Teoría de los dos demonios

Se le llama teoría de los dos demonios en Argentina a la concepción según la cual la gravedad de los delitos cometidos por agentes estatales como parte del terrorismo de Estado es equivalente a los actos de violencia cometidos por las organizaciones guerrilleras, especialmente aquellos cometidos en el marco de la lucha contra las dictaduras que tomaron el poder en 1966 y en 1976.
Fundamento
[editar]Justificación del terrorismo de Estado
[editar]La teoría de los dos demonios sostiene[1] que el terrorismo de Estado aplicado sistemáticamente en Argentina entre 1976 y 1983, por orden a las juntas militares durante el Proceso de Reorganización Nacional, tienen la misma o equivalente gravedad que los actos de violencia, incluso terroristas, cometidos por las organizaciones guerrilleras Montoneros y ERP, en su enfrentamiento con la dictadura de ese momento y con los gobiernos constitucionales que le precedieron (la tercera presidencia de Juan Domingo Perón y, tras su muerte, la de su viuda María Estela Martínez de Perón.[2] En este contexto, las Fuerzas Armadas se habrían visto obligadas a tomar el poder, imponiendo un gobierno de facto cuya misión sería restaurar el orden; por lo tanto, todos los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado, tales como desaparición forzada, secuestros, torturas, asesinatos y apropiación de bebés, entre otros, habrían sido "excesos" cometidos en el marco de una supuesta guerra civil, por lo que no serían crímenes de lesa humanidad, ya que era una guerra. Un hecho que probaría que se vivió una guerra civil, sería, argumentan, lo dicho por el propio Firmenich en el 2004 refiriéndose al asesinato de Rucci: "Sí, desde nuestro lado [matar a Rucci] fue un error político, como toda la [supuesta] guerra civil que ha vivido la Argentina".[3]
Número de desaparecidos
[editar]Otra premisa de esta teoría[1] es la de que no fueron 30 mil los desaparecidos, si no entre seis mil y nueve mil. Según los defensores de esta teoría, la cifra de 30 mil desaparecidos nace de la necesidad de los exiliados, sobre todo en Europa, para conseguir apoyo internacional y poder regresar. Se necesitaba, argumentan, una cantidad significativa de personas desaparecidas, de ahí el número 30 mil.
El debate sobre la cantidad de desaparecidos durante la última dictadura argentina fue muy arduo y continúa vigente.[4][5][6][7][8] La Secretaría de Derechos Humanos en 2016 confirmó una cifra de 6.368 desaparecidos conforme lo acredita el organismo oficial Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado.[9] contando solo los desaparecidos. La CoNaDep sostuvo un número de 8960 desaparecidos, pero cuenta también a los 770 Detenidos desaparecidos con muerte no comprobada durante los gobiernos de Perón y Martínez de Perón, los 1299 Muertos identificados, los 7755 del proceso cívico-militar (1976/83) y los 1250 de los gobiernos constitucionales (1973/76). Tradicionalmente los organismos de derechos humanos, el movimiento sindical y distintos partidos políticos, realizaron una estimación de la cantidad de desapariciones en un número redondo de 30.000 personas[10][11] y consideran que cuestionar la existencia de 30 000 detenidos desaparecidos, puede ser leído como una forma de negacionismo.[12][13][14] Sergio Schoklender le ha atribuido la popularización de ese número a Hebe de Bonafini: "Cuando la Conadep dijo que había verificado nueve mil desapariciones, los organismos de derechos humanos dijeron que en realidad debía haber quince mil. Hebe salió a decir que eran treinta mil y a repetirlo una y otra vez hasta que, de tanto decirlo, así quedó. Un solo desaparecido es una tragedia, pero nunca fueron treinta mil, eso fue un invento de ella".[15]
Quienes defienden el número de 30.000 desaparecidos suelen hacer hincapié en papeles divulgados por el Archivo de Seguridad Nacional, una organización no gubernamental de Estados Unidos, a propósito del 30ø aniversario del golpe militar. El material incluye la afirmación de que el total de personas asesinadas y desaparecidas en Argentina alcanzaba a 22 mil en 1978, pero este dato no está basado en fuentes del gobierno argentino sino que se trataba de una estimación de un agente de la inteligencia chilena llamado Enrique Arancibia Clavel.[16] Por el contrario, lo que suele usarse de fundamento para la afirmación de que se habría exagerado el número por los exiliados, el ex montonero Luis Labraña, quien dijo haber "inventado" el número de los 30.000 para lograr que la represión de la dictadura fuera reconocida como genocidio por los organismos internacionales.[17]
La primera mención al número de 30.000 desaparecidos aparece en una entrevista que el diario español El País le hizo a la hermana del Che Guevara el 24 de enero de 1978,[18] en la que ya aparece ese número, citando expresamente el cálculo que había hecho la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU). La CADHU era una ONG estructurada alrededor del Partido Revolucionario de los Obreros Argentinos (PROA), fuerza integrada, entre otros, por los hermanos Eduardo Luis, Marcelo y Carlos María Duhalde, Haroldo Logiurato, Carlos González Gartland e Ignacio Ikonicoff, y que contaba también con miembros de Montoneros y el PRT- ERP, como Rodolfo Mattarollo, Manuel Gaggero, Martín Federico, Lidia Massaferro, Juan Carlos Caprioli y Pablo Ramos.[19] De acuerdo a un estudio realizado por Gabriel Rot, el encargado de realizar el cálculo habría sido Ignacio Ikonicoff, quien llegó a ese número a partir de los datos aportados por colaboradores vinculados a Montoneros y el PRT-ERP.[20]
En el año 2003, uno de los principales promotores y dirigentes de la CADHU, Eduardo Luis Duhalde fue designado secretario de Derechos Humanos de la Nación. Desde este cargo marcó un giro en la política gubernamental de Derechos Humanos, logrando que el gobierno del que formaba parte asumiera como "política de estado" la reanudación de los juicios por delitos de lesa humanidad, como le hizo saber el presidente Néstor Kirchner a los nuevos integrantes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en una reunión de la que fue testigo el entonces jefe de gabinete -y futuro Presidente- Alberto Fernández.[21] También desde el Estado se asumió como propia la defensa del cálculo de 30.000 desaparecidos.
Tras las primeras críticas a ese número, en una carta escrita en 2009, Eduardo Luis Duhalde manifestó que la Secretaría a su cargo utilizaba este número como el resultado de diversas variables que habían sido tenidas en cuenta para su valoración por la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU) de la que él formó parte entre los años 1975 y 1983. Duhalde, en esa carta, no especifica la forma exacta en que se realizó el cálculo aritmético, pero cita otros factores que se habrían tenido en cuenta, como por ejemplo la cantidad de centros de detención y exterminio, el número proporcional de habeas corpus presentados y también algunas estimaciones hechas por algunos militares en la primera etapa del proceso.[22][23] Basado en estos cálculos, Duhalde afirmaba que "la cifra de 30 000 no es ni arbitraria ni caprichosa", aunque minimizaba la importancia de la cuestión diciendo que "es lamentable reducir la dimensión de la tragedia argentina a un problema contable" y que "el carácter masivo, criminal y abyecto no se mide por un resultado aritmético" aunque reconocía que este último argumento no sería aceptado por todos, sino sólo por un grupo al que describió con una metáfora: "los que creemos que cuando se asesina un hombre se está asesinando a la humanidad".[22][24]
Distintas organizaciones de derechos humanos, tales como Abuelas de Plaza de Mayo afirman que los mismos hechos ocurridos en la Argentina se dieron en simultáneo en toda América del Sur, y que supuestamente era el objetivo principal del Plan Cóndor ideado por Estados Unidos[cita requerida] en el contexto de la Guerra Fría, con la intención de exterminar a todos aquellos que estuviesen alineados con ideales comunistas o de izquierda. Otras versiones atribuyen el Plan Cóndor a un acuerdo entre los entonces presidentes de Chile y Argentina, Augusto Pinochet y Juan Domingo Perón, De acuerdo al historiador Juan Bautista Yofre, fue Perón quién, alarmado tras la creación de la Junta de Coordinación Revolucionaria, tomó la iniciativa de reunirse con Pinochet el 3 de abril de 1973 para idear un programa de corte antisubversivo. Esa habría sido la antesala del Plan Cóndor,[25][26] que continuó Isabel Peron a partir de abril de 1975. Ya en la presidencia de la Argentina, Isabel Perón se reunió con el mismo dictador chileno para consolidar y mejorar una reacción antisubversiva coordinada por los gobiernos del Cono Sur. Esta reunión no fue clandestina ni secreta, sino que fue cubierta por el Jornal do Brasil: "Los dos gobiernos no ocultan su preocupación por la estrecha colaboración que existe entre militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)".[27]
En noviembre de 2013, el diario Perfil de Buenos Aires publicó un artículo en el que Luis Labraña, exmilitante de la agrupación Montoneros,[28] afirmaba que el número de 30 000 desaparecidos era una cifra que él mismo había inventado para conseguir un subsidio.[29] Más tarde, el propio Luis Labraña reafirmó ese dicho en televisión, asegurando que la cifra fue inventada por él mientras estaban un grupo de jefes de Montoneros en Europa pidiendo subsidios a distintas ONG.[30] El periodista y abogado especialista en derechos humanos Pablo Llonto, ha acusado a Labraña de mentir, basado en que no hay registros de su participación en los dos viajes a Países Bajos por parte de Madres de Plaza de Mayo en 1979.[31] Llonto además sostiene que la cifra de 30.000 es anterior a dichos viajes, y cita en su apoyo la entrevista de El País a Celia Guevara De la Serna, en la que ella, un año antes, hacía referencia a los números que le informó la CADHU.
El 14 de noviembre de 2025 el Estado argentino planteó, por primera vez, ante el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas, las dudas sobre el número de desaparecidos. En ese marco, el subsecretario de Derechos Humanos, Alberto Baños, manifestó que existe un "relato impuesto" que se resiste a revisar el número de desaparecidos. “No podemos ser ingenuos (sobre) cómo se arribó a ese número, porque, además, quien lo ideó lo dice públicamente”, dijo en relación a Luis Labraña, denunciando que, en el discurso público "Cuando uno cuestiona el famoso número de desaparecidos, automáticamente cae en el negacionismo"
Otro argumento utilizado para intentar refutar la teoría de los dos demonios es el de que más de la mitad de las víctimas del terrorismo de Estado no tenían ningún vínculo con ninguna organización guerrillera o terrorista, que simplemente se dedicaban a trabajos voluntarios en villas, escuelas, hospitales y otros lugares públicos, como fue el caso del sacerdote Carlos Mugica. La justicia estableció que fue asesinado por el grupo parapolicial de extrema derecha Triple A dirigido por el ministro de Bienestar Social José López Rega bajo un gobierno democráticamente elegido. Esto es algo que Mario Firmenich niega:
"Habrá algún que otro desaparecido que no tenía nada que ver, pero la inmensa mayoría eran militantes y la inmensa mayoría eran montoneros. Yo sé cómo vivieron ellos. A mí me hubiera molestado muchísimo que mi muerte fuera utilizada en el sentido de que un pobrecito dirigente fue llevado a la muerte",[32]
Y agregó:
"La inmensa mayoría de los desaparecidos son montoneros (…) No existen los buenos y los malos, en líneas generales; nosotros no somos los buenos y los demás los malos, todos somos buenos y malos, todos somos responsables de que la Argentina esté como está, por acción u omisión"[33]
Y en un reportaje concedido al periodista Enrique Llamas de Madariaga remató:
"todos somos demonios (…) en una guerra civil, aquel que no tiene nada que ver es porque se fue de la Nación. Los demás están todos comprometidos, unos bajo la cama y otros empuñando un arma, pero comprometidos al fin".[34]
Comentarios
[editar]La siguiente frase de Ernesto Sabato en el prólogo al informe Nunca Más se suele aludir como representativa de esta visión:[35]
Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares. Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio; y en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los servicios de seguridad le propuso al General Della Chiesa torturar a un detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables: «Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura».
No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.
La investigadora Elizabeth Jelin afirma respecto de la versión original del prólogo que:
Allí se habla de las dos violencias, pero no en términos de equivalencias (interpretación habitual –a mi modo de ver equivocada– que dio lugar a la “teoría de los dos demonios”) sino en términos de “escalada de violencias”: hubo una violencia guerrillera que despertó una represión mucho más brutal. Y se trataba de un momento en que el clima político-cultural era de condena a la violencia.Elizabeth Jelin[37]
Por su parte Martín Granovsky opinó respecto de la labor de la fiscalía en el Juicio a las Juntas:
"Al revés de algunos estereotipos circulantes, poco apegados a los hechos, el trabajo de la fiscalía no abrevó en la teoría de los dos demonios sino que, en línea con la Conadep, disecó el demonio del terrorismo de Estado hasta hacerlo visible en todas sus facetas y en algunos de sus impactos socialesMartín Granovsky[38]
Juan Gelman plantea:
Lo que demuestra que la teoría de los dos demonios no funciona es el hecho de que haya habido 30 mil desaparecidos. Según un estudio del coronel Florencio García y del ejército había a lo sumo mil quinientos guerrilleros, sumando todos los grupos guerrilleros en el país. De manera que suponiendo que todos esos guerrilleros hubieran sido aniquilados por las fuerzas armadas, todavía cabe preguntar qué pasó con los 28 mil quinientos que no eran guerrilleros y que incluso no estaban a favor, sino en contra de la lucha armada como salida del problema del país.[39]
Como puede verse, este planteo de Gelman parte de la premisa de asumir como cierto el número de 30.000 desaparecidos. Pero además contradice las conclusiones de la Justicia que, en la Sentencia de la causa 13/84 dejó establecido que en su momento de apogeo, las organizaciones guerrilleras contaron con un número cercano a los 25.000 adherentes, de los cuales 15.000 eran combatientes.[40]
Se atribuye que esta teoría ha sido sostenida por personalidades como Alejandro Rozitchner, Norma Morandini,[41] Graciela Fernández Meijide,[42] y Héctor Leis,[43] Magdalena Ruiz Guiñazú,[44] Cecilia Pando,[45] Albano Harguindeguy,[46] entre otras.
Marcelo Zanotti, en Diario 5, establece una diferencia entre la Teoría de los dos demonios y la que él llama Cadena de Venganzas, en la que unos y otros, a cada lado de las ideologías de mayor perfil, procuraron imponer sus intereses con violencia desmedida e infantil.
Modificación del prólogo del «Nunca más»
[editar]En la edición del año 2006 del Nunca más se agregó un nuevo prólogo que alteró la posición expresada por Sábato, lo cual originó la reacción de miembros originales de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), cubierto por algunas fuentes periodísticas.[47] Roberto Berdún, que tuvo a su cargo el archivo de la Conadep y de la Subsecretaría de Derechos Humanos bajo el gobierno de Alfonsín, recordó el trabajo contrarreloj para depurar el anexo de víctimas y destacó que el día antes de su entrega formal les pidió sin suerte a Ernesto Sabato, Graciela Fernández Meijide y Magdalena Ruiz Guiñazú que se postergara la publicación para subsanar errores. “Se publicó como estaba y hasta hoy se usa políticamente –lamentó–. Es horrible ver a Graciela decir que fue aberrante la corrección del prólogo. Era una reparación histórica necesaria que vino a saldar Duhalde. Era inadmisible un prólogo con la teoría de los dos demonios cuando las 500 páginas que siguen muestran que el terrorismo de Estado fue el único demonio.[48] El presidente Néstor Kirchner fue el responsable de la modificación del prólogo del libro "Nunca Más:"
Eduardo Luis Duhalde dijo que es preciso dejar claramente establecido, porque lo requiere la construcción del futuro sobre bases firmes, que es inaceptable pretender justificar el terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado, que son irrenunciables".[47]
En la edición del año 2016 del Nunca más se eliminó el nuevo prólogo.
La teoría de los dos demonios en Uruguay
[editar]Esta "teoría" ha sido muy comentada también en Uruguay, en una versión local donde entran en juego, por un lado, la acción del aparato represivo estatal, y por el otro, la guerrilla tupamara. Uno de sus más enfáticos impulsores fue el expresidente Julio María Sanguinetti.[49]
Véase también
[editar]- Montoneros
- Ejército Revolucionario del Pueblo (Argentina)
- Proceso de Reorganización Nacional
- Terrorismo de Estado en Argentina en las décadas de 1970 y 1980
Referencias
[editar]- ↑ a b Cfr. Felipe Pigna, Lo pasado pensado: Entrevista con la historia argentina (1955-1983) (Buenos Aires: Planeta, ebook, 2011), págs. 433, 439-440 y 579.
- ↑ Cfr. Nicolás Márquez, La Guerra Civil Argentina (Buenos Aires: Unión, 2020), pág. 287. Estos datos fueron ractificados durante la sentencia dictada el 9 de octubre de 1985 por la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal; cfr. causa n° 13, Cuestiones de hecho, Capítulo 1, cit. en op. cit., pág. 287. Estos datos, luego, se confirmarían por la Corte Suprema de Justicia de Alfonsin.
- ↑ Cit. en ibíd., pág. 93.
- ↑ «Para Arslanian, discutir la cifra de desaparecidos es "absolutamente estéril"». Télam - Agencia Nacional de Noticias. 24 de marzo de 2017. Archivado desde el original el 24 de marzo de 2017. Consultado el 17 de enero de 2021.
- ↑ «Fernández Meijide: «La cifra de 30.000 desaparecidos en Argentina fue un invento de los exiliados en España»». abc. 24 de marzo de 2016. Consultado el 17 de enero de 2021.
- ↑ «Como se llegó a la cifra de 30 mil». minutodecierre.com. Consultado el 17 de enero de 2021.
- ↑ D'Andrea, Darío Silva (7 de febrero de 2020). «¿Cuántos desaparecidos dejó la dictadura? La duda que alimenta la grieta argentina». Perfil.com. Consultado el 17 de enero de 2021.
- ↑ D'Imperio, Julian (19 de junio de 2019). «Piden derogar una ley que exige referirse a los '30 mil desaparecidos' de la dictadura». Perfil.com. Consultado el 17 de enero de 2021.
- ↑ «Un organismo oficial asegura que hubo 6.348 desaparecidos». La Nación. 7 de noviembre de 2016.
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- ↑ «Cecilia Pando dice hubo excesos de un lado y otro». Perfil. 5 de octubre de 2006.
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- ↑ a b «Controversia por el prólogo agregado al “Nunca más”. Rechaza la teoría de los dos demonios» Archivado el 28 de septiembre de 2018 en Wayback Machine., artículo del 19 de mayo de 2006 en el diario La Nación (Buenos Aires).
- ↑ Ginzberg, victoria. «El PRO sigue creyendo en los dos demonios». Pagina-12.
- ↑ «Ante la teoría de los dos demonios: ¿cuáles dos demonios?» Archivado el 14 de julio de 2009 en Wayback Machine., artículo de 2003 en el sitio web Página Digital (Uruguay).