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Teoría del aprendizaje social

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La teoría del aprendizaje social, también denominada aprendizaje por observación o aprendizaje vicario, plantea que los seres humanos no aprendemos únicamente a partir de nuestra propia experiencia, sino también al observar las acciones de otras personas y las consecuencias que estas generan.[1]

Teoría general

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La teoría del aprendizaje social se deriva del trabajo de Cornell Montgomery (1843-1904), quien propuso que el aprendizaje social tenía lugar a través de cuatro etapas principales: contacto cercano, imitación de los superiores, comprensión de los conceptos, y comportamiento del modelo a seguir.

Julian B. Rotter se distanció de las teorías basadas en la psicosis y del conductismo radical, y desarrolló una teoría del aprendizaje basada en la interacción. En Social Learning and Clinical Psychology (1954), Rotter sugiere que el resultado de la conducta tiene un impacto en la motivación de las personas para realizar esa conducta específica. Las personas desean evitar las consecuencias negativas, y obtener las positivas. Si uno espera un resultado positivo de una conducta, o piensa que hay una alta posibilidad de que produzca un resultado positivo, entonces habrá más posibilidades de ejecutar dicha conducta. La conducta se refuerza, con consecuencias positivas, llevando a la persona a repetirla. Esta teoría del aprendizaje social sugiere que la conducta es influenciada por factores o estímulos del entorno, y no únicamente por los psicológicos.[2]

Albert Bandura (1977) expandió la idea de Rotter,[3] al igual que la de un trabajo anterior de Miller y Dollard (1941),[4] y se relaciona con las teorías del aprendizaje social de Vygotsky y Lave. Su teoría comprende aspectos del aprendizaje cognitivo y conductual. El aprendizaje conductual presupone que el entorno de las personas causa que estas se comporten de una manera determinada. El aprendizaje cognitivo presupone que los factores psicológicos son importantes influencias en las conductas de las personas. El aprendizaje social sugiere que una combinación de factores del entorno (sociales) y psicológicos influyen en la conducta. La teoría del aprendizaje social señala tres requisitos para que las personas aprendan y modelen su comportamiento: retención (recordar lo que uno ha observado), reproducción (habilidad de reproducir la conducta) y motivación (una buena razón) para querer adoptar esa conducta.

Estrategias de aprendizajes.

Las estrategias de aprendizaje se definen como la combinación de métodos, recursos y mediaciones didácticas utilizadas por maestros y estudiantes para facilitar la adquisición de conocimientos esperados en un plan curricular.

EL PROCESO DE APRENDIZAJE

Según Gagné (1987)

“El aprendizaje consiste en un cambio de la disposición o capacidad humana, con carácter de relativa permanencia y que no es atribuible simplemente al proceso de desarrollo”.

La explicación del aprendizaje en el ser humano ha sido explicada por diversas corrientes psicológicas contemporáneas, entre las que destacan la perspectiva conductual, la cognitiva y la constructivista. Más que privilegiar una de ellas como explicación definitiva, se busca que el análisis de sus postulados permita al facilitador del aprendizaje elegir las estrategias instruccionales más adecuadas para cada situación educativa.

Conductismo

Las teorías conductuales del aprendizaje, también denominadas teorías del condicionamiento estímulo-respuesta (E-R), tienen su origen en los trabajos de John B. Watson, Edward L. Thorndike y B. F. Skinner. Estas explicaciones se basan en la observación de la conducta y en la idea de que el aprendizaje se produce mediante asociaciones entre estímulos y respuestas. Asimismo, los experimentos desarrollados por Iván Pávlov a finales del siglo XIX constituyeron un antecedente fundamental.

Condicionamiento clásico

El condicionamiento clásico, formulado por Iván Pávlov, describe el proceso mediante el cual un organismo aprende a responder a un estímulo inicialmente neutro después de que este se asocia repetidamente con un estímulo que provoca una respuesta natural. En sus experimentos con perros, Pávlov observó que la presencia del asistente (un estímulo inicialmente neutro) llegaba a provocar salivación al asociarse constantemente con la comida. Este tipo de aprendizaje se basa en el principio de adhesión entre estímulos, sin necesidad de reforzamiento directo. De este modo, estímulos que originalmente no producían una respuesta específica adquieren la capacidad de evocarla mediante la asociación repetida.

Condicionamiento instrumental

El condicionamiento instrumental es un tipo de aprendizaje en el que la conducta funciona como un medio para alcanzar un resultado determinado. El término fue introducido por Edward L. Thorndike, quien propuso que las respuestas que producen consecuencias satisfactorias tienden a repetirse, mientras que aquellas que generan consecuencias desfavorables tienden a desaparecer.

En este tipo de aprendizaje, la conducta actúa como un instrumento para obtener una consecuencia, por lo que su probabilidad de ocurrencia depende de los efectos que produce. Cuando una acción es seguida por consecuencias positivas, aumenta la probabilidad de que se repita; por el contrario, si produce consecuencias negativas, disminuye la probabilidad de su repetición.

El proceso implica una forma de retroalimentación posterior a la respuesta. En este sentido, la respuesta funciona como un medio para obtener el reforzamiento. Un reforzador positivo es un estímulo cuya presencia fortalece una conducta, mientras que un reforzador negativo consiste en la eliminación de un estímulo desagradable que también incrementa la probabilidad de que la conducta se repita.

En el condicionamiento instrumental se identifican cuatro principios básicos: premio, castigo, huida y omisión. En todos los casos, la consecuencia ocurre después de la respuesta emitida por el organismo. Según el tipo de consecuencia aplicada, el condicionamiento puede implicar refuerzo positivo, refuerzo negativo, castigo u omisión.

Condicionamiento operante

El condicionamiento operante fue desarrollado principalmente por B. F. Skinner, uno de los principales representantes del conductismo en el estudio del aprendizaje. Skinner investigó este tipo de condicionamiento principalmente con animales, aunque consideró que sus principios podían aplicarse también al aprendizaje humano, especialmente en niños y jóvenes.

Para Skinner, el aprendizaje implica un cambio en la probabilidad de emisión de una respuesta. Este cambio ocurre como resultado de las consecuencias que siguen a la conducta. En este enfoque, la conducta se entiende como la acción de un organismo dentro de un determinado contexto o marco de referencia.

El término operante se utiliza para describir este tipo de condicionamiento porque el organismo actúa sobre el ambiente, lo modifica y recibe consecuencias como resultado de su comportamiento. Si las consecuencias de la acción resultan favorables o satisfactorias, la conducta tiende a fortalecerse y a repetirse en circunstancias similares. En cambio, si las consecuencias son desfavorables, la conducta tiende a debilitarse o desaparecer.

Este proceso no solo permite reforzar conductas que ya forman parte del repertorio del individuo, sino que también puede facilitar la adquisición de nuevas conductas.

Experimento del muñeco Bobo

El experimento del muñeco Bobo fue realizado en 1961 por el psicólogo Albert Bandura con el objetivo de estudiar el aprendizaje por observación y demostrar que gran parte de la conducta humana puede adquirirse mediante la imitación de modelos.[5]

El experimento utilizó un muñeco inflable llamado Bobo, diseñado para recuperar su posición original después de ser golpeado. Bandura buscaba analizar si los niños imitaban comportamientos agresivos observados en adultos.

Formulación del experimento

Bandura eligió como participantes a niños pequeños debido a que presentan menor influencia de normas sociales interiorizadas y, por lo tanto, su comportamiento puede reflejar con mayor claridad los procesos de aprendizaje por observación.

Antes de iniciar el estudio, el investigador planteó varias hipótesis relacionadas con los resultados esperados:

  • Los niños que observaran a un adulto comportarse de manera agresiva tendrían mayor probabilidad de reproducir conductas agresivas.
  • Los niños que no observaran ese tipo de conducta tendrían menor probabilidad de manifestar comportamientos agresivos.
  • Los niños tenderían a imitar con mayor frecuencia a modelos adultos de su mismo sexo.
  • Se esperaba que los niños mostraran niveles de agresividad más altos que las niñas, debido a que socialmente el comportamiento agresivo masculino suele ser más tolerado.

Muestra y diseño experimental

La muestra estuvo conformada por 72 niños de entre 3 y 6 años provenientes de una guardería asociada a Stanford University. De ellos, 36 eran niñas y 36 eran niños.

Los participantes fueron divididos en tres grupos experimentales, cada uno integrado por 24 niños (12 niñas y 12 niños):

  • Grupo de control: los niños no observaron ningún modelo adulto.
  • Grupo de modelo agresivo: los niños observaron a un adulto comportarse de forma agresiva con el muñeco Bobo. Este grupo se subdividió en dos: uno observó a un modelo masculino y el otro a un modelo femenino.
  • Grupo de modelo no agresivo: los niños observaron a un adulto que interactuaba de manera pacífica con el muñeco.

Antes del inicio del experimento, todos los participantes fueron evaluados para identificar diferencias individuales en sus niveles de agresividad y rasgos de personalidad, con el objetivo de controlar posibles variables que pudieran influir en los resultados.

Desarrollo del experimento

Durante el experimento, los niños fueron ubicados en diferentes habitaciones según el grupo al que pertenecían:

  • Grupo de control: los niños permanecieron en una habitación con juguetes y sin la presencia de un adulto modelo.
  • Grupo de modelo agresivo: los niños fueron colocados en una habitación con juguetes y un adulto que también tenía sus propios objetos de juego, incluido el muñeco Bobo. Después de aproximadamente dos minutos, el adulto comenzaba a comportarse de manera agresiva con los juguetes, tanto física como verbalmente, durante unos diez minutos.
  • Grupo de modelo no agresivo: los niños se encontraban en una habitación con juguetes y un adulto que interactuaba con ellos de forma pacífica durante diez minutos.

Posteriormente, los niños fueron trasladados a otra habitación donde se les indicó que no podían utilizar los juguetes disponibles, con el fin de incrementar su nivel de frustración. Después fueron llevados a una tercera habitación donde sí podían jugar con distintos objetos, algunos asociados a conductas agresivas y otros de carácter neutral.

En esta última sala había un espejo unidireccional que permitía a los investigadores observar el comportamiento de los participantes sin intervenir directamente. Durante esta fase se registraron distintos tipos de conductas, entre ellas la agresión física, la agresión verbal y la frecuencia con la que los niños utilizaban un mazo u otros objetos para golpear al muñeco, incluyendo formas de agresión nuevas que no habían sido mostradas por el modelo adulto.

Resultados

Los resultados indicaron que los niños que habían observado el modelo agresivo presentaban una mayor probabilidad de reproducir comportamientos agresivos. Asimismo, se observó que los niños tendían a mostrar niveles más altos de agresión física que las niñas. Sin embargo, en el caso de la agresión verbal no se encontraron diferencias significativas entre ambos sexos.

En contraste, los niños pertenecientes a los grupos que habían observado un modelo adulto pasivo o que no habían sido expuestos a ningún modelo mostraron niveles significativamente menores de conductas agresivas.

Conclusiones y críticas

Los resultados del experimento apoyaron la idea de que los niños pueden aprender conductas a través de la observación y la imitación de modelos, lo que respalda los postulados de la teoría del aprendizaje social desarrollada por Albert Bandura.

No obstante, el estudio también recibió diversas críticas. Algunos autores señalaron que el muñeco Bobo estaba diseñado para volver a su posición original después de ser golpeado, lo que podría haber llevado a los niños a interpretarlo como un juguete destinado a ese tipo de interacción, más que como un objeto asociado a la agresión.

Modificaciones posteriores del experimento

En 1963, dos años después del estudio original, Albert Bandura realizó una nueva versión del experimento en la que los niños observaban el comportamiento agresivo del adulto a través de un video. Los resultados fueron similares, aunque menos concluyentes que en el experimento inicial.

Posteriormente, en 1965, se llevó a cabo otra variante del estudio en la que las conductas de los modelos adultos eran recompensadas o castigadas, con el objetivo de analizar cómo las consecuencias observadas influían en la imitación del comportamiento.

Criminología

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En el ámbito de la criminología, Ronald Akers y Robert Burgess desarrollaron en 1966 una teoría del aprendizaje social aplicada a la conducta delictiva. Esta propuesta combinó variables que favorecen la delincuencia (como la presión de grupos de pares involucrados en conductas delictivas) con factores que la desalientan, como las reacciones de los padres ante dichas conductas.[1]

El modelo se inspiró parcialmente en la teoría de la asociación diferencial formulada por Edwin Sutherland, que explica el comportamiento delictivo como resultado del aprendizaje dentro de un entorno social donde existen definiciones favorables o desfavorables hacia la violación de la ley.

Akers y Burgess ampliaron esta perspectiva incorporando el concepto de refuerzo, tomado de la psicología conductual, según el cual la probabilidad de que una conducta se repita depende de las consecuencias que produce. De esta manera, el comportamiento delictivo puede fortalecerse o debilitarse según las recompensas o sanciones sociales que lo acompañen.

Críticas a la teoría

La teoría del aprendizaje social aplicada a la criminología ha recibido diversas críticas. Algunos autores señalan que el enfoque no explica adecuadamente el origen inicial de la conducta delictiva, ya que presupone que primero debe existir un modelo de comportamiento criminal que pueda ser observado.

Asimismo, se ha señalado que lo que funciona como reforzador para una persona puede no tener el mismo efecto en otra. Además, muchos refuerzos son de carácter social, lo que implica interacciones entre varias personas, mientras que otros pueden ser no sociales y depender de factores individuales.

A pesar de estas críticas, la teoría ha sido utilizada en programas de mentoría destinados a prevenir la conducta delictiva, en los que un adulto actúa como modelo positivo para niños o adolescentes. Sin embargo, algunos estudios han mostrado que estos programas pueden tener efectos variables dependiendo del contexto social y de las características de los participantes.

Nuevos desarrollos en la teoría del aprendizaje social

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En años recientes, el concepto de aprendizaje social también se ha vinculado con el uso de redes digitales y entornos colaborativos en línea. Plataformas como Facebook, YouTube o Wikipedia han facilitado formas de aprendizaje basadas en la interacción social, el intercambio de información y la colaboración entre usuarios.

Desde la perspectiva individual, estas herramientas permiten a los usuarios crear, compartir y consultar contenidos para resolver problemas o ampliar conocimientos. En el ámbito organizacional, el aprendizaje social puede integrarse a los procesos de formación formal mediante discusiones, intercambio de experiencias y comunidades de práctica entre trabajadores o estudiantes.

Diversas empresas tecnológicas, como SAP y Microsoft, han desarrollado herramientas orientadas a facilitar este tipo de aprendizaje colaborativo. Sin embargo, algunos especialistas señalan que el aprendizaje social no debe reducirse únicamente al uso de redes sociales digitales, ya que implica procesos más amplios de interacción, observación y construcción colectiva del conocimiento.[5]

La versión actualizada de la teoría del aprendizaje social de Bandura (1989) es la teoría cognoscitiva social. El cambio de nombre obedece a que se enfatizan más en los procesos cognoscitivos como parte central del desarrollo. Los procesos cognoscitivos operan cuando las personas observan modelos, aprenden unidades de conducta y, mentalmente, las convierten en patrones complejos de nuevas conductas.[6]

Véase también

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Referencias

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  1. 1 2 Morales Moya Gavira Cuadrado, Francisco Miguel Elena Isabel (2007). «Psicología social de la agresión». Psicologia Social. McGraw Hill. ISBN 9788448156084.
  2. Rotter, J. B. (1945). Social Learning and Clinical Psychology. Prentice-Hall.
  3. Bandura, A. (1977). Social Learning Theory. General Learning Press.
  4. Miller, N. & Dollard, J. (1941). Social Learning and Imitation. Yale University Press.
  5. 1 2 Investigación Universitaria "Aprendizaje de la socialización en el mundo digital: una reflexión necesaria", elaborado por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) https://repositorioacademico.upc.edu.pe/
  6. Papalia, D. E., Feldman, R. D., & Martorell, G. (2012). «capitulo 2». "Desarrollo humano. Capítulo 2 “Teoría e investigación”. McGRAW-HILL/INTERAMERICANA EDITORES. p. 32.

Enlaces externos

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