Peón caminero

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El peón caminero fue en España el encargado de cuidar a pie de camino del estado de la carretera en cada legua, unidad de distancia equivalente a unos cinco kilómetros y medio. En España fue en el siglo XVIII concretamente en 1759 y durante el reinado de Fernando VI cuando se creó la figura del peón caminero.

Para la conservación continua e inmediata de los caminos, se hallaban establecidos en ellos y de legua en legua unos peones con el título de camineros y uso de bandolera, que están encargados de practicar en la legua que les está señalada, las recomposiciones que ocurran. Gozaban de la dotación de cinco reales diarios además de la casa habitación que tienen al efecto, la que, en los caminos nuevos, está situada en la mitad de la legua que les está señalada. Las obligaciones de los expresados peones camineros de bandolera están consignadas en los títulos que se les expedían.

Funciones[editar]

Según la instrucción oficial para la conservación de los trozos de camino que se han hecho de firme, como para la composición de los malos pasos, que por considerarse por buenos no se había hecho en ellos obra alguna en la parte que queda referida, tenía las siguientes funciones.

  • Igualar las rodadas que hiciere el carruaje en el camino, allanándolas con azadón o rastro macizando antes las que fuesen profundas con piedra, guijo o material más sólido que haya a mano quebrantando las piedras si fuesen gordas con almádena y siendo menudas apisonándolas para que no queden en hueco y recebándolas con los bordes de las mismas rodadas: cuidando igualmente de limpiar y desembrazar el camino en la parte que haya mucho barro y señaladamente en los baches sacándole fuera de él antes de cubrirle con el material sólido que necesite para hacerle firme y de conservar el lomo y bombeo que es la parte más esencial del camino y la que más padece.
  • Donde esté el guijo descubierto por haberse llevado los aires la última capa, cubrirla nuevamente con arena, tierra o el material equivalente que halle a la mano.
  • Si sobre el camino hubiese rodando piedras movedizas demasiado gordas, sacarlas de él y recogiendo también todas las que se encuentren a las orillas hacer montones a trechos sobre los paseos para hacer uso de ellas en el tiempo más oportuno y cuando llueva.
  • Tener limpias las zanjas o cunetas de los lados, abriendo y recavando las que se hubiesen cegado recargando los paseos con la tierra que produzcan y echando sobre las tierras inmediatas la sobrante.
  • Tener limpias las entradas y salidas de las alcantarillas y su hueco para que las aguas no tengan detención en las zanjas de la parte superior del camino.
  • Entenderse inmediatamente con el Celador de su departamento, obedeciéndole en todo lo que le mande respectivo al beneficio del camino y avisarle de los reparos mayores que no pueda por sí ejecutar para que tome providencia.
  • Tener cuidado con los daños que se hicieren en el camino, sus obras y árboles, para denunciarlos ante las justicias, con arreglo a la Ordenanza.
  • Asistir todos los días al camino, aunque haga mal temporal, desde que salga el sol hasta ponerse y aun los festivos para estar a la mira de lo que ocurra, ausentándose solo de él para ir a cobrar su sueldo en fin de cada mes a la Tesorería donde se le pague porque de lo contrario no gozará sueldo alguno.
  • Si hallaba alguna persona o personas en el camino con apariencia de gentes de mal vivir y delinquiendo, podía asegurarlas y conducirlas a los lugares de la jurisdicción o a las Casas de postas dando parte a las justicias para que vinieran a encargarse de ellos.

Exenciones[editar]

Durante el tiempo que se mantenía con este encargo y cumpliendo bien y a satisfacción del Celador con su obligación, gozaba de las exenciones que eran las mismas conferidas en la Instrucción aprobada en 5 de julio de 1790 para los Celadores que entre otras cosas establecía.

  • Ser libres de
    • todas cargas y oficios concejiles, de alojamientos, bagajes, curadurías, hospedajes, quintas y guías
    • de los repartimientos de trigo y cebada para la corte ni otra parte
    • de los cargos de cobradores de pechos, padrones, bulas, moneda forera, alcabalas y puentes,
    • de enviar a la guerra ningún soldado y de salir a trabajos en el tiempo que obtuviesen dichos encargos, de modo que no reciban agravio ni vejación
  • Solo debían pagar por sus personas y familias lo justo que les toque por razón de consumo de las especies de millones y nada más, no teniendo otros tratos, industrias ni haciendas.
  • También han de ser preferidos dichos empleados en las casas de alquiler cómodas que necesiten para sí y alojados, así en los pueblos en que no haya posadas cómodas para el preciso descanso de sus personas, como en las ventas, cortijos y haciendas que se hallan en despoblado a la mayor inmediación del camino.
  • Gozaban de la exención de que de todas sus causas civiles y criminales que se les ofrezcan por dependencias u ocasiones de sus oficios las conocía el Subdelegado como Juez conservador de la parte de camino excepto en los casos que no tengan conexión con su encargo, ni les impidan el libre ejercicio de él, que estaban sujetos a las justicias ordinarias.

Referencias[editar]

Este artículo contiene información de la Guía general de correos, postas y caminos del reino de España de Francisco Xavier de Cabenes, de 1830 que se encuentra en el dominio público.