Tradicionalismo

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Tradicionalismo filosófico[editar]

Tradicionalismo, en la historia de la filosofía, es la tendencia a valorar la tradición en cuanto conjunto de normas y costumbres heredadas del pasado.

El tradicionalismo se basa en que la verdad proviene de una fuente divina (revelación). El error no es una consecuencia de un mal aprendizaje subsanable por su corrección, sino un castigo; por lo tanto, la verdad no es asunto de la razón, sino de la autoridad, transmitada por la tradición y el legado histórico.

La tradición, según yo entiendo, consistiría en repetir o imitar lo que hacían nuestros antepasados. La cuestión principal de la tradición así entendida se traduce en cómo construir una casa, cuándo sembrar y cuándo cosechar, cómo vestirse para ir a la iglesia los domingos, etc. Las tradiciones están sujetas a cambios, a causa del resultado acumulado de múltiples imitaciones imperfectas, a menos que fuerzas externas impidan la desviación de la actividad en cuestión, que varía por momentos antes que continuamente. En cambio el tradicionalismo -imitación deliberada de algún modelo original- no está sujeto a cambios; si el tradicionalista cometió un error al copiar un modelo, ese error no pasará a la generación siguiente, que se remitirá al original antes que a la copia. La tradición tiene corta memoria, el tradicionalismo la tiene larga. Generalmente el tradicionalismo está sustentado por normas sociales. La tradición suele estar apoyada por una norma (como en el caso de decir cómo ha de vestirse uno para acudir a la iglesia) pero no necesariamente. Una persona que se desvía de la tradición, en cuestiones técnicas por ejemplo, es considerada por sus vecinos estúpida o excéntrica, pero no transgresora de una norma.

J. Elster, 1991, El cemento de la sociedad, p. 127.

Tradicionalismo político[editar]

El tradicionalismo político no es necesariamente una postura conservadora o reaccionaria, pues puede limitarse a una actitud moderada ante los cambios, ya sean de pequeña o gran magnitud (revolución); pero lo más habitual históricamente ha sido la actitud contrarrevolucionaria de quienes han sido denominados tradicionalistas. A pesar de ello, ciertas ideologías o movimientos políticos que abogan por una revolución social (como los que sustentaron los gobiernos de Nasser en Egipto o Perón en Argentina) se han identificado con un ideal de tradiciones dinámicas. Tradicionalismo radical es la denominación de una corriente política e intelectual en torno a la revista Tyr.

Tradicionalismo en España[editar]

En sentido amplio, el término tradicionalismo designa en España el sistema social y político opuesto al liberalismo. El tradicionalismo fundamenta el régimen social y político de España en los principios tradicionales de la religión católica y de la monarquía pura, rechazando absolutamente los de la separación entre la Iglesia y el Estado, la soberanía popular, el sufragio universal y la libertad sin trabas preventidas. En este sentido están dentro del tradicionalismo y son tradicionalistas el carlismo, el integrismo y el llamado catolicismo social. Sin embargo, en sentido estricto esa palabra se aplica sólo al carlismo, por ser éste el que desde más antiguo y con más intransigencia ha defendido esos principios, uniendo a esta defensa la de los derechos que han pretendido tener al trono Carlos María Isidro de Borbón (hermano de Fernando VII) y sus sucesores, sosteniéndolo unos y otros con las armas en diversas ocasiones.

En la realidad y la historia, el carlismo fue el primer tradicionalismo, el tradicionalismo por antonomasia, siendo las demás tendencias tradicionalistas ramas separadas o derivadas del mismo, diferenciándose de él únicamente en no hacer cuestión capital la de los derechos de la rama proscrita de los Borbones españoles a la Corona.

De modo que hasta la primera escisión, que fue la del integrismo o nocedalismo, el tradicionalismo fue una sola y misma cosa con el carlismo, legitimismo o Comunión católico-monárquica, que todos estos cuatro nombres recibió, dándosele el primero y el cuarto atendiendo al contenido doctrinal, social y político, y el segundo y tercero, a la cuestión dinástica.[1]

Otras consideraciones sobre el tradicionalismo[editar]

Bibliografía[editar]