Teatro por horas

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El teatro por horas o de funciones por horas fue un modelo de programación teatral aparecido en Madrid hacia 1868.[1] Duró hasta la década de 1910, alcanzando su mayor esplendor en el ocaso del siglo XIX. Consistía en la puesta en escena de una serie de pequeñas piezas teatrales de corta duración.[2] Aparecieron primero en los cafés-teatro de la capital española y se extendieron luego al resto de locales, tanto en Madrid como en algunas capitales de provincia.[3] Tuvo especial desarrollo en teatros como el Apolo, "catedral del género chico", el más lujoso de los que albergaron este tipo de representaciones. También se llamó así a los locales en los que se programaban este tipo de obras.[4]

Origen[editar]

El origen del teatro por horas, que luego se identificaría con el llamado género chico, nació como una iniciativa de un colectivo de actores empresarios muy populares en el Madrid de la segunda mitada del siglo XIX , Antonio Riquelme —a quien se atribuye la idea—, José Vallés y Juan José Luján.[5]

Escogieron como plataforma los cafés-teatro o salones, poniendo en escena una sucesión de obras de corta duración que permitía una mayor afluencia de público, que podía decidir cuántas sesiones deseaba ver, porque cada una de estas era independiente y no duraba más de una hora. Se suprimió la consumición y bajó el precio de las entradas. El teatro por horas, como alternativa económica a los altos precios del teatro convencional y los cafés-concierto, se hizo muy popular.[2]

Tras su presentación y lanzamiento en los llamados cafés-teatro, las primeras salas teatrales en acoger el teatro por horas fueron el Variedades y el Lope de Rueda, que ofrecían una selección de dos a cuatro obras diarias.[2]

Repertorio y autores[editar]

El repertorio del teatro por horas se componía de distintos subgéneros del teatro musical: sainete, juguete cómico, zarzuelita, revista, parodia y opereta; todas ellas de carácter cómico y tono "ligero".[3]

Teatros[editar]

En la capital española, los primeros teatros convencionales que albergaron teatro por horas, como el Variedades y el Lope de Rueda, pronto tuvieron la competencia de otros locales, como el Teatro Alhambra, el Lara, el Eslava, el Martín, el Apolo, el Romea y el Cómico. Más tarde programaron esta fórmula salas dedicadas tradicionalmente a los géneros clásicos, como La Comedia, La Zarzuela y el Novedades, además de algunos teatros de verano de Madrid como el Felipe, Recoletos, Príncipe Alfonso, Maravillas y Eldorado.[3]

Tal fue el éxito comercial del teatro por horas que solo en las salas clásicas como el Español, el María Guerrero y La Comedia, se siguió programando teatro tradicional, y en el caso del Teatro Real, ópera.[3]

Polémicas y decadencia[editar]

Frente al fervor popular de los diversos géneros que alimentó el teatro por horas, los defensores del teatro tradicional, invocando razones morales, económicas y artísticas, llegaron a escribir duras apologías como esta que firmaba Francisco Blanco García:

No es nada lisonjera la impresión general que dejan en el ánimo la plétora de medianías, el retraimiento de los poetas de más esperanzas, y la extinción casi total del genio luminoso y creador, triple motivo de la decadencia de nuestro teatro, a la que también concurren en fabuloso incremento de los espectáculos innobles, populacheros y de baja estofa, y el extravío de una gran parte del público, que no solo los sufre, sino que también los ríe, paga y aplaude.[6]

No queda claro si fue la furia de los críticos recalcitrantes, la supuesta mengua de brillantez de los autores o el hastío natural del público, pero lo cierto es que a medida que fue avanzando el siglo XX la fórmula del teatro por horas dejó paso a nuevas ofertas e innovaciones.[7]

Influencia[editar]

Se ha aceptado que el teatro por horas español preparó el camino a experiencias posteriores como el teatro naturalista de Galdós,[8] o el teatro social de Jacinto Benavente y Joaquín Dicenta.[nota 1]

Fue importante también la influencia del teatro por horas en la Argentina, cuyos dramaturgos lo adaptaron a los gustos locales fundiéndolo con otras influencias culturales, como el teatro grotesco italiano, que dio origen al llamado grotesco criollo. Todo ello se reflejó en el movimiento cultural Teatro Abierto, en plena dictadura militar de las décadas de 1970 y 1980.[9]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Que asistió asombrado al pateo de un sector del público y la condena de los críticos a raíz del estreno de su obra Juan José , por presentar temas y tipos de las clases bajas, cuando los distintos géneros que acuñó el teatro por sesiones lo venían haciendo desde muchos años antes.

Referencias[editar]

  1. Barrera, Antonio (1983). Crónicas del género chico y de un Madrid divertido. Madrid: El Avapies. p. 71-77. ISBN 84-86280-02-8. 
  2. a b c Barrera y 1983, 63-70.
  3. a b c d Del Moral Ruiz, 2005.
  4. Gómez García, Manuel (1998). Diccionario Akal de Teatro. Ediciones Akal. p. 814. ISBN 9788446008279. 
  5. Refiriéndose a estos actores empresarios, el historiador José Deleito escribió que "..tal trinidad iba a formar un bloque escénico que escribiría una nueva página en la historia de nuestro teatro". Deleito y Piñuela, José: Origen y apogeo del Género Chico, Revista de Occidente, 1949.[1]
  6. Íñiguez Barrena, 1999, pp. 103-104.
  7. Íñiguez Barrena, Francisca (1999). La parodia teatral en España (1868-1914). Sevilla: Universidad de Sevilla. ISBN 8447205207. 
  8. Benito Pérez Galdós escribió en Nuestro teatro:

    No debo pasar en silencio, tratando de teatros madritenses, un sistema de espectáculos que sin género de dudas es peculiar de Madrid, como si dijéramos, su especialidad, sistema desconocido en otras capitales, pero que por fin ha de cundir y propagarse porque es bueno y responde a fines sociales y económicos. Me refiero a las funciones por horas o por piezas que tanto éxito tienen aquí, atrayendo y regocijando a la gran mayoría del público. Los inventores de esta división del espectáculo público, abaratándolo, adaptándolo a las modestas fortunas y haciéndolo breve y ameno, conocían bien las necesidades modernas. Es poner el arte al alcance de todos los peculios, sirviéndolo por menor y en dosis que ni hastían ni empalagan. Hay muchas personas que no gustan de pasarse la mitad de la noche espetados en una butaca



    citado en Romero Ferrer, Alberto, 1993.
  9. Pellettieri, Osvaldo (2003). Historia del teatro argentino en Buenos Aires, Volumen 4. Buenos Aires: Galerna. ISBN 9505564473. 

Bibliografía[editar]

  • Álvarez Barrientos, Joaquín; Rodríguez Sánchez de León, María José (1997). Diccionario de Literatura Popular Española. Salamanca: Ediciones Colegio de España. pp. 303/305. ISBN 8486408679. 
  • Bersteeg, Margot (2000). De fusiladores y morcilleros: El discurso cómico del género chico (1870-1910). Rodopi Bv Editions. ISBN 90-420-0540-8. 
  • Del Moral Ruiz, Carmen (2005). El género chico: Ocio y teatro en Madrid (1880–1910). Alianza Editorial. ISBN 84-206-4369-6.