Señor grande de Ameca

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Señor Grande de Ameca
Venerada en Iglesia católica
Templo Santiago Apóstol (Ameca)
Festividad Domingo de la Ascensión del Señor
(En España, el Día de la Ascensión
es el jueves anterior).

El Señor Grande es una hermosa escultura de Cristo crucificado hecha de pasta de caña de maíz. Mide casi dos metros de altura desde los pies a la cabeza. Su cuerpo y cara llenos de múltiples heridas sangrantes, rematando con el costado abierto. Actualmente se encuentra en el nicho principal de la parroquia de Santiago Apóstol en la ciudad de Ameca, Jalisco.

Cronología histórica[editar]

En el año de 1529 se levantó en el centro del poblado de Ameca un humilde Templo Católico de paredes de adobe y techo de zacate para celebrar los actos litúrgicos. Los sacerdotes Santiago Gómez y Pedro Bejarano desde 1570 recibieron el encargo de dirigir la comunidad parroquial y antes de 1600 trajeron la imagen del Señor Grande, que adquirieron con los treinta pesos que reunieron de las ofrendas de los fieles, que era lo que costaba la hechura he dicho Cristo. La hechura constaba de una imagen grande de un Cristo michoacano, que fue elaborado en el taller que los señores Luis y Matías de la Cerda tenían en Patzcuaro, Michoacán, en este mismo taller se elaboró la imagen de la Virgen de Zapopan.

El 9 del mes de marzo del año 1679 llegó a la parroquia de Santiago Apóstol de Ameca el señor obispo de Guadalajara Don Juan Santiago de León Garabito para hacer la visita pastoral a esa comunidad Cristiana y en el acta, escrito en las últimas hojas del libro de bautismos No. 1 se lee este hecho: El señor obispo afirma que en el altar mayor del Templo, entre seis lienzos de pincel de pinturas de santos se encuentra en una urna un Santo Cristo Grande muy devoto.

Después del humilde Templo de techo de zacate se edificó un Templo de tres naves que por ser insuficiente se demolió para dejar lugar al actual, que fue construido entre los años 1723 y 1770 aproximadamente.

En 1755 siendo párroco de Ameca el sacerdote Juan Antonio Dávalos originario de este valle, visitó al pueblo de Ameca el Sr. Obispo de Guadalajara Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada y reconoció la gran devoción de los vecinos al Santo Cristo y concedió especiales indulgencias a los que hicieran oración ante la imagen de Cristo, venerado en el templo parroquial.

El día 25 de octubre del año 1798 murió el sacerdote Juan Antonio Dávalos y en el testamento escrito que se guarda en el archivo parroquial, ordenó que con sus bienes de la hacienda de Don Martín se cubrieran los gastos de la celebración de la Santa Misa todos los viernes en honor al Santo Cristo del Altar Mayor de la parroquia de Ameca y que se nombrara un sacerdote Capellán especialmente encargado de cuidar el culto del Señor Crucificado.

Todas las generaciones de Amequenses han tributado especial Homenaje al Señor Grande y han aportado sus ofrendas para el mantenimiento y decoración del Templo parroquial. En el año 1932 angustiados por el fuerte temblor de tierra que se sintió en la región, el párroco Don Donaciano Ruvalcaba y muchos feligreses solemnemente juraron al Señor Grande como protector especialísimo en las calamidades públicas y prometieron no abandonar jamás la religión católica.

El 16 de julio de 1948 por manos del Sr. Cardenal José Garibi Rivera en grandiosa celebración, Ameca le ofreció al Señor Grande una hermosa corona de metal precioso como prueba de su amor y gratitud.

El 14 de mayo de 1982 los fervorosos devotos por el ministerio del Sr. Arzobispo el Cardenal Dr. Don José Salazar López, nacido en Ameca(12-enero-1910), le pudieron presentar ya terminado el nuevo retablo de labrada cantera y artísticamente dorado, asimismo en ese memorable día se consagró el altar mayor que luce actualmente en la parroquia de Ameca. Actualmente se celebra al Santo Cristo en la solemnidad del domingo de la Asención del Señor.

Actualidad[editar]

El Señor Grande de Ameca aún sigue atrayendo múltiples peregrinaciones y fieles. Gracias a la concurrencia que tiene la parroquia de Ameca, por la imagen del bendito Cristo, la parroquia ha sido lugar para ganar indulgencias plenarias durante el Jubileo del año 2000 y recientemente durante el año paulino 2008-2009.

Festividad[editar]

10 días antes del Domingo de la Ascensión del Señor, se llevan a cabo las fiestas patronales en honor al Señor Grande, en la Parroquia de Santiago Apóstol, de Ameca, Jalisco. Durante esos 10 días se llevan a cabo misas, peregrinaciones, eventos culturales, verbenas y antojitos mexicanos, ofrendas de pólvora, etc. Es durante esas celebraciones que 'Los Hijos Ausentes' de Ameca, regresan por un tiempo para agradecerle a su Señor las bendiciones recibidas.En 1945, se presenta la primera peregrinación de Hijos Ausentes, por parte de los amequenses radicados en Guadalajara. Iniciativa encabezada entre otros por: Clemente Castañeda, Daniel González Velasco, Antonio Molina Valerio y Rosa María Salazar Santillán. Hoy congrega a miles de devotos de toda la región. Hay también peregrinaciones procedentes de Guadalajara, y Tala, Jalisco, además de las múltiples peregrinaciones de las más de treinta comunidades anexas a la ciudad de Ameca. Desde el año 2013 han acudido peregrinaciones del Estado de Colima de los Municipios de Villa de Álvarez, Manzanillo, La Esperanza Municipio de Coquimatlán, El Trapiche Municipio de Cuauhtémoc y de Colima Capital, en estos municipios se les presta una Réplica del Señor Grande de Ameca, donde peregrina todo el año, lo anterior lo llevan a cabo la Familia Núñez Alcaraz conformada por el Amequense el Sr. Emilio Armando Núñez Cruz y la Manzanillense la Sra María Eugenia Alcaraz Mejía, ambos esposos le prometieron al Señor Grande de Ameca darlo a conocer en ese Estado, ya que ellos recibieron un gran favor para un hijo.

Leyenda[editar]

Hay muchas leyendas acerca de esta imagen, la más conocida es, sin duda, la de su llegada al pueblo. Aunque oficialmente se ha dicho que es una imagen mandada a hacer a un taller michoacano, la gente de Ameca cuenta que el Santo Cristo venerado en el Altar del templo, llegó en primer lugar solo su rostro, traído por un señor misterioso, muy pobre, que lo dejó afuera del entonces humilde templo del pueblo, luego, otro día, apareció con el cuerpo entero, en la misma parroquia de Ameca.

SEÑOR GRANDE “CRISTO NO SE VENDE”

Hay muchas leyendas acerca de esta imagen, la más conocida es, sin duda, la de su llegada al pueblo. Aunque oficialmente se ha dicho que es una imagen mandada a hacer a un taller michoacano, la gente de Ameca cuenta que del Santo Cristo venerado en el Altar de la parroquia, llegó en primer lugar, solo su rostro; traído por un señor misterioso, muy pobre, que lo dejó en una caja de madera, afuera del entonces humilde templo del pueblo, luego se dice: al otro día, apareció con el cuerpo entero, en aquel pequeño templo que estaba construido en donde está actualmente la sacristía, es decir, aproximadamente 170 años antes de que la actual parroquia estuviera terminada. No cabe duda que cuando Dios ejecuta su sinfonía celestial, la armonía se conjuga y se hace presente, para demostrar lo que es destino y no casualidad… cuando algo está designado para alguien, esto, inexorablemente se cumple… así las cosas, me voy a referir a la leyenda que enmarca la llegada del Señor Grande a esta su tierra, la cual en definitiva se trata de un idilio entre nuestro Cristo Crucificado y nuestra querida ciudad. Les decía que: aunque oficialmente se ha dicho que es una imagen mandada a hacer a un taller michoacano de los señores Luis y Matías de la Cerda, mismo que tenían en Pátzcuaro, Michoacán; el mismo (taller) en que se elaboró la imagen de la Virgen de Zapopan; en Ameca la gente prefiere comentar que llegó el rostro primero, y luego apareció el cuerpo entero. En el año de 1600 llegó al templo, nuestro Cristo. De las dos versiones anteriores, yo me quedo con la segunda; me imagino, saliendo el rostro de nuestro Divino Señor Grande del taller de los hermanos Cerda… embalado en una caja de madera para proteger la valiosa carga, misma que sería trasladada a paso de mula hasta su destino final. Ese rostro, elaborado con tal perfección que lo hace único, tiene en su mirada dirigida hacia abajo, desde donde nos ve, y que parece decir “que aunque él es el lacerado, son más dignos de misericordia los hombres, y que en todo momento pide al Padre perdónalos que no saben lo que hacen”… y, es en ese preciso gesto en que nos regala el don más humano de cuantos puedan existir el DON de la ESPERANZA… porque flagelado, escarnecido y humillado como está, conoció las debilidades de los seres humanos y le pidió a su Padre constituirse en el intermediario para la salvación de los hombres, en esta imagen DIOS nos otorga la oportunidad de contrastar el dolor y la serenidad… el amor verdadero en sí; su rostro se observa sereno, más su cuerpo representa la brutalidad de los hombres, y aún con todo eso… él perdona. Pues bien, les decía que me imagino saliendo del taller el hermoso rostro del Señor Grande, que como ustedes saben es de pasta de caña de maíz, lo que lo hace ligero. Entregada la caja con la cabeza de nuestro Cristo, a quien lo comerciaría más adelante, este, ya con su preciada carga salió de Pátzcuaro, empezando su travesía… viaje largo y en el que fue visitando cada población a su paso, ofreciendo su mercancía de la cual esperaba sacar unos buenos pesos. También, imagino a ese comerciante, “ofreciendo en venta a Cristo”, mismo, al que con cada negativa de compra “del Cristo en venta” sentía que se le iba incrementando el peso de su preciada carga; el rostro que quería vender para que le fuera adaptado un cuerpo y finalmente apareciera un “Jesús Crucificado”, y me queda claro, que hubo muchos que se lo quisieron comprar, pero por una extraña razón no lo hicieron, de aquellos que no se lo compraron, recogió las siguientes palabras: “Cristo no se vende”, pero como buen vendedor dijo claro que se puede volver a vender… recordando a aquel mal discípulo que vendió a Jesús hace más de 2000 años por 30 monedas. Decidido a venderlo, salió de tierras tarascas hasta el sur de lo que hoy conocemos como Jalisco, luego hacia el centro del estado principalmente a Guadalajara, y aunque muchos mostraron su interés por adquirirlo, finalmente desistían de hacerlo. En verdad le resultó muy difícil explicarse, el por qué no se vendía ese rostro perfecto. Andar de un lado a otro ofreciéndolo, le agotó sus recursos, pero en la terquedad de “vender a Cristo” siguió insistiendo en ofertarlo. Finalmente, tras un largo viaje, visitando distintas poblaciones, llegó a Ameca: se encontraba muy cansado, andrajoso y empobrecido; vio el otrora orgulloso comerciante el humilde templo de esa pequeña población que en aquel tiempo era nuestra ciudad y pensó para sí, “ya que no he podido vender al cristo” lo voy a dejar aquí. En ese instante en que decidió dejar su “carga” sintió un gran alivio, supo muy íntimamente que su peregrinaje tenía una razón de ser y este había llegado a su fin. El rostro de Cristo tenía un destino, mismo que, aún él, sin saberlo, tenía que ayudar a cumplir: reunir al Señor Grande con su templo y con su grey, hacerlo llegar a la tierra que tenía como destino. El comerciante, se fue sin un peso, pero cambio su vida, se volvió humilde, servicial, y una vez reintegrado a la actividad comercial tuvo un gran éxito en sus ventas… y jamás volvió a intentar vender algún Cristo… porque “Cristo no se vende”.

Roberto Armando Molina Salazar

El río que trajo al Señor Grande…

La ciudad de Ameca no se concibe sin su río, sin su Señor Grande y sin su puente, relacionados por orden de aparición, estos tres elementos son los iconos que le dan identidad a todo un pueblo. El río desde el comienzo del asentamiento humano en lo que hoy es la ciudad ahí estaba, el puente lo construyen posteriormente para poder cruzar de una a la otra orilla del río desconozco en qué fecha… pero aproximadamente en el año 1600 llega a Ameca el Señor Grande. A las puertas del pequeño templo que en aquel entonces existía… con paredes de adobe y techo de zacate, que estaba bajo el cuidado de los sacerdotes Santiago Gómez y Pedro Bejarano, llegó el hermoso Cristo que aún hoy veneramos con gran fe. Y… de que otro modo podía haber llegado El Cristo al poblado sino por el río emblema de la ciudad; el río desde siempre trajo riqueza a esta tierra por la fertilidad con la que generosamente baña el valle; y como si quisiera acentuar su cariño y pertenencia a la población de donde toma su nombre también le trajo al Señor Grande. Resulta que el Señor Grande como todos ustedes saben, es de pasta de caña de maíz, lo que lo hace ligero y resistente, este Cristo fue elaborado en Michoacán, en donde el trabajo con dichos materiales alcanzaba la perfección. Ello que es muy fácil de comprobar, tan solo viendo al Cristo que se exhibe en el altar mayor de la Parroquia de Santiago Apóstol en Ameca Jalisco. Este cristo por sus dimensiones (casi 2.10 metros de altura) es conocido como El Señor Grande. El Señor Grande llega a Ameca, según una de las versiones que escuché sobre su llegada de mano de unos arrieros que lo encontraron atorado en un pequeño recoveco a las orillas del río, los mismos que: habiendo pasado la noche a la intemperie pues les había resultado imposible cruzar el río para llegar a sus casas por la fuerte crecida que tenía, debida a la tormenta que azoto ese día por la tarde, así pues, decidieron guarecerse de la lluvia y pasar la noche lo mejor protegidos posible; así que, en la madrugada resolvieron probar suerte para cruzar el río el cual para esas horas ya venía disminuido; empezaron a acercarse a la orilla cuando uno de ellos exclamo ¡Bendito Dios! Santiguándose a continuación. Pues pensó que en la orilla se encontraba un “cristiano” atorado entre las hierbas y ramas que había arrastrado la crecida del río durante la noche. Decididos a salvar a quien ellos creían que necesitaba auxilio, se acercaron tan solo para darse cuenta que a quien pretendían rescatar era un majestuoso Cristo con sus brazos abiertos y que en definitiva era mucho más grande de tamaño que ellos, asombrados lo sacaron de las aguas y pudieron darse cuenta que el peso de esa magna imagen no era tanto (es ligero por eso flotó por el agua del río), una vez que retiraron las ramas y el lodo que lo cubrían se pudieron dar cuenta de lo hermoso que era, ver el rostro de la imagen los maravilló, pero al mismo tiempo les hizo sentir una gran tristeza y dolor, por ver esa mirada llena de piedad y al mismo tiempo mirar las huellas del castigo a que había sido sometido El Cristo, pues este mostraba un cuerpo brutalmente lacerado… en definitiva, nunca hasta entonces vieron un Cristo tan mortificado. Sabían lo preciado de su hallazgo, pero ni por un instante pensaron que ellos lo podrían conservar, intuían que aquello de su encuentro con El Cristo, tenía una finalidad, que era algo grande… en verdad, muy grande para un par de labriegos, así que decididos lo llevaron al pequeño templo de su ciudad, y lo entregaron a los padres encargados del mismo. Los sacerdotes se quedaron muy gratamente sorprendidos por la valiosa carga que les estaban entregando; esa imagen desde luego que valía una buena cantidad de pesos y alguien era el dueño del Cristo, así que empezaron a buscar en las poblaciones que recorre el río para tratar de encontrar al dueño de la bella imagen, pero nadie lo reclamó, en tanto, El Cristo paso a ocupar el espacio principal justo en el altar mayor del templo. Y ahí ha permanecido desde entonces. Cuando me pongo a reflexionar en ello, me remito a un episodio de la vida de Jesús: su bautizo, que es cuando inicia su ministerio de manera pública. Los evangelios canónicos narran que Jesús llega a la orilla del río Jordán procedente de Galilea, y allí pide a su primo Juan que lo bautice. Juan protesta y dice que es él quien debiera ser bautizado por Jesús. Jesús le responde: Todo debe seguir su curso porque así está establecido; y me digo, antes de llegar a Ameca nadie hablaba de este Cristo, y es en Ameca donde este Cristo decide hacer pública su aparición, es donde guardando todo el respeto, decide bautizarse en las aguas de su río. Y, me hago las siguientes preguntas ¿Por qué llegó a Ameca? ¿Por qué no llegó a otro lado? Digo, finalmente Ameca no es la única población que baña el río. En verdad los designios de Dios son inescrutables, tal vez y solo tal vez… pienso: este maravilloso Cristo estaba destinado a adornar la parroquia de otro pueblo o la capilla de algún hacendado. Pero El cristo no ha llegado a donde tenía que ir… pero ha llegado a donde necesitaba estar. Creo también, que cuando en Ameca se escucha con gran atención la corriente del río, podemos descifrar un murmullo de alegría, la voz de la vida y la armonía de un concierto celestial. En verdad, el río de Ameca… tiene algo especial: es el río que trajo al Señor Grande, para que en sus aguas corrieran los sueños, anhelos, esperanzas y recuerdos de la población. Las aguas del río al correr, parecen decir dulcemente una alabanza al Señor Grande. Es el canto de alegría porque le tuvo en sus aguas. ¿Y, tú la has escuchado?

Zapopan, Jalisco a 8 de febrero de 2019. LXXIV Aniversario de la peregrinación de los Hijos Ausentes de Ameca.

Roberto Armando Molina Salazar

EL CRISTO QUE SE DIO A UN PUEBLO'

En pleno mediodía cuando llegó a Ameca, para conocer la historia. Abrumaba el aire de calor, pero con un calor suave como el aliento de Dios. En la serranía que rodea a la población, el Cuauhtépetl, iba como buscando la luz de este sol febril. El pico más alto es conocido como Cerro de Ameca. A modo de una culebra retorcida al soplo de la corriente del aire, así acorrala a Ameca esta macizo montañoso que deja libre una extensa planicie donde se combinan todos los tonos verdes de su prodigo valle. Esa es la riqueza de la zona, una feracidad que canta en los cañaverales con el mismo rumor del río en el que podemos descifrar un murmullo de alegría, la voz de la vida y la armonía de un concierto celestial, (En verdad, el río de Ameca… tiene algo especial; en sus aguas corren los sueños, anhelos, esperanzas y recuerdos de la población. Las aguas del río al correr, parecen decir dulcemente una alabanza al Señor Grande) Ahí está también la causa de su avance en el tiempo, las partes de su historia. Desde varios ángulos, en el pasado y en el presente; Ameca ha llegado a distinguirse entre las localidades de la región, de igual forma, que las rosas destellan entre el follaje. El cristo milagroso que se venera aquí, bajo el nombre del Señor Grande de Ameca, ha sido centro de fe y de transmisión espiritual hasta rumbos muy lejanos. A propósito del origen de esta imagen, se tiene una espléndida leyenda que menciona a un insólito personaje, vestido de un modo que parece no corresponder al uso de la región. Comentan que dicho personaje fue el portador de la imagen y que nadie supo ¿cómo llegó, ni de dónde? en tiempos en que no había medios de transporte para cargar aquel bulto misterioso que fue a depositar a las puertas del curato. (Dicen) Preguntó por el señor Cura Solano, encargado en aquellas fechas de la parroquia, cómo no se localizaba en el momento, el individuo dejó el bulto diciendo que volvería. Pero nunca volvió, pasado un tiempo, el señor cura lleno de curiosidad mandó que se abriera aquella tosca caja de madera, encontrando ahí el rostro (exclusivamente el rostro) de Cristo. En definitiva ante tal perfección de aquel rostro: el semblante dolorido, su gesto humano y divino al mismo tiempo, causó tan extraordinaria contemplación en quienes lo vieron que quiso el señor Cura Solano confiar a un excelente escultor que completara la imagen del Jesús-Crucificado. Y refieren que quien ejecutó la escultura, la cual tiene una palidez amarillosa, como la de un cadáver, con chorreaduras de una sangre obscura, ennegrecida, como el que corresponder al color de una sangre muerta; murió al día siguiente de terminar el trabajo. Esta historia oral, definitivamente encierra una enseñanza espiritual de gran significado, la humanización del Cuerpo de Cristo… El Señor Grande de Ameca, se da a este pueblo como patrono, y se convierte en signo vital del alma de sus habitantes. Un desconocido entrego el rostro divino, pero Ameca misma incorporó el cuerpo, adaptó los miembros doloridos y quebrados, puso la madera para la cruz, se hizo uno con Cristo, con ese Jesús Crucificado, misericordioso, compasivo, cercano y milagroso que cautiva, emociona, enamora y estremece en un río de fe y amor a todos los amequenses y sus descendientes. Zapopan, Jalisco a 19 de abril de 2020. Roberto Armando Molina Salazar


La caja vacía…

Me gusta salir temprano de casa cuando voy a Ameca, a más tardar a las 8 de la mañana; aunque es un recorrido relativamente corto, una hora poco más o menos desde mi casa en Zapopan, me gusta así, porque me da tiempo para desayunar una birria con los Sánchez, pasar a saludar a mi primo Miguel el de la peluquería y luego irme al mercado a tomarme un sabroso choco milk con Velia, y enseguida paso con el Patrón para saludarlo, como siempre lo primerito que le digo es esto “Señor Grande de Ameca, ten piedad y misericordia de tu siervo y cuídame para que no me pase nada”; egoísta hasta en eso, primero pido por mí y luego por los demás, que sí lo hago. Ese clima semicalido de Ameca, siempre me ha parecido agobiante, en verdad no me acostumbro a este clima de entre treinta y tres y treinta cinco grados centígrados que hace al medio día, además coronado con una sensación térmica mayor (será por el calor humano de la gente), pero que se siente muy rico cuando ventea en la ciudad, en verdad por eso prefiero ir de mañana a Ameca. Hoy en la ciudad me he encontrado con personas de Teuchitlán y San Martín Hidalgo, San Marcos, Atengo, Tecolotlán; Guachinango, San Marcos y Etzatlán, que vienen a hacer comercio en la ciudad, vecinos naturales de este municipio capital de la Regio Valles. Previamente pasé por el Río Ameca y su Puente Histórico; cada que paso por aquí los recuerdos me invaden, mi madre vivía en la “Otra Banda” justo a un lado del río, siempre recordó lo feliz que fue cuando se bañaba ahí con sus hermanas; de los árboles en que se subió para jugar o simplemente se sentó a su sombra, sus favoritos siempre fueron el encino, el pino, el oyamel, mezquite, guamúchil y el eucalipto; desde luego que también vio muchos animalillos como tejones, armadillos, ardillas, conejos, coyotes y hasta leoncillos; variadas aves y reptiles. En verdad un paraíso lleno de jitomates, melones, aguacates, mangos, naranjas, alfalfa y muchas otras hortalizas y vegetales; vivió muy cerca a los dominios del “Chavarin”, por la calle 16 de Septiembre. Sin duda, los recuerdos de mi madre, nos marcaron a todos sus hijos y nos hizo amequenses por filiación, ¿cómo no amar la tierra en donde mi madre fue tan feliz? Pero bueno, hoy vine en busca de otra historia sobre la llegada del Señor Grande a Ameca. Espero poder contarla de la mejor manera. Le encomendaron ir a Pátzcuaro, Michoacán, los religiosos Santiago Gómez y Pedro Bejarano, quienes estaban a cargo de la Parroquia en ese tiempo (1570 -1600); lo mandaron a ese lugar a comprar un Cristo de gran belleza para que adornara el templo. Querían un Cristo hermoso, majestuosos, señorial, único para su parroquia; la comunidad había juntado con gran sacrificio 30 (reales) monedas de oro, para hacerse de un Cristo que deslumbrara, de un Cristo en verdad magnifico. Un Cristo acorde a la importancia y relevancia que venía alcanzando Ameca, en toda la región. El caso es que aquel embajador comercial, dio con el taller de Luis y Matías de la Cerda; en el lugar pudo comprobar que tenían algunos Cristos en venta, los había con el tono de piel clara, negra y morenos. Estos últimos estaban más lacerados que los otros, y los hacia Matías de la Cerda, el hijo de Luis, la esposa de este era tarasca y vivió una vida muy distinta a la de Luis, en España; ella vio la violencia de cerca, esa violencia sangrienta de los purépechas en los campos de guerra; vio también como sus ídolos se bañaban en sangre en el campo de batalla; esos son los recuerdos de Matías, recibidos de su madre. Al igual que yo recibí los recuerdos de mi mamá. Así, que eso lo plasmó en su obra: sus cristos fueron lacerados sumamente… castigados brutalmente por el hombre y bañados en sangre. De todos los cristos que hizo, sin duda alguna, el más hermoso es el Señor Grande de Ameca. Cristo predestinado específicamente a Ameca por decisión divina, y como sería si no, porque si bien las cosas se complicaron para su llegada a la ciudad, la voluntad celestial ya estaba dictada… ¡no habría poder humano que evitara el encuentro entre el Jesús crucificado y su ciudad de destino!, de la cual se convertiría en icono, esencia y alma. No se tenía en ese entonces los medios para decir me voy tal día y regreso con toda certeza en tal fecha, los caminos eran peligrosos, ya Fray Antonio de Cuellar, había sido mortalmente herido por los indios años antes, para estas fechas los salteadores de camino existían, pues los atraía el oro y la plata de las minas en Ameca. Viajar en ese entonces era sumamente peligroso, definitivamente se corrían muchos riesgos, por lo que encomendarse a Dios, era lo más efectivo. Inició su viaje de regreso con su preciada carga, recorrer aproximadamente 700 kilómetros, por caminos reales donde existían, pero principalmente se caminaba por veredas, brechas o cuasi caminos a través de cerros y montes; una ruta así, era toda una aventura por esos caminos de Dios. Durante su trayecto, fue asaltado y herido aunque no gravemente, pero fue despojado de su preciada carga, la caja en que llevaba su Cristo, quedó vacía y con ella reanudo el viaje, quería demostrar con aquella tosca caja vacía que fue despojado de su hermoso Jesús Crucificado, apesadumbrado y lleno de vergüenza, con la caja cerrada llegó a su destino, entregó esa caja vacía con lágrimas de verdadero dolor. Explicó como aquellos forajidos se burlaron de él cuando le quitaron sus pertenencias y violaron la caja en que traía al Señor Grande, mismo que se llevaron sobre la espalda de uno de ellos, ya que descubrieron la ligereza del hermoso Cristo; describió consternado, como aquellos bribones se dijeron afortunados por el robo realizado, ya que sacarían unos buenos reales por su venta. Al final para su dolor, dijo sentirse incapaz para defender al Señor Grande, lo que lo cubría de malestar y pena. Los frailes Santiago Gómez y Pedro Bejarano, al ver su congoja lo reconfortaron, se compadecieron de él, y le dijeron que así son los designios de Dios, que Dios, sabe porque suceden las cosas, y le platicaron una lectura bíblica: Así como tu hoy, María lloraba junto al sepulcro de Jesús, “porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde le han puesto”. Jesús salió de la tumba porque el Padre Celestial, tenía otros planes, que era tenerlo a su diestra en el Reino de los Cielos. Así que tranquilízate, sabíamos que estábamos expuestos a algo como esto. Como le tenían en gran confianza y alta estima, no abrieron la caja y la guardaron con su tapa, como estaba. Durante la noche, les avisaron que su embajador comercial se sintió enfermo y pedía hablar con los frailes, ambos acudieron a su llamado; platicó con ellos diciéndoles que tenía la profunda convicción de que su paso por este mundo había cumplido su cometido, y aunque triste por dejarse robar a Cristo, se sentía satisfecho, y les expuso que sentía morir. Pidió la imposición de los santos oleos y horas después falleció. Pesarosos, por la muerte de su emisario comercial en Pátzcuaro, para comprar un Cristo, decidieron enterrarlo en la iglesia, (anteriormente se enterraba en la iglesia a quien pagaba, por ello; a los pobres se les enterraba en los camposantos adjuntos) y para eso tuvieron que mover la caja vacía con tan mala fortuna que esta cayó estruendosamente y se abrió; fue entonces que pudieron observar que en su interior estaba el Cristo más hermoso que habían visto. Lo vieron extasiados, lo consagraron y lo pusieron en el altar lateral que era el lugar en que enterrarían a su representante ante los escultores michoacanos, y así durante muchos años hasta que El Señor Grande, pasó a ocupar el Altar Mayor, aquel que lo había perdido lo tuvo a su lado. El nombre del emisario nunca se supo, pero mejor así, porque el anonimato es mejor cuando sirves a Dios. El Señor Grande de Ameca, se celebra el día de la Asención de Jesús, cuando lo encontraron en la Caja Vacía.

Zapopan, Jalisco a 20 de marzo de 2020. Roberto Armando Molina Salazar


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