Psicología fractal

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La psicología fractal es un encuadre psicoterapéutico integral e interdisciplinario. El encuadre fractal considera que es erróneo abordar a los pacientes desde una sola área profesional del campo de la salud asumiendo que esa única mirada será efectiva y suficiente para abarcar la complejidad del individuo. Por ello, el trabajo interdisciplinario es una condición necesaria y constitutiva de este enfoque, que en su abordaje de las personas va más allá de la Psicología. Si bien su punto de partida es el trabajo clínico psicoterapéutico, la psicología fractal contempla todas las dimensiones del individuo y considera que sólo de esta manera, con una visión de 360 grados, es posible devolver al paciente su percepción integral, no esquizoide, de sí mismo.

Base conceptual[editar]

Fractal es un concepto que proviene de la Física. “fractal” es un objeto geométrico cuya forma, o estructura, se repite a diferentes escalas y es autosimilar: está conformado por copias más pequeñas de la misma figura. La psicoterapia fractal toma este concepto y lo traslada a su concepción de la persona. Tal como un objeto fractal, el cuerpo de cada individuo contiene toda la información de su historia de vida, en cada parte de su ser, organizada de una manera particular.

Desde esta visión el ser humano es un todo complejo. A la persona se la puede mirar, leer y comprender desde múltiples aspectos o dimensiones: biológica y de sistemas integrados, de conformación en el contexto, de índole histórico-social y transgeneracional, de factor humano, de alimentación y patologías. Todas son igualmente importantes. Estas dimensiones que conforman al individuo son copias a menor escala de las demás y brindan información específica sobre la persona; pero es en la totalidad que la información cobra sentido. Esta concepción tiene implicancias prácticas: los psicólogos fractales trabajan en equipos interdisciplinarios. Su perspectiva es psicológica, pero reconocen que el trabajo clínico-analítico no sólo se facilita sino que se hace posible gracias al aporte complementario de otras profesiones del campo de la salud. Los terapeutas fractales entienden que su mirada y su disciplina, la Psicología, no es más que una parte del todo; una parte del fractal que se constituye como persona.

Surgimiento[editar]

El concepto de “fractal” se aplica en múltiples campos del conocimiento: puede hablarse de diseño fractal, arquitectura fractal o música fractal, entre otros. Específicamente en el campo de la psicología, la psicología fractal y su método clínico, la psicoterapia fractal, surgen -en principio- en la ciudad de Córdoba, Argentina, como un desarrollo original de la doctora Beatriz Frouté. No obstante, Frouté no es la primera en utilizar la idea de los fractales en psicología, pero sí, quizá, quien concibe que la psicología fractal puede ser una corriente en sí misma y un enfoque de trabajo específico.

Fundamentos[editar]

El pensamiento de la psicología fractal se fundamenta principalmente en los desarrollos de Wilhelm Reich (análisis del carácter), Alexander Lowen (Bioenergética), Stanley Keleman (Formative Psychology), Edgar Morin (pensamiento complejo), Ann Schützenberger (Psicogenealogía), la obra y las investigaciones de Antonio Damasio, Boris Cyrulnik, Héctor Fiorini, Rubén Zukerfeld y José Bonet, entre otros; así como en el aporte de la Psiconeuroinmunoendocrinología (PINE). La psicología fractal se apoya sobre una base reichiana, que revisa; incorpora desarrollos de autores postreichianos, que trasciende; reconoce la necesidad del aporte de otras disciplinas, que integra. De todo ello resulta un encuadre singular, un desarrollo teórico-práctico-metodológico que la identifica.

Influencia de la psicología reichiana y post reichiana[editar]

La primera influencia es la de Wilhelm Reich (1897-1957), quien fuera inicialmente discípulo de Sigmund Freud. Reich desarrolló un encuadre llamado Orgonomía o Vegetoterapia caractero-analítica. Por sus investigaciones y por su técnica clínica del análisis del carácter, este autor es considerado el “padre” de las terapias psico-corporales. Sin embargo, el encuadre fractal no es solo psico-corporal ni solo una evolución de la Vegetoterapia reichiana. En rigor, toma algunos elementos de Reich pero revisa otros, fundamentales, del autor. Específicamente, hay dos ideas que el pensamiento fractal cuestiona de este paradigma: el concepto reichiano de identidad funcional y la lectura de la persona y de su estado (proceso) de salud-enfermedad desde la visión funcional-económica reichiana.

Revisión del concepto de identidad funcional reichiana[editar]

Reich planteó que la memoria no se limita al cerebro y se puede hablar de una memoria muscular que mantiene fijada la energía en el organismo. Esta fijación evita que la persona desarrolle nuevas formas de enfrentar los conflictos y la vida en general. Reich introduce el término “coraza” para referirse a estas fijaciones que son tanto psíquicas como corporales: la coraza caracterial se refiere al conjunto de conductas, rasgos y actitudes que funcionan como una totalidad neurótica defensiva. Reich identifica distintos tipos de carácter y su correlato corporal, la coraza muscular. Tanto la coraza caracterial como la muscular desempeñan la misma función en el aparato psíquico y pueden influirse y reemplazarse mutuamente pues existe entre ellas una relación de identidad funcional, tal como Reich la denominó.[1]

Para el encuadre fractal ya no es posible, como postula Wilhelm Reich, una lectura general rígida de la persona en función de la estructura de carácter que presenta y de las corazas en relación de identidad funcional. Beatriz Frouté señala que la mirada fractal se sitúa en la manera en que las distintas corazas, las distintas estructuras que sí son patrones comunes de funcionamiento, se presentan con configuraciones particulares en cada uno de los pacientes.[2]

Esto es, a la persona se la puede dividir en partes y aspectos parciales, singulares, y comprender cada aspecto de ella como integrante de una unidad funcional particular. Sin embargo, no por ello todos y cada uno de sus sistemas tienen identidad funcional, sino que de esta unidad funcional surgen micro-funcionamientos que alteran la totalidad, es decir, el fractal que se constituye como persona. En el funcionamiento y estructuración del ser humano se observan alteraciones que no se traducen en identidad funcional sino en correlación funcional. Este desplazamiento en el concepto original reichiano supone que al cambiar un nivel se generarían alteraciones en los distintos sistemas: endocrino, nervioso, inmune, psíquico, estructural (en términos de fenotipo). Para el encuadre fractal, estas alteraciones son de difícil lectura pues la articulación entre ellas está atravesada por las emociones, las sensaciones, la cultura, la alimentación y los hábitos de cada persona, entre otros factores. De allí que en la clínica y en el proceso terapéutico no se puedan establecer correlaciones estrictas funcionales sino posibles articulaciones y preguntas para cada persona, sobre qué la llevó a construirse de la manera en que lo hizo. Hay una correspondencia entre la coraza y las funciones psíquicas, pero no es lineal como Reich la plantea sino asociada: se trata de patrones de funcionamiento que afectan a los sistemas, tal como puede verse desde la PINE, de lo que resulta que el sistema se ve afectado en su totalidad. Desde el encuadre fractal no existiría identidad funcional en términos estrictamente reichianos sino estructuración compleja de la persona con distintos niveles de afectación.[2]

Revisión del criterio reichiano de salud[editar]

Reich postula que la salud de una persona se mide desde la posibilidad que tenga o no de lograr orgasmos durante el acto sexual.[3]​ Para el autor, esto es un indicador de su posibilidad de entrega, relajación, confianza y vulnerabilidad. Para el encuadre fractal este parámetro deja fuera del análisis a las nuevas estructuras caracteriales y funcionales, tales como los caracteres borderline, psicopáticos e impulsivos, que no manifiestan tener problemas en llegar a orgasmos a la hora de vivir su intimidad genital; pero no logran la entrega, la empatía, la compasión y el sentimiento de culpa y vergüenza como emociones importantes a la hora de relacionarse con las otras personas.[2]

Desde la Psicología Postreichiana, otros aportes fundamentan el encuadre fractal. Autores postreichianos como Alexander Lowen y, especialmente, Stanley Keleman son una influencia indiscutible en la construcción de este encuadre en lo que respecta a la lectura e interpretación biofísica de las personas. No obstante, en el encuadre fractal no todo es psico-corporal; de otro modo, no sería un abordaje integral.

Influencias filosófico-epistemológicas[editar]

El pensamiento complejo[editar]

El pensamiento complejo de Edgar Morin es central en la plataforma filosófica del encuadre fractal.[4]​ Morin despliega un concepto de complejidad que se opone a la división disciplinaria y que promueve un enfoque holístico, pero sin abandonar la noción de las partes constituyentes del todo. La complejidad de Morin es como un tejido de fenómenos aleatorios, eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones y azares de configuran el mundo de lo fenoménico. El pensamiento complejo es una estrategia para lograr la inteligibilidad de todo ello y así abarcar lo inextricable, el desorden, la ambigüedad y la incertidumbre. Allí interesa la capacidad de la persona para interconectar distintas dimensiones de lo real; ya que frente a hechos u objetos multidimensionales, con componentes aleatorios o azarosos, el individuo se ve obligado a desarrollar una estrategia de pensamiento que no sea ni reduccionista ni totalizante, sino reflexiva. Esta capacidad reflexiva es el pensamiento complejo. Es necesario en tanto y en cuanto los límites, las insuficiencias y las carencias de un pensamiento simplificante aparecen, puesto que éste deja de ser suficiente para abarcar la totalidad-complejidad. Si bien el pensamiento complejo es total, completo y multidimensional, a la vez se reconoce en lo incierto y lo incompleto. Por eso mismo es capaz de dialogar con lo real.[5]

El hombre no es ajeno a la complejidad. Es un ser biológico pero también cultural metabiológico y está inmerso en un universo de lenguaje, ideas y conciencia. El paradigma del pensamiento simplificador lleva a desunir el estudio del hombre, a hacerlo menos complejo, estudiándolo por partes: lo biológico, lo anatómico, lo psicológico, lo cultural; todo por separado, y olvida que el hombre es una totalidad y que no existe una parte sin la otra. Para abarcarlo hace falta un nuevo método, porque un método tradicional, para conocer, separa. En cambio, el pensamiento complejo contextualiza, globaliza y relaciona lo que está separado. Articula los principios de orden y desorden, de separación y de unión, de autonomía y dependencias. El discurso de Morin descansa en la transdiciplinariedad, la reconstrucción y centralidad del sujeto. Para él, se hace necesario reaprender a ver, a concebir, a pensar y a actuar; en ese orden.[5]

La teoría efectiva[editar]

La psicología fractal, en tanto encuadre, sería una teoría efectiva en los términos que describen Stephen Hawkins y Leonard Mlodinow en su obra El gran diseño.[6]​ Ellos señalan que para la mayoría de los científicos “una ley de la naturaleza es una regla basada en una regularidad observada y que proporciona predicciones que van más allá de las situaciones inmediatas en que se ha basado su formulación”. Sin embargo, también advierten que no todas las generalizaciones que se observan pueden ser consideradas leyes, y que la mayoría de las leyes existen como parte de un sistema mayor de leyes que están mutuamente interconectadas. “Las leyes son formuladas en términos matemáticos. Pueden ser exactas o aproximadas, pero debe haber demostraciones que prueben que se cumplen sin excepción, universalmente o al menos bajo un conjunto estipulado de condiciones”. Frouté toma de estos autores que “no habría imagen ni teoría independiente del concepto de realidad”, lo cual lleva a utilizar el concepto de realismo dependiente del modelo. Dicho concepto hace referencia a que una teoría física o una imagen del mundo es un modelo (generalmente matemático) más un conjunto de reglas que relacionan los elementos del modelo con las observaciones. Ello proporciona un marco desde el cual interpretar la ciencia moderna.

Asimismo, Hawkins y Mlodinow también plantean que el libre albedrío impide que se puedan reglar las relaciones con las otras personas y con los objetos con los que interactuamos. El determinismo científico no se cumple en estos casos. Sentimos, creemos que podemos escoger lo que hacemos, pero al comprender las bases moleculares de la biología vemos que los procesos biológicos sobre los que hablamos están reglados por las leyes de la física y la química (estructuradas simbólicamente por nosotros), tan reglados y estructurados como el sistema solar. En este marco, parece razonable pensar que el resultado final está determinado por una trama tan complicada, con tantas variables, que resulta imposible predecirlo. Y como no se puede predecir utilizando las leyes de la física, se utiliza lo que se denomina una teoría efectiva: un modelo creado para explicar algunos fenómenos observados sin necesidad de describir los procesos subyacentes.[6]

El encuadre fractal representa un cambio paradigmático en la manera de abordar a las personas en sus procesos de salud-enfermedad. De acuerdo con Frouté, este encuadre aspira lograr en los individuos -ya sean terapeutas o pacientes- el nivel de autorreflexión que permite objetivar los propios paradigmas y así cuestionar su condición autovalidante. Esto se aplica también al cuestionamiento y la revisión del propio paradigma de la psicología fractal.[7]

La psicoterapia fractal[editar]

La psicoterapia fractal es el desarrollo clínico de la psicología Fractal. En la clínica fractal los procesos terapéuticos se abordan desde una mirada amplia y compleja pero, a la vez, focalizan el trabajo en aspectos puntuales y en el corto plazo. De acuerdo con la doctora Frouté en la fase diagnóstica el psicólogo fractal observa el estado general de la persona en lo referido a tres aspectos:[7]

  1. El aspecto caracterial, para ver las posibilidades de tratamiento.
  2. El aspecto corporal, para ver el estado de salud en que se encuentra.
  3. El aspecto emocional, para evaluar su vulnerabilidad y resiliencia.

Para la Psicoterapia Fractal el carácter constituye una parte de las dimensiones que, junto con otras, hacen a la particularidad de cada individuo. El carácter es el “cómo” de la persona: cómo se mueve en el mundo, cómo son sus vínculos, cómo habla, cómo se sienta, cómo se manifiesta. En la clínica fractal no solo interesa qué dice la persona sino también cómo lo dice. Reconocer la manera individual y particular de funcionar en el mundo es el primer paso para modificarla en aquellos aspectos que se reconocen como disfuncionales.

En la clínica fractal el trabajo es interdisciplinario. Es la manera por excelencia, constitutiva del enfoque, de encarar los procesos terapéuticos. La terapia, en mayor o en menor medida, va más allá del encuentro con el analista. En determinado momento del proceso, el terapeuta fractal deriva al paciente a distintos profesionales médicos (kinesiólogos y fisioterapeutas, nutricionistas, endocrinólogos, neurólogos, osteópatas, quiroprácticos, entre otros) o sugiere la realización de actividades corporales o expresivas (artes marciales, deportes, meditación, baile, biodanza, yoga, tai chi, chi kung, caminata, trekking, entre otras), siempre dentro de las posibilidades económicas, físicas y emocionales de la persona y siempre a los fines de facilitar o propiciar un determinado proceso en el paciente. Las actividades se realizan en paralelo a las del espacio clínico, siendo complementarias una de la otra. Se parte de la premisa reichiana de que “el cuerpo contiene recuerdos que no existen en la mente consciente”.[1]​ Durante el trabajo clínico, esto significa que si una inhibición del carácter no responde a la influencia del trabajo psíquico, se trabaja la actitud corporal correspondiente (somática) y a la inversa; cuando una actitud muscular perturbadora resulta difícil de modificar, se trabaja sobre lo caracterológico para que ésta ceda. No obstante, "aunque este principio general reichiano es válido para la psicoterapia fractal, el trabajo clínico que se realiza es muy diferente al de la clínica reichiana clásica y no puede considerarse una mera evolución de ella, sino propio del encuadre fractal".[2]

Dimensiones la persona en el abordaje fractal[editar]

De acuerdo con Beatriz Frouté para el analista fractal la persona puede ser abordada desde sus varias dimensiones:[7]

  • Biología general y sistemas integrados: Se refiere a los distintos sistemas que conforman a la persona, entre los que se destacan el sistema nervioso (SN), el sistema endócrino (SE) y el sistema inmune (SI). La mirada de la psiconeuroinmunoendocrinología (PINE) los integra funcionalmente.
  • Conformación de la persona en el contexto: Se refiere a la persona desde el punto de vista de los diferentes biotipos, la epigenética y el fenotipo, así como en la manera en que estos aspectos se organizan a través de las distintas influencias contextuales.
  • Histórico-social y transgeneracional: Se refiere a la vinculación de la mirada de la psicogenealogía y de la escuela francesa de socio psicología. Estos factores se consideran determinantes en la formación de la persona.
  • Factor humano: Se refiere a las emociones, los sentimientos y las sensaciones, así como a la conciencia de sí de la persona, elemento que la vuelve un ser único y subjetivo.
  • Función de la alimentación: Se refiere al vínculo de la alimentación en la conformación del biotipo y su relación con las diferentes patologías, tanto físicas como psíquicas.

Áreas del abordaje fractal[editar]

Para el terapeuta, el análisis de las precedentes dimensiones brinda información relevante sobre la persona. Nunca se trata de datos aislados, pues la información cobra sentido en la totalidad. A partir de estas dimensiones, el abordaje integral de la psicoterapia fractal abarca cinco áreas principales:[7]

  1. El propósito en la vida.
  2. La relación con uno mismo.
  3. Los afectos-vínculos.
  4. La relación con el mundo.
  5. La capacidad productiva.

El trabajo terapéutico sobre cada área tiene el potencial de transformar a la persona en su totalidad.

El objetivo fundamental de la clínica fractal es devolver al individuo la funcionalidad. Esto es, que la persona alcance el mayor grado de funcionalidad en la mayor cantidad de dimensiones de sí misma y en la mayor cantidad de áreas del abordaje terapéutico, sea durante su proceso con el analista o a posteriori. En consonancia con este objetivo fundamental, la psicoterapia fractal busca que la persona alcance un grado significativo de autoconocimiento, autorregulación y propiocepción que le permitan continuar su proceso de manera autónoma una vez terminado o abandonado el tratamiento, en lo que sería una continua adaptación creativa a la realidad –en términos de Fiorini[8]​- posibilitada por el desarrollo de una visión crítica de sí que le permite ser auténtica y consecuente consigo misma.[7]

El restablecimiento de la funcionalidad en distintas dimensiones de la persona y áreas de abordaje de la psicoterapia fractal implica lo siguiente:

  1. equilibrar todos los sistemas, y de este modo
  2. generar un cambio en la calidad total de vida de la persona, al punto que ella misma puede evaluar su estado de salud-enfermedad, apropiarse del proceso de cuidado y atención de su propio cuerpo,
  3. ampliar sus sensación general de bienestar, y que así le sea posible manejar -por ende, conocer- sus patrones emocionales, reconocer su emoción de fondo o base -en términos de Damasio[9]​-, reconocer y modificar -dentro de lo posible- sus patrones psíquicos, todo lo cual involucra
  4. modificar su carácter, es decir, modificar sus patrones de afrontamiento y fortalecer su asertividad, lo que se vincula con
  5. reconocer su grado de resiliencia y mejorar la calidad de sus vínculos, lo que lleva a la persona a elegir trabajar en aquello que le gusta, que le da placer, y a entender que el estrés es dañino para su salud. Para la psicoterapia fractal, es en este último punto donde la noción de proyecto de vida se vuelve fundamental.[7]

La mirada y el abordaje fractales sobre la patología[editar]

En el abordaje de la conflictividad humana, la psicoterapia fractal supone que la persona hizo lo que pudo, literalmente, dentro de un entorno afectivo, con la finalidad de adaptarse y así poder encarar su proceso vital. Esta mirada adaptacionista admite la existencia de patologías tal como se describen en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (manual DSM-5) pero realiza un ajuste desde una visión funcionalista, adaptacionista y dinámica.

El encuadre fractal revisa y trabaja lo que se denomina “patología” desde un abordaje caractero-emocional, con el agregado de la revisión de paradigmas e ideología subyacentes en la persona, sumado a un trabajo sobre su estructura corporal. Este trabajo integral tiene el potencial de generar un cambio significativo en términos de que el funcionamiento que el individuo trae a la clínica, ese que se denomina “patológico”, se modifica. La persona puede modificar patrones de funcionamiento dentro de los límites que le impone su bioestructura –de acuerdo con el concepto de Stanley Keleman[10]​- y todo lo que su genética le haya fijado como inmodificable, pues sí hay límites y son estos. Más allá de esos límites, la psicoterapia fractal considera que todo lo demás en la persona son potencialidades que, bajo determinadas condiciones, pueden ser activadas.[7]

“La mirada fractal sobre la patología es dinámica porque considera que ésta es susceptible de cambio y transformación. Para los psicoterapeutas fractales, las modalidades de funcionamiento caracteriales -que pueden o no ser patológicas y que se construyen a partir de sucesos específicos dados dentro de una relación vincular entre el niño y una figura de peso emocional para él-, más que patologías en un sentido psicoanalítico son estructuras caracteriales disfuncionales para la vida de cada persona que las presenta, pero que pueden ser refuncionalizadas. Así, lo que parece ser la debilidad de la persona se vuelve su fortaleza; ya que los aspectos que la conforman son los que 'inconscientemente' considera mejores a la hora de realizar su proceso adaptativo. La persona va eligiendo funcionamientos, mecanismos para adaptarse, lo sepa o no. No es determinada sino interactiva. Delante de todos nosotros hay otros que, por ser significativos, nos impulsan en una determinada dirección de adaptación y funcionamiento; puede ser que elijamos un curso de acción o que se nos dispare por el vínculo con el otro. Por eso, la elección en este proceso adaptativo puede ser consciente o inconsciente. Asimismo, hay aspectos que, mediante el tratamiento, pueden ser desactivados reemplazándolos por otros, y otros serán -como decimos los fractales-, 'reciclados' para que su uso sea acorde al momento presente que a la persona le toca vivir”. [4]
Beatriz Frouté

El encuadre fractal no desconoce patologías, las aborda desde una mirada o concepción adaptativa funcional por contexto. No las considera estructurales-estáticas sino funcionalistas-dinámicas. La psicoterapia fractal aspira corregir el funcionamiento de la persona para que pase de un estado patológico disfuncional a otro funcional. Esto es, a un estado en el que la persona con rasgos patológicos modifica, ajusta, toma conciencia, objetiva y reconoce como tales a esos rasgos. De este modo, a pesar de poseer características patológicas, puede salir del terreno de lo patológico.

Parámetros fractales de salud y enfermedad[editar]

Los parámetros fractales a la hora de pensar a una persona como sana o enferma son los de funcionalidad, disfuncionalidad y creatividad. Una persona sana es la que puede realizar un proyecto de vida y, mejor aún, considerar su vida como un proyecto. La adaptación creativa –en términos de Fiorini[8]​- le permite un funcionamiento sin dolor: el individuo puede ser actor y constructor de su vida en un proceso de coautoría permanente; ya que su consciencia de sí –el concepto es de Damasio[11]​- le permite situarse en un tercer lugar desde donde observar y observarse en el interjuego de la vida.

Asimismo, una persona sana es la que puede tener una vida socialmente activa con un proyecto de vida interesante para sí; en donde sus emociones están disponibles y también su conocimiento de sí misma, elementos que le permiten regular sus distintos estados psicoemocionales-caracteriales y hacer periódicamente un autodiagnóstico (a través de sesiones de sensopercepción), que además le permiten reconocer el estado de su sistema general (mediante técnicas de masaje y de movimiento sensoexpresivo), todo lo cual le da una pauta de su estado general. Desde el encuadre fractal, estos son indicadores de un grado de salud significativo. Todo ello implicaría no tener un carácter rígido y sí disponer de una coraza muscular flexible y mecanismos de resiliencia -en términos de Cyrulnik[12]​ y Zukerfeld[13]​- que le permiten afrontar adversidades y salir airosa de ellas.[4]

“Para la psicología fractal el apego y la resiliencia son dos conceptos fundamentales. La posibilidad de apegarse le permite al individuo tener vínculos, tejer una red de contención que hace a su posibilidad y capacidad de salud; sumadas a una plasticidad yoica que le permite revisar su narrativa y desde allí entender lo relativo a su historia personal, con lo cual sus vínculos pueden ser cada vez más saludables. Hay personas que tienen sobre sí mismas una mirada estereotipada, fija; su consciencia no se mueve. Sin embargo, a través del tratamiento -si éste es posible- la mirada y la historia pueden cambiar y esto traducirse en una historia nueva para contar y, sobre todo, para escribir sobre ellas mismas y su vida, que se inscribe dentro de un árbol familiar que las originó y determinó, y un proyecto personal que, atravesado por todo esto, da pie a ser quienes son y a modificarlo dentro de ciertas limitaciones pre-determinadas”.[4]
Beatriz Frouté

El encuadre fractal entiende por enfermedad a la condición de una persona que disfunciona: posee una coraza caractero-emocional rígida, no puede ser consciente de sí o, lo que es lo mismo, no puede objetivarse; se encuentra profundamente identificada con su pensar, sentir y actuar y no puede tomar distancia de ello para poder desarrollar una actitud crítica hacia sí misma; innovar no está dentro de sus aspiraciones, la repetición de hábitos y rutinas hacen de su vida algo predecible y la creatividad –en términos de Fiorini[8]​- no es un valor importante para ella; tiene una escasa vida social, somatizaciones y síntomas diversos que para ella no tienen explicación ni historia, con una narrativa de la que no logra salir, inflexible y autojustificadora de su accionar y pensar.[4]

Críticas a la psicoterapia fractal froutiana[editar]

El enfoque fractal de Beatriz Frouté no está exento de críticas. Una de ellas se centra en que la idea de concebir al ser humano como fractal y, con ello, abordarlo desde la psicología fractal es anterior a su desarrollo. Así, el enfoque froutiano no sería el único enfoque fractal en psicología y hablar de psicología fractal sería hablar de varios desarrollos, pero no necesaria ni únicamente del que realiza Frouté. Otra crítica es que el pensamiento complejo aplicado a la psicología puede tener más de un desarrollo "fractal". Así, por ejemplo, pueden encontrarse los artículos en línea "fractales en el estudio de la psicología", de Ariel Osvaldo Quezada, del año 2006; el artículo "La psicología: el componente esencial del fractal del pensamiento complejo" de la magíster Maruja Serrudo Ormachea, del año 2010, entre otros, que son anteriores al desarrollo de Frouté y que también conciben a la fractalidad y al pensamiento complejo como parte de un abordaje de la persona en psicología. Asimismo, la preexistencia de la revista de psicología llamada, precisamente, "Fractal" (ISSN: 1984-0292), de la Universidad Federal Fluminense de Brasil, se presta para discutir si en el trabajo de Frouté sería uno más entre otros enfoques fractales en psicología.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b Reich, Wilhelm (2005). Análisis del carácter. Paidós ibérica. ISBN 9788449317736. 
  2. a b c d Frouté, Beatriz (2016). Sobre la identidad funcional y otros conceptos reichianos. (Inédito). Apunte de cátedra para el postgrado en psicología fractal para profesionales de la Salud. Escuela fractal de Psicología. Córdoba, Argentina. 
  3. Reich, Wilhelm (2001). La función del orgasmo. Paidós ibérica. ISBN 9788475090504. 
  4. a b c Frouté, Beatriz (2016). Teoría para una técnica reformulada. Técnica de diagnóstico: Mapeo Caráctero-Corporal-Emocional (MCCE). (Inédito). Trabajo anual para la Maestría en Psicoinmunoneuroendocrinología (PINE). Universidad Favaloro. Buenos Aires, Argentina. 
  5. a b Morin, Edgar (2006). El método IV. Cátedra. ISBN 9788437623337. 
  6. a b Hawkins, Stephen; Mlodinow, Leonard (2010). El gran diseño. Crítica. ISBN 9788498921724. 
  7. a b c d e f g Frouté, Beatriz (2015). Sobre el enfoque de la psicoterapia fractal. Hacia una visión fractal de la persona. (Inédito). Escuela fractal de psicología. Córdoba, Argentina. 
  8. a b c Fiorini, Héctor (2006). El psiquismo creador. Teoría y clínica de procesos terciarios. Nueva Visión. ISBN 9789508922458. 
  9. Damasio, Antonio (2006). El error de Descartes: La emoción, la razón y el cerebro humano. Crítica. ISBN 978-84-8432-787-5. 
  10. Keleman, Stanley (2014). Anatomía emocional: la estructura de la experiencia somática. Descleé de Brouwer. ISBN 9788433012074. 
  11. Damasio, Antonio (2001). O Sentimento de sí. O corpo, a Emocao e a Neurobiología da Consciencia. Publicacoes Europa-América, LDA. ISBN 9789721047570. 
  12. Cyrulnik, Boris (2009). El amor que nos cura. Gedisa. ISBN 9788497840859. 
  13. Zukerfeld, Rubén (2006). Procesos Terciarios. De la vulnerabilidad a la resiliencia. Lugar. ISBN 9789508922458. 

Enlaces externos[editar]