Revisionismo (marxismo)

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El alemán Eduard Bernstein, fundador de la moderna socialdemocracia europea y quien originó el revisionismo dentro del movimiento marxista.

Dentro del movimiento marxista, la palabra revisionismo es usada para referirse a varias ideas, principios y teorías basadas en una revisión significativa de las premisas fundamentales del materialismo histórico de Karl Marx en el siglo XIX.[1]

El término ha sido históricamente usado por parte aquellos marxistas que creen que tales revisiones son injustificadas, por lo que representan un abandono o traición de lo que ellos mismos interpretan como la variante “más pura” del marxismo. Por lo tanto, como “revisionismo” fue adquiriendo una connotación negativa con el paso de las décadas, actualmente pocos marxistas se autodefinen como “revisionistas”.

Fundamentalmente el revisionismo, en la formulación de Eduard Bernstein, consiste en la defensa de estos puntos de vista:

  • El marxismo no es puramente materialista ni puramente económico.
  • En la historia no actúan exclusivamente fuerzas económicas.
  • La teoría de la plusvalía es simplista y demasiado abstracta.
  • Aun admitiendo la lucha de clases, esta no se da exclusivamente entre capitalistas y proletarios, sino entre los capitalistas entre sí y los proletarios entre sí.
  • No se precisa una revolución violenta para alcanzar el socialismo, porque puede llegarse a él mediante una evolución pacífica a través del sindicalismo y de la acción política.[2]

Críticas al marxismo[editar]

El revisionismo criticaba varios aspectos del marxismo:

  • En cuanto a la lucha de clases, Bernstein en un principio le criticó que la lucha de clases y las transformaciones no son el único motor de la Historia. “El verdadero socialismo no quiere derribar el orden de las clases; quiere basar las clases en una organización del trabajo que será para todos mejor que la organización actual”. Por último, el socialdemócrata Piotr Struve, quiso demostrar que el Estado tiene un carácter independiente, por encima de las clases. Y todo esto está lejos de la concepción fundamental de Marx. La aplicación propia de las ideas de Marx son culpa de él, y ya en su tiempo había distintas interpretaciones de El Capital también denominados “marxismos”. Para diferenciarse de estas concepciones pseudo-materialistas, no solo del caso Feuerbach, elevó a categoría científica el análisis aplicado del materialismo histórico y el materialismo dialéctico. Su consecuencia: una doctrina, quiérase “algunas sugerencias” sobre la aplicación directa, inmediata y práctica del político, del proletariado o cualquiera de nuestros agentes institucionales.
  • Por otro lado, mientras que Marx predecía que el capitalismo comercial y financiero cedería su puesto al industrial, el crecimiento enorme de los trusts y de los holdings, demostró que por el contrario, el capitalismo moderno es, cada vez más, un capitalismo bancario. La financiación del capital la entendía como la división internacional del trabajo y la creciente proletarización del mundo, cosa que jamás desarrolló como “futuro” sino el devenir de una división cada vez más segmentada de los procesos de producción. No sería sino Rosa Luxemburgo quién llenaría este hueco, destacando el imperialismo monopolista recurrente a las guerras para nivelar los países su balanza de pagos.
  • La última gran crítica que realizan los revisionistas, y en especial Bernstein, es el error de Marx en predecir que la concentración industrial no había producido un efecto masivo de desocupación de los pequeños burgueses. En cuanto a la clase obrera, su empobrecimiento había sido contrarrestado por el desarrollo de las cooperaciones. Pero esto no significa gran cosa sino la anterior premisa de la financiarización. No predijo nada, porque no fue ningún profeta. Sobre la base de ciertos análisis observó ciertos comportamientos. Uno de ellos es el salario y el tiempo objetivo aplicado. Se trata pues, de la disminución del “valor” del salario y la automatización del plusvalor. Así, la reproducción de la riqueza no tiene que ver con la concentración industrial sino en las relaciones sociales que hacen posible mantener la producción, lo que provocó el aumento de las clases medias, no confundirlas con pequeños burgueses, pues, hasta Marx veía en la pequeña burguesía un germen revolucionario. No sería sino Max Weber quién llenaría este hueco acerca de, no solo la realidad financiera internacional del capitalismo, sino su creciente burocratización. Y no solo eso, sin darle crédito a Marx, demuestra la ética protestante desde un fundamento más o menos como una “ética materialista” que constituyó la vida industrial.

Evolución del término[editar]

La palabra “revisionismo” ha sido usada en varios contextos diferentes, para referirse a distintas revisiones a las que ha sido sometida la teoría marxista por parte de algunos seguidores de la misma.

El «revisionismo» reformista y su evolución y desarrollo hasta la actualidad[editar]

Primera revisión de la socialdemocracia y ruptura definitiva con el comunismo[editar]

Fue usada por primera vez en sentido peyorativo para referirse a las críticas formuladas por Eduard Bernstein a finales del siglo XIX en una serie de artículos publicados entre 1896 y 1898 en Die Neue Zeit y en su libro de 1899 Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia. El propio Bernstein relató que el término surgió hacia 1903 o 1904 como reacción frente al libro de Alfred Nossig titulado precisamente Die Revision des Sozialismus y que, aunque al principio lo rechazó, acabó aceptándolo siendo aplicado, según Bernstein, «a todos aquellos socialistas que —incluido yo— tienen una posición crítica respecto a la teoría tradicional de la socialdemocracia».[3]

Eduard Bernstein y otros socialistas como Jean Jaurès revisaron las ideas de Karl Marx acerca de la supuestamente inevitable transición violenta del capitalismo al socialismo, y afirmaron que la revolución violenta no era inevitablemente necesaria para alcanzar una sociedad socialista. Estas críticas dieron origen a la teoría reformista dentro del movimiento marxista, la que asegura que se puede lograr paulatinamente el socialismo a través de reformas graduales y pacíficas emprendidas desde dentro del propio sistema capitalista.[4]​ La ruptura definitiva de la socialdemocracia con el comunismo se dió el 2 de marzo de 1919, en el congreso fundacional de la Internacional Comunista (conocida como la Tercera Internacional) ocurrido el mencionado día el propio Vladimir Lenin anunció la ruptura definitiva entre dos corrientes ideológicas y políticas irreconciliables: el comunismo (también denominado como bolchevismo, para entonces aún no se usaba el término marxismo-leninismo sino simplemente leninismo) y el revisionismo socialdemócrata (también denominado como revisionismo reformista).[5]

Segunda revisión de la socialdemocracia y ruptura definitiva con el marxismo en general[editar]

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial la socialdemocracia europea abandonó completamente el marxismo y elaboró una «visión diferente de las relaciones entre capitalismo y socialismo»,[6]​ centrando su propuesta en «una mayor intervención estatal en los procesos de redistribución que en los de producción, de forma que una política fiscal progresiva permitió consolidar eficazmente la red asistencial que configura el Estado de bienestar» (dándose pues así la ruptura definitiva de la socialdemocracia con el marxismo en general).[7]

Willy Brandt, líder del SPD y canciller de Alemania entre 1969 y 1974.

El momento decisivo se produjo en 1959 cuando en el Congreso de Bad Godesberg el Partido Socialdemócrata Alemán abandonó formalmente el marxismo, renunciando a «proclamar últimas verdades», e identificando completamente socialismo y democracia. Así el SPD se propuso crear un «nuevo orden económico y social» conforme con «los valores fundamentales del pensamiento socialista» —«la libertad, la justicia, la solidaridad y la mutua obligación derivada de la común solidaridad»— y que no se consideraba incompatible con la economía de mercado y la propiedad privada.[8]

Frente a la aceptación del capitalismo propugnada por el SPD y el resto de partidos socialdemócratas del centro y del norte de Europa, sus homólogos del sur elaboraron una alternativa que llamaron socialismo democrático en la que no renunciaban a alcanzar el socialismo, aunque siempre mediante el respeto a las reglas de la democracia —los partidos comunistas del sur también se sumaron a esta iniciativa construyendo su propia alternativa «socialista democrática» que llamaron eurocomunismo—. Por su parte los socialdemócratas que aceptaron al capitalismo afirmaron que «tal resolución no significó un abandono ni una traición al socialismo sino la reconciliación del socialismo con el capitalismo y su unificación en un sólo movimiento —la socialdemocracia moderna—», creando así un «capitalismo socialista y democrático».[8][9]​ Vale aclarar que la segunda revisión de la socialdemocracia significó también la división del movimiento revisionista en 2 grupos: el revisionismo que siguió alineado al marxismo y el revisionismo que desertó por completo del marxismo —ubicándose pues la socialdemocracia moderna en el segundo grupo—.

Olof Palme, líder del Partido Socialdemócrata de Suecia y primer ministro de su país entre 1969 y 1976, y 1982 y 1986.

Los ideales de la nueva socialdemocracia heredera del «revisionismo reformista» quedaron plasmados en la Declaración de Principios de la Internacional Socialista de 1989, en la que se proclamó que «una democracia más avanzada en todas las esferas de la vida (la política, la social y la económica) es el marco y a la vez el fin del socialismo».[10]

Así pues, según los socialdemócratas no existe un conflicto entre la economía capitalista de mercado y su definición de una sociedad de bienestar mientras el Estado posea atribuciones suficientes para garantizar a los ciudadanos una debida protección social. En general, esas tendencias se diferencian tanto del social liberalismo como del liberalismo progresista en la regulación de la actividad productiva, y en la progresividad y cuantía de los impuestos. Y esto se traduce en un incremento en la acción del Estado y los medios de comunicación públicos, así como de las pensiones, ayudas y subvenciones a asociaciones culturales y sociales. Algunos gobiernos europeos han aplicado en los últimos años una variante de la Tercera Vía que es un poco más próxima al liberalismo, con un menor intervencionismo y presencia de empresas públicas, pero con el mantenimiento de las ayudas y subvenciones típicas de la socialdemocracia —cuyo principal exponente ha sido el laborista británico Tony Blair—.

Entre los pensadores y políticos que han tenido más influencia sobre la socialdemocracia en las últimas décadas se encuentran Gerhard Schröder, Paul Krugman, Robert Solow, Joseph Stiglitz, Amartya Sen, Claus Offe y, principalmente, Norberto Bobbio y Zygmunt Bauman. Las ideas que han dado origen a las posiciones de Tony Blair y Gordon Brown se asientan principalmente sobra la obra de Anthony Giddens y Jeffrey Sachs. Gordon Brown ha sido también influido por alguna de las percepciones de Gertrude Himmelfarb.

Hermes Binner, Fue el primer gobernador socialista argentino de la provincia de Santa Fe , entre el 2007 y el 2011, y un destacado dirigente socialista. Responsable de la transformación del sistema de salud público en esa provincia[11]​.

Los partidos socialdemócratas se encuentran entre los más importantes en la mayor parte de los países europeos, así como en la mayor parte de países influidos por el viejo continente, con la notable excepción de Estados Unidos. También en Hispanoamérica tienen una notable influencia, con la Unión Cívica Radical en Argentina, el Partido Socialista de Chile, el Partido Liberal Colombiano, el Partido Liberación Nacional de Costa Rica, el Partido Colorado de Uruguay o la Acción Democrática de Venezuela [cita requerida] [12][13]​algunos de los cuales han participado en los gobiernos de sus respectivos países. Vale aclarar que el revisionismo reformista de Eduard Bernstein y sus sucesores separó a la socialdemocracia del comunismo y del marxismo en general, pero no la separó del socialismo, la socialdemocracia ya no es marxista ni mucho menos comunista, pero aún así la socialdemocracia sigue siendo socialista, pues los socialdemócratas ya no se reivindican como comunistas y ni siquiera como marxistas pero todavía se siguen reivindicando a sí mismos como socialistas reformistas, razón por la cuál muchísimos partidos socialdemócratas se llaman "Partido Socialista", como es el caso por ejemplo del mencionado Partido Socialista de Chile, el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Socialista de Albania y el Partido Socialista de Serbia entre otros, y por la misma razón la internacional socialdemócrata a la que pertenecen dichos partidos se llama Internacional Socialista, pues la socialdemocracia renunció al comunismo y al marxismo en general pero no renunció al socialismo. También es preciso aclarar que los socialdemócratas tienen una concepción muy particular del socialismo, pues el socialismo de los socialdemócratas propugna el multipartidismo (en vez del unipartidismo), la economía mixta (en vez de la economía planificada) y una sociedad de clases armoniosas (en lugar de una sociedad sin clases), razones por las cuales su socialismo es conocido como "socialismo mixto", "socialismo de tercera posición" y "socialismo interclasista".

Características del modelo de sociedad socialista del revisionismo socialdemócrata[editar]

El modelo de sociedad socialista del revisionismo socialdemócrata se caracteriza por los siguientes aspectos:[14]

Se diferencia de otras concepciones del socialismo por la manera que interpreta el significado e implicaciones de ese término, especialmente en materias políticas:

La Internacional Socialista se fundó hace cien años para coordinar la lucha mundial de los movimientos socialistas democráticos por la justicia social, la dignidad humana y la democracia. En ella se reunieron partidos y organizaciones de tradiciones diferentes, que compartían el objetivo común del socialismo democrático. A lo largo de su historia, los partidos socialistas, socialdemócratas y laboristas han defendido los mismos valores y principios. [...] Los socialistas democráticos han llegado a proclamar estos valores por caminos muy distintos, a partir del movimiento obrero, de los movimientos populares de liberación, de las tradiciones culturales de asistencia mutua y de solidaridad comunitaria en muchas partes del mundo. También tienen raíces en las diversas tradiciones humanistas del mundo. Pero aunque existan diferencias ideológicas y culturales, todos los socialistas comparten la concepción de una sociedad mundial pacífica y democrática, con libertad, justicia y solidaridad.[15]

Por tanto, según los revisionistas socialdemócratas, los países en los que domina la socialdemocracia son sociedades socialistas modernas que se diferencian en muchísimos aspectos de las «primitivas» sociedades socialistas de carácter marxista.

Críticas a las tesis revisionistas socialdemócratas[editar]

Los antirrevisionistas obviamente consideran a las tesis revisionistas socialdemócratas como aberrantes, reaccionarias, capitulacionistas, oportunistas y simplistas, de hecho los antirrevisionistas todavía hacen mucho énfasis en la importancia de combatir a la socialdemocracia —a pesar de que esta desde hace ya mucho tiempo es abiertamente antimarxista— ya que la consideran una gran amenaza para el triunfo del comunismo, pues la táctica del revisionismo moderno socialdemócrata para granjearse el apoyo de la clase obrera es muy simple, le brinda muy buenas comodidades dentro de una «democracia multipartidista capitalista con etiqueta socialista» para que la clase obrera esté contenta con dicho orden social y no vea la necesidad de llevar a cabo la revolución comunista a su vez que también trata de mantener contenta a la burguesía para así reconciliar a obreros y burgueses y conseguir su anhelada armonía de clases. Los antirrevisionistas también consideran a la socialdemocracia moderna como renegada puesto que los revisionistas modernos socialdemócratas proclaman a su socialismo moderno reformista como la superación del socialismo marxista, pues los revisionistas modernos socialdemócratas consideran al marxismo como un socialismo primitivo, dogmático y obsoleto, y en cambio a la socialdemocracia la consideran como un socialismo más acorde a la realidad, más pragmático y más próspero. Por tanto los antirrevisionistas consideran a la socialdemocracia moderna como la rama "más descarada" del revisionismo moderno, pues el revisionismo moderno socialdemócrata llegó a un "descaro" tan extremo que los revisionistas modernos socialdemócratas han llegado a proclamar cosas —que desde el punto de vista marxista son aberraciones ideológicas— tales como que «el objetivo de la socialdemocracia no es abolir el capitalismo sino forjar el socialismo, pues para forjar el socialismo no es necesario abolir el capitalismo ya que el socialismo se puede forjar dentro del capitalismo, pues el tiempo ha demostrado que el socialismo y el capitalismo no son incompatibles como quieren hacer creer los marxistas sino que de hecho combinan y se complementan a la perfección» y que por tanto «una sociedad puede ser capitalista y socialista al mismo tiempo», o sea, lo que proponen los revisionistas socialdemócratas modernos es «socializar el capitalismo en vez de abolirlo», en otras palabras, el revisionismo socialdemócrata moderno tiene como objetivo establecer un «capitalismo con características socialistas». Por tanto los antirrevisionistas afirman al respecto que: "¡Estos revisionistas socialdemócratas modernos niegan la contradicción histórica entre el capitalismo y el socialismo! ¡Y ni siquiera se sonrojan al cometer semejante aberración! ¡Tal aberración demuestra a la perfección la pobredumbre de la socialdemocracia como muy buena doctrina revisionista pequeñoburguesa, vacilante, conciliadora y claudicadora que es! ¡No se puede ser tan sinvergüenza y tan degenerado como estos renegados revisionistas modernos socialdemócratas!". El objetivo de los revisionistas socialdemócratas modernos es, por ende, forjar lo que Karl Marx y Friedrich Engels denominaron como «socialismo conservador o burgués». La socialdemocracia también es llamada peyorativamente como socialfascismo por parte de sus detractores «por haber colaborado presuntamente con este y también por sus grandes similitudes con el facismo», pues tanto el fascismo como la socialdemocracia tienen como objetivo el establecimiento de un «socialismo capitalista». Pero, la socialdemocracia y el fascismo difieren entre sí en ciertos aspectos, por ejemplo, el fascismo propugna el unipartidismo mientras que la socialdemocracia en cambio propugna el multipartidismo. Tanto los estalinistas como los trotskistas concuerdan en sus críticas a las tesis revisionistas socialdemócratas.

El «revisionismo» desde la óptica comunista[editar]

El término «revisionismo» fue usado de forma despectiva por los comunistas, sobre todo por los soviéticos, para referirse a aquellas ideas o propuestas que se apartaban de la doctrina «ortodoxa» marxista fijada por el partido.[3]

  • Durante las décadas de 1940 y de 1950, el término “revisionismo” fue utilizado, dentro del Movimiento Comunista Internacional, por los "estalinistas" para hacer referencia a aquellos comunistas que ya por entonces proponían enfocarse en los bienes de consumo en lugar de en la industria pesada y a quienes aceptaban las implícitas diferencias nacionales (en particular, las de los nuevos “satélites” soviéticos), y hasta alentaron las reformas democráticas emprendidas en algunos de eso países (las cuales serían denominadas como “antiburocráticas” por parte de los sectores trotskistas). También los titoístas (seguidores del líder yugoslavo Jósip “Tito” Broz) fueron acusados de ser revisionistas, en unas tardías purgas que comenzaron en 1949 en el por entonces reciente Bloque del Este (véase Ruptura Tito-Stalin).
  • A raíz de la represión soviética al alzamiento húngaro de 1956, varios intelectuales comunistas occidentales renunciaron a los partidos comunistas de sus respectivos países de origen, como forma de protesta. Debido a esa actitud, serían acusados despectivamente de “revisionismo” por quienes siguieron siendo miembros partidarios. Estos últimos, por su parte serían peyorativamente acusados de “estalinistas” por parte de los renunciantes. Este movimiento sería finalmente conocido con la denominación genérica de Nueva Izquierda.

El «revisionismo contemporáneo» y el cisma sino-soviético[16][editar]

A comienzos del decenio de 1960, el líder chino Mao Zedong (o Mao Tsetung), junto a los elementos más radicales dentro del Partido Comunista Chino (PCCh) revivieron el término “revisionismo” para atacar a la URSS en general y al premier de esta, Nikita Jrushchov, en particular. Ese claro distanciamiento mutuo se dio en el marco del cisma ideológico sino-soviético. Una de las primeras consecuencias del mismo fue el retiro de los asesores técnicos soviéticos de China.

Posteriormente, durante toda esa década -que coincidió con el mayor período de agitación ideológica maoísta- los chinos rutinariamente usarían el mote de “modernos revisionistas” (o revisionismo contemporáneo) contra los soviéticos. Esa denominación sería recogida y repetida por los grupos o fracciones maoístas que se separaron de algunos partidos comunistas occidentales, partidos a los que también acusaban de “quietismo” y de falta de suficiente “fogosidad” revolucionaria.

Los 25 puntos de Pekín[17][editar]

En junio de 1963, el Partido Comunista de China publica un texto capital, los 25 puntos de Pekín, que suponen la ruptura definitiva con el revisionismo soviético. El PCCh envía una larga carta al Comité Central de Partido Comunista de la Unión Soviética, exponiendo ante los revolucionarios de todo el mundo las graves divergencias estratégicas y de principios que dividen en aquellos momentos al Movimiento Comunista Internacional, que está a punto de escindirse en dos posiciones de clase antagónicas, dos corrientes ideológicas y políticas irreconciliables: el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsé Tung y el revisionismo contemporáneo.

Cisma sino-albanés[editar]

En 1978 tuvo lugar el cisma sino-albanés, cuando Enver Hoxha, quien por entonces era el secretario general del Partido del Trabajo de Albania, también condenó al PCCh como revisionista, como lo había hecho durante la década de 1960 con la Unión Soviética post-estalinista de Jrushchov. En aquellas oportunidad Hoxha había firmado que había sido forzado a optar “entre 650 millones de chinos y 200 millones de rusos (sic)”. En realidad, Hoxha hizo eso porque, luego de la muerte de Mao Tse Tung (acaecida el 9 de septiembre de 1976), China fue paulatinamente abandonando los aspectos más radicales del maoísmo, lo que para 1978 (con el ascenso del pragmático y más moderado Deng Xiaoping al poder) conformaba un hecho evidente.

Actualidad[editar]

Los socialdemócratas y los partidarios del actual Socialismo del Siglo XXI también están catalogados como revisionistas así como los partidarios del Eurocomunismo, del Socialismo de mercado, del Progresismo, del Socialismo democrático, del Ecosocialismo y de otras corrientes socialistas que difieren de la ortodoxia marxista. No existe por tanto una uniformidad dentro del revisionismo socialista ya que este abarca corrientes socialistas muy diversas, que van desde moderadas hasta revolucionarias, pero todas las corrientes del revisionismo socialista tienen en común que difieren de la ortodoxia marxista ya sea en mayor o menor grado.

Referencias[editar]

  1. Según el diccionario Oxford de inglés, revisionismo es la “política primeramente presentada por Edward Bernstein (1850-1932) en la década de 1890, mediante la cual abogaba por la introducción del socialismo a través de la evolución más que la revolución, en oposición a la visión ortodoxa de los marxistas; de ahí que es un término abusivo usado dentro del mundo comunista para [referirse a] una interpretación del marxismo que se supone que amenaza la política (policy) canónica”. El término fue usado en inglés por primera vez en 1903, para referirse al revisionismo que estaba teniendo lugar entre los socialdemócratas alemanes.
  2. Cf. S. Rábade, J. L. Arce, J. M. Benavente y A. Curras, Historia de la filosofía. Madrid: G. del Toro, 1978, p. 316.
  3. a b Ruiz Miguel, Alfonso (2002) [1991]. «La socialdemocracia». En Fernando Vallespín, ed. Historia de la Teoría Política, 4. Historia, progreso y emancipación. Madrid: Alianza Editorial. pp. 214-215. ISBN 84-206-7307-2. 
  4. Philip P. Wiener (ed). Dictionary of the History of Ideas, Charles Scribner's Sons, Nueva York, 1973-74. R. K. Kindersley Marxist revisionism: From Bernstein to modern forms, en la página web de la biblioteca de la Universidad de Virginia.
  5. «Lenin y la primera escisión de la izquierda». 
  6. Ruiz Miguel, 2002, p. 212.
  7. Ruiz Miguel, 2002, p. 243.
  8. a b Ruiz Miguel, 2002, p. 244.
  9. Ruiz Miguel, 2002, p. 244-245.
  10. Ruiz Miguel, 2002, p. 246.
  11. «Murió Hermes Binner, el primer gobernador socialista de la Argentina». 
  12. Galindo, Jorge (17 de septiembre de 2018). «¿Es viable una socialdemocracia latinoamericana?». El País. ISSN 1134-6582. Consultado el 7 de agosto de 2021. 
  13. editor2 (23 de noviembre de 2018). «¿Qué le pasa a la socialdemocracia en América Latina?». Sin Permiso. Consultado el 7 de agosto de 2021. 
  14. ver Internacional Socialista Declaración de principios y Carta ética de la Internacional Socialista
  15. «Declaración de principios». lainternacionalsocialista.org. Archivado desde el original el 24 de septiembre de 2013. Consultado el 12 de enero de 2014. 
  16. «El revisionismo es el más venenoso enemigo de la revolución (Selección de textos de la Declaración de Principios de UCE)». Archivado desde el original el 6 de octubre de 2018. Consultado el 6 de octubre de 2018. 
  17. «UCE agrupació de terrassa: Los 25 puntos de Pekín». UCE agrupació de terrassa. 24 de agosto de 2016. Consultado el 6 de octubre de 2018. 

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]