Teoría del escopo

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La teoría del escopo (en alemán, Skopostheorie), una teoría en el campo de los estudios de traducción, emplea el principio primordial de una acción intencionada que determina una estrategia traductora. [1]​ La intencionalidad de una acción traductora se establece por el encargo de traducción, las afirmaciones y las reglas, las cuales guían al traductor para alcanzar la traslación esperada del texto meta.[1]

Resumen[editar]

Definición[editar]

Escopo (del griego σκοπός [skopos]) es una palabra griega que significa “propósito”.[2]​ Es un término técnico acuñado por Hans Vermeer, el cual representa la finalidad de una traducción. Paul Kussmaul explica la teoría del escopo diciendo que "La función de una traducción depende del conocimiento, expectativas, valores y normas de los lectores meta , quienes a su vez están influenciados por la situación en que están y por la cultura."[3]​ Estos factores determinan si la función del texto fuente se conservarán, modificarán o cambiarán por completo para el texto meta.

Según Vermeer hay tres tipos de propósitos posibles. El primero es un propósito general que el traductor quiere lograr por medio de su traducción, por ejemplo, generar un ingreso económico gracias a esta. El segundo es la finalidad comunicativa de un texto meta en una situación meta, por ejemplo, informar al lector. El tercero es el objetivo que se busca lograr cuando se usa cierta técnica o estrategia de traducción.[2]​ En la teoría del escopo, el término “escopo” se refiere al segundo tipo de propósito. Esta teoría trata al texto fuente como “información ofrecida en una cultura meta”, y esta idea es una consecuencia de las teorías cognitivas constructivistas.[4]​ Esta teoría trata al texto fuente como “información que se ofrece en una cultura meta”, y esta idea surge como consecuencia de las teorías cognitivas constructivistas.[5]

Se puede conseguir una ejecución más clara de la acción traductora (es decir, la traducción como una acción humana que por ende tiene una intención[6]​) a través de la identificación de su propósito. En consecuencia, esto genera un translatum, es decir el texto meta que se produce a partir de un texto fuente.[7]

Vermeer define a la traducción y a la interpretación como un tipo de acción particular, más específicamente, como un comportamiento intencional. Puesto que la acción se define como dirigida a un objetivo, la acción traslativa  (que engloba a la traducción y a la interpretación) también está, por definición, dirigida a un objetivo, o escopo, en términos de Vermeer. El escopo tiene prioridad en la jerarquía de los factores que guían la toma de decisiones de los traductores. Esta idea elemental fue formulada como la regla del escopo, la cual establece que la acción traslativa es una función de su escopo. Además, la regla del escopo especificó al escopo como una variable determinada por los destinatarios deseados. De modo que la teoría del escopo le asigna un papel central al público meta, más específicamente a las expectativas del traductor sobre el público meta, para determinar las estrategias de traducción.[8]

Orígenes[editar]

La teoría apareció por primera vez en el artículo en alemán Ein Rahmen für eine allgemeine Translationstheorie, publicado por el lingüista Hans Josef Vermeer.

El artículo fue publicado en 1978 por la revista alemana Lebende Sprachen.[9]​ Posteriormente Vermeer publicó Grundlegung einer allgemeinen Translationstheorie  junto con Katharina Reiss en 1984. Aquí explican la teoría con más detalle.[10]​ La traducción de este artículo  al español (Fundamentos para una teoría funcional de la traducción[7]​) se realizó hasta 1996 por Ediciones Akal.

La teoría del escopo fue presentada por Vermeer como una teoría general de la traducción en una conferencia que tuvo lugar en la Universidad de Mainz durante el año escolar de 1976 a 1977, y después, fue esbozada en un ensayo que fue publicado por primera vez en 1978, y desarrollada en diferentes publicaciones, de las cuales, la más conocida es el libro publicado en 1984 del cual es coautor junto con Reiß. Una traducción al inglés fue publicada por Christiane Nord en el 2014. Este artículo adopta las traducciones de términos en alemán que hizo Nord.[8]

A partir del mapa acerca de los estudios de traducción de James Holmes,[11][12]​ la teoría del escopo es el núcleo de los cuatro enfoques del paradigma alemán de traducción funcionalista[2]​ que surgió a finales del siglo XX. Estos enfoques fueron parte del desarrollo de la teoría del escopo en la cual contribuyeron varios varios traductólogos,  lo cual se categorizó en cuatro etapas:[13]

  1. Katharina Reiss y la categoría funcional (1971)[2]
  2. Hans Vermeer y la teoría del escopo.  (1978).[9]
  3. Justa-Holz Manttari y la teoría de la acción traductora (1981)[14]
  4. Christiane Nord la teoría del “funcionalismo y lealtad” de  (1997)[15]

La teoría del escopo fue implementada por Vermeer como para cerrar la brecha entre la práctica y la teoría que existía en la previamente extendida y común Teoría de la Equivalencia. En este intento, Vermeer buscó otro método que fuera más allá de ver el nivel lingüístico y, en consecuencia, llevar la traducción más allá de “el eterno dilema de traducción libre vs. literal, equivalencia dinámica vs. formal, buenos intérpretes vs. traductores serviles, etcétera”, los cuales son problemas existentes en las teorías de la traducción antiguas.

En una declaración hecha por Vermeer, afirmó que:

La lingüística por sí sola no nos ayudará; en primer lugar, porque traducir no es meramente, ni siquiera principalmente, un proceso lingüístico. En segundo lugar, porque la lingüística aún no ha formulado las preguntas adecuadas para abordar nuestros problemas. Así que busquemos en otra parte.

Bajo esta perspectiva, determinó que los enfoques puramente lingüísticos de la traducción eran defectuosos y que los problemas de traducción en cuestión serían problemáticos de resolver. Así, la teoría general del escopo se estableció como fundamento de las teorías funcionales, con referencia a la ya existente teoría de la acción. Vermeer vio la traducción como una acción como cualquier otra y, como tal, tenía que poseer un propósito (escopo) bajo la teoría de la acción. En relación a esto, Vermeer vio el acto de traducción como la producción de texto en entornos específicos, para propósitos específicos y personas en circunstancias específicas.

Objetivo y público[editar]

La teoría del escopo es un marco general para los traductores que indica “un alejamiento de las tipologías lingüísticas estáticas de los cambios de traducción”. A diferencia de las teorías de traducción pasadas que se centran en la lingüística y las traducciones basadas en la equivalencia a un nivel micro, la teoría de la traducción en escopo no requiere equivalencia funcional con el texto de origen, ya que el objetivo de la teoría del escopo pone énfasis en el propósito de la acción de traducción.

En ese sentido, el traductor ya no funciona como mediador lingüístico; los traductores son expertos que deciden qué y cómo se traduce (Reiß y Vermeer 2014:78). Definir la traducción y la interpretación como acciones orientadas al objetivo no solo resalta el escopo de estas acciones, sino que también llama la atención sobre el papel de sus agentes, junto con la situación y el contexto cultural en el que se integran las acciones.[8]

La idea de que el escopo determina las decisiones de traducción, formulada de una manera un tanto provocadora como “el fin justifica los medios”[16]​ (Reiß and Vermeer 2014:90), ha atraído muchas críticas, en particular de los académicos orientados a la equivalencia. Las preocupaciones de estos críticos son principalmente de naturaleza ontológica y ética. Una crítica importante se relaciona con la definición misma de traducción y delimitación de otros conceptos como la adaptación y el concepto más general de la producción de textos (Kelletat 1986; Koller 1995). La definición propuesta por Vermeer es más amplia que las tradicionales, ya que intenta reflejar la práctica real de los traductores en un entorno sociocultural complejo. La descripción de los traductores como agentes responsables que deciden qué y cómo traducir, amplía su campo de acción e implica libertad, además de responsabilidad.[8]

Marco teórico[editar]

Teoría de la acción[editar]

Según Vermeer, la teoría de la acción sustenta la teoría del escopo en el sentido de que cada acción está dirigida por un propósito. Una acción se define como "la acción de actuar, lo que significa intencionalmente (a voluntad) provocar o prevenir un cambio en el mundo (en la naturaleza)". Dado que la traducción es una forma de acción de traducción que implica comunicación intencional (o interacción, si afecta a dos o más agentes) y transición, debe haber un propósito asociado. Vermeer proporcionó varios axiomas o tesis con el fin de contextualizar la teoría del escopo como una forma de teoría de la acción y estos incluyen la afirmación de que el escopo determina la estrategia para obtener la meta deseada. Otros estudiosos sugieren que, en la traducción de materiales, deben tenerse en cuenta factores contextuales en el proceso, como la cultura del lector y del cliente que inició la traducción. La teoría de la acción, sin embargo, tiene un alcance más amplio que la teoría del escopo.

Encargo de traducción[editar]

Para que el traductor interprete el propósito de la traducción y emplee estrategias para actuar de acuerdo con el propósito, se considera necesario un escrito de traducción proporcionado por el cliente.[2]​ Establece la instrucción para ejecutar una acción asignada, es decir, "traducir".

Una comisión debe incluir tanta información detallada como sea posible sobre lo siguiente (1) el objetivo, es decir, una especificación del objetivo de la comisión; (2) las condiciones bajo las cuales se debe alcanzar el objetivo pretendido (incluyendo naturalmente cuestiones prácticas como el plazo y la tarifa)[2]

El cliente proporcionará “tantos detalles como sea posible sobre el propósito, explicando los destinatarios, hora, lugar, ocasión y medio de la comunicación prevista y la función que se pretende que tenga el texto”.[2]​ Al indicar esta información en forma escrita o hablada, el escrito de traducción se hace explícito. Sin embargo, cuando el cliente no proporciona explícitamente la comisión de traducción detallada, probablemente debido a la falta de familiaridad con la comunicación intercultural, el traductor debe negociar y proporcionar instrucciones sobre si el texto de origen debe traducirse y el tipo de texto de destino necesario para lograr el propósito, que es el escopo. Así, con el propósito explícito identificado, el traductor podrá seguirlo de cerca y elegir la estrategia de traducción adecuada para ejecutar el encargo.

Cultura[editar]

Esto quiere decir que las modificaciones al transferir del texto fuente al texto meta son apropiadas en contextos específicos, siempre que el elemento transferido posea el mismo grado de convencionalidad en la cultura meta que el original tuvo en la cultura fuente. [17]​ Además, el escopo de la traducción está determinado por el resumen de la traducción o  comisión de traducción, también llamada “operativa intercultural”.[17]​ Así, se puede ver que, aunque la Teoría del escopo está más orientada al objetivo, los aspectos culturales de las lenguas fuente y meta desempeñan un papel importante.

La teoría del escopo subraya la relevancia de los factores culturales; asume que las lenguas están incorporadas en las culturas y que la relación entre lo que se expresa de manera verbal y lo que es comunicado a través de medios de comunicación no verbales, difiere de una cultura a otra. Por lo tanto, no se puede describir a la acción traslativa como una transferencia lingüística; mejor, puede considerarse un tipo particular de transferencia cultural.[8]​ (Reiß and Vermeer 2014:14).

El concepto de cultura desarrollado por la teoría del escopo se basa en Goodenough (1964), quien definió la cultura en el contexto de la antropología cognitiva de primera generación. Sin embargo, la definición de Vermeer se centra más en las normas y convenciones sociales que en la competencia cognitiva: “la cultura puede ser entendida como un conjunto de normas y convenciones que gobiernan el comportamiento social y sus resultados” [8]​ (Vermeer 1992:38).

Vermeer (1986) distingue además tres subcategorías de cultura: paracultura, diacultura e idiocultura, que están inspiradas en los conceptos lingüísticos de paralecto, dialecto e idiolecto. El concepto de paracultura es el más completo, ya que se relaciona a las normas y convenciones de una comunidad social como un conjunto; las diaculturas se relacionan a grupos sociales dentro de comunidades sociales más amplias; y las idioculturas se relacionan a individuos particulares en un momento determinado.[8]

Witte (2000) integra estas subcategorías en su modelo de competencia cultural de traductores y enfatiza su carácter inherentemente relativo, ya que su definición dependerá del propósito de la investigación. Martín de León (2008) critica el concepto de cultura de Vermeer y su división en subcategorías, porque sugiere que la traducción se da entre entidades totalmente distintas, un supuesto que puede llevar a estereotipar a las audiencias meta.[8]

Desarrollo histórico[editar]

La teoría general del escopo de Vermeer[editar]

Durante el periodo en el que se fundó la Teoría general del escopo de Vermeer, el campo de los estudios de traducción se enfrentaba a un cambio desde las teorías predominantemente más formales y "lingüísticas", en las que la "fidelidad" y la "equivalencia" con el texto fuente era el criterio con más autoridad para determinar el éxito de una traducción, a las teorías que tenían más en cuenta la funcionalidad y los factores socioculturales.[18]​ Este cambio fue motivado por la Teoría de la Comunicación, la Teoría de la Acción, la Lingüística del Texto y la Teoría del Texto, y la orientación hacia la Teoría de la Recepción en los Estudios Literarios.

Así pues, la teoría del escopo puede considerarse un vástago de dichas teorías.[18]​ En consecuencia, la Teoría del escopo que se formo en ese periodo, bajo la influencia de las teorías mencionadas, tenía un marco de orientación funcional y sociocultural[18][19]​ ,debido a que se centraba en factores de la traducción que se encuentran entre los extralingüísticos y los textuales.[20][21]​ Muchos de los factores que adoptó de la Teoría de la Acción se volvieron esenciales a finales del siglo XX por a la creciente demanda de traducciones de textos no literarios.

En este tipo de textos, los factores contextuales que los rodean resultan esenciales en su traducción, sobre todo en relación con la función del texto en esa cultura específica para el lector o los lectores concretos.[18]

Vermeer y Reiss[editar]

Aparte de la Teoría del escopo general anteriormente elaborada, la Teoría del escopo(como concepto) fue desarrollada posteriormente por varios académicos del campo de la traducción, distinguiendo su desarrollo en cuatro etapas,[1]​ dos de las cuales se combinaron en una colaboración posterior de la que podría decirse que surgieron los inicios de la Teoría del escopo moderna.[17]​ En concreto, la combinación de la teoría general del escopo[2]​ y el modelo de categorías funcionales de Katharina Reiss introducido en sus artículos de colaboración de 1984 y 1991.[18]​ Este enfoque combinado permitió extraer factores generales (que afectan al proceso de traducción) a partir de ocurrencias encontradas de forma exclusiva en culturas y/o lenguas individuales. Estos factores mencionados pueden vincularse sistemáticamente y/o desde teorías especiales,[18]​ desarrollándose para ser más funcionales y orientados a objetivos.[22]

En este marco, el conocimiento de la razón de ser de una traducción y la función de un texto meta son primordiales para que el traductor produzca traducciones satisfactorias. En esencia, la Teoría del escopo rechaza las teorías de la traducción basadas en la equivalencia y centradas en el texto de origen, los propósitos del autor del texto de origen o los efectos de un texto de origen en sus lectores como factores determinantes en las traducciones.[1][23]​ En su lugar, la Teoría del escopo sugiere que las traducciones deben centrarse en la cultura y la lengua meta que ilustran el texto de origen, sus efectos en el lector y el propósito del autor original como factores decisivos, en lugar de los efectos y propósitos de la lengua de origen.[1]

Reiß y Vermeer (2014, p. 68-79) definen los textos como “ofertas informativas'', cuyo significado es producido dinámicamente por sus destinatarios en una situación específica. El translatum, el producto de una acción traslativa, es una oferta informativa dirigida a un público meta en una cultura meta sobre otra oferta informativa dirigida a una público de partida en una cultura de partida. Estas definiciones son coherentes con el “relativismo relativo” de Vermeer, inspirado por la epistemología evolucionaria, y con su convicción de que la percepción, así como la interpretación de un texto, siempre están condicionadas por el punto de vista y la situación de los receptores.[8]

Afirmaciones y reglas[editar]

Afirmaciones[editar]

Del desarrollo de la Teoría del escopo por parte de Reiss y Vermeer surgieron seis afirmaciones, basadas en las tres reglas principales que rigen la Teoría del escopo. Las seis afirmaciones subyacentes son:[17]

  1. Una traslación está determinada por su escopo.
  2. Una traslación es una oferta de información en una cultura y una lengua meta relativa a una oferta de información en una cultura y lengua de origen.
  3. Una traslación no inicia una oferta de información de forma claramente reversible.
  4. Una traslación debe ser internamente coherente.
  5. Una traslación debe ser coherente con el texto fuente

Las cinco reglas anteriormente mencionadas están en orden jerárquico, con la regla del escopo como predominante.

La primera y principal directriz estipula que el texto meta siempre recurrirá a la función del proceso traductor en cualquier encargo.

La segunda directriz remarca la importancia de la relación que tiene el texto fuente y el texto meta con las funciones en sus respectivos contextos lingüísticos y culturales. [9]

Como consecuencia, el traductor es el actor principal en esta comunicación intercultural para los objetivos de realizar la traducción.

La tercera directriz menciona que la función que tiene un traductor en la cultura meta no necesariamente debe de ser igual que en la cultura fuente, haciendo énfasis en su elemento de irreversibilidad. [1]​ Las directrices cuarta y quinta retoman las “reglas” generales del escopo que tienen relación a la manera de juzgar el éxito de la acción y transferencia de información.

La primera recae sobre la regla de Coherencia, que está vinculada a la coherencia textual interna y la segunda, a la regla de fidelidad, que está vinculada a la coherencia intertextual con el texto origen. [1]

Reglas[editar]

La tres reglas principales de la Teoría del escopo que engloban las seis directrices fundamentales son:

La regla del escopo, de coherencia y de fidelidad. La tercera regla, la de fidelidad, está subordinada a la segunda regla, la de coherencia, que a su vez está subordinada a la regla del escopo.

La regla del escopo[editar]

La primera regla que se debe cumplir en  proceso traductor es el objetivo general, la cual puede ser interpretada como “el fin justifica los medios''.[16]​ lo definido por Vermeer y traducido por Nord, la regla del Skopos establece:

Cada texto se realiza para cumplir un determinado propósito, y debería cumplir con el mismo. Por consecuencia, la regla del escopos estipula lo siguiente: traducir/interpretar/hablar/escribir de una manera que le permita a tu texto o traducción funcionar en la situación en la cual es se usa y con el publico que desee usarlo, y precisamente de la forma que ellos deseen que funcione.[24]​ Ésta presupone que otras convenciones socioculturales y la orientación hacia el texto origen, como se observa en las anteriores teorías de la traducción.[1]​ Más bien, la Teoría del escopos pone énfasis en una aproximación de arriba hacia abajo que subraya el texto meta.[25]

La regla de coherencia[editar]

La segunda regla, la de Coherencia, impone a los traductores la condición de que cualquier texto meta debe tener sentido con respecto a la cultura meta de la lengua a la que se traduce, esto es para que el público meta pueda comprenderlo.[25]​ Como se cita de Nord, esta regla establece:

Una traducción debe ser aceptable en el sentido de que sea coherente con la situación del receptor.[25]

Nord continuó desarrollando que:

Una interacción comunicativa solo puede considerarse como exitosa si los receptores la interpretan como suficientemente coherente con su propia situación.[2]

La regla de fidelidad[editar]

El texto final debe de tener algún tipo de relación con el correspondiente texto de partida.[2]

Koller (2002:127), entre otros, sostiene que la primacía del escopo podría justificar casi cualquier tipo de decisión traductora, incluidas las que implican una manipulación política o ética del texto fuente. Sin embargo, para Vermeer (1996), estas preocupaciones éticas quedan fuera del ámbito de una teoría general, ya que se refieren al comportamiento individual.

En respuesta a estas críticas, Nord (1989, 2006) introdujo el concepto de fidelidad en el funcionalismo[15]​ como un principio ético que debía guiar a los traductores y asegurar que atendieran a todos los participantes en la acción traductora. Este intento de conciliar el enfoque tradicional, orientado a la equivalencia, y lo que ella consideraba un “funcionalismo radical”[10]​ (Nord 2006:34) fue generalmente bien recibido como un medio para garantizar que los traductores no actúen en contra de los intereses de los autores, comisionados y el público. No obstante, esta postura no está exenta de críticas.

Uno de los principales argumentos hechos por Vermeer (1996:79–101) es que el concepto de fidelidad no pertenece a una teoría de validez general, ya que refleja normas y convenciones específicas de la cultura. De igual manera, se ha argumentado que la teoría del escopo en sí no está libre de valores como afirma Vermeer (1996, pero véase 2004), en la medida en que el concepto de responsabilidad conlleva una dimensión ética [ ] (Dizdar 2006; Martín de León 2008; Kopp 2012). De ser así, como sostiene Witte (2000), el concepto de fidelidad podría ser redundante.

Principalmente, la teoría del escopo se dio a conocer en la comunidad académica de habla inglesa a través de los trabajos de Nord (1997), Snell-Hornby (2006), Schäffner (2009) y Chesterman (2001b). Su recepción se ha visto obstaculizada por el hecho de que, en un principio, se formuló en alemán y siguió las convenciones académicas alemanas (Dudenhöfer 2012). Algunas de las críticas que surgieron a su introducción en esta gran comunidad están relacionadas con su estatus epidemiológico dentro del campo de los estudios de traducción. Aunque se concibió como una teoría general de la traducción, la cual pretendía describir las condiciones generales aplicadas a cualquier acción traductora, así como la teoría de la acción traductora [ ] propuesta por Holz-Mänttäri, Toury (1995/2012) y Chesterman (1998, 2010b) no la consideran una teoría general descriptiva de la traducción. Más bien, la ven como una teoría aplicada y prescriptiva orientada a mejorar la práctica traslativa.

Además, Chesterman (2010b) argumenta que la teoría del escopo carece de un soporte empírico y no se han producido hipótesis comprobables.

Reglas[editar]

Usos[editar]

Pedagogía[editar]

Hasta la fecha, el uso más importante de las teorías funcionalistas —aquellas que se enfocan en la finalidad de la traducción, como la teoría del escopo— ha tenido lugar en el campo de la pedagogía. Como afirma Kiraly (2012))[26]​, las teorías funcionalistas han servido como modelos de buenas prácticas en el aula desde finales de los años 90.[27]

Tanto Holz-Mänttäri (1984)[28]​ como Vermeer (1990)[29]​ proponen programas de estudios de traducción que enfatizan la importancia de asignar encargos de traducción realistas, realizar proyectos colaborativos y promover la autonomía de los estudiantes. La importancia del encargo de traducción radica en que este contiene las instrucciones que el traductor debe seguir para realizar una traducción apropiada de acuerdo con su finalidad.[27]

Adicionalmente, el uso pedagógico del funcionalismo fue promovido por una serie de académicos que enseñaban en las universidades de Mainz y Heidelberg y desarrollaron sus propias versiones del funcionalismo. Entre los más conocidos se encuentran Hönig y Kußmaul (1982),[30]​ quienes vinculan el funcionalismo con la psicolingüística y proponen un marco funcional para guiar a los estudiantes a lo largo del proceso de traducción. Sus planteamientos se enfocan en los aspectos cognitivos de la traducción —en otras palabras, los procesos mentales que tienen lugar durante la traducción— (Hönig 1995)[31]​ y la creatividad (Kußmaul 1995).[32]​ Ambos autores investigan estos elementos con el fin de reforzar el conjunto de conocimientos, habilidades y aptitudes necesarias para realizar una traducción adecuada, es decir, la competencia traductora.[27]

Asimismo, Nord ha publicado una serie de obras orientadas a los estudiantes de traducción, de las cuales destacan el manual sobre análisis textual de 1988 y su traducción al inglés de 2005,[33]​ en el que la autora propone un modelo de análisis textual para traducciones orientadas al escopo.[27]

Finalmente, Witte (1989, 2000, 2017)[34][35]​ desarrolla un enfoque funcionalista en la didáctica traslativa basado en la competencia cultural de los traductores, el cual incluye conocimiento de dos culturas distintas y la capacidad de contrastarlas y relacionarlas en términos de percepciones mutuas (ideas acerca de sí mismo y del otro, prejuicios o estereotipos) con el fin de evitar malentendidos. Desde entonces, han aparecido un gran número de publicaciones que abordan cuestiones pedagógicas a partir de un punto de vista funcional, con lo que se popularizaron las nociones de escopo y encargo de traducción en el aula.[27]

Interpretación[editar]

Los trabajos de Vermeer y Holz-Mänttäri también se han aplicado al análisis de la interpretación simultánea en conferencias.[27]

Por su parte, Pöchhacker (1994, 1995)[36]​ sitúa el escopo a nivel de la conferencia completa, como una unidad global o hipertexto, y cuestiona la suposición funcionalista de una transferencia cultural en este tipo de interpretación, pues alega que el grupo de expertos que asiste a una conferencia constituye una diacultura internacional. No obstante, este argumento pierde su validez en otros tipos de interpretación como la comunitaria o la de lenguas de señas, en las que las diferencias culturales, así como las necesidades y expectativas de los receptores de la interpretación, suelen estar más claramente definidas y las decisiones del intérprete pueden describirse con más facilidad en términos de finalidades y estrategias (Kalina 2009, 2012)[37]​.[27]

Otros campos[editar]

En términos de géneros textuales, las teorías funcionalistas se han aplicado en el contexto de la traducción técnica (Schmitt 1989, 1992), folletos turísticos (Nobs Federer 2006, 2009)[38]​ y textos legales (Osoro Pérez-Puchal 2002; Prieto Ramos 2002). Sin embargo, pese al énfasis en la comunicación no verbal del funcionalismo, pocos académicos que trabajan en la traducción audiovisual han aplicado de manera explícita una perspectiva funcionalista a su investigación. Uno de esos académicos es Kaindl (1995, 2004),[39][40]​ cuyo acercamiento a la traducción de ópera y cómics se desarrolla desde una perspectiva funcionalista. Además, ofrece un modelo de análisis de elementos no verbales en estas modalidades de traducción.[27]

Reacciones[editar]

Méritos[editar]

Críticas[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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