Populismo

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El concepto de populismo deriva de pueblo y literalmente denomina a la estrategia de las corrientes políticas que buscan el apoyo de las clases populares.[1] Se trata de un concepto difícil de definir con exactitud, con el que se designan realidades diferentes.[2] El uso del calificativo «populista» se hace habitualmente en contextos políticos y de manera peyorativa, sin que del término se desprenda por sí mismo una evidente identificación ideológica, sino estratégica —dentro del espectro izquierda-derecha—.[3] También se ha aplicado en contextos religiosos para calificar a la teología de la liberación[4] y a la teología del pueblo,[5] [6] así como para referirse a la acción política de los grupos económicos concentrados, con la expresión "populismo del capital".[7]

Populistas a la derecha, populistas a la izquierda. Quien dice «populismo» se adentra en un terreno difícil... En todo caso, el concepto de populismo es peyorativo.... Hablamos entonces de demagogia, y la demagogia tiene un gran repertorio de métodos.

Ralf Dahrendorf[8]

Quienes piensan que el populismo constituye una corriente política con características objetivas, destacan aspectos como la simplificación dicotómica, el antielitismo (propuestas de igualdad social o que pretendan favorecer a los más débiles), el predominio de los planteamientos emocionales sobre los racionales, la movilización social, el liderazgo carismático, la imprevisibilidad económica, el oportunismo, etc.[9] [10]

Una parte importante de los estudios latinoamericanos cuestiona el uso eurocéntrico y universalizador del término «populista», cuando se aplica a corrientes políticas latinoamericanas, obviando el estudio puntual y las circunstancias históricas particulares de las mismas.[11] [12] [13]

Etimología[editar]

Populismo es un vocablo de suma ambigüedad, ampliamente empleado, y definido por la Real Academia Española como "Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares".[14] Posiblemente el primer movimiento político con esa denominación fue el naródnik (como adjetivo, naródnichestvo como sustantivo) ruso del siglo XIX.[15]

Generalizaciones empíricas[editar]

Los rasgos que más frecuentemente se encuentran presentes en aquellos movimientos sociales catalogados como populistas son los siguientes:[16]

  • Rechazo a los profesionales de la política.
  • Desconfianza en las instituciones públicas existentes.
  • Diálogo directo entre la dirección del movimiento y la base social.
  • Fuerte voluntad de movilización.
  • Retórica nacionalista.
  • Liderazgo caudillista.

Significados[editar]

«Populismo» se usa para designar a la estrategia de las corrientes ideológicas que sostienen la reivindicación del rol del Estado[17] como defensor de los intereses de la generalidad de una población[18] a través del estatismo, el intervencionismo[19] y la seguridad social[20] con el fin de lograr la justicia social[21] y el Estado de bienestar.[22]

En sentido negativo[editar]

El populismo con una «significación peyorativa»es el uso de «medidas de gobierno populares», destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si esta posee derecho a voto, aun a costa de tomar medidas contrarias al Estado democrático. Sin embargo, a pesar de las características antiinstitucionales que pueda tener, su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas (en muchos casos los movimientos populistas planean evitarlo), sino preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas.

En sentido general, sectores socialistas y comunistas han utilizado el término «populista» para definir a los Gobiernos que ―aun favoreciendo a los «sectores populares» (principalmente a la clase obrera)― no pretenden terminar con el sistema capitalista.[23]

Tanto la economía keynesiana, como una posición crítica de la política exterior de Estados Unidos[24] han sido prácticas sustanciales del populismo latinoamericano, tanto de los años 1930-1950, como la más reciente ola de la «nueva izquierda» de los 2000. En el caso europeo de los 2010, la crítica principal es a la hegemonía y dominio de los intereses políticos alemanes y el sector financiero global.

La crisis de la representación política es una condición necesaria pero no una condición suficiente del populismo. Para completar el cuadro de situación es preciso introducir otro factor: una «crisis en las alturas» a través de la que emerge y gana protagonismo un liderazgo que se postula eficazmente como un liderazgo alternativo y ajeno a la clase política existente. Es él quien, en definitiva, explota las virtualidades de la crisis de representación y lo hace articulando las demandas insatisfechas, el resentimiento político, los sentimientos de marginación, con un discurso que los unifica y llama al rescate de la soberanía popular expropiada por el establecimiento partidario para movilizarla contra un enemigo cuyo perfil concreto si bien varía según el momento histórico ―«la oligarquía», «la plutocracia», «los extranjeros»― siempre remite a quienes son considerados como responsables del malestar social y político que experimenta «el pueblo». En su versión más completa, el populismo comporta entonces una operación de sutura de la crisis de representación por medio de un cambio en los términos del discurso, la constitución de nuevas identidades y el reordenamiento del espacio político con la introducción de una escisión extrainstitucional.[25]

Desde un punto de vista opuesto, los sectores conservadores han utilizado el término «populista» para definir a los gobiernos que presentan los intereses de las clases económicamente más altas (grandes grupos económicos, etc.) como separados y contrarios a los de las más bajas consideradas como una mayoría permanente con intereses homogéneos autoevidentes que no requerirían así del pluralismo político, destruyendo la posibilidad del disenso político y del crecimiento económico por vías privadas.[26]

Según Ylarri, el rasgo más característico del populismo es la construcción de la idea del «pueblo» como agente histórico, depositario de las virtudes sociales de justicia y moralidad y responsable del cambio social, confrontado a «otro» que impide el desarrollo del destino del pueblo.[27]

En sentido positivo[editar]

Varios movimientos sociopolíticos a través de la historia mundial moderna han pretendido que «el pueblo» ―es decir, los agricultores y campesinos, los obreros, los pequeños empresarios, el bajo clero, las clases profesionales (médicos, maestros, profesores, contables, ingenieros, empleados públicos, etc.)― sea quien ostente el poder en los Estados democráticos, en contra así de las élites o clases dominantes.[28]

Estos movimientos populistas se han basado en las ideas políticas de la cultura autóctona sin reivindicar necesariamente el nacionalismo, y oponiéndose siempre al imperialismo. Ejemplos de este tipo han sido el populismo ruso y el populismo estadounidense del siglo XIX (este último llamado también «productivismo»); el cantonalismo español; el agrarismo mexicano by los carbonarios italianos. Pueden estar influenciados (o no) por una o varias ideologías o proyectos políticos definidos. Sin embargo, normalmente no se adhieren a ellos de forma explícita.

En su crítica de la novela Todos los hombres del rey, del premio Pulitzer Robert Penn Warren, Esteban Hernández hace un interesante análisis de la relación entre populismo y aristocracia. Hernández sostiene que en los países menos desarrollados, el populismo va de la mano con la lucha contra el hambre, el aumento de impuestos a los ricos y la supeditación del mundo empresarial a la política, tal como fue planteado por Franklin Delano Roosevelt en los Estados Unidos con el New Deal. Hernández señala que, en esos países, el populismo definiría una alternativa a la aristocracia mucho más probable que el comunismo, y que por esa razón ha sido (y es) denostado por los sectores conservadores.[29]

Factio popularium en la antigua Roma[editar]

En el período de la última república romana, aparecieron una serie de líderes llamados populares (o factio popularium, ‘partido de los del pueblo’) que se oponían a la aristocracia tradicional conservadora y apostaban por el uso de las asambleas del pueblo para sacar adelante iniciativas populares destinadas a la mejor distribución de la tierra, el alivio de las deudas de los más pobres y la mayor participación democrática del grueso de la población. Entre sus líderes están varios de los Gracos, Publio Clodio Pulcro, Marco Livio Druso el Tribuno, Sulpicio Rufo, Catilina, Cayo Mario o Julio César.

Este grupo (factio) contó con la oposición acérrima del partido aristocrático de los optimates encabezado por Cicerón, que usó su poder político y su retórica para eliminar el poder político (y a veces la vida) de los líderes de los populares.[30]

De derecha[editar]

El populismo de derecha es una categoría específica dentro del populismo, que se utiliza en algunos casos para identificar a políticos y gobiernos que emplean diversos mecanismos de manipulación para obtener el apoyo popular, con el fin de poner en práctica políticas de derecha. Se han puesto como ejemplos de populismo de derecha a políticos como Donald Trump en Estados Unidos,[31] Marine Le Pen en Francia[31] y Mauricio Macri y la alianza Cambiemos en Argentina,[32] [33] [34] [35] [36] entre otros.

A partir del siglo XX[editar]

En América Latina[editar]

En América Latina existen varios ejemplos de gobiernos que con sus diversos matices y características temporales y espaciales han sido tildados de «populistas» por sus opositores:

En esta línea de crítica política, han sido cuestionados como «populistas» tanto gobiernos de derecha como de izquierda: los primeros identificados con el sistema capitalista y el liderazgo de los Estados Unidos, y los segundos identificados con posiciones nacionalistas y una posición desligada de los Estados Unidos.[24] En 2006, el expresidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, quien realizara en su país reformas neoliberales, en un artículo titulado «El populismo amenaza con regresar a América Latina», sostiene que entre los elementos que hacen que un gobierno no sea populista, se encuentran tener «políticas públicas prudentes y sensatas», así como un mayor acercamiento a Estados Unidos.[24]

Francisco Panizza ofrece una lectura del populismo como un espejo de la democracia cuyo punto de discusión central es la posibilidad de poner al pueblo en un lugar de realidad objetiva. El populismo no es posible sin la artículación retórica de un pueblo «construido» en tanto actor social colectivo pero abstracto. En estos procesos los líderes no solo hablan en nombre del pueblo, sino que recurren al sentido de emergencia para introducir políticas que de otra manera serían rechazadas.[68]

Por su parte, Ernesto Laclau (1935-2014) afirmaba que el populismo es la mejor forma de organización política pues da mayor lugar y representatividad a clases que hasta el momento estaban relegadas.[69] Laclau afirma que el populismo es, de las formas republicanas, la mejor posible debido a que permite la participación de mayores grupos sociales en la pugna de poder y recursos. El populismo no deja de ser una mera expresión de la política que enriquece la vida democrática. El teórico introduce un neologismo, la razón populista para ayudar a comprender su relación con el aparato ideológico del estado.[70]

La postura de Laclau fue criticada por algunos estudiosos de izquierda, la mayoría de ellos de raigambre marxista, por dos temas en específico. El primero es que al ensanchar la base distributiva de la riqueza, no se corrige la asimetria de base sino que la desigualdad se acrecienta[71] . Ello sucede no solo por la repatriacion del capital en mano de las élites capitalistas sino porque no se transforma el principio de plusvalía enraizado en el fetichismo de la mercancía, hecho por el cual el capitalismo puede consolidarse[72] [73] . [74] [75] [76] . David Kelman sugiere que existe una nueva forma de hacer política que toma la teoría conspirativa como forma disciplinaria, con el fin de ganar adhesión en el propio grupo. De esa forma se produce un vacio el cual es llenado por medio del misterio y de axiomas que no pueden ser validados empíricamente. En perspectiva, los populismos modernos adoptan una raigambre de simulacro, mientras en el fondo legitiman los intereses de la elite capitalista[77] .

En Estados Unidos[editar]

El New Deal del presidente Franklin Delano Roosevelt y la Nueva Frontera del presidente John F. Kennedy han sido considerados iniciativas del «populismo progresista». En cambio, la BBC ha calificado el gobierno del presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, como «populismo conservador».[78]

En 2007, Paul Krugman ―ganador del Premio Nobel de Economía en 2008― sostuvo que Estados Unidos precisaba un «contragolpe populista» (populist backlash) para revertir el aumento de la desigualdad social.[79]

En Estados Unidos, al igual que en América Latina, se recurre al término «populismo» para descalificar las características de los candidatos opositores tanto de derecha como de izquierda. En la campaña para las elecciones presidenciales de 2008, el diario El País (de España) calificó negativamente como «populistas» tanto a Hillary Clinton como a Obama.[80] Por su parte, el presidente George W. Bush también ha sido considerado como populista.[81]

En el cristianismo[editar]

En el cristianismo han sido calificadas como populistas la teología de la liberación en general[4] y la teología del pueblo, una corriente teológica surgida en Argentina perteneciente a la teología de la liberación, de considerable influencia en el pensamiento del papa Francisco.[5] [6] El propio papa Francisco ha sido calificado como populista.[82] [83]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Real Academia Española. «populismo». DRAE. «Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares. U. m. en sent. despect.» 
  2. Ylarri, 2015, p. 179.
  3. "... la geografía izquierda-derecha no funciona; ... ese estilo plebeyo que algunos han definido como populismo de izquierdas es clave para construir los elementos agregadores para que se produzca un cambio político" (Pablo Iglesias, entrevista en El Mundo, 17 de mayo de 2015). Slavoj Zizek, Contra la tentación populista
  4. a b Górski, Eugeniusz (1994). Dependencia y originalidad de la filosofía en Latinoamérica y en la Europa del Este. México: UNAM. p. 162. ISBN 9683639232. 
  5. a b Beltramo Álvarez, Andrés (14 de marzo de 2014). «Papa Francisco: ¿teología del pueblo o populista?». Vatican Insider. La Stampa. Consultado el 28 de abril de 2015. 
  6. a b Scannone, Juan Carlos. «Perspectivas eclesiológicas de la 'Teología del Pueblo' en la Argentina». Biblioteca Católica Digital. Consultado el 28 de abril de 2015. 
  7. Rapoport, Mario (5 de septiembre de 2016). «10 reglas...». Página 12. Suplemento Cash. 
  8. El recomienzo de la historia: de la caída del muro a la guerra de Irak: discursos y artículos. Katz Editores, 2006, pág. 304.
  9. Álvarez Junco, José (2014): «Virtudes y peligros del populismo», artículo del 11 de noviembre de 2014 en el diario El País (Madrid).
  10. En términos económicos, y refiriéndose al siglo XX, se ha definido el concepto «macroeconomía del populismo» (Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards, conferencia celebrada en el Banco Interamericano de Desarrollo en mayo de 1990 - [1]):

    Un tipo de comportamiento recurrente de parte de los Estados latinoamericanos que sirve para explicar una «inestabilidad macroeconómica» [...] y se define por «los episodios inflacionarios, las crisis en las balanzas de pagos y los penosos esfuerzos de estabilización». [...] «han intentado resolver los problemas de la desigualdad del ingreso mediante el uso de políticas macroeconómicas demasiado expansivas». [...] Las causas de tales recaídas son «los efectos devastadores de la Gran Depresión, las vastas desigualdades del ingreso, una confianza ingenua en la capacidad de los gobiernos para sanar todos los males sociales y económicos, y las ideas de la CEPAL en los años 50



  11. Quijano, Aníbal (2000): «Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina», artículo del año 2000 en el sitio web Grupo Decolinial de Traducción. Consultado el 27 de febrero de 2015.

    La miopía eurocéntrica, no solo de estudiosos de Europa o de Estados Unidos sino también de los de América Latina, ha difundido y cuasi impuesto universalmente el nombre de populismo para esos movimientos y proyectos que, sin embargo, tienen poco en común con el movimiento de los narodnikis rusos del siglo XIX o del populismo estadounidense posterior. Una discusión de estas cuestiones en mi texto Fujimorismo y populismo, en Burbano de Lara (editor), El fantasma del populismo, Nueva Sociedad, Caracas, 1998



  12. Sartino, Julieta (agosto de 2014). «El fenómeno del populismo: recorridos “otros”». Identidades (53). ISSN 2250-5369. Consultado el 27 de febrero de 2015. «A tales efectos interesa desarmar esa pretensión totalizadora, universalizadora que impone la idea de que podemos referirnos al populismo, y más grave aún, podemos tildar de populista a este o aquel movimiento desligado de sus particularidades históricas, sus fuentes, sus condicionamientos, sus patrones de formación, que son, en última instancia aquello que le brinda ese carácter específico que tiene cada uno de los movimientos caracterizados como populistas.» 
  13. Serrano, Pascual (2007): «Región Andina: La imagen mediática en España. Luces y penumbras», artículo del 19 de enero de 2007 en el sitio web Pascual Serrano. Consultado el 27 de febrero de 2015.

    Populismo. Es la palabra mágica para desacreditar a los gobernantes de izquierda. «El populismo cambia las reglas», era el titular de El País del 14 de mayo [de 2006] para informar de la nacionalización en Bolivia. Como de derechas no les pueden llamar, decirles de izquierda no sirve para desautorizar y de dictadores no pueden acusarles, se han inventado el término populismo. Nacionalizar los recursos, aplicar políticas sociales de redistribución de la riqueza, luchar contra el analfabetismo y llevar médicos a las zonas pobres es populismo. Dice Emir Sader que «el término populista ha sido retomado en el marco del discurso neoliberal, para designar a las políticas consideradas irresponsables, aventureras, inflaccionarias, que promueven concesiones sociales incompatibles con las leyes de hierro del ajuste fiscal». José María Aznar ya clamaba en Miami en una conferencia en junio de 2005 afirmando que «el populismo ya no es un potencial peligro en Iberoamérica sino una realidad. Ya comienza a incendiar países y hay que pensar cómo apagarlo». Solo el neoliberalismo, afirma Emir Sader, puede diabolizar un concepto que tiene su origen en la palabra pueblo. Como dice el profesor de la Universidad Complutense de Madrid y columnista del diario mexicano La Jornada, Marcos Roitman, sobre el término populismo pesa una maldición, «sin necesidad de explicar su significado, cuando se trae de la mano se convierte en un insulto». Ya no hace falta desarrollar cuáles son los elementos negativos de la política de un líder popular, se le acusa de populismo y resuelto. He aquí la mejor herramienta contra Chávez o Morales. Además es muy flexible, sirve para meter en el mismo saco a Chávez, a Fujimori, a Perón... Por supuesto a ningún líder europeo.



  14. Real Academia Española (2014). «populismo». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Madrid: Espasa. 
  15. Francesc de Carreras, Populismo contra democracia - No son dos sistemas de gobierno distintos, sino dos formas de Estado diferentes, El País, 9 de abril de 2015: "... el término populismo ha sido usado con distintos significados en diferentes contextos históricos y geográficos, algo que no es casual. ¿Hay alguna semejanza entre el populismo de los narodniquis rusos del siglo XIX con el fascismo y el nazismo, del anarquismo con el peronismo, del jacobinismo con el nacionalismo, de Pablo Iglesias con Artur Mas? Sin duda la hay, a pesar de tener contenidos tan diferenciados. Lo común a todo populismo no es una ideología substancial —derechas o izquierdas, por ejemplo— sino una estrategia para acceder y conservar el poder, lo cual le permite cobijar ideologías muy distintas, siempre que coincidan en que la causa de todos los males es una y sólo una, sea el zar o el rey, la propiedad, la religión, la oligarquía financiera, las élites políticas o la opresión nacional. Siempre debe ser una causa simple, emocionalmente sencilla de entender y racionalmente difícil de explicar con buenos argumentos."
  16. Ylarri, 2015, p. 181.
  17. Alejandro Groppo, Ernesto Laclau (2009). «Los dos príncipes: Juan D. Perón y Getulio Vargas, un estudio comparado del populismo latinoamericano». Consultado el 24 de marzo de 2014. 
  18. Centro Mundial de Investigación para la Paz (2009). «El giro republicano: bases conceptuales del déficit democrático de América Latina». Ediciones Trilce. Consultado el 24 de marzo de 2014. 
  19. Octavio Rodríguez (1993). «La teoría del subdesarrollo de la CEPAL». Siglo XXI. Consultado el 24 de marzo de 2014. 
  20. Slavoj Zizek, Sebastian Budgen, Stathis Kouvelakis (2010). «Lenin reactivado: Hacia una política de la verdad». Ediciones AKAL. Consultado el 24 de marzo de 2014. 
  21. Eugeniusz Górski (1994). «Dependencia y originalidad de la filosofía en Latinoamérica y en la Europa del Este». UNAM. Consultado el 24 de marzo de 2014. 
  22. Julio Aibar, Daniel Vázquez (2008). «Política y sociedad en México: entre el desencuentro y la ruptura». FLACSO. Consultado el 24 de marzo de 2014. 
  23. Alayón, Norberto (2014): «¡Populista, sí, a mucha honra!», artículo del 17 de febrero de 2014 en el diario Página/12 (Buenos Aires).

    En el lenguaje corriente, ciertos políticos y académicos descalifican, abominan del término «populismo». Los «izquierdistas» critican al populismo porque éste no apunta a erradicar el sistema capitalista. Los conservadores lo critican porque, aun incompletamente, defiende más los intereses de los sectores populares.
    Se lo usa, se lo invoca de manera peyorativa, como un insulto, como si fuera una «mala» palabra. Por cierto, populismo se deriva de lo popular, de pueblo. ¿Estará mal hablar de lo popular/pueblo o encarar políticas en defensa de lo popular?
    En contraposición, ¿estos sectores preferirían emplear el concepto de elitismo o de grupos selectos (no populares) que serían diferentes y mejores que la gente común? Intentan vilipendiar y construir una idea estigmatizante, desvalorizada de lo popular, desde su propia posición de clase. Algunos por odio de clases y otros por inveterada miopía intelectual, reflotan la vieja antinomia de «popular versus antipopular».



  24. a b c Henrique Cardoso, Fernando (2006): «El populismo amenaza con regresar a América latina», artículo del 18 de junio de 2006 en el diario Clarín (Buenos Aires).
  25. Juan Carlos Torre, citado por Beatriz Sarlo: La audacia y el cálculo (pág. 145). Buenos Aires: Sudamericana, 2011. ISBN 978-950-07-3504-9.
  26. Errejón, Íñigo. «Ernesto Laclau, teórico de la hegemonía». Academia.edu. Consultado el 12 de mayo de 2016. 
  27. Ylarri, 2015, pp. 180-181.
  28. Gambone, Larry: «El verdadero rostro del populismo», artículo en el sitio web Celtiberia.
  29. Hernández, Esteban (2006): «Populismo y aristocracia», artículo del 4 de noviembre de 2006 en El Confidencial.
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  38. Ruiz Guiñazú, Magdalena (2012). «El golpe y el final». Secretos de familia. Buenos Aires: Grupo Editorial Argentina. ISBN 9500737140. «Pacho O'Donell señala que este Alvear representó una veta menos populista que el radicalismo clásico.» 
  39. Zanatta, Loris (2011): «Eva Perón, la política y el populismo», artículo del 8 de junio de 2011 en el sitio web El Estadista, n.º 32.
  40. Pigna, Felipe. «Arturo Frondizi». El Historiador. Consultado el 15 de marzo de 2015. 
  41. Escudé, Carlos; Cisneros, Andrés (2000). «Universalismo y crecimiento como ejes de la política exterior (1963-1966). Conclusión». Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas. Buenos Aires: Grupo Editorial Argentina. «Illia obtuvo de entrada sólo el respaldo de la cuarta parte del electorado, y su política económica, enmarcada en una estrategia desarrollista-populista, no logró cambiar la situación.» 
  42. «La coalición del miedo». Soriano. Buenos Aires: Leer-e. 2012. ISBN 9788415682776. «Hartos de que los Herminio Iglesias y los Lorenzo Miguel los tomaran por imbéciles, optaron, con dolor, por aceptar el discurso populista-democrático del doctor Alfonsín.» 
  43. Storey, Stephanie (2008). «Crisis y Reforma en Argentina (1989 – 1994) y Venezuela (1999 – 2001): o como las instituciones restringen el poder de líderes populistas». Revista de Ciencia Política. Marzo (3). ISSN 1851-9008. Consultado el 15 de marzo de 2015. «El presente trabajo compararía la relación entre el poder ejecutivo, partidos políticos, y coaliciones en función de las reformas económicas llevadas a cabo por los gobiernos de Carlos Menem en Argentina y Hugo Chávez Frías en Venezuela. A través de esta comparación, el trabajo analizaría los estilos políticos de cada líder y la tradición populista a la cual pertenecen ambos líderes.» 
  44. Pagni, Carlos (2012): «La crisis argentina. El experimento populista de los Kirchner», artículo de 2012 en el sitio web de la Fundación FAES.
  45. Cachanosky, Roberto: «El populismo es parte del gobierno de Cristina», artículo del 20 de enero de 2013 en el sitio web Periódico Tribuna (Buenos Aires).
  46. Bruschtein, Luis (2014): «El futuro del kirchnerismo», artículo del 31 de mayo de 2014 en el diario Página/12.

    Es casi una cuestión de definiciones de manual: el populismo se construye con clientelismo, el peronismo kirchnerista es populista y por lo tanto también es clientelista, lo que implica su desaparición si pierde la fuente del clientelismo que es el Gobierno.
    En Europa se llama populista a un tipo como Berlusconi o a los neonazis. Son fuerzas reaccionarias, conservadoras, que se sustentan con dádivas. De alguna manera, eso fue Carlos Menem o en eso lo convirtió el neoliberalismo. Pero el menemismo prácticamente desapareció y en cambio el peronismo ya va a cumplir setenta años. Hay una diferencia entre la fugacidad del menemismo y la pervivencia del peronismo.
    Para menemistas y antiperonistas, el peronismo es una máquina de poder sin contenido. Da lo mismo Perón que Menem o Kirchner, porque sólo lo define su proximidad con el poder. Es una calificación devastadora para el peronismo e infinitamente cruel y despectiva para los sectores populares. En ese aspecto aparece como una mirada muy clasista, con poco conocimiento de la naturaleza concreta de lo que habla, porque niega toda capacidad de inteligencia y solidaridad a los pobres.
    El menemismo no fue lo mismo que Perón o Kirchner, sino todo lo contrario, porque expresó la derrota de los movimientos populares y progresistas frente a la hegemonía fenomenal del neoliberalismo en el mundo a partir de la globalización. El peronismo menemista fue el encargado de destruir las conquistas logradas por el peronismo en Argentina al mismo tiempo que en Europa era la misma socialdemocracia la que enterraba al Estado de Bienestar que había levantado.



  47. Natanson, José: «Ricardo Sidicaro, sociólogo, especialista en peronismo: “Kirchner se salió del populismo”», artículo del 1 de diciembre de 2003 en el diario Página/12 (Buenos Aires).
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Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]