Ruptura Tito-Stalin

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El entonces dirigente supremo soviético Iósif Stalin (1878-1953), secretario general del PCUS, en una fotografía del año 1942.

La ruptura entre Tito y Stalin fue un conflicto político-ideológico que tuvo lugar entre quienes fuesen los líderes máximos de Yugoslavia y la Unión Soviética, Josip Tito Broz y Iósif Stalin respectivamente, la cual terminó con la expulsión en 1948 de la primera de la Oficina de Información Comunista (más conocida como Kominform).

Inicialmente parecía que el enfrentamiento se debía a la «deslealtad ideológica» de Yugoslavia hacia la Unión Soviética en particular y hacia el socialismo marxista en general, pero la mayor parte de la evidencia posterior sugeriría que estaba más bien relacionado al orgullo nacional de Tito y a su férrea determinación de no someterse a la voluntad de Stalin.

Orígenes del enfrentamiento[editar]

A diferencia de los otros países de la Europa ocupada por los nazis, Yugoslavia básicamente se liberó a sí misma sin la intervención ni de los Aliados Occidentales ni del Ejército Rojo soviético. En particular, éste último se limitó a ayudar a los partisanos yugoslavos en la captura de Belgrado.

El papel de líder del mariscal Josip Broz Tito en la liberación de Yugoslavia no sólo fortaleció su posición dentro de su propio partido y entre el pueblo yugoslavo en general, sino que fue una de las principales causas ―si no la principal― que dio pie para que fuese particularmente insistente a la hora de exigir un mayor marco de acción para que su país pudiese defender sus propios intereses. En cambio, los otros líderes de Europa Oriental sí tenían más razones (y presiones) para reconocer los esfuerzos militares soviéticos en ayudarlos a liberar sus propios países del control de las potencias del Eje. Aquél hecho, que ya había contribuido a generar fricciones entre ambos países antes del estallido de la Segunda Guerra mundial, tendió a empeorarse cada vez más durante los años de la posguerra. Además, aunque Tito seguía siendo formalmente un aliado de Stalin después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, ya para 1945 los soviéticos habían armado una red de espionaje dentro del propio Partido Comunista yugoslavo (PCY), lo que daba pie a enfrentamientos adicionales en caso de ser descubierta.

Por otro lado, inmediatamente después de haber finalizado la Segunda Guerra Mundial, tuvieron lugar algunos incidentes armados entre Yugoslavia y los Aliados occidentales. Después de la guerra, Yugoslavia logro anexar los territorios italianos de Istria, así como también las ciudades de Zadar y Rijeka, que habían sido retenidos por Italia durante la década de 1920 después de la caída del Imperio austrohúngaro con mayoría de población italiana. Los líderes yugoslavos estaban intentando incorporar la fronteriza ciudad libre de Trieste a su propio territorio, a lo que se oponían los occidentales. Esto llevó a varios incidentes armados, en particular el ataque de cazas yugoslavos sobre aeronaves de carga estadounidenses, lo que naturalmente causó agrias críticas desde Occidente. Entre 1945 y 1948 fueron derribados por lo menos cuatro aviones estadounidenses.[1]

Stalin se oponía a esas provocaciones a Occidente, máxime teniendo en cuenta la brutal sangría demográfica de unos 20 millones de muertos que había significado para la URSS la «Gran Guerra Patria» (nombre ruso del Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial). Como consecuencia, a pesar de no haber desmovilizado sus tropas, la URSS no estaba ni lista ni dispuesta a enfrentarse en una guerra abierta contra Occidente.

Además Tito apoyaba abiertamente al lado comunista durante la Guerra civil griega, mientras que el propio Stalin prefirió mantener una prudente distancia, después de haberse comprometido con el ex primer ministro británico Winston Churchill a respetar la influencia occidental en el territorio helénico y no causar problemas allí.

El primer Kominform[editar]

No obstante, Occidente seguía en gran medida viendo a ambos países como aliados muy cercanos. Esto fue evidente durante la primera reunión del Kominform que tuvo lugar en 1947, en la que los representantes yugoslavos fueron los críticos más estridentes ante la ―según ellos― falta de compromiso ideológico de algunos Partidos Comunistas nacionales, específicamente los entonces poderosos PCs Italiano y francés (los cuales habían realizado alianzas con otras agrupaciones políticas). Básicamente estaban rebatiendo las posturas soviéticas a favor de crear «frentes populares» izquierdistas en esos países. Aunque la oficina central del Kominform aún se encontraba en Belgrado, no todo andaba bien entre ambos países, debido a ciertas disputas bilaterales aún no resueltas.

Viaje de Tito a Moscú[editar]

La fricción creciente que llevó a la ruptura final tuvo varias causas, algunas de las cuales estaban relacionadas con el enfoque de liderazgo regional «balcánico» que tenía Tito, y su negativa a subordinarse a la Unión Soviética como la autoridad comunista suprema, definitiva e inapelable. Respecto de la economía, los yugoslavos eran de la idea de que las grandes fábricas o conglomerados industriales (trusts) que favorecía el régimen soviético no serían muy efectivos en su mucho más pequeño y menos poblado país.

Además, el inconsulto despliegue de tropas en Albania por parte de Tito para prevenir que el conflicto civil interno de Grecia se extendiese a los países vecinos (entre ellos, la propia Yugoslavia) enojó en gran medida a Iósif Stalin. Al líder soviético tampoco le gustaba del todo la finalmente fracasada idea de Tito de fusionar a Yugoslavia y a Bulgaria en un solo Estado (eventualmente creando una auténtica «federación de los eslavos del sur», como sugería el nombre de su propio país). Se trataba de una idea con la que él, por lo menos en teoría, estaba de acuerdo pero que también ―para su disgusto― el dirigente yugoslavo estaba intentando realizar sin consultarlo previamente. El líder soviético citó a dos funcionarios titoístas, Milovan Đilas y Edvard Kardelj, a Moscú para discutir acerca de esos espinosos asuntos. Como resultado de esas conversaciones, Đilas y Kardelj se convencieron de que las relaciones bilaterales yugoslavo-soviéticas ya habían alcanzado un punto muerto (impasse) de no retorno.

Intercambio de cartas[editar]

Entre el viaje a Moscú y la segunda reunión del Cominform, el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y su cada vez menos «fraternal» contraparte yugoslava (el PCY) intercambiaron una serie de cartas en las que detallaban sus crecientes diferencias y acusaciones mutuas. La primera carta del PCUS, fechada el 27 de marzo de 1948, acusaba a los yugoslavos de haber denigrado al socialismo soviético, a través de declaraciones como que «el socialismo en la Unión Soviética había dejado de ser revolucionario». También alegaba que el PCY «no era lo suficientemente democrático», y que no estaba actuando como la vanguardia del proletariado yugoslavo que supuestamente era, y que debía construir el socialismo en el país. Los soviéticos agregaron que «no podían considerar a esa organización comunista ser [efectivamente] marxista-leninista, bolchevique». La respuesta del PCY no se hizo esperar, y en su misiva del 13 de abril negó fuertemente las acusaciones soviéticas, defendiendo la naturaleza auténticamente revolucionaria del PCUS y reafirmando su alta opinión acerca de la URSS. No obstante, el PCY dejó entrever su veta nacionalista al mencionar que «no importa cuánto cada uno de nosotros ame a la tierra del socialismo, la URSS, en ningún caso puede amar menos a su propio país».

La respuesta soviética del 4 de mayo advirtió al PCY por su aparente falta de capacidad en reconocer y enmendar sus propios errores, a la vez que acusó al partido yugoslavo de ser «demasiado orgulloso» respecto de sus éxitos contra la Alemania nazi, manteniendo que el Ejército Rojo los había «salvado de la destrucción», una afirmación harto improbable, debido que los partisanos de Tito habían exitosamete logrado evadir a las fuerzas del Eje durante cuatro años antes de la tardía aparición del Ejército soviético en Yugoslavia. La respuesta del PCY del 17 de mayo, reaccionó agudamente ante los intentos soviéticos de minimizar al movimiento de resistencia yugoslavo, a la vez que sugirió que los problemas bilaterales debían ser resueltos durante la próxima reunión del Cominform, que debía tener lugar en junio de ese mismo año de 1948.

El segundo Cominform[editar]

Tito ni siquiera concurrió a la segunda reunión del Cominform, temiendo que era posible que Yugoslavia fuese abiertamente atacada. El 28 de junio, los otros países miembros ―bajo presión soviética― decidieron expulsar a Yugoslavia del seno de la organización, citando a los «elementos nacionalistas» que habían «logrado en el curso de los últimos cinco o seis meses alcanzar una posición dominante dentro del liderazgo» del PCY[cita requerida]. La resolución asimismo alertaba a los yugoslavos que «estaban en la ruta de regreso hacia el capitalismo burgués debido a sus posiciones nacionalistas e independentistas».

Resultado[editar]

La expulsión de Yugoslavia efectivamente contribuyó a aislar a ese país de las comunidad internacional de Estados socialistas y de sus eventuales asociaciones posteriores, como el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) y el Pacto de Varsovia. Luego de haberse tomado dicha medida, Tito naturalmente criticó y condenó a quienes apoyaron esa resolución, a los que despectivamente comenzó a denominar «cominformistas»[cita requerida]. Varios de ellos fueron enviados a un campo de trabajos forzados de Golo otok, similar aunque menos riguroso que un gulag estalinista.[cita requerida]

Entre 1948 y 1952 la Unión Soviética alentó a algunos de sus aliados a que se rearmasen, en particular Hungría, ya que ésta eran vista como una fuerza primordial ante un hipotética guerra contra la rebelde y heterodoxamente comunista Yugoslavia. Respecto a ello, el sucesor de Iósif Stalin, Nikita Jrushchov, más tarde comentaría que «Tito era el siguiente en la lista de Stalin, después de la guerra de Corea».

Los otros estados socialista de Europa Oriental seguidamente tuvieron (o sufrieron) purgas de supuestos y eventuales individuos titoístas en sus propias filas.[cita requerida]. Con el paso de los años, titoísmo pasaría a identificar la posición de aquellos países que, sin renunciar al marxismo, pretendiesen llevar una senda socialista nacional, diferente a la de la propia Unión Soviética. Mientras que eso fue relativamente permitido y tolerado por los soviéticos durante los años inmediatamente posteriores a la finalización de la Segunda Guerra Mundial, la peligrosa fractura hizo que la URSS alentase decididamente a los otros países detrás de la Cortina de Hierro a que tomasen duras medidas para evitar que el «revisionismo» o el «desviacionismo» titoísta se difundiese a otras naciones del Bloque del Este.

Luego de la muerte de Stalin el 5 de marzo de 1953 se produjo un período de paulatina desestalinización dentro de la Unión Soviética, que culminó con la lectura del célebre discurso secreto pronunciado por Nikita Jrushchov del 25 de febrero de 1956. En ese nuevo ambiente, la URSS y Yugoslavia hicieron las paces y restablecieron sus relaciones diplomáticas y comerciales, ésta última fue readmitida dentro de la «fraternidad» o «hermandad» de Estados socialistas. Sin embargo, los varios años de desconfianza mutua habían causado su daño, por lo que las relaciones entre ambos países nunca pudieron ser completamente restablecidas. Aún dentro del campo socialista, Yugoslavia continuaría con su curso de acción independiente dentro de la política internacional, apostando a la neutralidad en el enfrentamiento ideológico global entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Por lo tanto, el Ejército Popular Yugoslavo (JNA) mantenía dos planes de defensa diferenciados, uno contra un hipotético ataque de los países englobados en la alianza militar occidental de la OTAN y el otro concebido para hacer frente a una eventual invasión soviética, disimulada o no a través de los otros miembros del Pacto de Varsovia. Además Tito aprovechó su alejamiento de la URSS para obtener ayuda estadounidense por medio del Plan Marshall, así como para incorporarse decididamente de lleno en el Movimiento de Países No Alineados, de los que la Federación yugoslava llegaría a ser una fuerza bastante importante y una voz escuchada.

El evento no solo fue significativo no sólo para Yugoslavia y Tito, sino también para el socialismo marxista como un todo, ya que se trató de la primera gran fractura dentro del hasta entonces aparentemente monolítico Bloque oriental. Años más tarde, a principios de la década de 1960, se produciría la más importante o trascendental fractura dentro del mundo comunista, con el cisma ideológico chino-soviético (el cual sería posteriormente aprovechado por la estrategia geopolítica de los Estados Unidos durante la Guerra Fría, como en el caso del «juego a dos puntas» del presidente Richard Nixon, al visitar casi seguidamente Moscú y Pekín (Beijing) en 1972. Esas notables rupturas evidentemente dieron por tierra con la supuesta inquebrantable unidad comunista que había declamado previamente el Cominform.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «Air victories of Yugoslav Air Force», artículo en inglés en el sitio web Vojska.

Bibliografía[editar]

  • Nyrop, Richard F. (ed.): Yugoslavia: A country study. (‘Yugoslavia: un estudio del país’). Washington DC: Departamento del Ejército de Estados Unidos, 1981.
  • Ridley, Jasper: Tito Londres: Constable, 1994.
  • Stokes, Gale (ed.): From stalinism to pluralism: a documentary history of Eastern Europe since 1945 (‘del estalinismo al pluralimo: historia documental de Europa Oriental desde 1945’). Nueva York: Oxford University Press, 1996.
  • West, Richard: Tito and the rise and fall of Yugoslavia. Londres: Sinclair-Stevenson, 1994.
  • Perovic, Jeronim: «The Tito-Stalin split: a reassessment in light of new evidence» (‘la ruptura Tito-Stalin: una reevaluación a la luz de nuevas pruebas’), artículo en Journal of Cold War Studies, 9, n.º 2, págs. 32-63, primavera boreal de 2007.

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