Suevos

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Los suevos (en latín suebi o suevi; en alemán Sueben, Sweben o "Schwaben") fueron un pueblo germánico procedente del norte de Europa. Su asentamiento primitivo se encuentra en la zona del mar Báltico, llamado por los romanos Mare Suebicum. Cornelio Tácito los menciona, aunque llama suevos a todos los pueblos germánicos del este (alamanes, cuados, marcómanos y turingios). En el año 406 los suevos traspasaron el limes del Imperio Romano de Occidente y poco después fundaron el reino suevo en la provincia romana de la Gallaecia, en el noroeste de Hispania. En el 585 el reino fue conquistado por el rey visigodo Leovigildo que lo incorporó al reino visigodo de Toledo.

Las migraciones de los suevos[editar]

En sus migraciones, los suevos se dirigieron hacia el sur y el oeste, quedándose un tiempo en el territorio de la Alemania moderna. Todavía existe una región alemana llamada Suabia (Schwaben, cuyos habitantes en castellano actual se llaman suabos) que viene a equivaler a una parte del antiguo reino de Wurtemberg, en el moderno estado federado de Baden-Wurtemberg, y la zona sudoccidental de Baviera, con centros en Stuttgart, Ulm, Tubinga y Augsburgo, entre otros. Asímismo, en Galicia existen dos parroquias de nombre Suevos, en las comarcas de La Coruña y La Barcala, y hasta cuatro pequeñas poblaciones más con dicha denominación. Además, en Asturias también existe la Sierra del Sueve. En esta época, varias tribus se separaron del grupo central de los suevos para formar los alamanes, de donde nos llega, a través del francés, el nombre de Alemania.

Entrada en el Imperio romano y asentamiento en Hispania[editar]

Dirigidos por su rey Hermerico, en diciembre de 406 y en compañía de otros pueblos germánicos cruzaron el Rin, que estaba helado, a la altura de Maguncia, penetrando en el Imperio Romano de Occidente. Durante dos años se movieron a sus anchas por las Galias, dedicándose al saqueo y al pillaje. En 409, junto con vándalos y alanos penetraron en Hispania, atravesando el Pirineo Occidental. Estos pueblos asolaron el norte de la península, hasta que en 411 suevos y vándalos asdingos se asentaron en la provincia de Gallaecia, firmando un pacto (foedus) con el emperador Honorio por el que el territorio se convertía en federado de Roma como regnum (reino) y estableciendo su centro político en Bracara Augusta (actual Braga, en Portugal). Pronto surgieron desavenencias con los vándalos, los cuales se dirigieron a la Bética y posteriormente pasaron al África romana. Debido a su escaso número (apenas unos 30.000), los suevos vivieron agrupados.

El Reino Suevo[editar]

Reino suevo (s. V-VI)     Límites del Reino Suevo      Área con cambio de dominio      Límites de provincias romanas

Los reyes suevos se extienden desde Hermerico hasta Andeca, que en el 585 fue derrotado por el rey visigodo Leovigildo. En su Historia Sueborum, Isidoro de Sevilla deja constancia de que el Regnum Sueborum duró exactamente 177 años y fecha erróneamente su inicio en el 408 (ya que los suevos no penetraron en la península Ibérica hasta el 409).

Para este período, o al menos para gran parte del mismo, las fuentes principales son las obras de Isidoro de Sevilla y las de dos cronistas testigos de los acontecimientos que relatan: Hidacio, natural de Chaves (Portugal) comarca del actual Limia/Lima, y Paulo Orosio, natural de Braga.

Primera etapa (hasta 469)[editar]

El área territorial del reino de los suevos, así como su centro de gravedad, fueron variando con el tiempo. En un principio, el grueso de la población sueva se cree que se asentó entre la desembocadura del Duero y la ría de Vigo. Tras la marcha de los visigodos de la Península en 418, los vándalos se enfrentan a los suevos, derrotándolos en la batalla de los montes Nervasos, y sólo la intervención de los romanos los salva del desastre. Los vándalos abandonan posteriormente la Península para instalarse en África, dejando a los suevos como único pueblo bárbaro en Hispania. Requila comenzó una etapa de expansión, logrando tener bajo su control toda la península salvo la Tarraconense (en poder del Imperio). Trasladó su capital de Braga a la capital lusitana, Mérida, y derrotó en 446 a Vito, general romano que intentó parar la expansión sueva. En 453 Requiario, su sucesor, firma la paz con los romanos, entregándoles la Cartaginense, pero en 456 decide pasar a la ofensiva invadiendo la Cartaginense. Esto provoca la intervención de los visigodos, que derrotan a los suevos en la batalla del río Órbigo (456, cerca de la actual Astorga). Los visigodos persiguieron a los fugitivos hasta Braga, que saquearon, y ejecutaron a Requiario, al que habían capturado, dejando como rey a Agiulfo, que cometió innumerables tropelías, provocando una guerra civil que traería un periodo de caos en el reino. Esto impidió una ulterior expansión del reino suevo, que a partir de ese momento quedaría limitado al noroeste de la Península Ibérica.

Escudo de armas de la ciudad de Coimbra en su configuración del siglo XV.[1] Según una leyenda local atribuida a Bernardo de Brito,[2] [3] el dragón heráldico representaría el emblema del rey suevo Hermerico, mientras que el león sería el del rey Ataces de los alanos. Estos símbolos fueron considerados por la comisión de la Catedral de Lugo, según atestigua un documento presentado el 15 de febrero de 1669 a la Junta del reino y recopilada en 1927 por el historiador Pablo Pérez Costanti, en su obra "Notas Viejas Galicianas", editada por la Xunta de Galicia,[4] durante el debate sobre los símbolos del Reino de Galicia:

(...) de aquí tuvo principio y se originó borrar el Dragón verde y León rojo (armas de los Reyes suevos que al tiempo tenían en este Reyno su corte), y trasladar al dorado campo del escudo de sus armas, la Hostia, no dentro de vaso Sacramental oculta (...)

.

En los años siguientes se sucedieron las luchas entre distintos pretendientes al trono, con una activa participación visigoda. Remismundo consiguió unificar el reino, y durante su reinado los suevos se convirtieron al arrianismo.

Período oscuro (469-558)[editar]

Entre 469 y 558 hay una laguna histórica debido a la escasez de fuentes. Sólo consta el nombre del rey Teodemundo.

Etapa final (558-585)[editar]

Los suevos empiezan a reaparecer en la historia a mediados del siglo VI. Por esta época, el rey Charriarico o Karriarico o Carriarico (c. 550-559) introdujo el catolicismo, según el testimonio de Gregorio de Tours, al invocar a San Martín de Tours, gracias a cuya intercesión un hijo del rey se habría curado de una grave enfermedad, tras lo cual se trajeron unas reliquias del santo al reino suevo. La sustitución del arrianismo por el catolicismo pudo llevar aparejadas situaciones de tensión de las que, sin embargo, no hay noticias. Isidoro cita como primer rey católico a Teodomiro (559-570).

Asimismo, a finales del siglo V y principios del VI, contingentes de población celta procedentes de Gran Bretaña y huyendo de las invasiones anglosajonas se instalan en la costa lucense, aproximadamente entre el río Eo y la ría de Ferrol. Esta población se organizó en torno a una diócesis propia con sede en Britonia (lugar que los expertos identifican habitualmente con la actual parroquia de Santa María de Bretoña, ubicada en el municipio lucense de Pastoriza). Su relación con los asuntos del reino queda atestiguada por la participación de su obispo Mailoc en los Concilios de Braga de los años 561 y 572.

En tiempo de Charriarico parece haber predicado en el reino suevo otro Martín, San Martín Dumiense o de Braga (c.520-580), luego arzobispo de Braga, de quien se dice que realizó la conversión de muchos suevos arrianos (quizás Gregorio de Tours confunda a ambos santos) y que influyó notablemente en Teodomiro, al principio de cuyo reinado (hacia el 560), cuando ya se había consolidado el catolicismo, estableció varios monasterios en el reino, entre ellos el de Dumium cerca de Braga, del que fue abad hasta que los obispos del reino le aclamaron como Obispo (metropolitano) de Braga el 567.

El 575 Leovigildo, rey de los visigodos, penetró en las montañas de la actual provincia de Orense, que aparentemente deberían haber estado bajo control del rey de los suevos. A caballo entre los territorios actualmente leoneses —donde los visigodos aún no habían establecido su poder antes del 573 (y que debieron independizarse después de 457)— y las tierras de los suevos, habían surgido señoríos locales de vinculación incierta, probablemente iniciados después del 457, al debilitarse el reino suevo, y consolidados posteriormente hasta lograr una independencia efectiva (el reino suevo no había intentado combatir con los visigodos ni siquiera en los momentos de mayor debilidad de éstos, con Atanagildo, cuando otros rivales aparentemente menos poderosos se atrevían a desafiarle). Y tampoco consta que en ningún momento intentaran someter las regiones asturleonesas, que antes les habían pertenecido y luego debieron autogobernarse, ni Cantabria, donde en cambio penetraban los vascones. En esta zona Leovigildo hizo prisionero a un señor local (loci senior) llamado Aspidius, junto a su esposa e hijos, y se adueñó de sus dominios. Aspidius gobernaba al parecer sobre un pueblo conocido por araucones o aregenses, que dieron nombre a las montañas de la zona.

No se sabe si fue a consecuencia de ello que se inició en 576 una guerra con los suevos o, como parece más probable, la conquista del dominio de Aspidius fuera ya el primer episodio de la misma, tras la cual Leovigildo continuaría su progresión. El rey suevo Miro (570-583) solicitó la paz, probablemente basada en un reconocimiento del poder visigodo en los dominios de Aspidius y quizás otros territorios, accediendo a ella Leovigildo. Pudo influir en el ánimo del rey el conocer la noticia de la rebelión de los campesinos de la Oróspeda Occidental (Sierra Morena). La paz quedó firmada el 577 probablemente con un vasallaje suevo al reino visigodo.

Unos años después el rey suevo Miro marcha con su ejército a territorio visigodo para, según algunos autores, ayudar al rebelde Hermenegildo contra su padre Leovigildo. Fueron cercados y Miro hubo de rendirse y jurar fidelidad al rey visigodo. Según otros autores, Miro llegó con sus tropas, tomó parte en las operaciones al lado de su supremo señor Leovigildo y contribuyó a la toma de Sevilla. Juan de Biclaro asegura que se permitió a Miro entrar en Sevilla, donde murió poco después (583), pero Gregorio de Tours afirma que se retiró a sus dominios en Gallaecia donde falleció este mismo año. Para Isidoro de Sevilla, en su Historia de los suevos, y para Juan de Biclaro, Miro acudió en ayuda de Leovigildo; puede suponerse que su ejército hubo de participar en las operaciones de sitio de Sevilla, desde el principio o una vez derrotado. Si Miro tomó parte en el sitio de Sevilla al lado de Leovigildo, entraría en la ciudad el 583 y moriría poco después, aunque podría ser cierta la versión de Gregorio de Tours indicando que se retiró a sus dominios (tal vez ya estaba enfermo) dejando quizás a una parte de su ejército en Sevilla, muriendo nada más llegar, el mismo año 582. Si, como dice Gregorio de Tours, ayudaba a Hermenegildo, sería derrotado, pudiendo entrar en Sevilla (por concesión del rey) donde murió el 582 o 583 (antes o después de la toma de la ciudad por el rey) o pudo retirarse a sus dominios el mismo 582, muriendo el 582, o bien ya el 583 después de la conquista de Sevilla.

Desde el 583 o 584 reinó en el reino suevo Eborico, hijo del rey Miro que había jurado fidelidad a Leovigildo mediante un tratado antes de morir. Eborico firmó un tratado de paz con Leovigildo, según Gregorio de Tours, lo cual debió acontecer el 583. Hacia el año 584 el rey suevo fue destronado por su cuñado Andeca (Odiacca) y encerrado en un monasterio. El nuevo rey casó con la esposa de Eborico, llamada Sisegutia, sin que se sepa si Andeca se separó o había enviudado de su matrimonio anterior (con la hermana de Eborico). Pero Leovigildo reaccionó y en 585, simultáneamente a la guerra con Borgoña (que llevó su hijo Recaredo), invadió el reino suevo, lo devastó y capturó a Andeca al que hizo tonsurar (entrar a formar parte de la clerecía), lo que le inhabilitaba para reinar, y lo envió a Pax Julia (Beja). Además, las naves que hacían las travesías comerciales entre el reino suevo y territorios francos pertenecientes a Gontrán de Borgoña fueron destruidas. El tesoro real suevo cayó en poder del vencedor, y los territorios del reino suevo pasaron a ser posesión visigoda, convirtiéndose en una nueva provincia. Como los suevos se habían convertido al catolicismo durante el reinado de Teodomiro, padre de Miro, Leovigildo restauró el arrianismo, y se sabe que obispados arrianos se restablecieron en los territorios suevos (seguramente doce), pues cuatro obispos se convirtieron después al catolicismo en el III Concilio de Toledo en 589; los obispos arrianos nombrados por el rey visigodo convivieron con los católicos.

Apenas el rey visigodo salió del país, los suevos se rebelaron y aclamaron como rey a un noble llamado Malarico. Pero la rebelión fue sofocada por fuerzas visigodas sin necesidad de la intervención de Leovigildo.

Esplendor cultural suevo[editar]

Las fuentes de la época coinciden en reconocerle al reino Suevo-Galaico un elevado nivel cultural, alcanzado seguramente en varios campos, aunque hagan más hincapié en la sabiduría y destreza literaria de San Martín Dumiense.

La producción literaria de Martín Dumiense se extendió a los campos canónico, litúrgico y ascético-moral. Casi todas sus obras tienen un destinatario concreto, lo cual revela la intensa actividad intelectual que, con centro en Dume (y en Braga cuando Martín asume la dignidad metropolitana), irradia por Galicia en todas direcciones, en especial hasta las sedes episcopales.

Apenas más se sabe de la vitalidad artística y cultural de la Galicia del siglo VI y se padece una desorientación en lo referente a la actividad constructora.

No se pone en duda la transmisión hasta la actualidad de una cantidad relativamente abundante de obras menores, entre las que destacan las laudas sepulcrales, procedentes de diferentes necrópolis (algunas tan relevantes como las de San Martiño de O Grove, y sobre todo la descubierta en el subsuelo de la catedral de Santiago de Compostela). Ya Sarmiento identificó las denominadas "laudas de estola" como propias del período germánico (entre los siglos VI y VII) y hoy en día también mantiene Schlunk la autoría sueva, destacando la lápida procedente de Tui con la inscripción HIC REQUIESCAT MODESTA como una de las escasísimas muestras de escritura de aquel momento. Este mismo autor enumera piezas de orfebrería (pendientes, broches) encontradas en diferentes lugares del reino que califica como bizantinas, confirmación de tendencia general mantenida en el reino por el siglo VI, así como de contactos culturales con el Mediterráneo.

El concilio II bracarense (ordenado por el rey suevo Miro en 572) incluye disposiciones relativas a la construcción de nuevas iglesias y a la consagración de las ya existentes, de lo que se deducen dos evidencias: que muchas, en efecto, ya existían (bien desde la baja época romana, bien desde la conversión del siglo V) y que a lo largo del siglo VI se desenvolvió una actividad constructora y reconstructora intensa, impulsada por una iglesia fortalecida por la monarquía católica sueva (entonces los visigodos eran arrianos). Por otra parte, se conservan testigos de iglesias, como la futura catedral de Orense, del 550, o el palacio episcopal de Iria Flavia, del 572; la de San Martiño de Churío (Irixoa, Betanzos), y la iglesia de San Pedro de Rocas (Orense); se demuestra, por lo tanto, que muchas de las iglesias catalogadas como visigodas en el territorio de la vieja Gallaecia bien pueden ser suevas antes que visigodas.

La iglesia de Santa Comba de Bande está catalogada como visigoda basándose en su análisis morfológico, dando por supuesto que el arco de herradura es exclusivamente propio de esa cultura. A continuación se constituye un grupo de construcciones bajo esa catalogación: Santa Comba de Bande, São Pedro de Balsemão (Viseu), São Frutuoso de Montelios (Braga), San Pedro de la Nave (Zamora), pero la inconsistencia cronológica para ubicarlos en el siglo VII es manifiesta. Un documento de Celanova fue utilizado para datar la erección de Santa Comba de Bande en el año 672 y, a partir de ese dato, considerándolo sólido, se confirman las otras obras estilísticamente semejantes, para las que de hecho por sí mismas no existe datación fija. De esta forma se constituye un círculo vicioso, cuando además resulta que el tal documento de Celanova no autoriza semejante cronología.

De ser así estaríamos en condiciones de sospechar que obras estilísticamente semejantes pudieran haber sido erguidas en época sueva, no visigoda, en especial aquellas de rasgos más comunes y específicos.

Los supuestos motivos célticos (transmitidos posteriormente a lo largo del románico gallego) hablan de una hechura autóctona, pero la influencia oriental o bizantina cobra mayor lógica en el contexto del siglo VI, cuando los contactos del reino suevo-gallego apuntaban en esa dirección y no los del visigodo. Díaz y Díaz reconoce que esos contactos establecidos por la Galicia del siglo VI con Oriente permiten explicar ciertos detalles de las obras artísticas gallegas. Por eso no debe extrañar que algún autor tenga catalogada la iglesia de Montelios como suevo-bizantina, atendiendo a un criterio tipológico extensible a las demás.

Se sabe de sobra que el elemento estructural más característico de estas construcciones es su peculiar arco de herradura, convertido en emblema del arte visigodo; sin embargo, sin entrar en la consideración de que suevos y visigodos llegasen a compartir el mismo recurso arquitectónico.

Obispados del reino suevo en tiempos de su anexión por los visigodos[editar]

Estatua de Martín de Braga en Braga, Portugal.

La sede metropolitana se encontraba en la ciudad de Bracara Augusta, teniendo como sufragáneos 13 obispados:

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Municipio de Coimbra, Armas, Bandeira e Brasão de Coimbra
  2. Universidad de Coimbra, Brasão da Cidade de Coimbra
  3. Lenda relatada originalmente por Frei Bernardo de Brito
  4. Pérez Costanti, Pablo. "La ofrenda del Reino de Galicia a la Catedral de Lugo". En: Notas viejas galicianas . Xunta de Galicia, 1993, p. 30
  5. Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. «Historia de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol» (en castellano). Consultado el 8 de marzo de 2009.

Enlaces externos[editar]