Progresista (adjetivo)

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Ramón Castilla rompiendo las cadenas (1854). Sátira en donde se muestra al presidente peruano Ramón Castilla aboliendo la esclavitud hacia los negros y eliminando el tributo obligatorio a los amerindios.[1]​ La época de Castilla es antes de la polarización política de los espectros de izquierda y derecha. Por lo que en la historiografía actual a pesar de que su gobierno es considerado progresista por los académicos (teniendo una fuerte oposición de una sección conservadora criolla), no lo es desde la visión progre actual.[2]​ Ya que Castilla era de ascendencia española, fe católica y conservador.[3]Perú desde su independencia se encontraba en un proceso de transición pluricultural.[4]
El Bolchevique (1920). Pintura en donde se muestra la victoria del comunismo soviético contra el régimen zarista del Imperio ruso (personificada en la catedral ortodoxa).[5]​ La época de la revolución rusa se dio en plena polarización política de los espectros de izquierda y derecha.[6]​ Por lo que la historiografía actual lo ubica dentro del progresismo, aplicándose todo los estereotipos del progresista promedio: afinidad a la izquierda, crítico a la religión o antirreligioso y revolucionario.[7]

El adjetivo progresista, su síncopa coloquial progre, o el sustantivo colectivo progresía, son términos que utilizan para aludir a personas, ideologías, grupos o instituciones de izquierda.

Lo que es y lo que puede ser progresista esta acondicionado al contexto cultural y político de cada parte del mundo. Siendo en lo general definido como progre una persona que tiene presente los problemas de desigualdad que pueden existir en temas de género, economía y la defensa de minorías, etc, mayormente ubicado en la sección de clase media, con inquietudes intelectuales, simpatía con la izquierda política y en su mayoría de veces tener una postura crítica o completamente en contra con todo lo referente a la derecha política, capitalismo, conservadurismo, fascismo, neoliberalismo y liberalismo.[8][9]​ Los detractores de lo que se define como progresismo suelen tildarlo de «pequeños burgueses con ideas de izquierda» e hipócritas y en esa misma idea calificar a todo el progresismo de izquierda caviar.[10][n. 1]

Aunque en sentido estricto se refiere a la ideología de desarrollo que se impuso en los regímenes políticos democráticos progresistas hoy es una palabra muy extendida, tanto en el lenguaje coloquial como de forma muy frecuente en todo tipo de literatura. Hasta el punto de estar perdiendo su significado, como se ha denunciado en repetidas ocasiones.[8]

Como señala la Real Academia Española la palabra proviene de progreso y por tal es «progresar».[13]​ Pero desde la posición histórica ha evolucionado con la introducción de conceptos políticos y culturales como socialismo, lucha de clases e igualdad social, el término representaba en un principio a una posición contraria a algo «retrógrado». Sufriendo una mutación cuando en círculos intelectuales próximos al marxismo se comenzaron a autodefinir como progresistas los contrarios a gobiernos tradicionalistas que se los solía posicionar en el aspecto de burgueses, para estos intelectuales lograr el progreso era una justificación para eliminar al enemigo de cualquier manera.[8]Karl Marx decía que: "La peor lucha es la que no se hace".[14]

Para 1995 el ensayista francés Raymond Aron en El opio de los intelectuales criticaba está visión del progresista:[15]

Al tratar de explicar la actitud de los intelectuales, despiadados con las debilidades de las democracias, indulgentes con los mayores crímenes, siempre y cuando estos se cometan en nombre de las doctrinas correctas, me encontré en primer lugar con las palabras sagradas: izquierda, revolución, proletariado. La crítica de estos mitos me llevó a reflexionar sobre el culto de la historia y, posteriormente, a interrogarme sobre una categoría social a la que los sociólogos no han prestado aún la atención que merece: la intelligentsia. […] Si observamos la realidad, si nos proponemos objetivos concretos, comprobaremos lo absurdo de estas amalgamas político-ideológicas con las que juegan los revolucionarios de gran corazón y cabeza ligera, así como los periodistas ávidos de éxito. […] Dejemos la superioridad del fanatismo para los fanáticos sin remordimientos. […] Si la tolerancia nace de la duda, enséñese a dudar de los modelos y de las utopías, a rechazar a los profetas de la salvación, a los heraldos de las catástrofes. Apelemos, pues, al advenimiento de los escépticos, si ellos han de extinguir el fanatismo.[15]

El concepto moderno se definió en la contracultura de los 60 en donde la visión de «dos bandos existentes» se volvió a dar pero renovada al tiempo presente, esta vez entre los que protegían un sistema ya sea político o cultural y los que se declaraban contrarios a esto.[16]​ Los espectros políticos clásicos también volvieron a jugar un rol clásico pues la izquierda tomó partido por todo lo que representará una lucha contra el sistema para traer progreso de la gente y la derecha como la de defensora de las tradiciones culturales y religiosas propias del mundo occidental. Otras ideologías que no se alineaba en ningún espectro como pacifismo, ambientalismo, animalismo y anarquismo, así como la religión y el nacionalismo pasaron a jugar un rol predominante en cada bando.[17]

Aspecto positivo[editar]

Con la caída del comunismo soviético en 1991 las personas que se autoidentificaban como progresistas y por tal eran tachados de progres quedaron relegados al mero contexto histórico, ya que para sus contrarios ya no había una relevancia de seguir las discusiones ante el fracaso del sistema comunista.[17]​ Si bien la esencia marxista-leninista ortodoxo quedó en segundo plano, según el criterio de los propios socialistas las reivindicaciones por desigualdades aún existen y deben ser erradicadas.[17]​ El sociólogo español Mario Gaviria lo resume así:[17]

Digamos que hasta en el telón de acero existía una versión progresista basada en la Unión Soviética. Ahora, si tuviéramos que hacer realidad esta utopía, la encontraríamos en las socialdemocracias nórdicas: típico de las sociedades protestantes. El progre a la vikinga, para entendernos. Y esto se caracteriza por la igualdad de la mujer, pacifismo y calidad de la educación pública (...) hoy en día el progre es quien defiende el Estado. Su lema es libertad, igualdad y seguridad social. El auténtico progre es quien paga sus impuestos sin rechistar para exigir que los servicios públicos sean de calidad. No quiere menos Estado, como los liberales, sino un Estado que funcione.[17]

Aspecto negativo[editar]

Foto con el estereotipo del progresista moderno: antifascista, feminista, seguidor del movimiento LGBT, anarquista, antirreligioso, socialista, comunista, etc.[18]
Sectores de izquierda clásica cuestionan al progresista de abandonar la lucha por la clase obrera para atender otras como el del Movimiento LGBT y el lenguaje inclusivo.[19][20]
Se ha criticado al progresista contemporáneo como alguien que sigue una moda.[21]​ Despectivamente se los suele llamar guerrero de la justicia social al buscar una validación social en lugar de tener ideas claras con el progresismo, en la imagen marchas a favor de la interrupción del embarazo en Argentina.[22][23]

Las críticas hacia lo que es progresista suele venir de diversos sectores, tanto de derecha como de izquierda, así como de otras ideologías.[24]​ Desde posturas liberales suelen mostrar la incoherencia de la animadversión progresista con todo lo referente al capitalismo, siendo ellos también parte del grupo beneficiado por las políticas económicas capitalistas.[24]​ El jurista estadounidense G. Gordon Liddy lo define así: "[el progresista es] aquel que se siente profundamente en deuda con el prójimo y propone saldar esa deuda con tu dinero", mientras que Tom Wolfe los definía como radical chic y por tal de falsos revolucionarios.[24]​ La politóloga libertaria guatemalteca Gloria Álvarez se refirió de esta forma:[24]

Para ellos conducir un coche de último modelo de gran cilindrada es compatible con hacer del ecologismo una causa, con defender las muy dudosas democracias rusas, venezolanas, ecuatorianas o iraníes, con defender derechos de las mujeres y homosexuales, con abogar por el laicismo mientras se defiende la religión islámica y al tiempo se ataca a judíos y a católicos (...) aunque vistan sus reivindicaciones de clase obrera, tiene como consecuencia también que su entorno acomodado o muy acomodado les ofrezca una seguridad económica y personal que favorece su dedicación a la lucha por los derechos del pueblo desde la calidez de su domicilio, con la ayuda de su Mac y su iPhone último modelo.[24]

En el diario español El País en una artículo del 1 de diciembre de 1989 llamado "Proletarios del mundo, ¡perdonadnos!", un joven ruso relata las atrocidades cometidas durante el régimen soviético y termina por tachar a los progresistas del mundo occidental como idiotas útiles de los comunistas ortodoxos.[25]

Sectores de derecha conservadora suelen criticar al progresista de su «intento forzoso por destruir» la cultura occidental de influencia cristiana por medio de la acusación de tildar a dicha cultura de violar la laicidad de un Estado, también cuestiona del progresista su revisionismo histórico radical y su «superioridad moral e intelectual»:[8]

No hay "progres" de derecha o al menos no son creíbles ni tolerables por los "progres" con marca de autenticidad. Esto crea algún problema, a la vista de que ese espacio político es tan amplio como heterogéneo. El "progre", para serlo, debe ser de izquierda. El "progre" centrista es un falso "progre" o un "progre" emboscado, y a éste se lo define como "oportunista" (y seguramente lo es). El verdadero "progre", como mínimo, está ubicado en el "centro-izquierda" y, a partir de ahí, llega su presencia hasta la extrema-izquierda. Esto explica muy a las claras por qué el "progre" es "antifascista", pero no "anticomunista". A decir verdad, si el "progre" fuera "tolerante, humanista y laico", difícilmente podría encajar con una doctrina que, desde Marx hasta que fue arrojada a las letrinas de la historia, sus tres rasgos esenciales eran su intolerancia, sus contenidos inhumanos y su formulación con forma de religión laica. Si ellos dicen que son "progres", es que lo son, y poco importó el estalinismo, el castrismo, simplemente, propusieron esa bonanza de la dictadura del proletariado, quintaesencia del pensamiento mágico y mesiánico aplicado a la política. Es curioso, porque hubo un tiempo en el que el marxismo (y su precedente, el socialismo utópico) era de una austeridad propia de los profetas del desierto. No es por casualidad que el sufragio femenino naciera en esos lugares. Era el tiempo en el que una parte de la "izquierda progresista" condenaba a la sexualidad como una manía pequeño-burguesa que alejaba de los verdaderos problemas del proletariado y creaba vicio y perversión en los militantes obreros. Esta doctrina duró en algunos sectores hasta finales del siglo XX. Los maoístas siempre sostuvieron que un maricón era alguien para el que el ano del amante era más importante que la "lucha del proletariado", la "guerra popular prolongada" o la "insurrección armada de masas" y, lo por tanto, prescribían la abstención en materia sexual. En esa misma época y desde principios de los años 70, otra secta izquierdista, el "trotskismo", ya se dio cuenta del inmenso potencial que albergaban los movimientos de liberación sexual y constituyeron los primeros núcleos de los futuros "partidos de colores".[8]

Posturas de algunos sectores socialistas también mostraron sus posición no favorable a la progresía, tildándolos de «colaboradores con la derecha», de expandir una visión deforme del socialismo (siendo el ejemplo más específico para ellos el socialismo del siglo XXI) y de abandonar al proletariado por metas —considerada por ellos— burguesas como el movimiento LGBT y el feminismo.[26]​ Para el socialismo critico hacia el progresismo, éste último es el único responsable del creciente apoyo de obreros y clase baja a políticos de derecha.[27]

Para seducir a la clase obrera no tienes que parecerte a ella, sino ser parte de la misma o, al menos, entender su contexto, sus motivaciones y sus anhelos. Y esto es algo que a los intelectuales de izquierda se les ha olvidado (...) a personas despolitizadas lo que le importa es aquellos elementos esenciales: techo, trabajo y comida.

En el diario español Okdiario en un artículo del 6 de marzo de 2017 tachan a los progresistas del mundo occidental de excesivamente buenistas y políticamente correctos en una especie de lucha a favor de la justicia social multicultural y que en la práctica solo les hace daño a ellos mismos, el diario pone de ejemplo la introducción progresista en la política internacional de los Estados Unidos:[28]

Para el progre políticamente correcto, la democracia sólo es democracia si satisface su visión enclenque de las libertades, si se habla en el tono y formas que él propone, si se humaniza la sociedad pero sin contar con su presencia. El progre no habla, apela al diálogo, no se sacrifica, invoca que otros lo hagan por él en pos de una suerte de justicia universal. Pero ha formado parte de un colectivo anestesiado en su mediocre soberbia, causante de que muchos millones de personas se hayan cansado de que le digan cómo pensar, qué decir y a quién votar. [Donald] Trump no es el problema. El progre políticamente correcto, el buenista de toda clase y condición, sí.[28]

Igualmente se acusa a movimientos autodeclarados progresistas como el antifascismo de marionetas de la izquierda, argumentado que la mayoría de antifascistas no luchan por la democracia si no por la imposición de un totalitarismo contrario al fascismo: el comunismo.[29]​ Llegando los antifascistas, a usar, la falacia del falso dilema «del bueno y el malo» para conseguir apoyo y en caso de no lograrse, recurrir a tácticas violentas y autoritarias propiamente fascistas a pesar de que se consideren como «antifascistas».[30]

Se critica también que en los círculos progresistas se suelen tildar de «fascista», «machista» o «racista» a cualquier individuo que no simpatice con las ideas progresistas más allá de si dicho individuo se considera o no propiamente parte de alguno de esos adjetivos tildados por ellos.[31]​ Siendo principalmente conservadores, masculinistas y nacionalistas los que sufren dichos ataques.[32]

Notas[editar]

  1. Según el abogado peruano Aldo Mariátegui no todos los progresistas pueden ser de la izquierda caviar. Incluso llega a mostrar que progres y caviares muchas veces no estarán de acuerdo principalmente porque el segundo mira al primero como elitista y el primero mira al segundo como soñador.[11]​ Para Mariátegui a pesar de no ser lo mismo, ambas posiciones comparten un resentimiento social y racismo hacia lo que no es permitido por la corrección política, poniendo de ejemplo la discriminación hacia personas blancas bajo la justificación de campañas antirracistas en favor de amerindios y negros.[12]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. La abolición de la esclavitud y el mundo hispano. Consultado el 19 de enero de 2019.
  2. Ramón Castilla: Trece obras importantes a 147 años de su muerte. Publicado el 30 de mayo de 2014. Consultado el 19 de enero de 2019.
  3. Contra lo que se cree Gobernantes de "todas las sangres" en la historia. Publicado el 14 de abril de 2001. Consultado el 19 de enero de 2019.
  4. Reconocer nuestra pluriculturalidad: una tarea para todos. Publicado el 30 de enero de 2018. Consultado el 19 de enero de 2019.
  5. Boris Kustodiev’s painting, The Bolshevik., offers deep insight into the Russian Revolution. Consultado el 19 de enero de 2019.
  6. Revolution: Russian Art 1917-1932 review – when anything was possible. Consultado el 19 de enero de 2019.
  7. Hope and Terror: Revolution: Russian Art 1917-1932 at the Royal Academy. Publicado el 22 de febrero de 2017. Consultado el 19 de enero de 2019.
  8. a b c d e ¿Cómo ve el mundo un progre?. Publicado el 21 de julio de 2010. Consultado el 18 de enero de 2019.
  9. Cómo ser un progre. Publicado el 9 de julio de 2017. Consultado el 17 de enero de 2019.
  10. Lo que los progres no entienden. Consultado el 17 de enero de 2019.
  11. Aldo Mariátegui tras victoria de Muñoz: "Las redes fueron decisivas". Publicado el 8 de octubre de 2018. Consultado el 19 de enero de 2019.
  12. Aldo Mariátegui: “No soy racista, soy progre”. Publicado el 24 de marzo de 2015. Consultado el 19 de enero de 2019.
  13. Real Academia Española. Consultado el 19 de enero de 2019.
  14. “La peor lucha es la que no se hace”. Publicado el 5 de mayo de 2018. Consultado el 18 de enero de 2019.
  15. a b El opio de los intelectuales. Consultado el 17 de enero de 2019.
  16. La alegría del progre. Publicado el 23 de julio de 2008. Consultado el 17 de enero de 2019.
  17. a b c d e ¿Qué es hoy ser progre?. Publicado el 6 de junio de 2010. Consultado el 17 de enero de 2019.
  18. Manual del "progre" del siglo XXI: 10 claves para reconocerlo y buscar un diálogo. Publicado el 10 de julio de 2017. Consultado el 20 de enero de 2019.
  19. LA CLASE OBRERA HA ABANDONADO A LA IZQUIERDA. Publicado el 11 de enero de 2018. Consultado el 19 de enero de 2019.
  20. No es un gobierno feminista, es neoliberalismo “progre”. Publicado el 8 de junio de 2018. Consultado el 19 de enero de 2019.
  21. Dime qué color usas: la grieta del aborto se metió en la moda y el color ingenuo ya fue. Publicado el 20 de agosto de 2018. Consultado el 19 de enero de 2019.
  22. El macho progre o falso feminista. Publicado el 8 de junio de 2018. Consultado el 19 de enero de 2019.
  23. ¿Que significa ser progresista?. Consultado el 19 de enero de 2019.
  24. a b c d e El "progre", la incoherencia de un burgués con ideas de izquierda. Publicado el 28 de julio de 2017. Consultado el 17 de enero de 2019.
  25. "Proletarios del mundo, ¡perdonadnos!". Publicado el 1 de diciembre de 1989. Consultado el 17 de enero de 2019.
  26. ¿Qué es un "progre"? : Historia y significación ideológica de un término equívoco. Publicado el 13 de marzo de 2107. Consultado el 17 de enero de 2019.
  27. LA IZQUIERDA HA ABANDONADO A LA CLASE OBRERA. Publicado el 19 de abril de 2018. Consultado el 17 de enero de 2019.
  28. a b Cómo el populismo necesita al progre políticamente correcto. Publicado el 3 de marzo de 2017. Consultado el 19 de enero de 2019.
  29. Antifa, los tontos útiles de la izquierda. Publicado el 3 de septiembre de 2017. Consultado el 19 de enero de 2019.
  30. ¿Son fascistas los antifascistas?. Publicado el 31 de agosto de 2017. Consultado el 19 de enero de 2019.
  31. Por qué esa intolerancia de los progresistas hacia opiniones distintas. Publicado el 16 de marzo de 2018. Consultado el 19 de enero de 2019.
  32. Peterson: "Hay una crisis de la masculinidad porque se culpa a los hombres por el mero hecho de serlo". Publicado el 13 de febrero de 2018. Consultado el 20 de enero de 2019.
  33. Carta abierta a los pseudoanarquistas dogmáticos. Publicado el 30 de abril de 2018. Consultado el 20 de enero de 2019.
  34. Antifascistas: ¿Los nuevos fascistas?. Publicado el 1 de junio de 2016. Consultado el 20 de enero de 2019.
  35. Inquisición progre. Publicado el 20 de octubre de 2017. Consultado el 20 de enero de 2019.
  36. Feministas progres y anglicanismos, depredadores del idioma. Publicado el 9 de febrero de 2018. Consultado el 19 de enero de 2019.
  37. La radicalización del feminismo. Consultado el 19 de enero de 2019.
  38. Aborto: ¿Qué simboliza el pañuelo verde?. Publicado el 6 de marzo de 2018. Consultado el 19 de enero de 2019.
  39. Lenguaje inclusivo o posmodernismo. Publicado el 15 de septiembre de 2018. Consultado el 19 de enero de 2019.
  40. La izquierda insta a incorporar el “lenguaje inclusivo” en los textos jurídicos. Publicado el 11 de julio de 2018. Consultado el 19 de enero de 2019.