Tierra quemada

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Pozos petrolíferos ardiendo en Kuwait tras la retirada de los iraquíes en 1991.

La conocida como "política de tierra quemada" o de "tierra arrasada", es una táctica militar consistente en destruir cualquier cosa que pudiera ser de utilidad al enemigo cuando una fuerza avanza a través de un territorio o se retira del mismo.

El origen histórico del término tierra quemada proviene seguramente de la práctica de quemar los campos de cereales durante las guerras y conflictos en la antigüedad. Sin embargo, no se limita en absoluto a cosechas o víveres, sino que incluye cualquier cosa que pueda servir de refugio, transporte o suministro al enemigo.

La táctica de la tierra quemada es una acción que vincula los aspectos militares y económicos o incluso psicológicos de una estrategia militar. Estas acciones destructivas tienen la ventaja de que no requieren adelantos tecnológicos ni una especialización particular por parte de los combatientes que la aplican. Cuando se emplea en territorio enemigo se pretende destruir la voluntad de resistir del mismo mediante la intimidación, provocando sufrimiento a las poblaciones locales al destruir sus propiedades y medios de subsistencia. Si se aplica en territorio propio al retirarse, el objetivo es retrasar o incluso detener el avance enemigo al dejarle sin recursos que aprovechar, o entorpeciendo su movimiento.

La tierra quemada ha resultado históricamente muy eficaz para facciones que de otra forma no hubieran sido capaces de resistir el avance de ejércitos mejor organizados y más poderosos, aunque en la guerra moderna su utilidad es menor, ya que todo contingente armado suele cargar con sus propios suministros en lugar de vivir del terreno, como se hacía siglos atrás. En ese contexto, también se ha empleado la política de tierra quemada en la lucha contra movimientos guerrilleros con el fin de dificultar a los insurgentes el suministro y la ocultación entre la población civil.

Acciones históricas de tierra quemada[editar]

Mayor General William T. Sherman, uno de los más célebres exponentes de la estrategia de tierra quemada.

Esta estrategia ha sido utilizada en muchas ocasiones durante la historia:

  • Según narra el historiador Heródoto, esta táctica ya fue usada por los escitas en su guerra contra los persas de Darío I. Fue tan efectiva que obligó al rey extranjero a volver a su patria sin conseguir dominar a dichos escitas.
  • Vercingetorix usó este sistema en el sitio de Alesia en la Guerra de las Galias contra César. Fue una de las primeras veces en ser usado
  • Vlad Tepes también empleó esta táctica durante la invasión turca de Valaquia en 1462, y fue tan efectiva que los turcos se retiraron sin dar batalla alguna.
  • Durante la conquista de Quito a manos del ejército español comandado por Sebastián de Benalcázar, el general shyri-inca Rumiñahui aplicó la política de la tierra quemada antes que el ibérico llegase a esta ciudad, aniquilando además a las Vírgenes del Sol y a miembros de la familia imperial, además de esconder los tesoros de los Templos del Sol y de la Luna (1564).
  • Durante la Gran Guerra del Norte, Pedro el Grande de Rusia aplicó esta táctica antes de su victoria sobre los suecos en la batalla de Poltava en 1709. Esto se produjo tras la derrota de los refuerzos de Carlos XII en la Batalla de Lesnaya, y su consecuente negativa a retirarse a Polonia o a Suecia, decidiendo forzar la situación bélica invadiendo Ucrania en su lugar. Pedro retiró a su ejército hacia el sur, destruyendo cualquier propiedad que sirviese a los suecos para apoyarse en su avance, impidiendo así el reaprovisionamiento de suministros locales por parte de los suecos, quienes tuvieron que detener el avance en el invierno de 1708-1709.
  • En la Guerra civil de los Estados Unidos, fue célebre la "marcha de Sherman", que destruyó ferrocarriles y plantaciones sureñas sin piedad con el fin de restar al bando opositor medios de transporte y económicos necesarios para sostener las líneas de suministro y mejorar la movilidad de las fuerzas.

Época contemporánea[editar]

Durante la Segunda guerra sino-japonesa, los soldados chinos destruyeron represas con el objetivo de inundar la tierra y detener el avance de los soldados japoneses, dando como resultado la inundación de Huang He en 1938.

En los Estados Unidos, por ejemplo, correspondía al Comando Aéreo Estratégico con sus bombarderos e ICBMs (misiles balísticos intercontinentales), en conjunto con los SLBMs (misiles balísticos lanzados desde submarinos) de la Armada, la responsabilidad de esta misión, cuyo carácter disuasivo se mostró altamente eficaz en ese período. Una conclusión del mismo tipo puede derivarse respecto a las instituciones de defensa soviéticas análogas a las estadounidenses, que tenían un potencial similar de destrucción. La amenaza de destrucción mutua asegurada de gran parte de la población civil y de los medios de producción fue reconocida y aceptada como parte de la necesidad militar de la época.

Durante la Segunda Guerra Mundial, a medida que las tropas alemanas avanzaban sobre Francia, los ejércitos aliados destruían las líneas telegráficas y telefónicas antes de abandonar una ciudad. Esto les proporcionaba una ventaja táctica, porque obligaba a los alemanes a utilizar exclusivamente sistemas de radio para sus comunicaciones, las cuales podían interceptarse. A pesar de que los mensajes se cifraban mediante la máquina enigma, aún era posible obtener algo de información mediante técnicas como el pulso del telegrafista, o el aumento, disminución o procedencia de mensajes.