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Pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco

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Pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco

Patrimonio de la Humanidad de la Unesco

Sierra de San Francisco, en Baja California Sur, México.
Localización
País México México
Datos generales
Tipo Cultural
Criterios i, iii
Identificación 714
Región América Latina y el Caribe
Inscripción 1993 (XVII sesión)

Las pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco constituyen un conjunto de manifestaciones de arte rupestre compuesto principalmente por pinturas rupestres y petroglifos, situado en el estado de Baja California Sur, México. El conjunto forma parte del estilo de Arte Rupestre Gran Mural, distribuido en más de 300 sitios localizados en cuevas y abrigos rocosos de la región.

El interés del sitio radica en la amplitud de su distribución, el estado de conservación de las representaciones y su antigüedad, que en algunos casos supera los 10 000 años.[1] Se ha atribuido tradicionalmente su creación a los antiguos pobladores de la región, antecesores de los pueblos cochimíes, aunque la autoría exacta de las primeras fases del estilo Gran Mural sigue siendo objeto de estudio.[2]

El conjunto ha sido preservado en parte gracias a las condiciones semiáridas del entorno, su aislamiento durante la época colonial y la baja densidad de población actual. Las pinturas rupestres de la sierra de San Francisco fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1993.

Réplica de Pintura Rupestre Baja California Sur, en el Museo Nacional de Antropología e Historia, CDMX

Ubicación

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Las pinturas rupestres se encuentra ubicadas en múltiples sitios dentro de la Sierra de San Francisco, en el corazón de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno en el norte de Baja California Sur, dentro del municipio de Mulegé. Se puede acceder a ellas a través de la Carretera Federal 1.

La Sierra de San Francisco está limitada al norte por las sierras de San Borja y San Juan; al oeste por el desierto de Vizcaíno y los Llanos del Berrendo; al este por el volcán de las Tres Vírgenes y el golfo de California y al sur por las sierras de Guadalupe y la Giganta. El área de pinturas arqueológicas de la península es extensa que se distribuyen en 12 cañones principales, siendo la zona de visita principal la que se encuentra cercana al Valle de Santa Martha.

El Cañón de Santa Teresa está en la parte media del arroyo de San Pablo, el más largo del sistema hidrográfico de la Sierra de San Francisco (35 km). Es muy profundo y presenta laderas muy escarpadas que cuentan con innumerables oquedades naturales, resultado de la erosión eólica, pluvial y fluvial. En Santa Teresa se encuentran muchos sitios que contienen arte rupestre, por eso se le ha llamado las “Galerías de Santa Teresa”. Las pinturas se encuentran en las paredes laterales de refugios rocosos en los barrancos de difícil acceso de la zona montañosa, divididos en cuatro grupos principales: Guadalupe, Santa Teresa, San Gregorio y Cerritos.

Los sitios más importantes y visitadas son: El Ratón, Palma de Teresa, Cueva las flechas, Cueva Boca San Julio, Cuevas el músico, Cueva La Pintada, La Soledad, El cacarizo, Cuevas el Brinco 1,2,3 y 4, San Gregorio 1 y 2, La palma, Natividad, El Batequi, El corralito o la Cuevona, La serpiente, La cuesta del palmarito, la Cueva Natividad.

Pintura Rupestre en la Cueva del Ratón
Pintura Rupestre de Baja California Sur
Pintura Rupestre de la Sierra de San Francisco

Historia

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El área de mayor influencia de los grupos humanos en la región se extendía desde San Javier y La Purísima al sur de la Reserva hasta el extremo norte de la península de Baja California. Poco se sabe acerca de este grupo, aparte del hecho de que inmigraron desde el norte.

El arte rupestre prehistórico de la Sierra de San Francisco fue reportado por primera vez por el jesuita Francisco Javier Clavijero en un escrito en Roma en 1789. Otros estudios fueron llevados a cabo por el erudito y antropólogo neerlandés Herman Frederik Carel ten Kate en 1874 (a la par del ornitólogo estadounidense Lyman Belding, el cual estaba interesado por las aves de la región), y el erudito francés León Diguet entre los años 1889 y 1905. En el siglo XX las investigaciones fueron realizadas por Georges Enguerrand, Barbro Dahlgren, Erle Stanley Gardner, Harry W. Crosby y Javier Romero. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se ha encargado del registro, difusión y preservación del área.

Estilo

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Las pinturas fueron hechas con pigmentos minerales y reflejan un peculiar arte abstracto que mayormente representa la interacción del humano con la naturaleza; así como una evidente interpretación de las fuerzas energéticas, mágicas e inmateriales, que difícilmente pueden ser interpretadas bajo la visión actual occidental.

Los motivos son muy variados e incluyen seres humanos (hombres, mujeres y niños) y las distintas especies de flora y fauna de la región, incluyendo conejo, puma, lince, venado, borrego cimarrón, ballena, tortuga, atún, sardina, pulpo, águila y pelícano. Los elementos abstractos van desde soles, círculos, triángulos y contrastes de colores dentro de una misma figura, así como figuras yuxtapuestas. La representación frecuente de armas en figuras humanas tras de animales en movimiento, da testimonio de la caza y la guerra. Algunos humanos formando conjuntos hace pensar en rituales o celebraciones.

La gama de colores cubre todo el espectro, al igual que las técnicas de representación utilizadas, pero predominan los colores negro, rojo, amarillo y blanco. Este arte rupestre ha sido objeto de análisis detallados en los últimos años, resultando en importantes conocimientos sobre la organización social y religiosa de los pueblos prehistóricos de la zona, así como sobre sus hábitos alimenticios.

También llama la atención el tamaño de las pinturas, muchas de ellas en tamaño natural, o a escala mucho mayor, característico del estilo "Gran Mural".

Notas

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  1. ↑ «Programa de Manejo de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno». Archivado desde el original el 12 de marzo de 2017. Consultado el 10 de marzo de 2017.
  2. ↑ En el norte de Baja California existe un pequeño grupo de indígenas de habla yumana a la que se le da el nombre de cochimí, aunque no parece muy seguro que guarden relación directa con los cochimíes históricos del centro de la península. Su lengua es catalogada como una variedad del idioma kumiai, y algunos de ellos prefieren ser llamados kumiai. La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) de México incluye a los cochimíes en su lista de grupos étnicos.

Enlaces externos

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