Diez Mandamientos

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Decálogo. Las Tablas de la Ley Mosaica y el comienzo de cada uno de los Diez Mandamientos en hebreo. Vitral decimonónico de la Sinagoga y Museo Alsaciano de Estrasburgo, Francia.
Arte cristiano medieval. La mano de Dios le entrega el Decálogo a Moisés. Detalle de un manuscrito carolingio, c. 840. Biblioteca Británica, Londres.
Arte sefardí. Decálogo de Jekuthiel Sofer, 1768, que imita la distribución en dos tablas. Bibliotheca Rosenthaliana, Ámsterdam.
Rembrandt, Moisés con las Tablas de la Ley, 1659.
Los Diez Mandamientos en hebreo sobre el timbre de una vivienda en Jerusalén.
Lorenzo Ghiberti, Moisés recibe de Dios las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos, relieve, 1425-1452. Puertas del Paraíso, Baptisterio de Florencia.
Tissot, Moisés con los Diez Mandamientos, gouache, c. 1896-1902. Jewish Museum, Nueva York.

Los Diez Mandamientos, también conocidos como el Decálogo, de las palabras griegas δέκα (diez) y λόγος (palabras), son un conjunto de principios éticos y de adoración, que juegan un papel importante en el judaísmo y el cristianismo. Incluyen instrucciones como adorar solo a Dios y guardar el día de reposo, así como también prohibiciones en contra de la idolatría, asesinato, robo, deshonestidad y adulterio. Diferentes grupos religiosos siguen distintas tradiciones en cuanto a la manera de interpretarlos y enumerarlos.

Los Diez Mandamientos aparecen dos veces en la Biblia hebrea: en los libros de Éxodo y Deuteronomio. De acuerdo a la historia narrada en el libro de Éxodo, Dios escribió estos mandatos en dos tablas de piedra, las que dio a Moisés en el Monte Sinaí; según el relato, cuando bajaba del monte, vio al pueblo que estaba adorando un becerro de oro y enfurecido las rompió. Posteriormente, pidió a Dios que perdonase al pueblo y sellase con él un «convenio» (pacto o alianza); entonces, el Señor ordenó a Moisés que tomara dos lajas de piedra y en ellas quedaron escritos los Diez Mandamientos del pacto, reconviniéndole que «no deben tolerar la desobediencia».

Los Diez Mandamientos han sido reinterpretados para la sociedad moderna por Dios a través del escritor estadounidense Neale Donald Walsch, uno de los cambios es el nombre, pasándose a llamar Los Diez Compromisos, dándole un nuevo significado a lo que se conocía tradicionalmente.[cita requerida]

Terminología[editar]

En hebreo antiguo, los diez Mandamientos son llamados עשרת הדברים (transliterado Asereth ha-D'bharîm) y en hebreo rabínico, עשרת הדברות (transilterado como Asereth ha-Dibroth), ambos traducibles como «las diez palabras», «los diez dichos» o «los diez asuntos».[1]

La expresión «Decálogo» deriva del griego δεκάλογος, dekalogos, que significa y se refiere[2]​ a la traducción griega (en acusativo) δέκα λόγους, deka logous, «diez palabras», como aparece en la Septuaginta (abreviada como LXX) en Éxodo 34:28 y Deuteronomio 10:4.

Las tablas de piedra, al contrario de los mandamientos inscritos en ellas, son llamadas en hebreo לוחות הברית: Luchot HaBrit, que significa «las tablas del Pacto».[3]

Los pasajes de Éxodo y Deuteronomio[editar]

Las Mitzvot (mandamientos divinos) contenidos en la Torá (Pentateuco) son muy numerosos, 613 de acuerdo con el cómputo judío, pero se le ha dado una significación especial a los que constituyen el tratado que Dios selló con el pueblo elegido en el curso del éxodo, escribiéndolos en tablas de piedra que entregó a Moisés en el monte Sinaí. El contenido de esos mandatos divinos se encuentra en varios pasajes del Pentateuco.

Las dos fuentes principales son Éxodo, 20: 2-17 y Deuteronomio, 5: 6-21. En el Libro del Éxodo (34:10-28) aparece otro texto muy antiguo, considerado por los antiguos rabinos israelitas como uno de los que mejor expresaban las ordenanzas de Yahveh Dios al celebrarse la Alianza.

El libro del Éxodo contiene la siguiente narración:[4]

1 Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:

2 Yo, Yahveh, soy tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

3 No tendrás dioses ajenos delante de mí.

4 No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

5 No te inclinarás ante ninguna imagen, ni las honrarás; porque yo soy Yahveh tu Dios, fuerte, celoso, que castigo la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,

6 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

7 No tomarás el nombre de Yahveh tu Dios en vano; porque no dará por inocente Yahveh al que tomare su nombre en vano.

8 Acuérdate del día del sábado para santificarlo

9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra,

10 mas el séptimo día es reposo para Yahveh tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.

11 Porque en seis días hizo Yahveh los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Yahveh bendijo el día de reposo y lo santificó.

12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Yahveh tu Dios te da.

13 No matarás.

14 No cometerás adulterio.

15 No hurtarás.

16 No dirás falso testimonio contra tu prójimo.

17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

El libro del Deuteronomio, cuyo nombre griego alude a que repite en buena medida el contenido de los anteriores, ofrece una enumeración muy semejante a la de Éxodo 20:

6 Yo soy Yahvé tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre y te di de comer toda tu vida.

7 No tendrás dioses ajenos delante de mí.

8 No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

9 No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Yahveh tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,

10 y que hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

11 No tomarás el nombre de Yahveh tu Dios en vano; porque Yahveh no dará por inocente al que tome su nombre en vano.

12 Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Yahveh tu Dios te ha mandado.

13 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;

14 mas el séptimo día es reposo a Yahveh tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú.

15 Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Yahvé tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Yahvé tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo.

16 Honra a tu padre y a tu madre, como Yahvé tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Yahvé tu Dios te da.

17 No matarás.

18 No cometerás adulterio.

19 No hurtarás.

20 No dirás falso testimonio contra tu prójimo.

21 No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

Numeración de los Mandamientos según diversas tradiciones[editar]

Diferentes tradiciones dividen los diecisiete versos y sus paralelos encontrados en diez "mandamientos" de diferentes maneras, como se muestran en la tabla a continuación. Algunos eruditos sugieren que el número diez es elegido para ayudar a la memorización más que un asunto teológico.[5]

Tradiciones:

  • S: Septuaginta, generalmente seguida por cristianos ortodoxos.
  • F: Filón de Alejandría, al igual que en la Septuaginta, pero con las prohibiciones de matar y adulterar invertidas.
  • T: Talmud, hace del prólogo el primer mandamiento y combina la prohibición de adorar otros dioses fuera de Yahweh con la prohibición de adorar imágenes o ídolos.
  • A: San Agustín sigue el Talmud combinando los versos 3–6, pero omite el prólogo como un mandamiento y divide la prohibición de codiciar en dos y sigue el orden de las palabras.[6][7]
  • C: Catecismo de la Iglesia católica, sigue en su mayoría la división de San Agustín.
  • L: Luteranos siguen el Catecismo de Lutero, el cual sigue la nomenclatura Agustiniana pero omite la prohibición de adorar imágenes.[8]​ y usa el orden de palabras de Éxodo 20:17 en vez del de Deuteronomio 5:21 Para los mandamientos noveno y décimo.
  • R: tradición Reformada o calvinismo que sigue La institución de la religión cristiana de Juan Calvino, basada en el orden propuesto por Filón de Alejandría.
Los diez mandamientos
S F T A C L R Artículo Principal Casiodoro de Reina[9]​ Éxodo[10] Casiodoro de Reina[9]​ Deuteronomio[11]
1 1 (1) Yo soy Yahveh tu Dios 2[12] 6[13]
1 1 2 1 1 1 1 No tendrás dioses ajenos delante de mí 3[12] 7[14]
2 2 2 1 1 2 No te harás imagen 4–6[12] 8–10[15]
3 3 3 2 2 2 3 No tomarás el nombre de Yahveh tu Dios en vano 7[12] 11[16]
4 4 4 3 3 3 4 Acuérdate del día de reposo para santificarlo 8–11[17] 12–15[18]
5 5 5 4 4 4 5 Honra a tu padre y a tu madre 12[19] 16[20]
6 7 6 5 5 5 6 No matarás 13[21] 17[21]
7 6 7 6 6 6 7 No cometerás adulterio 14[22] 18[22]
8 8 8 7 7 7 8 No hurtarás 15[23] 19[23]
9 9 9 8 8 8 9 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio 16[24] 20[25]
10 10 10 10 10 9 10 No codiciarás (la casa de tu prójimo) 17a[26] 21b[27]
10 10 10 9 9 10 10 No codiciarás (la mujer de tu prójimo) 17b[28] 21a[29]
10 10 10 10 10 10 10 No codiciarás (los siervos, los animales, ni cualquier otra cosa de tu prójimo) 17c[30] 21c[31]

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Distribución de los Diez Mandamientos en las tablas[editar]

  • Filón de Alejandría aseguraba que cinco en cada una, opinión que ha sido secundada por algunos a lo largo de la historia entendiendo que en la primera tabla estaban los preceptos de la piedad y en la segunda los de la prohibición.[cita requerida]
  • San Agustín creía que tres en la primera y siete en la segunda y así se siguió esta creencia por la generalidad de los católicos después de san Agustín. En efecto, se suele hacer una correspondencia entre los dos mandamientos de Jesús y los Diez Mandamientos: «Amarás al Señor tu Dios...» corresponde a los tres primeros (deberes para con Dios) y «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» corresponde a los siete restantes (deberes para con los hombres).
  • Según algunos teólogos los 10 mandamientos están distribuidos de la siguiente manera: Los 4 primeros en la primera tabla y los otros 6 en la segunda. Esto obedece a lo siguiente: los 4 primeros Mandamientos están relacionados con el amor hacia Dios y los otros 6 con el amor hacia el prójimo.

El Decálogo en la Iglesia católica[editar]

Según se enseña en el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica[32]​ los Diez Mandamientos en su fórmula catequética son:

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
  2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
  3. Santificarás las fiestas.
  4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
  5. No matarás.
  6. No cometerás actos impuros.
  7. No robarás.
  8. No darás falsos testimonios ni mentirás.
  9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
  10. No codiciarás los bienes ajenos.

El catecismo católico, citando el Evangelio de Mateo (Mt 22;37-40) añade: «Estos Diez Mandamientos se encierran en dos; amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo».

La división y numeración de los mandamientos ha variado en el curso de la historia. El presente catecismo sigue la división de los mandamientos establecida por san Agustín y que ha llegado a ser tradicional en la Iglesia católica. Es también la de las confesiones luteranas. Los Padres griegos hicieron una división algo distinta que se usa en las Iglesias ortodoxas y las comunidades reformadas.

Catecismo de la Iglesia católica, n. 2066

El Decálogo y la ley natural[editar]

Para la tradición católica, los Diez Mandamientos, aunque fueron revelados, son accesibles a la razón humana de modo natural. Además, ofrecen a todos los hombres un compendio de la ley natural:

Los Diez mandamientos pertenecen a la revelación de Dios. Nos enseñan al mismo tiempo la verdadera humanidad del hombre. Ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto indirectamente, los derechos fundamentales, inherentes a la naturaleza de la persona humana. El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la ‘ley natural’

Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos del Decálogo han sido revelados. Para alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad pecadora necesitaba esta revelación:

«En el estado de pecado, una explicación plena de los mandamientos del Decálogo resultó necesaria a causa del oscurecimiento de la luz de la razón y de la desviación de la voluntad» (san Buenaventura, sent. 4, 37, 1, 3)...........

Conocemos los mandamientos de la ley de Dios por la revelación divina que nos es propuesta en la Iglesia, y por la voz de la conciencia moral.

Catecismo de la Iglesia católica, n. 2071

Los Diez Mandamientos en el judaísmo[editar]

Para el judaísmo ortodoxo, Dios pronunció primero los Diez Mandamientos simultáneamente y después repitió cada Mandamiento por separado en la Torá. Según esta visión, cada uno de los Diez Mandamientos habría sido dirigido a todos los judíos en singular porque cada judío debería sentir la obligación personal de observarlos ya que les fueron dirigidos directamente a él.[33]​ Sin embargo, la mayoría de los miembros del judaísmo conservador rechaza la idea de que Dios dictó el contenido literal de los mandamientos a Moisés en un acto de revelación verbal y cree, en cambio, que la Torá fue redactada a partir de distintas fuentes previas.[cita requerida]

Los Diez Mandamientos está divididos del siguiente modo:[33]

Dios dijo estas palabras:

  1. «Yo soy el Eterno, tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud».
  2. «No tendrás ni reconocerás a otros dioses en mi presencia fuera de mí. No te harás una imagen tallada ni ninguna semejanza de aquello que está arriba en los cielos, ni en la tierra, ni en el agua, ni debajo de la tierra. No te postrarás ante los ídolos, ni los adorarás, pues yo soy el Eterno, tu Dios, el único Dios, quien tiene presente el pecado de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación con mis enemigos; pero quien muestra benevolencia con miles de generaciones a aquellos que me aman y observan mis preceptos».
  3. «No tomarás el nombre de El Eterno, tu Dios en vano, porque El Eterno no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano».
  4. «Recuerda el día de sábado, para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu labor; mas el séptimo día es shabat para el Eterno, tu Dios; no harás ninguna labor, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sirvienta, ni tus bestias de carga, ni el extranjero que habita dentro de tus murallas, pues en seis días el Eterno hizo los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y el séptimo día descansó. Por eso, el Eterno bendijo el día de shabat y lo santificó».
  5. «Honra a tu padre y tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Eterno, tu Dios, te da».
  6. «No matarás».
  7. «No cometerás adulterio».
  8. «No robarás».
  9. «No brindes contra tu prójimo falso testimonio».
  10. «No codiciarás los bienes ajenos. No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo».

Los Diez Compromisos[editar]

Según el autor del best seller de Conversaciones con Dios, Neale Donald Walsch, recibió de Dios una re-interpretación de Los Diez Mandamientos, la diferencia es que esta es dirigida a la sociedad moderna.

Es necesario entender el contexto de los Diez Compromisos en la conversación entre Dios y Neale.

¿Cuál es el auténtico camino hacia Dios? ¿La renuncia, como creen los yoguis? ¿Y el llamado sufrimiento? ¿Es el sufrimiento y el servicio la vía para llegar a Dios, como afirman muchos ascetas? ¿Ganaremos el cielo si “somos buenos”, como enseñan tantas religiones? ¿O bien somos libres de actuar como queramos, de violar o ignorar cualquier norma, de dejar de lado todas las enseñanzas tradicionales, de sumergirse en la satisfacción inmoderada de todos los deseos, para así hallar el Nirvana, como afirman muchos filósofos de la Nueva Era? ¿Cuál es el camino: unos patrones morales estrictos, o haz-lo-que-te-dé-la-gana? ¿Los valores tradicionales, o improvisar sobre la marcha? ¿Los Diez Mandamientos, o las Siete etapas de la Iluminación?

Tienes la necesidad imperiosa de que sea un camino u otro, ¿no? ¿No podrían ser todos ellos?

No lo sé. Es lo que pregunto.

Te contestaré, pues, del modo que mejor puedas entenderlo; aunque déjame que te diga que la respuesta está dentro de ti. Se lo digo a todos aquellos que escuchan Mis palabras y buscan Mi Verdad.

A todo corazón que se pregunte seriamente cuál es el camino hacia Dios, se le muestra. A todos les es dada una Verdad sincera. Ven a Mí por el camino de tu corazón, no a través del viaje de tu mente. Nunca me encontrarás en tu mente. Para conocer realmente a Dios, has de perder la cabeza.

Pero tu pregunta requiere una respuesta, y no quiero alejarme de la cuestión. Empezaré con una afirmación que te asustará, y que quizá hiera la sensibilidad de mucha gente. No existen los Diez Mandamientos, ni nada parecido.

¡Dios mío! ¿No?

No. ¿Quién habría de mandarlos? ¿Yo? ¿Y para qué se necesitarían tales mandamientos? Cualquier cosa que yo quiera, es. N'est ce pas? Entonces, ¿para qué hace falta mandar nada?

Y, si yo hubiera promulgado mandamientos, ¿no se cumplirían automáticamente?

¿Cómo podría Yo desear tan torpemente que algo existiera, ordenándolo, para luego quedarme de brazos cruzados observando que no ocurre así?

¿Qué clase de rey haría eso? ¿Qué clase de gobernante?

Y no obstante te aseguro que Yo tampoco soy ni rey ni gobernante. Soy simple y asombrosamente, el Creador. Pero el Creador no gobierna, sino que sencillamente crea; crea y sigue creando.

Yo os he creado a vosotros —y os he bendecido— a imagen y semejanza mía. Y os he hecho ciertas promesas y he establecido ciertos compromisos con vosotros. Os he dicho, en un lenguaje sencillo, qué pasará con vosotros cuando seáis uno conmigo.

Tú eres un buscador sincero, como lo fue Moisés. También él, como sabes, se presentó ante Mí pidiéndome respuestas. “¡Oh, Dios de Mis Padres —clamaba—, Dios mío, dígnate a mostrarte a mí. Dame una señal que yo pueda mostrar a mi pueblo! ¿Cómo podemos saber que somos los elegidos?”.

Y Yo acudí a Moisés, tal como ahora he acudido a ti, con una divina alianza —una eterna promesa—, un compromiso cierto y seguro. “¿Cómo puedo estar seguro?”, preguntaba Moisés quejumbrosamente. “Porque Yo te lo he dicho –le respondí. Tienes la palabra de Dios”.

Y la palabra de Dios no era un mandamiento, sino una alianza. Estos son, pues, los...

Conversaciones con Dios

Los Diez Compromisos

"Sabrás que has emprendido el camino hacia Dios, y sabrás que has encontrado a Dios, porque se darán estas señales, estas indicaciones, estos cambios en ti:"

  1. Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma. Y no tendrás más Dios que yo. Dejarás de rendir culto al amor humano, al éxito, al dinero o al poder, ni a ningún símbolo de éstos. Apartarás de ti esas cosas como un niño aparta los juguetes. No porque sean indignas, sino porque se te habrán quedado pequeñas.
  2. No usarás el nombre de Dios en vano. Ni me invocarás para frivolidades. Entenderás el poder de las palabras y de los pensamientos, y no pensarás en invocar el nombre de Dios de una manera impía. No utilizarás Mi nombre en vano porque no podrás hacerlo, puesto que mi nombre nunca se usa en vano, ni puede usarse.
  3. Te acordarás de reservarme un día, al que llamarás santo. Esto, par que lo que hagas no se quede en ilusión, sino que se te haga recordar quién y qué eres. Y, luego, pronto llamarás a cada día domingo, y a cada momento santo.
  4. Honrarás a tu padre y a tu madre; y sabrás que eres el Hijo de Dios cuando honres a tu padre/madre Dios en todo lo que digas, hagas o pienses. Y en la medida en que honres a tu padre/madre Dios, y a tu padre y a tu madre en la Tierra (pues ellos te han dado la vida), así también honrarás a todo el mundo.
  5. Sabrás que has encontrado a Dios cuando sepas que no asesinarás (es decir, que no matarás deliberadamente y sin causa), pues, aunque sepas que en ningún caso puedes acabar con otra vida (toda vida es eterna), no querrás poner fin a ninguna encarnación concreta, ni cambiar ninguna energía vital de una forma a otra, sin la más sagrada justificación. Tu nuevo respeto por la vida hará que respetes todas las formas de vida —incluyendo las plantas y animales—, y sólo las alterarás si es en aras de un bien mayor.
  6. No mancharás la pureza del amor con la falta de honradez y el engaño puesto eso es adulterio. Te prometo que, cuando hayas encontrado a Dios, no cometerás adulterio.
  7. No tomarás lo que no sea tuyo, ni cometerás fraude ni estafa, ni harás daño a otro para poseer algo, puesto que eso sería robar. Te prometo que, cuando hayas encontrado a Dios, no robarás.
  8. No dirás algo que no sea verdad; y, por lo tanto, no levantarás falso testimonio.
  9. Ni tampoco codiciarás la esposa de tu prójimo, ya que, ¿por qué ibas a querer a la esposa de tu prójimo, si sabes que todas las demás son tus esposas?
  10. No codiciarás los bienes de tu prójimo; ya que, ¿por qué ibas a querer los bienes de tu prójimo, si sabes que todos los bienes pueden ser tuyos, y que todos los bienes pertenecen al mundo?

Sabrás que has encontrado el camino hacia Dios cuando veas estas señales, pues te prometo que nadie que realmente busque a Dios hará estas cosas durante mucho tiempo; sería imposible que continuara realizando estas conductas.

Estas son tus libertades, no tus restricciones; estos son mis compromisos, no mis mandamientos; puesto que Dios no manda sobre lo que ha creado, sino que simplemente dice a sus hijos: así es como sabrás que llegas a casa.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Rooker, Mark (2010). The Ten Commandments: Ethics for the Twenty-First Century (Los Diez Mandamientos: Ética para el siglo XXI) (en inglés). Nashville, Tennessee: B&H Publishing Group. p. 3. ISBN 0-8054-4716-4. «Los Diez mandamientos son literalmente las Diez palabras (ăśeret hadděbārîm) en hebreo. El uso del término dābār, "palabra", en esta frase, distingue estas leyes, con respecto de los otros mandamientos (mişwâ), estatutos (hōq) y ordenanzas (mišpāţ) en el Antiguo Testamento.» 
  2. δεκάλογος. Liddell, Henry George; Scott, Robert; A Greek–English Lexicon en el Proyecto Perseus
  3. Knohl, Israel (1995). The Sanctuary of Silence: The Priestly Torah and the Holiness School (en inglés). Jerusalén: Fortress Press. ISBN 9650507825. 
  4. Catecismo de la Iglesia. Los Diez Mandamientos
  5. Chan, Yiu Sing Lúcás (2012). The Ten Commandments and the Beatitudes (en inglés). Lantham, Maryland, Estados Unidos: Rowman & Littlefield. pp. 38, 241. 
  6. Markl, D. (2012). The Decalogue in History: A Preliminary Survey of the Fields and Genres of its Reception. Zeitschrift für altorientalische und biblische Rechtsgeschichte, 18, 279-293.
  7. Markl, D. The Decalogue in History A Preliminary Survey of the Fields and Genres of its Reception.
  8. Lutero, Martín. «Luther's Large Catechism» (en inglés). Consultado el 17 de septiembre de 2014. 
  9. a b Gordon), Kinder, A. Gordon (Arthur (1975). Casiodoro de Reina : Spanish reformer of the sixteenth century. Tamesis. ISBN 0729300102. OCLC 2325983. 
  10. «Biblia Reina-Valera 1909/Éxodo/20 - Wikisource». es.wikisource.org. Consultado el 13 de enero de 2018. 
  11. «Biblia Reina-Valera 1909/Deuteronomio/5 - Wikisource». es.wikisource.org. Consultado el 13 de enero de 2018. 
  12. a b c d Casiodoro de Reina
  13. “Yo soy Yaveh tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre."
  14. "No tendrás dioses ajenos delante de mí."
  15. “No harás para ti escultura, imagen alguna de cosa que esté arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las servirás; por que yo soy Yahveh tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos."
  16. “No tomarás el nombre de Yahveh tu Dios en vano, porque Yahveh no dará por inocente al que tome su nombre en vano."
  17. “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Yahveh tu Dios; no hagas en el obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Yahveh los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Yahveh bendijo el día de reposo y lo santificó."
  18. “Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Yahveh tu Dios te ha mandado. Seis días trabajarás y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Yahveh tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva, como tú. Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Yahveh tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Yahveh tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo."
  19. “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Yahveh tu Dios te da."
  20. “Honra a tu padre y a tu madre, como Yahveh tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Yahveh tu Dios te da."
  21. a b “No matarás."
  22. a b “No cometerás adulterio."
  23. a b “No hurtarás."
  24. “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio."
  25. “No dirás falso testimonio contra tu prójimo."
  26. “No codiciarás la casa de tu prójimo,"
  27. “ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra,"
  28. “no codiciarás la mujer de tu prójimo,"
  29. “No codiciarás la mujer de tu prójimo,"
  30. “ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.”
  31. “ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo."
  32. [1]
  33. a b Weissman, Moshe (2012). «Los 10 Mandamientos». El Midrash dice: la narrativa de la porción semanal de la Torá en al perspectiva de nuestros sabios, seleccionada y adaptada del Talmud y el Midrash. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Bnei Sholem. ISBN 9789879096000. Archivado desde el original el 8 de abril de 2014. Consultado el 8 de abril de 2014. 

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