Pozo de Quilmes

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El Pozo de Quilmes o Chupadero Malvinas,[nota 1] dependencia de la Brigada de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, fue un centro clandestino de detención y maternidad clandestina argentino que funcionó entre agosto de 1975 y enero de 1979, en el marco del la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional que gobernaba de facto el país.[1] Se encuentra ubicado en Allison Bell y Garibaldi, de la Ciudad de Quilmes[2] , donde actualmente funciona la Brigada de Investigaciones de Quilmes.

Las víctimas denunciaron la presencia del cura torturador Christian Von Wernich entre noviembre de 1977 y febrero de 1978 y allí fueron secuestradas 251 personas.[3]

El “Pozo de Quilmes” actualmente ocupado en parte por la Brigada Femenina de la Policía Provincial, en la intersección de Allison Bell y Garibaldi de nuestra  localidad, cumplió una función específica dentro del circuito de centros clandestinos de la Provincia de Buenos Aires (conocido como “circuito Camps”), como eslabón de “depósito de prisioneros”, lugar de obtención de información, y uno de los pasos previos a la decisión sobre el destino de cada detenido-desaparecido: el traslado final (asesinato) o la “legalización”, para la cual pasaba por alguna comisaría y luego era destinado a algún penal.

Está constatado que por el “Pozo de Quilmes”  pasaron  prisioneros extranjeros provenientes de Uruguay, Paraguay y Chile. Y también en la dependencia tuvieron una participación activa represora extranjera, en este caso perteneciente al Ejército uruguayo, que se ocupaban de interrogar y torturar a los detenidos ilegales de esa nacionalidad. La integración del “Pozo de Quilmes” a la operatoria puesta en marcha con el Plan Cóndor se cristalizó de manera más paradigmática con el caso de los prisioneros y represores uruguayos.

El ingreso de prisioneros ilegales al “Pozo de Quilmes” no se producía siempre por el mismo lugar, pero en la mayoría de los casos se realizaba por el garage del edificio de cuatro plantas, sobre la calle Garibaldi, atravesando un portón pesado que corría por un riel. Desde ese garage, se accedía directamente a la escalera que llevaba a los pisos superiores, en donde se encontraban los calabozos. A través de las pequeñas ventanas de estos calabozos se podía ver el edificio del Hospital de Quilmes, que se encontraba a dos cuadras de allí.

Cuando la Brigada de Investigaciones de Quilmes dejó de ser utilizada como centro clandestino de detención, y antes de que la Conadep realizara inspecciones oculares con sobrevivientes, ambos edificios fueron modificados para ocultar sus rasgos más reconocibles. En el edificio de los calabozos, se sacó el portón de hierro (aunque el riel sobre el que corría permaneció intacto), se ocultó la escalera estrecha por la cual ascendían y descendían los prisioneros, se tapió la parrilla y se pintaron las paredes de los calabozos y celdas.

El “Pozo de Quilmes” no era un centro clandestino que estuviese especialmente preparado para manejar los nacimientos en cautiverio, y es por eso que su funcionamiento respecto de las mujeres embarazadas no tuvo un carácter sistemático: cada caso tuvo características particulares, y es difícil realizar una generalización. No obstante, sí es posible marcar una tendencia, sobre todo en lo referente a la conexión que este CCD mantuvo con el “Pozo de Banfield” en este aspecto puntual: es más que factible inferir que fue debido a esta falta de infraestructura que la Brigada de Quilmes estableció una conexión tan fluida con el “Pozo de Banfield” respecto de las detenidas embarazadas. De hecho —y sin considerar los casos de las prisioneras encintas de Quilmes que perdieron sus bebés o que fueron liberadas antes del parto—, de las cinco embarazadas que estuvieron en el “Pozo de Quilmes” cuyos embarazos llegaron a término en cautiverio, tres de ellas fueron trasladadas a Banfield para el momento del parto.  

Allí, solían ser “atendidas” por el médico policial Jorge Antonio Bergés, que visitaba más asiduamente el “Pozo de Banfield” que la Brigada de Quilmes.

Reconocimiento de Conadep[editar]

El reconocimiento del «Pozo de Quilmes», actualmente ocupado en parte por la Brigada de Investigaciones de Quilmes, fue realizado por la CONADEP el 18 de mayo de 1984, junto con una decena de testigos, quienes ubicaron con precisión los sitios donde habían estado detenidos, tanto más cuanto que algunos guardias les permitían bajarse las vendas de los ojos.

María Kubik de Marcoff señaló el lugar donde había visto por última vez a su hija, quien en ese momento había alcanzado a susurrarle:

«Me dijeron que si no hablaba, te llevarían a vos y al abuelo.»

Rubén Shell recordó:

«Los calabozos no estaban pintados por dentro como ahora, eran simplemente de cemento gris. Yo había hecho una inscripción en el mío que todavía está allí. Incluso reconozco otras inscripciones que ahora veo en las paredes.»

Por su parte, Alfredo Maly descubrió, raspando la pintura nueva de la pared de su celda, las marcas que él había hecho durante su cautiverio.

Todos los testigos reconocieron la entrada por la que se ingresaba al Centro desde el garaje, aunque el portón está actualmente modificado, sin que hayan desaparecido las huellas de los rieles por los que anteriormente corría. Oculta actualmente por un tabique de cemento, está aún la escalera tipo caracol que comunicaba el garaje, la sala de admisión y el «quirófano», con el resto de las instalaciones.[1]

Maternidad clandestina[editar]

Se investigó muy a fondo el funcionamiento con respecto a las embarazadas detenidas, el trato que recibían y el camino que seguían hasta el momento de parir. El Pozo de Quilmes cumplía funciones específicas dentro del Plan Cóndor. Junto con El Vesubio tuvieron un numeroso caudal de embarazadas detenidas que eran trasladadas a otros centros al momento del parto. Se establecieron conexiones sistemáticas entre el Pozo de Quilmes y el Pozo de Banfield (lógica del circuito Camps o Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires). Todos eran piezas de un plan sistemático: después de parir, las madres eran desaparecidas y sus bebés robados y apropiados.[4]

Testimonios[editar]

En la madrugada del 21 de abril de 1978 irrumpieron en mi domicilio de Lanús Oeste veinticinco personas de civil, fuertemente armadas. Mi esposo y yo fuimos encapuchados, esposados y luego introducidos en una camioneta. Sabemos, por muchos indicios, que estuvimos en el sótano de la Brigada de Investigaciones conocida como «Pozo de Quilmes». Allí fuimos interrogados acerca de nuestra actividad en el Uruguay —de donde provenimos—, y en la Argentina. En este campo pudimos ver a numerosos uruguayos, algunos de ellos en muy mal estado, debido a la tortura. Cinco días después nos dejaron en libertad, previo acuerdo de que debíamos entregar una fuerte suma de dinero. Tanto la extorsión como el secuestro y el interrogatorio estuvieron dirigidos por un individuo que se hacía llamar «Saracho». Fuimos llevados hasta nuestro domicilio, donde debimos entregar una elevada suma de dinero, producto de una indemnización por accidente percibida por mi suegra días antes.

Beatriz Bermúdez. Legajo Conadep N° 3634[1]

Otro uruguayo, Washington Rodríguez (Legajo N° 4985) declara que a principios de abril de 1978 compartió su detención en este Centro con veintidós compatriotas,- quienes le relataron haber estado recluidos en el Pozo de Banfield donde fueron torturados por oficiales de OCOA. Tanto el tema de los interrogatorios como los métodos de tortura ponen en evidencia que los mismos actuaban también en Quilmes.[1]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. "Chupar" era el eufemismo que utilizaban las fuerzas armadas y de seguridad para referirse a la privación ilegal de la libertad a que sometían a las personas.

Referencias[editar]

  1. a b c d CONADEP (Mayo de 1995). Nunca Más (20ª edición). Eudeba. pp. 90 170. ISBN 950-23-0584-1. Archivado desde el original el 20 de abril de 2002. 
  2. «Municipio de Quilmes / Derechos Humanos / Centros Clandestinos de Detención». www.quilmes.gov.ar. Consultado el 25 de marzo de 2016. 
  3. «Un recorrido al circuito del peor de los horrores». Página/12. 17 de septiembre de 2007. Consultado el 9 de julio de 2010. 
  4. Rosso, Laura (28 de septiembre de 2007). «La historia colectiva, en singular». Página/12. Consultado el 9 de julio de 2010.