Referéndum de Quebec de 1995

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Referéndum sobre la soberanía de Quebec
¿Acepta usted que Quebec sea soberano después de haber ofrecido formalmente a Canadá una nueva asociación económica y política en el marco del Proyecto de Ley sobre el futuro de Quebec y del Acuerdo firmado el 12 de junio de 1995?
30 de octubre de 1995

Demografía electoral
Hab. inscritos 5,087,009
Votantes 4,757,509
Participación
  
93.52 %
Votos válidos 4,671,008
Votos nulos 86,501

Resultados
  
49.42 %
No
  
50.58 %

El referéndum de Quebec de 1995 fue promovido por el gobierno de Quebec para decidir la independencia de esta provincia respecto a Canadá. La votación se celebró el 30 de octubre de 1995 y dio un resultado contrario a la independencia por un estrecho margen.

Antecedentes[editar]

Pese al fracaso de los separatistas en el referéndum de 1980, el Partido Quebequés (PQ) ganó de nuevo las elecciones de 1981 a la Asamblea Nacional de Quebec. El primer ministro de Canadá Pierre Trudeau aprovechó la debilidad del ejecutivo provincial para impulsar una reforma del Acta de la Norteamérica británica que dio lugar a una nueva Constitución de Canadá que incluía una declaración de derechos pero no incorporaba las principales reivindicaciones del nacionalismo quebequés. Esto hizo que muchos quebequeses se sintieran decepcionados y hasta traicionados por el ejecutivo federal.[1]

En 1985 retornó al gobierno provincial Robert Bourassa, del antiindependentista Partido Liberal de Quebec (PLQ), e intentó llegar a un acuerdo con las autoridades canadienses que lograra el apoyo de Quebec a la Constitución a cambio de ciertas contrapartidas. Pero el Acuerdo del Lago Meech de 1987 no llegó a buen término debido a la negativa a ratificarlo de dos provincias. Tampoco el Acuerdo de Charlottetown de 1992 fructificó al ser rechazado en referéndum tanto en el conjunto del Canadá como en la propia Quebec. Así las cosas, el Partido Quebequés volvió al gobierno provincial tras las elecciones de 1994 gracias a una ajustada victoria en votos frente a los liberales, y lo hizo con el compromiso de volver a someter de nuevo a referéndum la cuestión de la soberanía.[2]

Convocatoria[editar]

Pese a su promesa electoral, el Partido Quebequés tuvo dudas acerca de la convocatoria del referéndum debido a lo ajustado de su victoria y a que los sondeos no otorgaban mayoría a los partidarios de la independencia. Su líder, Jacques Parizeau, volvió a prometer una estrecha relación con el resto de Canadá y la estabilidad de las relaciones internacionales, tal como se había hecho en el referéndum de 1980. Pero compensó esas premisas propias de un enfoque blando con la presentación de un proyecto de Ley de Soberanía. Sin embargo, Lucien Bouchard, lider del Bloc québécois (BQ), pidió una estrategia más moderada que evitara el alejamiento de los nacionalistas más "suaves". Finalmente, el 12 de junio de 1995 el PQ firmó un acuerdo con el BQ y con Acción Democrática (ADQ) por el que las tres fuerzas se comprometían a someter a referéndum su proyecto de soberanía-asociación.[3][4]


A finales de septiembre la Asamblea Nacional de Quebec convocó el referéndum para el 30 de octubre de 1995 con la siguiente cuestión:

¿Acepta usted que Quebec sea soberano después de haber ofrecido formalmente a Canadá una nueva asociación económica y política en el marco del Proyecto de Ley sobre el futuro de Quebec y del Acuerdo firmado el 12 de junio de 1995?

La redacción de la pregunta fue inmediatamente criticada por el gobierno federal y los sectores contrarios a la independencia.[5]

La campaña[editar]

La campaña comenzó con cierta frialdad. Los votantes estaban cansados por tantos años de debates constitucionales, las primeras encuestas eran claramente favorables al NO —46% contra 54%— y la discusión se centró en cuestiones económicas. En este sentido, los partidarios del SÍ afirmaron reiteradamente que Canadá aceptaría firmar un acuerdo de asociación de tipo confederal con un Quebec independiente que permitiría seguir usando el dólar canadiense, establecer una doble ciudadanía y mantener una unión económica. Sin embargo, los sondeos comenzaron a ofrecer una cierta igualdad de las dos opciones a finales de septiembre. Y a comienzos de octubre la situación dio un giro cuando el líder del BQ, Lucien Bouchard, sustituyó en la dirección de la campaña por el SÍ al líder del PQ Jacques Parizeau. Bouchard reemplazó los argumentos económicos por un lenguaje sentimental que apelaba al orgullo de los quebequeses como nación. Al mismo tiempo, se incidió en las supuestas consecuencias negativas que la victoria del NO podría tener para la mayoría francófona de la provincia, ya que conllevaría peligro para la supervivencia de la lengua francesa y el riesgo de que el gobierno federal redujera el presupuesto destinado a la provincia. El líder del PLQ, Daniel Johnson, se mostró incapaz de cotrarrestar lo que algunos denominaron «efecto Bouchard». Las encuestas cambiaron de signo y ofrecían una victoria del SÍ por un promedio de 53% a 47% en la segunda quincena de octubre.[6]

El cambio de tendencia de voto provocó la alarma en el bando antiindependentista. El primer ministro federal, el liberal Jean Chrétien —él mismo quebequés— se comprometió a impulsar ciertas reformas que dieran satisfacción a las demandas quebequesas: un reconocimiento diferencial de Quebec, la concesión del derecho a veto en ciertas reformas constitucionales y la transferencia de determinadas competencias. El 27 de octubre se celebró en Montreal una multitudinaria manifestación a favor de la unidad de Canadá a la que no solo asistieron quebequeses sino también personas procedentes de otras provincias. De esta manera, la campaña finalizó con una total incertidumbre respecto a cuál sería el resultado de la votación.[7]

La votación[editar]

Resultado por distritos. En tonos azulados, el SÍ; en tonos rojizos, el NO.

El 30 de octubre los quebequeses acudieron a votar en gran número; más de un 93,5% del censo depositó su papeleta en la urna. El resultado fue muy ajustado: un 49,42% votó a favor y un 50,58% en contra. El voto independentista había aumentado casi nueve puntos desde el referéndum de 1980. Las encuestas y análisis del voto sugieren que 60% de los francófonos votaron a favor de la independencia, mientras que los no francófonos —anglófonos, minorías indígenas y ciudadanos de otras procedencias— votaron en contra de forma casi unánime (95%). Desde un punto de vista territorial, el NO se impuso en el área metropolitana de Montreal, los distritos situados al oeste de esta ciudad, Estrie y Outaouais.[8][9]

Consecuencias[editar]

Jacques Parizeau hizo unas polémicas declaraciones la misma noche del 30 al 31 de octubre en las que culpaba del resultado al «voto étnico y al dinero», en alusión a las minorías y a los empresarios. El comentario fue muy criticado incluso dentro del propio Partido Quebequés. Parizeau anunció su dimisión como líder del PQ al día siguiente. Por su parte, Lucien Bouchard dijo que había que aceptar democráticamente el resultado, pero afirmó que habría una próxima vez y que esta sería definitiva. Finalmente, Bouchard fue elegido sustituto de Parizeau al frente del PQ. En cuanto a los partidarios de continuar en la federación, lo ajustado de su victoria y la consciencia de encontrarse en una situación muy delicada hicieron que se abstuvieran de celebrar su estrecha victoria.[10]

El gobierno federal del liberal Jean Chrétien promovió la adopción de tres medidas tendentes a satisfacer las aspiraciones quebequesas:

  • Antes de finalizar el año 1995, el Parlamento canadiense aprobó una declaración sin valor legislativo que afirmaba que «Quebec forma, dentro de Canadá, una sociedad distinta» y que la Cámara de los Comunes y el Senado «incitan a los poderes legislativos y ejecutivos a tomar nota de tal reconocimiento y a actuar en consecuencia». Además, el ejecutivo manifestó su voluntad de incluir en el futuro un texto similar en la Constitución.
  • Igualmente hizo aprobar una ley federal que establecía que el gobierno vetaría cualquier reforma constitucional que no tuviera la aprobación de Quebec, Ontario, Columbia Británica, dos de las cuatro provincias atlánticas o dos de las tres provincias centrales, en los dos últimos casos, siempre que representen a la mitad de la población.
  • Por último, el Gobierno anunció determinadas medidas de «modernización» del sistema federal tendentes a ampliar las competencias provinciales e incrementar el diálogo entre gobierno federal y provincias.

Estas medidas no satisficieron las aspiraciones del nacionalismo quebequés por no tener valor legal o estar expuestas al cambio de la coyuntural mayoría parlamentaria. Los nacionalistas exigían cambios de rango constitucional.[11]

En sentido inverso, los contrarios al independentismo quebequés pidieron a las instituciones federales que se adoptaran diversas medidas de cara a clarificar un eventual nuevo proceso soberanista. Las principales, conocidas como «Plan B» eran las siguientes:

  • Que la pregunta sometida a referéndum tuviera que ser aprobada por las instituciones federales para evitar manipulaciones por parte de los soberanistas.
  • Que se exigiera una mayoría cualificada —superior al 50% más uno— de votos favorables a la independencia para que esta pudiera prosperar.
  • Que un eventual resultado positivo en Quebec tuviera que ser nuevamente sometido a referéndum en el conjunto de Canadá.
  • Que el Tribunal Supremo canadiense fuera consultado acerca de las normas jurídicas aplicables al proceso de secesión.
  • Que, si se diera un resultado favorable a la independencia, cualquier acuerdo entre Quebec y el resto de Canadá tuviera que ser aprobado mediante el procedimiento establecido para las modificaciones constitucionales; es decir, por unanimidad de las provincias.
  • Que un eventual Quebec soberano tuviera que hacerse cargo de la parte de la deuda nacional proporcional a su población.
  • Que se reconociera el derecho de secesión respecto a Quebec de las regiones que votasen en contra de la secesión, pudiendo las regiones fronterizas con otras provincias seguir perteneciendo a Canadá.
  • Que el gobierno canadiense hiciera pública su intención de no firmar ningún acuerdo de asociación con un eventual Quebec independiente.

El ejecutivo canadiense no quiso adoptar medidas que pudieran excitar más el nacionalismo quebequés, por lo que en octubre de 1996 se limitó a pedir al Tribunal Supremo un dictamen que aclarase si una eventual secesión de Quebec sin el acuerdo de las instituciones federales sería contraria a la Constitución o al Derecho internacional; y, en caso de contradicción entre el Derecho nacional y el internacional, cuál de los dos debería prevalecer.[12]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Fossas y Woehrling, 1997, pp. 132-133.
  2. Fossas y Woehrling, 1997, p. 133.
  3. Fossas y Woehrling, 1997, pp. 133-134.
  4. Rodríguez Prieto, 2018, pp. 24-25.
  5. Fossas y Woehrling, 1997, p. 134.
  6. Fossas y Woehrling, 1997, pp. 134-135 y 153.
  7. Fossas y Woehrling, 1997, p. 135.
  8. Fossas y Woehrling, 1997, pp. 135-136.
  9. Gall, Gerald L. (2015). «Québec Referendum (1995)». The Canadian Encyclopedia (en inglés). Toronto. Consultado el 3 de julio de 2019. 
  10. Fossas y Woehrling, 1997, pp. 136-137.
  11. Fossas y Woehrling, 1997, pp. 146-148.
  12. Fossas y Woehrling, 1997, pp. 149-150.

Bibliografía[editar]