Querubín caído del Edén

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Ezequiel comenta en su libro que tuvo visiones de querubines.

El querubín caído del Edén es un personaje mencionado en el Libro de Ezequiel 28, 1-19.[1]

El profeta Ezequiel se dirige al rey de Tiro y le profetiza su caída. Este rey fue posiblemente Itobaal III, quien reinó entre el 591 y el 573 a. C., y ―de acuerdo con la lista de reyes de la ciudad de Tiro, escrita por Flavio Josefo― fue contemporáneo de Ezequiel en el momento de la primera caída de Jerusalén.[2]

Algunas interpretaciones cristianas sugieren que el texto cuenta de forma metafórica, oculta, la historia del origen de Satanás, quien se corrompió y fue echado del Edén.

Otros afirman que se trata en cambio de un lenguaje alegórico y sarcástico, para execrar al rey de Tiro, comparándolo con Helel, deidad cananea representada por el lucero de la mañana. En este sentido se asocia a Helel erróneamente con Satanás a causa de la traducción del original al latín, en la Vulgata de San Jerónimo, que reemplaza "Helel" por "Luxfero" (o sea, "lucero"), símil latino del dios cananeo.

Notas[editar]

  1. Versículos 13 y 14 del capítulo 28 del Libro del profeta Ezequiel.

    1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
    2 «Hijo de hombre, di al gobernante de Tiro: “Así ha dicho Jehová, el Señor: tu corazón se ensoberbeció
    [...]
    11 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
    12«Hijo de hombre, entona lamentaciones sobre el rey de Tiro, y dile: “Así ha dicho Jehová, el Señor: tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y de acabada hermosura.
    13En Edén, en el huerto de Dios, estuviste. De toda piedra preciosa era tu vestidura: de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice, de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro. ¡Los primores de tus tamboriles y flautas fueron preparados para ti en el día de tu creación!
    14A ti, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios. Allí estuviste, y en medio de las piedras de fuego te paseabas.
    15Perfecto eras en todos tus caminos desde el día en que fuiste creado hasta que se halló en ti maldad.
    16A causa de tu intenso trato comercial [!] te llenaste de iniquidad y pecaste, por lo cual yo te eché del monte de Dios y te arrojé de entre las piedras del fuego, querubín protector.



  2. Brandon L. Fredenburg (1966-): Ezekiel (pág. 249). Estados Unidos: College Press Publishing (The College Press NIV commentary), 2002.
    «La arrogancia y autosuficiencia que en los capítulos 26 y 27 Ezequiel atribuía a la ciudad de Tiro, ahora las atribuye al rey de la ciudad».