Prostitución

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Prostitutas de Yokohama durante la Era Meiji. Fotografía de Kusakabe Kimbei.

La prostitución es toda actividad económica en la que una persona intercambia servicios sexuales por dinero o cualquier otro bien.[1] La prostitución puede ser ejercida desde todas las orientaciones sexuales, y generalmente implica relaciones fugaces con un número elevado de otras personas (a las que a veces se les llama clientes). El término genérico empleado para referirse a quien la ejerce es prostituto/a.

Tradicionalmente, la prostitución se ha ejercido en sitios destinados a este fin, llamados «burdeles» o «prostíbulos». Estos han sido habitualmente casas regentadas por una persona, en las que hay mujeres u hombres, según la orientación del lugar, y habitaciones privadas donde se atiende a los clientes. También se practica en aceras de calles urbanas y laterales de carreteras industriales, así como en bares y clubes nocturnos, hoteles y servicio a domicilio.[2]

La figura de la prostituta está también ligada a la del proxeneta, persona que recibe un porcentaje de los beneficios conseguidos por la misma. En principio el proxeneta recibe ese dinero como pago por un servicio, habitualmente el de actuar como mediador entre la prostituta y el cliente, proveer la habitación o lugar donde tiene lugar el servicio sexual, proveer algún tipo de protección a la trabajadora sexual, etc.[3]

En algunos casos, la persona implicada en esta actividad puede ser directa o indirectamente obligada a ello, mediante engaños o extorsiones o amenazas de diferentes tipos.[4] En esos casos los proxenetas extorsionan a las prostitutas, pudiendo llegar a retenerlas mediante amenazas y abusos valiéndose incluso de la violencia física (secuestros).[5]

La situación ha llevado a que mientras en varios países la prostitución es ilegal, en otros el acto de la prostitución (el intercambio de servicios sexuales por dinero) no es ilegal, pero sí las actividades que la rodean, como los burdeles, la captación de clientes en lugares públicos o la publicidad, incluso en algunas sociedades la prostitución es legal y regulada. Además, el grado en que las infracciones se castigan varía de un país a otro, y a veces dentro del mismo.[6] Frecuentemente, tales aproximaciones consideran inapropiada la prohibición de dicha actividad, por lo que se prefiere regularla para reducir consecuencias indeseables como son la esclavitud sexual y la propagación de infecciones de transmisión sexual, buscando para ello controlar dónde pueden ubicarse los burdeles y disociar la prostitución de las organizaciones criminales.[7]

Por otra parte, existen diferentes acepciones del término prostitución. Así, por ejemplo, prostituir puede también ser considerado como "deshonrar o degradar algo o a alguien abusando con bajeza de ellos para obtener un beneficio",[8] según el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española.

Etimología[editar]

El término «prostitución» proviene del latín prostitutio, que tiene el mismo significado que el actual y que a su vez proviene de otro término latino, prostituere, que significa literalmente ‘exhibir para la venta’.[9] [10]

Sinónimos de prostituto/a

A lo largo de la historia ha existido una gran cantidad de términos tanto para referirse a la prostitución como a las personas que la practican, a los clientes, a los lugares y a las actividades relacionadas. Los distintos países de habla hispana usan distintos términos coloquiales como sinónimo de prostituta, con mayor o menor carga despectiva, existiendo una gran cantidad de términos en cada variante dialectal del español, algunos empleados históricamente, y otros aún en uso.

Puto/a

El término coloquial más extendido en los países de habla hispana para referirse a una prostituta es puta, palabra que conlleva una fuerte connotación despectiva. De hecho, y debido a que suele emplearse como insulto, su uso ha sobrepasado el de la descripción de una profesión, y en muchos países se usa para adjetivar de forma grosera otro elemento, al estilo del término inglés fucking.

En el latín vulgar “puttus” (muchacha o muchacho), proveniente del latín clásico “putus” (niña o niño).[11] Existe un verso de fines del siglo I a. C. que usa dicha palabra con una connotación ofensiva, similar a la actual, donde se refiere a un “amor de calle”.[12] Sin embargo, en el portugués europeo, puto mantiene el significado de ‘muchacho’, sin connotación sexual alguna, mientras que en varios países de hispanoamérica esta forma masculina se aplica despectivamente a los varones homosexuales no necesariamente prostitutos.[12] [13]

Otros sinónimos

Otros términos actuales o históricos para referirse a las prostitutas de sexo femenino son "dama de compañía", "cortesana", meretriz, cuero, loba, puta, pupila, mujerzuela, zorra...

El término «loba» como equivalencia de «prostituta» viene de los ritos producidos en febrero en honor al dios Fauno Luperco. Eran llamadas lobas u originalmente lupas las que ejercían la prostitución sagrada con los sacerdotes de este dios, los luperci, en el Ara Máxima.

De aquí deriva también «lupanar», que se emplea para referirse al prostíbulo (burdel o «casa de citas», es decir, el sitio al que llega el cliente a pagar por los servicios de una prostituta).

En el caso de los hombres se les puede denominar «chichifo», «chulo» o «gigoló».

Recientemente se habla de "trabajador sexual".

Historia[editar]

Escena sexual, en la que se incluye una bolsa para monedas colgada de la pared, ilustrada en una copa de vino de la antigua Grecia.

La prostitución existe desde que el ser humano se estableció en núcleos suficientes para permitir ello,[14] por lo que ha sido calificada eufemísticamente como la "profesión más antigua del mundo".[15]

Una de las formas más antiguas de prostitución de la que existen registros históricos es la prostitución religiosa, practicada inicialmente en Sumeria. Ya desde el siglo XVIII a. C., en la antigua Mesopotamia se reconocía la necesidad de proteger los derechos de propiedad de las prostitutas. En el Código de Hammurabi se hallan apartados que regulan los derechos particulares de las hieródulas.[16]

Por su parte, los antiguos historiadores Heródoto y Tucídides documentan la existencia en Babilonia de la obligación para todas las mujeres, al menos una vez en su vida, de acudir al Templo de Ishtar para practicar sexo con un extranjero como muestra de hospitalidad, a cambio de un pago simbólico.[17] También en la Edad Antigua, la prostitución estaba bien presente en Cerdeña y Sicilia, así como en varias culturas fenicias, en las que se practicaba como rito religioso en honor de Astarté.[18]

Del mismo modo, la prostitución en la Antigua Grecia era ejercida tanto por mujeres como por hombres. Algunas prostitutas de la Grecia Antigua, como Lais de Corinto o Lais de Hícara, eran famosas y cobraban sumas extraordinarias por sus servicios.[19] La prostitución masculina homosexual era generalmente practicada por adolescentes, un reflejo de las costumbres pederastas de la época. Los jóvenes esclavos trabajaban en burdeles, mientras que un muchacho libre que vendiera sus favores se arriesgaba a perder sus derechos políticos.[20]

Dentro de esta dinámica, fue el estadista Solón quien fundó el primer burdel de Atenas en el siglo VI a. C., y con los beneficios mandó construir un templo dedicado a la diosa del amor.[17]

Después, en la Roma antigua, la prostitución era habitual y había nombres distintos para las mujeres que ejercían la prostitución según su estatus y especialización; por ejemplo las cuadrantarias, llamadas así por cobrar un cuadrante (una miseria); las felatoras, practicantes expertas de la felación, etc.[21] Sin embargo, en esa sociedad esta actividad no siempre se ejercía libremente: los esclavos podían ser obligados a ello.[22]

Con el paso de los siglos, y ya en la Edad Media, si bien la prostitución femenina era condenada por la moral cristiana, puesto que incitaba la lujuria, las barreras morales no siempre impedían fomentarla para "luchar contra la homosexualidad, y proteger a las mujeres respetables de la seducción e incluso, la violación".[23] Así mismo, la prostitución podía ser un trabajo complementario para algunas mujeres. Durante la Baja Edad Media, la prostitución se extendió en Europa asociada al crecimiento demográfico de las urbes, por lo que algunas ciudades optaron por crear barrios especializados en esa actividad. En ese marco, algunas cortesanas de ciudades como Venecia o Florencia podían destacarse en la vida social o cultural.[24]

Algunos burdeles eran regentados por los propios municipios, y desde mediados del siglo XIV, estos concejos o asambleas de vecinos regulaban la prostitución arrendando los establecimientos a los padres de la mancebía que controlaban rigurosamente a las prostitutas, que debían ser solteras, con buena salud y someterse regularmente a inspecciones sanitarias y de higiene corporal. Entre los padres de la mancebía se encontraban caballeros de alto rango que participaban en un negocio muy lucrativo.[25]

Mientras tanto, en la América precolombina, las prostitutas del pueblo azteca se clasificaban entre aquellas que se prostituían como parte de un intercambio económico, y las que cumplían una función ritual como acompañantes de los guerreros, con quienes tenían la posibilidad de casarse.[26]

La proxeneta por Dirck van Baburen (1622).

Ya en la Edad Moderna, tener a alguien cercano dedicado a la prostitución manchaba el honor propio. De hecho, para atacar el honor de una persona se volvió usual tildarle de prostituto o ser hijo de alguien dedicado a esos menesteres. Así, por ejemplo, Martín Lutero llegó a hablar de la Iglesia católica como una “ramera” para recalcar la degradación que percibía en la moral de la Santa Sede.[27]

Posteriormente, La Ilustración inauguró un periodo de reivindicación y regulación, acorde con los presupuestos de la libertad de conciencia. Precedente de ello fue Bernard Mandeville, que en el siglo XVII y desde Inglaterra, recomendaba establecer un sistema de burdeles para evitar la prostitución callejera, el infanticidio y los hijos no deseados. Los ilustrados radicales de la Ilustración francesa impulsaron una revolución erótica, bien reflejada en obras de la literatura como Las amistades peligrosas de Pierre Choderlos de Laclos. Así, Diderot reclamaba que el deseo sexual fuese incluido entre las necesidades vitales del ser humano.[28]

Durante el siglo XX varios países comunistas manifestaron que la prostitución no existía dentro de sus fronteras, a pesar de la prostitución presente en Cuba. Por su parte, en los Estados Unidos la prostitución fue declarada ilegal en casi todos los estados entre 1910 y 1915. Sin embargo, llegado el siglo XXI, no existe una política clara respecto a la aceptación y regulación o la prohibición de la prostitución. Algunos países que la toleraban y regulaban empiezan a perseguirla.[28]

Tipos de prostitución y su situación legal[editar]

     Prostitución legalizada (intercambio de servicios sexuales por dinero) y regularizada.      Prostitución legalizada pero no regularizada. Los burdeles o el proxenetismo son ilegales.      Prostitución ilegal.      Sin datos.
Quien ejerce la prostitución callejera busca clientes en un lugar público. Una vez establecido contacto y los términos comerciales acordados, las actividades se realizan en un vehículo, algún lugar apartado, o en un establecimiento.

La tesis de que nadie puede elegir voluntariamente intercambiar sus servicios sexuales por dinero ha sido cuestionada por quienes reclaman el reconocimiento de derechos laborales para los trabajadores sexuales, dando lugar a una polémica sobre el carácter forzado o voluntario del ejercicio de la prostitución.[29] [30] [31]

La diversidad de la prostitución afecta también a las formas de practicarla: a tiempo parcial o completo, ocasional o recurrentemente.[30] En el caso de las chicas de compañía, por ejemplo, las trabajadoras ofrecen su compañía en un lugar o evento determinado, aparentando la existencia de una relación sentimental, para después proporcionar el servicio sexual requerido.[32] Por otra parte, están los gigolós, que es como se conoce a los varones que ofrecen sus servicios sexuales a mujeres usualmente mayores que él. El gigoló generalmente es de preferencia heterosexual, aunque cabe anotar que la prostitución masculina ha sido menos estudiada por los investigadores.[33]

La citada polémica a derivado en la controversia acerca de lo que debe ser considerado ilegal: la venta de los servicios o la adquisición de estos. En medio del debate, el Estado sueco ha barajado la posibilidad de considerar el distinguir entre prostitución forzada y voluntaria como algo irrelevante, ya que se considera el derecho humano a la dignidad (que está por encima del consentimiento) y el derecho a la autodeterminación (no se penaliza a alguien por lo que hace con su propio cuerpo) como base de la legislación.[34] La situación jurídica y social es diferente: se persigue la adquisición de servicios sexuales, pero no la labor de las prostitutas.

Esta postura se conoce como el modelo nórdico, siendo considerado como el marco legal más avanzado respecto a la prostitución desde la perspectiva de los derechos humanos.[34] Este modelo, actualmente en vigor en Suecia, Francia y otros seis países,[34] parte de la base que la prostitución es la explotación de un ser humano y debe erradicarse.[34]

Prostitución voluntaria[editar]

La prostitución voluntaria es minoritaria.[35] [36] Sin embargo, se ha constatado la existencia de prostitutos libres, aunque sea más frecuente el argumento de la prostitución forzada. Ello ha conllevado iniciativas de los trabajadores del sexo para expresar reivindicaciones de protección jurídica en lo laboral y solicitar la despenalización de una profesión voluntariamente escogida.[37] En este sentido, la prostitución voluntaria responde al derecho al cuerpo propio.[38]

A pesar del estigma social en torno a la prostitución voluntaria, cada vez más prostitutas reclaman lo que consideran como sus derechos.[39] Ello ha contribuido a situciones como la experimentada en Suiza, en la zona fronteriza con Italia, donde las prostitutas disfrutan de una situación relativamente confortable: pagan impuestos, cuotas sociales y tienen derecho a una pensión cuando se jubilen, además de ser protegidas por la policía. Dentro de ese esquema, quienes ejerzan la prostitución voluntaria deben solicitar un permiso de trabajo, escribir una carta de motivación y presentar un plan de negocio.[40] En otros países, como Holanda y Alemania, la prostitución también es un oficio regulado en el que sus trabajadores no arrastran una imagen social tan degradada (éste es el llamado «modelo pro regulación»; sus partidarios consideran a las personas que ejercen la prostitución un tipo más de trabajador sexual).

Destaca también el modelo nórdico donde la práctica de la prostitución voluntaria no es ilegal (porque la ilegalidad sólo pone en situación vulnerable a las prostitutas), ni tampoco legal (porque la legalidad, como se ha demostrado en Holanda, sólo hace crecer la demanda y, por tanto, el mercado negro: la trata de personas), sino que está despenalizada. Es decir, la prostituta no incurre en ninguna falta legal - no se le va a castigar por su propia explotación-. Sin embargo, el comprador de servicios sexuales es considerado un explotador y es al que el modelo nórdico sanciona. En otras palabras, es ilegal comprar servicios sexuales, pero no venderlos.[34] Al atacar la demanda, el modelo nórdico ha probado ser eficaz en disminición de la prostitución en estos países, además de generar un cambio social.[34]

Prostitución forzada[editar]

"La esclava blanca", escultura de Abastenia St. Leger Eberle sobre la prostitución infantil.

La prestación coercitiva de servicios sexuales puede no ser considerada como prostitución.[37] Es así que, la llamada "prostitución infantil" que comprende el uso de menores de edad en actividades sexuales a cambio de una remuneración o otro tipo de retribución, es considerada como una actividad de explotación sexual.[41] Este tipo de actividad se esconde más que la prostitución de adultos, y no puede ser voluntaria, puesto que los menores no tienen la capacidad de «consentir» la prostitución.[42] Además, este tipo de prostitución es frecuente en algunos países de renta baja que se han convertido en destino preferente del turismo sexual.[43]

La amplitud del fenómeno es tal, que a nivel mundial son desarticuladas redes de prostitución de menores todos los años, a quienes además se les incautan regularmente material de pornografía infantil.[44]

Así mismo, en la trata de personas algunas víctimas están obligadas a prostituirse. Frecuentemente se trata de un fenómeno relacionado con la inmigración ilegal donde las mafias operan para secuestrar y vender a estas personas a otros países para prostituirse. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) ha puesto en marcha varias iniciativas para luchar contra esta lacra del tráfico de personas, especialmente de mujeres y niños.

Esta oficina define, en su generalidad, la trata de personas como la acción de captar, transportar, trasladar, acoger o recibir personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra con fines de explotación.[45]

Las Naciones Unidas, ya en 1949, promovieron una convención para el control de la prostitución y la lucha contra el tráfico de personas esclavizadas generado a su alrededor.[46] Las Naciones Unidas declaró en 2009 que las estimaciones muestran que podría haber alrededor de 270.000 víctimas de la trata de personas en la Unión Europea.[47]

Establecimientos donde se ejerce la prostitución[editar]

Interior de un burdel, pintura de Henri de Toulouse-Lautrec.

Los términos burdel, lupanar, prostíbulo y mancebía designan uno de los tipos de lugar en donde se practica la prostitución. En algunos casos en el establecimiento no hay ninguna relación formal entre la prostituta y el local. Por costumbre, los clientes van a sabiendas de la alta concentración de prostitutas, y viceversa. En otros casos, el local y la prostituta tienen una relación establecida entre ambos, a cambio de un salario mínimo o de una comisión en las bebidas que le invitan. Ella debe cumplir con un mínimo de normas de la casa, como por ejemplo ir a "trabajar" un mínimo de días a la semana y cumplir con un horario mínimo. En ambos casos la prostituta termina su jornada en cuanto consigue un cliente dispuesto a contratar sus servicios.

Con frecuencia en los bares en donde la relación local-prostituta equivale a la relación entre un patrón y su trabajador(a), el cliente debe pagar una compensación para que la prostituta/o pueda excusarse del trabajo, bajo el concepto de que al marcharse, ella/el deja de generar invitaciones a bebidas por parte de los clientes, y al haber menos chicas/os, el bar pierde atractivo en la noche, por lo cual se reduce la clientela. En ambos casos, relación libre o formal entre el local y la prostituta, la prostituta se beneficia de un entorno de trabajo más seguro, mientras que el bar se beneficia de la atracción que ejercen ellas haciendo que aumenten la clientela y el consumo de bebidas.

Existe también la modalidad de los "salón de masajes", donde los "masajistas", además de los servicios de masajes se avienen a prácticas sexuales a cambio de dinero, ya sea como parte de un trato particular o como parte de la oferta del local. Las relaciones sexuales generalmente se realizan en los mismos apartados en los que se practican los masajes, aunque es posible efectuar tratos para llevar el servicio fuera del local. En estos casos, al igual que en los bares, el local recibe una compensación para que el masajista pueda retirarse o se considera como "comisión de servicio", por los que el local establece una tarifa mayor.

Por otra parte, la prostitución puede ejercerse también desde el domicilio particular de la persona que la ejerce, sobre todo si se trata de un negocio independiente y voluntario, no manejado por terceras personas.

Sanidad y riesgos[editar]

Ya que las prostitutas y los prostitutos mantienen habitualmente relaciones con un elevado número de clientes, la prostitución se asocia con la dispersión de enfermedades de transmisión sexual. Entre éstas, el sida es la que actualmente reviste un mayor riesgo.[48] Dicha enfermedad está considerablemente más presente entre los hombres y los transexuales que ejercen la prostitución.[49]

En cuanto a la seguridad para quienes ejercen esta actividad, la prostitución callejera es considerada como una de las modalidades que conlleva más riesgos para la prostituta, pues se exponen a ataques violentos, ligados a veces con la cultura de la violación.

Religión y prostitución[editar]

Por regla general, las religiones que rechazan el sexo sin intención reproductiva condenan abiertamente la prostitución, aunque su actitud hacia las prostitutas puede estar sujeta a cambios a lo largo de la historia.

La iglesia católica, después de haber pasado por etapas de intransigencia total hacia las prostitutas, ahora incluso las considera sometidas a una forma de esclavitud de la que deben ser liberadas.[50] En el libro publicado en 2010, cuyo autor es el periodista alemán Peter Seewald, titulado La luz del mundo. El Papa, la iglesia y las señales del tiempo, el Papa Benedicto XVI admite el uso de preservativos en determinados usos como, por ejemplo, la prostitución.[51]

...puede ser un primer paso para abrir la vía a una sexualidad más humana, vivida de otro modo

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. «Prostitución, proxenetas y... pobreza». El Nuevo Diario. 27 de julio de 2008. Consultado el 10 de octubre de 2016. 
  2. «Atención a las mujeres en contexto y ejercicio de la prostitución». espaciosdemujer.org. 2014. Consultado el 6 de octubre de 2016. 
  3. Altozano, Manuel (9 de febrero de 2014). «Soy un proxeneta, no un delincuente». El País. Consultado el 6 de octubre de 2016. 
  4. Lafuente, Sara (24 de septiembre de 2008). «Medidas contra la prostitución forzada: ¿Cuántas mujeres son víctimas?». Soitu. Consultado el 6 de octubre de 2016. 
  5. «Trata de personas». Unicef. 2006. Consultado el 6 de octubre de 2016. 
  6. Montañes, Erika (6 de noviembre de 2014). «El mapamundi de la prostitución». ABC. Consultado el 16 de octubre de 2016. 
  7. Ferro, Lorena (12 de diciembre de 2012). «Laila Mickelwait: "Legalizar la prostitución hace aumentar las mafias y el tráfico de personas"». La Vanguardia. Consultado el 16 de octubre de 2016. 
  8. «Prostituir». Real Academia Española. 2016. Consultado el 10 de octubre de 2016. 
  9. «Prostitute». Etymological Dictionary (en inglés). Consultado el 10 de octubre de 2016. 
  10. Calle, Guiomara (16 de junio de 2013). «Identifican al menos 5 daños físicos y psicológicos por la prostitución». La Razón. Consultado el 10 de octubre de 2016. 
  11. Buich, Nora (21 de agosto de 2016). «Origen de la palabra “puta”». La Izquierda. Consultado el 10 de octubre de 2016. 
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  13. «Puto, ta». Real Academia Española. 2016. Consultado el 10 de octubre de 2016. 
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  15. Flowers, Ronald B. (1988). The prostitution of women and girls. p. 5. 
  16. Bartra, Agustí (1999). Para qué sirve la poesía?. p. 260. ISBN 9789682322037. Consultado el 3 de octubre de 2016. 
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  18. Escacena Carrasco, José Luis (2006). Universidad de Sevilla, ed. Entre Dios y los hombres. p. 93. ISBN 9788447210268. Consultado el 3 de octubre de 2016. 
  19. Maqueira, Enzo. Historias de putas. Ediciones LEA. ISBN 9789876344890. Consultado el 3 de octubre de 2016. 
  20. Taus, Patricia Andrea (2014). «X». The Ecumenical violence from a gender perspective (en inglés). p. 259. ISBN 9781312249097. Consultado el 3 de octubre de 2016. 
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  25. Pérez de Colosía, M.I. Constituciones para la Casa de Recogidas fundada por fray Alonso de Santo Tomás, Baética: Estudios de arte, geografía e historia, ISSN 0212-5099, Nº 25, 2003, págs. 575-588, Texto completo (pdf)
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Enlaces externos[editar]