Protoglobalización

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La protoglobalización o globalización moderna temprana es un período de la historia de la globalización entre 1600 y 1800. Acuñado por los historiadores A.G. Hopkins y Christopher Alan Bayly, el término describe la fase de crecientes vínculos comerciales e intercambios culturales que caracterizó el período inmediatamente anterior a la llegada de la llamada «globalización moderna» en el siglo XIX.[1]

La protoglobalización se distingue de la globalización moderna por el expansionismo, método de gestionar el comercio internacional y el nivel de intercambio de información. El período de protoglobalización estuvo marcado por arreglos comerciales tales como la Compañía Británica de las Indias Orientales, el cambio de hegemonía a Europa Occidental, el origen de conflictos de gran escala entre nacionales poderosas como la guerra de los Treinta Años y el surgimiento de nuevas mercancías, en particular, los esclavos africanos. El comercio triangular permitió que Europa tomara ventaja de recursos al interior del hemisferio occidental. La transferencia de plantas y animales y de enfermedades epidémicas asociadas con el concepto de intercambio colombino de Alfred Crosby también desempeñó un rol central en este proceso. El comercio y comunicaciones de la protoglobalización implicaban a un vasto grupo incluyendo mercaderes europeos, musulmanes, de la India, Sudeste Asiático y China, en particular, en la región del océano Índico.

La transición de protoglobalización a globalización moderna se caracterizó por una red global más compleja basada tanto en intercambio capitalistas como tecnológicos; sin embargo, llevó a un colapso significativo en cuanto a intercambio cultural.

Sistemas-mundo tempranos[editar]

Durante la Era premoderna, las primeras formas de globalización ya estaban empezando a afectar un sistema-mundo, marcando un período que el historiador A. G. Hopkins ha denominado «[[globalización arcaica».[1]​ El sistema-mundo que llevó a la protoglobalización fue uno que dependía de una o más potencias hegemónicas asimilando culturas vecinas en su sistema político, haciendo la guerra a otras naciones y dominando el comercio mundial.[2]

Algunos ejemplos de potencias hegemónicas en la globalización arcaica incluyen al Imperio romano y la Antigua China.

Descripción[editar]

Si bien los siglos XVII y XVIII se caracterizaron por un aumento del imperialismo occidental en el sistema-mundo, el período de protoglobalización incluyó una mayor interacción entre Europa Occidental y los sistemas que se habían formados entre naciones en el Sudeste Asiático y el Medio Oriente.[1]​ La protoglobalización fue un período de reconciliación de los gobiernos y los sistemas tradicionales de los distintos países, regiones del mundo y religiones con el "nuevo orden mundial" de comercio global, imperialismo y alianzas políticas, que el historiador AG Hopkins llamó «el producto del mundo contemporáneo y el producto del pasado distante».[1]

Según Hopkins, la globalización sigue siendo un proceso incompleto: promueve la fragmentación a la vez que uniformidad; puede retroceder, así como avanzar; su alcance geográfico puede presentar un fuerte sesgo regional; su dirección y velocidad futura no puede ser predicha con confianza y ciertamente no sin presumir que tiene una lógica interna propia.[1]​ Antes de la protoglobalización, las redes de la globalización fueron el producto de «grandes reyes y guerreros en busca de riquezas y honor en tierras fabulosas por religiosos itinerantes.. y príncipes mercantes»[3]​ La protoglobalización se aferró y maduró en muchos aspectos con respecto a la globalización arcaica; por ejemplo, con la importancia de las ciudades, los migrantes y la especialización del trabajo.[4]

La protoglobalización también estuvo marcada por dos desarrollos económicos y políticos importantes: «la reconfiguración de los sistemas estatales, el crecimiento de las finanzas, los servicios y la manufactura pre-industrial».[5]​ Varios Estados de la época empezaron a «reforzar sus conexiones entre el territorio, la fiscalidad y la soberanía», a pesar de su monopolio permanente de lealtades de sus ciudadanos.[5]​ El proceso de globalización durante esta época estaba fuertemente centrado en el mundo material y el trabajo necesario para su producción.[6]​ El período de protoglobalización fue un tiempo de «eficiencia mejorada en el sector de las transacciones», con la generación de bienes, tales como el azúcar, el tabaco, el , el café y el opio, a diferencia de los poseídos en la globalización arcaica.[6]​ La mejora de la gestión económica también propagó la expansión de transporte que creó una serie compleja de conexiones entre Oriente y Occidente.[6]​ La expansión de las rutas comerciales llevaron a la «revolución verde» basada en el sistema de plantación y exportación de esclavos del África.[6]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d e Hopkins, 2003, p. 3
  2. Hopkins, 2003, pp. 4-5, 7
  3. Hopkins, 2003, pp. 4-5
  4. Hopkins, 2003, p. 5
  5. a b Hopkins, 2003, p. 6
  6. a b c d Hopkins, 2003, p. 7

Bibliografía[editar]