Tumi lambayeque

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Vista posterior y anterior del Tumi lambayeque.

El Tumi Lambayeque, tumi de oro o cuchillo de Íllimo, fue un cuchillo o hacha ceremonial perteneciente a la cultura lambayeque (siglo VIII al XIV), aunque durante mucho tiempo fue atribuida erróneamente a la cultura chimú. Estaba elaborado con láminas de oro repujadas y con incrustaciones de piedras semipreciosas; su hoja tenía forma semicircular y su empuñadura era una elaborada representación artística de una deidad, presumiblemente el mítico Naylamp mencionado en las crónicas españolas. Es el ejemplar más famoso de la orfebrería del Antiguo Perú.

Etimología[editar]

Tumi es una voz quechua que significa cuchillo;[1]​ pero según Federico Kauffmann Doig, el tumi lambayeque sería más bien un hacha, aunque señala que no habría tenido carácter utilitario, sino votivo, es decir, sería un objeto colocado como ofrenda en la tumba de algún personaje.[2]

Íllimo es el nombre de una localidad lambayecana, cercana al lugar donde fue hallado este espléndido ejemplar de la orfebrería prehispánica.

Descubrimiento[editar]

El tumi lambayeque fue uno de los tantos objetos de metal precioso que los huaqueros o saqueadores de tumbas extrajeron de la Huaca La Ventana, en el sitio arqueológico de Batán Grande, situada en el departamento de Lambayeque, en el norte de Perú. Ello ocurrió entre diciembre de 1936 y enero de 1937.[3]

Rescatada gracias a los esfuerzos del sabio Julio C. Tello, el tumi permaneció varios años en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia de Pueblo Libre, hasta que en noviembre de 1981 fue robado, junto con otras piezas metálicas. Se pensó en un principio que el objeto había sido vendido en el mercado negro, por lo que se tenía la esperanza de recuperarlo, esperanza que se esfumó cuando el 12 de abril del año siguiente la policía descubrió a los ladrones con parte del botín: las piezas habían sido trituradas y fundidas para ser vendidas al peso. Se descubrió a uno de los ladrones intercambiando una fracción de oro a cambio de una porción de cocaína. Del famoso tumi solo quedan las fotos y el recuerdo.[4]

Descripción[editar]

Lo que vendría a ser su empuñadura es la representación de una deidad antropomorfa, de ojos almendrados, que se halla de pie sobre una especie de pedestal, conformado por la hoja metálica. Medía 42 cm de alto, pesaba 992 gramos y estaba trabajada en oro de 24 quilates.[5]

A mayor abundamiento, el personaje porta una máscara (felínica, según Tello; u ornitomorfa, según Kauffman). En la cabeza lleva un enorme tocado semilunar, tratado parcialmente en filigrana y por una serie de bolitas huecas; de ambos lados de esta diadema cuelgan sendas representaciones de aves movibles. Tiene también incrustaciones de sodalita. De su cuello pende un collar de cuentas esféricas. El resto del cuerpo está cubierto por un camisón corto, un taparrabos y una especie de rodilleras de las que cuelgan cartuchos en forma de campanilla. En la espalda lleva unos ornamentos movibles que parecen imitar conchas marinas y en sus costados tiene alas pequeñas.[6]

Interpretación[editar]

Por la gran diadema o tocado que lleva la imagen, es evidente que el personaje representado sea de alta jerarquía. Según algunos estudiosos, sería una representación del dios Naylamp, Naymlap o Ñanlap, el mítico fundador de Lambayeque, proveniente del mar, que es mencionado en la crónica de Miguel Cabello Valboa (1586) y en la de Modesto Ruviños y Andrade (1782). Para Kauffmann, sería una deidad relacionada con el agua (el dios del Agua andino), con características ornitomorfas (de ave).[7]

En el 2015 se dio a conocer una nueva hipótesis, la cual dice lo siguiente:

El Tumi representa un paisaje marino, donde el Sol cumple un rol protagónico al representársele en el momento que ingresa al inframundo llegado el ocaso (considerando que el mar es la puerta mayor al mundo subterráneo). La forma antropomorfa es la representación del hombre que imita o sigue al sol en ese mágico descenso. El personaje requiere de todo lo indispensable para su desplazamiento y se viste con atributos sobrenaturales que le permitirán un mejor desenvolvimiento en ese viaje: una máscara que le dará la facultad de poder ver en la oscuridad, aretes con imágenes de aves marinas con capacidad de ingresar al mar y posiblemente, lo que se ha interpretado como alas no sería sino un par de aletas para movilizarse en las extensas áreas acuosas del inframundo. Para el artista Lambayeque la justificación de colocar un cuchillo como base, probablemente sea por la cualidad de este instrumento de poder penetrar en un cuerpo, y es que el hombre al morir simbólicamente estaría introduciéndose en el cuerpo de la tierra o pachamama.[8]

Referencias[editar]

  1. Tauro del Pino, Alberto (2001). «TUMI». Enciclopedia Ilustrada del Perú 16 (3 edición). Lima: PEISA. p. 2611. ISBN 9972-40-149-9. 
  2. Kauffmann Doig, 2002, pp. 406-407.
  3. Kauffmann Doig, 2002, pp. 405-406.
  4. Lumbreras, Luis Guillermo (1982): La seguridad del Patrimonio Monumental de nuestros pueblos. Gaceta arqueológica Andina.
  5. Kauffmann Doig, 2002, p. 407.
  6. Kauffmann Doig, 2002, pp. 408-409.
  7. Kauffmann Doig, 2002, pp. 410-411.
  8. Wilo Vargas Morales (2015). «La muerte del Sol». Arqueólogos Trujillo. Consultado el 18 de junio de 2016. 

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]