Piedra y cielo (movimiento)

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Piedra y cielo Piedracielismo Otro movimiento de la poesia colombiana, es el Piedracielismo, surgido en 1933, fecha en que bajo el nombre de Piedra y Cielo (nombre que evoca un libro de Juan Ramón Jimenez) se publican unos cuadernos de poesía, dirigidos por el poeta Jorge Rojas (1911-), cuadernos en que empiezan a colaborar quienes más tarde integrarían el Piedracielismo. Su promotor, Eduardo Carranza (1912-1985), enfrentado al parnasianismo imperante de Guillermo Valencia, se lanza pluma en ristre contra el maestro, creando un nuevo entusiasmo lírico nacional con imágenes tan sorprendentes como «el arroyuelo azul en la cabeza» de la musa inspiradora de su más declamado soneto «Teresa».

Influencias[editar]

Los piedracielistas recibieron la influencia de:[1]

Historia[editar]

Los cuadernos fueron impresos en láminas sueltas de un papel grueso. y cada uno de los cuadernos iba acompañado de una introducción escrita por Jorge Rojas en la que se presentaban los objetivos, la concepción del poeta y de la poesía que tenía el grupo.

(Estas son las obras claves del piedracielismo)

  1. La ciudad sumergida, de Jorge Rojas (1911-1995)
  2. Presagio de amor, de Arturo Camacho Ramírez (1910-1982)
  3. Seis elegías y un himno, de Eduardo Carranza (1913-1985)
  4. Regreso de la muerte, de Tomás Vargas Osorio (1908-1941)

Integrantes[editar]

Los integrantes de Piedra y Cielo fueron quienes publicaron en los cuadernos y de los cuales no forman parte ni Aurelio Arturo (1906-1974) como se ha dicho en muchas ocasiones, pues su voluntad fue permanecer al margen a pesar de ser invitado a unirse al grupo, ni Antonio Llanos (1905-1978).[1]

Polémica[editar]

Aunque Jorge Rojas, en la introducción o presentación de los cuadernos, ya exponía el ánimo renovador del movimiento, la polémica realmente se presentó cuando, meses después de la publicación de los cuadernos, Eduardo Carranza escribió un artículo titulado "Un caso de bardolatría" en el que" también en nombre de Piedra y Cielo" arremetía abiertamente contra la tradición poética de Guillermo Valencia y presentaba los poemas de Piedra y Cielo como la alternativa a esa poesía, calificándolo de que era "un poeta sin perspectiva humana" apenas un buen poeta [...] 'un impasible arquitecto de la materia idiomática cantando a espaldas de su tiempo y de su pueblo'".[2]

Críticas[editar]

Desde su aparición los piedracielistas han tenido críticas severas como las de el poeta Juan Lozano y Lozano, perteneciente al grupo de "Los nuevos", que en un artículo publicado en el suplemento literario de El Tiempo en febrero de 1940, los calificó de bizoños, plagiarios, débiles, incluso antipatriotas, señalando que no habían tenido "...tiempo de hacerse a una formación intelectual demasiado severa, ni vocación para ello, tampoco. La lectura de los mozos de hoy está constituida por revistas, libros de vulgarización y novedades; con absoluta inocencia de lo que ha sucedido en el mundo de la poesía antes de 1930"y que "...constituye deber ineludible salirle al paso a todo síntoma débil, morboso, extraviado, disociador, decadente, erostrático (incendiario), que aparezca en el horizonte de la nacionalidad."[1]

El piedracelismo ha sido acusado también de haber "confundido la poesía con el elogio a las reinas de belleza" y de desconocer la realidad y de no atreverse a ir más allá de lo prefijado por su conciencia conservadora.[3] Fernando Charry Lara considera que los piedracelistas “continúan la tradición formalista de la poesía colombiana, poniendo más esmero en el culto por la propia forma y aun por la apariencia propiamente formal de las metáforas e imágenes de aquella poesía española”, es decir, “el brillo levemente gracioso o sonoro de la estrofa”.[4]

Trascendencia[editar]

A pesar de la tan escasa circulación haya tenido la obra del movimiento su impacto en la literatura colombiana es grande, lo cual algunos atribuyen a un carácter casi mítico del mismo.[2]

Piedra y cielo significó la renovación definitiva de la lírica colombiana desde hacía mucho tiempo, renovación estética que va de la mano con la renovación política y social que se vivió en Colombia durante los últimos años de la década de los treinta.[1]

Los piedracelistas influyeron en escritores como Gabriel Garcia Marquez quien en una entrevista a Juan Gustavo Cobo Borda en 1981, confesó que "Piedra y cielo" (1939) fue fundamental para el, afirmando que:

"La verdad es que si no hubiera sido por “Piedra y Cielo”, no estoy muy seguro de haberme convertido en escritor. Gracias a esta herejía pude dejar atrás una retórica acartonada, tan típicamente colombiana....Creo que la importancia histórica de “Piedra y Cielo” es muy grande y no suficientemente reconocida...Allí no sólo aprendí un sistema de metaforizar, sino lo que es más decisivo, un entusiasmo y una novelería por la poesía que añoro cada día más y que me produce una inmensa nostalgia."[5]

Referencias[editar]

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  2. a b Error en la cita: Etiqueta <ref> inválida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas Restrepo_B
  3. Alvarado tenorio, Harold. Ajustes de cuentas. Piedra y Cielo, 1936- 1942. Fundación Arquitrave. Consultado el 24 de noviembre de 2012.
  4. CHARRY LARA, Fernando. “Piedra y cielo”. Historia de la poesía colombiana. Bogotá, Casa de Poesía Silva, 1991.
  5. García Márquez: "Piedra y cielo me hizo escritor". Entrevista de Juan Gustavo Cobo Borda a Gabriel García Márquez publicada el 28 de abril de 1981. Revista Cromos. Consultado el 30 de agosto de 2012.

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Véase también[editar]