Política identitaria

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Política identitaria, o política de identidad, es un enfoque y análisis político basado en la priorización, por parte de las personas, de los aspectos más relevantes de su particular identidad racial, religiosa, étnica, sexual, social cultural u otra, y formando alianzas políticas exclusivas con otros de este grupo identitario, en vez de involucrarse en políticas de partido más amplias y tradicionales.[1]​ Quienes priorizan su tipo particular de política de identidad puede promover los intereses de su grupo sin consideración por los intereses de diversos grupos políticos más grandes y diversos que se basan más bien en una ideología común.[2]

En uso académico, el término política identitaria se ha usado para referirse a una gama ancha de actividades políticas y análisis teóricos arraigado en experiencias de injusticia compartida por distintos grupos sociales. En este uso, la política identitaria típicamente apunta a reclamar mayor autodeterminación y libertad política para grupos marginados a través del entendimiento de la naturaleza distintiva de cada grupo de interés y desafiando caracterizaciones impuestas por terceros, en vez de organizarse alrededor de ideologías o afiliaciones de partido.[3]​ La identidad está utilizada "como una herramienta para justificar reclamaciones políticas, promover ideologías políticas, o estimular y orientar acción social y política, normalmente en un contexto más grande de desigualdad o injusticia y con el objetivo de afirmar la unicidad y pertenencia al grupo, así como ganar poder y reconocimiento."[4]

El término política identitaria ha estado en uso en el idioma inglés en varias formas desde los años sesenta o setenta, pero ha sido en ocasiones aplicado con significados radicalmente diferentes por distintos grupos.[5][6]​ Ha ganado vigencia con la aparición de movimientos sociales como el movimiento feminista, el movimiento de derechos civil en los EE.UU., el movimiento LGBTQ, así como movimientos nacionalista y postcolonial.[4]

Los ejemplos incluyen políticas identitarias basadas en edad, religión, clase social, profesión, cultura, lengua, discapacidad, educación, raza o etnicidad, lengua, sexo, identidad de género, ocupación, orientación sexual, población urbano o rural, y veteranía.

Historia[editar]

El término política identitaria ha sido utilizada en el discurso político en los Estados Unidos desde al menos los años setenta.[5]​ Para aquellos que se sienten oprimidos y sufriendo supuestas injusticias sociales sistémicas, el objetivo de la política identitaria ha sido el articular tal sentimiento de sufrimiento y opresión en términos de su propia experiencia a través de procesos de conscientización y acción colectiva. Uno de los ejemplos escritos más tempranos puede ser encontrado en la declaración del grupo feminista negro Colectivo Combahee River, en abril de 1977, el cual se ha reimpreso en varias antologías, y Barbara Smith y el Combahee River Collective ha sido acreditado con la invención del término.[7][8]​ Por ejemplo, en su declaración final, ellas dijeron:[3]

[A]s children we realized that we were different from boys and that we were treated different—for example, when we were told in the same breath to be quiet both for the sake of being 'ladylike' and to make us less objectionable in the eyes of white people. In the process of consciousness-raising, actually life-sharing, we began to recognize the commonality of our experiences and, from the sharing and growing consciousness, to build a politics that will change our lives and inevitably end our oppression....We realize that the only people who care enough about us to work consistently for our liberation are us. Our politics evolve from a healthy love for ourselves, our sisters and our community which allows us to continue our struggle and work. This focusing upon our own oppression is embodied in the concept of identity politics. We believe that the most profound and potentially most radical politics come directly out of our own identity, as opposed to working to end somebody else's oppression.

La política identitaria, como modo de categorización, está estrechamente vinculado a la idea de que algunos grupos sociales son oprimidos (como mujeres, minorías étnicas, y minorías sexuales); es decir, la declaración de que individuos que pertenecen a aquellos grupos son, debido a su identidad, más vulnerables a formas de opresión como imperialismo cultural, violencia, explotación laboral, marginación, o ausencia de poder.[3]​ Por tanto, estas líneas de diferencia social pueden ser vistas como maneras de obtener poder o vías a través de las cuáles trabajar hacia una sociedad más igual.[9]

Algunos grupos han combinado políticas identitarias con análisis marxistas de clase social y conciencia de clase — el ejemplo más notable siendo el Partido Pantera Negra. Otro ejemplo es el grupoMOVE, que mezcló el nacionalismo negro con el anarquismo primitivista (una forma radical de la política verde basada en la idea que la civilización es un instrumento de opresión, defendiendo el regreso a una sociedad de cazadores recolectores ).[10][11]​ La política identitaria puede ser de derecha o de izquierda, con ejemplos del primero siendo el Lealismo en Úster, Islamismo y movimientos de fundamentalistas cristianos. Ejemplos de políticas identitarias de izquierda son los mencionados nacionalismo negro, movimiento LGBTQ, y Antifa, entre otros.

Durante los años ochenta, las políticas identitarias se volvieron muy prominentes y estaban vinculadas a una nueva ola de activismo social.[12]

A mediados de la década de 2010 se ha visto un aumento marcado de políticas identitarias, tanto de izquierda como de derecha. Este fenómeno está atribuido al aumento de la diversidad demográfica y la perspectiva de los blancos convirtiéndose en una minoría en los E.E.U.U. Tales cambios han conducido a la polarización política, a la afiliación política de muchos con causas de extrema izquierda o derecha.

Esto incluye, según algunos, la elección presidencial de Donald Trump, al que la izquierda política estadounidense atribuye el apoyo del prominentes supremacistas blancos como David Duke y Richard B. Spencer (ambos repudiados por Trump).[13][14][15][16]

Debates y crítica[editar]

Naturaleza del movimiento[editar]

El término política identitaria ha sido aplicado y malversado retroactivamente por varios movimientos desde mucho antes de ser acuñado. El historiador Arthur Schlesinger Jr. discute extensamente sobre política identitaria en su libro de 1991 La Desunión de América. Schlesinger, un fuerte defensor de concepciones liberales de los derechos civiles, argumenta que una democracia liberal requiere una base común para que la cultura y la sociedad funcionen. Más que ver la sociedad civil como fracturada a lo largo de líneas de poder y marginación (según carrera, etnicidad, sexualidad, etc), Schlesinger sugiere que basar la política en marginaciones grupales es precisamente lo que fractura la sociedad civil, y que la política de identidad por tanto trabaja contra la creación de oportunidades reales para acabar con la marginación. Schlesinger opina:

los movimientos por los derechos civiles deberían apuntar a la total aceptación e integración de grupos marginados, dentro de la cultura general, en lugar de … perpetuar la marginación a través del énfasis en las diferencias.[17]

De modo parecido, Brendan O'Neill ha sugerido que las políticas identitarias causan (en lugar de sencillamente reconocer y actuar sobre) cismas políticos a lo largo de líneas de identidad social. Así, contrasta la política del movimiento de liberación LGBT y la política identitaria al decir:

[Peter] Tatchell also had, back in the day, … a commitment to the politics of liberation, which encouraged gays to come out and live and engage. Now, we have the politics of identity, which invites people to stay in, to look inward, to obsess over the body and the self, to surround themselves with a moral forcefield to protect their worldview—which has nothing to do with the world—from any questioning."[18]

De esta y otras formas, una perspectiva política orientada al propio bienestar puede ser reformulada como causante de las mismas divisiones que insiste en denunciar.

In this same vein, author Owen Jones argues that identity politics often marginalize the working class, saying that:

In the 1950s and 1960s, left-wing intellectuals who were both inspired and informed by a powerful labour movement wrote hundreds of books and articles on working-class issues. Such work would help shape the views of politicians at the very top of the Labour Party. Today, progressive intellectuals are far more interested in issues of identity. ... Of course, the struggles for the emancipation of women, gays, and ethnic minorities are exceptionally important causes. New Labour has co-opted them, passing genuinely progressive legislation on gay equality and women's rights, for example. But it is an agenda that has happily co-existed with the sidelining of the working class in politics, allowing New Labour to protect its radical flank while pressing ahead with Thatcherite policies.

Temas LGBT[editar]

El movimiento de liberación gay de finales de los años sesenta hasta mediados de los años ochenta instó a lesbianas y hombres gay a comprometerse en acción directa radical, y a contrarrestar la vergüenza social con el orgullo gay.[20]​ En el espíritu feminista de las personas actuando políticamente, la forma más básica de activismo era un énfasis en salir del armario con la familia, amigos y colegas, y vivir la vida como una persona abiertamente lesbiana o gay. Mientras los años setenta fueron la cumbre de la "liberación gay" en la ciudad de Nueva York y otros cascos urbanos en los Estados Unidos, "liberación gay" era aún el término usado en vez de "orgullo gay" en áreas más opresivas a mediados de los ochentas, con algunas organizaciones optando por el más inclusivo "liberación lesbiana y gay".[21]​ Mientras mujeres y activistas transgénero cabildearon a favor de nombres más inclusivos desde el principio del movimiento, el acrónimo LGBT, o "Queer" como taquigrafía contracultural para LGBT, no obtuvo mucha aceptación como término sombrilla hasta mucho después en los ochentas, y en algunas áreas no hasta los noventas o los años 2000.[22]

Por los años 2000, en algunas áreas de estudios queer postmodernos, notablemente aquellos alrededor género, la idea de "política identitaria" empezó a mutar de aquella de nombrar y reclamar la experiencia vivida, y la autoridad que surge de tal experiencia, al énfasis de la elección y el desempeño.[23]​ Algunos que bosquejan sobre el trabajo de autores como Judith Butler, enfatizan la importancia de no suponer una identidad ya existente, sino de rehacer y deshacer identidades a través del "desempeño".[24]​ Escritores en el campo de la teoría Queer han tomado esto al extremo de argumentar que "queer", a pesar de generaciones de uso concreto, ya no necesita referirse a ninguna orientación sexual concreta en absoluto; sino que consiste simplemente en salirse de lo convencional, con el autor David M. Halperin argumentando que las personas heterosexuales pueden ahora también autoidentificarse como "queer," lo que algunos ven como una forma de apropiación cultural que roba a los gays y lesbianas su identidad y hace invisible e irrelevante la experiencia real vivida, la misma que les ocasiona ser marginados en primer lugar.[25]​ "Desexualiza la identidad, cuando el asunto es precisamente la identidad sexual."[26]​ Ver heterosexualidad queer.

Algunos defensores de las políticas identitarias toman posiciones con base en el trabajo de Gayatri Chakravorty Spivak y han descrito algunas formas de política de identidad como esencialismo estratégico, una forma que ha buscado trabajar con discursos hegemónicos para reformar el entendimiento de "objetivos" universales.[27][28][29]

Críticas de la política identitaria[editar]

El cartel "Pirámide del Sistema Capitalista" de los Trabajadores Industriales (1911)

Los críticos argumentan que grupos basados en una identidad compartida particular (p. ej. carrera, o identidad de género) puede desviar energía y atención de cuestiones más fundamentales, similares al funcionamiento de la estrategia de divide y vencerás. Chris Hedges ha criticado las políticas identitarias como uno de los factores que generan una forma de "capitalismo corporativo" enmascarado como plataforma política, y que él cree "nunca detendrá el aumento de la desigualdad social, militarismo rampante, eliminación de libertades civiles y omnipotencia de los órganos de seguridad y vigilancia."[30]​ El sociólogo Charles Derber afirma que la izquierda americana es "en gran parte un partido de política identitaria y que " no ofrece crítica una amplia de la economía política capitalista. Se concentra en reformas para negros, mujeres y temas similares. Pero no ofrece un análisis contextual dentro del capitalismo." Tanto él como David North del Partido de Igualdad Socialista postulan que estos movimientos identitarios fragmentados y aislados qué penetran la izquierda han permitido una resurgencia ultraderechista.

Críticas a la política identitaria también han sido expresadas en otros campos por escritores como Eric Hobsbawm, Todd Gitlin, Michael Tomasky, Richard Rorty, Sean Wilentz, Robert W. McChesney, [ cita necesitada] y Jim Sleeper. [Aclaración requerida] Hobsbawm ha criticado los nacionalismos y el principio de la autodeterminación nacional adoptada en muchos países después de que Primera Guerra mundial, pues los gobiernos nacionales son a menudo meramente una expresión de una clase gobernante, y su proliferación fue una fuente de las guerras del siglo XX.[31]​ Por esto, Hobsbawm argumenta que las políticas identitarias, como el nacionalismo queer, el Islamismo, el Nacionalismo Córnico o el Lealismo de Úlster son simplemente otras versiones del nacionalismo burgués. [cita requerida]. La idea de que la política identitaria (originada en un desafío al racismo, sexismo, y otros) oculta la desigualdad de clase está extendida en los Estados Unidos y otras naciones occidentales. Este marco teórico ignora cómo las políticas clasistas son política identitarias en sí mismas, según Jeff Sparrow.[32]

Críticas interseccionales[editar]

En su artículo de revista Mapendo los Márgenes: Interseccionalidad, Política Identitaria y Violencia contra Mujeres de Color, Kimberle Crenshaw trata las políticas identitarias como procesos que congregan a las personas según algún aspecto común de su identidad. Crenshaw aplaude las políticas identitarias por unir afroamericanos (y otras personas no blancas), gays y lesbianas, y otros en una comunidad.[9]​ Pero ella también crritica esta forma de hacer política porque "frecuentemente mezcla o ignora diferencias intragrupales." Crenshaw argumenta que para las mujeres negras, al menos dos aspectos de su identidad son objetos de opresión: su carrera y su sexo.[33]​ Así, a pesar de que las políticas identitarias son útiles, debemos ser conscientes del rol de la interseccionalidad. Nira Yuval-Davis apoya las críticas hechas por Crenshaw en Interseccionalidad y Política Feminista y explica que "las identidades son narrativas individuales y colectivas que responden a la cuestión 'quién soy/somos/nosotros?"[34]​ 

En Mapeando los Márgenes, Crenshaw ilustra su punto de vista utilizando la controversia Clarence Thomas/Anita Hill. Anita Hill acusó de acoso sexual al candidato del Tribunal Supremo de Justicia de los EE.UU., Clarence Thomas; Thomas sería el segundo juez afroamericano en el Tribunal Supremo. Crenshaw argumenta que Hill fue entonces considerada anti-negro por parte del movimiento antirracista, y a pesar de que ella hablo sobre este acoso sexual frontalmente en términos de feminismo, fue excluida porque tratándose de feminismo, es el discurso de mujeres blancas de clase media el que prevalece.[9]​ Crenshaw concluye que el reconocimiento de categorías que se entrecruzan cuándo grupos se unen con base en políticas identitarias es mejor que ignorar categorías del todo.

Ejemplos[editar]

Una encuesta de Le Monde/IFOP en enero 2011 conducida en Francia y Alemania, encontró que una mayoría sentía que los musulmanes están "esparcidos impropiamente"; un analista para IFOP afirmó que los resultados indicaban algo "más allá del vínculo entre inmigración y seguridad, o inmigración y desempleo, hasta vincular el Islam con una amenaza a la identidad".[35]


Los identitarios en España[editar]

El movimiento identitario en España es relativamente joven, pues desde estos programas y aspectos europeistas que se estan detallando en esta página, no se han desarrollado polítcamente, más allá de pequeños crepúsculos que no han competido en la escena electoral de España. Sin embargo, el partido político IDENTITARIOS, surgido recientemente, si se está posicionando en la batalla cultural y política española.

Los nuevos postulados de este partido le ubican entre la política social a ultranza, con ciertos aires liberales en cuanto a la economía productiva y un fuerte caracter marcado por ser ecologista y anti - inmigración.

Su expansión que está siendo ciertamente rápida, se caracteriza por la trasversalidad, creando para ello lo que han llamado las " Confluencias identitarias", y que llega a ser criticado por ser parecido a las técnicas activistas de PODEMOS. Sin embargo, este partido busca que el activismo patriota en España confluya en un nuevo movimiento.

Su lider actual, el Dr. Ignacio Vega, tiene cierta controversia, ya que fue expulsado de VOX como candidato mientras que sin embargo, se sabe que es el ideólogo del partido en cuanto a su estructura y crecimiento. Es así mismo un lider carismático para muchos actuales identitarios y otros de su época activista en los años 90 donde lideró varios movimientos, denominados entonces como " tercerposicionistas". Ya fue candidato a la alcaldía de la ciudad de Toledo en 2015 por el partido de ultra derecha España 2000.

Este nuevo partido llamado realmente España Identitaria ( IDENTITARIOS), tiene a deducir por sus redes sociales y su sitio web, una base ideológica fuerte, cargada de argumentos y datos sociales, estadísticos y políticos.

Identidad racial y etnocultural[editar]

La identidad étnica y racial son comúnmente mencionadas en la cultura popular, y cada vez más analizadas en medios de comunicación y redes sociales como una parte interconectada entre políticas y sociedad.[36][37][38]​ Tanto un fenómeno de minorías como de mayorías, las políticas de identidad racial puede desarrollarse como reacción al legado histórico de opresión racial de un grupo, así como un asunto de identidad de grupo general:[39]

Las políticas de identidad racial utilizan la conciencia racial - o las experiencias y memoria colectivas de un grupo - como el marco esencial para interpretar las acciones e intereses de todos los demás grupos sociales.[40]

Carol M. Swain ha argumentado que el orgullo étnico no blanco y un "énfasis en políticas de identidad racial" ha fomentado el aumento del nacionalismo blanco como reacción.[41]​ El antropólogo Michael Messner ha sugerido que la marcha Million Man fue un ejemplo de política identitario-racial en los Estados Unidos.[42]

Política identitaria árabe[editar]

La política identitaria árabe consiste en políticas basadas en la identidad que derivan de la conciencia racial o etnocultural de personas árabes. En el regionalismo del Medio Oriente, tiene un significado particular en relación a las identidades nacionales y culturales de países no árabes, como Turquía e Irán.[43][44]​ En su obra del 2010, Ser Árabe: Arabismo y la Política de Reconocimiento, academics Christopher Wise y Paul James desafían la idea de que, en la era posterior a la invasión de Afganistán e Iraq, las políticas motivadas por una identidad árabe estaban por acabarse. Refutando la visión que ha "conducido a muchos analistas a concluir que la era de la política identitaria árabe ha pasado", Wise y James examinaron el desarrollo de estas políticas como una alternativa viable al fundamentalismo islámico en el mundo árabe.[45]

Según Marc Lynch, la era posterior a la Primavera árabe ha visto un incremento de políticas identitarias árabes, "marcadas por rivalidades estado-estado así como conflictos estado-sociedad". Lynch cree que esto está creando una nueva Guerra Fría Árabe, ya no caracterizada por la división sectaria sunita-chiita sino por una identidad árabe re-emergente en la región.[46]Najla Said ha explorado su experiencia de vida en la política identitaria árabe en su libro "Buscando Palestina".[47]

Política identitaria maorí[editar]

Debido a la competición entre conceptos tribales versus conceptos pan-maoríes, existe tanto un uso interno como externo de las políticas identitarias maoríes en Nueva Zelanda.[48]​ Proyectadas externamente, estas políticas han sido una fuerza de quiebre en la política de Nueva Zelanda y en las concepciones post-coloniales de nacionalidad.[49]​ Su desarrollo también ha sido explorado como causante de desarrollos de identidad étnica paralela en poblaciones no maoríes.[50]​ La académica Alison Jones, en su obra co-escrita "Tuai: un viajero de dos mundos", sugiere que una forma de política identitaria maorí, directamente opuesta a los Pākehā (neozealandeses blancos) , ha proporcionado una "base de colaboración interna y una política de fuerza".[51]

Una revista de 2009, del Ministerio de Desarrollo Social, identifica la política identitaria maorí, y reacciones sociales a la misma, como el factor más prominente detrás de los significativos cambios en la autoidentificación en el censo de 2006 de Nueva Zelanda.[52]

Política identitaria blanca[editar]

Las políticas identitarias blancas consisten en la manifestación de la identidad etnocultural de las personas blancas en varios escenarios políticos nacionales, como los Estados Unidos o Australia.

En 1998, los científicos políticos Jeffrey Kaplan y Leonard Weinberg pronosticaron que a fines del siglo 20 una "derecha radical euroamericana" promovería una política identitaria blanca transnacional, que evocaría narrativas de reivindicación popular y/o animaría la hostilidad contra no blancos y contra el multiculturalismo.[53]​ En los EE.UU., los noticieros tradicionales han identificado la presidencia de Donald Trump como una señal del uso creciente y extendido de políticas identitarias blancas dentro del Partido Republicano y el paisaje político en general.[54]​ Periodistas políticos, como Michael Scherer y David Smith han reportado sobre este desarrollo desde mediados de la década de 2010.[55][56]

Ron Brownstein cree que el Presidente Trump usa "política identitaria blanca" para reforzar su base y que esto finalmente limitará su capacidad de alcanzar votantes americanos no blancos en las elecciones presidenciales de 2020.[57]​ Un análisis de cuatro años de Reuters e Ipsos coinciden en que "la marca de política identitaria blanca de Trump puede ser menos eficaz en la campaña de elección de 2020."[58]​ Alternativamente, examinando la misma encuesta, David Smith ha escrito que "la adopción deTrump de políticas identitarias blancas puede trabajar a su favor" en 2020.[59]​ Durante las Primarias presidenciales del Partido Demócratas, el candidato a la presidencia Pete Buttigieg públicamente advirtió que el presidente y su administración usan este tipo de políticas, las que según él son la forma más divisiva de política identitaria.[60]​ El columnista Reihan Salam escribe no estar convencido que Trump utiliza "políticas identitarias blancas" dado el hecho de que todavía cuenta con el soporte significativo de republicanos liberales y moderados – que son más favorables hacia la inmigración y la legalización de inmigrantes indocumentados – pero cree además que esto pueda devenir un asunto más grande: los blancos deviniendo una minoría y afirmando sus derechos tal y como otros grupos minoritarios.[61]​ Salam también declara que un aumento en la "política identitaria" blanca dista mucho de ser segura dado los índices tan altos de matrimonio interracial y el ejemplo histórico de la una vez mayoritaria cultura angloprotestante incorporando una mayoría cultural blanca más amplia que incluye judíos, italianos, polacos, árabes, e irlandeses.

El columnista Ross Douthat ,y el historiador Nell Irvin Painter analizando la tesis de Eric Kaufmann argumentan que, desde la era Richard Nixon del Partido Republicano, tal fenómeno ha sido importante para la política de EE.UU., y que es causado por la diversidad racial derivada de la inmigración, que reduce la mayoría blanca, y genera una "cultura adversaria anti-mayoría".[62][63]​ Escribiendo para Vox, el comentarista político Ezra Klein cree que el cambio demográfico ha alimentado la aparición de políticas identitarias blancas.[64]

Ver también[editar]

Referencias[editar]

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  39. Tamar Mayor (2012). Gender Ironies of Nationalism: Sexing the Nation. Routledge. p. 331. ISBN 978-0415162555. «For example, where a legacy of oppression based on race exists, an identity politics of race can be formed in opposition to that form of oppression, and can help to provide an occasion for racial pride and resistance to that oppression.» 
  40. James Jennings (1994). «Building Coalitions». Blacks, Latinos, and Asians in Urban America: Status and Prospects for Politics and Activism. Praeger Publishing. p. 35. ISBN 978-0275949341. 
  41. Carol M. Swain (2004). «Preface». The New White Nationalism in America: Its Challenge to Integration. Cambridge University Press. p. xvi. ISBN 978-0521545587. «The continued emphasis on racial identity politics and the fostering of an ethnic group pride on the part of nonwhite minority groups.» 
  42. Michael A. Messner (1997). «Racial and sexual identity politics». Politics of Masculinities: Men in Movements. SAGE Publications. p. 79-80. ISBN 978-0803955776. 
  43. Arshin Adib-Moghaddam (2010). «The myth of "National Identity": Psycho-nationalism in Iran and the Arab world». Middle East Review (IDE-JETRO) (Volume 7 edición). Japan External Trade Organization: Institute of Developing Economies. ISBN 978-0980415810. «Iranian and Arab identity politics thwarted, perverted, and dismembered communitarian thinking for long periods in the twentieth century and the same applies to other forms of psycho-nationalism in Turkey». 
  44. Elizabeth Monier (2014). «The Arabness of Middle East regionalism: the Arab Spring and competition for discursive hegemony between Egypt, Iran and Turkey». Contemporary Politics (Volume 20, No. 4 edición). Taylor & Francis. p. 421-434. «To explore the role played by Arab identity politics in regionalism with regard to the status of non-Arab states, this article presents a study of the competing hegemonic regional discourses employed by Turkey, Iran and Egypt». 
  45. Christopher Wise; Paul James (2010). Being Arab: Arabism and the Politics of Recognition. Arena Publications. ISBN 978-0980415810. 
  46. Lynch, Mark (2019). The Arab Uprisings Explained: New Contentious Politics in the Middle East. Columbia University Press. p. 119. ISBN 978-0231158855. 
  47. «Najla Said: "My Arab-American story is not typical in any way"». Salon (website). 28 de julio de 2013. 
  48. Roger Maaka; Augie Fleras (2005). The Politics of Indigeneity: Challenging the State in Canada and Aotearoa New Zealand. Otago University Press. p. 67. ISBN 978-1877276538. «The tensions created by the intersection of tribe as identity, versus tribe as organisation, are central to Maori identity politics.» 
  49. Tatiana Tökölyová (2005). «Transnationalism in the Pacific Region as a Concept of State Identity». Journal of Nationalism, Memory & Language Politics (Volume 11, Edition 1 edición). University of International and Public Relations Prague: Walter de Gruyter. p. 67. «Maori identity politics have disrupted the colonially-inspired constructions of the New Zealand nation and state from a base of indigeneity.» 
  50. Hal B. Levine (1997). Constructing collective identity: a comparative analysis of New Zealand Jews, Maori, and urban Papua New Guineans. Peter Lang (publisher). p. 11. ISBN 978-3631319444. «The material on biculturalism particularly shows how ethnicity interdigitates with identity politics for Maori and stimulates parallel developments among non-Maori New Zealanders.» 
  51. Te Kawehau Hoskins; Alison Jones, eds. (2005). Critical Conversations in Kaupapa Maori. Huia Publishers. ISBN 978-1775503286. «As Jones and Jenkins (2008) point out, an oppositional Māori identity politics has been the 'basis for internal collaboration and a politics of strength' (p.475).» 
  52. Tahu Kukutai; Robert Didham (2009). Social Policy Journal of New Zealand (In Search of Ethnic New Zealanders: National Naming in the 2006 Census edición). Ministry of Social Development (New Zealand). «Māori identity politics and Treaty settlements, as well as their reactions – the latter included challenges to historical settlements and so-called “race-based” funding.» 
  53. Jeffrey Kaplan; Leonard Weinberg (1998). The Emergence of a Euro-American Radical Right. Rutgers University Press. p. 18. ISBN 978-0813525648. 
  54. Claire Galofaro (6 de agosto de 2019). «Trump’s America: Where politics dictate definition of racism». Associated Press. «Bremner’s show carries just one current of the heated national debate on race that has been fanned by Trump’s unrepentant use of white identity politics». 
  55. David Smith (8 de diciembre de 2019). «After Kamala: activists fear Democratic primary whitewash». «Donald Trump’s Republican party has leaned into white identity politics.» 
  56. Michael Scherer (16 de julio de 2019). «White identity politics drives Trump, and the Republican Party under him». «Trump’s combustible formula of white identity politics already has reshaped the Republican Party, sidelining, silencing or converting nearly anyone who dares to challenge the racial insensitivity of his utterances.» 
  57. Ron Brownstein (15 de agosto de 2019). «The Limits of Trump’s White Identity Politics». 
  58. Chris Kahn (19 de agosto de 2019). «For Trump, appeals to white fears about race may be a tougher sell in 2020: Reuters/Ipsos poll». Reuters. 
  59. David Smith (8 de diciembre de 2019). «'It's a political civil war': Trump's racist tirades set tone for 2020». «Intentionally or not, Trump’s embrace of white identity politics may work to his advantage next year... A Reuters/Ipsos poll showed his net approval among Republicans rose by five points to 72%.» 
  60. Maureen Groppe (13 de mayo de 2019). «Pete Buttigieg says Donald Trump's white 'identity politics' contributing to a 'crisis of belonging'». USA Today. 
  61. Salam, Reihan (Sep 25, 2015). «Reihan Salam: Is ‘white nationalism’ rising?». Dallas Morning News. 
  62. Ross Douthat (10 de septiembre de 2019). «Can the Right Escape Racism?». 
  63. Nell Irvin Painter (1 de noviembre de 2019). «What Is White America? The Identity Politics of the Majority». Foreign Affairs. 
  64. Ezra Klein (16 de julio de 2019). «Trump vs. “the Squad”». Vox Media. «The other views American politics through the lens of demographic change and the white identity politics it triggers.»