctica. Y que su práctica fue, es y será la cuestión cultural; que el poema es poderoso en la lucha. Aquellos poetas que dicen que el poema debe ser “puro”, que “no debe servir”, que “no sirve”, tienen razón, solo si agregan "Mi Poema". - “Los míos, sin falsas modestias sé que sirven”, afirma Feliciano. Y que un poema o un libro pueden ser herramientas para ayudar, con mínimos granos de arena, a las luchas populares: A La Revolución. Véase sino el poema Canto Coral a Túpac Amaru Que Es la Libertad de Alejandro Romualdo. ¿Cuántos hombres de izquierda y militantes en lucha logró despertar y aglutinar, y dar conciencia?

Pasando el tiempo, Feliciano vería con pena que uno de los más encarnizados militantes de Vanguardia Revolucionaria, que los impulsaba y ayudaba, inteligente y sensible, creador de bibliotecas populares, quien dirigía su célula y con el cuál aprendió mucho, O. C. (no vale la pena decir su nombre), capitulaba en toda la línea; y lo vería por TV “asesorando”, en realidad, ganando su sueldo, tras un alcalde derechista de Lima. Y verlo hoy, por los periódicos, que en la actualidad litiga como un abanderado, por el club Alianza Lima, para ganarse espacio y sueldo, le da pena. Pues en el campo popular nunca se le ha vuelto a ver jamás. La traición le da asco a Feliciano. En unos versos de JOOORRR, su poema extenso ampliamente conocido, dice: “Al traidor, / mátenlo lentamente. / El traidor / no merece morir / rápido.” Pero para Feliciano, el que deja la lucha y lo dice, y renuncia, en privado o en público, no es un traidor, así se pase al campo enemigo. Por ejemplo, no al ex ministro del interior, Fernando Rospigliosi, con el que trabajaran juntos en Vanguardia Revolucionaria y en el semanario Amauta (su sobrenombre normal fue y es, sintomáticamente, Gusano, y el director de ese semanario, que luego llegó a ser vicepresidente del Banco Central de Reserva del Perú, también, sintomáticamente, y con naturalidad se apodaba y hasta hoy se apoda Piojo; así les llamaban en el dialogar cotidiano, normal nomás). En el semanario de Vanguardia, en la época de la UDP -Unidad Democrática Popular-, trabajó con Rospigliosi (Feliciano sudaba para sostenerse en las páginas obrero-campesinas) quien, mucho tiempo después, públicamente abdicó de su marxismo y de militancia en la izquierda, públicamente y por escrito. En la revista de derecha Caretas quedó impresa su triste renuncia y que desde ese momento se consideraba de derecha. A Rospigliosi no le puede considerar traidor, dice Feliciano. Renunció y optó por otro camino. Actitud respetable. Pero ello no le quita a Feliciano la repugnancia que le tiene cada vez que ve una foto suya en un periódico, o no le produzca náuseas cuando ve en la TV su risita como ¡ministro del Interior! persiguiendo implacable a todo cuanto huela a izquierda.

Luego vino la militancia cortísima en el Partido Unificado Mariateguista. Mas, al darse cuenta que nunca buscaban la revolución, sino ser ONG bien financiada; dejó para siempre a esas militancias de pacotilla.

Después, colaboró muy poco con el semanario AMAUTA, con esporádica influencia del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru que hizo lucha armada; y ¡vaya el sambenito de MRTA! ¡Feliciano Emerretista!, pero antes, en el periódico de la Confederación Campesina del Perú o CCP hegemonizada en su tiempo por Vanguardia. Y dale, Feliciano Vanguardista de una Vanguardia que ya no existía.

Como sus poemas los dirigía a todos era sindicado de todo. Por ejemplo, si era aniversario de la muerte de Luis de la Puente Uceda, y difundía un poema en su honor, era tildado de pertenecer al Movimiento de Izquierda Revolucionaria - MIR. Presentarse en un homenaje a Hugo Blanco, ex guerrillero troskista y publicar poemas en la campaña de salvarle la vida, le hacían ser tildado de troskista. En aniversarios de China, con los Yuyachs hacían programas culturales y Feliciano, conociendo poco el maoísmo, hacia un poema al Presidente Mao, para difundirlo en volantes de poesía llamado “Hojas de Tiempo”. Bueno, suficiente para llamarme “chinófilo”. Hacer un poema por los asesinados en Huacataz, que no sabía que fueran del PCP-Patria Roja, y recitarlo en un tabladillo en una larga huelga magisterial, le merecía ser tildado de ser militante de esa ONG que es Patria Roja, y ello no quita que en cualquier provincia, cuando se topa con Breña Pantoja o Zetty Gavelán, dirigentes de Patria Roja –pues con Gavelán estudiaron en el mismo colegio de hijos de subalternos de la Guardia Civil- en alguno de sus aniversarios, Feliciano les dé un poema en público, no por Patria Roja, sino por su público, su pueblo; igual, antes, al presentarse en homenajes en la Confederación General de Trabajadores controlada por el Partido Comunista Peruano, era marcado gratuitamente como cuadro de ese partido “vende huelga y revisionista” acota Feliciano. Que cuando un obrero, Castro, despedido, le propone en su editorial de supervivencia, la segunda edición de su libro Círculo de Fuego y acepta, es tildado de pertenecer al Partido Comunista Peruano Mayoría, escisión del anterior, al que pertenecía dicho obrero-editor; entonces ahí le quedó el estigma de ser militante del PCP-Mayoría. Y bueno, por último: la acusación sibilina de Simón Strong al meterle, sin querer queriendo en el Partido Comunista del Perú -PCdelP, ya no le causa escozor. Lo toma a abroma, aunque ello, en momentos, la mera sospecha podría significar en Perú ser desaparecido o ayer y hoy, ser metido en prisión, entre 10 y 25 años a la sombra, a gusto de los inquisidores, servidores fieles de esta realidad peruana.


LA UDP

Pero todo eso nunca le importó o condicionó.

Siempre con Yuyachkani, trabajó fuerte con su poesía en el movimiento político de masas y de Frente Político legal llamada Unidad Democrático Popular, UDP, con el autodenominado “chinófilo” y líder de la UDP Alfonso Barrantes Lingán, quien, dicho sea de paso, prologó su primer libro de poemas ya profusamente volanteados por varios años. Prólogo gestionado gracias a la agrupación ahora institucionalizada Yuyahckani. Ganar con Barrantes la cabeza de la Municipalidad de Lima fue una euforia. Pero ver a Barrantes irse a Yugoslavia, previa visita a la embajada norteamericana, un día antes del inicio de una gigante huelga popular en todo el Perú, le causó desconcierto furioso e indignación. Se luchaba para “acumular fuerzas”. ¿Para qué? Para hacer la Revolución. Eso era para todos la UDP. Y Barrantes Lingán fue llevado por partidos y masas a tentar la presidencia de la República. Y quedó, con Alan García, para pelear la presidencia en una segunda vuelta. Pero Barrantes no quiso tentar esa etapa ni, sintiéndose perdedor, “acumular fuerzas” para hacer la Revolución. Simplemente, sin ningún respeto por todos los que trabajaran en la UDP, sin consulta alguna con partidos aliados, renunció a la segunda vuelta, dándole en bandeja la presidencia al partido filo fascista de la APRA y su líder Alan García Pérez. Ese primer gobierno de Alan fue negro de surrealista y de un seco real maravilloso en corrupción y entrega. Y ello lo facilitó Barrantes que no era tan “chinófilo” como pregonaba sino más bien un tremendo ego filoaprista.

Teóricamente, antes, ya comprendía que una Revolución para ser tal no se hace con poemas ni huelgas ni Frentes por muy amplios que fueran.

La Guardia Civil del Perú le dio la más clara, práctica y hermosa lección de cómo se tiene y consigue PODER. Que en esencia es el quid de toda Revolución.

Y testimonia Feliciano que en una de las grandes huelgas nacionales para echar del Palacio de Gobierno al alcohólico y cocainómano militar Francisco Morales Bermúdez, quien a su vez dio golpe de estado a Velasco Alvarado; unos veinte mil manifestantes bajaban desde los valles y cerros del sur donde habitaban, entre ellos Feliciano; bajaban de Villa El Salvador recién creado, de Lurín, de Mariano Melgar, de los cerros de Pamplona, de Villa María del Triunfo, de Nueva Esperanza, de Atocongo, de Ciudad de Dios, y otros, llenando las estrecha pista de piedras y pedrones, y sobre todo de gente pobre e indignada. Se dirigían rumbo a San Roque y Surquillo, bajo la vigilancia torva de helicópteros, que de tanto en tanto les tiraban bombas lacrimógenas. Pero, en el puente Atocongo, junto a “La Bolichera”, una lancha pesquera (que aún hoy puede verse varada entre el pasto), en el límite actual a San Juan de Miraflores y el distrito de Surco, una veintena de Guardias Civiles les pararon en seco. Dispararon sus ametralladoras sobre sus cabezas. Y los dispersaron como hormigas. Los detuvieron. Y eso era PODER. Lo comprendió Feliciano fuera de los libros. Corriendo entre los maizales y algodonales circundantes, igual pasaron y se reagruparon. Pero esa lección fue contundente en su vida.

Después vendría la experiencia unitaria de todas las fuerzas de izquierda del país en la Alianza Revolucionaria de Izquierda, ARI, encabezada por el troskista, ya de pelo largo y entrecano, Hugo Blanco. Pero, ahí, deseando participar nunca pudo hacerlo.


EN NICARAGUA LIBRE Y ARI

Ella, la unidad del ARI, la Alianza Revolucionaria de Izquierda, le agarró en Panamá junto con los integrantes de Yuyachkani, que venían en viaje desde los Estados Unidos, por tierra, invitados por el Frente Sandinista de Liberación Nacional que había conquistado el poder en Nicaragua en una guerra popular ejemplar. Vio, con Yuyachkani, lo que es un pueblo libre y el PODER en manos del pueblo después de una Revolución. Antes habían pasado, sin poder trabajar, por los paros armados y lucha encarnizada del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional o FMLN, en guerra encarnizada para liberar a su pueblo en El Salvador. Dentro de una de las agrupaciones que conformaban el FMLN militaba, en olor a cordita, Roque Dalton, quien fue fusilado por sus compañeros, por cuestiones internas. Posteriormente el FMLN traicionaría la sangre derramada y se plegaría a la danza electoral burguesa. Y ya mucho después, la agrupación que acogió a Roque Dalton hizo pública su vergonzosa declaración: Que con Roque se “habían equivocado”. Hoy en día, los familiares de Roque, pugnan por llevar a los tribunales a los ancianos tipos que ordenaron su ejecución.

Antes, aún, rumbo a Nicaragua Libre, vieron la lucha del Ejército de los Pobres en Guatemala. Vieron y dieron los Yuyachkani su arte a dirigentes campesinos, unos 30, de la Alta Verapaz, del Uspantán y del Nebaj, clandestinos en la Universidad San Carlos de Guatemala. A ellos los mataron, a todos, cuando entraron y tomaron la Embajada de España. Los mataron con Embajador español y todo. Entre ellos estaba el padre de la hoy Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú. Por todo ello, Nicaragua fue un oasis. Yuyachkani llevaba como única obra teatral ALLPA RAYKU o POR LA TIERRA, un pequeño repertorio de canciones y los recitales de poesía de Feliciano (de Tiro de Gracia, que antes, Ana Correa, integrante Yuyach, cristiana metodista, había llevado a USA, como recital personal, junto con un monólogo de Allpa Rayku). Llegaron a Managua y se dieron de bruces con que la revolución, es decir, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, que era nuevo gobierno, venía de expulsar del territorio a la Brigada internacional “Simón Bolívar” venezolana, la cual había luchado en la guerra y que, por su conformación ideológica –correcta, a nuestro ver- propugnaba las tomas de tierra. La dirección de la Revolución estaba contra ellas. La iglesia cristiana ahí, como en todo lugar de estos lares es terrateniente, había ayudado al logro del poder. Por eso estaba de Ministro de Cultura Ernesto Cardenal, el sacerdote revolucionario y poeta notable. No se le podía expropiar las tierras a la iglesia. Craso error de esta Revolución. Igual, significativa parte de terratenientes que se plegaron a los esfuerzos de guerra, no podían ser tocados. Comprensible. Pero error. Toda la tierra expropiable ya se había expropiado. Y ahora llegaba un grupo de teatreros y poetas del Perú con una única obra que hablaba exclusivamente sobre tomas de tierras como base para organizar al campesinado en función del poder. Basado en los gigantescos movimientos insurreccionales no armados de toma de tierras, especialmente en la sierra sur del Perú, y específicamente en Apurímac, lugar de nacimiento de Feliciano. ¿Qué hacer? Antes de presentar la obra para su evaluación en el Ministerio de Cultura, ante Ernesto Cardenal y su plana de nacionales e internacionalistas de su equipo, los Yuyachs se metieron en discusiones internas. Unos opinaban modificar la obra. Quitarle lo de tomas de tierra. Era castrarla y dejar hojarasca. Otros solo dar canciones y poemas. Frustrante. Otros opinaban que se diera entera la obra. Y Feliciano, maximalista siempre, declaraba que, si no les dejaban dar la obra, esa censura no lo aceptaba y dejaba de inmediato Nicaragua. Temerario, pero lo haría. Finalmente se dio la obra para gente exclusiva, Cardenal al frente, para su evaluación. Feliciano de público, pues nunca quiso actuar. Luego entraron a las discusiones de evaluación. Feliciano no entró a defender la obra. Se había acordado que un grupo se quedaría con el público, hablando. Luego les informaron que se hizo un barrullo, especialmente por los internacionalistas, queriendo partir la obra, o impedir se diera. Mientras, cosa de una hora, los nicas guardaban silencio. Teresa Rally Mejía y Miguel Rubio se batieron a toda vela defendiendo Allpa Rayku que se había dado completita para ese público restringido. Al final los Nicas tomaron la palabra y dijeron más o menos: “Los compañeros peruanos vinieron desde lejos, invitados por nosotros. Apoyaron de largo nuestra lucha, con Esteban Pavletich a la cabeza, el secretario del mítico Sandino, traen una única obra teatral, que es verdad, contradice nuestra la política sobre el campo; pero en el primer territorio libre de Centro América no se les puede ni censurar ni impedir que den su obra. Ellos ni en su país –estarían informados de la caída presos de parte de los integrantes, no por la bandera peruana o del Tawantinsuyo con que se coreografiaba ciertas secuencias, sino pos las banderas rojas- no pueden trabajar tranquilos. Acá, en territorio libre, no se les puede censurar. Que den su obra completa por toda Nicaragua donde podamos llevarles, pero que indiquen antes que esta obra refleja al Perú y sus luchas y no a Nicaragua”. Sabios, esos Nicas. Cuando lo supo Feliciano saltó de alegría. En grupo pleno prepararon un prolegómeno de seis a ocho minutos y nombraron a Feliciano, que no actuaba, a presentar la obra. Y así lo hicieron por los rincones a donde se planificó se les llevara. Y les llevaron en bus nuevo, con dos guías políticos con arma en cartuchera en la axila, y ayudados, donde llegaban, por soldados de la revolución, barbados y pelilargos, con collares y anillos, desgalichados y reilones, todos con su metralleta bajo el brazo: verlos comer unas especies de empanadas compartiendo y riendo con los niños, fue toda una experiencia de vida y futuro para el poeta.

Pero ya en Panamá había la posibilidad, la buscaron, de ir a Cuba. Presentaron al concurso Casa de la Américas ALLPA RAYKU o POR LA TIERRA, trabajando duro para poner todo sobre el papel, que se tenía aprendida y puliendo, según se iba creando y modificando en el camino: obra teatral de creación colectiva. Y tuvo en Cuba una mención honrosa o algo así. Había la idea de ir a Cuba. Además de la importancia de ver el desarrollo de una revolución triunfante hasta hoy, para ahorrarse todo el pasaje de algo de 12 personas de Yuyachkani, dinero que habían ganado y guardado dólar por dólar; y volar de Cuba a Perú. Eso nunca se realizó. Pues en esos momentos el Grupo se enteró de la fundación de ARI, ALIANA REVOLUIONARIA DE IZQUIEDA, la unión de toda la izquierda peruana y decidieron gastar todos los ahorros en avión. Y partieron a Lima. Al llegar al aeropuerto Jorge Chávez de Lima, ansiosos de noticias y de participar, supieron que ARI había volado en pedazos. La dirección de ese frente no servía.

Posteriormente vino la danza de las elecciones a la Constituyente que luego encabezó Víctor Raúl Haya de la Torre -1978- cabeza de la APRA, preparando la salida del poder del dictador Morales Bermúdez, la salida de los militares, en realidad echados por el movimiento insurreccional de las masas. Pero todo DENTRO DEL SISTEMA. Eso no debía ser tocado. Y Feliciano no se daba cuenta. Constituyente que luego daría paso a elecciones burguesas que son burla del hombre humilde del Perú, por ser puja de dinero y maña, y ser obligatorias. La putrefacción de la esencia de la democracia: la libertad de votar o no votar. Por cuya razón, desde esas elecciones Feliciano nunca ha votado en Perú. Elecciones que ganó Fernando Belaunde Terry, quien, con algunos decretos veloces desmontó en días todo lo progresista que tuvo la dictadura de Juan Velasco Alvarado. Pero ya se sentían pasos. El golpe de Estado de Juan Velasco Alvarado, contra el propio Belaunde en su primer gobierno, y sus reformas desinflaron gran parte del vapor de ira de nuestro pueblo; y la lucha armada en Perú, su inicio, se atrasó.


UN DESTACAMENTO CULTURAL DEL PARTIDO COMUNISTA DEL PERÚ

Pero ya se sentían pasos.

Feliciano tuvo una alegría extraña, en la avenida Abancay de Lima, al ver a un destacamento cultural del Partido Comunista del Perú en acción de propaganda en un bus en el que viajaba.

Ya se sentían pasos.

En ese grupo que propagandizaba la lucha armada con poemas, en folletos, reconoció al poeta JOVALDO, a quien conocía de la Coordinadora 19 de Julio, en la que participaran años antes para activar contra la dictadura de salida; Coordinadora importante a nivel cultural, pero hegemonizada por los grupos ONGistas, que hoy llaman CAVIARES. Esa izquierda que pulula sobre las aspiraciones de cambio de nuestro pueblo pero que nunca hizo ni hace ni hará nada por la Revolución. El fin de los CAVIARES es copar ministerios y embajadas, cosa que en parte han logrado cuando se escriben estas líneas. Toda esa “izquierda legal” nunca dejará una mesa con vino y carnes, para llevar siquiera una bolsa con alimentos a algún lado, jugándose con ello su tiempo libre y menos si ello implica su seguridad personal, su familia, la vida. Seguirá alimentándose como chinches en los cuerpos del pobre del Perú con los dineros de las grandes financieras de buena voluntad del exterior.

Ya se sentían pasos, pero Feliciano, desconfiado como andino, no les daba crédito. La desconfianza genética, claro, después de siglos y décadas de traiciones.

En esa coordinadora JOVALDO se batía con enconado empeño. Y ahora le veía propagandizando la lucha armada en un grupo bien organizado. Feliciano atinó a comprarles un folleto mimeografiado de poemas. Y vio ahí poemas del Presidente Mao, del Tío Ho Chi Min, de Nazim Hikmet y oh, sorpresa, un poema suyo de su libro TIRO DE GRACIA.

Se sentían pasos de la lucha armada de los pobres del Perú y no confiaba. Era el inicio de 1980 y Feliciano partió por tierra hacia Centro América buscando a Inkarrí. Regresó a Perú y viendo los síntomas, no tenía confianza. Salió a Europa.

El inicio, en mayo de 1980, de la guerra popular dirigida por el PARTIDO COMUNISTA DEL PERÚ le sorprendió en Amsterdam. (El hecho de no decir SENDERO LUMINOSO, O DELINCUENTES TERRORISTAS o TERRORISTAS A SECAS O NARCO-TERRORISTAS como digitan los yankis; le ha ganado larga pertenencia al PCdelP; pero, vuelvo a repetir, ya tiene la piel curtida con esas cosas).

Y regresó presuroso a Perú.


EL SERPAJ-PERÚ Y EL PREMIO NOVEL DE LA PAZ ADOLFO PÉREZ ESQUIVEL

Y Feliciano se puso a trabajar con una pequeña comunidad cristiana, siendo ateo, en defensa de los Derechos Humanos y de los desaparecidos. Lo dirigía un curita campesino, Neftalí Liceta Ladera, quien, por campesino y radical, de una radicalidad prístina y dulce en su proyección comprometida con la Teología dela Liberación, y su cara andina, tuvo que irse a Chile para ordenarse sacerdote pues en Perú nunca le ordenarían. Nunca lo vio con ropa de cura. Y respetaba su posición atea. Más. Supo de él en Ámsterdam, por cartas angustiosas que enviaba, pues temía por su vida. Su antecesor, en las zonas que trabajaba, había sido asesinado a golpes y tortura. Su congregación, los Jesuitas, había sacado un libro con fotos del sacerdote asesinado a golpes. Sindicaban a la Marina de Guerra del Perú. Y Neftalí sentía las amenazas, especialmente en todo el valle de Huaral -64 comunidades campesinas desde la costa hasta las nieves huanuqueñas- donde quedaba su Comunidad de Atavillos Altos. Zona en donde moriría trágicamente, años después, en un accidente. En Ámsterdam Feliciano escribió un largo poema en prosa, sobre el drama de Liceta y su antecesor, sacaron un afiche grande con traducción al holandés y en campaña de clarificación sobre lo que pasaba en Perú, reunieron algo de dinero; y cuando vino a Perú, trajo medicinas para el SERPAJ de Neftalí Liceta. Este Zorro le dijo que trabajara con el Servicio de Paz y Justicia que él manejaba. Feliciano dije que dos días a la semana y cien dólares al mes. El Zorro Neftalí dijo sí. Y le puso a trabajar, disponible 24 horas, 7 días a la semana. Que Feliciano, encargado del Departamento Histórico Cultural del SERPAJ – PERÚ, debes ir a Chachapoyas a coordinar un encuentro de dirigentes campesinos. Y allá iba a ayudar a organizar la cosa. Que hay que llevar a gente del extranjero, cooperantes, al centro del Perú, a tal y tal Comunidad. Y ahí iba. Mientras la guerra en los Andes se agrandaba. Que debes ir a Puno, a coordinar con los dirigentes, reuniones para levantar la Federación Lupaqa. E iba. ¡Trabajar dos días a la semana!; Y a Feliciano no le importaba. Era una alegría y un apostolado: Servir a su pueblo. No con poemas. No solo con poemas. Hasta el día en que Belaunde Terry, el Presidente del Perú, un cínico, que pasaba por estar en las nubes, mientras todos robaban, menos él, dicen, cometió una felonía. Velasco Alvarado le dio golpe porque este señor, al tratar con transnacionales petroleras, especialmente la International Petrolium Company del norte del Perú, compañía que pagaba impuestos por 10 hectáreas de terrenos y tenía bajo su explotación casi toda la Provincia de Talara, zona a la que no podía entrar ni la policía ni dios, sin su autorización; bueno, Belaunde al tratar con ella, frente a décadas de reclamos de la expoliación de la IPC, tuvo que agregar una hoja más de reivindicaciones, la PÁGINA ONCE, que a la hora de los loros a este Presidente “se le perdió”. Esto colmó la paciencia y Velasco le dio el golpe de Estado, instaurando una dictadura progresista. Hasta el día, digo, que Belaunde declara, ya Presidente de nuevo, después de La Constituyente, y en plena guerra popular, que el informe de Amnistía Internacional sobre desaparecidos en Perú, producto de la guerra interna entre el Partido Comunista del Perú (que Belaunde no sabía cómo llamar: les decía delincuentes, abigeos, etc.) y el Estado peruano, lo tiraba al tacho de basura. Así. En titulares de primera plana en los periódicos. El informe de Amnistía Internacional con informe de desaparecidos en Perú, él, Belaunde, lo tiraba al tacho de basura. En el SEPAJ PERÚ le dijeron: “Feliciano, vamos a traernos al Premio Noel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel. Feliciano, tú que trabajaste en Ayacucho, vuela a coordinar la llegada del Nobel a Huamanga”. Y fue. Un aeropuerto con cercos de soldados de la Marina de Guerra (fueron y son los más sanguinarios, pero, sonría el lector de tanta ironía: ¡¡La Marina de Guerra del Perú, sin barcos, luchando descarnadamente en la cima de los Andes!!) y del Ejército, casamatas, costales de arena en muros, alambradas de púas, y más soldados y policías. Le dieron dos cartas a usar solo si todas sus gestiones no tuvieran éxito. Entrevista con el Arzobispo Richter Prada, evasivas hipócritas. Entrevistas con autoridades. Negativas claras. Por las noches los apagones y bombas explotando en Huamanga y todo el Perú. Quiso contratar una misa, Feliciano, ateo, para el Nobel de la Paz. Ni pagando mucha plata le aceptaron. Entonces usó sus dos cartas finales. Una era para un monje sirviente-portero de un convento. El flaco monje, totalmente andino, leyó atento la carta y le dijo: “Hermanito: Lo que ocurre es que ninguna congregación les ayudará. El Cardenal Ritchet ha dicho que si ayudan, botarán a todos los religiosos extranjeros de Ayacucho. Y, casi el 92% es extranjero. Tienen miedo”. Feliciano dijo, “gracias, hermano”. Y se fue. Usó su segunda carta. Una monjita andina de un convento, lavandera. La misma respuesta, confirmando lo anterior. Regresó a Lima e informó al SERPAJ PERÚ. Pero les dije que había conseguido una misa, por intermedio de un deudo de un muerto de muerte natural. Y que la alcaldesa, una delgada mujer, pequeña, activa, de lentes gruesos, sí ayudaría, tangencialmente. Y ayudó. Pasado el tiempo, las Fuerzas Armadas del Perú la mataron volándola con dinamita. Leonor Zamora Concha estaba en cinta de unos 7 meses de gestación.

El Premio Nobel llegó, atrajo una atención mediática increíble, resonante. Neftalí Liceta me dijo: “Feliciano: Hay un avión de 136 asientos, ida y vuelta a Ayacucho, que acompañará al Premio Nobel. Invita a periodistas, autoridades de Lima, congresistas, de todo tipo; desde la izquierda más radical hasta la derecha más radical. Les damos alojamiento y comida por tres días, gratis”. “Ya”, dijo Feliciano y se quedé pensando: Pero si aquí no tenemos ni para comer, y mis cien dólares me lo pagan un mes sí y otro no. ¿De dónde sale la plata? Pero se puse al teléfono y a citar a la gente o a enviar cartas a autoridades. El avión se llenó en un santiamén. Y Feliciano, feliz como un Pachá, repartiendo hoteles y más boletos de avión. Y se fueron a Huamanga. El gobierno había puesto tres cordones alrededor de la ciudad para evitar el paso a los denunciantes de asesinatos y desapariciones, que ése era cometido del SERPAJ PERÚ. Pero mucha gente que tenía familia asesinada y detenida-desaparecida vivía ya en Huamanga o habían llegado ya mucho antes que se pusieran los cercos. Y el mar de gente en el aeropuerto era grande. Al salir del aeropuerto el Nobel, la policía quiso darle un bus verde para transportarle, y casi lo arrastraron hacia su bus, jalado por la policía rodeada de gente. Feliciano tuvo que ponerse brusco y cogiendo por los hombros al Premio Nobel lo encaminó a una camioneta destartalada de un periodista, quien, en la tolva, condujo a Adolfo Pérez Esquivel a la Universidad. Después a la visita a la cárcel de Huamanga; y a otros lugares donde se había coordinado. Luego de un tiempo, el periodista que puso su camioneta y la manejaba, fue hallado muerto en un basural de la ciudad, cosido a balas. Pero fue bastante tiempo después. Al día siguiente, Adolfo Pérez fue a misa de 11 am. Fue una conmoción en toda la ciudad. A Feliciano le dijeron que había que darle una cruz al Premio Nobel, al salir de la iglesia. Y no había cruz. Ateo confeso y convicto, corrió hacia un aserradero, compró dos maderos, pidió prestados un martillo y clavos. Y dale, regresar corriendo a la puerta de la iglesia. Le dijeron que le diera la cruz a una señora bajita, de aire triste, ojos pequeños, algo gordita, de sobrero y ropa ayacuchanas, que estaba a la entrada de la iglesia. Se la entregó. Después de semanas, recién sabría que esa señora era Angélica de Ascarsi, Mama Angélica, Presidenta de Las Madres de Hijos Detenidos y Desaparecidos de Ayacucho, que tenía uno de sus hijos asesinado y otro desaparecido. Ella, hasta hoy, 2014, (esto se escribió en dicha fecha, ahora, en esta versión, ya es marzo de 2017 y es fallecida) sigue presidiendo a la Madres de Ayacucho, y sigue buscando a su hijo desaparecido. Y no habla casi el castellano. Cuando salió de la iglesia Adolfo Pérez Esquivel, a la luz de las 12 meridiano de la sierra huamanguina, Mama Angélica, llorando y hablando en nuestro runasimi, le dio la cruz, con ritual y ceremonial andinos. Y el premio Nobel se fue a la Plaza de Armas con el gentío y la multitud de periodistas disparando sus flashes. Entre esos fotógrafos descubrimos cuatro policías de civil fungiendo de fotógrafos. Luego fuimos al hotel, a descansar. Pero un grupo de apoyo del SERPAJ PERÚ, en el hotel ya había recibido 438 denuncias de detenidos-desaparecidos y asesinatos evidentes. Trilladas las denuncias, pues dos o tres familiares hacían la misma denuncia, quedaron 127 denuncias netas. Algunos periodistas extranjeros se acercaban a Feliciano y discretos le pedían si podía ponerles en contacto con militantes del Partido Comunista del Perú o de su Ejército Guerrillero, todos invisibles pero presentes en sus acciones bélicas en todo el país, con el fin de entrevistar a Abimael Guzmán Reynoso. Feliciano los derivaba a cualquier amigo catedrático de la Universidad o a algún músico huamanguino que conociera- ¡Ya no sabía ni su nombre en tanto ajetreo y le pedían tamaño servicio!

Llegados a Lima, fueron a la cita de 15 minutos pactada con el Presidente de la República. Fernando Belaunde recibió al Nobel y a Neftalí Liceta y comenzó una disertación de hora y media sobre carreteras y obras en todo el país, sobre mapas y mapas. Feliciano estallaba de furia silenciosa y entraba y salía del recinto. El Nobel y Liceta, entrenados en la paciencia y el silencio, bajaban los ojos, cuasi dormidos, cuasi catatónicos. Feliciano salía a llamar al Presidente del Congreso, a los Presidentes de las Cámaras, con los cuales había concertado citas, que ya se habían retrasado en casi una hora, disculpándose y explicando la situación. En esa época ni se soñaba con la existencia de celulares. Al fin Belaunde terminó. Adolfo Pérez Esquivel le agradeció con mucha cortesía y al salir le entregó en propias manos las 127 denuncias de detenidos-desaparecidos. Y salieron, por el costado del palacio, hacia la plazuelita, al costado de la cual, sabíamos, en el alto edificio, funcionaba la CIA. En la puerta, a la multitud de periodistas, un grupo del SERPAJ-PERÚ entregó a cada periodista, en sobre cerrado, la misma carta del Premio Nobel con la denuncia de los detenidos-desparecidos de Ayacucho. Lo mismo se hizo en el Congreso, luego de tres reuniones protocolares. Al día siguiente, todos los periódicos hablaban de los detenidos-desaparecidos solo en Ayacucho. Belaunde esta vez se quedó callado. Fue una bofetada dada por el Servicio de Paz y Justicia del Perú y el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, al cinismo de este Presidente que inauguró el período sanguinario de tierra arrasada en los Andes del Perú. Claro. Al poco tiempo, la respuesta de Belaunde, dada la inoperancia y derrota estratégica de las fuerzas policiales –Guardia Civil, Guardia Republicana y Policía de Investigaciones del Perú- oficializar el lanzamiento de las Fuerzas Armadas del Perú –Marina de Guerra, Fuerza Aérea y Ejército- contra los combatientes del Partido Comunista del Perú y el pueblo peruano, para potenciar la carnicería en una décima potencia. El Ministro del interior declaró después que había que matar a diez personas y quizá dentro de ellas hubiera un “Senderista”, es decir, un combatiente del PCdelP. Y así lo hacían. Y ASÍ LO SIGUEN HACIENDO HOY EN DÍA.

Toda esa época, coordinaban, vivían y comían en una casita del distrito del Rímac, en Lima; comida magra, andina, pobre, apenas tragable. Pero sí había para los pasajes en avión o por tierra para Feliciano, y para 70 o más dirigentes campesinos de todo el país. Y el poeta no entendía de dónde salía la plata. Al final Feliciano nunca lo supo. Las Madres de Ayacucho con Mama Angélica a la cabeza salieron por el mundo, especialmente Europa, para denunciar la política macabra del Estado peruano, reclamando la aparición de sus hijos(as) o esposos(as). Evidentemente, en el Perú, su derrotero fue motejado de propaganda de los Terroristas de Sendero.

Pasados algunos años de guerra, JOVALDO moriría asesinado en uno de los penales de Lima, (algo de 300 muertos de combatientes y militantes del PCdelP en los tres penales de amotinados: Lurigancho, Chorrillos y la Isla San Lorenzo o Frontón) con otros 64 rendidos, con una bala en la nuca, por órdenes del Presidente Alan García Pérez. Matanza monitoreada por éste desde Palacio de Gobierno.

Feliciano siguió entrando y saliendo del Perú. Cantando y gritando sus poemas. Viajando por el Perú anunciando la buena nueva de que INKARRÍ YA ESTABA ENTERO, que su cuerpo integrado en 400 años había encontrado su cabeza perdida; y que el cambio del mundo había comenzado. Y que la QUINTA ETAPA DE ORO esperada y anunciada en nuestras almas andinas era ya un inicio de proyecciones irreversibles. Que el SOL DE LA NOCHE estaba en el horizonte. Que el GRAN ANILLO DE KON estaba completo. Pero nunca dando charlas o conferencias, al respecto, sino gritando y danzando sus poemas. Se sintió MENSAJERO. Y así se llama uno de sus libros inéditos.

En Francia, donde vivió más tiempo, (a causa de evitar la muerte de su esposa de entonces y dos hijos, a los cuales le metieron una bomba, al paso del taxi en el que viajaban, en la primera cuadra de la avenida Balta en Miraflores –no los quisieron matar, fue una advertencia clara-) entrando y saliendo del Perú, se inscribió en el Partido Comunista Francés, en una célula de Morangis, ciudad dormitorio de París. Por ello, cada vez que venía a Perú podía danzar con honra sus poemas en honor de los comunistas peruanos que encabezaban y encabezan hoy, 2014, (en realidad, hoy, 2017) la lucha armada de los pobres de este mundo. En estos 34 años de guerra prolongada, infinidad de veces los gobiernos y su propaganda han vencido y aniquilado para siempre a los comunistas alzados en armas y los borraron de la faz de la tierra. Pero no es así. Siempre están ahí, luchando, invisibles. Ahora ya no los tildan de abigeos y delincuentes, asesinos y etc. Ahora hay forjado una ley para tipificarlos de Terroristas y últimamente de Narco-Terroristas. Hasta se ha dado una Ley de Apología del Terrorismo si se habla de ellos como Comunistas del Partido Comunista del Perú y de Guerra Popular Prolongada, y se nos puede aplicar de 10 a 25 años de cárcel, a voluntad del Juez peruano, al que se atreva a llamarlos por lo que son.


APARECE EL CAMARADA FELICIANO COMO PARTE DE INKARRÍ

Pensamos qué si Feliciano hubiera vivido en la época de Atawallpa y Pizarro, él hubiera estado al lado del pueblo de Atawallpa. En los 74 años de resistencia bélica de Manco Inka, él no hubiera estado al lado del colonialista español. En el gran movimiento clandestino, en el área de todo lo que fue el Tawantinsuyo, del Taki Onqoy que preparaba la rebelión continental, Feliciano hubiera estado junto a estos Danzantes de la Enfermedad, qué en silencio, danzando frente a las iglesias y en todo villorrio, sin palabras, se alistaban al gran levantamiento, hasta que fueron infiltrados y aniquilados ellos, sus esposas e hijos y hasta amigos cercanos; pero igual, Feliciano hubiera estado a favor de ellos. En la gran rebelión armada de Túpac Amaru y su hermosa esposa, la Comandante Micaela Bastidas Puyukawa nacida en Tamburko, su paisana de Abancay, evidentemente Feliciano hubiera estado gritando sus poemas al lado de ellos. En las gestas libertadoras de San Martín y Bolívar contra los españoles, aun sabiendo que no serían la solución a nuestras vidas de pobres, como no lo fueron, su simpatía evidentemente hubiera estado con ellos. Al lado de la rebelión de Atusparia, ahí hubiera estado Feliciano. Y al lado de Heraud, de De La Puente Uceda, de Hugo Blanco de la Convención y largo etcétera, se hubiera puesto a danzar y gritar sus poemas junto a ellos. A favor de ellos.

Bueno. A fines de 2013, un día, por la Internet, Feliciano recibió un comentario jocoso del último de sus hermanos, ingeniero zootecnista, Percy Abad Mejía Hidalgo, desde los Estados Unidos, donde radica y trabaja, diciéndome POETA ROJO. Le respondió con seriedad y orgullo que sí lo era. Por la tarde del mismo día, un entrañable compañero de lides en el campo del arte, Henry Guevara Díaz autoproclamado “JINRE”, en serio y con mucho afecto y alegría, por la Internet también, le llama POETA ROJO. Le contestó agradeciéndole y sintió su espíritu rodeado de mucha ternura.

Luego han pasado meses de mucha reflexión al respecto. Antes ya había comenzado a publicar sus últimos libros solo con su nombre en la portada, sin ningún apellido, FELICIANO, en solitario, salvo los MARIRÍS, por censura y exigencia del editor-mecenas. Fruto de esa reflexión es la decisión de optar su nombre definitivo. C. FELICIANO. La C que significa también Camarada la asume, sin merecerlo, desde 1979 cuando Alfonso Barrantes Lingán, de la IU o Izquierda Unida, prologa su poemario Tiro de Gracia, con una carta que comienza con un “Camarada Mejía”:

Hay, hoy, en prisión, un excelente cuadro comunista, cuyo seudónimo era FELICIANO. Cada vez que el poeta recorría el Perú o cuando regresaba de alguna de las prolongadas giras por el extranjero o de la larga estadía en Francia (durante esa “larga estadía”, estuvo seis años en Perú y tuvo su esposa y dos de sus hijos aquí, en Perú, sin contactarse con el mundo cultural peruano, salvo con pocos familiares y compañeros), le escalofriaban y tensaban los titulares de los periódicos: “El jefe de Sendero es El Camarada Feliciano”, “Descubren al Camarada Feliciano”, “Rodean al Camarada Feliciano”, “Ya cae el Camarada Feliciano”, y, finalmente, después de algunos años de esos titulares que le tenían con sentimientos encontrados leyó: “Cayó el Camarada Feliciano”. Y, efectivamente, este excelente combatiente del Ejército Popular de Liberación del Partido Comunista del Perú, había caído, sin un tiro, en una confusa situación. Ahora sufre prisión de por vida. Por ello, en una entrevista que le hicieran en el suplemento del diario “La República”, la entrevistadora puso como titular principal: EL OTRO FELICIANO al publicitar la obra de cuentos para niños EL PAÍS DE LOS SUEÑOS de Feliciano Mejía.

Un compañero, en torno a una mesa de café, hablando de este asunto en Lima, le dijo: “Ahora le han devuelto su nombre”. Esa frase le dejó honda paz espiritual.

Y como es Poeta Rojo –nombrado por su pueblo- y como tiene la ideología marxista-leninista-maoísta, es decir, aspira al honor algún día de ser un Comunista, agrega desde hoy a su solitario nombre lo de C que le nombra y le define.

Pero piensa que nunca le devolvieron su nombre. Siempre fue suyo. Lo que pasó es que ese cuadro y gran guerrero que hoy tiene cadena perpetua en la prisión del Callao en Lima, tomó como seudónimo su nombre. Sus razones tendría. “Yo tengo mi nombre desde que nací. –dice Feliciano- Y lo heredé de mi abuelo paterno que nunca habló el castellano”.

Sí, en cierto momento de su estadía en Francia, se inscribió en el Partido Comunista francés. Entonces, en tanto Comunista del Partido Comunista Francés, con el ejemplo del Comunista y genial poeta César Vallejo, quien fundó la primera célula del PC del Perú en París; ¿cómo no ver con simpatía y hasta alegría la lucha indoblegable de los militantes del Partido Comunista del Perú, que entregan sus vidas para organizar a los hambrientos de su país de origen y dan sus vidas sin reparar en nada, salvo el terminar con la noche que asola al Perú, y para el caso, de toda América del Sur? Y estando en Perú, dice Feliciano: “¿cómo no escribir poemas que canten a la vida y la esperanza, y escribir con simpatía sobre sus luchas? Porque entiendo y sé, esta no es vida para nosotros desde 1532. Hasta hoy, junio de 2014, (hoy, 2017) es un genocidio silencioso. ¡Y ni nos permiten hablar nuestra lengua, el runasimi! Por todo ello, así sea un delito, ¿cómo no estar de acuerdo con la consigna del PCdelP que ¡LA REBELIÓN SE JUSTIFICA!?”

Cuando un pueblo como el andino, industrioso e inteligente, muere de hambre, pero de un hambre planificado en computadoras que no están en Perú, no se puede sostener, como sostiene la estructura gubernamental del Perú en la mitad del territorio que aún detenta, que estamos en paz, la paz falsa de las principales ciudades; sino, sostener, como lo afirmó el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, en su primera venida a Perú para denunciar las atrocidades de las desapariciones forzosas: “LA PAZ ES FRUTO DE LA JUSTICIA; SINO, ES PAZ DE CEMENTERIO”. Por eso primero se debe conseguir la Justicia; y por las propias manos. (*) Nadie se la va a regalar así nomás. Donde voy, dice Feliciano, repito este lema. Y al hacer recitales, en Perú, cuando se puede, y siempre en el extranjero, lo hago: “POR LA VIDA, DE PIE CONTRA LA MUERTE; Y CONTRA TODAS LAS INQUISICIONES” y “POR LA VIDA DE LOS PRESOS POLÍTICOS Y PRISIONEROS DE GUERRA DEL PERÚ Y DEL MUNDO”. Evidentemente, para el sistema imperante en el Perú, no existen presos políticos o prisioneros de guerra: todos son terroristas o narco-terroristas, o narcos a secas.

Por esas consignas nos batimos a diario, escribiendo, leyendo o danzando nuestros poemas, recalca Feliciano, y anunciando que el PACHAKUTI ha llegado y que INKARRÍ hoy danza en el tímpano del universo con las dos serpientes negras de fuetes en sus dos manos.

Y lo seguiremos haciendo, escribir y danzar poemas, hasta que regresemos a la Madre Tierra. Termina, Feliciano.

12 – 26 de junio de 2014 (LIMA-PERÚ)


31 de marzo de 2017 (LA OROYA-PERÚ)


(*) El 18 de marzo de 2017, los medios de información nacional en Perú tuvieron que dar las noticias de combates en el VRAEN (Valles de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro; donde se encuentran lo que los maoístas alzados en armas llaman “el Faro”: Vizcatán). Tres policías muertos y uno herido por una emboscada del Ejército Popular de Liberación del Partido Comunista del Perú.