Rizartrosis

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Rizartrosis
Osteoarthritis of the CMC joint.png
Imagen radiográfica mostrando signos de artrosis de la articulación trapecio-metacarpiana
Clasificación y recursos externos
Especialidad Traumatología
Síntomas Dolor, rigidez, limitación del movimiento.[1]
Factores de riesgo Obesidad, historial de traumatismo en la articulación.[2]
Tratamiento Fisioterapia, corticoides, férulas, cirugía.[3]
Frecuencia 7% en hombres, 15% en mujeres. Más común en mayores de 40 años.[3]
CIE-10 M18.1
MeSH D010003
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La rizartrosis, también conocida como artrosis del pulgar,[4]​ es un tipo de artrosis que afecta a la articulación trapecio-metacarpiana. Esta articulación une el primer metacarpo del dedo pulgar con el hueso trapecio del carpo. La rizartrosis se produce cuando el cartílago articular que conecta estas dos estructuras se desgasta, a menudo provocando dolor, rigidez y limitación del movimiento.[1][5]​ Está estrechamente relacionada con la obesidad y suele desarrollarse en edades avanzadas, siendo mucho más frecuente en mujeres que en hombres. Además, es el segundo tipo de artrosis más común en la mano después de la artrosis de las articulaciones interfalángicas. Su síntoma más común es dolor en la base del pulgar que aumenta con la realización de movimientos del mismo, especialmente si estos implican el uso de fuerza, como el movimiento de pinza.[3]​ Su tratamiento más común consiste en el uso de fisioterapia, la colocación de férulas y la inyección de corticoides; siendo la cirugía el último recurso en pacientes cuya sintomatología no mejora con el tratamiento conservador.[3]

Historia[editar]

En los primeros años del siglo XVIII, Josias Weitbrecht, médico y profesor de anatomía y fisiología de la Academia de Ciencia de San Petersburgo, estudió las articulaciones y ligamentos de más de cien cadáveres. Su trabajo se vería resumido en una monografía, publicada en 1742, en la que hace una especial mención a la articulación trapecio-metacarpiana, describiéndola como una «articulación-interruptor»,[nota 1]​ y mencionando su mayor propensión a sufrir cambios degenerativos.[6]

La primera publicación científica que abordaba directamente este aspecto degenerativo propio de la articulación data de 1936, por parte del radiológo Paul Robert, que ejercía en el Établissement Thermal d’Aix-les-Bains.[7]​ Esta obra sería más tarde traducida al inglés como «Radiography of the Trapeziometacarpal Joint — Degenerative Changes of This Joint». Aunque en la publicación de tres páginas no había imágenes radiográficas mostrando rizartrosis, Robert hizo una descripción en detalle de la anatomía del hueso trapecio, mencionando su concavidad en el plano transverso y su convexidad en el plano anteroposterior. Además, Robert explicaba cómo debía de colocarse la mano —en pronación forzada— para la realización de una radiografía de la articulación. Respecto a los cambios degenerativos, Robert habló de la presencia de esclerosis subcondral, formación de osteofitos y degradación de la articulación; con un posible aumento progresivo de la oquedad del hueso trapecio. También lamentó el hecho de que difícilmente se realizaba un diagnóstico precoz en los casos de rizartrosis, mencionando la eficacia de un posible tratamiento en las primeras etapas degenerativas de la enfermedad basado, por aquel entonces, en el uso de termoterapia local y radioterapia.[8]

El primer estudio que sugirió la intervención quirúrgica data de 1949.[8]​ En él se describe la realización de una escisión del trapecio, técnica que se conoce como «trapeciectomía simple» y que aún se utiliza hoy en día.[9]

Durante la segunda mitad del siglo XX se desarrollaron otras técnicas quirúrgicas, como la incorporación de implantes de silicona,[10]​ la artroplastia de interposición de tendones o la osteotomía del primer metacarpiano.[11][12]​ Como tratamiento no quirúrgico, generalmente se utilizaban férulas, fármacos antiinflamatorios, inyecciones de corticoesteroides y ejercicios de fortalecimiento del pulgar, enfoques a los que se sigue recurriendo a día de hoy.[13]

Epidemiología[editar]

La prevalencia de artritis en la mano es común. Sin tener en cuenta la articulación afectada, esta es de 44,2% en mujeres y 37,7% en hombres.[2]

Respecto a la rizartrosis, esta afecta al 7% de los hombres y al 15% de las mujeres, independientemente de la edad. Su incidencia aumenta con la edad; en mayores de 40 años, esta asciende a un 21%, y en la población mayor de 80 años, alcanza el 91%. Siendo también más común en mujeres que en hombres en una proporción de 6:1, especialmente tras la menopausia.[14][2][3]​ La mayor incidencia en mujeres ha sido atribuida a una mayor laxitud de la articulación trapecio-metacarpiana.[15]

La artrosis de la trapecio-metacarpiana es el segundo tipo de artrosis de la mano más frecuente tras la artrosis de las articulaciones interfalángicas.[14]

Signos y síntomas[editar]

Uno de los síntomas más comunes es dolor. Sin embargo, aunque la incidencia es significativamente alta, se estima que solamente un 28% de los pacientes con diagnóstico de rizartrosis por radiografía sufre dolor en la base del pulgar.[16]​ Este dolor suele exacerbarse en la realización de acciones de pinza o pellizco. La zona de la base del pulgar puede encontrarse en un estado de hipersensibilidad a la palpación. Además los pacientes pueden manifestar debilidad en la realización de los movimientos de descritos anteriormente y en la oposición del pulgar.[5]

En fases más avanzadas, la base del metacarpo del pulgar puede verse más pronunciada, en ocasiones unida a inestabilidad y crepitación en el movimiento de la articulación.[5]

Factores de riesgo[editar]

Se ha visto que las personas cuyas profesiones impliquen la realización diaria de movimientos repetitivos con la articulación trapeciometacarpiana son más propensas a padecer la enfermedad.[5]​ Un ejemplo de esto fue evidenciado en un estudio que concluyó que los trabajadores que tienen que realizar tareas de planchado desarrollan rizartrosis más precozmente.[17]​ La realización de profesiones que impliquen mayor destreza en la mano es, asimismo, un factor de riesgo para el desarrollo de rizartrosis. Se ha descrito una mayor incidencia de rizartrosis en trabajadores textiles, mecanógrafos, sastres o modistas.[18]

También existen factores anatómicos que pueden causar una mayor propensión. La articulación trapecio-metacarpiana de los hombres es más congruente que la de las mujeres, por la forma específica que poseen sendas superficies del hueso trapecio y la diferencia en tamaño en ambos sexos. A consecuencia de esto, la presión en el contacto en la articulación es mayor en las mujeres que en los hombres en condiciones similares de uso de la articulación. Por ello, en la realización de actividades que conlleven el uso del movimiento de pinza o pellizco, la articulación trapeciometacarpiana de la mujeres puede experimentar un mayor nivel de estrés que la del hombre.[18]

Diagnóstico[editar]

En la evaluación clínica del dolor del paciente se deben tener en cuenta la localización, la duración, el inicio, la frecuencia y la intensidad de dolor, así como factores que puedan incrementar o disminuir el dolor. En la rizartrosis los pacientes a menudo se quejan de que los síntomas empeoran cuando realizan la posición de pinza o pellizco de la mano. Además, hay que tener en cuenta la relevancia de la profesión del paciente, y si la realización de esta se ve limitada por el dolor.[19]

Evaluación física[editar]

En la evaluación, los pacientes muestran sensibilidad en la palpación de la articulación trapeciometacarpiana pero no en articulaciones similares adyacentes, como el compartimento dorsal extensor, la articulación radiocarpiana, el hueso escafoides y la articulación escafotrapeciotrapezoide. La protrusión de la articulación se hace más evidente en fases más avanzadas de la enfermedad, pudiendo desarrollar inestabilidad y crepitación. El grado de inestabilidad extensión de la articulación también puede ser indicativo de rizartrosis, si este es mayor que en el lado contralateral.[19]

Algunas técnicas de provocación pueden poner de manifiesto los síntomas:

  • El test de deslizamiento de la articulación trapeciometacarpiana puede reproducir los síntomas.[20]​ Consiste en la realización de deslizamientos específicos de ambas superficies articulares de la articulación en todos los arcos del movimiento por parte del terapeuta. Sin embargo, su fiabilidad puede ser limitada.[21]
  • El test de la palanca (lever test). El examinador coloca su pulgar y dedo índice a ambos lados de la base de la articulación trapeciometacarpiana y desplaza la primera articulación metacarpiana en sentido radial y cubital.[21]
  • El test de extensión metacarpofalángica. El paciente realiza extensión de la articulación metacarpofalángica contra una resistencia aplicada por el examinador.[21]

El dolor también puede provocarse a través de la palpación directa de la articulación trapeciometacarpiana. De los test descritos, el test de la palanca ofrece la mayor fiabilidad para evaluar el dolor de la rizartrosis.[21]

Evaluación radiológica[editar]

Imagen radiográfica antero-posterior mostrando signos de rizartrosis severa con subluxación de la articulación en una paciente de 87 años.

Dentro de las pruebas radiológicas, la que ofrece mayor fiabilidad para el diagnóstico de rizartrosis es la radiografía. Las formas de posicionamiento estándar de esta incluyen la vista postero-anterior, lateral y oblícua. Sin embargo, aunque estas posiciones permiten diagnosticar rizartrosis de forma fiable, ninguna de ellas permite evaluar la evolución de los cambios artrósicos en la articulación. La posición de Gedda, realizada mediante una rotación externa de la muñeca y la colocación de la mano en posición oblícua respecto a la placa radiográfica, permite una mayor fiabilidad a la hora de evaluar la situación del espacio intraarticular de la articulación trapeciometacarpiana, pero la dificultad a la hora de colocar la mano del paciente en esta posición hace que no se trate de un método estandarizado.[22][23][24]

Tratamiento[editar]

Los ejercicios de fisioterapia pueden ofrecer resultados positivos a la hora de mejorar los niveles de dolor y la función de los pacientes de rizartrosis. [25]

Notas[editar]

  1. El término original utilizado procede del alemán: «wachelgelenke»; «articulación interruptor» es una traducción ad hoc del mismo.

Referencias[editar]

  1. a b c Wilder, F.V.; Barrett, J.P.; Farina, E.J. (2006-9). «Joint-specific prevalence of osteoarthritis of the hand». Osteoarthritis and Cartilage (en inglés) 14 (9): 953-957. doi:10.1016/j.joca.2006.04.013. Consultado el 5 de mayo de 2019. 
  2. a b c d e Anakwe, R. E.; Middleton, S. D. (5 de diciembre de 2011). «Osteoarthritis at the base of the thumb». BMJ (en inglés) 343 (nov24 1): d7122-d7122. ISSN 0959-8138. doi:10.1136/bmj.d7122. Consultado el 5 de mayo de 2019. 
  3. «Artrosis del pulgar o rizartrosis. Qué es, causas y tratamiento en fisioterapia». www.fisioterapia-online.com. Consultado el 5 de mayo de 2019. 
  4. a b c d Patel, Tejas J.; Beredjiklian, Pedro K.; Matzon, Jonas L. (2013-3). «Trapeziometacarpal joint arthritis». Current Reviews in Musculoskeletal Medicine (en inglés) 6 (1): 1-8. ISSN 1935-973X. PMC 3702767. PMID 23242976. doi:10.1007/s12178-012-9147-6. Consultado el 11 de mayo de 2019. 
  5. Hentz, Vincent R. (2014-4). «Surgical treatment of trapeziometacarpal joint arthritis: a historical perspective». Clinical Orthopaedics and Related Research 472 (4): 1184-1189. ISSN 1528-1132. PMC 3940734. PMID 24214823. doi:10.1007/s11999-013-3374-z. Consultado el 13 de mayo de 2019. 
  6. Robert, Paul (1936). «Radiographie de l'articulation trapézo-métacarpienne. Modifications dégénératives de cette articulation». Bulletins et memoires de la Societé de Radiologie Médicale de France (en francés): 687-690. 
  7. a b Ladd, Amy L. (2014-4). «Guest Editorial: The Robert’s View: A Historical and Clinical Perspective». Clinical Orthopaedics and Related Research® (en inglés) 472 (4): 1097-1100. ISSN 0009-921X. PMC 3940739. PMID 24363184. doi:10.1007/s11999-013-3428-2. Consultado el 13 de mayo de 2019. 
  8. Gervis, W. H. (1 de febrero de 1973). «A review of excision of the trapezium for osteoarthritis of the trapezio-metacarpal joint after twenty-five years». The Journal of Bone and Joint Surgery. British volume 55-B (1): 56-57. ISSN 0301-620X. doi:10.1302/0301-620X.55B1.56. Consultado el 13 de mayo de 2019. 
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  10. Wilson, J. N. (1973). «Basal osteotomy of the first metacarpal in the treatment of arthritis of the carpometacarpal joint of the thumb». BJS (en inglés) 60 (11): 854-858. ISSN 1365-2168. doi:10.1002/bjs.1800601106. Consultado el 13 de mayo de 2019. 
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