Trastorno esquizoafectivo

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Trastorno esquizoafectivo
Dissociative identity disorder.jpg
Especialidad psiquiatría
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El trastorno esquizoafectivo describe un trastorno mental caracterizado por episodios recurrentes de un trastorno del estado de ánimo depresivo o bipolar que cursan en todos los casos con síntomas psicóticos severos.[1][2]​ Puede incluir distorsiones en la percepción alternados con o simultáneos con epísodios maníacos o depresivos. Este deterioro en la percepción o expresión de la realidad puede afectar a los cinco sentidos, pero mayormente se manifiesta en la forma de alucinaciones auditivas, delirios de persecución o grandeza, comportamiento errático, habla y pensamiento desorganizados, con una disfunción social u ocupacional significativa.

Normalmente la sintomatología aparece en la adultez temprana. Excepcionalmente puede ser diagnosticada en la infancia, antes de los 13 años. La prevalencia del trastorno es incierta (los estudios prácticos utilizan criterios de diagnóstico variados), aunque existe un consenso en que es menor al 1% de la población y que, posiblemente, se encuentre en un rango de entre el 0,5% y el 0,8%.[3]​ El diagnóstico se basa en las experiencias informadas por el paciente si se conocen o hay evidencias y en el comportamiento observado por el paciente, familiares, conocidos u/o allegados. Actualmente, no existe ningún análisis de laboratorio que permita detectar el trastorno. Como grupo, las personas que padecen un trastorno esquizoafectivo tienen una mejor prognosis que aquellas con esquizofrenia, pero peor que aquellas con trastornos de ánimo.[4]​ Este trastorno es variable en las circunstancias psicosociales de cada persona, por lo que cada paciente diagnosticado o no padecerá una o varias sintomatologias dependiendo de sus circunstancias personales y sociales en cada momento y episodio de la enfermedad.

Los pilares terapéuticos son la terapia psíquica y social o también llamada psicoterapia, y la psicofarma. La medicina antipsicótica funciona principalmente regulando la actividad de la dopamina, mientras que los antidepresivos incrementan principalmente los niveles activos de por lo menos un neurotransmisor monoamino. El mecanismo de acción exacto de los estabilizantes del estado de ánimo es incierto. En casos más serios —cuando existe riesgo para el paciente o para los otros—, puede ser necesaria la hospitalización involuntaria voluntaria también sí es preferible aunque las estancias en hospitales son menos frecuentes y por períodos más cortos que en ocasiones anteriores.[5]

Se presume que el trastorno afecta principalmente la actividad cognitiva y emocional, pero también contribuye usualmente en problemas en curso de comportamiento y motivación y desmotivación.

Es probable que las personas con trastorno esquizoafectivo tengan condiciones adicionales aunque no siempre (comórbidas), incluyendo trastornos de ansiedad y abuso de sustancias. Es altamente probable que los niños diagnosticados con este trastorno tengan otro trastorno neurológico comorbido, tales como trastorno generalizado del desarrollo, autismo y trastornos del aprendizaje.En adultos se presentan otros Problemas sociales, tales como desempleo o pobreza, son comunes. Además, la esperanza de vida de las personas con el trastorno es menor que aquellas sin el trastorno, debido al incremento de problemas físicos y a una alta tasa de suicidios. Debo a esto es imprescindible un buen diagnóstico y seguir el tratamiento propuesto. Se reducen muchos riesgos. Poner en conocimiento de los familiares y conocidos el padecimiento de la enfermera para evitar riesgos, para ella estar bien informando para no desinformar de los riesgos y daños que causan los síntomas y en caso extremo necesario acudir a un hospital, llamar a emergencias y pedir ayuda.

Recibir terapia, mantener el tratamiento, una buena alimentación, hidratación, practicar rutinas sanas, mostrar interés, colaborar con los sanitarios, son algunos de los mecanismos de defensa.

Es importante que el paciente tenga una buena terapia y comprensión de su situación para evitar incidentes graves.

Historia[editar]

El término psicosis esquizoafectiva fue acuñado por Jacob Kasanin en 1933 para describir un enfermedad psicótica más episódica con síntomas afectivos predominantes, la cual fue calificada como una buena prognosis de la esquizofrenia.[6]

El trastorno esquizoafectivo fue incluido como un subtipo de esquizofrenia en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales I y II, aunque la investigación ha mostrado una agrupación de síntomas esquizofrénicos en individuos con una historia familiar de trastornos del ánimo cuya enfermedad sigue su curso, otros síntomas y resultados de tratamiento fueron más bien más parecidos a la fase maníaca del trastorno bipolar. El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales III ubicó el trastorno esquizoafectivo entre los trastornos psicóticos no especificados, antes de ser formalmente reconocidos en el DSM III-R.[7]

Referencias[editar]

  1. International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems de la Organización Mundial de la Salud
  2. Trastorno esquizoafectivo, en Dorland's Medical Dictionary.
  3. Kaplan & Saddock. p. 501-502
  4. Kaplan & Saddock. p. 502
  5. Becker T, Kilian R (2006). «Psychiatric services for people with severe mental illness across western Europe: what can be generalized from current knowledge about differences in provision, costs and outcomes of mental health care?». Acta Psychiatr Scand Suppl (429): 9-16. PMID 16445476. doi:10.1111/j.1600-0447.2005.00711.x. 
  6. Goodwin, Frederick; Kay R. Jamison (2007). Manic-Depressive Illness: Bipolar Disorders and Recurrent Depression (2da. edición). Nueva York: Oxford University Press. pp. 102. ISBN 0-19-513579-2. 
  7. Ibídem, p. 96

Bibliografía[editar]

  • Murray WH. Schizoaffective disorders: new research. Nova Science Publishers, Inc.: 2006, pp. 1-24, 48-242.
  • Moore DP, Jefferson JW. Handbook of Medical Psychiatry. St. Louis, Mo: Mosby, 2004, 2.ª edición, pp. 126-127.
  • Goetz, CG. Textbook of Clinical Neurology. St. Louis, Mo: WB Saunders, 2003, 2.ª edición, p. 48.