Racialismo catalán

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El racialismo catalán o racismo catalán, es una corriente de opinión creada por algunos intelectuales catalanes del siglo XIX y XX, basada en el racismo científico, que afirmaba la superioridad racial de los catalanes frente a los castellanos. [1][2]

Antecedentes y contexto[editar]

Caricatura de la revista satírica La Flaca del 3 de marzo de 1873 sobre la pugna entre los radicales, que defienden la república unitaria, y los republicanos federales que defienden la federal. Y también sobre la pugna entre los federales «transigentes» e «intransigentes».

La pérdida de las últimas colonias, Cuba y Filipinas, a manos del ejército estadounidense, el llamado desastre del 98, lo que tuvo diversas consecuencias en el paisaje político y cultural español, aparte de la evidente pérdida de las colonias. Aparecieron diversas recetas para la solución de la decadencia española y el Ser de España, entre ellas el Regeneracionismo, pero también los nacionalismos catalán y vasco. Los nacionalistas catalanes se sentían atrapados en una España débil, atrasada y decadente, que no era capaz de progresar, lastre del que se tendrían que librar para convertirse en una sociedad moderna.[1]

De acuerdo a Joan-Lluis Marfany, «el racismo los impregnaba a todos [los protagonistas de la Renaixença], como impregnaba a toda la cultura de la época».[2]

La raza histórica[editar]

Lo catalanisme (1886). Selecciona la imagen para leer el original en catalán.

El primero en introducir un elemento racial en su discurso catalanista fue Valentín Almirall, a partir de 1879.[3]​ En una crítica a Pi y Margall, que se oponía claramente al pensamiento racial, Almirall afirmó que «Pi no cree en los factores geográficos —ríos y montañas como fronteras—, lingüísticos, raciales, históricos, etc. como constituyentes de las nacionalidades, ya que los considera mudables, limitados en el tiempo y hasta 'sin base racional lógica'.»[4]​ En 1879, en el artículo «Los Ministres catalans» publicado en Diari Català, Almirall afirma,[5]

No solamente la naturaleza, sino hasta la historia nos dice que España está formada por dos grupos completamente distintos. El grupo Central y Mediodía, compuesto de razas imaginativas, aventureras, impresionables y volubles, ha tenido sus días de gloria, como lo tienen todas las razas; pero su gloria ha sido tan efímera, que sólo ha durado lo que dura una excitación nerviosa. El grupo del Norte, en cambio, el grupo que podríamos llamar pirenaico, nunca se distinguió por su imaginación ardiente ni por sus golpes de efecto, pero ha sido siempre más meditativo, más sólido y más trascendental en sus proyectos.
[...] España se ha ido empequeñeciendo desde que las circunstancias hicieron que la raza menos pensadora y menos ilustrada de la Península fuera la que dominara. [...] iremos de mal en peor hasta tanto que por un medio o por otro logremos —los catalanes hablan— que el grupo pirenaico de España, tenga en la cosa pública tanta influencia, por lo menos, como el grupo central o del Mediodía. [...] cre[o] firmemente que, el elemento de población que hoy representa Cataluña, es el único que puede cambiar la marcha desastrosa de la política española.
Almirall (1879), «Los Ministres catalans»

En 1886 publicó L'Espagne telle qu'elle est en Montpellier, reeditada en castellano en Barcelona en 1886 bajo el título, España tal como es, en el que desarrolla su pensamiento: ambos grupos raciales, el central-meridional y el pirenaico, estarían en decadencia, pero conservarían cualidades diferentes; de los centrales quedaría «el espíritu de absorción, de reglamentación, de dominio», del pirenaico, «la rudeza, los apetitos terrenales, el egoísmo celoso. Y es que los catalanes y los vascos son los trabajadores de España.»[6]​ Ese mismo año, 1886, Almirall publicaría su principal texto doctrinal, Lo Catalanisme, en el que caracteriza a la raza castellana como un Don Quijote, «es [d]el tipo generalizador sin base de observaciones propias ni recogidas por el estudio. Cree que todo puede reducirse a una fórmula simple e indiscutible. Con divagación bien vestida pretende resolver el más intrincado problema, y trata a continuación de imponer la solución a los demás»; la «agrupación nor-oriental», en el que se incluye el «tipo» catalán, sería «el reverso de la medalla». Cataluña se habría degenerado y desnaturalizado, es decir, castellanizado, tras su unión con Castilla: los vicios y defectos catalanes habrían venido desde Castilla y podrían solventarse tras la reivindicación particularista.[7]

Almirall no es «biologicista», sino «culturalista», es decir, habla de la cultura y las costumbres, el espacio físico y geográfico, no de las características intrínsecas e invariables heredadas. Otros autores catalanes, como Prat de la Riba o Rovira i Virgili también emplearon el término «raza» desde un punto de vista cultual, siempre para señalar las diferencias y la oposición entre pueblos.[2]

En 1887, Gener publicó Heregias (sic). Estudios de crítica inductiva sobre asuntos españoles por P.G. (Fernando Fé, Madrid). En Heregias, Gener, que en esa época todavía no había descubierto el catalanismo y todavía empleaba la «raza» en un sentido histórico, «raza histórica», aplica las doctrinas raciales a España y entronca con el concepto de «nacionalidad».[8]​ Consideraba la existencia de una «raza catalana» distinta y superior, «cada catalán tiene un rey en el cuerpo», que habría dado a su literatura la energía, el vigor y la dureza características. Al contrario que la «raza castellana», en la que la «falta de oxígeno y de presión atmosférica; la mala alimentación» y las conocidas influencias semíticas y presemíticas («los andaluces»), determinarían una lengua impropia para la gran literatura.[8]​ Dichas supuestas características genéticas, bereberes y semíticas, del centro de la península configurarían para Gener, según recoge Martínez Hoyos, otras cualidades como la «morosidad», el «desprecio del tiempo», la «mala administración» o el «caciquismo».[1]


El racialismo[editar]

El racialismo fue traído desde París por Pompeyo Gener, influenciado por Jules Soury y la Société d'Anthropologie de Paul Broca.[8]​ Hacia 1900, Gener habría completado un giro hacia el catalanismo y en su reedición de Heregias fue ampliada con la «cuestión catalana»: sería simplemente un litigio entre razas. Para salvar a la raza catalana de su declive, habría que reforzar los elementos primigenios arios, celtas, latinos o incluso vascos, y purificarla de elementos castellanos, es decir, elementos semíticos y presemíticos.[8]​ La inferioridad de la raza castellana provendría de los «elementos étnicos», pero también de «el excesivo calor y el extremo frío e [sic] las alturas yermas, los terremotos de ciertas comarcas, y sobre todo la sequedad del suelo.»[8]​ «La atmósfera de Madrid es pobre en helio y argón» y en sus aguas faltan el «krypton, el neón y el xenon», por lo que debería dejar de ser la capital de España.[8]​ En definitiva, «conocemos [los catalanes] que somos Arios europeos y que como hombres valemos más en el camino del Superhombre[8]​ En su pensamiento,

Así, conviene á los centrales el socialismo nivelador, la democracia unitaria, que prepara la raza de proletarios habladores y pobres de voluntad, hábiles, pero que tienen la necesidad de quien les dirija y les mande, de jefes, de amo, de una ú otra forma; en una palabra, una raza de esclavos en el sentido más profundo de la frase. Y, en cambio en Cataluña y sintetizada ésta por los Supernacionales, la tendencia es diametralmente opuesta. El ciudadano tiende á robustecer su yo. El obrero es ácrata. En nuestra raza abundan los individuos diferenciados; los de excepción, y el hombre es cada día más fuerte, más vital y más rico de dinero, y de inteligencia que es más, cual nunca lo haya sido hasta el presente, gracias á la falta de prejuicios nacionales, gracias á su comunicación con todo lo notable de las demás naciones, gracias á la enorme multiplicidad de pensamiento y de práctica, de arte e industria.
Pompeyo Gener, Herejías, op. cit. Caja (2009), p.112

Pompeu Gener (Heregías 1887): «En España, la población puede dividirse en dos razas. La aria (celta, grecolatina, goda) o sea del Ebro al Pirineo; y la que ocupa del Ebro al Estrecho, que, en su mayor parte, no es aria sino semita, presemita y aun mongólica [gitana] (…) Nosotros, que somos indogermánicos, de origen y de corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores».[9]

Enric Prat de la Riba: «Cataluña tiene la fuerza de la prosperidad económica, con su acompañamiento natural de energías intelectuales, morales y artísticas; la tiene menos intensa, es verdad, que las naciones extranjeras bien gobernadas; pero es, con contadas si bien honrosas excepciones, prácticamente la única dentro de España, la principal representante de la civilización europea en ese fajo mal atado de kabilas africanos que el Estado español encarna», escribió en «La Veu de Catalunya».[10]

Bartomeu Robert, el llamado «Doctor Robert», fue un importante médico y político catalanista de Barcelona. Robert realizó una conferencia que impartió en el Ateneo de Barcelona el 14 de marzo 1899 con el título «La raza catalana», que interrumpió «debido a lo avanzado de la hora» y que no retomó «para no dar lugar a malas interpretaciones por parte de la prensa madrileña». Las ideas sobre la configuración craneana en la Península que Robert presentó en la conferencia parece que fueron manipuladas por el diputado Romero Robledo para atacar al gobierno de Silvela y dieron una idea equivocada de lo que había sido la conferencia. En consecuencia, autores de la talla de Menéndez Pidal o Ernest Lluch lo consideraban como el representante más extremo del racismo catalán basado en la craneometría.[11]

En 1907 el catalán Francisco Jaume, autor de El separatismo en Cataluña, comentaba:

Los separatistas catalanes han empezado por ejercer de verdaderos demagogos, adulando la vanidad de los catalanes. No han cesado de insistir en la pretendida inferioridad de los castellanos. Que formamos dos razas distintas y aun opuestas: entre las cuales ellos, los castellanos, eran los inferiores y nosotros los catalanes, los superiores. Que por efecto de esta inferioridad era inútil esperar que los castellanos pudiesen seguir nunca el impulso que nosotros , los catalanes, hemos dado al progreso de nuestra patria común; y que en consecuencia nosotros teníamos que perder siempre, habíamos de ser necesariamente las víctimas en este consorcio de ambos pueblos, y por ende que la separación pura y simple era lo que procedía. Que nada les debíamos, que nunca los castellanos han hecho por nosotros, los catalanes, más que explotarnos
Francisco Jaume, op. cit. Barraycoa (2011), pag. 210

Otros autores que se pueden incluir dentro de esta corriente racialista están Eugenio d'Ors, Bartomeu Robert, José Pella y Forgas, Domingo Martí i Julià, Bonaventura Riera, Joan Bardina, Domènec Martí i Julià o Pere Màrtir Rossell i Vilar.

Portada del semanario L'Esquella de la Torratxa en la que las demás regiones de España son representadas como cerdos comiendo de Cataluña.  
Caricatura de la revista Don Quijote en la que se satiriza la obsesión por las formas craneanas de los racistas catalanistas.  
Caricatura de la revista Don Quijote en la que se satiriza las posiciones políticas de Roberts, Torres y Rusiñol. Véase la forma del cráneo, satirizando el «cráneo catalán».  

Siglo XX[editar]

Durante la década de 1930 algunas corrientes del nacionalismo y del independentismo catalán se habían acercado al fascismo italiano y al nazismo alemán, que por su parte los veía de forma ambivalente. Así, ya en 1932, el dirigente del Partido Nazi, Dr. Karl Cerff, durante su visita a Barcelona, en una entrevista publicada por el periódico La Nació Catalana, órgano del Partido Nacionalista Catalán, afirmaba que «‹conoce› que los catalanes son racialmente diferentes de los españoles, define a los judíos como enemigos del nacionalismo catalán [...]». Sin embargo, el fascismo italiano y el nazismo prefirieron apoyar al fascismo español, a pesar del memorándum de mayo de 1936, en el que Manuel Blasi y/o Baldomer Palazón, máximos representantes del «pro-fascismo» en Nosaltres Sols!, ofrecía al NSDAP los servicios de los nacionalistas catalanes y vascos a cambio de una Cataluña independiente.[12]

Hacia 1934/35 el sector profascista de Nosaltres Sols! defendía la superioridad racial de los catalanes, frente a los «africanos españoles», considerados «un elemento un de la raza blanca en franca evolución hacia el componente racial africano semítico (árabe)». El resultado: un mayor coeficiente de inteligencia del catalán frente a los «españoles», cuya inmigración en Cataluña supondría un peligro de contagio del carácter «gandul y pro-africano español».[12]​ Ya en 1931 Nosaltres Sols! había publicado unas «reglas de patriotismo sexual» que debían seguir «todo catalán y catalana dignos de tal nombre»: «dejando aparte honrosas y rarísimas excepciones, veremos que el individuo de sangre catalana-castellana es híbrido, infecundo, como no puede ser de otra manera».[13]

Exilio[editar]

Las tesis racialistas llegaron a México con el exilio republicano y la revista Quaderns de l'exili, siendo su figura más importante Pedro Bosch Gimpera, un arqueólogo y prehistoriador de renombre internacional, que había sido rector de la Universidad Autónoma de Barcelona y Consejero de Justicia del gobierno de la Generalidad. Para Bosch Gimpera, influenciado por su maestro, Gustaf Kossinna, y para los demás autores en torno a Quaderns de l'exili, la auténtica esencia de los pueblos de España, «la verdadera raíz étnica», se habría desarrollado en los pueblos prehistóricos de la península que habrían determinado dos grupos distintos, los pueblos íberos —identificados con los países catalanes y con los vascos— y los celtas —identificados con los castellanos—, cuyas características se habrían mantenido hasta la actualidad. Así, Bosch Gimpera considera que las diferencias raciales entre catalanes y castellanos se basan en un hecho científico que explicaría la Guerra Civil en un enfrentamiento sempiterno entre dos pueblos que sólo han permanecido unidos debido a la «antinatural» y «catastrófica» intervención de cartagineses y romanos: «bajo la aparente asimilación romana o bajo las unificaciones musulmanas o modernas, dicha diversidad [étnica de España] continúa latente y la personalidad de los pueblos permanece intacta». El Estado no sería más que una superestructura parasitaria de privilegiados y distante de la raíz del pueblo, que oculta su verdadera naturaleza.[14]

Mapas que, según Bosch Gimpera, muestran la continuidad de las diferencias entre catalanes/íberos y castellanos/celtas:[14]

Pueblos prerromanos peninsulares hacia el 300 a.C.  
Guerra de Sucesión en España.  
Frente de la Guerra Civil Española en noviembre de 1936.  

El murcianismo[editar]

El historiador Ferran Soldevila, en un artículo de 1933, denunciaba que los inmigrantes andaluces y murcianos no se adaptan a vivir en Cataluña, al contrario que los inmigrantes aragoneses. Así los de Murcia y Albacete sureños serían de baja condición social, analfabetos y en gran parte enfermos, sobre todo de tracoma, acaparando los hospitales. Para Soldevila que murcianos pudiesen residir libremente en Cataluña era un escándalo que convertía en inútil la repatriación de emigrantes parados.[1]

Poco después se le unirían otros, como el periodista Carles Sentís, que en sus artículos acusaba a las «hordas invasoras» murcianas de no pagar los alquileres, no respetar los contratos, ser de modales rudos y practicar el amor libre, lo que representaba uno de los mayores peligros, por el aumento demográfico del elemento no catalán. Los artículos de Sentís tuvieron un gran impacto y el periódico catalanista El Be negre comentaba en sus páginas «España para los españoles. Cataluña para los murcianos».[1]

Ya el demógrafo Josep Anton Vandellós en su libro Cataluña, poble decadent (1935) alertaba de la llegada de una población que no era asimilable.[1]

La palabra «xarnego», que había evolucionado desde el significado puramente de mezcla biológica de «chucho», «perro sin raza», a través del significado de «hijo de catalán y forastero», en las décadas de 1960 y 1970 pasó a significar «inmigrante de una región española de habla no catalana», es decir, foráneo a Cataluña, hasta terminar con un sentido lingüístico de «aquel que no habla catalán», pero sin terminar de perder las connotaciones peyorativas biológicas y clasistas anteriores.

La autora Montserrat Clua i Fainé, de la Universidad Autónoma de Barcelona, considera que estos mecanismos de exclusión se volvieron a emplear en Cataluña para hacer frente a la ola de inmigración extracomunitaria que se dio en España en la década de 1990.[15]

También se puede rastrear su influencia en los textos de juventud de Jordi Pujol,

El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido [...], es generalmente un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España. Ya lo he dicho antes: es un hombre destruido y anárquico. Si por la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña. Introduciría en ella su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir su falta de mentalidad.
Jordi Pujol, publicado por primera vez en 1958 y de nuevo en 1976.[16]

En su momento, Pujol matizó y defendió su posición,[16][17]​ aunque posteriormente se disculpó, cuando en 2011 el partido Ciudadanos empleó el texto en un vídeo electoral.[18]

Siglo XXI[editar]

El 18 de abril 2019, la Generalitat prohibió al profesor Francisco Oya a impartir más clases de Historia a sus alumnos de Bachillerato en el instituto Joan Boscà de Barcelona y le abrió un expediente sancionador –el primero impuesto a un docente por combatir el adoctrinamiento en las aulas–, por enseñar a sus alumnos que los catalanes no son una raza superior según como decía el exportavoz de la Asamblea Nacional Catalana (ANC).[19]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f Martínez Hoyos, Francisco (enero de 2014). «El discurso de la hispanofobia: racismo y xenofobia en el nacionalismo catalán». Aportes (84): 182-192. ISSN 0213-5868. Consultado el 31 de octubre de 2015. 
  2. a b c Barraycoa (2011):209-220
  3. Caja (2009):57
  4. Caja (2009):54
  5. Caja (2009):57-59, citando a, Turbino, Francisco María (1880). Historia del renacimiento literario, contemporáneo, en Cataluña, Baleares y Valencia. Madrid: Imprenta y Fundición de M. Tello. 
  6. Caja (2009):60
  7. Caja (2009):61-62
  8. a b c d e f g Caja (2009):74-113
  9. ABC
  10. ABC
  11. Caja (2009):133-174
  12. a b Núñez Seixas, Xosé M. (1992). «Nacionalismos periféricos y fascismo. Acerca de un memorándum catalanista a la Alemania nazi (1936)». Tuñon de Lara, Manuel, ed. Historia Contemporánea (7): 311-333. ISSN 1130-2402. 
  13. Laínz (2014):177-178
  14. a b Caja (2009):114-132
  15. Clua i Fainé, Montserrat (2011). «Catalanes, inmigrantes y charnegos: “raza”, “cultura” y “mezcla” en el discurso nacionalista catalán». Revista de Antropología Social (Madrid: Universidad Complutense de Madrid) 20: 55-75. ISSN 1131-558X. Consultado el 12 de diciembre de 2015. 
  16. a b Espada, Arcadi (3 de noviembre de 2012). «Andaluces de Pujol». El Mundo. El mundo por dentro y por fuera. Consultado el 4 de enero de 2016. 
  17. Pujol, Jordi (25 de marzo de 1977). «La inmigración, problema y esperanza de Cataluña / 1». El Mundo. El mundo por dentro y por fuera. Consultado el 4 de enero de 2016. 
  18. Pujol, Jordi (1 de noviembre de 2012). «Jordi Pujol alaba el arraigo en Catalunya de los inmigrantes andaluces y extremeños». La Vanguardia. Consultado el 4 de enero de 2016. 
  19. ABC

Bibliografía[editar]