Suicidio

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Suicidio
Edouard Manet 059.jpg
Le Suicidé de Édouard Manet (1877–1881).
Clasificación y recursos externos
CIE-10 X60X84
CIE-9 E950
MedlinePlus 001554
eMedicine article/288598
MeSH F01.145.126.980.875
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El suicidio (en latín: suicidium, de sui, sí mismo, y caedĕre, matar) es el acto por el que una persona, deliberadamente, se provoca la muerte. Comúnmente es una consecuencia de la desesperación, causa por la que se atribuye con frecuencia a una enfermedad mental como la depresión, el trastorno bipolar, la esquizofrenia, el trastorno límite de la personalidad,[1] el alcoholismo o el abuso de sustancias.[2] A menudo influyen en él diversos factores estresantes como las dificultades financieras o problemas en las relaciones interpersonales. Entre las medidas empleadas para prevenir el suicidio se incluyen: limitar el acceso al método de suicidio, como armas de fuego y venenos, tratamiento de la enfermedad mental y del abuso de sustancias y mejora de las circunstancias económicas. Aunque son comunes las líneas de crisis, hay poca evidencia sobre su efectividad.[3]

Los métodos de suicidio varían según el país y están parcialmente relacionados con su disponibilidad. Los más comunes son el ahorcamiento, el envenenamiento por plaguicidas y por medio de armas de fuego. El suicidio fue la causa de muerte de 842 000 personas en 2013, un considerable aumento en comparación con las 712 000 muertes por suicidio en 1990.[4] Por lo anterior, el suicidio es la décima causa de muerte a nivel mundial.[2] [5] Es más común en hombres que en mujeres; los primeros tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades de suicidarse que las últimas.[6] [7] [8] Se estima que cada año hay de 10 a 20 millones de intentos de suicidio no exitosos.[9] Los intentos fallidos pueden acarrear lesiones e incapacidades a largo plazo. Por su parte, los intentos son más comunes en jóvenes y en mujeres.[10]

La visión del suicidio ha sido influenciada por diversos temas como la religión, el honor y el sentido de la vida. Tradicionalmente, las religiones abrahámicas lo consideran como un pecado debido a su creencia en la santidad de la vida. Durante la era de los samurai en Japón, el harakiri era respetado como una forma de resarcir un fracaso o como una forma de protesta. El satí, actualmente una práctica ilegal, implicaba la inmolación de la viuda en la pira funeraria de su recién fallecido marido, ya sea voluntariamente o bajo presión de la familia o la sociedad.[11]

Aunque en muchos países el suicidio o su intento son considerados un delito, en la mayoría de los países occidentales no son punibles. Durante los siglos XX y XXI, el suicidio mediante inmolación fue utilizado en algunas ocasiones como forma de protesta, mientras que el kamikaze y los ataques suicida fueron y son empleados como una técnica militar o terrorista.[12]

Definición[editar]

El suicidio es el «acto de quitarse deliberadamente la propia vida».[13] Mientras que el intento de suicidio o comportamiento suicida no mortal es la autoagresión llevada a cabo con la intención de morir que no resulta en la muerte del individuo.[14] El suicidio asistido consiste en la ayuda que una persona brinda a otra que desea acabar con su vida, ya sea por medio de los conocimientos o medios para hacerlo.[15] En contraste, en la eutanasia la persona que ayuda a otra a finalizar su vida juega un papel más activo, por ejemplo al no instaurar o al suspender el tratamiento médico.[15] [16] La ideación suicida implica pensamientos sobre suicidarse «con diversos grados de intensidad y elaboración».[14]

Factores de riesgo[editar]

Los factores de riesgo de suicidio incluyen: enfermedades psiquiátricas, abuso de sustancias, el estado psicológico, las situaciones culturales, familiares y sociales y la genética.[17] Frecuentemente, coexisten las enfermedades mentales y el abuso de sustancias.[18] Otros factores de riesgo son: un intento de suicidio previo,[19] la disponibilidad de medios para llevarlo a cabo, historia familiar de suicidios o la presencia de un traumatismo craneoencefálico.[20] Respecto a la disponibilidad de un medio, se ha encontrado que las tasas de suicidio son mayores en hogares con armas de fuego.[21] Asimismo, problemas socioeconómicos como el desempleo, la pobreza, la indigencia y la discriminación pueden desencadenar pensamientos suicidas.[22] [23] Entre el 15% y el 40% de las personas dejan una nota suicida.[24] La genética es la causa de entre el 38% y el 55% de los comportamientos suicidias.[25] Por otro lado, los veteranos de guerra tienen un mayor riesgo de suicidio debido, en parte, a una mayor incidencia de enfermedades mentales y a problemas de salud relacionados con la guerra.[26]

Enfermedades mentales[editar]

Se estima que la presencia de enfermedades mentales al momento del suicidio varía entre el 27%[27] y más del 90% de los casos.[19] De los pacientes ingresados a unidades psiquiátricas, el riesgo vitalicio de completar el suicidio es de alrededor de 8.6%.[19] La mitad de las personas fallecidas por suicidio podrían haber padecido un trastorno depresivo mayor; tener esta enfermedad o alguno de los trastornos del estado de ánimo, como el trastorno bipolar, incrementa 20 veces el riesgo de suicidio.[28] Otras condiciones implicadas incluyen: la esquizofrenia (14%), trastornos de la personalidad (14%),[29] trastorno bipolar[28] y trastorno por estrés postraumático.[19] Cerca del 5% de las personas con esquizofrenia mueren por suicidio.[30] Los trastornos de la conducta alimentaria son también un importante factor de riesgo.[31]

Un historial de intentos de suicidio previos es el mejor predictor de un eventual suicidio consumado.[19] Aproximadamente el 20% de los suicidas tuvieron un intento previo y, de estos, el 1% se suicidó al cabo de un año[19] y el 5% al paso de 10 años.[31] Comúnmente las autolesiones no tienen motivos suicidas y en su mayoría no representan un riesgo de suicidio.[32] No obstante, algunos de los que realizan esta práctica se suicidan.[32] En aproximadamente, en 80% de los suicidios consumados, los suicidas acudieron a un médico en el año anterior a su muerte;[33] 45% lo hizo en el mes previo.[34] Un estudio encontró que, de 5894 fallecidos por suicidio, el 83% tuvo contacto con los servicios de salud mental en el año anterior a su fallecimiento.[35]

Abuso de sustancias[editar]

El abuso de sustancias es el segundo factor de riesgo más común.[36] Tanto el abuso crónico, como la intoxicación aguda están asociados.[18] [37] El riesgo incrementa cuando se combina con problemas personales, como el duelo.[37] Por otro lado, el abuso de sustancias está asociado con algunos trastornos mentales.[18]

La mayoría de las personas están bajo la influencia de drogas sedantes (como el alcohol o las benzodiazepinas) al momento de suicidarse;[38] el alcoholismo está presente entre el 15% y el 61% de los casos.[18] Generalmente, los países con mayores tasas de uso de alcohol y mayor densidad de bares tienen tasas de suicidio más altas.[39] Entre el 2.2% y el 3.4% de las personas tratadas por alcoholismo fallecen por suicidio en algún punto de su vida.[39] Comúnmente, los alcohólicos que intentan suicidarse son hombres, mayores y han intentado suicidarse previamente.[18] Son suicidios entre el 3% y el 35% de las muertes por consumo de heroina.[40] En adolescentes, el abuso de alcohol y disfunciones neurológicas y psicológicas pueden contribuir a incrementar el riesgo de suicidio.[41]

El abuso de cocaína y metanfetaminas tienen una alta correlación con el suicidio.[18] [42] En las personas que usan cocaína el riesgo es mayor durante la fase de abstinencia.[43] En aquellos que emplean inhalantes también hay un significativo riesgo; 20% de las personas intenta suicidarse en algún momento y más del 65% lo han considerado.[18] Asimismo, el fumar cigarros también está asociado con riesgo de suicidio.[44] No obstante, hay poca evidencia de la razón de esta asociación; se ha conjeturado que aquellos con predisposición a fumar también tienen predisposición al suicidio, que el fumar causa problemas de salud que, subsecuentemente, llevan a las personas a finalizar su vida y que fumar afecta la química del cerebro, causando tendencia al suicidio.[44] Por su parte, independientemente, la marihuana no parece incrementar el riesgo de suicidio.[18]

Ludopatía[editar]

Comparados con la población general, los ludópatas tienen una mayor ideación suicida y una mayor cantidad de intentos de suicidio.[45] Entre el 12% y el 24% de los apostadores patológicos han intentado suicidarse.[46] En las esposas de los ludópatas, la tasa de suicidios es tres veces mayor en comparación con la población general.[46] Otros factores que incrementan el riesgo en ludópatas son las enfermedades mentales y el abuso de sustancias.[47]

Condiciones médicas[editar]

Existe una asociación entre las tenencias suicidas y problemas de salud como[31] el dolor crónico,[48] el traumatismo craneoencefálico,[49] el cáncer,[50] la insuficiencia renal (con necesidad de hemodiálisis), el VIH y el lupus eritematoso sistémico.[31] El diagnóstico de cáncer duplica el subsecuente riesgo de suicidio.[50] En Japón, los problemas de salud son registrados como la principal razón de suicidio.[51]

Por otra parte, trastornos del sueño como el insomnio[52] o la apnea del sueño son también factores de riesgo para depresión y suicidio. En algunos casos, los trastornos del sueño pueden ser un factor de riesgo independiente para la depresión.[53] Otras condiciones médicas pueden presentarse con síntomas similares a los trastornos del estado de ánimo, incluyendo el hipertiroidismo, el Alzheimer, los tumores cerebrales, el lupus eritematoso sistémico y efectos adversos de ciertos fármacos (como beta bloqueadores y esteroides).[19]

Estados psicológicos[editar]

Diversos estados psicológicos pueden incrementar el riesgo de suicidio: desesperanza, anhedonia, depresión y ansiedad.[28] También influyen: una pobre capacidad de resolver problemas, pérdida de capacidades que antiguamente se tenían y poco control de los impulsos.[28] [54] En adultos mayores, es importante la percepción de ser una carga para otras personas.[55] El suicidio producto de una «pobre integración a la sociedad» se denomina «suicidio egoísta».[56]

Diversos estreses de la vida, como la pérdida de un familiar o amigo, de un trabajo o el aislamiento social (como el vivir solo), incrementan el riesgo de suicidio.[28] Asimismo, las personas que nunca se han casado tienen un riesgo mayor.[19] Al contrario, el ser religioso puede reducir el riesgo de suicidio. Lo anterior se ha atribuido a las percepciones negativas de muchas religiones sobre el suicidio y a la interrelación que la religión puede proveer.[57]

Algunas personas se suicidan para escapar del acoso escolar o el prejuicio.[58] Un historial de abuso sexual infantil[59] y de acogidas temporales son también factores de riesgo.[60] Se cree que el abuso sexual contribuye con alrededor del 20% del riesgo total.[25] Desde un punto de vista evolutivo, una explicación del suicidio es que este ayuda a la eficacia biológica inclusiva. Lo anterior puede ocurrir si el suicida es una persona que no puede tener más hijo y que, al permanecer vivo, está robando recursos a sus parientes. Una objeción a la teoría es que las muertes de adolescentes sanos no ayudan a la eficacia biológica inclusiva.[54] [61]

La pobreza está relacionada con el riesgo de suicidio.[62] El incremento de la pobreza relativa, en comparación con las personas que rodean al individuo, incrementa el riesgo de suicidio.[63] Cerca de 200 000 granjeros en la India se han suicidado desde 1997 debido, en parte, a problemas financieros.[64] Asimismo, en China, el suicidio es tres veces mayor en regiones rurales que en las urbanas; lo que, se cree, es debido, parcialmente, a las dificultades económicas en estas áreas del país.[65]

Medios de comunicación[editar]

Los medios de comunicación, incluido el Internet, juegan un papel importante.[17] Tiene un efecto negativo la forma en que el suicidio es descrito, con una cobertura de alto volumen, prominente y repetitiva que glorifica e idealiza el suicidio.[66] Cuando se realizan descripciones detalladas de un método de suicidio, el uso de este método puede incrementar en la población.[67]

Lo anterior desencadena el denominado efecto Werther, que toma su nombre del protagonista de la novela Las penas del joven Werther de Goethe, cuyo suicidio fue emulado por varios admiradores del libro.[68] El riesgo es mayor en adolescentes, que pueden propender a idealizar la muerte.[69] El efecto contrario, el propuesto efecto Papageno, en el que la cobertura de estrategias de afrontamiento efectivas pueden tener efectos preventivos, se basa en el nombre del personaje de La flauta mágica de Mozart que, temiendo la pérdida de una persona querida, planea suicidarse hasta que es auxiliado por sus amigos.[68] Cuando los medios de comunicación siguen las directrices recomendadas, el riesgo de suicidio puede disminuir. Sin embargo, obtener apoyo de la industria puede ser difícil, especialmente a largo plazo.[66]

Racionalización[editar]

El suicidio racional es el suicidio «fríamente decidido por una persona que recibe los adecuados cuidados paliativos y apoyo moral para su enfermedad».[70] El acto de, deliberadamente, provocarse la muerte en beneficio de otras personas es denominado «suicidio altruista». Un ejemplo de lo anterior es el suicidio de una persona mayor para dejar una mayor cantidad de alimentos a las personas más jóvenes de la comunidad.[71] En algunas culturas esquimales, el suicidio es visto como un acto de respeto, coraje o sensatez.[72]

El ataque suicida es una acción política en la que uno o varios atacantes llevan a cabo un ataque violento contra otros individuos en el entendimiento de que el resultado será su propia muerte.[73] Algunos atacantes suicidas son motivados por el deseo de convertirse en mártires.[26] Por su parte, las misiones kamikaze son llevadas a cabo como un deber a una causa superior o una obligación moral.[72] El homicidio-suicidio es el acto en el que un homicidio es sucedido en menos de una semana por el suicidio del homicida.[74]

El suicidio colectivo es, comúnmente, realizados bajo presión social en comunidades donde los miembros ceden su autonomía a un líder.[75] Por su parte, cuando dos personas acuerdan quitarse la vida al mismo tiempo es llamado «pacto suicida».[76] En situaciones extenuantes, donde continuar con la vida se vuelve intolerable, algunas personas optan por el suicidio como un método de escape.[77] Algunos presos de los campos de concentración nazis se suicidaron al tocar las vallas electrificadas.[78]

Métodos[editar]

Los métodos más comunes de suicidio varían según el país. No obstante, entre los métodos más utilizados están el ahorcamiento, el envenenamiento por pesticidas y el disparo con arma de fuego.[79] Se cree que las diferencias en los métodos se deben, en parte, a la disponibilidad de los mismos.[67] En una revisión de 56 países se encontró que el ahorcamiento era el método más utilizado en la mayoría,[79] sumando el 53% de suicidios de hombres y 39% de mujeres.[80]

A nivel mundial, 30% de los suicidios son realizados por medio de pesticidas. Sin embargo, el uso de este método varía marcadamente del 4% en Europa a más del 50% en el Pacífico.[81] También es comúnmente utilizado en Latinoamérica, debido al fácil acceso a los pesticidas en las poblaciones agrícolas.[67] La sobredosis es motivo de aproximadamente dos tercios de los suicidios de mujeres y un tercio de los de hombres.[82] Muchos no son planeados y ocurren durante periodos de ambivalencia.[67] La tasa de mortalidad varían según el método: arma de fuego 80%-90%, ahogamiento 65%-80%, ahorcamiento 60%-85%, tubo de escape 40%-60%, salto 35%-60%, quema de carbón 40%-50%, pesticidas 6%-75% y sobredosis de medicamentos 1.5%-4%.[67] Los métodos más empleados para el intento de suicidio y para el suicidio exitoso también son diferentes; cerca del 85% de los intentos de suicidio en el mundo desarrollado se realizan por sobredosis.[83]

En China, el método más común es el envenenamiento por pesticidas.[84] En Japón, aunque todavía se practica el harakiri,[84] el método más común es el ahorcamiento,[85] al igual que en Suiza.[86] El salto desde alguna altura es común en Hong Kong y Singapur, involucrado en el 50% y 80% de los suicidios, respectivamente.[67] En Estados Unidos, el 57% de los suicidios involucra un arma de fuego, método un poco más común en hombres que en mujeres, seguido del ahorcamiento en hombres y el envenenamiento en mujeres.[87]

Fisiopatología[editar]

No existe una fisiopatología unificadora de la depresión o del suicidio.[19] Sin embargo, se cree son resultado de la interacción de factores de socioambientales, psiquiátricos y de comportamiento.[67] Los niveles bajos del factor neurotrófico derivado del cerebro (FNDC) están directamente asociados con el suicidio[88] e indirectamente asociados con el trastorno depresivo mayor, el trastorno de estrés postraumático, la esquizofrenia y el trastorno obsesivo compulsivo.[89] Diversos exámenes post-mortem han encontrado niveles bajos del FNDC en el hipocampo y en la corteza prefrontal en personas con y sin condiciones psiquiátricas.[90] Se cree que los niveles de serotonina se encuentran bajos en suicidas. Lo anterior se basa, parcialmente, en el hallazgo en autopsias de niveles incrementados de receptores 5-HT2A.[91] Asimismo, otras pruebas han encontrado niveles reducidos de ácido 5-hidroxindolacético en el líquido cefalorraquídeo.[56] No obstante, evidencias directas son difíciles de reunir.[91] También se cree que la epigenética participa en la determinación del riesgo de suicidio.[92]

Prevención[editar]

Prevención del suicidio es un término utilizado para denominar a los esfuerzos colectivos encaminados a reducir la incidencia del suicidio por medio de medidas preventivas. Una forma de reducir el riesgo de suicidio es limitar el acceso a ciertos métodos, como las armas de fuego y venenos.[67] [93] Otras medidas incluyen: reducir el acceso a carbón vegetal y barreras en puentes y plataformas del metro.[67] [94] También puede ser efectivo el tratamiento de adicciones, como el alcohol o las drogas, enfermedades, como la depresión, y de personas con intentos de suicidio previos.[93] Se propuesto reducir el acceso a alcohol como una estrategia preventiva (así como reducir el número de bares).[18] A pesar de que las líneas de crisis son comunes, hay poca evidencia que apoye o refute su efectividad.[3] En adultos jóvenes con pensamientos suicidas, la terapia cognitivo-conductual puede ayudar a mejorar los resultados.[95] El desarrollo económico por medio de su habilidad de reducir la pobreza puede ser capaz de reducir las tasas de suicidio.[62] Asimismo, también pueden ser efectivas las medidas que incrementen la conexión social, especialmente en hombres adultos mayores.[96] El Día Mundial para la Prevención del Suicidio se realiza cada 10 de septiembre con el apoyo de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio y de la Organización Mundial de la Salud.[97]

Enfermedades mentales[editar]

Diversos tratamientos pueden reducir el riesgo de suicidio en personas con problemas mentales. Los pacientes con un mayor riesgo de suicidio pueden ser ingresados, voluntaria o involuntariamente, en una unidad psiquiátrica.[19] Comúnmente, les son removidas las pertenencias que pueden ser utilizadas para autolesionarse.[31] Algunos médicos hacen que los pacientes firmen un «contrato de no suicidio», por medio del que se comprometen a no autolesionarse si son dados de alta. No osbtante, no hay evidencias que demuestren un efecto significativo de esta práctica.[19] Si la persona no está en alto riesgo, se pueden llevar a cabo tratamientos psiquiátricos para pacientes externos.[31] Asimismo, no se ha confirmado que las hospitalizaciones a corto plazo sean más efectivas que la ayuda comunitaria en personas con trastorno límite de la personalidad (TLP), que son suicidas crónicos.[98] [99]

Hay evidencia tentantiva que señala que la psicoterapia, específicamente la terapia dialéctica conductual, reduce la tendencia suicida en adolescentes[100] y en personas con TLP.[101] También puede ser útil en reducir los intentos de suicidio en adultos en alto riesgo.[102] Sin embargo, no se ha encontrado evidencia que demuestre una disminución en suicidios consumados.[100] Hay controversia en torno a las ventajas en comparación con los daños de los antidepresivos.[17] En jóvenes, los antidepresivos como los ISRS parecen aumentar el riesgo de suicidio de 25 sobre 1000 a 40 sobre 1000.[103] En contraste, en adultos pueden reducir el riesgo.[19] El litio puede ser efectivo en reducir el riesgo en personas con trastorno bipolar y depresión clínica a niveles similares a los de la población general.[104] [105] Además, la clozapina puede reducir los pensamientos suicidas en algunos pacientes con esquizofrenia.[106]

Introducción[editar]

Para considerarse suicidio, la muerte debe ser un elemento carnal, y tiene que ser el fin a conseguir, y no solo una consecuencia casi imparable. Así, los mártires, los que se sacrifican por otros en caso de emergencias ni los soldados que mueren en una guerra son considerados suicidas, y en estos casos, los muertos no son proscritos por la ley. En el caso de que el suicidio tenga consecuencias legales, la ley recoge que debe haber prueba de intención de morir, así como la propia muerte para que el acto sea considerado un suicidio. Puede que dicho proceso sea costoso en caso de minusvalía y tenga que depender de alguien más, que entraría entonces en una dinámica de cómplice de suicidio. Según Guillon y Le Bonniec (1982) “el cómplice es todo aquel que, sin llevar a cabo personalmente los elementos constitutivos de la infracción imputable del autor, solamente ha facilitado o provocado la acción principal por medio de actuaciones de una importancia material secundaria: ayuda, suministro de medios o instigación”[107] figura del derecho penal donde sería posible una sanción penal.

La Psicología y la Psiquiatría se revelan como las principales ciencias de la salud para prevenir el suicidio. [108]

Se estima que las dos terceras partes de quienes se quitan la vida sufren depresión[109] y que los parientes de los suicidas tienen un riesgo más elevado (hasta cinco veces más) de padecer tendencias al respecto.[110] Los padecimientos psíquicos se encuentran presentes en 9 de cada 10 casos de suicidio; entre ellos, aparte de la depresión se encuentran también los trastornos de ansiedad y las adicciones.[111]

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), las enfermedades mentales, principalmente la depresión y los trastornos por consumo de alcohol, el abuso de sustancias, la violencia, las sensaciones de pérdida y diversos entornos culturales y sociales constituyen importantes factores de riesgo de suicidio.

Muchas religiones monoteístas lo consideran un pecado, y en algunas jurisdicciones se considera un delito. Por otra parte, algunas culturas, especialmente las orientales, lo ven como una forma honorable de escapar de algunas situaciones humillantes o dolorosas en extremo.

El suicidio y la ley[editar]

En España la relación de terceros respecto al suicidio es discutida. El caso de no evitarse un suicidio, pudiendo hacerse, podría ser considerado como una omisión del deber de socorro, lo que está tipificado como delito en diversas legislaciones. Este hecho es justificado en que un intento de suicidio podría ser debido, por ejemplo, a un estado de locura transitorio, a un estado depresivo muy grave u otras situaciones análogas. No obstante, si el acto de suicidio se toma con el supuesto ejercicio pleno de las facultades mentales nadie podría impedirlo hipotéticamente, ya que lo contrario podría tratarse de un delito de coacción, que castigaría al que «sin estar legítimamente autorizado, impidiere a otro con violencia hacer lo que la ley no prohíbe» (art. 172 del CP). Hay que hacer notar, a este respecto, que el suicidio «es un acto que la ley no prohíbe», como ha señalado el Tribunal Constitucional de España. Aunque el Tribunal Constitucional Español señala que no existe en el ordenamiento jurídico de este país el «derecho al suicidio», «ello no impide, sin embargo, reconocer que, siendo la vida un bien de la persona que se integra en el círculo de su libertad, pueda aquélla fácticamente disponer sobre su propia muerte, pero esa disposición constituye una manifestación del agere licere, en cuanto que la privación de la vida propia o la aceptación de la propia muerte es un acto que la ley no prohíbe» (Fundamento Jurídico 7.º). En todo caso, inducir a otra persona para que cometa suicidio, o cooperar con actos necesarios en un suicidio o en una eutanasia sí que son delitos, aunque castigados con penas distintas (artículo 143 del CP).

De igual manera, en legislaciones como la chilena, el auxilio al suicidio es punible según señala el art. 393 del Código Penal: «El que con conocimiento de causa prestare auxilio a otro para que se suicide, sufrirá la pena de presidio menor en sus grados medio a máximo, si se efectúa la muerte». Aquí la muerte opera como condición objetiva de punibilidad; es decir, sólo será culpable la conducta en la medida que se verifique el resultado de muerte; y siendo así, incurrirá el autor en la pena señalada (541 días a 5 años).

No está de más mencionar que además hay leyes que protegen a las aseguradoras de vida. Según Guillon y le Bonniec (1982) “el seguro de vida en caso carece de efecto, si el acta de defunción del asegurado demuestra que el asegurado ha muerto por suicidio, a pesar de que algunas aseguradoras ignoran dicha ley y hacen el pago a los beneficiarios de todas formas”.[112]

Valoraciones del suicidio[editar]

Psiquiatría[editar]

El suicidio puede ser efecto de trastornos psiquiátricos, que comúnmente se acompañan de abatimiento, vacío emocional o ansiedad, como el Trastorno Límite de la personalidad, el trastorno bipolar, la esquizofrenia y todos los trastornos depresivos. En estos casos es, principalmente, la enfermedad lo que provoca el suicidio y no el análisis lógico del individuo. Antes que la acción, el suicidio comienza en el pensamiento. Ya sea por problemas personales y/o emocionales, las personas suicidas deben ser evaluadas como individuo para entonces entender el suicidio a nivel social. Estos individuos poseen un sentido de indefensión y desesperanza ante las situaciones que los afectan. Las personas suicidas exhiben algunas características tales como impulsividad, baja tolerancia a la frustración y son personas sin espíritu de lucha. Suelen ser pacientes más agresivos, exigentes, dependientes e insatisfechos que los demás. Teniendo en cuenta el perfil de la persona suicida se podrían prevenir algunos suicidios con psicoterapia, farmacoterapia y hospitalización en casos más graves. Los indicadores y comportamientos varían dependiendo de la persona. Según la cuarta versión de El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, los pensamientos recurrentes (no solo el temor a la muerte), ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse son síntomas de personas con depresión mayor.

El proyecto suicida nunca es improvisado, aunque la realización a veces sea impulsiva. El suicida lo venía pensando desde tiempo antes, y en la mayoría de los casos se lo había comunicado a alguien con anterioridad. La idea de que alguien que habla de suicidarse no lo hará es falsa, toda amenaza debe ser tomada seriamente.[108]

Para algunos psiquiatras y psicólogos no existe un único factor desencadenante de un suicidio, sino que éste es una acción multideterminada por diversos factores intervinientes que al conjugarse se potencian.[108]

En un estudio realizado en Buenos Aires, con suicidas que tenían un historial de internaciones psiquiátricas, aparecieron como factores destacados:[108]

  • Aislamiento y soledad, con pérdida de apoyo y lazos sociales.
  • Presencia de conductas suicidas (fantasías, ideación, amenazas, intentos y/o equivalentes).
  • La heteroagresividad demostró ser una característica tan marcada como cualquier elemento depresivo (fantasías de homicidio, conductas agresivas y violentas hacia otros). Cuando la manifestación externa se ve bloqueada de alguna forma, estos impulsos destructivos se vuelven contra sí mismo.
  • Dificultades familiares serias (abandono, rechazo, etc.). Los familiares mostraron escasa empatía con el paciente, poca comprensión y conciencia de la situación de peligro y serias dificultades para contenerlo emocionalmente.
  • No evolución favorable de la enfermedad psiquiátrica (cronicidad).
  • Estados depresivos.

Todas éstas resultaron ser variables de altísimo potencial suicida pero en ningún caso la existencia de una sola fue suficiente para desencadenar un suicidio.

Existe mayor riesgo cuando los síntomas de ansiedad, insomnio, angustia, desesperanza o son acompañados por síntomas psicóticos e ideas delirantes paranaoides o melancólicas. En muchos casos el acto suicida se lleva a cabo luego de una engañosa mejoría de los síntomas ya que algunos se tranquilizan cuando ya tienen tomada la decisión.[108]

La idea de muerte puede surgir por muchos motivos diferentes:

  • Como expresión de pensamientos acerca de la inutilidad de la existencia y el vacío.
  • Como vía de escape para el sufrimiento emocional o psicológico.
  • Como escape a la tortura de los perseguidores internos en los cuadros paranoides.
  • Como deseo vengativo hacia otra persona, de control hostil del otro, de castigo del otro o una búsqueda de impacto en los otros.
  • Como el deseo de promover cambios en las actitudes o sentimientos de los demás, o buscar averiguar póstumamente si se es querido por los otros.
  • Como fantasía de evasión, de escaparse del conflicto, un deseo de liberación, una fantasía de paz eterna.
  • Como deseo de expiación por alguna culpa o pecado.
  • Como deseo de recomenzar una vida nueva acompañado por la creencia de renacer después de la muerte.
  • Como deseo de rehabilitación del prestigio y el honor con fantasías de gloria.
  • Como caída de la autoestima unida a una sensación de impotencia extrema después de una injuria narcisista.
  • Como búsqueda de tranquilidad.
  • Como deseo apasionado de reunión erótica con un objeto (persona amada) amado muerto.
  • Como deseos de reconquista o de reivindicación.
  • Como deseo de lograr el amor de un objeto (persona amada) vivo.
  • Como deseo de aniquilación del Yo.
  • Como deseo de conmover a otros o generarles culpabilidad o perjudicarlos de alguna manera y hacerlos sufrir.

Valoraciones morales cristianas y judías[editar]

La teología cristiana dice que para algunos[cita requerida] el suicidio consiste en «darse la muerte directamente a sí mismo»; y aclara que aunque ambas opiniones son semejantes, encierran matices distintos. Mientras que para los primeros el suicidio directo es siempre intrínsecamente malo, para los segundos el suicidio directo es siempre pecaminoso, y este lleva al alma de la persona a un lugar de tormentos llamado "infierno", pero el suicidio indirecto no lo es. Precisamente, debemos entender que el suicidio directo es aquel en que el ser humano busca mediante un acto que de suyo es capaz de causarla; mientras en el indirecto, la persona se da muerte sin procurarla libremente.

Ejemplos de suicidios que el mundo cristiano tiene registros es la muerte provocada a sí mismo por el juez Sansón en el libro de Jueces 16:30: "Y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos. Entonces se inclinó con toda su fuerza, y cayó la casa sobre los principales, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida." La biblia dice que Sansón pide a Dios ayuda y dado que sus fuerzas provienen del mismo Dios, Sansón es perdonado por Dios, Dios le provee nuevamente de fuerzas y el mata a los filisteos que se encontraban en el palacio, junto con provocarse la muerte a si mismo. Este acto no es condenado por Dios, dado que en el libro de Hebreos, Sansón es contado con los "justos" aún cuando se quitó la vida.

Una clasificación posible de las tantas que se pueden hacer es la que divide los suicidios en:[cita requerida]

  • Los vicariantes: se adelantan o aceleran el acto de la muerte que se vislumbra en un futuro, con la justificación de que no hay esperanzas y sólo creen ver a su alrededor sufrimientos y nada puede compensar el período de espera.
  • Los perfeccionistas: no toleran cualquier disminución de los atributos a su persona, lo mismo en la belleza que en la potencia sexual, o un defecto cualquiera, menoscabo económico o social, o la pérdida del poder y prestigio.
  • Los hedonistas: no soportan nada que constituya un impedimento o una disminución del placer de predominio sensual.
  • Los transicionales: ante ciertas crisis vitales de transición inevitables, optan por el suicidio.
  • Los sintomáticos: dependen de una enfermedad mental, psicosis, confusión mental, demencia y depresión.

El suicidio es visto como un pecado por la iglesia católica ya que el "no matarás bíblico también le aplica a uno mismo".[113]

Desde Durkheim es un clásico decir que los suicidios son más raros entre los católicos y los judíos que entre los protestantes o los ateos pero hay que tener en cuenta que puede ser que los católicos no declaren los suicidios justamente por razones religiosas.[114]

También para el judaísmo el suicidio es pecado y no se entierra el cadáver con los demás. Sin embargo, en la antigüedad no imponían sanciones al suicida porque reconocían al suicidio necesariamente como acto de locura.

Visión sociológica[editar]

El sociólogo francés Émile Durkheim en su obra El suicidio (1897), señala que los suicidios son fenómenos individuales que responden esencialmente a causas sociales. Las sociedades presentan ciertos síntomas patológicos, ante todo la integración o regulación social ya sea excesiva o insuficiente del individuo en la colectividad. Por tanto el suicidio sería un hecho social.

Durkheim comienza su estudio con una definición de suicidio como: «Todo caso de muerte que resulta directa o indirectamente de un acto positivo o negativo realizado por la víctima misma y que, según ella sabía, debía producir este resultado». Ejemplo de un acto positivo: dispararse en la cabeza; ejemplo de un acto negativo: rehusar a ingerir cualquier medicina hasta dejarse morir.La persona suicida vive con una percepción anómica de la vida: Pierde el sentido de la ley, normas sociales y se vuelve escéptico ante la vida y todo lo que ésta implica. Aunque cada persona suicida es distinta, tienen indicadores y pasan por un mismo proceso. Uno de los factores más importante de la persona suicida es la convicción del suicidio como método factible. Si estudiamos el comportamiento de las personas suicidas, no podemos asegurar que se pueda prevenir todo tipo de suicidios pero si podemos estudiar si se utilizaría la misma metodología, modalidad, tiempo y espacio. El suicidio como un problema social. Se han creado diversas teorías para explicar la raíz del problema y las particularidades del mismo. Han tomado en cuenta razones como el estatus económico, socio-profesional, la edad y el estado civil. Se asegura que en algunas ocasiones las personas están predispuestas al suicidio. Un principio de la modificación de conducta establece que de la misma manera que aprendemos, podemos desaprender. Una persona que proviene de una familia donde existen historial suicida tiene cierta predisposición a cometer actos suicidas. La profesión y la religión están relacionadas también indirectamente con el suicidio. La persona que trabaje bajo presión y no sepa manejarlo puede tener pensamientos suicidas y ejecutarlos.

Durkheim distingue tres clases de suicidios:[115]

  1. Suicidio egoísta, típico de sociedades donde el individuo carece de integración social.
  2. Suicidio anómico (anomia es para Durkheim lo que para otros autores, a partir de Hegel, es alienación), característico de falta de regulación social (anomia), existe una falta de normatividad en tanto que las normas sociales no son interiorizadas como propias por parte del individuo.
  3. Suicidio altruista, característico de sociedades con alto grado de integración social, el individuo se suicida por su sensación de pertenencia a la sociedad. Se mata por ella, un claro ejemplo son los kamikazes. Esta relación es patológica porque la persona pierde el sentido de individualismo. Este tipo de suicidio consiste en ofrecer su vida por algún ideal. El individuo sacrifica su vida en honor a quien el cree que se beneficiara de ello.

Visión psicoanalítica[editar]

Freud aporta la hipótesis psicoanalítica de que el suicidio manifiesta una agresividad dirigida originalmente contra otra persona (el objeto de amor perdido) que al no poder ser descargada se dirige hacia el propio individuo, es decir, secundariamente, contra sí mismo.[114]

En esta perspectiva psicodinámica podemos distinguir con H.Hendin:[114]

  • El suicidio como una actitud de represalia o de revancha tras un abandono.
  • El suicidio como asesinato reflejo como expresión de la lucha interna contra el deseo de matar.
  • El suicidio en el que la muerte se convierte en una reunión con la persona amada muerta.
  • El suicidio en el que la muerte es un renacer que borra los fracasos.
  • El suicidio en el que la muerte es un castigo, mecanismo frecuente en el melancólico y el delirante.
  • El suicidio en el que el paciente se creía estar ya muerto, frecuente en la melancolía y en el Síndrome de Cotard.

Evolución histórica[editar]

Paracelso decía que quien se suicida de desesperación está inspirado por el diablo.[116]

La actitud de los hombres ante la muerte no ha sido la misma a través de los tiempos; cuando un hombre de hoy habla de su muerte, piensa que si le fuera dado escogería una muerte súbita, sin dolor, como un leve sueño. El hombre del medioevo se sentiría aterrado de ello, porque como lo expresa el padre de Hamlet, en la famosa obra de Shakespeare, moriría «en la flor del pecado»; por eso el hombre de la Edad Media prefería un tiempo de arrepentimiento y de balance de sus deudas con Dios y con los hombres, incluso en las oraciones medievales se rezaba «líbranos Señor de la muerte repentina».

El suicidio comenzó a ser considerado pecado en el siglo IV con San Agustín, porque viola el quinto mandamiento, usurpa la función del Estado y de la Iglesia y evita el sufrimiento que ha sido ordenado por Dios.

En la Edad Media y hasta bien entrada nuestra Edad Moderna en Europa occidental las Iglesias cristianas sacralizaron la muerte, la domesticaron, integrándola en un sistema de ritos y creencias que la convertían en una etapa más del destino final de cada ser humano. La Iglesia Católica rechazaba al suicida y se le negaba la sepultura en el Campo Santo.

En la Edad Media en Europa degradaban el cadáver arrastrándolo por las calles cabeza abajo con una estaca atravesando el corazón y una piedra en la cabeza para inmovilizar el cuerpo y que el espíritu no regresara a dañar a los vivos: el alma del suicida era condenada al infierno por toda la eternidad.

En la Inglaterra anglicana de 1800 el cuerpo del suicida era castigado por la justicia públicamente siendo arrastrado por el suelo y estaqueado en el cruce de los caminos, sus bienes confiscados y la viuda desheredada y deshonrada. Solo se aceptaba el caso del soldado vencido que se suicidaba por honor. En el siglo XV, Castilla, Aragón, Florencia, Francia, Reino Unido, Milán, Venecia y Portugal sancionaban el suicidio, rematando incluso a los muertos suicidados. En Castilla y Aragón, la práctica se recoge en una constitución de 1497, cuando un pastor almeriense se suicidó porque le despidieron, y fue rematado en Córdoba en 1498.

En sociedades donde la sacralidad era la cosmovisión vigente, es lógico que el comportamiento suicida se rechazara, pues el hombre no tenía permitido modificar su destino, que estaba en las manos de Dios.

El suicidio ha estado ligado a la humanidad y sus costumbres: los mayas, según refiere la historia, veneraban a Ixtab, la diosa del suicidio, y en el Lejano Oriente los japoneses se hacían el seppuku para lavar la deshonra.

Fue a partir del siglo XIX cuando se perdió ese sentido de socialización, inserto en la ritualidad. La sociedad emergente rechazó aquel paradigma medieval. La muerte fue liberada y pasó al dominio privado, el cadáver era velado en la casa, sepultado en familia, y en ese sentido la muerte pasó a depender cada vez más de la voluntad del individuo. De este modo, la sociedad occidental se había desvinculado de la muerte y del suicidio en particular.

Aspectos sociales y demográficos del suicidio[editar]

Crisis económica y suicidio[editar]

Algunos estudios correlacionan las crisis económicas con el aumento de muertes por suicidio, en una proporción de 0,8% de aumento en la tasa de suicidios por cada punto de aumento en el desempleo,[117] así como los trastornos mentales derivados como ansiedad o depresión.[118] Con ocasión del Día de la Salud Mental 2012, celebrado bajo el lema "la depresión, una crisis mundial", la Organización Mundial de la Salud advirtió de la influencia de las causas económicas en el problema y señaló precisamente el desempleo y los impagos como las principales causas de suicidio.[119]

El índice que marca un aumento del 0,8% de la tasa de suicidios por cada aumento de punto de desempleo, establecido a partir de un estudio publicado en 2009 en la revista The Lancet sobre la relación entre el suicidio y las crisis económicas en veintiséis países europeos a lo largo de tres décadas,[120] se está cumpliendo actualmente en el caso de países como Grecia e Irlanda.

Según el estudio de The Lancet la tasa de suicidios en la Unión Europea se encontraba en descenso hasta 2008. Con la crisis económica de 2008-2013 comenzó a aumentar, siendo ahora un 20% superior al nivel mínimo que había sido alcanzado en 2007.[121]

En España aún no se tienen las cifras oficiales de suicidios de 2011 y 2012, pero los datos actuales indican un aumento de los mismos siendo ya la tercera causa de muerte, tras la mortalidad cardiovascular y el cáncer.[122] [123] [124] El suicidio es actualmente la duodécima causa de muerte en España.[125] Varias comunidades autónomas han advertido que se están disparando las tasas de suicidios responsabilizándolo a la crisis económica.[126] De hecho el Congreso Nacional de Psiquiatría celebrado en Bilbao en 2012 advierte que el 32% de los suicidios se deben a causas económicas.[127]

De forma general aumentan las muertes por suicidio en todos los países y situaciones[cita requerida]. El desempleo se asocia a suicidio.[128]

En el mundo, el suicidio es la segunda causa de muerte, tras los accidentes de tráfico, entre los 10 y 24 años.[cita requerida] Se puede evitar el aumento de los suicidios, con el rechazo a las políticas que hacen caer el sistema de previsión social, la educación, la sanidad, la cultura y el medio ambiente.[129]

Suicidio en la adolescencia[editar]

Según Barón O (2000) “La adolescencia es un proceso intenso de cambios a todo nivel: corporal, psíquico, afectivo, familiar, social y que el suicidio, usualmente, se lleva a cabo en esta etapa como un comportamiento para contrarrestar la impotencia que se siente ante un problema existencialista. Además de estos se toman claramente en cuenta los importantes antecedentes patológicos, particularmente los trastornos afectivos y el abuso de alcohol y drogas. En la misma el adolescente debe definir su identidad sexual y su personalidad”.[130]

Los adolescentes con riesgo suicida poseen poca tolerancia a la frustración, actitudes hiperperfeccionistas, son críticos, rígidos intelectualmente que no toleran el más mínimo fracaso, y a veces están convencidos de su propia maldad y no se sienten queridos.
Aparece frecuentemente la falta de un lugar propio en el mundo, en el colegio (peligro si fue expulsado) o en su casa, o simplemente en el deseo de sus padres.

Sufrir bullying o acoso escolar es predictor de ideaciones y conductas suicidas en niños y adolescentes.[131]

Manejo de la crisis suicida en el adolescente[editar]

Una forma de abordar al adolescente en situación de crisis suicida es mediante la llamada Primera Ayuda Psicológica, que consta de cinco etapas, las que se describen a continuación:

  • Primera etapa. Establecimiento del contacto

Lo que se debe hacer es escuchar detenidamente, reflejar sentimientos, aceptar las razones que esgrime el sujeto y creerle, sin juzgarle.

Lo que no se debe hacer es restarle importancia a lo que nos expresa el sujeto, ignorar los sentimientos, impedir que el individuo exprese sus sufrimientos y contar nuestra historia en situaciones conflictivas.

  • Segunda etapa.Conocer la dimensión del problema.

Lo que se debe hacer es formular preguntas abiertas que permitan conocer cómo piensa el adolescente y facilitar la expresión de sentimientos. Explorar siempre la presencia de pensamientos suicidas.

Lo que no se debe hacer es atenerse a realizar preguntas que sean respondidas con monosílabos (sí o no) o evaluar el discurso del adolescente a través de la experiencia propia, que no es válida para otros.

  • Tercera etapa. Posibles soluciones.

Lo que se debe hacer es establecer prioridades de soluciones, abordando directamente los posibles obstáculos para su consecución y desaprobar la solución suicida como forma de afrontar situaciones problemáticas. Reforzar el concepto de que el suicidio es una solución definitiva a problemas que usualmente son temporales.

Lo que no se debe hacer es permitir que el adolescente continúe sin ensanchar su visión en túnel que es la que únicamente le deja ver la opción suicida. Tampoco deben dejar de explorarse los obstáculos de manera realista para evitar nuevos fracasos y que se agrave la crisis suicida.

  • Cuarta etapa. Acción concreta.

Lo que se debe hacer es tomar una medida a tiempo (involucrar a otros familiares, acercar a las fuentes de salud mental, imponer tratamiento, realizar hospitalización, etc.) Se debe ser directivo y confrontar cuando la situación lo requiera. Nunca debe dejarse sólo a un sujeto en crisis suicida.

Lo que no se debe hacer es ser tímido, indeciso, no tomar una decisión a tiempo, dejar solo al adolescente en riesgo de cometer suicidio o retraerse de asumir responsabilidades.

  • Quinta etapa. Seguimiento.

Lo que se debe hacer es realizar el recontacto para evaluar los progresos o retrocesos del adolescente en su sintomatología suicida.

Lo que no se debe hacer es dejar la evaluación a otra persona que desconozca del caso y le sea imposible establecer una comparación con su estado inicial.

Este sencillo recurso puede ser utilizado por cualquier persona, siempre y cuando evite hacer lo que no se debe hacer e investigue la presencia de las ideas suicidas y si estas están presentes, nunca dejarlo sólo y acercarlo a las fuentes de salud mental como el médico de la familia, el psicólogo, el psiquiatra y los servicios de urgencias médicas y psiquiátricas.[132]

Datos sobre el suicidio[editar]

Tasa de suicidio y homicidio

Según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, en el 2012 se registraron en el mundo unas 804 000 muertes por suicidio; lo que representa un suicidio cada 40 segundos. Además, revela que a nivel mundial el suicidio es la segunda causa de muerte en la población entre 15 a 30 años y que las tasas de suicidio son más elevadas entre las personas de 70 años de edad o más.[133]

El suicidio, según las estadísticas mundiales, alcanza anualmente más de un millón de personas, lo que representa un 1,8% del total de fallecimientos.[134]

En los jóvenes y adolescentes, algunos de los factores de riesgo que influyen en la decisión de suicidarse son: abuso de la ingesta de alcohol, consumo de algún tipo de droga, violencia familiar, comportamientos antisociales, depresión, aislamiento, entre otros.[135]

En México, los datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), revelan que durante el año 2006 se registraron en México 4277 suicidios, de los cuales el 83.3% fueron realizados por hombres y 16.7% por mujeres.[136]

Según Durkheim (1897) hay varios tipos de suicidios. Uno de estos se conoce como el suicidio por imitación. Este último se lleva a cabo porque el suicidio es un factor de impresión e impacto que tiene el suicidio a las personas en su alrededor, además dice que no solo impacta a aquellos cercanos a la víctima, sino que “un estornudo, un abucheo o un impulso homicida pueden pasarse de un individuo a otro sin que exista entre ellos más que una relación fortuita y pasajera”.[137]

Suicidas[editar]

No puede definirse una personalidad suicida, sino tan solo una tendencia al suicidio.[108] El suicidio ha sido un hecho que siempre ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad. Numerosos personajes famosos de la actualidad y del pasado se han suicidado.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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Enlaces externos[editar]