Reconquista (Colombia)

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Reconquista española, o simplemente Reconquista, es el nombre del periodo de la historia de Colombia que comienza con la llegada de Pablo Morillo al territorio de la Nueva Granada en 1814 con el fin de reinstaurar el virreinato y las campañas libertadoras en 1819.

Antecedentes[editar]

Fernando VII, restituido en el poder en 1814, se niega a mantener cualquier iniciativa de conciliación con el proceso de Independencia y decide someter a los rebeldes mediante el empleo de la fuerza militar.

Disueltas las juntas de Cádiz, ordena la formación de una gran expedición de reconquista (conocida en España como la Restauración, para distinguirla de su propia Reconquista) de la Nueva Granada y de Venezuela, cuya dirección quedará a cargo de Pablo Morillo, y el restablecimiento del Virreinato de Nueva Granada en cabeza de Juan de Sámano. Para este fin, en 1815 Pablo Morillo recibe en Cádiz las tropas desde los puertos de Sevilla y Barcelona en España. El 17 de febrero de 1817 zarpa la flota y cruzando el Atlantico llega primero a Venezuela y luego al puerto de Cartagena de Indias de donde se aventuran sus tropas para los bloqueos de los puertos de La Dorada y Puerto Salgar llegando a Santafé de Bogotá.

Durante la reconquista de Nueva Granada, Pablo Morillo detuvo su política de indultos al quedar conmocionado tras recibir la noticia de haber sido engañado por el general Juan Bautista Arismendi, gobernador de la isla Margarita, al que había perdonado la sentencia de muerte, y que sin embargo se rebelaba aprovechando su partida, pasando a cuchillo a toda la guarnición española. Francisco Tomás Morales había advertido a Morillo que no creía en el arrepentimiento de los caudillos rebelados por la ferocidad desatada contra los españoles de Caracas en la Guerra a Muerte. Adicionalmente el Congreso de Nueva Granada había aprobado los usos de la Guerra Muerte en Venezuela contra los combatientes españoles, además del apresamiento de cualquier español.[1] [2]

Pablo Morillo, el Pacificador[editar]

En 1815, tras cinco años de guerra, Fernando VII envía desde España para luchar contra los patriotas la fuerza expedicionaria más fuerte que haya cruzado el Atlántico en todo el conflicto americano (aunque otro ejército español reunido en 1820 fue mucho más potente pero no partió a luchar contra los patriotas porque se rebelaría en los puertos españoles contra Fernando VII).[3] [4] La expedición se conformaba por más de 12.000 hombres y unas 66 naves (18 barcos de guerra incluyendo el navío de línea San Pedro Alcántara). Su comandante fue Pablo Morillo, un experimentado general veterano de las guerras napoleonicas.[5]

El sitio de Cartagena[editar]

En agosto de 1815 Pablo Morillo inicia el sitio de Cartagena de Indias, una de las principales ciudades de la Nueva Granada y poderosa plaza fortificada. Sus habitantes la defendieron durante 106 días, al cabo de los cuales se rindieron a causa de los estragos que causó el hambre y la miseria que provocó el sitio. Se dice que murieron 6.000 personas en menos de cuatro meses. Según narra el general Daniel Florencio O'Leary, uno de los sobrevivientes, para aplacar el hambre, "...llegaron a comer ratas, gatos, y hasta cuero de vaca remojado en agua salada de mar".

Un soldado español comentaba que cuando las puertas se abrieron, “no vieron hombres sino esqueletos; hombres y mujeres, vivos retratos de la muerte, se agarraban a las paredes para andar sin caerse. Tal era el hambre horrible que habían sufrido”.

En el mes de febrero de 1816, Morillo hizo fusilar en Cartagena a los 9 primeros líderes patriotas. Empezaba así el llamado "Época del Terror", llamado así por la brutal manera como los españoles contuvieron el proceso de Independencia.[6]

El régimen del terror[editar]

En mayo de 1816, Morillo llega a Santafé de Bogotá y siguiendo las normas de guerra establece tres tribunales militares:

1º. El Consejo de Purificación, ante el cual debían presentarse los que estaban comprometidos en la revolución pero no habían cometido delitos de sangre. A estos se les aplicaban medidas más benignas aunque podían incluir el destierro o el servicio en las tropas del rey.

2º. La Junta de Secuestros, encargada de reunir bienes para el mantenimiento del ejército, a través de contribuciones o sentenciados.

3º. El Consejo de Guerra permanente que tenía por objeto juzgar a los patriotas que hayan cometido delitos de sangre.

Los ajusticiamientos comenzaron con las figuras más destacadas del movimiento independentista: políticos, militares, intelectuales y funcionarios del gobierno republicano que se había establecido desde 1810. Siguió luego con sujetos catalogados como informantes o colaboradores, entre los cuales estaban varias mujeres, como la recordada Policarpa Salavarrieta y Antonia Santos. Entre los desterrados por el Consejo de Purificación figuraron más de 90 sacerdotes.

Entre los condenados a muerte se destacan Antonio Villavicencio, natural de Quito, acusado de haber sido el causante indirecto de la disputa que dio origen al derramamiento de sangre del 20 de julio de 1810, y José María Carbonell, uno de los agitadores de verbo encendido durante esa jornada y miembro del gobierno patriota. Las penas capitales se dan en distintas ciudades y poblaciones del país. Uno de los sitios para los fusilamientos en la capital fue la llamada "Huerta de Jaime", hoy la Plaza de Los Mártires. Allí cumplieron sentencia de muerte varios de los principales líderes de la revolución, tales como don Camilo Torres, fusilado de cara y expuesto por varios días a la intemperie. Otro de los fusilamientos destacados fue el del científico y militar, el coronel de ingenieros Francisco José de Caldas, conocido como el "Sabio" Caldas, el 29 de agosto de 1816. Una tradición sostiene que ante las peticiones de clemencia, Pablo Morillo contestó: "España no necesita de sabios". El coronel Caldas no fue fusilado de cara sino de espalda -delito de traición al rey-.

Conclusión[editar]

Una de las características de la Reconquista española de la Nueva Granada fue que se orientó a castigar con fuerza a los caudillos del movimiento criollo que lideraba el independentismo, dejando a un lado a los sectores populares, a quienes se consideraba como simples títeres de los primeros. Se llegó a pensar que la causa estaba liquidada dado que se trató de acabar con todo caudillaje patriota.

Algunos historiadores latinoamericanos arguyen que sin embargo, que la furia de la Reconquista hizo que muchos dubitativos e inclusos contrarios a la independencia se unieran a la causa patriota, de modo que el efecto logrado fue precisamente el contrario de los gestores de la campaña: generalizar el deseo de independizarse de España. Sin embargo el territorio neogranadino quedó pacificado hasta la invasión de Bolívar en 1819.

Por otra parte, la rápida caída del gobierno establecido tras la Reconquista da a entender que España no contaba con las fuerzas necesarias para restablecer su imperio, al menos por la vía militar. De hecho, la única expedición grandes proporciones enviada a América fue la de Pablo Morillo en 1815, que aunque bastó para someter a todo el territorio de la Nueva Granada, Bolívar vuelve a apoderarse de ella nuevamente. La otra expedición española de mayor envergadura organizada por el Conde de Calderón se sublevó en Cabezas de San Juan en 1820.

La idea de la sublevación contra el poder colonial español se explica de diversas formas. Una es la construcción historiográfica de ruptura radical con un pasado, que de la noche a la mañana pasó a ser indeseable y estigmatizado. Sin embargo todas las etnias, y sociedades, reaccionaron en cada área guiados por el mantenimiento de sus intereses y privilegios, oscilando desde la rebelión abierta (Río de la Plata, Nueva Granada y Venezuela, por ejemplo) hasta el alineamiento con el poder virreinal (Perú, Nueva España); estas diferentes actitudes hacia la metrópoli ayudan también a explicar la balcanización de América y los límites territoriales de las nuevas repúblicas, que pocas veces coinciden con las demarcaciones virreinales de la época colonial, aunque en unos casos se corresponden con las Provincias españolas de América de la constitución de Cádiz de 1812.

Referencias[editar]

  1. "el comprimiso era pasar por las armas a todo español culpable o no. Bolívar aceptó la fórmula de Briceño en Cúcuta, con modificaciones". Historia de Venezuela; vol 5; pp 151. Guillermo Morón, 1971. [1]
  2. "Ambos jefes aceptaron el convenio de Cartagena(20 de Marzo)".Spanish Reader of South American History;pp 60. Edward Watson.2008 [2]
  3. "Bolivar, Simon" Encyclopædia Britannica. 2007. Encyclopædia Britannica Online. 23 de julio de 2007
  4. <http://www.britannica.com/eb/article-8289>
  5. Cuando se inició la revolución estadounidense en los años 1775-76 el Reino Unido desplegó inmediatamente una flota que incluía 39 Navíos de guerra y un ejército expediciónario de 25 000 hombres.
  6. Bicentenario del Inicio del Movimiento de la Independencia de Colombia. Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales, Bogotá.

Bibliografía[editar]

  • Gómez Hoyos, Rafael. La revolución granadina de 1810: ideario de una generación y de una época, 1781-1821. Bogotá, 1972 (2 vols.)
  • Guerra, François-Xavier (dir.) Las revoluciones hispánicas: independencias Americanas y liberalismo español. Madrid, Universidad Complutense, 1995.
  • Ibáñez, Pedro María. Crónicas de Bogotá". Bogotá, Biblioteca Luis Angel Arango, Banco de la República, 2004. .
  • Liévano Aguirre, Indalecio. Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia. Tomos I y Tomo II. Bogotá, Biblioteca Luis Angel Arango, Banco de la República.
  • Lynch, John. América Latina, entre Colonia y nación. Barcelona, Crítica, 2001.


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