Suspensión de la incredulidad

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Suspensión de la incredulidad es una expresión que representa la voluntad de un sujeto para dejar de lado (suspender) su sentido crítico, ignorando incoherencias o incompatibilidades de la obra de ficción en la que se encuentra inmerso (como por ejemplo la existencia del unicornio), permitiéndole adentrarse y disfrutar del mundo de ficción expuesto en la obra. El término se ha aplicado tradicionalmente a la literatura, al cine y al teatro, pero también se aplica al ámbito de los videojuegos o de los juegos de rol, así como en el ilusionismo.

Es usual (al menos en inglés) encontrar la expresión escrita en su forma completa, «suspensión voluntaria de la incredulidad» (willing suspension of disbelief). Sin embargo, el término «voluntaria» resulta redundante, por lo que suele omitirse.

Historia[editar]

La expresión fue acuñada en 1817 por el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge en el fragmento siguiente:

Esta idea dio origen al proyecto de Lyrical Ballads; en el cual se acordó que debería centrar mi trabajo en personas y personajes sobrenaturales, o al menos novelescos, transfiriendo no obstante a estas sombras de la imaginación, desde nuestra naturaleza interior, el suficiente interés humano como para lograr momentanáneamente la voluntaria suspensión de la incredulidad que constituye la fe poética. (Samuel Taylor Coleridge, Biographia Literaria)

Ejemplos en la literatura y el teatro[editar]

En realidad, el concepto deriva del concepto de verosimilitud inserto en la Poética de Aristóteles, que postula la idea retórica de que, para convencer, es preferible una mentira creíble a una verdad increíble. En consecuencia, el escritor debe esforzarse por hacer realista lo irreal, como hizo Miguel de Cervantes al escribir una novela realista parodiando los libros de caballerías.

La suspensión de la incredulidad es un componente esencial del teatro en vivo, como demostró William Shakespeare en sus obras. De esta forma, los espectadores aceptan limitaciones en la historia que se les presenta, sacrificando realismo y, en ocasiones, lógica y credibilidad, por mor de la diversión.

J. R. R. Tolkien, por el contrario, desafió este concepto en su ensayo Sobre los cuentos de hadas (On Fairy Stories), eligiendo en su lugar el paradigma de la subcreación.

Ejemplos en el ilusionismo[editar]

En el ilusionismo, el mago español Arturo de Ascanio acuñó el término "Atmósfera Mágica" para referirse al ambiente de magia, sorpresa y misterio que el mago consigue cuando ejecuta sus efectos de modo que el público no pueda, no ya ver sino ni siquiera sospechar o barruntar la causa secreta que los produce. El público no sospecha, incluso, la mera existencia de esa causa, y la serie de efectos le cogen siempre totalmente desprevenido. Es decir, la atmósfera mágica se da cuando, en una secuencia de juegos o efectos, todo sucede como si la magia auténtica (posibilidad de hacer milagros) existiera realmente. Los juegos, las sorpresas, se desarrollan de un modo tan natural y tan inesperado, las manipulaciones o medios secretos aparecen tan absolutamente insospechables, que los efectos producidos son realmente alucinantes. En palabras del propio Ascanio: «Concebida así, la atmósfera mágica es el summum de perfección a que puede aspirar todo mago.» Tal vez, ese término propio del arte de la magia pueda ser la aplicación directa de la supresión de la incredulidad que se da en otras artes escénicas y del tiempo como son la literatura, el cine y el teatro.

Ejemplos en los videojuegos[editar]

En los videojuegos, crear la "suspensión de la incredulidad" es una parte importante, debido a que jugar un videojuego es una experiencia de inmersión [cita requerida]. Es un término que se utiliza para referirse a la acción de ignorar ciertas incoherencias en el juego para entrar en el ambiente necesario que ayuda al jugador a sentirse envuelto dentro de otro mundo. Muchas veces, el término se confunde con otra expresión llamada "círculo mágico", pero hay que recalcar que no es lo mismo. Aunque si tienen relación entre ellas, debido a que sin una suspensión de la incredulidad resulta imposible entrar en un círculo mágico, haciendo de la inmersión del jugador en el juego imposible.

Véase también[editar]