Tartamudez

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Tartamudez
(nombre de signo clínico)
Clasificación y recursos externos
CIE-10 F98.5
CIE-9 307.0
CIAP-2 P10
OMIM 184450 609261
MedlinePlus 001427
MeSH D013342
Sinónimos
  • Disfemia
  • Espasmofemia
  • Disfluencia del habla
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La tartamudez, disfemia, espasmofemia o disfluencia en el habla es un trastorno de la comunicación (no un trastorno del lenguaje) que se caracteriza por interrupciones involuntarias del habla que se acompañan de tensión muscular en cara y cuello, miedo y estrés.[1] Ellas son la expresión visible de la interacción de determinados factores orgánicos, psicológicos y sociales que determinan y orientan en el individuo la conformación de un ser, un hacer y un sentir con características propias.

Los efectos psicológicos de la tartamudez pueden ser graves afectando el estado de ánimo de la persona de forma continua. Además, la tartamudez es una discapacidad muy estigmatizada, donde continuamente se cuestiona la inteligencia y habilidad emocional de la persona que tartamudea, pues se cree que con "calmarse" o "concentrarse más en lo que se dice" se logrará hablar de forma fluida.

Sentimientos que son comunes, y muchas veces severos, en las personas que tartamudean son vergüenza, miedo, ansiedad, enojo y frustración. Una sensación de falta de control es común en quienes tartamudean, todo lo cual muchas veces es causa de depresión.[2]

Comienza, de modo característico, entre el segundo y cuarto año de vida, aunque se suele confundir con las dificultades propias de la edad a la hora de hablar. Al final, solo uno de cada 20 niños acaba tartamudeando y muchos de ellos superan el trastorno en la adolescencia. Menos del 1% de los adultos tartamudea. La tartamudez no distingue clase social ni raza, sin embargo, es de tres a cuatro veces más común en hombres que en mujeres. Aún no se ha encontrado una causa específica para este desorden, sin embargo, en febrero de 2010 científicos anunciaron el descubrimiento de tres genes asociados con la prevalencia de la tartamudez. Esto se ha estudiado desde hace varios años, cuando se comenzó a notar que la tartamudez prevalece en las familias.[3]

A pesar de creencias populares, la tartamudez no está asociada con la ansiedad ni es un efecto de ella para su desarrollo; sin embargo, la tartamudez sí genera ansiedad en los individuos que la poseen, llegando a convertirse en fobia social, en donde se teme tartamudear frente a las personas, provocando en muchos casos el aislamiento social de quien tartamudea.

La reacción del entorno del afectado es importante para la aparición de numerosos síntomas físicos asociados a la tartamudez, sobre todo en los primeros años de manifestación: tensión muscular en cara y cuello, miedo y estrés.

El Día Mundial del Conocimiento de la Tartamudez es el 22 de octubre.

Historia[editar]

La tartamudez es conocida desde la antigüedad clásica, y ya Aristóteles señalaba a la lengua como responsable de la misma, incapaz de seguir la velocidad con que fluían las ideas. Esta idea fue sostenida hasta el siglo XIX, en que los cirujanos intentaban corregir la lengua con medios braquiales (dividiendo su raíz, cortándole cuñas, añadiendo prótesis...). Otros, en cambio, recomendaban el ensanchamiento de las vías respiratorias y la extirpación de las vegetaciones adenoides y de las amígdalas.

Sigmund Freud y sus seguidores, corrigiendo la visión anterior, asociaron la tartamudez a crisis nerviosas y a problemas psíquicos, considerando que reflejaba la puja de los deseos reprimidos por salir al exterior.

Prevalencia[editar]

Se calcula en un 7 por 1000, lo que significa que hay aproximadamente 40 millones de disfémicos en el mundo. Según indican las estadísticas la enfermedad es más frecuente entre los varones con más nivel académico de países desarrollados. Esto podría deberse a que en los demás países se considera una enfermedad menor y ni siquiera se diagnostica.

Clasificación[editar]

Según su origen[editar]

  • Neurogénica: Es producida por alguna lesión o golpe en el cerebro. También se conoce como tartamudez adquirida. El tartamudeo puede ocurrir en cualquier parte de la palabra. Tartamudean incluso cantando o susurrando. No muestran miedo o ansiedad.
  • Psicógena: Es la menos común. Es producido por algún trauma grave. Por el siglo XIX, se pensaba que era la causa principal de tartamudez. Con los recientes estudios, se ha demostrado que no era correcta. El tartamudeo es independiente de la situación. No muestran ansiedad.
  • De desarrollo: Es el tipo de tartamudez más común. Ocurre en el momento en que el niño se encuentra aprendiendo el lenguaje y el habla, alrededor de los 2 y 5 años. Luego, cuando el infante aprende estructuras gramaticales más complejas presenta difluencias propias de este aprendizaje. Unos reaccionarán adecuadamente, recuperándose de esta fase. Otros, si se han dado los factores en intensidad y relación adecuados para disparar la tartamudez, reaccionarán ante estas difluencias desarrollando estrategias para superarlas (uso de fuerza y tensión en el habla) y ocultarlas (evitar hablar).

Según su forma de presentación[editar]

  • Tónica: caracterizada por las múltiples interrupciones ocasionadas por espasmos. Durante las interrupciones el paciente muestra rigidez y tensión faciales. Es la que presenta peor diagnóstico.
  • Clónica: caracterizada por las repeticiones de sílabas y palabras enteras, más frecuentes en consonante que en vocal, más todavía en oclusivas y que se dan mayoritariamente a principio que en medio de palabra.
  • Tónico-clónica o mixta: es el tipo más frecuente, porque resulta difícil encontrar un disfémico puro tónico o clónico, la mayoría combinan los dos síntomas.

Etiología[editar]

Neurofisiológicamente, el tartamudo presenta un funcionamiento deficiente de los centros del habla del hemisferio izquierdo, que se intenta compensar con un mecanismo propio del hemisferio derecho.

No existe una etiología única que explique la mayoría de las disfemias:

  • Genéticas: en gemelos monocigóticos disfémicos si uno sufre tartamudez el otro tiene un 77% de posibilidades de sufrirla, mientras que en los dicigóticos es de un 32%. Asimismo existe entre un 30% y un 40% de posibilidades de que el hijo de un progenitor disfémico tenga disfemia.
  • Sexo: la disfemia es más frecuente en hombres (75%) que mujeres.
  • Trastornos de lateralidad: actualmente se considera otro mito más sobre la causa de la tartamudez.[4] Por otra parte, la mano dominante del tartamudo no influye de manera significativa en la severidad de su tartamudez.[5]
  • Psicolingüísticas: frecuentemente se oye que la causa de la disfemia en ciertas personas de elevada inteligencia puede estar en que su pensamiento avanza más rápido que su lenguaje. Esto no es del todo cierto. Sería más correcto decir que tienen un déficit en el pensamiento linguoespecular frente a un elevado procesamiento sensoactorial. El pensamiento linguoespecular es aquel en el que pensamos en un significado y asociamos visualmente a la palabra escrita que lo representa, mientras que en el sensoactorial lo asociamos a la imagen. Por lo tanto si un sujeto tiene una inteligencia basada en una capacidad de asociar estímulos visuales no lingüísticos sí puede tener problemas de articulación correcta del lenguaje.
  • Traumáticas: se refieren a la aparición de la disfemia como resultado de un choque emocional (poco frecuente) o como resultado de estados de tensión prolongados a los que es sometido el individuo que es propenso a ella.

Fisiopatología[editar]

Diferencias estructurales[editar]

Foundas (2001) descubrió que la zona del cerebro llamada Planum Temporale era más simétrica en los tartamudos que en los no tartamudos, mostrando la primera evidencia de anomalías anatómicas entre tartamudos y no tartamudos.[6]

Diferencias funcionales[editar]

Un estudio realizado por Braun confirmó lo encontrado por Fox: los tartamudos activan más el hemisferio derecho que el izquierdo para hablar.[7] Pero además, Braun encontró que el habla fluida del tartamudo estaba más relacionada con la activación del hemisferio derecho que con el izquierdo, más relacionada con el habla tartamuda. De esta manera, se sugiere que la activación del hemisferio derecho puede ser una forma de compensación.

Diagnóstico[editar]

Lewis Carroll, autor de Alicia en el País de las Maravilllas no pudo acceder al sacerdocio por su tartamudez. Como respuesta escribió el siguiente poema: Learn well your grammar / And never stammer / Write well and neatly / And sing soft sweetly / Drink tea, not coffee; Never eat toffy / Eat bread with butter / Once more don't stutter.

Para diagnosticar en primer lugar debemos diferenciar entre una simple tartamudez evolutiva y una disfemia.

Una tartamudez evolutiva simple puede aparecer durante el proceso de desarrollo del lenguaje del niño, especialmente en torno a los tres años, o bien tras el nacimiento de un hermano como forma de llamar la atención. En ella el niño no sufre los síntomas asociados de miedo, estrés, etc. que sufre el disfémico consciente cuando tiene que enfrentarse a una situación en la que tiene que emplear el lenguaje oral. Además en la tartamudez evolutiva es más frecuente la repetición de palabras enteras. Si el niño mantiene esta tartamudez evolutiva en el tramo comprendido entre los 3 y los 5 años estamos ante una tartamudez episódica o fisiológica. En ninguno de los dos casos es aconsejable la intervención, que hasta puede ser contraproducente, y debemos limitarnos a proporcionar el ejemplo correcto al niño sin castigarle por sus malas articulaciones. Sólo un 10 % de los niños con tartamudez fisiológica llegará a desarrollar una disfemia en la edad adulta.

Para poder diagnosticar una disfemia en niños por tanto el sujeto ha de ser mayor de 5 años. Si el niño tiene entre 5 y 7 años estamos ante una disfemia primaria. Si el niño tiene entre 7 y 10 años estamos ante una disfemia secundaria: el niño presenta un agravamiento de los síntomas y se hace plenamente consciente del trastorno, por lo que empieza a adoptar estrategias evitativas como cambiar la sintaxis de las frases o palabras por sus sinónimos para lograr enunciados más fáciles de pronunciar. Además el niño ya tendrá problemas sociales con sus compañeros.

Evaluación[editar]

Se realiza mediante la observación y el registro de datos del paciente y su comparación con un registro de habla normal. Su objetivo no es asignar una simple etiqueta, sino determinar los factores que están agravando el trastorno, para minimizarlos en lo posible y lograr una intervención con garantías de éxito. Consta de las siguientes fases:

  • Anamnesis: consiste en obtener todos los datos médicos, familiares, sociales y académicos del individuo que sean relevantes.
  • Observación del habla de la persona a evaluar.
  • Registro de datos
  • Comparación con el patrón de habla normal.

En cuanto a los instrumentos más frecuentemente utilizados para evualuar disfemias serían:

  • Tests de lectoescritura.
  • Cámaras grabadoras de vídeo.
  • Contadores.
  • Cronómetros.
  • Neumopolígrafos: para medir los momentos en que la persona toma aire.
  • Visi-pitch: permite analizar la voz, sobre todo el tono e intensidad. En la actualidad sus funciones se realizan a través de distintos programas informáticos (el más conocido es el Praat, que es un programa libre).
  • Analizador de frecuencia e intensidad: sirve para medir el tono e intensidad del habla.
  • Sonógrafo: mide la intensidad del sonido.
  • Neumopolígrafo: aparato que mide las curvas de la respiración. Junto con el vídeo es uno de los aparatos más útiles.

En cuanto a los factores a evaluar, serían los siguientes:

  • Antecedentes familiares.
  • Retraso en la aparición de la palabra o del lenguaje.
  • Trastornos de la madurez motriz con o sin trastorno de la lateralización, el grado de tensión muscular.
  • Trastornos de la articulación.
  • Dificultades de la respiración.
  • Trastornos del carácter o del comportamiento.
  • Trastornos del estado emocional, problemas de inhibición o ansiedad.
  • Actitud de la persona hacia el tratamiento: si va forzado o voluntariamente al logopeda.
  • Grado de comprensión sobre el problema.
  • Movimientos asociados a la disfemia en ojos, cara y cuello.
  • Duración del trastorno (más de un año indica disfemia no evolutiva).

Tratamiento[editar]

La tartamudez es extremadamente compleja, no se puede eliminar de un día para otro; se debe seguir un tratamiento global a través de un logopeda. No hay por qué alarmarse. Debe intentarse identificar en qué cosas le está afectando y de qué manera.

  • Es fundamental no reaccionar negativamente ante las dificultades que se experimentan, debe evitarse la manifestación de signos de ansiedad o impaciencia. Las autocríticas y censuras en este aspecto deben olvidarse por completo, y practicarse la relajación.
  • Es recomendable obtener apoyo de amigos y familiares. Debe tratarse de identificar aquellas personas en la que se pueda confiar para compartir los avances en el proceso de afrontamiento.
  • Deben potenciarse situaciones para conversar y hablar en un ambiente relajado y tranquilo, sin prestar demasiada atención a los fallos.
  • Es bueno conservar el contacto visual natural cuando se esté hablando, reforzando la conversación con el lenguaje gestual movimientos de cabeza, sonrisas, ...
  • Debe hablarse abiertamente sobre la tartamudez, informar a los oyentes o participantes de una conversación si se necesita más tiempo para comunicarse. El tartamudo debe poder utilizar el tiempo que necesite para expresarse.
  • La recuperación probablemente será un proceso largo y gradual, por lo que debe conservarse la paciencia y el respeto consigo mismo.
  • Existe una técnica de respiración que puede ayudar a controlar la tartamudez y recuperar la elocuencia.

Farmacoterapia[editar]

Pagoclone, un fármaco no comercializado perteneciente a la familia de las ciclopirrolonas, que actúa como agonista parcial de los receptores GABA (ácido gammaaminobutírico) y que en consecuencia tendría que comportarse como ansiolítico, ha demostrado ciertos efectos apreciables contra la tartamudez. Los ensayos de este fármaco fueron realizados para comprobar sus efectos en diversos problemas de ansiedad. Uno de sus ensayos trataba de demostrar su utilidad en los trastornos de pánico. En estas pruebas había un pequeño grupo de enfermos que además eran tartamudos. Resulta que al ingerir el Pagoclone su tartamudez disminuyó de forma muy importante. Ante este hecho el laboratorio (Indevus pharmaceuticals) decidió hacer una estudio en tartamudez. Dicho estudio (llamado estudio Express) concluyó la fase II en junio de 2006.[8] El Estudio “EXPRESS es un estudio multicéntrico, aleatorio y a doble ciego en el que se reclutaron 132 sujetos tartamudos, de los cuales 88 recibieron dosis de 0,3 mg de Pagoclone al día, que se fueron incrementando hasta 0,6 mg/día. El resto, 44 personas recibieron placebo. El 79% de la población estudiada eran hombres. Los resultados muestran que el 55% de los que recibieron el fármaco experimentó una mejoría significativa, frente al 36% de los que recibieron una sustancia placebo.

Filmografía[editar]

En la película oscarizada de El discurso del rey de Tom Hooper se ve claramente los problemas que tiene una persona afectada al hablar en público.

En la primera película de la saga literaria de Harry Potter se puede ver la tartamudez en el profesor Quirinus Quirrell, al igual que en el libro, aunque en este caso se trata de tartamudez fingida.

En La dama en el agua, el protagonista también sufre de tartamudez después de un episodio traumático, aunque se desconoce si sufría de ella desde antes del hecho o no.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]