Reinado de Fernando VII de España

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España
Reino de España

Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg

1808 - 1833

Bandera de España 1808-1813.svg (1808)
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg (1808)
Flag of Argentina (alternative).svg (1816)
Flag of Chile (1818).svg (1818)
Flag of the Gran Colombia (1819-1820).svg (1819)
Flag of Peru (1821-1822).svg (1821)
Flag of Mexico (1821-1823).svg (1821)
Flag of Spanish Haiti.svg (1821)
State flag of Bolivia (1825-1826).svg (1825)
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg (1833)

Escudo
Lema nacional: Plus Ultra (en latín: ‘Más allá’)
Himno nacional: Marcha Granadera
Himno de Riego (cooficial en 1822-1823)¿Problemas al reproducir estos archivos?
Ubicación de
los territorios de la monarquía española en las Cortes de Cádiz.
Capital Madrid
Idioma oficial Español[nota 1]
Religión Catolicismo
Gobierno Monarquía absoluta (1814-1820; 1823-1833)
Monarquía constitucional
(1810-1813 y 1820-1823)
Rey Fernando VII
Período histórico Siglo XIX
 • Fernando VII sube al trono en Aranjuez tras la abdicación de Carlos IV. 19 de marzo de 1808
 • El Consejo de Castilla declara nulas las Abdicaciones de Bayona 11 de agosto  de 1808
 • Se constituyen las Cortes de Cádiz 24 de septiembre  de 1810
 • Napoleón y Fernando firman el Tratado de Valençay 11 de diciembre  de 1813
 • Manifiesto de los Persas a favor del absolutismo 22 de marzo  de 1814
 • Rebelión de Riego a favor del Trienio Liberal 1 de enero  de 1820
 • Restauración absolutista de los Cien Mil Hijos de San Luis 7 de abril  de 1823
 • Se firma la Capitulación de Ayacucho en América del sur 9 de diciembre  de 1824
 • Última tentativa de reconquista de México 5 de julio  de 1829
 • Muerte de Fernando VII 9 de septiembre de 1833
Moneda Escudo, real y maravedí


Notas

El reinado de Fernando VII es el período de la historia contemporánea de España de veinticinco años de duración comprendido entre 1808 y 1833. Fernando VII de España subió al trono el 19 de marzo de 1808, inmediatamente después de la abdicación de su padre, Carlos IV, tras el Motín de Aranjuez; y su reinado concluyó con su fallecimiento el 29 de septiembre de 1833. [1]

Fernando VII, rey nominal desde Aranjuez,[2]​ cautivo desde las abdicaciones de Bayona en 1808, sin embargo es reconocido como monarca legítimo de España durante la guerra de Independencia por las Juntas de Gobierno, la Regencia y las Cortes españolas y también por las Juntas americanas. Desde el 25 de julio de 1808, fecha de la proclamación de José I Bonaparte, hasta el retorno del cautivo Fernando VII, no hubo pues, rey efectivo en España.[3]​ Después de la derrota definitiva de José I Bonaparte, quien abandona Madrid el 27 de mayo de 1813, Napoleón reconoce a Fernando VII como rey de España mediante el Tratado de Valençay. El rey cautivo ya libre entra en España el 22 de marzo de 1814 por Figueras,[4]​ y ahora como rey efectivo, prometió restaurar las cortes tradicionales y gobernar sin despotismo. Fernando recibe el apoyo general de la población y el respaldo de 69 diputados de las Cortes, mediante el llamado Manifiesto de los Persas, que es presentado al rey el 16 de abril en Valencia, y con este apoyo, se proclama rey absoluto, decreta ilegales las Cortes de Cádiz, y toda su obra, lo mismo que todas las Juntas rebeldes surgidas en América. En los años siguientes, tras una sucesión de pronunciamientos liberales en la península ibérica, finalmente en 1820, se provoca la sublevación del ejército de Ultramar por Rafael Riego y Antonio Quiroga, que conduce a la reinstalación de las Cortes bajo el gobierno del Trienio Liberal, y la renuncia, de hecho, del esfuerzo de España contra la independencia de América. Se produce la reacción realista y la invasión de un ejército francés en 1823 que restaura a Fernando VII en el trono absoluto, hasta su muerte en 1833.

El rey deseado y primer liberalismo[editar]

El 11 de agosto de 1808 el Consejo de Castilla declaró nulas las Abdicaciones de Bayona. El 25 de septiembre de 1808, en una ceremonia celebrada en la capilla del Palacio Real de Aranjuez, se constituyó oficialmente la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino. La Junta Central estuvo vigente hasta el 30 de enero de 1810. Al disolverse la Junta, fue creado el Consejo de Regencia de España e Indias, a partir del cual se formaron las Cortes de Cádiz, que acabaron redactando la Constitución Española de 1812.

La primera asamblea constituyente o Cortes de Cádiz se instala en San Fernando el 24 de septiembre de 1810, posteriormente trasladada a Cádiz en 1811, durante la Guerra de la Independencia Española. En su primer decreto, las Cortes proclamaron que eran depositarias del poder de la Nación y que, por tanto, se erigían como poder constituyente, principio plasmado en el artículo tercero de la Constitución de 1812: "La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a esta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales". Dicha proclama entrañaba la creación de un orden jurídico y político nuevo, revolucionario, pues subvertía los fundamentos del pensamiento político tradicional, que atribuía la plena soberanía al Rey. También establecía un nuevo orden económico y social, pues la certeza de que todos los ciudadanos que integraban la Nación eran iguales en derechos y estaban sujetos a la misma ley obligaba a liquidar los privilegios estamentales que conformaban la sociedad del Antiguo Régimen.

El sexenio absolutista[editar]

«Que se rompe la cuerda», estampa n.º 77 de la sección «Caprichos enfáticos» de Los desastres de la guerra, alusiva a la restauración fernandina. Según indica Bozal[5]​ en este grabado se representa haciendo equilibrio a un alto representante eclesiástico que, en el dibujo preparatorio del Museo del Prado, representaba al Papa.

El 4 de mayo Fernando VII decreta ilegales las Cortes de Cádiz, y su obra legislativa, fundamentalmente la Constitución de 1812.

Muy pocas son las personas que manifiestan su hostilidad al monarca tras el decreto de 4 de mayo. Hay que tener en cuenta que la constitución de 1812 no beneficiaba en absoluto a los campesinos, ya que les quitaba la propiedad jurisdiccional de las tierras que les permitía hacer un uso usufructuario de las mismas, sin perjuicio de los impuestos que tenían que pagar al noble. Por esta razón, el campesinado apoyó a Fernando VII y posteriormente a su hermano Carlos que representaba la opción antiliberal. Tras la derogación de la constitución de 1812 (la Pepa), los militares liberales son trasladados y arrestados en África; y los disturbios en Madrid, de poca entidad, son acallados rápidamente por el ejército. Se restablece el Consejo de Castilla, se destituye a los alcaldes, se restablecen las capitanías generales, regresa la Compañía de Jesús el 15 de mayo de 1815, se reinstaura la Inquisición y se persigue a los afrancesados. Sin embargo, los campesinos no obtuvieron las ventajas que pretendían, y la nobleza acaparó la propiedad plena de la tierra, con lo que el campesino se convertía en un asalariado a partir de la promulgación de la constitución del 19 de marzo de 1812 que ya no se derogaría en este sentido. Esta reforma sobre la tierra benefició a la nobleza y sobre todo a la burguesía. Fernando VII nunca la derogó. Por todo ello, los campesinos pusieron al final sus esperanzas en la causa carlista. En España, no existe una revolución burguesa como en el resto de Europa. En España, hay una burguesía temerosa de la revolución y cuya mayor aspiración es adquirir un estatuto nobiliario. La burguesía española se alía con la nobleza y nunca con el campesinado que es el que, en realidad, tenía la fuerza para apoyar una revolución burguesa.

Algunos pronunciamientos liberales se sucedieron a lo largo de estos años contra el absolutismo fernandino, pero sin éxito: Espoz y Mina en 1814, Díaz Porlier en 1815 y el general Lacy en 1817 fueron los más destacados.

Sin embargo, el 1 de enero de 1820, el coronel Rafael de Riego en Las Cabezas de San Juan junto a otros oficiales liberales proclama la Constitución de Cádiz. El movimiento se debilita y en marzo está al borde del fracaso, pero en Galicia se producen varios levantamientos que se unen proclamando también la vigencia de la Constitución gaditana. El efecto es seguido en diferentes puntos de España. El 7 de marzo, los sublevados y el pueblo ocupan los aledaños del Palacio Real de Madrid por lo que el rey se ve obligado a aceptar la Constitución.

Trienio liberal[editar]

A la par que el nuevo gobierno restaura la Constitución de Cádiz, excarcela a los liberales, civiles y militares y regresan del destierro buena parte de los casi 4.000 denominados afrancesados, el rey conspira con sus fieles para dificultar la tarea de gobierno, agrupados en torno al Partido realista que llega a formar la denominada Regencia de Urgel en Cataluña como bastión para la restauración absolutista.

Reformas políticas[editar]

El enfrentamiento con los realistas era uno de los problemas con los que se enfrentaba el gobierno liberal, pero no el único. De todas formas, una parte de los objetivos se vieron cumplidos.

En el orden jurídico se realizó el primer Código penal moderno, se realizó el primer esbozo de división provincial de España y se estableció el servicio militar obligatorio.

En el orden económico se abolieron las aduanas interiores para facilitar el comercio, se eliminaron los privilegios de los gremios favoreciendo la libertad de industria, se desamortizaron bienes de la Iglesia católica y se reformó la hacienda pública siguiendo algunos de los criterios que ya habían sido apuntados por los ilustrados.

En el orden social se volvió a limitar el papel de la Inquisición que había sido reactivada por Fernando VII y se puso en marcha la educación pública gratuita en tres niveles, incluido el universitario.

La consolidación de la independencia americana[editar]

La Ilustración en España había llevado a los confines de América las nuevas ideas de progreso. La burguesía de la zona, tomando ejemplo la rebelión de las colonias británicas, aprovechó la Guerra de Independencia española para plantearse un futuro distinto del que esperaba a la península. El factor fundamental fueron los criollos, españoles nacidos en América, con gran poder económico, pero que se decían discriminados frente a los peninsulares en el terreno político y judicial, y que terminaron consiguiendo el apoyo del resto de clases sociales populares.

Desde 1808 se suceden declaraciones de autogobierno e independencia en Argentina, Venezuela, Colombia, Ecuador, Chile, México y Perú. La revolución de Riego y la sublevación del ejército de ultramar en Cádiz en el año 1820 señala el final del esfuerzo militar de los defensores de la monarquía española. En México se instala un imperio independiente. En América del sur, los Libertadores San Martín y Bolívar dirigen las tropas independentistas que combaten a los ejércitos españoles durante los años finales de la guerra. Las luchas de liberales y absolutistas se trasladan a América enfrentando a los Realistas entre sí, cuyos restos se baten finalmente en la batalla de Ayacucho en el año 1824. Una última expedición de reconquista llega a México bajo la dirección de Isidro Barradas en el año 1829 sin encontrar ya ningún apoyo popular.

Caída de los liberales[editar]

Las Cortes reunidas durante el Trienio liberal

El Gobierno liberal encontró dos resistencias a su política: la primera de los realistas, bien organizados y dirigidos por el propio monarca, incluyendo a la Iglesia, exaltada sobre todo tras el proceso de desamortización y cierre de las órdenes eclesiásticas militares. Incluso se llegó a establecer la llamada Regencia de Urgel integrada por el marqués de Mataflorida (presidente de la regencia) y dos vocales, Jaime Creus Martí (arzobispo de Tarragona) y el barón de Eroles. La regencia argumentaba que el rey no era libre para gobernar y que se encontraba preso de los "negros" (liberales).

Por otro lado, un amplio sector también denominado liberal, los "exaltados", mucho más radical, contrario al mantenimiento de la monarquía y que controlaba buena parte de la prensa. En este ambiente, y tras las elecciones a Cortes de 1822 que dieron la victoria a Riego y con una Europa sacudida por movimientos democratizadores que cuestionaban el orden interno de los estados, Fernando VII, apoyado en las tesis del Congreso de Viena, se unirá a la Santa Alianza formada por Rusia, Prusia, Austria y Francia para la reinstauración del absolutismo. Tras la caída del gabinete moderado de Francisco Martínez de la Rosa a raíz de la Sublevación de la Guardia Real la situación se radicalizó. En 1822 la Santa Alianza decide intervenir en España, al igual que había hecho en Nápoles y Piamonte y el 22 de enero se firma un tratado secreto que permitirá a Francia invadir España.

La Década Ominosa[editar]

Bien públicos y notorios fueron a todos mis vasallos los escandalosos sucesos que precedieron, acompañaron y siguieron al establecimiento de la democrática Constitución de Cádiz en el mes de marzo de 1820; la más criminal situación, la más vergonzosa cobardía, el desacato más horrendo a mi Real Persona y la violación más inevitable, fueron los elementos empleados para variar esencialmente el gobierno paternal de mis reinos en un código democrático, origen fecundo de desastres y de desgracias. (...)

(...) Sentado ya otra vez en el trono de San Fernando por la mano sabia y justa del Omnipotente, por las generosas resoluciones de mis poderosos aliados y por los denodados esfuerzos de mi primo, el duque de Angulema y su valiente ejército, deseando proveer el remedio a las más urgentes necesidades de mis pueblos, y manifestar a todo el mundo mi verdadera libertad he venido en decretar lo siguiente:
1º. Son nulos y de ningún valor los actos del gobierno llamado constitucional (de cualquier clase y condición que sean) que ha dominado a mis pueblos (...), declarando, como declaro, que en toda esta época he carecido de libertad; obligado a sancionar las leyes y a expedir las órdenes, decretos y reglamentos que contra mi voluntad se meditaban y se expedían en el mismo gobierno.
2.° Apruebo todo cuanto se ha decretado por la Junta Provisional de gobierno y por la Regencia del Reino. (...)

Puerto de Santa María, 1 de octubre de 1823,

Los Cien Mil Hijos de San Luis[editar]

El 7 de abril de 1823, Francia invadía España con un ejército al que se denominará los Cien Mil Hijos de San Luis y que solo soportará algo de resistencia del ejército liberal en Cataluña, pudiendo entrar en Madrid con comodidad. El gobierno liberal huye a Andalucía y se refugia en Cádiz, manteniendo a Fernando VII como rehén. Sitiados por los franceses, el gobierno legítimo negocia la rendición a cambio de la jura por el rey del respeto a los derechos de los españoles, cosa que hace el monarca.

Represión realista[editar]

El mismo 1 de octubre de 1823, sintiéndose arropado por las tropas francesas, Fernando VII vuelve de nuevo a suspender la Constitución de Cádiz y declara ilegales y "nulos y de ningún valor" todos los actos de gobierno y normas dispuestas en el Trienio Liberal. Por segunda vez, el rey deja de cumplir su promesa.

Rafael de Riego, Juan Martín Díez «El Empecinado», Mariana Pineda y otros muchos liberales son ejecutados; el exilio es el camino de muchos de los que habían vuelto de Francia convencidos de las bondades del Trienio Liberal (Goya será el más claro exponente) y la represión alcanza todos los rincones de la península. El propósito era regresar a modelos, no ya propios de los tiempos anteriores a la Guerra de la Independencia, sino a modelos en los que el despotismo ilustrado tampoco tenía papel alguno.

La Inquisición se ve superada por los Tribunales de Fe Diocesanos, instrumento creado por el ministro de Gracia y Justicia, Francisco Tadeo Calomarde, para extender la represión a todos los órdenes.

Crisis y sucesión[editar]

Hacia 1832 la crisis económica y el problema sucesorio se plantean en toda su crudeza. Los intentos por liberar la economía dentro de un régimen absolutista han fracasado. A ello se suma el problema sucesorio. Aunque las mujeres no estaban excluidas de la línea sucesoria, gracias a la derogación de la Ley Sálica en 1789 por Carlos IV, y Fernando VII contaba con dos hijas, la princesa Isabel era la primogénita, había un movimiento por la entronización del hermano del monarca, Carlos María Isidro de Borbón encabezados por los absolutistas más recalcitrantes. La enfermedad del rey había convertido a María Cristina de Borbón en Regente. Con habilidad, buscó la alianza de los liberales a cambio de la promesa de que con su hija Isabel se retomaría un rumbo constitucional moderado de corte liberal. La muerte de Fernando VII en 1833, la auto proclamación de Carlos como rey y el mantenimiento de la princesa Isabel como legítima heredera, abrirá el periodo de las Guerras carlistas por la sucesión de la corona, y el fin del período absolutista.


Predecesor:
España durante la Guerra de Independencia
España y Portugal.jpg
Periodos de la Historia de España

Restauración absolutista en España
Sucesor:
Reinado de Isabel II

Notas[editar]

  1. Aportaciones históricas y jurídicas sobre el reinado de Fernando VII. Madrid: Universidad Rey Juan Carlos. 2019. p. 133. «El reinado de Fernando VII se desenvolvió a lo largo de veinticinco años de enorme inestabilidad política y complejidad jurídica e institucional. Se inició con el golpe de Estado que protagonizó este monarca contra su padre, Carlos IV, y el valido Manuel Godoy, conocido como Motín de Aranjuez, en marzo de 1808; y concluyó con el fallecimiento de Fernando VII, el 29 de septiembre de 1833.» 
  2. Agustín Argüelles (1776-1844): padre del constitucionalismo español. Ediciones Atlas. 1990. p. 94. «“Fernando VII (ya rey nominal de España desde el 19 de marzo de 1808 en Aranjuez)”». 
  3. Miguel Morayta (1908). Las Constituyentes de la República española. p. IV. 
  4. «El regreso a España del rey Fernando VII, 'el Deseado'». MuyHistoria.es. 13 de marzo de 2018. Consultado el 17 de julio de 2020. 
  5. Valeriano Bozal, Francisco Goya, vida y obra, (2 vols.) Madrid, Tf., 2005, vol. 2, pág. 127. ISBN 84-96209-39-3.