Prehistoria del griego

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Famoso comienzo de la Ilíada de Homero en el que se canta la cólera de Aquiles, hijo de Peleo.

La prehistoria del griego se refiere al período transcurrido entre los inicios de la diferenciación del proto-indoeuropeo hasta los primeros testimonios escritos en griego antiguo, la última fase de la prehistoria del griego coincide por tanto con el proceso de helenización de Grecia.

De las estepas de Asia a Grecia[editar]

Dentro de la cultura occidental la lengua griega ha tenido un impacto cultural muy considerable, llegando a ser la principal fuente de neologismos en léxico. Desde el punto de vista histórico y filogenético el griego clásico y las otras formas de griego son lenguas indoeuropeas resultado de la evolución a partir del protoindoeuropeo o, mejor dicho, el complejo de lenguas indoeuropeas que desde el V milenio a. C. fueron traídas por pueblos seminómadas a Europa (probablemente procedente de las llanuras que se extienden de los Urales a los montes Tianshan, que cierran el paso al Xingiang y la Mongolia interior (hoy dentro de China).

Las fechas son discutidas, pero en todo caso es claro que hacia el 3500 a. C. pueblos de habla indoeuropea colonizaron los Balcanes. Por lo que usualmente se acepta que la colonización de Grecia por los pueblos helénicos debió empezar hacia el 2000 a. C., desde el norte de la península griega hacia el sur y a través del estrecho del Bósforo. Se conjetura que otros grupos que giraron al sur, habrían seguido una ruta bordeando el Cáucaso hacia Anatolia, siguiendo algunas luego hacia el Irán y la India. Otras todavía se habrían dirigido independiente hacia el Este, al otro lado del Tianshan, a la depresión del Tarim, en el actual Xinjiang, donde posteriormente nació la lengua tocaria.

El léxico cultural heredado[editar]

El griego es considerado una lengua razonablemente conservadora en ciertos aspectos, como el sistema vocálico, idéntico al reconstruido para el proto-indoeuropeo. Por ello el griego es importante para reconstruir las laringales del indoeuropeo o el sistema de apofonía. En gramática se observan características comunes al indoiranio y al armenio, que probablemente son innovaciones y no se remontan al proto-indoeuropeo.

Supuestamente las lenguas griegas heredaron la mayor parte de su vocabulario cultural de formas léxicas que reflejan adecuadamente el tipo de cultura indoeuropea reconstruida a partir de las evidencias lingüísticas. Entre el vocabulario griego que refleja aspectos culturales supuestamente heredados de los proto-indoeuropeos están:

el nombre de la ciudad fortificada (πόλις),
los de la organización social y familiar:
(γένος ‘familia’,
πότις ‘señor, marido’,
πότνια ‘la del marido, esposa’,
πατήρ ‘padre’ y varios otros nombres familiares más:
los nombres de la casa (δόμος),
el hogar (ἑστία)
las artes del trabajo del barro, la madera, el vestido, el tejido, etc (τεῖχος, τέκτων, ἐσθής, etc.):
verbos como cocer (πέσσω),
arar (ἀρόω, cf. ἄροτρον ‘arado’),
tejer (νέω),
ordeñar (ἀμέλγω).

También los nombres del dios del cielo (Ζεύς), los animales domésticos (ταῦρος, βοῦς, σῦς, ὄις, κύων, etc.), la cebada (ζειαί) y la 'miel' (μέλι). Υ los de los medios de transporte y guerra (ἵππος ‘caballo’, κύκλος ‘rueda’, ὄχος ‘carro’).

Algunas palabras indoeuropeas que entraron en griego, por ejemplo la del ‘toro’, la del ‘león’ (λέων), la del ‘vino’ (οἶνος), quizá incluso la del ‘caballo’ son, probablemente, «palabras viajeras» que bien el IE, bien el griego, tomaron de complejos culturales del Medio Oriente. Se encuentran paralelos en lenguas no indoeuropeas (sumerio, kartvélico, semítico, etc.).[1] Desde el punto de vista del griego son, ya, palabras indoeuropeas. Puede suceder, sin embargo, que las circunstancias culturales cambien y las palabras continúen, pero cambien de sentido. El ἀρχιτέκτων puede construir ya en piedra y no sólo en madera, el τεῖχος puede no ser ya de barro, el χαλκεύς ‘broncista’ pasa a ser ‘herrero’, el φρατήρ es ahora ‘miembro de la fratría’ y el antiguo ‘hermano de madre’ (ἀδελφός) pasa a ser simplemente ‘hermano’. Si *bhāgós era ‘haya’, como se dice, hubo un cambio de sentido cuando pasó a ser φηγός ‘roble, encina’. Χόρτος es ya simplemente ‘huerto’ y nada tiene que ver con ‘patio, corte’.

De otra parte, no hay que considerar el IE como una unidad. Culturalmente, parece claro que si la domesticación del caballo y el uso del carro pesado de transporte son muy antiguos, el carro ligero de guerra, tirado por dos caballos, es probablemente reciente, de hacia la mitad del segundo milenio; e igual el cabalgar. Por otro lado, ciertos términos culturales (por ejemplo, el nombre de la ‘fortaleza’ o el del ‘bronce’) parecen ser dialectales en ΙΕ. Α su vez, los términos griegos pueden diferir de dialecto a dialecto.

Aspectos materiales[editar]

De la misma manera que sucede con parte del léxico y la fonología, varios autores consideran que la cultura de la Antigua Grecia retiene muchos rasgos de la cultura indoeuropea. Parte de esa retención se reflejaría en el léxico griego. Si la lengua griega es la continuación del proto-indoeuropeo, más exactamente de alguno de sus dialectos, la cultura griega es continuación de la cultura proto-indoeuropea o de una determinada fase temporal y local de la misma. De hecho, la mayor parte del léxico griego continúa el léxico proto-indoeuropeo, aunque también es cierto que en griego no escasean las huellas de lenguas preindoeuropeas.

Se puede conjeturar sobre la cultura indoeuropea a través de la paleontología lingüística, y mediante la arqueología tratar de identificar con alguna cultura materialmente testimoniada. El análisis del léxico permite conjeturar sobre las instituciones de los diversos pueblos indoeuroepos (el griego es uno). La paleontología lingüística fue iniciada por Alvin Boyd Kuhn a mediados del siglo XIX y sus últimos resultados pueden verse en el libro citado de Th. V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov.[2] De acuerdo con la especulación considerada más verosímil por muchos autores, los indoeuropeos habrían sido un pueblo nómada, que viajaba en sus carros tirados por caballos y se asentaba en lugares fortificados. Algunos presuponen que esas dos últimas características sugieren que se habría tratado de un pueblo guerrero que se habría expandido básicamente mediante la conquista, aunque autores como Renfrew han argumentado en favor de una difusión agrícola relativamente lenta y pacífica.

Desde el punto de vista material los pueblos indoeuropeos habrían formado culturas neolíticas y conocían algún tipo de metal como el bronce, practicaban la alfarería, el trabajo de la madera y el tejido. Entre los nombres testimoniados de animales está el toro y la vaca, la oveja, el cerdo y el perro que presumiblemente habría domesticado; y se supone habrían cultivado cebada.

Su organización social estaba basada en la familia patriarcal, que se unía a otras más primarias dentro de fratrías y tribus que a veces se coaligaban bajo la jefatura de un rey con poderes militares, religiosos y judiciales, pero limitados por una asamblea de guerreros. Sabemos de su religión, con su dios del día *Dyēus, sus sacrificios y sus libaciones; de su poesía oral, épica y lírica.

Pero no se trata solamente de léxico. Hoy se está de acuerdo en que la poesía griega primera, épica sobre todo pero también lírica, continuaba el estilo de la poesía oral indoeuropea con sus fórmulas, sus símiles, sus máximas o γνῶμαι, incluso su métrica.

Los dialectos indoeuropeos[editar]

Tradicionalmente las lenguas griegas se habían considerado el resultado de la diversificación de un hipotético proto-griego a su vez derivado del proto-indoeuropeo unitario y plano de la reconstrucción tradicional de Brugmann, la que llamamos brugmanniana. Sin embargo, ese simple modelo de diversificación ha sido criticado, y algunos lingüistas señalan que con toda probabilidad nunca existió un único indoeuropeo unitario, sino que como en toda lengua natural hay variedades escalonadas cronológicamente y divididas en dialectos. Incluso se discute la realidad de un proto-griego casi totalmente homogéneo.

En realidad, la idea de un escalonamiento temporal del IE, no es enteramente nueva. Ya Meillet, Hirt, Specht y Benveniste, entre otros, especulaban, por ejemplo, sobre la evolución de las raíces o el carácter reciente del femenino o el aoristo o la declinación temática; o, más atrás todavía, sobre un original IE no-flexional, del que quedan huellas en los temas puros, los primeros términos de los compuestos y ciertos adverbios. Otras teorías buscaban huellas de aglutinación o de adaptación en el origen de ciertas formas flexionadas. Pero se siguió reconstruyendo un solo IE.

El problema se hizo más acuciante cuando fue descifrado el hitita y luego otras lenguas anatolias. En muchos aspectos estas lenguas difieren de ese IE reconstruido, y en cierto modo, desafían la reconstrucción tradicional. Para conciliar las diferencias tipológicas entre la reconstrucción brugmanniana del indoeuropeo y las lenguas anatolias, Sturtevant propuso una primera solución con su tesis del «indohitita» (1986, 1968, etc.): hitita e indoeuropeo serían dos ramas diferentes de ese antiguo «indohitita». Pero no había un planteamiento que señalara una diferencia diacrónica entre las dos ramas, cuyas características señalaba muy incompletamente. Su hipótesis apenas encontró eco. Se imaginó, en general, que si el hitita no tenía ciertas categorías como el género masculino y femenino, el aoristo, el subjuntivo o el perfecto, es que las había «perdido». Sin embargo, una serie de arcaísmos fonéticos y morfológicos del anatolio habían sido ignorados, por lo que a partir de 1962 F. R. Adrados planteó en su artículo «Hettitisch und Indogermanisch» la cuestión en otros términos: el hitita procede de un escalón del IE en que todavía no se habían creado la oposición de género masculino/femenino/neutro, ni los grados de comparación del adjetivo, ni la combinación de varios temas (de presente, aoristo, perfecto y futuro; de indicativo, subjuntivo y optativo) en el verbo. La flexión nominal y verbal era monotemática: de un solo tema, con ayuda de desinencias (incluida la 0), se deducían las flexiones nominales (incluidas las adjetivales y pronominales) y las verbales. Este IE monotemático (IE II) es un escalón previo al politemático (IE III), que es el de la reconstrucción tradicional. Por supuesto, contiene algunos arcaísmos más: desde las laringales, la falta de cantidad de las vocales o la frecuente identidad de singular y plural fuera del Nominativo y Acusativo, y de Nominativo y Genitivo singular en los nombres temáticos, hasta ciertos rasgos del sistema desinencial. El IE politemático o III contiene, a más del politematismo, diversas innovaciones adicionales. Aunque a veces algunos arcaísmos del hitita se hallan a veces, como tales, en el IE politemático.

Otra propuesta es que la rama del anatolio, representante del IE II, se separó evidentemente en un momento dado del resto del IE; bordeando el Cáucaso pasó a Asia Menor y fue inmune a las innovaciones del resto del IE, al Norte del Cáucaso (el IE III). Esto coincide con el hecho de que los más antiguos textos del griego y el indoiranio sean de en torno al s. XV a. C. y los del hetita, al s. XX a. C. Pero no es este argumento el decisivo, sino el lingüístico.

Pero el estudio del IE II y su derivado el anatolio, con sus varias lenguas, no interesa directamente en este contexto: es claro que el griego y las demás lenguas consideradas en la reconstrucción tradicional proceden del IE III, el politemático, el que se difundió desde el año 2000 por Grecia, Irán y la India (el A), más recientemente por Europa y el valle del Tarim (el B). Se considera que este tipo de IE debió de formarse en el curso del tercer milenio antes de la era común: Adrados identifica su expansión con la oleada III de Gimbutas, hacia el 2300 a. C. Esto no quiere decir que oleadas anteriores no hayan podido llegar a Europa: a ellas hay que atribuir restos indoeuropeos pregriegos y pregermánicos.

Para la originalidad del IE III, los argumentos lingüísticos, tan descuidados por los arqueólogos, son los decisivos. Se centran en las innovaciones y elecciones, aunque, por supuesto, quedan aquí o allá arcaísmos idénticos a los del IE II: restos de las laringales, uso del tema puro en el L. y en otras funciones, ocasional identidad de N. y G., flexión heteroclítica, verbos conjugados por un solo tema (como εἰμί en gr.), falta del subj (en báltico y eslavo), indistinción ocasional del mismo y el ind (en gr., germ., etc.), etc. Hay, incluso, arcaísmos que el anatolio perdió (distinción de los temas nominales en *-o y *-ā, 1.a sg. en *-ō sin desinencia, etc.). También son notables las elecciones: N. pl. en *-ōs y no en *-es, 1.a sg. med. en *-(m) ai y no en *-a, etc.

El griego dentro del indoeuropeo[editar]

Todo esto es insuficiente para establecer la genealogía del griego: hacerlo descender del IE III no aporta innovación sobre los planteamientos tradicionales que lo hacían descender simplemente del IE. Únicamente, se ha señalado que este IE III es una fase reciente del IE. Precisando ideas anteriores,[3] y anticipándome a exposiciones más recientes,[4] en sus publicaciones Adrados ha propuesto la existencia de un dialecto del IE que está en la base de griego, indoiranio y armenio (también, sin duda, del tracofrigio). Es el que ha llamado ΙΕ IIΙΑ ο indogriego.[5] Frente a él, lenguas testimoniadas en fecha más reciente y más al O., a saber, las de Europa (báltico, eslavo, germano, latín, itálico, celta), y el E (el tocario), representarían un ΙΕ ΙΙΙΒ, fundamentalmente innovador: la innovación más importante sería la reducción del sistema verbal a dos temas (aparte del fut.), confluyendo en el segundo el impf., aor. y perf.

Esta es la división fundamental: la antigua en lenguas centum / satəm se refiere a un fenómeno fonético más reciente que se entrecruza variamente con la escisión IE IIIA/B y con otros rasgos. Otra innovación del Β es el uso frecuente de temas verbales en *-ē y *-ā. Por lo demás, no se excluye que dentro del grupo Β queden rasgos arcaizantes, como la desinencia *-r en lat., itál., celt. y toc, la falta de oposición act. / med., de subj. y perf. en bált. y esl., el ocasional monotematismo (por ej. en moli, 2.a-3.a sg. pret.) en esl., etc.

Naturalmente, no está excluida la existencia de arcaísmos en uno y otro grupo: el B, aparte de los mencionados, conserva la flexión verbal semitemática, el A conserva mejor el sentido de la raíz y la derivación de temas directamente a partir de ésta (de ahí que a un presente puedan corresponder varios aoristos y viceversa), conserva la oposición del presente e imperfecto marcada sólo por las desinencias; y la riqueza del sistema de derivación y composición. Hay, por lo demás, innovaciones y arcaísmos propios de las distintas lenguas, el gr., i.-i. y arm. en el caso del grupo A.

Pero lo fundamental es la existencia de innovaciones comunes en este grupo A: así, el relativo yo-, el aumento verbal (también en armenio), la eliminación de la flexión semitemática, la creación del perf. med. y del plusc, la adscripción de modos y participios a los distintos temas verbales, la oposición de un tema durativo *bhére/o- y uno puntual *tudé/o-, el futuro en -s- (también en báltico), la tendencia (culminada en i.-i.) a establecer cuatro series completas de desinencias (con desaparición, salvo en los temáticos, del uso del tema puro), la pérdida también (salvo excepciones en i.-i.) de la des. *-r, la falta de temas verbales compuestos (salvo gr. -θη) y de los en *-ē y *-ā (salvo gr. -η), etc.

Por otra parte, el griego innova a veces frente al sánscrito: así en la adscripción de un infinitivo a cada tema verbal y en la casi demolición del complicado sistema de temas de presente derivados de una misma raíz. De todos modos, con todas sus innovaciones, el dialecto IIΙΑ es fundamentalmente arcaico, al conservar los cuatro temas verbales de presente, aoristo, prefecto y futuro. Esto coincide con su más antigua difusión. Ha producido lenguas con una localización meridional y continuada: se extendieron del Turquestán al Norte del Mar Negro a los Balcanes; luego descendieron al Irán y la India, a Grecia y Asia Menor. Adrados ha propuesto que se trataba de una horda (o conjunto de ellas) meridional, que penetró en Europa por el S. de los Cárpatos; y que sin duda avanzó hacia el O. en fecha más temprana que la de las hordas que penetraron por el Norte de los Cárpatos y crearon las varias lenguas europeas de tipo IIIB.

No es absoluta: sin duda ha habido contactos entre ellos antes de disolverse la continuidad de las lenguas, todavía en la llanura rusa o europea. A veces toda la rama A o una parte de ella coincide con la B.

La satemización más o menos completa de ciertas lenguas de uno y otro grupo, la coincidencia en la confusión de las vocales, etc., son buenas pruebas. Y luego, hablando de la morfología, citemos, por ejemplo, que el sufijo de superlativo *-isto- está en gr., i.-i. y germ.; la desinencia causal *-bhi, propia del grupo A, está también en lat., celt., etc.; hay concordancias en los pronombres personales (G. de 1.ers. av. mana,. mene, lit. mané, Ac. ai. mām, aesl. mę), en la negación prohibitiva *mē (en i.-i., gr., arm. y alb.), en el futuro en -s (gr., i.-i., bált), en los participios en -lo (arm. y esl.), en la difusión de temas verbales en *-ē (gr., arm., toc, etc.), en la creación de una flexión completa (pero no en i.-i.) para denominativos y deverbativos, en el N. pl. en *-oi en los nombres temáticos (en gr., lat., aesl., germ., parte del celta), en el dual (gr., i.-i., balto-esl. y en parte del germ.), etc.

Estas son innovaciones o elecciones, según los os. Pero también hay arcaísmos: así consideramos el sistema nominal de cinco casos, con una forma única de D.-L.-I (en gr., germ. y celt.), otros consideran esto una innovación. Y la flexión heteroclítica, de que hay huellas en lat. Todo esto es importe porque nos prepara para considerar los hechos del griego: no sólo continúa al ΙΕ IIΙΑ, que a veces no es unitario, también sucede que vaya con tal o cual lengua del IIIB. Esto, aparte de su diferenciación dentro del propio grupo IIIA. Se piensa que, yendo en cabeza de las hordas del IE IIIA, su contacto principal fue con la retaguardia de las hordas del IIIB, sobre todo el báltico y el eslavo: esto se ve por los rasgos comunes.

Evolución del griego histórico[editar]

La prehistoria del idioma griego acaba con los primeros registros documentados de la lengua, que son los que se corresponden con el griego micénico, escritas mediante la escritura lineal B. Tras el periodo micénico aparecieron en diversos lugares de la antigua Grecia inscripciones en diversas variantes de alfabeto griego que muestran una importante diversidad dialectal, las diferentes variedades se conocen como dialectos del griego antiguo nombre un tanto confuso ya que en realidad no constituyen dialectos geográficos de una misma lengua en el sentido convencional sino evoluciones independientes y por tanto propiamente son diferentes lenguas griegas, con diferentes grados de inteligibilidad mutua, aunque en general lingüísticamente cercanas. Tras este periodo el prestigio del griego ático de Atenas hizo que esta variedad se extendiera a expensas de otras variedades regionales. El griego ático de Atenas con ciertos elementos de los otros dialectos coincide básicamente con lo que se conoce como griego clásico. Posteriormente esta lengua evolucionó dando paso a lo que se conoce como griego helenístico común o [he dialectós] koiné.

Referencia[editar]

  1. cf. Th. V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov
  2. 1995, p. 413 y ss., así como en estudios especiales sobre puntos concretos, por ejemplo, la poesía indoeuropea
  3. R. Birwé (1956)
  4. Th. V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov (1995), p. 347 ss.
  5. Cf. sobre él también M. Meier-Brügger 1992, p. 65 s.